El epicureísmo

La historia de Epicuro y su escuela está muy marcada por su época. Escribió un gran número de obras, pero solo se han conservado tres cartas y dos colecciones de máximas. Así como el estoicismo prolonga en varios sentidos el pensamiento iniciado por los cínicos, la escuela de Epicuro continúa en muchos aspectos las ideas de los cirenaicos. Epicúreos y estoicos se oponen en muchas cosas, pero coinciden en el despego de la vida de la polis, el materialismo o la estrecha relación entre física y moral.

Busto de Epicuro (Museo Metropolitano de Arte, EEUU).

CANÓNICA.

Uno de los rasgos más característicos del pensamiento de Epicuro es su escaso interés por el sistematismo y la coherencia racional. A Epicuro le preocupa alcanzar certezas, afirmar verdades. En la parte de la doctrina llamada canónica lo que se nos ofrece son una serie de criterios o cánones para determinar la verdad. Son, podría decirse, diversas vías para alcanzar la evidencia; fundamentalmente tres: la sensación, la anticipación y la pasión.

  • La sensación: como criterio de evidencia significa que todo lo que se siente, todo lo que se capta a través de los sentidos es verdad; de no ser así, todo conocimiento sensible sería imposible; cuando decimos que los sentidos nos engañan es porque estamos afirmando más de lo que en realidad captamos.
  • La anticipación: para poder conocer las cosas es necesario tener nociones previas de ellas. Con ella sentimos pero no percibimos las cosas como tales, no es nada innato, sino fruto de experiencias anteriores que han dejado su impronta en la sensación y en la memoria.
  • La pasión: es evidente todo lo que nos produce placer o dolor. Y el valor de este tercer criterio es doble, porque no solo nos sirve para distinguir lo verdadero de lo falso, sino también lo bueno de lo malo: es bueno lo que produce placer y malo lo que produce dolor.

De estos criterios se desprende uno de los principios fundamentales del epicureísmo: el hedonismo. Es bueno lo que produce placer; no hay discusión posible, porque es evidente. Bien y placer se identifican. Sin embargo, el segundo gran principio, el atomismo, resulta difuso.

FÍSICA.

Epicuro resucita del atomismo de Leucipo y Demócrito, aunque con un carácter y un sentido distintos. Epicuro se mueve en un ambiente jónico y retoma algunas de las ideas y planteamientos de los físicos jonios, pero en realidad le importan muy poco las ciencias. Aprovecha el atomismo pero lo utiliza únicamente con fines éticos. La física atomista permite explicar racionalmente los fenómenos y suprimir las creencias populares acerca de los dioses y la muerte, que producen inquietud y desasosiego.

Los átomos son para Epicuro cuerpos pequeñísimos, invisibles, de distintas formas y en perpetuo movimiento en el vacío, que al combinarse forman los cuerpos visibles. Para Epicuro, los átomos tienen ciertas cualidades que los hacen específicos para cada cosa; la naturaleza del átomo determina su función: tienen algo de semillas y hay tantos tipos de átomos como cosas sensibles. Epicuro concibe el movimiento de manera diferente; los átomos caen por su propio peso, de arriba abajo, todos en la misma dirección y a la misma velocidad. Llegan a combinarse por una desviación pequeñísima de algunos átomos, que desencadenaría un proceso de cadena de choques, rebotes y agrupaciones.

No importan las explicaciones en detalle. Lo principal es tener una idea de conjunto bien presente en todo momento en la memoria. A partir de ahí cada uno podrá encontrar las explicaciones pertinentes, que pueden ser varias e incluso contradictorias.

Como el resto de las cosas, el alma está formada por átomos ligeros y calientes, más sutiles que los del aire y el fuego. Poco importa el detalle. Lo decisivo es que se descompone y disuelve con la muerte. No hay por tanto por qué inquietarse con ningún destino eterno. Epicuro no niega la existencia de dioses pero dice que se encuentran entre los diversos mundos y llevan una vida feliz y tranquila, no se ocupan de nosotros.

ÉTICA.

La moral de Epicuro se reduce al siguiente principio: el fin último es el placer; es bueno lo que nos agrada y malo lo que nos desagrada. Pero, frente a lo que podría parecer y en contra de las acusaciones, este principio no conduce a una vida de libertinaje y desenfreno. Todo lo contrario. En la práctica consistía en una vida retirada y tranquila, caracterizada más bien por la sobriedad. Dividían los placeres en tres tipos:

  • Placeres naturales y necesarios.
  • Placeres naturales no necesarios.
  • Placeres no naturales y no necesarios.

Los primeros (comer, beber, abrigarse) son los únicos que hay que satisfacer, y solo hasta el límite necesario para suprimir el dolor. Los segundos (comer tal manjar, vestirse de determinada manera) son superfluos porque no eliminar ningún dolor, solo varían las formas de placer. Los terceros (la fama, las riquezas, el poder) no solo son vanos, sino que provocan más dolor y turbación que placer. Con lo cual el ideal del sabio epicúreo viene a identificarse prácticamente con el del estoico: la imperturbabilidad.

BIBLIOGRAFÍA

AAVV. Historia del pensamiento filosófico y científico. Antigüedad y Edad Media. 1ª Edición. Barcelona: Herder, 2010. pp. 211-224.

PADILLA MORENO, J. Historia del pensamiento antiguo y medieval. 1ª Edición. Madrid: CEF, 2016. pp. 101-106.

La ciencia en época helenística

El primer hecho que llama la atención es que, mientras Atenas sigue siendo el centro de gravedad de la filosofía, las ciencias se desarrollan en cambio en la órbita de Alejandría, donde apenas se cultivaba la filosofía. Este florecimiento es, en parte, por la creación de la Biblioteca y el Museo de Alejandría, y la política cultural de los Ptolomeos.

En torno a la Biblioteca floreció la filología, con sus ciencias auxiliares. Se inventaron formas de catalogación. Se escribió la primera gramática griega. Se desarrollaron refinadas técnicas de edición crítica…

Busto de Ptolomeo I Sóter (Museo del Louvre, Francia).

La gran ciencia, sin embargo, siguió siendo la matemática. La novedad es que ahora no va asociada a la filosofía. Euclides sintetiza y sistematiza los principales conocimientos matemáticos de la época, sirviéndose de la lógica aristotélica para organizarlos a partir de definiciones y postulados en la obra Los elementos, cuyo planteamiento seguirá siendo la base de la matemática hasta el siglo XIX.

Arquímedes es posiblemente el más genial de los científicos griegos. Puso las bases de la hidrostática. Muy conocido es su principio, según el cual un cuerpo sumergido en un fluido recibe un empuje de abajo arriba igual al peso del volumen del fluido que desaloja. Todo esto encuadrado en el episodio de Hierón y la corona.

Pero por lo que más ha sido recordado Arquímedes ha sido por sus ingeniosos inventos. Ideó máquinas para lanzar proyectiles y transportar pesos. Inventó el tornillo sin fin. Se dice que consiguió quemar las naves romanas que asediaban Siracusa por medio de espejos con los que reflejaba los rayos del sol. Pero lo que más interesa de Arquímedes es la teoría, la pura ciencia.

Era natural que se cultivase la astronomía, más como ciencia matemática y geométrica que física. El gran problema era cómo explicar los movimientos aparentes de los astros reduciéndolos a movimientos geométricos simples y regulares.

Arquímedes pensativo por Domenico Fetti (Galería de Pinturas de los Maestros Antiguos, Alemania).

En medicina se hicieron importantes avances, en particular en anatomía, gracias sobre todo a la disección de cadáveres, realizada regularmente en el Museo de Alejandría. Se descubrió así que el órgano central del organismo era el cerebro, no el corazón; se advirtió la diferencia entre nervios sensores y motores, y entre las venas y las arterias, que se pensaba que conducían aire; y se observó la importancia del pulso para el diagnóstico.

Todo esto nos pone ante los ojos un fenómeno nuevo. Ya en la época clásica el pensamiento se había independizado de la religión. Ahora se independiza también de la filosofía. Los científicos helenísticos quieren explicar una parcela de fenómenos, sin entretenerse en la discusión de los supuestos filosóficos. Los mismos centros culturales se especializan.

BIBLIOGRAFÍA

AAVV. Historia del pensamiento filosófico y científico. Antigüedad y Edad Media. 1ª Edición. Barcelona: Herder, 2010. pp. 252-267.

PADILLA MORENO, J. Historia del pensamiento antiguo y medieval. 1ª Edición. Madrid: CEF, 2016. pp. 111-114.

Características del pensamiento en la época helenística

El helenismo es la época de la cultura griega que se inicia con las conquistas de Alejandro Magno, que suponen la expansión de la cultura griega por todo el Mediterráneo oriental, Egipto y el antiguo Imperio persa, llegando hasta la India. Los cambios evidentemente no se produce de la noche a la mañana. Muchas de las novedades venían gestándose de antiguo. La crisis de las poleis griegas, era evidente desde el siglo IV. La cultura griega, en su conjunto, estaba en crisis desde hacía, al menos, un siglo y se había hecho problemática. El helenismo es una solución al problema.

La época helenística está claro cuando comienza pero no cuando acaba. Su fin, tradicionalmente, se ha considerado en torno al año 30 a.C., cuando Egipto queda incorporado al Imperio Romano. Pero desde un siglo antes el helenismo comienza a decaer por la presencia de Roma en el Mediterráneo.

Alejandro Magno, “fundador” del helenismo (Mosaico de Issos, Nápoles).

La época helenística tiene sus características propias que vamos a tratar de sintetizar. El primer rasgo es obvio; la enorme expansión de la cultura griega, con la lengua como vehículo y símbolo. La lengua y cultura griegas dejan de ser patrimonio de un pueblo o una raza para convertirse en instrumento de civilización y vínculo de unión entre pueblos muy diversos. Se convierte en lengua culta y lingua franca, hablada en Damasco, Babilonia y Alejandría. Es un griego internacional conocido como “lengua común”, más simple que los dialectos clásicos y sin muchas de sus peculiaridades.

Por otro lado, la vida del ciudadano cambia por completo. Las gentes se repliegan a la vida privada, conscientes de que la vida pública depende de fuerzas que no pueden controlar. Se produce una marcada tendencia al individualismo y la búsqueda de la felicidad personal; el ideal de autarquía se traslada de la ciudad al individuo.

Junto a la lengua se difunden también el arte, la literatura, la educación, la retórica, la religión, la filosofía. El arte griego, que llega hasta la India, adquiere desde luego modulaciones regionales. Las tragedias griegas se representan hasta en las cortes de los príncipes hindúes, pero la época de la tragedia ya ha pasado; la helenística es una cultura burguesa, a la que sientan mejor la “comedia nueva” y los poemas idílicos. La retórica sigue siendo el ideal de la educación, los reinos helenísticos se llenan de escuelas de retórica.

Monedas conmemorativas de Alejandro Magno en la India.

También la religión griega se difunde por el Mediterráneo y Oriente, pero en este terreno es más lo que se recibe que lo que se da. Las religiones orientales van ganando cada vez más adeptos, sobre todo entre las clases bajas y la adhesión a la religión tradicional se convierte en algo superficial, en lo que no se acaba de creer.

La filosofía sufre también una profunda transformación. Por un lado se desvincula de las ciencias y por otro tiende a ocupar el hueco dejado al debilitarse las creencias religiosas tradicionales, asumiendo al mismo tiempo algunas de las exigencias de salvación planteadas por las nuevas religiones orientales. El nuevo tipo de filósofo no es el socrático (buscador de la verdad) sino el del sabio dogmático, que conoce la verdad y predica con su ejemplo y palabra.

BIBLIOGRAFÍA

AAVV. Historia del pensamiento filosófico y científico. Antigüedad y Edad Media. 1ª Edición. Barcelona: Herder, 2010. pp. 203-206.

PADILLA MORENO, J. Historia del pensamiento antiguo y medieval. 1ª Edición. Madrid: CEF, 2016. pp. 92-95.

La filosofía de Aristóteles

  • La metafísica de Aristóteles

La problemática de Aristóteles parte de los planteamientos de Platón, y en particular de su teoría de las ideas, que critica en su metafísica. La palabra metafísica es posterior a Aristóteles y tiene un origen fortuito.

Como se ha dicho, para Platón, la esencia de las cosas, su verdadero ser, son sus ideas, que se encuentran separadas de ellas y de las que las cosas sensibles son solo sombra y reflejo. Aristóteles parte de la misma idea del ser y el conocimiento. Lo que no admite es que la esencia de las cosas esté fuera de ellas. Frente a las ideas, Aristóteles busca la esencia de las cosas en su sustancia. Pero para llegar a ella se pregunta antes por el sentido de lo que llamamos ente o ser. Este será el objeto de la menos necesaria, pero la más importante de todas las ciencias: la filosofía primera o metafísica.

Es una ciencia que está por hacer. Aristóteles la llama la “ciencia buscada”. Y, en verdad, cuando preguntamos de qué se trata, nos quedamos al pronto un poco desconcertados, porque Aristóteles nos da por lo menos tres respuestas. La filosofía primera trataría, en primer lugar, del ser en cuanto tal; en segundo lugar, de Dios; y en tercer lugar, de la sustancia.

Platón y Aristóteles (Detalle de La Escuela de Atenas de Rafael, 1509).

La metafísica se ocupa de todas las cosas, pero bajo un único respecto: el del ser. Le interesan las cosas, no en tanto que son esto o aquello, sino solo en tanto que son; algo común a todas ellas, por eso se ocupa de todas. Ahora bien, no todas son de igual manera, con la misma plenitud y en el mismo sentido. La manera propia de ser es ser sustancia. Todo lo demás es en relación con la sustancia. La sustancia por excelencia, la única en que se dan plenamente consistencia y subsistencia es Dios. Todas las demás sustancias cambian y dependen de algún modo de otras. Dios es la única sustancia inmóvil y autosuficiente; por tanto lo más que se puede ser. Es el ideal de ser.

Se entiende que en cierto modo esta metafísica se confunde con la teología. El concepto que tiene Aristóteles de Dios es diferente, ya que lo identifica con el ser. Pero no sólo le interesa Dios en su metafísica, le interesan los distintos modos del ser. No se trata de que haya muchas clases de entes, sino de que hay muchos modos de ser ente. Concretamente cuatro:

  1. Por sí mismo o por accidente.
  2. Según una determinada categoría.
  3. Verdadera o falsamente.
  4. En potencia o en acto.

El primero es que ser por sí mismo será ser más propiamente que ser por accidente.

En segundo lugar, se pueden distinguir diversas maneras de ser según el modo de predicarse las cosas. Las maneras de decir o predicar el ser las llama Aristóteles categorías, y afirma que son como los géneros supremos del ser, dentro de los cuales se pueden clasificar todas las cosas.

En tercer lugar, se puede decir de las cosas que son verdaderas o falsas. La verdad o falsedad es algo que afecta ante todo a los juicios. Son primariamente los juicios los que son verdaderos o falsos; las cosas son sin más, ni verdaderas ni falsas: son lo que son. La verdad no afecta a las cosas sino al entendimiento.

En cuarto lugar, distingue Aristóteles entre ser en acto y en potencia. Decimos de algo que es blanco, filósofo, vidente o un hombre, cuando lo es efectivamente, en acto. Pero el no ser todas estas cosas no supone necesariamente pura ausencia de ser. El ser en potencia no es mera ausencia de ser: es otra manera de ser.

Sustancia se traduce de la palabra ousía pero ¿qué es la ousía en el sentido técnico de Aristóteles? La ousía, la sustancia, es la primera de las categorías. Pero se diferencia del resto en que todas las demás se predican de ella, mientras que ella no se predica de ninguna. El verdadero ser no estaría en las ideas o esencias, como pensaba Platón, sino en las cosas concretas. Se plantea un problema: para que algo concreto sea objeto, o sujeto, de predicación, tiene que ser algo determinado; es decir, no es un mero algo. Todas las sustancias (cosas concretas) tienen una materia y una forma. Esta doctrina es la respuesta de Aristóteles a la doctrina de las ideas de Platón. Las ideas o formas existen ciertamente: sin ellas no habría sustancia ni ser. Pero no están fuera ni por encima de las cosas: están en ellas. La verdadera realidad está en este mundo y son las cosas concretas.

  • La física de Aristóteles

El movimiento y la pluralidad eran los dos problemas sin resolver desde Parménides. La teoría de las ideas de Platón había sido un ensayo de resolución del segundo. Pero Platón no había podido abordar adecuadamente el problema del movimiento entendido como paso del ser al no ser y viceversa. ¿Cómo puede el ser dejar de ser? ¿Cómo puede del no ser salir el ser? Aristóteles lo resuelve reformulando los términos: el movimiento no es paso del no ser al ser, sino de un modo de ser a otro, del ser en potencia al ser en acto. El movimiento es la actualidad de lo posible en tanto que posible.

El eje central de la física de Aristóteles es la idea de causalidad. Distingue varios tipos de causas. Las dos primeras, la causa materia y la causa formal, coinciden con la materia y la forma. La causa material es aquello de que algo está hecho (la madera de la mesa) y la causa formal, lo que hace que algo tenga un ser determinado (forma de mesa). Materia y forma en este sentido son causas, pero lo son del ser estático. No dan razón del movimiento.

El movimiento se explica por otras dos causas: la causa eficiente y la causa final. La eficiente es aquello por lo que algo ocurre o llega a ser: el por qué, lo que produce (el trabajo del carpintero). Y la causa final es el para qué (para comer en la mesa).

Dios es, según Aristóteles, primera causa eficiente y final. Todo lo que se mueve es movido por algo, y esto a su vez ha de serlo por otra cosa, y así sucesivamente. ¿Hasta dónde? Hasta un primer motor que no se mueva, porque de lo contrario el movimiento sería infinito. La primera causa eficiente del movimiento sería Dios. Dios es acto puro; no hay en él materia, potencialidad; es la máxima realización. Mueve el universo sin esfuerzo, sin moverse, porque lo atrae por su mismo ser.

A partir de todo esto va elaborando Aristóteles los diversos conceptos de la física: espacio, tiempo, vacío, infinito, movimiento. La metafísica de la sustancia elaborada por Aristóteles suponía tener que enfrentarse con una gran cantidad de problemas físicos. Por ejemplo, la relación con el infinito, el cual solo tiene sentido como atributo de la sustancia, y no como algo realmente existente sino como potencia.

Algo semejante ocurre con el espacio. Aristóteles no puede aceptar que sea una especie de continente de las cosas independientes de ellas. Hay espacio porque hay cosas, es un atributo de los cuerpos. ¿Cómo es entonces que, al desplazarse un cuerpo, su lugar lo ocupa otro y no se lo lleva consigo? Porque, aunque el lugar está determinado, este no pertenece al cuerpo en cuestión sino a los que lo rodean marcando su límite.

Por último tiene que enfrentarse con la idea del vacío, que para Aristóteles es incompatible con la estructura de la realidad física. Si hubiera vacío, como afirman los atomistas, los movimientos serían caóticos. Aristóteles afirma que todo movimiento es un paso ordenado de un estado de reposo a otro.

  • La lógica de Aristóteles

En el hombre, a diferencia de Dios, no puede haber pensamiento sin palabras, sin lenguaje, ni lenguaje sin sociedad. El hombre, que es animal político, es también animal parlante: el animal que tiene lenguaje (logos). A través del lenguaje los hombres se dicen unos a otros lo que son las cosas.

La lógica está en estrecha relación con la metafísica, por que el logos (razón, lenguaje) consiste en decir lo que son las cosas y sirve de instrumento a la verdad del ser. Por su capacidad lógica, el alma es en cierto modo todas las cosas.

Pero lo central de la lógica aristotélica es la doctrina del silogismo o razonamiento, en la que se establecen las condiciones de las conexiones entre las proposiciones desde un punto de vista formal, independientemente de su contenido. El silogismo es el razonamiento perfecto. Contiene tres proposiciones: mayor, menor y conclusión:

  1. Todos los hombres son mortales.
  2. Sócrates es hombre.
  3. Sócrates es mortal.

En él, dos términos extremos (mortal y Sócrates) se unen a través de un término medio (hombre). Según el lugar que ocupe este término medio habrá distintas figuras de silogismos, que podrán además convertirse entre sí, es decir, transformarse unas en otras.

Estos análisis lógicos tienen una función de policía del pensamiento. Que un razonamiento sea formalmente impecable no garantiza la verdad de la conclusión. Para que esta sea verdadera han de ser verdaderas las premisas.

BIBLIOGRAFÍA

AAVV. Historia del pensamiento filosófico y científico. Antigüedad y Edad Media. 1ª Edición. Barcelona: Herder, 2010. pp. 159-199.

PADILLA MORENO, J. Historia del pensamiento antiguo y medieval. 1ª Edición. Madrid: CEF, 2016. pp. 65-83.

La teoría de las ideas de Platón

El problema fundamental que se sigue planteando en la filosofía en época de Platón es el problema del ser. La solución de Platón al problema del ser es su teoría de las ideas. Platón se da cuenta de que junto a las cosas, cambiantes, perecederas e inconsistentes, se nos dan las ideas. Si vemos una hoja de papel, por ejemplo, podemos decir que es blanca; pero, si nos fijamos bien, percibimos que no es perfectamente blanca: es casi blanca. No se trata de un error inicial, fruto de la precipitación y corregible, sino que ninguna hoja será absolutamente blanca: lo será de manera aproximada.

Busto de Platón. Copia romana del siglo IV d.C.

Ahora bien, si lo absolutamente blanco no existe ¿habrá que decir sin más que la blancura no existe? Si así fuera, piensa Platón, no podríamos decir que la hoja sea blanca; o mejor, casi blanca. Porque al decir de algo que es casi algo estamos comparando. Y no se pueden comparar dos cosas si una de ellas no existe. Más aún: lo blanco no solo existe, sino que es la condición de que exista todo lo demás. Sin lo blanco no habría hoja. Es más: son lo único que de verdad existe, porque la hoja es hoy y mañana no, tiene ahora unas cualidades y mañana otras, y si decimos que es una hoja es también de manera aproximada.

Lo único que de verdad tiene verdadera consistencia y permanece, lo que hace que lo demás sea algo, aunque de manera aproximada, es lo blanco. Y a esto es a lo que Platón llama ideas.

Platón atribuye a las ideas el verdadero ser de las cosas. Las ideas no son, para él, meras ideas, es decir, algo subjetivo o una reproducción de las cosas. Más bien lo contrario: sin las ideas no reconoceríamos las cosas, ni siquiera las veríamos. Si no están las cosas ni son pura invención mía ¿qué son y dónde están? Son entes metafísicos y existen, dice Platón, en un mundo ideal.

Las ideas tienen pues una función lógica y metafísica. Responden, por un lado, a la necesidad de definiciones tan vivamente sentida por Sócrates y, por otro, ostentan los rasgos que Parménides atribuía al ser: unidad e inmutabilidad. Para explicar todo esto Platón recurre a dos mitos: el del carro alado y el de la caverna.

Esquema del mito del carro alado por Concepción Pérez García.

Según el mito del carro alado, que está en Fedro, el alma ha llegado a la tierra caída del cielo, condenada en cierto modo a estar encerrada en el cuerpo por su incompetencia. El alma preexiste al nacimiento en un lugar supraceleste donde se encuentran las ideas y ella puede contemplarlas. Sin embargo, no resulta fácil, ya que el alma es como un carro tirado por dos caballos con alas, uno de buena raza y dócil, y el otro díscolo y difícil de manejar, que un áuriga, la razón, tiene que conducir. Si es hábil y se conduce bien, el alma puede llegar a contemplar las ideas, pero a menudo las dificultades para guiar el carro hacen que caiga, perdiendo los caballos sus alas. Según haya contemplado más o menos ideas, entrará a formar parte de una jerarquía de hombres: en el mejor de los casos será filósofo, en el peor tirano.

Esquema básico del mito de la caverna.

El otro mito, el de la caverna, dice que los hombres están como en el fondo de una cueva, encadenados frente a un muro. La única luz que los ilumina es la de un fuego encendido a sus espaldas, y lo único que pueden percibir son las sombras de los objetos que pasan por detrás y las voces y ecos de sus portadores, que ellos atribuyen a las sombras mismas. Si uno de los encadenados logra soltarse y salir de la cueva, al principio se ciega y no puede ver nada. Tiene que acostumbrarse a la luz del sol, distinguiendo primero algunas sombras y reflejos; luego, tras un largo aprendizaje, logrará ver las cosas para mirar directamente al sol. Se da cuenta entonces de que el mundo en el que antes vivía era irreal y quiere volver a contárselo a sus compañeros de cautiverio. Pero estos no lo creen y, si intenta liberarlos, lo matarán.

Cuando Platón cuenta estos mitos no quiere decir que las cosas sean exactamente así. Los mitos son para él una especie de metáfora; per una metáfora necesaria. Porque hacer una descripción precisa del mundo de las ideas y de la relación de estas con los objetos sensibles es algo que excede las fuerzas de la naturaleza humana, y en cualquier caso sería tarea muy larga. En los mitos, sin embargo, se nos cuenta cómo suceden las cosas en pocas palabras y al alcance de todos. Para Platón, la descripción y el análisis racional no viene después del mito sino al contrario: el mito viene después de la explicación racional, como para expresar lo que esta no alcanza a decir.

El principal problema que plantea la teoría de las ideas de Platón es el de la estructura del mundo. Porque este queda netamente escindido en dos mundos o niveles: el sensible y el  ideal. Pero ¿cómo se articulan ambos mundos? Y dentro del mundo de las ideas ¿qué relación tienen unas ideas con otras?

Respecto a la primera cuestión, está claro que para Platón el verdadero mundo, el real, no es el de las cosas sensibles (que son solo sombras), sino el de las ideas. ¿Qué relación tiene uno con otro? Platón dice que las cosas participan de las ideas, o sea del ser. No son pura nada.

Las ideas encierran contradicciones. Una misma idea puede ser una y múltiple, según como se la considere. Toda idea, una y unitaria, puede descomponerse en varias. Así la idea de hombre sería la combinación de animal y racional.

BIBLIOGRAFÍA

AAVV. Historia del pensamiento filosófico y científico. Antigüedad y Edad Media. 1ª Edición. Barcelona: Herder, 2010. pp. 142-155.

PADILLA MORENO, J. Historia del pensamiento antiguo y medieval. 1ª Edición. Madrid: CEF, 2016. pp. 47-58.

Sócrates y su pensamiento

Sócrates no se entiende sin los sofistas, lo primero que hay que tener presente es que son contemporáneos. Coincide con ellos en muchas cosas, sobre todo en su desinterés por las especulaciones cosmológicas y su atención a los asuntos humanos y morales. Pero hay una diferencia entre ellos: Sócrates se preocupa poco del éxito y no está dispuesto a renunciar a la verdad, por eso se dice que con Sócrates la filosofía inicia una segunda navegación.

Nació en Atenas en el siglo V a.C., a pesar de su pasado militar y su gran resistencia física, Sócrates gustaba de ir por calles y plazas hablando con la gente, produciendo un efecto entre inquietante y seductor. A diferencia de los sofistas, Sócrates no cobraba por su enseñanza y no llegó a escribir nada, por ello, a la hora de hablar de Sócrates encontramos el gran problema de las fuentes. Hay que contrastar la imagen que da Platón de Sócrates (el cual lo usa para expresar sus propias ideas) con Aristófanes y Jenofonte.

Estatua de Sócrates en Atenas (Grecia).

Sócrates profesaba no tener ninguna doctrina, de hecho decía no saber nada. Cuando hablaba con la gente no disputaba, no quería convencer a nadie; no quería juzgar ni que lo juzgaran. Más que de una doctrina, Sócrates es el responsables de un método, al que cabe referirse como dialéctica, ironía o mayéutica.

Era en el juego dialéctico donde Sócrates mostraba su famosa ironía. La ironía consiste en no decir las cosas directamente sino por medio de una ficción o falsedad, con la intención de que se nos entienda. La ironía socrática consiste en adoptar el diálogo del punto de vista de su interlocutor, haciéndolo propio, manifestando a veces gran admiración y deseos de aprender de él; para luego poner de manifiesto, con su lógica implacable, las numerosas contradicciones que encierran y ante las cuales finge sentirse desconcertado y perplejo.. El interlocutor no solo se siente refutado sino también burlado.

Todas las ironías de Sócrates se resumen en una: “solo sé que no sé nada”. Un oráculo de Apolo había afirmado de él que era el hombre más sabio. Sócrates, irónicamente, se propone demostrar lo contrario. Va entonces preguntando a todo el mundo qué son las cosas y encuentra que nadie lo sabe… pero creen saberlo. Y llega así a la conclusión: yo al menos sé que no sé; con lo que se prueba la verdad del oráculo.

La muerte de Sócrates (Jacques-Louis David, 1787).

Sócrates parte de la afirmación del ser de las cosas, al que se puede llegar por el camino de la verdad. Esto es eleatismo. Pero Sócrates va más allá: no solo afirma que las cosas sean, sino que se pregunta además qué son, quiere distinguir unos seres de otros. Para hacerlo existe un único argumento: la razón.

Con todo, no es fácil saber a qué atenerse. En muchos casos la razón no ilumina con claridad las acciones de los hombres. Sócrates habla de un demonio o genio, una voz divina que, desde niño, se deja oír, no para decirle qué debe hacer sino para impedirle hacer algo que esta a punto de hacer. Se ha discutido mucho acerca del demonio de Sócrates, sin llegar a una interpretación definitiva.

BIBLIOGRAFÍA

AAVV. Historia del pensamiento filosófico y científico. Antigüedad y Edad Media. 1ª Edición. Barcelona: Herder, 2010. pp. 85-100.

PADILLA MORENO, J. Historia del pensamiento antiguo y medieval. 1ª Edición. Madrid: CEF, 2016. pp. 43-47.

Los sofistas

Las guerras médicas fueron el acontecimiento más formidable de la historia griega. Los persas habían extendido su imperio, ocupando Asia Menor y destruyendo ricas colonias jonias en la costa, lugares en los que había nacido la filosofía. Muchos griegos, entre ellos filósofos, tuvieron que emigrar a la Magna Grecia (Sicilia), trasladando allí la actividad filosófica. Pero llegó un momento en el que el choque entre persas y griegos fue inevitable, saldándose con la victoria griega. Todo este proceso, las guerras médicas y la victoria griega, originó un profundo cambio en Grecia. Se avanzó hacia la democracia, la ciudad de Atenas se alzó sobre el resto tras la guerra, desempeñando un importante papel, convirtiéndose en centro de una gran liga de ciudades helenas, llegando a ser la capital cultural de Grecia.

Templo de la Concordia en Agrigento (Sicilia, Italia).

Atenas, pues, se convertirá también en un centro de filosofía, pero esta sufrió una profunda transformación. Ante la nueva ola de problemas que atormentaba al pueblo griego, aparecieron en escena los sofistas, que no son filósofos pero tenían una estrecha relación con la filosofía.

La filosofía nunca fue popular ya que los filósofos ponían en cuestión muchas creencias arraigadas y fueron, a veces, perseguidos por ello. Los sofistas, en cambio, tuvieron un enorme éxito porque responden a una necesidad social creada por la nueva situación. Todo se discutía, la gente necesitaba orientación. La democracia, además, hace que sea necesario convencer a los demás, por lo que la retórica se convierte en el arte más cotizado.

Los sofistas se presentan como los que saben. Sofistas es sinónimo de sabio. Sin embargo, el sofista no busca la sabiduría como el filósofo, sino que se presenta en posesión de un saber, un saber acerca del hombre y la humanidad, que son lo único que importa. Ahora los temas morales y políticos se ponen en primer plano.

El problema es que a los sofistas les importaba poco o nada la verdad, solo buscaban el éxito. Iban de ciudad en ciudad vendiendo a alto precio sus enseñanzas. Sus alumnos no querían escuchar nada más que saber cómo salir victoriosos de una disputa, y los sofistas les enseñaban a hacerlo. Frente a esto, Sócrates, Platón y Aristóteles se rebelan y siembran el descrédito de la sofística, acusándolos de falsa sabiduría, debido a que los sofistas pasaban por verdaderos sabios y contaban con más apoyo y favor que los filósofos. Aún así, su función positiva fue la siguiente:

Pusieron de relieve la importancia de la educación, asegurando que la virtud se puede aprender y no es patrimonio de una clase aristocrática. Si cobraban era porque no eran ricos y vivían de su trabajo, algo que escandalizaba a la nobleza.

  • Difundieron ideas cosmopolitas y panhelénicas.
  • Plantearon nuevos temas.
  • Entre los sofistas destacaron, sobre todo, las figuras de Protágoras y Gorgias.

Protágoras.

Protágoras viajó por toda Grecia ofreciendo sus enseñanzas con gran éxito. Ensañaba sobre todo retórica y dialéctica. Es famoso por haber dicho “el hombre es la medida de todas las cosas: de las que son, en tanto que son, y de las que no son, en tanto que no son”. Protágoras decía que las cosas son como a cada uno le parecen, el criterio es el hombre, cada hombre. Escribió un libro titulado Contradicciones o Dobles discursos, que trataba sobre cómo argumentar a favor y en contra de una misma tesis. En materia de religión tenía argumentos a favor y en contra: “por lo que respecta a los dioses, no puedo decir ni que existen ni que no existen; en este tema se tropieza uno con demasiados obstáculos, el asunto es oscuro y la vida breve”. Era por tanto un agnóstico.

Gorgias.

Gorgias, por su parte, también viajó por toda Grecia y llegó a vivir más de cien años, siendo un gran orador y maestro de retórica. Escribió Sobre el no ser o Sobre la naturaleza, cuya tesis principal dice que nada es, si algo fuese sería incomprendido; y si fuera comprendido sería incomunicable. Gorgias negaba que existiera el ser en absoluto, era imaginario. Era un nihilista.

BIBLIOGRAFÍA

AAVV. Historia del pensamiento filosófico y científico. Antigüedad y Edad Media. 1ª Edición. Barcelona: Herder, 2010. pp. 75-83.

PADILLA MORENO, J. Historia del pensamiento antiguo y medieval. 1ª Edición. Madrid: CEF, 2016. pp. 39-43.

Los pitagóricos

Cuando hablamos de los filósofos y la filosofía de esta época, hemos de tener en cuenta que poseemos únicamente unos pocos fragmentos y la mayor parte de la información es indirecta y posterior. Ocurre con casi todos y especialmente con los pitagóricos, a pesar de que fueron una escuela que se prolongó durante siglos.

Pitágoras fundó, en torno al año 530 a.C., una especie de asociación en Crotona de carácter ético-religioso, que se fue extendiendo luego por otras ciudades. Su finalidad era la purificación de sus miembros mediante determinadas prácticas morales y el cumplimiento de unos ritos mantenidos en secreto. Se distinguían de otras asociaciones por prohibiciones como comer carnes o habas, vestir ropa de lana, hablar en la oscuridad o llevar anillos con la imagen de un dios. Creían, además, en la reencarnación de las almas.

Crotona (Italia) hoy día.

Pero, al margen de esto, tenían la convicción de que se debía alcanzar la purificación por medio de la ciencia y la música. Sus ideas filosóficas podrían resumirse en: los números son el principio, origen y consistencia de todas las cosas.

Los egipcios y otros pueblos de la Antigüedad habían cultivado ya las matemáticas pero casi siempre como una ciencia utilitaria, como una técnica para resolver problemas prácticos. Pero los pitagóricos descubren los números como tales, como objetos ideales. Descubren que la naturaleza está regida por los números, por las relaciones matemáticas, que son más permanentes que los mudables fenómenos físicos. Son lo intemporal en medio de los cambios, el modelo ideal de la realidad.

Pitágoras.

Con los pitagóricos empieza a entenderse la filosofía, más que como una saber o una doctrina, como una forma de vida. No será filósofo el que posea una ciencia o saber determinados, sino el que lleve una vida teorética, dedicada a la contemplación. Lo que se contempla es el orden ideal e inmutable del mundo, presente en todas las cosas. A partir de los pitagóricos las cosas dejarán de ser un caos incomprensible e irracional para empezar a ser un mundo ordenado, un kosmos.

BIBLIOGRAFÍA

AAVV. Historia del pensamiento filosófico y científico. Antigüedad y Edad Media. 1ª Edición. Barcelona: Herder, 2010. pp. 45-53.

PADILLA MORENO, J. Historia del pensamiento antiguo y medieval. 1ª Edición. Madrid: CEF, 2016. pp. 20-21.

El problema del arkhé en los primeros filósofos

  • Tales de Mileto

El primero que comenzó a hacerse preguntas filosóficas fue Tales de Mileto, originario de la ciudad más próspera e importante de Asia Menor (Mileto). Tales se preguntó por el principio (arkhé) de todas las cosas: ¿qué es lo que hace que, por debajo del aparente caos de la naturaleza, se observe una unidad? ¿cuál es el principio unificador de la naturaleza? Y la respuesta para Tales es: el agua. La razón es que todo es, en alguna medida, húmedo. El agua está en todo, todo procede de ella y acaba en ella, es la realidad permanente en los cambios.

Ruinas de Mileto (Turquía).

El agua de Tales es un principio activo, generador, en cierto modo divino, que crea vida. Tales decía que el agua está en todas partes, lo anima todo. Tales fue un personaje muy importante en Mileto: ingeniero, astrónomo, financiero y político. Inició en su ciudad la escuela de Mileto que se ocupará fundamentalmente de la naturaleza.

  • Anaximandro

El principal discípulo de Tales fue Anaximandro, que también vivió en Mileto. Se sabe poco sobre él, pero fue un hombre de ciencia e intervino en la vida política. Escribió el libro Sobre la naturaleza, que se considera el primer texto de filosofía. El problema que plantea Anaximandro es el mismo que el de Tales ¿cuál es el principio unificador de la naturaleza? Para él el principio es el ápeiron, que es lo infinito, lo ilimitado, indefinido o indeterminado. El principio de todas las cosas no puede ser ninguna cosa determinada, ha de ser algo indeterminado, que contenga todas las cosas y pueda serlas todas.

Anaximandro en un detalle de La Escuela de Atenas de Rafael.

El ápeiron no es el caso sino que contiene la ley que rige la generación y destrucción de todas las cosas. Para que exista justicia es menester que todo llegue a ser y se destruya. Todo se forma por la separación inicial de los elementos tradicionales: fuego, aire, tierra y agua. Lo más interesante de Anaximandro es que comienza a concebir el principio o arkhé como algo que está más allá de lo mudable y perecedero, más allá de lo sensible y lo particular. Son los comienzos de la metafísica.

  • Anaxímenes

El tercer y último miembro de la escuela de Mileto es Anaxímenes. Según él, el principio de todas las cosas es el aire, porque está en todas las cosas y es indefinido o ilimitado. El aire lo contiene todo y da vida a todo mediante la respiración. Al estar siempre en movimiento da mejor que nada razón de los cambios, que se explican mediante proceso de rarefacción y condensación. El fuego sería aire enrarecido, por ejemplo.

Anaxímenes ya no necesita decir únicamente de dónde proceden las cosas sino que necesita explicar cómo se forman. Es el más lógico y racional de la escuela de Mileto.

BIBLIOGRAFÍA

AAVV. Historia del pensamiento filosófico y científico. Antigüedad y Edad Media. 1ª Edición. Barcelona: Herder, 2010. pp. 37-45.

PADILLA MORENO, J. Historia del pensamiento antiguo y medieval. 1ª Edición. Madrid: CEF, 2016. pp. 16-19.

¿Por qué surge la filosofía precisamente en Grecia?

La cultura griega ha llegado a nuestros días como algo excepcional; la literatura, el arte, la política, el comercio, etc. Su peculiaridad no le vino de su aislamiento sino de todo lo contrario, del comercio con otras culturas del Mediterráneo gracias a su temprana actividad marinera y comercial que le llevaron a establecer colonias comerciales por todas partes (península ibérica, Magna Grecia, Asia Menor).

A este aperturismo se le sumaba un alto grado de libertad política muy superior al resto de pueblos de la Antigüedad. La mayor parte de los griegos vivían en una sociedad urbana, artesanal, industrial y comercial. Además, en la mayor parte de las polis se extendió la idea de que el Estado no consistía en un soberano que imponía su voluntad, sino que el fundamento y principio de la comunidad era la ley. Los griegos estuvieron siempre muy fragmentados, tanto culturalmente como políticamente, debido básicamente a la geografía (costas, montañas, ríos, etc.). Sin embargo, los griegos en su conjunto buscaban por encima de todo lo común, lo válido siempre y para todos los hombres.

A pesar de ser un pueblo religioso, los griegos no tenían escrituras sagradas ni sacerdotes ni teología como otros pueblos. Su religión consistía en una serie de mitos y ritos, con gran diferencia local, pero que tenían un factor común para todas las polis. Aunque contasen con numerosos santuarios, el fondo principal de la religión griega fueron los mitos en los que se narraban las historias de los dioses. Estas historias se repetían en infinidad de relatos, como Teogonía de Hesíodo, o la Ilíada y la Odisea de Homero, estas dos últimas obras se convirtieron en algo así como la Biblia de los griegos.

Los mitos se caracterizaban por su armonía y proporción, por su racionalidad y por presentar una visión íntegra de la realidad. Los dioses, aunque inmortales, son seres de la misma naturaleza de los hombres. Además de la religión oficial existían otras religiones, las religiones mistéricas, procedentes de Oriente y de carácter privado. Consistían en ritos, pero secretos, revelados solo a iniciados.

Este ambiente religioso, racional, libre y de intercambio fue sin duda favorable al surgimiento de la filosofía. La manera de entender el mundo, de explicar las cosas se realizaba a través de los mitos, los cuales contaban cómo había surgido la tierra y la importancia de todo lo que existía en ella. Así explicaban la existencia de estaciones, el origen del mal, etc., sin llegar a tratarse de una explicación racional, todo relacionándolo con los dioses. Pero esta manera de explicar las cosas, en un momento dado, les pareció insuficiente a los griegos.

Los griegos pensaban que, por encima de la voluntad de los dioses, había un orden o destino implacable al que ningún ser, mortal inmortal, podía escapar. Era la moîra. Por otro lado, los griegos vivían en la creencia de que el mundo era eterno y había existido siempre, su existencia no era para ellos un problema. Las cosas presentes se explicaban por las cosas pasadas. El mundo se bastaba a si mismo, era naturaleza. Si las cosas podían provenir unas de otras era porque todas consistían en el fondo en lo mismo, tenían un mismo principio (arkhé).

El hombre griego fue instalando una creencia de que el mundo es inteligible, es decir, que puede ser comprendido o entendido. El hombre tiene la facultad, la inteligencia, para ver la realidad, el ser y de las cosas y comunicarlo. Esto es el logos, la razón.

BIBLIOGRAFÍA

AAVV. Historia del pensamiento filosófico y científico. Antigüedad y Edad Media. 1ª Edición. Barcelona: Herder, 2010. pp. 23-29.

PADILLA MORENO, J. Historia del pensamiento antiguo y medieval. 1ª Edición. Madrid: CEF, 2016. pp. 14-16.