Historia y evolución de las monedas en la Grecia Clásica

La Antigua Grecia se ha caracterizado por muchas cosas, tiene cantidad de símbolos que la representan y que han llegado a nuestros días, gran parte de ellos relacionados con la arquitectura o la escultura. Sin embargo, hay también dos elementos de suma importancia que cierran el palmarés de los símbolos de la Grecia clásica: la moneda y la cerámica.

Aunque el presente texto se centra en la moneda griega, resulta oportuno mencionar brevemente a la cerámica pues está íntimamente ligada al comercio, como la moneda. La cerámica, y clausurando su breve aparición en el trabajo, era indispensable para el transporte y el almacenamiento de parte de la producción agrícola, estando mucha de ella decorada profusamente.

Dejando de lado la cerámica, entramos de lleno en el comercio, el cual ha sido siempre un pilar fundamental en el florecimiento de los pueblos. Gracias al comercio llegaban, tanto a la península como a las islas, influencias de otras culturas, pero su importancia radica, sobre todo, en el intercambio comercial. La Grecia clásica fue una de las civilizaciones más comerciantes de la Edad Antigua y ello se tradujo en un mayor nivel de vida al respecto de otros pueblos. Como bien afirman determinadas publicaciones y manuales, la moneda es el motor del comercio, siendo determinante para la economía y la vida de los ciudadanos, condicionando directamente al Estado. Es el elemento más duradero y continuado de la historia, una serie de piezas a las que se la ha ido otorgando un valor nominal que, en un inicio, distaba muy poco o nada de su valor intrínseco.

Aunque ya en la antigua Babilonia existían pequeñas cuentas de barro a las que se le atribuía un valor nominal, la moneda como tal nació durante el reinado de Ardis II, más conocido como Ardis de Lidia, que reinó entre los años 644 a.C. y 625 a.C. en Lidia, región situada al oeste de Anatolia -actual Turquía- y que abarcó desde el siglo XIV a.C. hasta el VI a.C. gracias al comercio y a la política exterior belicosa de este monarca, estas monedas estaban compuestas de electro -oro y plata-, se extendieron por la zona de Asia Menor, llegando a la península griega a mediados del siglo VI a.C., las monedas tenían grabado un león, el símbolo de los mermnados. Al caer Lidia en manos de los persas tras la batalla de Timbrea y el asedio de Sardes, Ciro II el Grande comenzó a acuñar monedas de oro con la representación de un arquero arrodillado, con un peso de 8,42 gramos.

Mientras tanto, en la península griega, las diferentes ciudades-estado ya consideraban la moneda no sólo un útil para el comercio sino también un símbolo de soberanía, por lo que las ciudades ya habían ideado y regulado la creación de la misma. Durante este periodo, las monedas presentaron, en un inicio, un gran tamaño aunque pronto fueron adquiriendo dimensiones normales. Muchas no eran redondas, presentando formas de cuentas, de oro y plata, con diseños geométricos o distintivos de cada ciudad. Poco a poco las técnicas mejoraron y llegaron a acuñarse monedas de gran valor artístico, con símbolos muy conseguidos y que rápidamente se hicieron famosos en el mundo conocido, es el caso de la lechuza de Atenas. A este período se le suele denominar comúnmente arcaico.

El siguiente período se conoce como clásico y abarca desde el fin de las Guerras Médicas   (490-478 a.C.) hasta la muerte de Alejandro Magno (323 a.C.). Durante esta época, el foco se desplaza hacia el norte de la península griega, en concreto hacia el pueblo macedonio, que vivirá con Filipo II y su hijo Alejandro su mayor momento de esplendor. Del reinado de Filipo II el tuerto tenemos constancia de estáteras de oro con la cabeza de Apolo y higa, con el nombre Philipos grabado en griego. Tras la muerte del monarca, le sucedió su joven hijo Alejandro III, más conocido como Alejandro Magno, el cual acuñó también estáteras y tetradracmas con el nombre Alexandros grabado, así como la cabeza de Heracles y Zeus. Debido a sus conquistas, las monedas se expandieron por todo Oriente Medio y el norte de la India. Además, al conquistar Egipto, hizo de la nueva ciudad Alejandría una de las más importantes cecas del momento. Su prematura muerte dividió su imperio en cuatro partes, correspondientes a sus generales más importantes, los diádocos; Lisímaco, que se quedaría con Tracia; Demetrios, con Macedonia; Seléuco, Babilonia y Ptolomeo en Egipto.

Alejandro III de Macedonia, conocido como Alejandro Magno.

Centrándonos exclusivamente en el interés numismático, esta división del imperio de Alejandro trajo consigo una serie de novedades muy importantes en el mundo griego. Los ptolomeos en Egipto abandonaron rápidamente el sistema monetario griego y adoptaron el cirenaico, pasando así de los 4,25 gramos a 3,40. Este nuevo sistema nos ha dejado hermosas evidencias en oro con retratos reales de gran realismo. Seléuco, que se quedó con la zona de Babilonia, fundó el imperio seléucida y mantuvo el sistema griego, de hecho llegó a acuñar monedas con la cabeza del caballo de Alejandro Magno, Bucéfalo.

Fuera de la península griega y el área de influencia de Alejandro, en Sicilia, Agathocles, tirano de Siracusa, acuñó piezas de plata y oro imitando a los macedonios. El noroeste de la India seguía dominado por los persas, pero han llegado a encontrarse monedas con el nombre de Alejandro debido a la influencia y al avance del conquistador macedonio.

La tercera etapa es denominada período helenístico que abarca desde la muerte de Alejandro hasta anexión de Grecia por Roma en el siglo I a.C. Es un periodo caracterizado por la expansión de la cultura griega a otras zonas fuera del mundo conocido gracias al comercio. Tal fue la influencia estética y normativa, que muchos reinos que nada tenían que ver con la cultura grecorromana comenzaron a adoptar los órdenes de ésta a todos los efectos, monedas incluidas. Muchas monedas fueron de tamaño considerable y en oro, debido a la riqueza de determinados reinos, sin embargo también carecían de la belleza de los periodos anteriores. Aunque la excepción se dio en la zona del noroeste de la India, el conocido como Reino grecobactriano, lugar donde se acuñaron algunos de los mejores y más bellos ejemplos de toda la numismática griega.

Una de las características de este periodo es el uso de retratos de personajes vivos en las monedas, ya que en otros periodos se utilizaba a personajes fallecidos o a dioses. Los mejores ejemplos de esta nueva “moda” los encontramos en Egipto con los ptolomeos y en el Imperio Seléucida. Esto tuvo su origen en Sicilia, donde el tirano Hierón II, acuñó monedas en las que aparecía su retrato y el de su esposa.

En el territorio denominado Partia, que sería, aproximadamente, Persia, hubo una fortísima influencia griega en la numismática. Arsaces introdujo cabezas de tipo griego que, con el paso de los años, irían fundiéndose con el propio arte persa.

En el ocaso del periodo helenístico, en Pérgamo se produce una innovación a la que llamaron cistophorus, siendo una adaptación del tetradracma griego, con el que incluso los romanos llegarían a comerciar. En el norte de la India, en Bactria, sigue existiendo una fuerte influencia griega, sin embargo, en el siglo I a.C. se abandonan definitivamente estos órdenes.

Aunque la propia Roma sería la heredera cultural del mundo griego, con la conquista de la península en el siglo I a.C. terminaría desdibujándose el esplendor de la numismática griega. A continuación podemos encontrar una selección de monedas con sus atributos en las que podremos observar la evolución y expansión de la misma.

  • Tercio de estátera (siglo VI a.C.)

Moneda de electro -oro y plata- de 4,72g. Original de Lidia. La primera de ellas, considerada la primera moneda de la historia, pesaba 2,4g y el león del anverso no estaba tan definido. En el reverso tiene una marca separada en dos partes, propia de las arcaicas técnicas de acuñación.

  • 1/48 de estátera de Jonia (siglo VI. a.C.)

Moneda de electro -oro y plata- de 0,37g. Original de Jonia. En el anverso está representado un león rugiendo, con la boca abierta. En el reverso tiene una marca que se divide en cuatro partes, propia de las técnicas de acuñación de la época.

  • Dárico aqueménida (siglo VI a.C.)

Moneda de oro de 8,42g. Original persa. En el anverso está representado un arquero arrodillado. En el reverso tiene una única marca, sin división, propia de las técnicas de acuñación de la época.

  • Hemidracma de Atenas (siglo V a.C.)

Moneda de plata de 2,1g. Original ateniense. En el anverso encontramos la cabeza de Atenea con pendientes redondeados y casco adornado con hojas y flores. En el reverso se encuentra la clásica lechuza ateniense con rama de olivo e inscripciones.

  • Dracma de Istros (siglo IV a.C.)

Moneda de plata de 5,7g. Original de Istros (Tracia). En el anverso se encuentran dos cabezas masculinas juntas en direcciones opuestas, una hacia arriba y la otra hacia abajo. En el reverso se encuentran inscripciones además de un águila atacando a lo que parece ser un delfín.

  • Tetradracma de Atenas (siglo IV a.C.)

Moneda de plata de 17,3g. Original de Atenas. En el anverso cabeza de Atenea con pendientes redondeados y casco adornado con hojas de olivo y flores. En el reverso inscripciones con la lechuza ateniense mirando hacia la derecha, rama de olivo y luna.

  • Dracma de Larissa (siglo IV a.C.)

Moneda de plata de 5,8g. Original de Larissa. En el anverso tiene el rostro de la ninfa Larissa con collar y con peinado. En el reverso se encuentran inscripciones además de un caballo pastando.

  • Bronce de Filipo II (siglo IV a.C.)

Moneda de bronce de 2,6g. Original de Macedonia. En el anverso se encuentra la cabeza de Apolo mirando hacia la derecha, con cinta en el pelo. En el reverso una inscripción y un jinete joven sobre un caballo galopando y una lanza en el suelo.

  • Bronce de Alejandro III (siglo IV a.C.)

Moneda de bronce de 6,4g. Original de Macedonia. En el anverso encontramos la cabeza de Hércules con la piel de león. En el reverso un arco y carcaj, así como la maza de Hércules e inscripciones.

  • Tetradracma de Seléuco I (siglo IV. a.C.)

Moneda de plata de 17g de peso. Original de Babilonia. En el anverso se encuentra la cabeza de Alejandro Magno como Hércules con la piel de león sobre la cabeza. En el reverso, aparte de las inscripciones, se encuentra Zeus sentado en el trono sosteniendo un águila en su brazo derecho y un cetro en el izquierdo.

  • Dióbolo de Pérgamo (siglo III a.C.)

Moneda de plata de 1,3g. Original de Pérgamo. En el anverso encontramos la cabeza de Hércules con la piel de león. En el reverso inscripciones y representación de Paladión con lanza y escudo.

  • Dracma de Rodas (siglo III-II a.C.)

Moneda de plata de 2,7g. Original de Rodas. En el anverso cabeza de Helios con el pelo suelto. En el reverso encontramos rosa abierta, con brote y capullo a la derecha, además de inscripciones.

  • Bronce de Hierón II (siglo III a.C.)

Moneda de bronce de 14,3g. Original de Siracusa. En el anverso se encuentra el busto de Hierón con el pelo sujeto por una cinta y mirando hacia la izquierda. En el reverso un jinete con capa, armado con lanza y cabalgando, además de inscripciones.

  • Bronce de Ptolomeo II (siglo III a.C.)

Moneda de bronce de 10,48g. Original de Alejandría. En el anverso un busto deificado de Alejandro Magno con piel de elefante y mirando hacia la derecha. En el reverso se encuentra una inscripción además de un águila sobre un rayo.

  • Hemidracma de la Liga Aquea (siglo II a.C.)

Moneda de plata de 2,15g. Original de Esparta. En el anverso encontramos la cabeza laureada de Zeus, mirando hacia la derecha. En el reverso las letras AX, inscripciones y espiga.

  • Dracma de Filoxeno (siglo I a.C.)

Moneda de plata de 1,6g. Original de Bactria. En el anverso encontramos inscripciones y el busto de Filoxeno mirando hacia la derecha. En el reverso Filoxeno a caballo con inscripciones en jaroshti.

  • 80 drachmai de Cleopatra VII (siglo I a.C.)

Moneda de bronce de 15,9g. Original de Alejandría. En el anverso nos encontramos el busto de Cleopatra VII con diadema mirando hacia la derecha. En el reverso inscripciones además de águila sobre un rayo, cornucopia y marca de valor a la derecha.

BIBLIOGRAFÍA

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GIL FARRÉS, O. Introducción a la numismática. pp.13-182.

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RODRÍGUEZ-NORIEGA GUILLÉN, L. Studium: Revista de humanidades. Intentando socavar una falsa creencia. La identidad del Ave de Atenea. pp. 103-111. Ejemplar nº 12, 2006.

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Grecia y la extensión social de la escritura

  • LA TRANSICIÓN HACIA LA FONOGRAFÍA PLENA: LOS ALIFATOS SEMITAS

Un prejuicio historiográfico etnocentrista atribuye a los griegos la invención del alfabeto, el cual es el triunfo definitivo de la fonografía en la escritura. Pero los mismos griegos de época clásica denominaban a sus letras como fenicias y eran conscientes de que el ágil sistema de escritura del que disfrutaban era un préstamo de un pueblo vecino pero culturalmente muy distante.

La solución de adoptar como propia una escritura extraña puede ser un gesto de libertad histórica. En el II milenio a.C. la hegemonía de los grandes estados centralizados, como el mesopotámico, comienza a declinar y vemos aparecer en la historia de Occidente nuevos y pueblos así como nuevas mentalidades con una gran celeridad.

En la historia de la comunicación escrita resultan especialmente importantes los pueblos semitas, los cuales desarrollaron una importante línea comercial a través de barcos que surcaban el Mediterráneo y caravanas de camellos que cruzaban desiertos. En el Mediterráneo estaban los fenicios, los arameos en Siria y Mesopotamia, y los hebreos en Palestina.

No solo se desarrollaron grandes rutas marítimas sino que comenzó a tejerse una importante red de caminos terrestres, buscando la menor distancia entre dos puntos aun a costa de tener que construir puentes o hacer desmontes: la rapidez se había convertido ya en la aspiración central de cualquier sistema de comunicación.

Mapa del entramado comercial de la Grecia clásica que aparece en el libro El periódico de Grecia, de Powell y Steele.

El desarrollo comercial se impulsó al adoptar técnicas para la anotación por escrito de la contabilidad y la administración. Pudieron continuar la investigación de los sistemas de escritora a partir de la representación fonográfica con el alifato, el cual consiste en la notación de consonantes. La ausencia de vocales impide que pueda hablarse de representación fonográfica completa. Esto supuso un salto técnico cuantitativo y cualitativo, se pusieron las bases para el nuevo sistema de escritora y lograron introducir aires nuevos en la mentalidad antigua. Parece probable que los ensayos de escritura alfabética se produjeran fuera de los centros oficiales y que, cuando llegaron a cuajar, se mantuviera durante varios siglos en una situación marginal.

No sabemos exactamente cuáles fueron el momento y el lugar en que el alifato se puso en marcha aunque parece confirmarse que hubo un sinfín de intentos que intentaban reducir el sistema jeroglífico egipcio a su expresión más económica. Ejemplo de esto son las inscripciones protosinaíticas, pseudojeroglíficas de Biblos y las protofenicias de Ugarit.  Las protosinaíticas son un grupo de graffitis grabados en la entrada y galerías de una mina y en las estatuas de un templo, sus autores fueron mineros semitas.

Desde estos primeros intentos de escritura protosemítica se desarrollaron dos modalidades distintas:

  1. El alifato del Sur: de poca importancia histórica.
  2. El alifato del Norte: que se subdividió en el alifato fenicio y el alifato arameo. El arameo se empleó a lo largo del II milenio y los primeros siglo del I tan sólo entre los propios arameos pero a partir del siglo VII a.C. se convierte en escritura común de todo el Oriente Próximo, desplazando al cuneiforme. El fenicio es el más importante en la evolución de la escritura occidental. Se data de la primera mitad el II milenio a.C. y se mantuvo hasta el comienzo de nuestra era, extendiéndose por el Mediterráneo y dando lugar a el alifato hebreo y el alfabeto griego.
    Los restos más antiguos están fechados en torno al siglo XI a.C. y se trata de varias inscripciones a modo de graffiti.
  • CONSOLIDACIÓN DE LA FONOGRAFÍA PLENA: EL ALFABETO GRIEGO

Entre los helenos se consolida la técnica de escritura más importante de la historia: la técnica alfabética. No hay suficientes restos arqueológicos como para precisar el lugar en el que se produjo la adaptación definitiva pero algunos expertos la sitúan en las ciudades jónicas o en las islas meridionales, lugares en los que el comercio era floreciente y había contacto con otros pueblos. La fecha más verosímil apunto a los años finales del siglo IX a.C. aunque su difusión debió ser lenta ya que las primeras inscripciones conservadas son de los siglos VIII y VII a.C. En el año 403 a.C. se aprobó una ley que hacía obligatorio el uso del alfabeto jonio en los documentos oficiales, el cual sustituiría al resto de variantes locales de Grecia.

El alfabeto no tiene nada en común con las escrituras Lineal A y B de Creta y Micenas. Deriva del alifato fenicio, los griegos asimilaron sus principios pero de forma imperfecta. Por una mezcla de malentendidos y adaptaciones, los griegos acabaron usando las letras fenicias correspondientes a fonemas semíticos inexistentes en griego. Las únicas dificultades del sistema griego eran la no separación de las palabras entre sí y la poca legibilidad de la letra, la cual era únicamente mayúscula. Además, escribían en cualquier dirección hasta que en el siglo V a.C. la dirección de izquierda a derecha quedó fijada como la única admisible.

Autores como Havelock creen que los griegos proporcionaron a nuestra especie, por primera vez, una representación visual del ruido lingüístico. Otros autores declinan esta idea ya que piensan que es nace a partir de los fonemas de las lenguas semitas.

El alfabeto griego siguió utilizándose masivamente hasta el Renacimiento y se utiliza hoy en el pequeño territorio de Grecia, levemente simplificado.

  • LA COMUNICACIÓN ESCRITA EN LA POLIS DEMOCRÁTICA

Algunos autores han relacionado el éxito de la comunicación escrita en Grecia con el nuevo modelo político-cultural que se dio allí. Se dio un nuevo concepto de estado y sociedad: la polis, y un nuevo funcionamiento político: la democracia. De la figura del rey micénico se pasa, con pasos intermedios, a la del magistrado, promovido por el propio pueblo y que debe proteger los intereses colectivos. Ya se elimina el edificio del palacio y la ciudad se erige en torno a una ciudadela que sirve también de foro para debates públicos, ceremonias, mercado y sede del tribunal de justicia.

La polis es la consolidación del modelo de sociedad urbana iniciada en Mesopotamia anteriormente. Se elimina el trueque y aparece un nuevo valor de cambio abstracto: la moneda. Estudiosos asegurar que el desarrollo de la moneda está ligado al del alfabeto y viceversa. Así pues, la sociedad urbana grecorromana se asiente en tres bases fundamentales:

  1. La racionalización.
  2. Las relaciones monetarias.
  3. La cultura escrita.

Por otra parte, la moneda se ha considerado como una de las primeras muestras de propaganda consciente y organizada por parte del Estado. En estos tiempos de activo intercambio comercial entre pueblos, los símbolos que se transmiten en las monedas son recordatorios de la hegemonía de cierta ciudad.

El alfabeto es un elemento más de la polis griega, connatural a la democracia y a la moneda. La comunicación oral siguió siendo importante en el ámbito de la ciudad gracias al discurso y a la igualdad de los ciudadanos, los cuales podían hablar de los temas comunes. El principal vehículo para la educación política y moral fue el teatro, de hecho Pericles estableció una ayuda económica de un dracma (equivalente al jornal de tres días) para aquellos ciudadanos que no pudiesen acudir al teatro por motivos económicos.

Pero esta inusitada libertad para la expresión oral en público tuvo muy pronto una contrapartida en la regulación de esos mismos derechos por las leyes. La Constitución de Solón, por ejemplo, prohibía la difamación o la impiedad, algo que afectó a muchos pensadores como Sócrates.

Recreación idealizada de la Acrópolis de Atenas por Leo von Klenze (1846).

En el siglo V a.C. un porcentaje relativamente alto de griegos ya sabía leer y escribir. Tras la derrota de los persas por Atenas en la batalla de Maratón (490 a.C.), Atenas se convierte en la capital cultural del mundo a la que acuden pensadores y escritores. Florecieron las escuelas gracias también a que el alfabeto griego era asequible en poco tiempo y con poco esfuerzo.

Los ciudadanos, comerciantes y trabajadores libres utilizaban la escritura, ante todo, para múltiples asuntos administrativos o en sus tareas cotidianas y laborales, pero también para tener constancia de las decisiones políticas, las cuales se hacían públicas por escrito, y que debían estar en lugar de accesibilidad general. Esto es debido a que la democracia exige una comunicación continua y rápida, lo cual generó a su vez el surgimiento de una opinión pública crítica y distinta a la oficial.

Además de su función de difusión, el documento escrito conserva el texto, lo fija, lo que lo hace más resistente a la manipulación. En Grecia se escribirá, a partir de ahora, la nomos (Ley), lo cual le confiere al discurso jurídico una fijeza y universalidad imposibles en la tradición oral. Todos los documentos oficiales serán ya, desde entonces, y hasta nuestros días, textos escritos.

Aun así en el siglo V a.C. seguía existiendo una fractura entre la oralidad y la escritura, y la escritura se uso menos que la oralidad. La educación misma se confía al oído y la memoria, no al libro leído pero, poco a poco, el libro se irá imponiendo hasta el siglo IV a.C.

  • COMUNICACIÓN ESCRITA Y REVOLUCIÓN CULTURAL EN LA GRECIA CLÁSICA

La novedad más llamativa de la comunicación escrita en Grecia es el espectacular desarrollo de la escritura literaria y científica a partir de los siglos V y IV a.C., la generalización de esto es causa y efecto del desarrollo de antiguos géneros literario como el teatro y la aparición de otros que utilizan ya una prosa sencilla, con una pretensión más informativa que estética. Estos escritos irían dirigidos a lectores individuales y destacan autores como Heródoto, Tucídides o Jenofonte, los cuales actuaron como historiadores o “corresponsales”.

A lo largo del siglo V a.C. se escribieron varios miles de obras dramáticas, sobre todo tragedias o los tratados de los sofistas. Además apareció el concepto de autoría así como la lectura individual. Todo esto contará, en un inicio, con el rechazo de algunos filósofos como Sócrates que aseguraba que la escritura hacía que se debilitase la memoria de los hombres y formase falsos sabios que aprendían el conocimiento mediante los libros.

Recreación idealizada de la Biblioteca de Alejandría.

Se comenzaron a desarrollar bibliotecas, pero en un inicio eran privadas de un autor o una institución. Destaca la Biblioteca de Alejandría, la cual llegó a superar los 700.000 volúmenes y fue destruida en el 391 d.C. Menos conocida pero también muy importante es la de Pérgamo.

Apareció también la carta o epístola, es decir, la escritura de uso privado. Fue un fenómeno muy extendido como procedimiento retórico o literario pero también como comunicación privada entre ciudadanos. En un inicio se escribía en una tablilla pero con el tiempo comenzará a usarse el papiro. En la parte externa, como hoy día, figuraba la dirección del destinatario y el sello del remitente.

A pesar de todo esto, hay autores que dudan de la eficacia del libro griego ya que aseguran que la consolidación del alfabeto no fue suficiente para dotar a la escritura de la flexibilidad necesaria como para ser idónea transmisora de las ideas.

  • PRÁCTICAS DE LECTURA Y COMERCIO DEL LIBRO EN GRECIA. EL ESCRIBA ESCLAVO.

Respecto a las prácticas de lectura, a finales del siglo V a.C. parece concretarse la línea de demarcación entre un libro destinado exclusivamente a la conservación de los textos y un libro destinado a la lectura, la cual iría convirtiéndose poco a poco en una práctica social.

Pero el triunfo del libro no llega hasta época helenística, es en esta época en la que el afán filológico de los eruditos fija definitivamente el corpus de la literatura griega con olvido de la condición de discursos orales con la que habían surgido la mayor parte de estas grandes obras. En este período existe un claro incremento de las prácticas de lectura y comienza a vislumbrarse la figura del lector aislado.

No ha quedado noticia que permita suponer que existiese comercio de libros desde el principio: los ciudadanos cultos se hacían copiar y leer las obras por los esclavos, especializados en técnicas de escritura y lectura.

Se documenta, además, la existencia de un incipiente comercio del libro, apareciendo la figura del libro y la librería, el cual cumplía también las funciones de editor. Los copistas se llamaban bibliographoi y los especialistas, kalligraphoi, dibujaban y adornaban las letras capitales. El librero vendía el producto final y las copias eran obras de esclavos especializados o asalariados de bajo nivel económico.

  • DIVERSIFICACIÓN DE LOS SOPORTES Y FORMATOS

En Grecia los soportes y formatos se diversifican, usándose en función del tipo de documento que debe transmitirse. Los soportes fundamentales fueron la piedra y el bronce, para las inscripciones solemnes o monumentales, y para otros usos más comunes las tabletas de arcilla/madera encerada, el papiro e incluso el pergamino. Aun así, las preferencias se dirigieron siempre hacia el papiro.

Las tabletas de barro se usaron en documentos de carácter efímero, su empleo más famoso son las ostraca, en las que se escribía el nombre de la persona no grata. Cuando se habían reunido mil ostracas con un nombre, el ciudadano era desterrado, de ahí el término ostracismo.

Las tablas de madera cubiertas de cera permitían borrar los caracteres erróneos, fue el soporte utilizado mayoritariamente para trabajos escolares y borradores.

El primer soporte utilizado en Grecia para los textos largos fue la piel y no el papiro.

El más exitoso, sin lugar a dudas, fue el papiro el cual procedía de Egipto.

De época histórica griega son también los primeros datos que hablan de la utilización creciente del pergamino, el cual estaba confeccionado a partir de la piel de los animales. Su uso está documentado ya en el II milenio a.C. aunque hasta el siglo I d.C. no comienza a extenderse su uso. Su empleo fue minoritario.

Tanto el papiro como el pergamino se escribían con el cálamo. El formato habitual para las tabletas de arcilla era el políptico. El papiro y el pergamino se trataban formato de rollo pero las dimensiones eran inferiores a las de los egipcios, de unos siete metros.

BIBLIOGRAFÍA

ESPEJO CALA, C. Historia de la comunicación escrita (de la prehistoria a la irrupción de la imprenta). 1ª Edición. Sevilla: Editorial MAD S.L., 1998. pp. 65-85.

Las costumbres y creencias en la Atenas de Platón a través de Fedro.

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A lo largo de la Historia, al margen de la Arqueología, se han utilizado escritos, testimonios, canciones o códigos de leyes para intentar descifrar, con el mayor detalle posible, cómo era la vida en una época determinada. El día a día en la ciudad o el campo, el día a día de una profesión determinada… muchas obras reflejan de manera fiel las costumbres o el ocio de un periodo determinado.

La obra que vamos a utilizar es una de las más importantes del pensamiento occidental: Fedro o de la belleza, posiblemente el diálogo de juventud más importante de Platón (427 – 347 a.C.). En Fedro, o el Fedro, se tratan temas muy diversos mediante el diálogo, y mientras se sucede el diálogo de Fedro y Sócrates, ambos van dejando ver determinadas costumbres de la Atenas clásica. Es complicado reducir la obra a una sinopsis al uso, ya que Platón aborda muchas ideas al mismo tiempo en este diálogo, pero se centra en la ontología, la psicología, el amor, la belleza y lo bueno de las cosas. Existen dos partes diferenciadas en esta obra. En la primera parte se aborda el tema de la belleza de manera extensa, Sócrates le muestra a su joven amigo Fedro su visión de la misma, y del amor, instándole a huir de la lujuria y de los placeres banales. Podríamos asegurar que en esta primera parte de Fedro se muestra el término mal usado hoy día de amor platónico. En la segunda parte se abandona por completo el discurso de la primera así como sus formas, Fedro y Sócrates comienzan a discutir sobre el arte del discurso, que muchos oradores habían convertido en el arte de la mentira con fines dudosos. Platón hace ciencia con el discurso sobre dialéctica que da en esta segunda parte de su obra.

Pero al margen de lo que Fedro o de la belleza nos pueda decir, hay en este diálogo de Platón mucho más que Filosofía. En él podemos encontrar de manera muy clara una serie de costumbres propias de la Atenas de Platón en sus años de juventud. Muchas de estas costumbres o ideas pueden ser similares a las que cualquier persona tenga hoy día en su día a día pero, otras, aun no siendo extrañas, se han ido perdiendo con el paso de los años y la, cada vez más importante, tecnología.

Para situarnos, el diálogo sucede durante un día de verano en el Ática. Desde el comienzo ya hay algo que hoy día resulta poco común y es que Fedro le comenta a Sócrates que viene de pasearse fuera de los muros, algo que hoy día, al no existir muros o murallas en muchas ciudades o pueblos, no es común, al margen de que se ha perdido prácticamente el buen hábito del paseo. Sigue Fedro comentando sobre el paseo y afirma que pasear es más saludable que ir al gimnasio, una afirmación que hoy día no encajaría bien en nuestra concepción con el, cada vez mayor, culto al cuerpo y la proliferación de los gimnasios. Sócrates le pregunta qué tal con Lisias y que si le regaló algún discurso, esta pregunta sobre el regalo de un discurso es algo que a día de hoy puede resultar chocante también, acostumbrados únicamente al discurso político, empresarial o las ponencias.

El hecho de buscar un sitio apartado y sentarse, durante un buen rato, para escuchar el discurso de Lisias de la boca de Fedro también es algo que hoy día podría resultarnos extraño. A la misma vez, Fedro asegura haber salido sin calzado de casa, algo impensable hoy día e invita a Sócrates a tomar un baño de pies, aunque esto último si es algo que se sigue practicando hoy día, con los veraniegos paseos por la orilla en la playa, por ejemplo. Siguiendo el diálogo, durante este hay algo que se repite en varias partes del mismo y es la relación entre la Mitología y la ciudad, o la Mitología y determinadas evidencias de la misma. Un ejemplo de ello es cuando Sócrates afirma la existencia de criaturas como los hipocentauros, las quimeras o las gorgonas. Después Sócrates vuelve hacer alusión a las ninfas que habitan en las riberas del río junto al que están recostados, o cuando hace referencia al ejército de dioses y demonios que sigue a Júpiter en su carro alado. Al final del diálogo Sócrates hace mención al dios egipcio Teut como el inventor de los números o el cálculo. Son aspectos que, aunque hoy día sigue habiendo, de manera general, cierta devoción por determinados dogmas, no se relacionan de manera tan íntima con aspectos del día a día. Por otro lado, Sócrates afirma que nunca ha salido de la ciudad -Atenas- porque fuera no tiene nada que aprender, algo que hoy día resulta tremendamente contrario a la concepción del turismo cultural o la investigación.

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Recreación idealizada de la Acrópolis de Atenas por Leo von Klenze (1846).

Otro aspecto, el cual comenta Fedro, que hoy día no es común es el hecho de que los nueve arcontes -dirigentes- tuviesen estatuas de oro en el templo de Delfos, algo impensable a día de hoy con la clase política, además de que sitúa el número de los arcontes en nueve. Sócrates y Fedro discuten en el diálogo por una cuestión y Fedro amenaza a Sócrates con golpearlo para que prosiga desarrollando su discurso. Este tipo de violencia y más por esa razón es algo que hoy día no es común.

En un momento del discurso Sócrates afirma lo siguiente: “Es claro para todo el mundo, sobre todo para el mismo amante, que nada hay que desee tanto como ver a la persona que ama privada de los más preciso, más estimado y más sagrado que tiene”. Esta afirmación resulta bastante extraña respecto a la concepción que se tiene hoy día del amor o del amante.

En la mitad del diálogo se hace referencia al alma y una especie de rangos o estados en ella, dependiendo de estos la persona será de una manera u otra, designada para una labor en concreto. Esta concepción, que se ha mantenido de una manera u otra durante muchos años, ya está prácticamente abandonada en el pensamiento occidental actual.

Fedro hace referencia, en un momento determinado, a una lucha de discursos entre Sócrates y Lisias. Aunque hoy día se siguen produciendo “luchas” o debates de este tipo, no son desde luego con la misma finalidad que se pretende hacer ver en Fedro.

Al final del diálogo, y para concluir, Sócrates realiza una afirmación que hoy día podría considerarse arriesgada o incluso insultante, y es cuando desprecia que la transmisión del conocimiento mediante libros.

Como podemos observar, no sólo la Arqueología o los códigos de leyes son testigos de la Historia o las costumbres, obras que no estaban destinadas a describir costumbres, paisajes o personajes, entre las que se encuentra Fedro, pueden ser válidos testigos de cómo vivían nuestros antepasados. En Fedro, entre réplica y réplica, podemos hacernos una idea muy clara, si disponemos de los conocimientos históricos suficientes, de como se podría desarrollar la vida en la Atenas de Platón.

Obra completa y gratuita en filosofia.org – http://www.filosofia.org/cla/pla/azc02261.htm

BIBLIOGRAFÍA.

AAVV. Historia del Pensamiento Filosófico y Científico. Volumen I: Antigüedad y Edad Media. 1ª Edición. Barcelona: Herder Editorial, S.L., 2010.

Platón. Platón, Obras completas, edición de Patricio de Azcárate, tomo 2: Fedro. Madrid, 1871.