Videojuegos en la Antigua Roma – Vol. 3

Reportaje publicado en IGN España el 21 de marzo de 2015.

Los tres primeros años de los 2000 nos dejaron una buena cantidad de títulos en poco tiempo. Lo cierto es que la ambientación de la Roma clásica se había puesto de moda, asistimos en aquél momento a un auténtico renacer de los “videojuegos de romanos”y gracias a los títulos que repasamos la semana pasada, y a la ya citada Gladiator de Ridley Scott, a partir de 2003 se lanzarían al mercado algunos de los mejores videojuegos sobre Roma que se hayan hecho nunca.

  • Saga Rome: Total War (2004-2015 – PC)

Tras los éxitos que supusieron Shogun: Total War y Medieval: Total War años antes, The Creative Assembly se vio en la necesidad de lanzar al mercado un Total War que abordase la Historia Clásica y más en concreto que estuviese centrado en Roma. Así pues, en septiembre de 2004, se lanza al mercado Rome: Total War, probablemente el Total War más innovador de todos, un título adelantado a su tiempo.

El sistema de juego era el mismo que en las anteriores entregas, es decir, estrategia táctica, un subgénero de la estrategia que, a día de hoy, prácticamente lleva el sello Total War. Pero en Rome se introdujeron gran cantidad de mejoras jugables así como un renovado apartado técnico que quitaba el hipo.

El título abarcaba desde el año 270 a.C. hasta la caída del Imperio Romano. En él podíamos elegir hasta veinte facciones, cada una con un rigor histórico increíble. La campaña principal estaba protagonizada por una familia romana a elegir: Julios, Brutos o Escipiones y nuestro objetivo será, de una manera u otra, hacernos con el control de Roma, controlada por el Senado.

Rome: Total War fue el éxito absoluto de la saga y su mejor título hasta la fecha -aunque seguido de cerca por Shogun II-. Contó con dos expansiones: Barbarian Invasion, centrada en la caída del Imperio Romano y con un estudio muy interesante sobre pueblos como los vándalos, los godos o los hunos. Y otra centrada en la figura de Alejandro Magno, llamada Alexander.

En septiembre de 2013, nueve años después, salía al mercado Total War: Rome II, la esperada segunda parte -o revisión- de Rome: Total War. Rome II no decepcionó: contaba con nuevas mejoras en la jugabilidad -heredadas de Shogun II-, un increíble apartado técnico y toda la esencia de Rome. En 2015 se lanzó la expansión Attila, centrada en los últimos años del Imperio, como ya hizo Barbarian Invasion con su primera entrega.

  • Shadow of Rome (2005 – PS2)

Toda la trama alrededor del asesinato de Julio César puede dar muchísimo juego y eso es algo que Capcom sabía. Así pues, a comienzos de 2005, llegaba a Play Station 2 un título de Historia alternativa sobre el asesinato de Julio César y la investigación del mismo pero, en esta ocasión, con un innegable sello japonés.

Olvidad todo lo que os hayan enseñado en el instituto o en la Universidad sobre la conspiración para asesinar a Julio César ya que Motohide Eshiro -director de Shadow of Rome- muestra en este videojuego su propia visión. En Shadow of Rome encarnamos a Agripa, un centurión romano destinado en Germania. Mientras tanto, en Roma Julio César es asesinado y el padre de Agripa es acusado de ser el asesino del dictador romano. Así pues, la madre de Agripa es asesinada, su padre encarcelado y el obligado a convertirse en gladiador. Desde la arena comenzará a fraguar su venganza para hacer justicia con el asesinato de César. Mientras tanto, Octavio -futuro emperador y amigo de Agripa- investiga, a su modo, la conspiración.

Es un juego con un apartado técnico muy poderoso, un argumento muy bien hilado y con una jugabilidad bárbara. Por un lado tendremos las partes de Agripa, en el que el juego será un título de acción repleto de casquería. Y por otro lado tenemos las misiones de Octavio que son radicalmente diferentes a las de Agripa ya que se centran en el sigilo. A pesar de contar con elementos de sobra para convertirse en uno de los grandes juegos de la generación, Shadow of Rome fue dejado de lado por prensa y público, convirtiéndose en uno de los tapados de Play Station 2.

  • CivCity Rome (2006 – PC)

Caesar había triunfado años ha y, lo cierto, es que la industria necesitaba un nuevo título que siguiese la estela de la exitosa saga de construcción. Así pues, Firaxis, Firefly y el maestro Sid Meier se pusieron manos a la obra y sacaron un título de similares características solo unos meses antes del lanzamiento de Caesar IV. A este título lo llamaron CivCity Rome y, por desgracia, quedó algo lejos de lo esperado, algo que también le ocurrió a Caesar IV -suerte que dos años después aparecería Imperivm Civitas para solucionar el asunto-.

CivCity Rome no era un juego malo, en absoluto, de hecho estaba cargado de buenas ideas y su campaña era medianamente interesante, así como la enciclopedia que se incluía en él. Pero fue un juego falto de personalidad y espíritu en el que se echaban en falta mayores novedades en la jugabilidad así como una mayor profundidad en determinados apartados. Aun así, estaba perfectamente doblado al castellano y su ambientación histórica era envidiable.

  • Europa Universalis: Rome (2008 – PC)

La exitosa saga de Paradox llamada Europa Universalis encajaba perfectamente, en cuanto a jugabilidad, con un título de ambientación grecorromana, y lo cierto es que el estudio sueco no se lo pensó dos veces y decidió lanzar un único título, bajo el sello de la saga Europa Universalis, sobre Roma, con todas las bondades y virtudes de la saga.

Europa Universalis: Roma aúna en un solo título alta estrategia histórica, y esto es: política, diplomacia, estrategia militar, investigación tecnológica, religión y métodos de conquista. Europa Universalis: Roma es algo atípico en cuanto a recorrido histórico ya que no llega a abarcar la época del Imperio y termina en cuanto se derrumba la República Romana.

A pesar de sus bondades, la pobre IA y la ausencia de campaña -con las posibilidades que daría la República- le han hecho estar a la sombra de los grandes Europa Universalis o Hearts of Iron.

  • Ryse: Son of Rome (2013-2014 – Xbox One, PC)

El último juego sobre romanos, la obra magna de Crytek y el que estaba llamado a ser la razón por la que comprar una Xbox One. Un espectáculo visual que dejaba la boca abierta pero con una duración escasa y un argumento interesante pero alejado del rigor histórico.

En 2013, el mismo día del lanzamiento de Xbox One, se lanzaba al mercado Ryse: Son of Rome, en el que encarnábamos a Marius Titus, un militar romano, regresa a casa en Roma, pero ese mismo día su familia es asesinada a manos de bárbaros britanos que asaltan la ciudad. A partir de este momento, Marius intentará descubrir qué hay detrás del ataque en el que ha muerto toda su familia.

Ryse tiene, posiblemente, una de las representaciones más impresionantes de la Roma imperial, con un gran trabajo de documentación arquitectónica, artística y cultural detrás. Pero su guiada jugabilidad, baja dificultad y duración acabaron por propiciarle un encontronazo con prensa y público. A pesar de ello, las bondades de Ryse son evidentes y, aunque funcione más como demo técnica, es uno de los imprescindibles del catálogo sobre videojuegos de romanos.

Ryse ha sido el último de todos, al menos el último original, y solo el futuro nos puede decir qué ocurrirá con los juegos de romanos y las posibilidades que estos ofrecen. Salve, Roma.

Videojuegos en la Antigua Roma – Vol. 2

Reportaje publicado en IGN España el 11 de marzo de 2015.

La semana pasada comenzamos repasando grandes títulos, de una manera u otra, basados o inspirados por la Roma Clásica, quedándonos a finales de los 90 con el gran Age of Empires: The Rise of Rome. Togas, conspiraciones políticas, luchas de gladiadores, construcción de enclaves, grandes gestas bélicas… comenzando los llamados “años 2000” el videojuego basado en la Roma Clásica vive el verdadero auge -en cuanto a número de títulos, no en cuanto a calidad- gracias al estreno en 2000 del film Gladiator de Ridley Scott, con todo lo que ello supuso.

  • Roma: El testamento del César (2000 – PC)

El milenio no comenzaba todo lo bien que debería para los juegos basados en la antigua Roma ni tampoco para los franceses de Montparnasse Multimedia, los desarrolladores de Roma: El testamento del César. Estamos ante una aventura gráfica que hace especial hincapié, ya lo dejaban claro en su portada, en su aspecto didáctico al ser una aventura histórica. Y lo cierto es que Roma, en este aspecto, cumplía perfectamente su función: la recreación de Roma, de las costumbres de la época, la vestimenta y el trasfondo histórico en el que se desarrolla nuestra aventura están muy bien tratados, de eso no cabe duda, de hecho el juego se aventura a movernos por escenarios que van más allá de los clásicos enclaves que suelen aparecer en este tipo de juegos.

Pero su ortopédico y lento control, junto con una trama con altibajos, hicieron que Roma, a pesar de su apartado técnico, fuese rápidamente defenestrado por prensa y público, quedando completamente en el olvido. En el juego encarnábamos a Hércules, un legionario romano que se ve envuelto una conspiración contra su amiga Aurelia, condenada a muerte por haber envenenado a su marido, todo esto con el trasfondo del asesinato de Julio César de fondo.

  • Pompeya: La leyenda del Vesubio (2000 – PC)

Al igual que con Roma: El testamento del César, en el año 2000 Cyro Interactive -famosa por aventuras gráficas del mismo corte- lanzaba al mercado Pompeya: La leyenda del Vesubio, una aventura gráfica en primera persona muy similar a China y la olvidada saga Atlantis en las que primaba, ante todo, el apartado audiovisual. Pero, al contrario que ocurrió con anteriores trabajos de Cyro, Pompeya resultó ser un producto mediocre que ha caído, una vez más, en el olvido por parte del público, la prensa y los desarrolladores.

En Pompeya nos poníamos en la piel de Adrian Blake, un cartógrafo y aventurero escocés que se ve envuelto en una trama que bien podría ser un argumento para un Assassin’s Creed. La novia de Adrian ha desaparecido y, para colmo, la diosa Ishtar lo ha maldecido por lo que nuestro protagonista deberá buscar a su prometida en el pasado. Así pues nuestra aventura comienza en el año 79 d.C., en Pompeya y Adrian deberá buscarla durante cuatro días antes de que el Vesubio desate su furia sobre la ciudad romana.

A pesar de contar con un gran apartado técnico y con una premisa argumental interesante, Pompeya resultaba ser una aventura fácil y corta, con un guión que no hace gala a las posibilidades que el argumento otorga así como un trato de los personajes demasiado impersonal.

  • Astérix y Obélix: La Guerra de las Galias (2001 – PSX)

Aunque el paso de Astérix y Obélix por el mundo de los videojuegos daría para un texto por sí solo, La Guerra de las Galias bien merece estar incluido en esta lista puesto que es un título que merece ser reivindicado y que supone una mezcla de géneros muy interesante. Desarrollado por Warthog Entertainment fue lanzado al mercado a comienzos de 2001 para PSX, algo que también le supuso un duro revés al título ya que PlayStation 2 estaba ya en el mercado y no estaba vendiendo precisamente poco.

La Guerra de las Galias es un híbrido entre el género de la estrategia por turnos y las plataformas, y aquí alguno puede quedarse algo descolocado, pero la mezcla que realiza Warthog Entertainment está muy mimada a pesar del frío recibimiento que tuvo por la crítica en su día. Casi toda la acción del juego se desarrollará en un mapa, dividido en provincias, de la Galia. Desde nuestra aldea iremos poco a poco expandiendo nuestro dominio por la Galia para mantener a raya y echar de una vez a esos malditos romanos. El sistema es bastante simple y muchas veces se basa en que quien más tropas envía gana, aunque no siempre es así. Las pantallas de plataformas y minijuegos se desarrollan  cuando nos enfrentamos en determinadas zonas a los romanos, en estos casos para vencerlos tendremos que superar la pantalla, y el número de tropas que hayamos enviado influirá decisivamente en nuestra salud o el número de enemigos que aparezcan en la misma.

Su pobre apartado técnico -en las pantallas de plataformas- le valieron malas críticas por parte de la prensa y el público, los cuales le achacaban también que el título llegaba a tornarse repetitivo. Pero Astérix y Obélix: La Guerra de las Galias no es tan desastroso como lo pintan y aun hoy día puede regalarnos horas de entretenimiento, sobre todo a aquellos amantes de la Roma Clásica o de la obra de Uderzo.

  • Praetorians (2003 – PC)

A comienzos de 2003, el mítico estudio español Pyro Studios dejaba a un lado la estrategia táctica de Commandos para experimentar con el género RTS, y además abordar con éxito un nuevo periodo histórico. De aquí salió el notable Praetorians, un RTS que marcó un antes y un después en la industria, sobre todo por venir de la mano de Pyro, y por contar con un motor gráfico que aun hoy día puede sorprendernos.

El título daba un giro radical a la moda imperante en los RTS, dejando de lado la construcción de edificios y la gestión de recursos para centrarse exclusivamente en la estrategia militar, apartado muy cuidado y con gran cantidad de formaciones u oportunidades. Praetorians está basado, mayormente, en las campañas de Julio César y únicamente cuenta con tres civilizaciones -romanos, bárbaros y egipcios- aunque no necesita más. Uno de los aspectos más interesantes de la obra de Pyro es la gran cantidad de unidades y el tratamiento que se les da a las mismas. Praetorians resultó ser un título de gran éxito y calidad, sello indiscutible del estudio español.

  • Ben-Hur: Blood of Braves (2003 – PS2)

Ben-Hur de Microids, lanzado en 2003, es una de las grandes rarezas de juegos basados en la Roma Clásica. Que nadie piense que estamos ante un título basado en la película de 1959 protagonizada por Charlton Heston -ojalá-, estamos ante un juego de carreras, sí, de carreras.

Y es que Ben-Hur: Blood of Braves no es más que un arcade de carreras como lo pudiese ser un Mario Kart o un Crash Team Racing, pero sustituyendo los karts por cuadrigas y los alocados escenarios por ciudades y provincias romanas. El juego contaba con apartado técnico correcto, una jugabilidad intuitiva y era divertido para partidas esporádicas, pero le faltaba mucha personalidad así como una mejor campaña publicitaria.

  • Gladiator: Sword of Vengeance (2003 – PS2, Xbox, PC)

A finales de 2003, para cerrar un año prolífico en juegos de la antigua Roma, llegaba al mercado Gladiator: Sword of Vengeance, desarrollado por Acclaim. Una aventura de acción en tercera persona con un apartado técnico llamativo y con el Imperio Romano de trasfondo parecía ser una combinación ganadora, pero lo cierto es que el título de Acclaim se quedó a medias en algunos aspectos, cayendo, como muchos otros juegos, en el  profundo saco del olvido.

En Gladiator encarnábamos a Thrax, un invicto gladiador que es elegido por los dioses para devolver la gloria al Imperio, el cual se encuentra sumido en la decadencia tras la muerte del emperador Trajano y ahora en manos del tirano Arruntius. Tras una tarde en la arena, Tharx es elegido y ahí comenzará su odisea, la cual mezcla Historia, Mitologíae Historia alternativa, sin separar lo real de lo mitológico. A pesar de sus errores técnicos, Gladiator es un título más que recomendable, lleno de mitología, casquería, una buena historia y un gran doblaje al castellano.

La próxima semana abordaremos los últimos títulos en los que el mayor protagonista es el Imperio Romano, una producción desde 2004 hasta hoy repleta de, probablemente, algunos de los mejores videojuegos que se han hecho nunca.

Videojuegos en la Antigua Roma – Vol. 1

Reportaje publicado en IGN España el 7 de marzo de 2015.

Ave César, los que van a jugar te saludan. Como ya os comentábamos la semana pasada con el artículo de la saga Imperivm -la cual no vamos a incluir entre estos juegos, aunque lo merezca como la primera, ya que le dedicamos un texto exclusivo- el Imperio Romano es algo que a lo largo de la industria del videojuego siempre ha dado mucho juego, nunca mejor dicho. Las posibilidades que ofrecen los prácticamente mil años de Historia -si incluimos la República- son infinitas, no solo en términos históricos que aprovechan juegos como Imperivm sino también en términos culturales, estratégicos o de gestión.

Realizar carreras de cuadrigas, investigar asesinatos, resolver conspiraciones, gestionar una ciudad, combatir en la arena… como vemos, las posibilidades que da el mundo romano son extensas y casi nunca, en la industria del videojuego, ha habido ausencia de videojuegos inspirados en Roma, al contrario que ocurrió con el cine que tuvo un auge en la época clásica y una posterior decadencia a partir de los 70 hasta Gladiator. Aunque es cierto que no es algo a lo que se recurra asiduamente, así como el universo medieval está muy extendido en los videojuegos, los títulos sobre Roma son poco numerosos.

Así pues, esta semana en IGN España te invitamos a que te pongas la púrpura para dirigir un imperio de mil años, o bien te encasquetes tu sombrero de explorador para  realizar una peculiar arqueología sobre videojuegos.

  • Centurion: Defender of Rome (1990 – DOS, Amiga, NEC, SEGA Mega Drive)

Antes de Rome Total War e incluso de la saga Total War y casi a la par que Sid Meier’s Civilization, Bits of Magic lanzaba al mercado Centurion al que podríamos denominar como la versión romana del clásico eterno Defender of the Crown. En él encarnábamos, como su nombre bien indica, a un centurión romano al mando de una legión. Poco a poco iremos progresando -o al menos lo intentaremos- para ir ganando gloria y conseguir nuestro objetivo final: llegar a ser César.

La mecánica del juego es lo interesante ya que mezcla la estrategia por turnos con la estrategia en tiempo real y, gracias a la temática, podemos ver en él mucho de Rome Total War -aunque el primer Total War fuese Shogun-. Gráficamente, en el momento, era una verdadera revolución, con una paleta de colores muy viva y con animaciones muy convincentes. Fue lanzado para PC-DOS, NEC, Amiga y, extrañamente, para SEGA Mega Drive.

  • Caesar (1992-2006 – PC, Amiga, Macintosh)

SimCity rompió los moldes de la época unos años antes y creó un género nuevo de la mano del mítico diseñador Will Wright, en SimCity emulábamos al alcalde de una ciudad, teniendo que construir, gestionar y mantener la misma. Impressions Games y Sierra Entertainment vieron que el éxito de SimCity podía trasladarse con éxito al mundo romano, poniéndonos en el papel de un duunviro, y así nació la exitosa saga Caesar.

En 1992 salía al mercado Caesar, el cual fue rápidamente comparado con SimCity, lo cual le benefició ya que era un título sobresaliente que, además de a los amantes de la Historia Clásica, atrajo a gran parte del público del título de Maxis. La novedad de Caesar, aparte de contar con un gran número de edificios bien documentados por parte del equipo de desarrollo, era que se introducía el aspecto militar -tremendamente importante en la cultura romana- respecto a SimCity, teniendo el jugador que resolver los problemas cotidianos de los ciudadanos romanos además de organizar campañas bélicas contra los pueblos bárbaros circundantes. La red viaria se convertirá, en Caesar, en la gran protagonista, teniendo que realizar un entramado de calzadas para que no se formasen atascos y atajar problemas, como los incendios, con celeridad.

El título resultó ser todo un éxito y, a la par, nos enseñaba un poco de la cultura romana mientras gestionábamos nuestra urbe. Así pues, se lanzó en 1995 la segunda partemejorando considerablemente el apartado técnico, introduciendo cinemáticas para determinados eventos y resultando el Caesar por excelencia. En 1998 se lanzaba Caesar III, con el mismo apartado técnico del título anterior pero añadiendo muchas más opciones  que lo hacen el Caesar más completo de todos. Y tras una larga espera, y ya sin la mano de Impressions Games, en 2006 se lanzaba al mercado Caesar IV cuyo lanzamiento estuvo rodeado de polémica al salir al mercado con multitud de errores que mermaban la experiencia jugable. Caesar influyó notablemente en la industria y fue el germen de títulos como Faraón o Imperivm Civitas.

  • Rome AD 92 (1992 – Amiga, MS-DOS, PC)

Firslight lanzaba en 1992 un nuevo concepto dentro de los juegos sobre Roma: la aventura gráfica. Pero Rome AD 92 no era una aventura gráfica al uso ya que mezclaba distintos aspectos propios de los RPG junto con la aventura gráfica y estrategia, contando con una extraña interfaz que lastraba, en parte, la experiencia final del título.

En el juego encarnábamos al esclavo Héctor, el cual irá poco a poco ascendiendo con el objetivo final de convertirnos en Emperador. Con Héctor recorreremos Herculano, Roma, Britannia y Egipto a través de una trama de superación, ambición, aventura e intriga. A pesar de su tediosa interfaz, Rome AD 92 era una aventura con muchísima personalidad, dinámica y con una gran historia de fondo en la que llevaremos a Héctor desde lo más bajo hasta lo más alto.

  • The Settlers II: Veni, Vidi, Vici (1996 – PC, Macintosh, Nintendo DS)

Los alemanes de Blue Byte habían dado un giro al género del RTS con The Settlers en 1993, creando un videojuego más centrado en la gestión de un asentamiento, dando por primera vez mayor importancia a los aldeanos que a las unidades militares. El título original tenía una ambientación medieval, que es la imperante en el género, pero en 1996se lanzaba al mercado The Settlers II: Veni, Vidi, Vici, ambientado en la Roma clásica y con notables mejoras técnicas.

The Settlers, como hemos comentado, otorga gran importancia a los aldeanos así como a la red de transportes y la economía, aunque existe el apartado militar del juego, este es un añadido extra y no el aspecto principal del título, aunque es decisivo para conseguir la victoria. Probablemente es el The Settlers más exitoso de todos y el más alabado por los seguidores de la serie. En 2007 tuvo una revisión en Nintendo DScon nefasto resultado.

  • Age of Empires: The rise of Rome (1998 – PC)

Age of Empires de Ensemble Studios estaba centrado en la Historia Clásica más arcaica y en su primera entrega no trató el extenso periodo del Imperio Romano, por eso en 1998 se lanzó la expansión The rise of Rome, la cual incluía civilizaciones tan importantes e interesantes como Roma o Cartago y abordaba la ascenso de Roma como Imperio a través de una interesante campaña dividida en cuatro episodios: Rise of Rome, Ave César, Pax Romana y el último episodio basado en los enemigos de Roma, encarnando a diferentes civilizaciones a través de episodios tan importantes como el cruce de los Alpes de Aníbal, la Tercera Guerra Griega o las Guerras Serviles, comandando a Espartaco.

El juego también introducía un nuevo tipo de arquitectura con edificios propios: la romana. Además se incluían mejoras en la jugabilidad, como la cola de producción, algo que hoy día se considera algo básico en un RTS.

Hasta aquí nuestro particular repaso de la Historia de Roma a través de los videojuegos. La próxima semana seguiremos abordando el Imperio Romano, llegando hasta el polémico Ryse: Son of Rome.

[LIBRO] Animales in Harena

DATOS
Autor: María Engracia Muñoz-Santos.
Nº de páginas: 155.
Editorial: Confluencias.
Año de publicación: 2016.
Ediciones: 1 hasta la fecha.
Lugar de impresión: Antequera (España).
ISBN: 978-84-946380-4-6.
Depósito legal: AL 1944-2016.

El estudio de la Historia Clásica es tan rico porque gracias a civilizaciones como Grecia o Roma se llegó a avances que podemos considerar como adelantados a su propia época. En concreto, la civilización romana, considerada más ingeniera que artística, aunó lo mejor de la herencia griega con el potencial y el progreso que caracterizaba a los pueblos primigenios de la península italiana. Mucho se ha debatido en torno a las artes bélicas de los romanos, en torno a su arquitectura o a su derecho. Sin embargo, los espectáculos con animales han quedado, en muchos casos, relegados a un segundo o tercer plano, primando entre los diversos autores los temas ya citados. Por ello, la historiadora y arqueóloga por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) María Engracia Muñoz-Santos, con máster en Mediterráneo Antiguo por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC),  ha pretendido con la presente obra, a caballo entre el libro y el manual, estudiar la relación que Roma tuvo con los animales a todos los efectos, desde que la loba amamantó a Rómulo y Remo según la mitología hasta los vivaria o el uso de los animales en los espectáculos en la arena.

Se trata de un libro medianamente liviano, gracias a sus 155 páginas, entre las que se incluye la bibliografía especializada que la autora ha usado para completar su obra. Esto no quiere decir que sea un libro escueto, no lo es en absoluto, puesto que la información contenida en él es completa y didáctica, no haciéndose farragosa su lectura en ningún momento. Como comentaba al inicio, está a caballo entre el manual y el libro de cabecera, y su lectura es recomendable tanto para el público especializado en la materia como para aquél que desea iniciarse en la misma o conocer un poco más sobre el papel de los animales en Roma, tan tergiversado a través de los años en literatura, arte y películas. Además, Muñoz-Santos no da nada por sabido y explica todo de manera precisa y didáctica. Es, por lo tanto, un libro recomendable para todos los públicos, siempre y cuando éste se encuentre predispuesto a aprender sobre la materia.

Cuenta con seis partes o capítulos bien diferenciados, además de la conclusión final sobre el estudio. Estas partes se resumen en: A Roma le gustan los animales, A Roma le gustan los animales exóticos, La captura y el transporte: los animales antes de llegar a Roma, En Roma: la espera antes del espectáculo, Arquitectura adaptada para los espectáculos de animales y Tras el espectáculo. Es decir, la autora aborda todos los temas interesantes que pueden girar en torno a la relación de los romanos y los animales, respondiendo así a casi todas las preguntas que nos podemos hacer sobre dicha relación a lo largo de la lectura.

Funciona muy bien, no sólo como lectura ociosa sino también como apoyo al estudio de la Historia Clásica -en concreto Roma- así como de forma didáctica al respecto de la Arqueología Clásica.

Tras mis estudios en la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA), en la que me especialicé en Historia Económica y Política, hubo una serie de asignaturas que me quedaron “pendientes”, y me refiero con ello a temas sobre los que me hubiese gustado ahondar más en el estudio de los mismos. Por ello, Animales in Harena me llamó poderosamente la atención porque no sólo trataba un tema tan interesante como el de los animales en la Roma Clásica sino también porque lo abordaba desde una óptica completamente especializada.

Para concluir, como comentaba al inicio, es un libro/manual totalmente recomendable para cualquier tipo de público afín al tema que se trata. Es cierto que debe existir una predisposición inicial por parte del lector y que es una obra introductoria, como la misma autora afirma al de la misma, pero la lectura se hace tan amena e interesante que no puedo hacer más que recomendarlo, y es que si estás leyendo esto lo más probable es que también estés interesado en Animales in Harena.

Valoración: 5/5.

Roma y la expansión geográfica de la escritura

  • CONSOLIDACIÓN Y DIFUSIÓN DEL ABECEDARIO LATINO

Entre los siglos X y VI a.C. se pusieron las bases de un universo comunicativo que sigue vigente hoy día. Comienzan a estructurarse rutas comerciales y comunicativas a lo largo y ancho de Europa. Después de la Grecia clásica una amplia franja del mundo es ya un espacio bien comunicado lo que explica la celeridad con la que Roma impuso su modelo cultural.

Hígado de Piacenza (Italia) realizado en bronce y con inscripciones etruscas.

Los romanos aprovecharon una aportación previa, la de la civilización etrusca. Los etruscos dominaron el centro de la península itálica durante la primera mitad del I milenio a.C. Sus orígenes son desconocidos y hay diversas teorías sobre ellos. Se conservan más de 10.000 inscripciones etruscas, escritas en un alfabeto de origen griego pero a día de hoy la lengua etrusca no ha sido descifrada y estas inscripciones permanecen ilegibles. Se piensa que a través del contacto con los griegos adoptaron el uso del alfabeto.

El nacimiento del alfabeto latino no puede remontarse más allá de la primera mitad del siglo VII a.C., los testimonios más antiguos escritos en alfabeto latino son una fíbula o hebilla datado en torno al año 600 a.C. Desde entonces hasta ahora las variaciones en la estructura del alfabeto latino han sido mínimas. Con el tiempo fueron apareciendo nuevas letras que iban adoptándose alfabeto griego. El abecedario latino es, en la actualidad, el sistema de escritura más extendido de los cinco continentes.

  • INFORMACIÓN Y PROPAGANDA EN LA CONSTRUCCIÓN DEL IMPERIO ROMANO

Prácticamente todo el mundo conocido llegó a formar parte del Imperio Romano, establecido en el siglo I. Los romanos aprendieron de los griegos a colonizar nuevos territorios enviando población desde la metrópoli pero, a diferencia de otras culturas, los romanos no tenían reparos en conceder la ciudadanía romana a más y más pueblos. Esta es la razón principal de la cohesión de un imperio tan extenso. De hecho hubo una propaganda exterior que difundió por medios muy diversos las ventajas del sistema romano.

El personaje histórico más consciente de la propaganda fue Julio César, el cual acompañó sus acciones militares de una importante campaña propagandística e hizo que sus esclavos escribientes aprendieran un sistema taquigráfico para acometer la sorprendente empresa de dejar un relato de sus gestas escrito al pie de batalla y en perfecta prosa.

La cohesión del territorio se ayudó también de un elemento de comunicación: la red viaria que comunicaba todo el imperio. Al final del imperio se había logrado una red de no menos de 300.000 kms y la eficacia comunicativa del sistema es evidente con dos anécdotas:

  1. César recorrió 1200kms en ocho días.
  2. Una carta de César a Cicerón desde Bretaña tardó 29 días.

El correo lo hicieron en un principio esclavos que corrían incansablemente por las vías pero Augusto introdujo posteriormente la caballería. Los romanos imitaron el sistema de correo persa y egipcio.

Calzada romana a través del Valle del Tiétar (Ávila, España).

Esta compleja red viaria surge con finalidad defensiva y ofensiva pero sin duda facilitó la comunicación, el comercio y tránsito de ideas. La misma infraestructura viaria sirvió para que circulase por ella abundante información oral y escrita. Roma inundó de papiros escritos en latín su vasto imperio. El latín echó raíces en la mayor parte de los territorios dominados, desplazando a las lenguas autóctonas. Del mismo modo, toda la amplia gama de grandes obras civiles se hicieron con un doble objetivo: pragmático y propagandístico.

  • COMUNICACIÓN OFICIAL / COMUNICACIÓN PARAOFICIAL

Los primeros siglos de la historia de Roma reproducen el modelo de comunicación social griego. La enseñanza de las primeras letras ya parece haber sido un beneficio universal en Roma a pesar de tener un carácter privado.

Tras Augusto, para cubrir de funcionarios su vasta red administrativa imperial, Roma necesitó de muchos funcionarios por lo que tuvo que promover las escuelas públicas de retórica. En la comunicación social romana, a diferencia del equilibrio de Grecia, prima la escritura sobre la oralidad.

Hubo dos modelos de información pública en Roma, el modelo oficial y el modelo paraoficial.

Modelo oficial: la mayor parte de los procedimientos empleados en Roma son el modelo oficial. Se usó en el ámbito de la administración, comenzando por los annales maximi en los que los pontífices realizaban anotaciones. Poco a poco se fueron añadiendo notas sobre actividades concretas de los pontífices o los acontecimientos ocurridos. Otro ejemplo que surgió con el tiempo fue el de los comentarii o libri, que eran memorias escritas por los políticos a su paso por las magistraturas.
Julio César ordenó por primera vez la publicación de actas, en concreto de las actas del Senado, en las que se recogían día a día los acontecimientos más señalados de la vida pública. Los ciudadanos romanos podían acceder a estas actas directamente, mediante tablones expuestos  en los muros del Palacio Imperial o del Foro. Se trataba de un modelo sutil de propaganda después de todo y era habitual utilizar para ello los muros.

Modelo paraoficial: el pueblo llano crea en Roma sus propios medios de comunicación, todavía muy rudimentarios, iniciándose así una nueva etapa en la historia de la comunicación. Todos los sistemas de comunicación que se dieron en las sociedades orientales y occidentales anteriores tienen la característica de estar controlados desde y para el poder, sin existir la opinión pública. En Roma ya se asiste a un atisbo del concepto gracias a la aparición de los primeros profesionales libres de la información. Se contaba, normalmente, a voces las novedades más escandalosas, un lejano precedente de la comunicación de masas o el amarillismo.

Graffiti romano encontrado en la casa de Pinarius Cerialis en Pompeya (Italia). En la inscripción se puede leer: “Marcellus Praenestinam amat et non curatur” / “Marcellus ama a Praenestina, pero ella no se preocupa por él”.

Cabe mencionar también la aparición de otro medio de comunicación de popular: el graffiti, muy abundantes y prohibidos. Muchos de ellos eran anotaciones bromistas u obscenas. Así pues, Roma supone el punto inicial desde el que se explican la mayoría de los procesos comunicativos de la Historia occidental.

  • LA POLÍTICA CULTURAL ROMANA

Se ha insistido siempre que la cultura romana es, en líneas generales, una imitación de la griega. Los romanos constituyeron una sociedad elemental y agraria, no sintieron la necesidad de libros. Sus primeros textos escritos se refieren a temas como el Derecho y la Religión, llegando a mostrar un gran desinterés por la literatura.

La leve afición por las letras llegó a Roma a través de la influencia griega y a partir del siglo III a.C. Los militares romanos llevaron a Roma libros griegos como uno de los más preciados botines de guerra.

La verdadera producción literaria no comienza hasta el siglo I, cuando Roma ya es la ciudad populosa y rica que la Historia recuerda. A partir de entonces los romanos comenzaron a valorar las bibliotecas helenísticas. César intentó fundar una biblioteca pública similar a la de Alejandría pero no pudo culminar sus planes. En el año 39 a.C. Augusto fundó dos bibliotecas más en Roma y a partir de ahí la mayoría de emperadores comenzaron a fundar bibliotecas. La más importante fue sin duda la de Trajano, la Biblioteca Ulpia, fundada hacia el año 100 d.C.

La biblioteca romana contaba siempre con una sección latina y otra griega, ofreciendo la disponibilidad de préstamo domiciliario. Lo más frecuente, sin embargo, era leer y comentar los libros en el amplio pórtico. Hacia el siglo IV se constata la pérdida de interés por las bibliotecas: la mayoría cerró sus puertas antes de que el fin del Imperio fuera un hecho.

Creció también el interés por las bibliotecas privadas: el libro se convirtió, entre las personas adineradas, en una seña de identidad de la condición social. Llegó a ser de rigor que cada rico patricio poseyese una buena biblioteca personal, acondicionada en una lujosa instalación.

Algo importante en el panorama literario romano es la aparición de la censura editorial, normalmente dirigida contra libros de magia o adivinación, las obras culpables eran delito de lesa majestad (delito de orden público).

  • PRÁCTICAS DE LECTURA Y DESARROLLO EN LA INDUSTRIA DEL LIBRO

Durante algunos siglos, en Roma, la escritura y la lectura son prácticas privativas de sacerdotes y gentiles, además de estar estrechamente ligadas a la administración. A partir del siglo II a.C. y por influencia griega, entre las clases altas se extiende la lectura de libros de contenido literario, eso sí, de libros griegos. Estos libros se leían en la intimidad de confortables bibliotecas privadas y ya en época imperial se pone en relación con la educación y la aparición de la biblioteca pública.

La lectura siguió haciéndose, generalmente, en alta voz y para ciertos textos, como los poéticos, se realizaban performances.

El interés creciente por el libro provocó la aparición de un circuito comercial de la obra escrita en Roma. Este resulta similar al de Grecia. En ciertas zonas de la gran urbe se concentraban los artesanos y los libreros. El editor es al mismo tiempo librero y disponía de una tienda (taberna) donde vendía los libros editados por él mismo. La tienda servía además para celebrar tertulias en las que se hacían recitaciones de las novedades literarias. El librero-editor conseguía los ejemplares de la obra haciéndola editar por esclavos.

De una y otra causa, el origen griego de los copistas y la celeridad con la que trabajaban se deriva el hecho de que las copias presentaran a menudo una elevada cantidad de erratas, así apareció la figura del corrector.

El autor no gozaba de grandes beneficios en este circuito comercial. Una vez entregada la obra al editor perdía todo derecho sobre ella. El autor rico hacía que sus propios esclavos especialistas copiaran sus obras, aunque luego solía encargarle al librero la distribución de las mismas.

  • DEL ROLLO DE PAPIRO AL CÓDICE DE PERGAMINO

El soporte más antiguo empleado por los romanos fue la corteza de árbol y lo cierto es que usaron innumerables soportes como la piedra y el metal. Pero el material más común fue el papiro. A partir del siglo III a.C. se generaliza el papiro por influencia de la cultura griega y por las buenas relaciones con Egipto, aun así la demanda de papiro siempre fue superior a la producción egipcia.

Fue también muy común usar tabletas de madera enceradas, como en Grecia, que se escribían rayando con un estilo puntiagudo. Lo escrito podía borrarse con facilidad, por lo que fue el soporte más común en la enseñanza o como borrador. Solían trabajarse en políptico y era también el soporte preferido para las cartas.

Códice.

El códice de pergamino es una aportación romana y su progresiva implantación comenzó en el siglo II d.C. Para explicar la introducción del códice de pergamino se han aducido razones diversas como la escasez de papiro egipcio o su supuesta superioridad como formato. Fue utilizado para la transmisión de obras literarias y científicas. En el siglo VI d.C. parece haber desaparecido el papiro por completo, generalizándose el pergamino.

BIBLIOGRAFÍA

ESPEJO CALA, C. Historia de la comunicación escrita (de la prehistoria a la irrupción de la imprenta). 1ª Edición. Sevilla: Editorial MAD S.L., 1998. pp. 91-104.

[MANUAL] Nueva Historia de la España Antigua – Gonzalo Bravo

DATOS
Autor: Gonzalo Bravo.
Nº de páginas: 381.
Editorial: Alianza Editorial.
Año de publicación: 2011.
Ediciones: 1 hasta la fecha.
Lugar de impresión: Torrejón de Ardoz, Madrid (España).
ISBN: 978-84-206-5477-5.
Depósito legal: M. 35.708-2011.

Las clases magistrales sobre Historia Clásica, y en concreto sobre Historia de la España Antigua, no siempre son el mejor método para adentrarnos en un terreno tan complejo como fue el de la Hispania romana. Y si no que se lo digan a profesores como Aurelio Padilla o José Millán León (Universidad de Sevilla). Y es que, en el 99% de los casos, un buen conocimiento sobre el Mundo Antiguo ha de adquirirse con el inestimable apoyo de un manual, que para eso están. Por suerte, hay profesores que siguen creyendo en el manual como herramienta didáctica y uno de ellos es precisamente Gonzalo Bravo Casteñeda, profesor titular de la Universidad Complutense y autor del presente manual.

Nueva Historia de la España Antigua es un manual muy digerible, de menos de 400 páginas y con una letra que hace que su lectura resulte muy cómoda. Trasciende incluso su naturaleza de manual al uso y bien puede servir como libro de lectura, gracias a la forma en la que está escrito, que huye de tecnicismos que, en muchos casos, son absurdos. Bravo lo escribe de tal forma que es una lectura accesible para cualquier lector receptivo al tema que trata.

El manual cuenta con dos partes principales: una de ellas dedicada a la Península Ibérica prerromana y otra a la Hispania romana. Partes que se subdividen en cinco extensos capítulos que, bajo mi punto de vista, deberían ser algunos más, para no hacer la lectura tan farragosa. Cuenta, además, con un extenso listado de siglas y abreviaturas, un listado de mapas, de cuadros, de gráficos y de documentos. Y, por supuesto, con una extensa bibliografía especializada, que sirve tanto para refrendar el manual como para permitirnos ampliar la información del mismo si fuese necesario.

La información inserta en la obra de Gonzalo Bravo es directa y sencilla, abordando además todos los temas necesarios en el estudio de la Hispania romana. Además, Bravo es un autor que no ha querido otorgar más importancia de la necesaria a la Historiografía, por lo que el paso de esta por el manual es anecdótico.

El manual también sirve para complementar el estudio sobre la República y el Imperio Romano, sobre todo en su política de colonias o provincias, así como otros aspectos tan importantes como la crisis del siglo III o las reformas de Diocleciano.

Nueva Historia de la España Antigua fue mi manual de cabecera para estudiar Historia de España Antigua en la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA), asignatura que impartió el doctor en Arqueología Daniel Casado Rigalt. Por primera vez encontré un manual claro y conciso que amplió mi conocimiento sobre la Península Ibérica en época clásica. Es un manual que he leído a fondo y cuyo contenido me parece de suma utilidad, tanto para el estudiante de Historia Clásica como para el interesado en este período. Algunos temas del manual los he resumido en el blog y sirven para hacerse una idea sobre qué fue aquello tan lejano que denominamos Hispania. Encontraréis los resúmenes pinchando en los siguientes enlaces:

Un manual altamente recomendable, tanto si queremos iniciarnos en el estudio del mundo clásico en la Península Ibérica como si queremos ampliar información sobre el mismo.

Valoración: 4/5.

Aspectos jurídicos de las ciudades romanas en época altoimperial

CIUDADES NO PRIVILEGIADAS: CIVITATES INDÍGENAS.

Las ciudades hispánicas de época romana pertenecían a una de estas tres categorías: civitates, colonias o municipios. A pesar de que en Hispania la romanización se inició antes que en otras provincias, la transformación fue lenta en determinadas zonas.

Hubo comunidades que se habían conformado sobre estructuras suprafamiliares y territoriales, que los romanos denominaron como oppidum y que fueron evolucionando hacia el sistema romano de las civitas. Así pues se formaron numerosas civitates en torno a un oppidum originario. Había muchas civitates en Hispania pero las diferencias entre ellas eran notorias desde el punto de vista jurídico, político y social. Su estatuto jurídico era diferente según la relación que tuvieran con el Estado romano.

Recreación de Ammaia (Sao Salvador da Aramenha, Portugal).

Se llamaba civitates liberae et inmunes a aquellas que aun no habían establecido un pacto (foedus) con los romanos. Estas comunidades irían desapareciendo poco a poco.

La situación más frecuente fue la de las civitates foederatae, que habían concertado un pacto con los romanos, casi siempre a favor de los romanos y pocas veces en condiciones de igualdad. Los pactos que se realizaban en igualad de condiciones se denominaban civitates foederatae liberae y otros, los más frecuentes, que estipulaban obligaciones contributivas con Roma: civitates foederatae stipendiariae.

Aun así, independientemente del estatus jurídico en relación con Roma, la promoción sociopolítica de las comunidades indígenas organizadas como civitates se realizaba mediante el otorgamiento de la ciudadanía romana a las élites indígenas. Una vez que una civitas hubiera alcanzado cierto nivel de desarrollo, lo normal era que se convirtiese en un municipio romano. Así, poco a poco, las élites indígenas irán integrándose en el sistema social y político romano.

En Hispania, las ciudades no privilegiadas eran mayoría a finales del siglo I d.C. hasta la época Flavia.

CIUDADES PRIVILEGIADAS: COLONIAS Y MUNICIPIOS.

Las ciudades privilegiadas se mantuvieron como una minoría hasta la época imperial. Solo un tercio de las civitates conocidas en la Hispania romana alcanzaría el estatus de ciudad privilegiada, bien como colonia o como municipio. Estas ciudades tenían un estatuto jurídico superior a las civitates de derecho peregrino.

La fundación de una colonia romana se hacía mediante la fórmula de la deductio, que consistía en un acto formal en virtud del cual se asignaba un territorio a un grupo determinado y se dotaba a la ciudad de los instrumentos institucionales necesarios. Podía tratarse de una población preexistente o de una fundación. Aun así, el principal motivo de la fundación colonial fue el cultivo de las tierras circundantes como medio de vida para la nueva comunidad. La fundación de una colonia requería una meticulosa planificación, se organizaba como una pequeña Roma aunque hubiese notorias diferencias entre unas colonias y otras.

BIBLIOGRAFÍA.

BRAVO, G. (2011): Nueva Historia de la España Antigua. Alianza Editorial S.A., Madrid. pp. 158-162.

La reorganización hispánica de Diocleciano a finales del siglo III

REFORMA PROVINCIAL.

A finales del siglo III el mapa administrativo de Hispania seguía siendo el mismo que diseñó Augusto tres siglos antes, pero en torno al 300 Diocleciano y los tetrarcas culminaron las reformas administrativas puestas en práctica los años anteriores, las cuales afectaron al ejército, las provincias y la administración imperial.

Diocleciano en el Museo Arqueológico de Estambul (Turquía). Siglo III.

Uno de los cambios más innovadores de Diocleciano y los tetrarcas fue la sustitución progresiva de funcionarios senatoriales por ecuestres. En general la Tetrarquía llevó a cabo una política antisenatorial que iría aportando cada vez más importancia a los ecuestres.

Estas reformas administrativas se completaron con otras medidas políticas no menos importantes como la separación de poderes civiles y militares. Este proceso fue largo y no concluyó hasta las últimas décadas del siglo IV.

Los tetrarcas en el Tesoro de San Marcos. Venecia (Italia). Siglo III.

El territorio hispánico estuvo dividido, hasta finales del siglo III, en tres provincias: Tarraconense, Bética y Lusitania. El territorio peninsular e insular se  distribuía en tres provincias muy diferentes entre sí en cuanto a extensión, recursos y modos de vida.

División provincial de Diocleciano.

Hacia el año 300 se constatan ya en Hispania los efectos de la reforma provincial en virtud de la cual el territorio hispánico quedó dividido en cinco provincias: Bética, Lusitania, Tarraconense, Carthaginense y Gallaecia. La nueva división incluía las Baleares, adscritas a la Carthaginense. Las nuevas provincias, más pequeñas, implicaban también un nuevo reparto jurisdiccional del territorio en unidades más fácilmente gobernables. Así la Tarraconense se redujo en tamaño, por ejemplo.

LA REFORMA ADMINISTRATIVA.

La gran reforma administrativa del Bajo Imperio fue, sin duda, la configuración de las diócesis como agrupaciones de provincias por dos razones fundamentales: por la novedad del sistema diocesano y por la eficacia en términos gubernativos.

La formación de la diócesis se realiza a partir del agrupamiento de las unidades provinciales existentes para constituir una nueva unidad administrativa, de entidad territorial, jurisdiccional y económica. A las provincias hispánicas viejas (Bética, Lusitania) y nuevas, se añadió además la norteafricana Mauritania rompiendo así la aparente unidad territorial de Hispania. El documento llamado “Laterculus Veronensis” recoge los nombres de las doce diócesis en que fue dividido el Imperio, llamándose Hispania “dioecesis Hispaniarum”.

Diócesis a comienzos del siglo IV.

El vicario enviado a las diócesis tenía jurisdicción sobre todos los provinciales, por encima de los gobernadores y era la representación del propio emperador, la máxima autoridad imperial en su circunscripción.

En el caso de Hispania, las provincias de la diócesis variaron a lo largo del tiempo y no es algo extraño ya que este sistema había sido concebido para asumir posibles cambios.

REFORMAS ECONÓMICAS.

Pero el Imperio e Hispania no solo necesitaba reformas administrativas sino también económicas. Era necesario hacer frente a los crecientes gastos de la administración imperial y el mantenimiento del ejército, era necesario un plan de recuperación económica tras un siglo de luchas y disputas.

Muchos campos habían quedado largo tiempo sin cultivar (agri deserti); los circuitos comerciales tradicionales se habían obstruido por las guerras y la inseguridad creciente en las vías fuera de las ciudades. Ante esto, el gobierno tetrárquico puso en marcha una ambiciosa reforma fiscal destinada a proporcionar al Estado los ingresos necesarios para su recuperación.

Para ello, toda la población fue censada de nuevo, pero con fines fiscales, y también se censó a los animales. La llamada iugatio-capitatio fue el nuevo sistema fiscal implantado en época de Diocleciano y estaba destinado a proveer de recursos al Estado para atender las necesidades provinciales.

Mosaico con escena campesina en Conimbriga (Portugal). Siglo IV. Fuente: Artehistoria.

En Hispania no hay testimonios directos al respecto pero estas medidas, sin duda, se aplicaron como en el resto de provincias y diócesis del Imperio.

SOCIEDAD.

La definición tradicional de la sociedad bajoimperial romana ha sido en terminos de bipolaridad atendiendo a los dos grupos sociales de la época: honestiores y humiliores, en el Bajo Imperio esta distinción se convirtió en una auéntica división social.

Honestiores designa en la sociedad romana a los ciudadanos de mayor honor que, a menudo, coinciden con los que tienen también mayor riqueza, por lo que son objeto de un tratamiento de distinción que se manifiesta en su posición social, económica y jurídica en términos de justicia penal: exentos de la penal capital salvo los delitos de lesa majestad o traición al Estado. Dentro de este grupo se incluyó a los grandes propietarios y también grandes funcionarios, así como oficiales del ejército, jerarquías eclesiásticas…

Humiliores eran los grupos sociales inferiores, de cualquier estatus y ocupación. En general, este grupo tenía condiciones de vida difíciles y peores que las de los honestiores, de los cuales dependían en muchas ocasiones. Humilior acabó englobando a todo aquél que no era honestior.

EJÉRCITO Y LIMES HISPANUS.

El ejército fue uno de los sectores menos perjudicados por la crisis del siglo III debido a la protección del Estado. Los militares se habían hecho omnipresentes en la vida política y social romana, algunos oficiales habían sido  aclamados incluso como emperadores. Todos actuaban como grupos especializados para reforzar la eficacia de los cuerpos del ejército tradicional.

El sistema de defensa imperial, durante el Bajo Imperio, se reforzó en las áreas fronterizas próximas al “limes”, donde había más presión de pueblos bárbaros. El refuerzo se llevó a cabo construyendo instalaciones defensivas o destinando más unidades militares al área afectada. Muchos historiadores y arqueólogos coinciden en la existencia de un “limes hispanus” en torno a la Meseta norte durante el siglo IV.

Muro de Adriano en el norte de Inglaterra; un ejemplo de “limes” romano. Fuente: National Geographic.

Pero el documento que más controversia ha causado entre historiadores es la “notitia Dignitatum”, en la que se mencionan los cargos que estaban al mando de las unidades militares existentes en Hispania. En torno a la “notitia” hay multitud de teorías y aun no es claro a qué fecha en concreto hace alusión.

BIBLIOGRAFÍA.

BRAVO, G. (2011): Nueva Historia de la España Antigua. Alianza Editorial S.A., Madrid. pp. 224-234.

La sociedad hispanorromana en época altoimperial

LOS ORDINES.

Senadores.

En la pirámide social hispanorromana, el grupo senatorial era el primero en la escala y, por tanto, el más restringido de los grupos sociales existentes en Hispania. La dignidad senatorial no sólo era hereditaria sino también extensiva a los miembros de la familia.

Unos y otros, por el hecho de ser senadores, formaban parte de la aristocracia romana imperial, un grupo reducido de ciudadanos con un elevado nivel de renta (1.000.000 de sestercios como mínimo). El número de senadores de origen provincial aumentó bastante desde los emperadores flavios (69-96) aunque no se alcanzó la mayoría hasta el siglo III.

Durante los gobiernos de Trajano y Adriano se observa un notorio incremento de senadores provinciales. Además, durante este período los senadores hispánicos tuvieron bastante relevancia, de hecho el número de senadores hispánicos de este período asciende a unos 30 o 35 nombres de los cuales un 75% son originarios de la Bética y el resto de la Tarraconense.

Interpretación libre del Senado romano.

Pero el mayor problema en el estudio de senadores hispánicos es determinar su número, dado que, en muchos casos, su origen es dudoso. Aun así se estima que debió haber habido varios centenares a lo largo del Imperio, repartidos en un número reducido de familias. Además, muchos de ellos fueron cónsules (un 50%).

Ser senador hispano no significaba solo riqueza sino también prestigio y poder. Con estos tres atributos, los senadores constituían una verdadera élite social, por encima de las élites provinciales y urbanas. En el caso hispánico, la pertenencia a estas élites locales procedía de dos vías: la riqueza en tierras de cultivo o pastos y la política mediante la adopción de un patrono fuerte.

Caballeros.

Los caballeros eran otro grupo privilegiado de la sociedad hispanorromana, por su capacidad económica, por su importancia política y por el reconocimiento de su condición social ante los ciudadanos. Eran una minoría cualificada en las ciudades y provincias de Hispania por lo que casos como el de Gades, con 500 equites, fueron excepcionales.

Équite romano (interpretación libre).

Los caballeros destacaban sobre todo por su fortuna derivada de los negocios y que invertían en la compra de tierras. Pero otro grupo de ecuestres destacaban por su servicio en la administración imperial y el ejército.

En Hispania surge un problema similar como con los senadores ya que es muy complicado saber con exactitud su origen. Actualmente se conocen unos 180 ecuestres procedentes de Hispania durante los tres primeros siglos del Imperio. Sea como fuere, constituían la segunda élite en importancia de la sociedad romana imperial, también en Hispania. En Hispania el número se duplicó con los Flavios y alcanzó su máximo desarrollo con Trajano y Adriano.

Decuriones.

También constituían una minoría privilegiada en su ámbito propio, el de las ciudades y provincias de Hispania, donde actuaban como auténticas oligarquías municipales. Controlaron durante varias generaciones el poder político local ocupando las magistraturas, los cargos religiosos o los puestos de la curia municipal. Recurrían a uniones matrimoniales entre familias para perpetuar el poder.

Interpretación libre de un decurión de la caballería auxiliar.

Estos magistrados contribuían a paliar los gastos sociales de su ciudad mediante el sistema tradicional de autofinanciación de los cargos, con independencia de las donaciones públicas que pudieran realizar durante su mandato, bien al inicio, bien mediante aportaciones periódicas. Ser decurión implicaba un compromiso en la financiación de gastos públicos necesarios para el municipio.

Cuando los cargos se convirtieron en cargas hubo dificultades para encontrar candidatos dispuestos a desempeñar estas magistraturas. Si se mantuvieron fue sobre todo porque podían aspirar, en un futuro, a puestos de mayor responsabilidad en la carrera política.

LOS GRUPOS INFERIORES.

La plebe y extranjeros.

Los grupos inferiores constituían la mayoría de la población pero con notorias diferencias entre unos y otros. Sobresalen la plebe y los extranjeros.

Frente a las élites urbanas, la plebe se distinguía no sólo por sus menores recursos sino también por sus condiciones de vida, según vivieran en la ciudad o en el campo. En cualquier caso, los plebeyos se distinguían casi siempre por sus signos externos, especialmente vivienda y vestido. En efecto, mientras la plebe vivía en “insulae” organizadas en torno a un patio central, las élites vivían en “villae” a las afueras de la ciudad. La plebe utilizaba como vestimenta paños lisos mientras que los grupos superiores utilizaban distintivos colores y adornos.

Plebe rural.

Era normal que la plebe se acogiera a la protección de un personaje influyente por lo que, con frecuencia, lo senadores de origen hispánico fueron reconocidos como “patroni” en sus respectivas ciudades.

Plebe urbana.

Otro grupo importante eran los extranjeros, entendiéndolos como procedentes de otros lugares o no ciudadanos, simplemente “peregrini”. Este grupo lo formaban las comunidades hispánicas o no hispánicas aun no romanizadas. Constituían un importante sector de la población hasta la concesión de ciudadanía que hubo con Vespasiano.

Libertos y esclavos.

En los estratos inferiores de la pirámide social se encontraban los libertos y esclavos, aunque con seguridad algunos de ellos gozaron de una buena posición económica. En Hispania, el número de libertos se mantuvo estable durante los primeros siglos del Imperio y los testimonios en algunas ciudades dejan entrever que había bastantes más libertos que esclavos (cinco veces más).

Pero en un sistema social tan jerarquizado y clasista como el romano, el origen servil era una condición discriminatoria aunque se tuviese solvencia financiera, y pocas veces los libertados desempeñaron cargos importantes o subieron de estatus. De hecho, la epigrafía hispánica no aporta ni un solo nombre de liberto como decurión o magistrado municipal. Sobre los libertos ricos no pesaba una discriminación económica ni social sino exclusivamente política. Su origen servil fue un impedimento para el desempeño de cargos públicos.

Esclavos representados en un mosaico alojado en el Museo Nacional del Bardo (siglo II d.C. Túnez, Túnez).

La promoción social de los libertos resultó beneficiosa para los provinciales, el cargo más apetecido por los libertos hispánicos fue el de “sevir augustalis” o miembro del “collegium” encargado del culto imperial en el municipio. La máxima aspiración de un liberto era integrarse en el grupo de los “augustales” lo que suponía el techo de su carrera política. Aun así, el liberto aspiraba siempre a liberarse de su condición social entroncando con una familia de libres y, si fuese posible, de la aristocracia local. Los hijos nacidos de estas uniones ya eran libres y potenciales ciudadanos sin restricciones.

Por último estaban los esclavos, los datos sobre los esclavos en Hispania son bien conocidos. La esclavitud ya fue practicada por los cartagineses antes de la llegada de los romanos pero fueron estos quienes la potenciaron. Con las guerras de conquista se multiplicó el número de esclavos debido a los prisioneros de guerra y a los indígenas que opusieron resistencia.

Pollice verso (pulgares hacia abajo) de Jean-León Gérôme (1872).

Se estima que las cifras de esclavitud alcanzarían varios cientos de miles en época republicana para una población de unos cinco millones. Muchos de estos esclavos fueron utilizados como mano de obra en las minas, en las villas rurales y en los talleres. Eran ante todo fuerza de trabajo fuerza de trabajo a disposición de su propietario pero algunos gozaban de cierta responsabilidad o confianza.

La mayor diferencia radicaba en su condición de privados o públicos ya que los públicos pertenecían a ciudades o al Estado, formando parte de la mano de obra cualificada o realizar otros servicios al cargo de magistrados.

LAS MUJERES.

Hasta hace tan solo unos años, la historiografía solo estudiaba a las mujeres de la aristocracia o de las esclavas pero luego han surgido otros grupos de mujeres que merecen estudio ya que constituían la mayoría.

Se trata de mujeres que, pese a estar sometidas al poder patriarcal, desempeñaron un papel relevante en la vida social como esposas, viudas e hijas, estas últimas muy importantes en función de la dote que su familia solía aportar al matrimonio para asegurar la subsistencia de la esposa en el caso de separación o viudedad.

En la época imperial se otorgó a las mujeres la condición de herederas legales y la capacidad de disponer de sus propios bienes, lo que permitió a algunas mujeres amasar fortunas que utilizaron para diversas cosas como, por ejemplo, convertirse en patronas.

Fresco de una mujer portando una bandeja en la Villa San Marco (Castellammare di Stabia, Italia).

Sin embargo, los datos referidos a la ocupación profesional de la mujer son escasos, la mayoría eran amas de casa pero muchas también desempeñaban un papel importante en la industria textil así como otras profesiones como nodriza, doncella, peluquera o hilandera, en el caso de Hispania también algunas ejercieron de médicos. Su papel también resulta fundamental en la agricultura y ganadería.

Es destacable también su participación en los cultos privados y públicos, sobre todo los relacionados con divinidades femeninas o de procedencia oriental.

BIBLIOGRAFÍA.

BRAVO, G. (2011): Nueva Historia de la España Antigua. Alianza Editorial S.A., Madrid. pp. 186-194.

La crisis del siglo III

EL CONTEXTO POLÍTICO PRECEDENTE.

Según la Historia Augusta, Septimio Severo mandó ejecutar a numerosos senadores, entre los que se encontraban miembros de la nobleza hispana muy influyentes y ligados a la producción de aceite. Pero todo comenzó en el 193 cuando Clodio Albino, en Britannia, no aceptó el nombramiento de Severo como “augusto” y se hizo proclamar a sí mismo emperador. Severo, viendo la situación, no decidió arremeter contra él (debido a la fuerza de las legiones en Britannia) y dedicó el tiempo, hasta el año 197, a eliminar a sus otros rivales en Roma.

Septimio Severo.

Llegó incluso a reconocer a Clodio Albino como “caesar” ya que había provincias que lo estaban apoyando, entre ellas Hispania. Pero en el año 195, cuando Severo volvía de Oriente, declaró “hostis publicus” a Albino y proclamaba “caesar” a su hijo mayor, Caracalla. Ante esto, los soldados en Britannia proclamaron “augusto” a Albino, el cual controlaba Britannia, la Galia y parte de Hispania.

Representación libre de la batalla de Lugdunum (197 d.C.).

Ambos ejércitos se enfrentaron en el 197 en Lugdunum y tras la derrota de Albino, el emperador Severo implantó un régimen de terror político. A partir de este momento, el ejército adquirió un mayor protagonismo en la vida política de Roma hasta tal punto de que, a partir de este momento, la estabilidad del Imperio dependería del ejército. Severo comenzó a relevar a algunos gobernadores provinciales en Hispania.

EL DEBATE SOBRE LA CRISIS.

Los efectos de la crisis del siglo III se dejaron sentir menos en Hispania que en otras provincias y regiones del Imperio, devastadas por las guerras y las rebeliones. Aun así, los datos referidos a Hispania son también negativos y no hubo prosperidad en ningún momento. Pero sí hubo elementos que se pueden tomar en positivo: militarización, promoción social y política de las élites, nuevas familias aristocráticas…

Además, en los últimos años se han rechazado clásicas teorías que intentaban dar una explicación a la crisis del siglo III, teorías tales como la del esclavismo, la de los tesorillos y la de las invasiones germánicas.

NUEVOS ELEMENTOS DE ANÁLISIS.

El material epigráfico nos demuestra que los hispánicos no quedaron al margen del poder imperial durante los años centrales de la crisis y que en ningún momento se rompió el vínculo con el gobierno. Pero sí es cierto que hubo casos en los que se emitieron monedas emitidas por usurpadores pero el número de monedas de los emperadores legítimos siempre es superior.

Otro tema a analizar es la destrucción de villae, la cual no se corresponde únicamente al área del litoral mediterráneo. Las destrucciones, todas ellas, no pueden ser consideradas efectos de una invasión o invasiones ya que, en el caso de que pueblos germánicos hubiesen invadido Hispania no habría afectado a un área tan extensa. Por lo tanto es preferible atribuir las destrucciones a otras causas: el éxodo urbano que hizo que muchos propietarios modificasen sus haciendas rurales al tener que trasladar su residencia de la ciudad al campo, muchas veces para evadir sus obligaciones fiscales.

Según la interpretación tradicional, muchas ciudades hispánicas se habrían visto afectadas por la inestabilidad política del momento, pero en algunos casos la arqueología ha demostrado que las destrucciones no son tales sino que, como hemos dicho, son remodelaciones del hábitat. Tampoco hay un éxodo total de la ciudad al campo ya que se sigue observando continuidad en el ámbito urbano.

Otro argumento hace referencia a la crisis monetaria. Desde Severo el denario de plata fue objeto de sucesivas devaluaciones por parte de las autoridades imperiales al tener que “aumentar” el sueldo militar. Pero este problema económico no se resolvió ni siquiera con la agresiva política monetaria de Caracalla, el cual introdujo una nueva pieza de plata, pudo frenar la inflación.

La inflación llevó a sucesivas devaluaciones del denario y en época de Galieno, muchas monedas no tenían más que un 5% de plata y no eran más que monedas de bronce con un ligero baño de plata.

Otro elemento a analizar es el de las persecuciones contra los cristianos, en época de Decio y Valeriano, y los bagaudas en época de Diocleciano. Es cierto que las persecuciones contra cristianos son un fenómeno que ocasionó la crisis religiosa de la época, aunque estas persecuciones se remontan a la época de Nerón.

La última oración de los mártires cristianos de Jean-Léon Gérôme (1883).

Aun así, en Hispania los testimonios sobre el cristianismo son muy escasos hasta el siglo III y las persecuciones, en muchos casos, eran por rechazar el culto imperial. Durante la época de Decio no está atestiguada ninguna víctima pero sí durante la época de Valeriano en 258, con los mártires Fructuoso, Augurio y Eulogio.

Cabe mencionar la bagauda galo-hispánica a finales del siglo III, estos bagaudas son revueltas campesinas galo-hispánicas lideradas por personajes galos (Eliano y Amando), los cuales llegaron incluso a acuñar monedas propias.  Aunque toda la información relativa a las bagaudas es muy difusa y de libre interpretación.

EL CAMBIO SOCIAL.

Es en el ámbito social donde se puede ver con más claridad los cambios que ocasionó la crisis del siglo III. Es indudable el ascenso del grupo ecuestre a los cargos de mayor responsabilidad gracias, sobre todo, a Severo pero fue con Galieno cuando los ecuestres reemplazaron a los senadores en el gobierno de las provincias. Así pues, muchas familias de la aristocracia senatorial quedaron relegadas de sus responsabilidades políticas y sociales.

Estos cambios son más notorios en unas provincias que en otras, sobre todo en la Bética y la Tarraconense. Este cambio implicó la sustitución progresiva de unas familias por otras, casi todas ellas de la orden ecuestre.

UN BALANCE.

La crisis del siglo III es ante todo una crisis estructural ya que se generalizó en todos los aspectos del modelo sociopolítico imperial. También hay que tener en cuenta que, a pesar de las convulsiones políticas del momento, el poder imperial se mantuvo en todo momento sin que hubiera ningún momento de “anarquía”, a pesar de que los relevos en el poder imperial fueron más frecuentes que antes. Este relevo se efectuó sobre todo por “acclamatio” pero siempre siguiendo los procedimientos institucionales y todos los emperadores, usurpadores o no, intentaron siempre legitimar su posición.

Así pues, a nivel de evolución imperial el balance negativo es más claro que en otros aspectos. También es muy negativo en lo político y económico, aunque no tanto en lo religioso y social. Sea como fuere, la crisis del siglo III señaló el comienzo de una nueva época.

BIBLIOGRAFÍA.

BRAVO, G. (2011): Nueva Historia de la España Antigua. Alianza Editorial S.A., Madrid. pp. 213-223.