Los sofistas

Las guerras médicas fueron el acontecimiento más formidable de la historia griega. Los persas habían extendido su imperio, ocupando Asia Menor y destruyendo ricas colonias jonias en la costa, lugares en los que había nacido la filosofía. Muchos griegos, entre ellos filósofos, tuvieron que emigrar a la Magna Grecia (Sicilia), trasladando allí la actividad filosófica. Pero llegó un momento en el que el choque entre persas y griegos fue inevitable, saldándose con la victoria griega. Todo este proceso, las guerras médicas y la victoria griega, originó un profundo cambio en Grecia. Se avanzó hacia la democracia, la ciudad de Atenas se alzó sobre el resto tras la guerra, desempeñando un importante papel, convirtiéndose en centro de una gran liga de ciudades helenas, llegando a ser la capital cultural de Grecia.

Templo de la Concordia en Agrigento (Sicilia, Italia).

Atenas, pues, se convertirá también en un centro de filosofía, pero esta sufrió una profunda transformación. Ante la nueva ola de problemas que atormentaba al pueblo griego, aparecieron en escena los sofistas, que no son filósofos pero tenían una estrecha relación con la filosofía.

La filosofía nunca fue popular ya que los filósofos ponían en cuestión muchas creencias arraigadas y fueron, a veces, perseguidos por ello. Los sofistas, en cambio, tuvieron un enorme éxito porque responden a una necesidad social creada por la nueva situación. Todo se discutía, la gente necesitaba orientación. La democracia, además, hace que sea necesario convencer a los demás, por lo que la retórica se convierte en el arte más cotizado.

Los sofistas se presentan como los que saben. Sofistas es sinónimo de sabio. Sin embargo, el sofista no busca la sabiduría como el filósofo, sino que se presenta en posesión de un saber, un saber acerca del hombre y la humanidad, que son lo único que importa. Ahora los temas morales y políticos se ponen en primer plano.

El problema es que a los sofistas les importaba poco o nada la verdad, solo buscaban el éxito. Iban de ciudad en ciudad vendiendo a alto precio sus enseñanzas. Sus alumnos no querían escuchar nada más que saber cómo salir victoriosos de una disputa, y los sofistas les enseñaban a hacerlo. Frente a esto, Sócrates, Platón y Aristóteles se rebelan y siembran el descrédito de la sofística, acusándolos de falsa sabiduría, debido a que los sofistas pasaban por verdaderos sabios y contaban con más apoyo y favor que los filósofos. Aún así, su función positiva fue la siguiente:

Pusieron de relieve la importancia de la educación, asegurando que la virtud se puede aprender y no es patrimonio de una clase aristocrática. Si cobraban era porque no eran ricos y vivían de su trabajo, algo que escandalizaba a la nobleza.

  • Difundieron ideas cosmopolitas y panhelénicas.
  • Plantearon nuevos temas.
  • Entre los sofistas destacaron, sobre todo, las figuras de Protágoras y Gorgias.

Protágoras.

Protágoras viajó por toda Grecia ofreciendo sus enseñanzas con gran éxito. Ensañaba sobre todo retórica y dialéctica. Es famoso por haber dicho “el hombre es la medida de todas las cosas: de las que son, en tanto que son, y de las que no son, en tanto que no son”. Protágoras decía que las cosas son como a cada uno le parecen, el criterio es el hombre, cada hombre. Escribió un libro titulado Contradicciones o Dobles discursos, que trataba sobre cómo argumentar a favor y en contra de una misma tesis. En materia de religión tenía argumentos a favor y en contra: “por lo que respecta a los dioses, no puedo decir ni que existen ni que no existen; en este tema se tropieza uno con demasiados obstáculos, el asunto es oscuro y la vida breve”. Era por tanto un agnóstico.

Gorgias.

Gorgias, por su parte, también viajó por toda Grecia y llegó a vivir más de cien años, siendo un gran orador y maestro de retórica. Escribió Sobre el no ser o Sobre la naturaleza, cuya tesis principal dice que nada es, si algo fuese sería incomprendido; y si fuera comprendido sería incomunicable. Gorgias negaba que existiera el ser en absoluto, era imaginario. Era un nihilista.

BIBLIOGRAFÍA

AAVV. Historia del pensamiento filosófico y científico. Antigüedad y Edad Media. 1ª Edición. Barcelona: Herder, 2010. pp. 75-83.

PADILLA MORENO, J. Historia del pensamiento antiguo y medieval. 1ª Edición. Madrid: CEF, 2016. pp. 39-43.

Los pitagóricos

Cuando hablamos de los filósofos y la filosofía de esta época, hemos de tener en cuenta que poseemos únicamente unos pocos fragmentos y la mayor parte de la información es indirecta y posterior. Ocurre con casi todos y especialmente con los pitagóricos, a pesar de que fueron una escuela que se prolongó durante siglos.

Pitágoras fundó, en torno al año 530 a.C., una especie de asociación en Crotona de carácter ético-religioso, que se fue extendiendo luego por otras ciudades. Su finalidad era la purificación de sus miembros mediante determinadas prácticas morales y el cumplimiento de unos ritos mantenidos en secreto. Se distinguían de otras asociaciones por prohibiciones como comer carnes o habas, vestir ropa de lana, hablar en la oscuridad o llevar anillos con la imagen de un dios. Creían, además, en la reencarnación de las almas.

Crotona (Italia) hoy día.

Pero, al margen de esto, tenían la convicción de que se debía alcanzar la purificación por medio de la ciencia y la música. Sus ideas filosóficas podrían resumirse en: los números son el principio, origen y consistencia de todas las cosas.

Los egipcios y otros pueblos de la Antigüedad habían cultivado ya las matemáticas pero casi siempre como una ciencia utilitaria, como una técnica para resolver problemas prácticos. Pero los pitagóricos descubren los números como tales, como objetos ideales. Descubren que la naturaleza está regida por los números, por las relaciones matemáticas, que son más permanentes que los mudables fenómenos físicos. Son lo intemporal en medio de los cambios, el modelo ideal de la realidad.

Pitágoras.

Con los pitagóricos empieza a entenderse la filosofía, más que como una saber o una doctrina, como una forma de vida. No será filósofo el que posea una ciencia o saber determinados, sino el que lleve una vida teorética, dedicada a la contemplación. Lo que se contempla es el orden ideal e inmutable del mundo, presente en todas las cosas. A partir de los pitagóricos las cosas dejarán de ser un caos incomprensible e irracional para empezar a ser un mundo ordenado, un kosmos.

BIBLIOGRAFÍA

AAVV. Historia del pensamiento filosófico y científico. Antigüedad y Edad Media. 1ª Edición. Barcelona: Herder, 2010. pp. 45-53.

PADILLA MORENO, J. Historia del pensamiento antiguo y medieval. 1ª Edición. Madrid: CEF, 2016. pp. 20-21.

El problema del arkhé en los primeros filósofos

  • Tales de Mileto

El primero que comenzó a hacerse preguntas filosóficas fue Tales de Mileto, originario de la ciudad más próspera e importante de Asia Menor (Mileto). Tales se preguntó por el principio (arkhé) de todas las cosas: ¿qué es lo que hace que, por debajo del aparente caos de la naturaleza, se observe una unidad? ¿cuál es el principio unificador de la naturaleza? Y la respuesta para Tales es: el agua. La razón es que todo es, en alguna medida, húmedo. El agua está en todo, todo procede de ella y acaba en ella, es la realidad permanente en los cambios.

Ruinas de Mileto (Turquía).

El agua de Tales es un principio activo, generador, en cierto modo divino, que crea vida. Tales decía que el agua está en todas partes, lo anima todo. Tales fue un personaje muy importante en Mileto: ingeniero, astrónomo, financiero y político. Inició en su ciudad la escuela de Mileto que se ocupará fundamentalmente de la naturaleza.

  • Anaximandro

El principal discípulo de Tales fue Anaximandro, que también vivió en Mileto. Se sabe poco sobre él, pero fue un hombre de ciencia e intervino en la vida política. Escribió el libro Sobre la naturaleza, que se considera el primer texto de filosofía. El problema que plantea Anaximandro es el mismo que el de Tales ¿cuál es el principio unificador de la naturaleza? Para él el principio es el ápeiron, que es lo infinito, lo ilimitado, indefinido o indeterminado. El principio de todas las cosas no puede ser ninguna cosa determinada, ha de ser algo indeterminado, que contenga todas las cosas y pueda serlas todas.

Anaximandro en un detalle de La Escuela de Atenas de Rafael.

El ápeiron no es el caso sino que contiene la ley que rige la generación y destrucción de todas las cosas. Para que exista justicia es menester que todo llegue a ser y se destruya. Todo se forma por la separación inicial de los elementos tradicionales: fuego, aire, tierra y agua. Lo más interesante de Anaximandro es que comienza a concebir el principio o arkhé como algo que está más allá de lo mudable y perecedero, más allá de lo sensible y lo particular. Son los comienzos de la metafísica.

  • Anaxímenes

El tercer y último miembro de la escuela de Mileto es Anaxímenes. Según él, el principio de todas las cosas es el aire, porque está en todas las cosas y es indefinido o ilimitado. El aire lo contiene todo y da vida a todo mediante la respiración. Al estar siempre en movimiento da mejor que nada razón de los cambios, que se explican mediante proceso de rarefacción y condensación. El fuego sería aire enrarecido, por ejemplo.

Anaxímenes ya no necesita decir únicamente de dónde proceden las cosas sino que necesita explicar cómo se forman. Es el más lógico y racional de la escuela de Mileto.

BIBLIOGRAFÍA

AAVV. Historia del pensamiento filosófico y científico. Antigüedad y Edad Media. 1ª Edición. Barcelona: Herder, 2010. pp. 37-45.

PADILLA MORENO, J. Historia del pensamiento antiguo y medieval. 1ª Edición. Madrid: CEF, 2016. pp. 16-19.

¿Por qué surge la filosofía precisamente en Grecia?

La cultura griega ha llegado a nuestros días como algo excepcional; la literatura, el arte, la política, el comercio, etc. Su peculiaridad no le vino de su aislamiento sino de todo lo contrario, del comercio con otras culturas del Mediterráneo gracias a su temprana actividad marinera y comercial que le llevaron a establecer colonias comerciales por todas partes (península ibérica, Magna Grecia, Asia Menor).

A este aperturismo se le sumaba un alto grado de libertad política muy superior al resto de pueblos de la Antigüedad. La mayor parte de los griegos vivían en una sociedad urbana, artesanal, industrial y comercial. Además, en la mayor parte de las polis se extendió la idea de que el Estado no consistía en un soberano que imponía su voluntad, sino que el fundamento y principio de la comunidad era la ley. Los griegos estuvieron siempre muy fragmentados, tanto culturalmente como políticamente, debido básicamente a la geografía (costas, montañas, ríos, etc.). Sin embargo, los griegos en su conjunto buscaban por encima de todo lo común, lo válido siempre y para todos los hombres.

A pesar de ser un pueblo religioso, los griegos no tenían escrituras sagradas ni sacerdotes ni teología como otros pueblos. Su religión consistía en una serie de mitos y ritos, con gran diferencia local, pero que tenían un factor común para todas las polis. Aunque contasen con numerosos santuarios, el fondo principal de la religión griega fueron los mitos en los que se narraban las historias de los dioses. Estas historias se repetían en infinidad de relatos, como Teogonía de Hesíodo, o la Ilíada y la Odisea de Homero, estas dos últimas obras se convirtieron en algo así como la Biblia de los griegos.

Los mitos se caracterizaban por su armonía y proporción, por su racionalidad y por presentar una visión íntegra de la realidad. Los dioses, aunque inmortales, son seres de la misma naturaleza de los hombres. Además de la religión oficial existían otras religiones, las religiones mistéricas, procedentes de Oriente y de carácter privado. Consistían en ritos, pero secretos, revelados solo a iniciados.

Este ambiente religioso, racional, libre y de intercambio fue sin duda favorable al surgimiento de la filosofía. La manera de entender el mundo, de explicar las cosas se realizaba a través de los mitos, los cuales contaban cómo había surgido la tierra y la importancia de todo lo que existía en ella. Así explicaban la existencia de estaciones, el origen del mal, etc., sin llegar a tratarse de una explicación racional, todo relacionándolo con los dioses. Pero esta manera de explicar las cosas, en un momento dado, les pareció insuficiente a los griegos.

Los griegos pensaban que, por encima de la voluntad de los dioses, había un orden o destino implacable al que ningún ser, mortal inmortal, podía escapar. Era la moîra. Por otro lado, los griegos vivían en la creencia de que el mundo era eterno y había existido siempre, su existencia no era para ellos un problema. Las cosas presentes se explicaban por las cosas pasadas. El mundo se bastaba a si mismo, era naturaleza. Si las cosas podían provenir unas de otras era porque todas consistían en el fondo en lo mismo, tenían un mismo principio (arkhé).

El hombre griego fue instalando una creencia de que el mundo es inteligible, es decir, que puede ser comprendido o entendido. El hombre tiene la facultad, la inteligencia, para ver la realidad, el ser y de las cosas y comunicarlo. Esto es el logos, la razón.

BIBLIOGRAFÍA

AAVV. Historia del pensamiento filosófico y científico. Antigüedad y Edad Media. 1ª Edición. Barcelona: Herder, 2010. pp. 23-29.

PADILLA MORENO, J. Historia del pensamiento antiguo y medieval. 1ª Edición. Madrid: CEF, 2016. pp. 14-16.

Historia y evolución de las monedas en la Grecia Clásica

La Antigua Grecia se ha caracterizado por muchas cosas, tiene cantidad de símbolos que la representan y que han llegado a nuestros días, gran parte de ellos relacionados con la arquitectura o la escultura. Sin embargo, hay también dos elementos de suma importancia que cierran el palmarés de los símbolos de la Grecia clásica: la moneda y la cerámica.

Aunque el presente texto se centra en la moneda griega, resulta oportuno mencionar brevemente a la cerámica pues está íntimamente ligada al comercio, como la moneda. La cerámica, y clausurando su breve aparición en el trabajo, era indispensable para el transporte y el almacenamiento de parte de la producción agrícola, estando mucha de ella decorada profusamente.

Dejando de lado la cerámica, entramos de lleno en el comercio, el cual ha sido siempre un pilar fundamental en el florecimiento de los pueblos. Gracias al comercio llegaban, tanto a la península como a las islas, influencias de otras culturas, pero su importancia radica, sobre todo, en el intercambio comercial. La Grecia clásica fue una de las civilizaciones más comerciantes de la Edad Antigua y ello se tradujo en un mayor nivel de vida al respecto de otros pueblos. Como bien afirman determinadas publicaciones y manuales, la moneda es el motor del comercio, siendo determinante para la economía y la vida de los ciudadanos, condicionando directamente al Estado. Es el elemento más duradero y continuado de la historia, una serie de piezas a las que se la ha ido otorgando un valor nominal que, en un inicio, distaba muy poco o nada de su valor intrínseco.

Aunque ya en la antigua Babilonia existían pequeñas cuentas de barro a las que se le atribuía un valor nominal, la moneda como tal nació durante el reinado de Ardis II, más conocido como Ardis de Lidia, que reinó entre los años 644 a.C. y 625 a.C. en Lidia, región situada al oeste de Anatolia -actual Turquía- y que abarcó desde el siglo XIV a.C. hasta el VI a.C. gracias al comercio y a la política exterior belicosa de este monarca, estas monedas estaban compuestas de electro -oro y plata-, se extendieron por la zona de Asia Menor, llegando a la península griega a mediados del siglo VI a.C., las monedas tenían grabado un león, el símbolo de los mermnados. Al caer Lidia en manos de los persas tras la batalla de Timbrea y el asedio de Sardes, Ciro II el Grande comenzó a acuñar monedas de oro con la representación de un arquero arrodillado, con un peso de 8,42 gramos.

Mientras tanto, en la península griega, las diferentes ciudades-estado ya consideraban la moneda no sólo un útil para el comercio sino también un símbolo de soberanía, por lo que las ciudades ya habían ideado y regulado la creación de la misma. Durante este periodo, las monedas presentaron, en un inicio, un gran tamaño aunque pronto fueron adquiriendo dimensiones normales. Muchas no eran redondas, presentando formas de cuentas, de oro y plata, con diseños geométricos o distintivos de cada ciudad. Poco a poco las técnicas mejoraron y llegaron a acuñarse monedas de gran valor artístico, con símbolos muy conseguidos y que rápidamente se hicieron famosos en el mundo conocido, es el caso de la lechuza de Atenas. A este período se le suele denominar comúnmente arcaico.

El siguiente período se conoce como clásico y abarca desde el fin de las Guerras Médicas   (490-478 a.C.) hasta la muerte de Alejandro Magno (323 a.C.). Durante esta época, el foco se desplaza hacia el norte de la península griega, en concreto hacia el pueblo macedonio, que vivirá con Filipo II y su hijo Alejandro su mayor momento de esplendor. Del reinado de Filipo II el tuerto tenemos constancia de estáteras de oro con la cabeza de Apolo y higa, con el nombre Philipos grabado en griego. Tras la muerte del monarca, le sucedió su joven hijo Alejandro III, más conocido como Alejandro Magno, el cual acuñó también estáteras y tetradracmas con el nombre Alexandros grabado, así como la cabeza de Heracles y Zeus. Debido a sus conquistas, las monedas se expandieron por todo Oriente Medio y el norte de la India. Además, al conquistar Egipto, hizo de la nueva ciudad Alejandría una de las más importantes cecas del momento. Su prematura muerte dividió su imperio en cuatro partes, correspondientes a sus generales más importantes, los diádocos; Lisímaco, que se quedaría con Tracia; Demetrios, con Macedonia; Seléuco, Babilonia y Ptolomeo en Egipto.

Alejandro III de Macedonia, conocido como Alejandro Magno.

Centrándonos exclusivamente en el interés numismático, esta división del imperio de Alejandro trajo consigo una serie de novedades muy importantes en el mundo griego. Los ptolomeos en Egipto abandonaron rápidamente el sistema monetario griego y adoptaron el cirenaico, pasando así de los 4,25 gramos a 3,40. Este nuevo sistema nos ha dejado hermosas evidencias en oro con retratos reales de gran realismo. Seléuco, que se quedó con la zona de Babilonia, fundó el imperio seléucida y mantuvo el sistema griego, de hecho llegó a acuñar monedas con la cabeza del caballo de Alejandro Magno, Bucéfalo.

Fuera de la península griega y el área de influencia de Alejandro, en Sicilia, Agathocles, tirano de Siracusa, acuñó piezas de plata y oro imitando a los macedonios. El noroeste de la India seguía dominado por los persas, pero han llegado a encontrarse monedas con el nombre de Alejandro debido a la influencia y al avance del conquistador macedonio.

La tercera etapa es denominada período helenístico que abarca desde la muerte de Alejandro hasta anexión de Grecia por Roma en el siglo I a.C. Es un periodo caracterizado por la expansión de la cultura griega a otras zonas fuera del mundo conocido gracias al comercio. Tal fue la influencia estética y normativa, que muchos reinos que nada tenían que ver con la cultura grecorromana comenzaron a adoptar los órdenes de ésta a todos los efectos, monedas incluidas. Muchas monedas fueron de tamaño considerable y en oro, debido a la riqueza de determinados reinos, sin embargo también carecían de la belleza de los periodos anteriores. Aunque la excepción se dio en la zona del noroeste de la India, el conocido como Reino grecobactriano, lugar donde se acuñaron algunos de los mejores y más bellos ejemplos de toda la numismática griega.

Una de las características de este periodo es el uso de retratos de personajes vivos en las monedas, ya que en otros periodos se utilizaba a personajes fallecidos o a dioses. Los mejores ejemplos de esta nueva “moda” los encontramos en Egipto con los ptolomeos y en el Imperio Seléucida. Esto tuvo su origen en Sicilia, donde el tirano Hierón II, acuñó monedas en las que aparecía su retrato y el de su esposa.

En el territorio denominado Partia, que sería, aproximadamente, Persia, hubo una fortísima influencia griega en la numismática. Arsaces introdujo cabezas de tipo griego que, con el paso de los años, irían fundiéndose con el propio arte persa.

En el ocaso del periodo helenístico, en Pérgamo se produce una innovación a la que llamaron cistophorus, siendo una adaptación del tetradracma griego, con el que incluso los romanos llegarían a comerciar. En el norte de la India, en Bactria, sigue existiendo una fuerte influencia griega, sin embargo, en el siglo I a.C. se abandonan definitivamente estos órdenes.

Aunque la propia Roma sería la heredera cultural del mundo griego, con la conquista de la península en el siglo I a.C. terminaría desdibujándose el esplendor de la numismática griega. A continuación podemos encontrar una selección de monedas con sus atributos en las que podremos observar la evolución y expansión de la misma.

  • Tercio de estátera (siglo VI a.C.)

Moneda de electro -oro y plata- de 4,72g. Original de Lidia. La primera de ellas, considerada la primera moneda de la historia, pesaba 2,4g y el león del anverso no estaba tan definido. En el reverso tiene una marca separada en dos partes, propia de las arcaicas técnicas de acuñación.

  • 1/48 de estátera de Jonia (siglo VI. a.C.)

Moneda de electro -oro y plata- de 0,37g. Original de Jonia. En el anverso está representado un león rugiendo, con la boca abierta. En el reverso tiene una marca que se divide en cuatro partes, propia de las técnicas de acuñación de la época.

  • Dárico aqueménida (siglo VI a.C.)

Moneda de oro de 8,42g. Original persa. En el anverso está representado un arquero arrodillado. En el reverso tiene una única marca, sin división, propia de las técnicas de acuñación de la época.

  • Hemidracma de Atenas (siglo V a.C.)

Moneda de plata de 2,1g. Original ateniense. En el anverso encontramos la cabeza de Atenea con pendientes redondeados y casco adornado con hojas y flores. En el reverso se encuentra la clásica lechuza ateniense con rama de olivo e inscripciones.

  • Dracma de Istros (siglo IV a.C.)

Moneda de plata de 5,7g. Original de Istros (Tracia). En el anverso se encuentran dos cabezas masculinas juntas en direcciones opuestas, una hacia arriba y la otra hacia abajo. En el reverso se encuentran inscripciones además de un águila atacando a lo que parece ser un delfín.

  • Tetradracma de Atenas (siglo IV a.C.)

Moneda de plata de 17,3g. Original de Atenas. En el anverso cabeza de Atenea con pendientes redondeados y casco adornado con hojas de olivo y flores. En el reverso inscripciones con la lechuza ateniense mirando hacia la derecha, rama de olivo y luna.

  • Dracma de Larissa (siglo IV a.C.)

Moneda de plata de 5,8g. Original de Larissa. En el anverso tiene el rostro de la ninfa Larissa con collar y con peinado. En el reverso se encuentran inscripciones además de un caballo pastando.

  • Bronce de Filipo II (siglo IV a.C.)

Moneda de bronce de 2,6g. Original de Macedonia. En el anverso se encuentra la cabeza de Apolo mirando hacia la derecha, con cinta en el pelo. En el reverso una inscripción y un jinete joven sobre un caballo galopando y una lanza en el suelo.

  • Bronce de Alejandro III (siglo IV a.C.)

Moneda de bronce de 6,4g. Original de Macedonia. En el anverso encontramos la cabeza de Hércules con la piel de león. En el reverso un arco y carcaj, así como la maza de Hércules e inscripciones.

  • Tetradracma de Seléuco I (siglo IV. a.C.)

Moneda de plata de 17g de peso. Original de Babilonia. En el anverso se encuentra la cabeza de Alejandro Magno como Hércules con la piel de león sobre la cabeza. En el reverso, aparte de las inscripciones, se encuentra Zeus sentado en el trono sosteniendo un águila en su brazo derecho y un cetro en el izquierdo.

  • Dióbolo de Pérgamo (siglo III a.C.)

Moneda de plata de 1,3g. Original de Pérgamo. En el anverso encontramos la cabeza de Hércules con la piel de león. En el reverso inscripciones y representación de Paladión con lanza y escudo.

  • Dracma de Rodas (siglo III-II a.C.)

Moneda de plata de 2,7g. Original de Rodas. En el anverso cabeza de Helios con el pelo suelto. En el reverso encontramos rosa abierta, con brote y capullo a la derecha, además de inscripciones.

  • Bronce de Hierón II (siglo III a.C.)

Moneda de bronce de 14,3g. Original de Siracusa. En el anverso se encuentra el busto de Hierón con el pelo sujeto por una cinta y mirando hacia la izquierda. En el reverso un jinete con capa, armado con lanza y cabalgando, además de inscripciones.

  • Bronce de Ptolomeo II (siglo III a.C.)

Moneda de bronce de 10,48g. Original de Alejandría. En el anverso un busto deificado de Alejandro Magno con piel de elefante y mirando hacia la derecha. En el reverso se encuentra una inscripción además de un águila sobre un rayo.

  • Hemidracma de la Liga Aquea (siglo II a.C.)

Moneda de plata de 2,15g. Original de Esparta. En el anverso encontramos la cabeza laureada de Zeus, mirando hacia la derecha. En el reverso las letras AX, inscripciones y espiga.

  • Dracma de Filoxeno (siglo I a.C.)

Moneda de plata de 1,6g. Original de Bactria. En el anverso encontramos inscripciones y el busto de Filoxeno mirando hacia la derecha. En el reverso Filoxeno a caballo con inscripciones en jaroshti.

  • 80 drachmai de Cleopatra VII (siglo I a.C.)

Moneda de bronce de 15,9g. Original de Alejandría. En el anverso nos encontramos el busto de Cleopatra VII con diadema mirando hacia la derecha. En el reverso inscripciones además de águila sobre un rayo, cornucopia y marca de valor a la derecha.

BIBLIOGRAFÍA

FLEUR DE COIN. History of the Greek coins. [En línea] Consultado el 29/05/2016. https://www.fleur-de-coin.com/currency/greek-coin-history

GIL FARRÉS, O. Introducción a la numismática. pp.13-182.

HISTORIA Y BIOGRAFÍAS. Economía de Grecia Antigua. Uso de las monedas. [En línea] consultado el 29/05/2016.  http://historiaybiografias.com/historia_grecia3/

MUSEO ARQUEOLÓGICO NACIONAL. Búsqueda por campos: Hemidracma. [En línea] Consultado el 30/05/2016. http://ceres.mcu.es/pages/ResultSearch?Museo=MAN&txtSimpleSearch=Hemidracma&simpleSearch=0&hipertextSearch=1&search=advanced&MuseumsSearch=MAN%7C&MuseumsRolSearch=9&listaMuseos=%5BMuseo%20Arqueol%F3gico%20Nacional%5D

RODRÍGUEZ-NORIEGA GUILLÉN, L. Studium: Revista de humanidades. Intentando socavar una falsa creencia. La identidad del Ave de Atenea. pp. 103-111. Ejemplar nº 12, 2006.

WIKIPEDIA. Ardis de Lidia. [En línea] Consultado el 30/05/2016. https://es.wikipedia.org/wiki/Ardis_de_Lidia

WIKIPEDIA. Monedas de Grecia. [En línea] Consultado el 29/05/2016. https://es.wikipedia.org/wiki/Monedas_de_Grecia

[LIBRO] Animales in Harena

DATOS
Autor: María Engracia Muñoz-Santos.
Nº de páginas: 155.
Editorial: Confluencias.
Año de publicación: 2016.
Ediciones: 1 hasta la fecha.
Lugar de impresión: Antequera (España).
ISBN: 978-84-946380-4-6.
Depósito legal: AL 1944-2016.

El estudio de la Historia Clásica es tan rico porque gracias a civilizaciones como Grecia o Roma se llegó a avances que podemos considerar como adelantados a su propia época. En concreto, la civilización romana, considerada más ingeniera que artística, aunó lo mejor de la herencia griega con el potencial y el progreso que caracterizaba a los pueblos primigenios de la península italiana. Mucho se ha debatido en torno a las artes bélicas de los romanos, en torno a su arquitectura o a su derecho. Sin embargo, los espectáculos con animales han quedado, en muchos casos, relegados a un segundo o tercer plano, primando entre los diversos autores los temas ya citados. Por ello, la historiadora y arqueóloga por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) María Engracia Muñoz-Santos, con máster en Mediterráneo Antiguo por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC),  ha pretendido con la presente obra, a caballo entre el libro y el manual, estudiar la relación que Roma tuvo con los animales a todos los efectos, desde que la loba amamantó a Rómulo y Remo según la mitología hasta los vivaria o el uso de los animales en los espectáculos en la arena.

Se trata de un libro medianamente liviano, gracias a sus 155 páginas, entre las que se incluye la bibliografía especializada que la autora ha usado para completar su obra. Esto no quiere decir que sea un libro escueto, no lo es en absoluto, puesto que la información contenida en él es completa y didáctica, no haciéndose farragosa su lectura en ningún momento. Como comentaba al inicio, está a caballo entre el manual y el libro de cabecera, y su lectura es recomendable tanto para el público especializado en la materia como para aquél que desea iniciarse en la misma o conocer un poco más sobre el papel de los animales en Roma, tan tergiversado a través de los años en literatura, arte y películas. Además, Muñoz-Santos no da nada por sabido y explica todo de manera precisa y didáctica. Es, por lo tanto, un libro recomendable para todos los públicos, siempre y cuando éste se encuentre predispuesto a aprender sobre la materia.

Cuenta con seis partes o capítulos bien diferenciados, además de la conclusión final sobre el estudio. Estas partes se resumen en: A Roma le gustan los animales, A Roma le gustan los animales exóticos, La captura y el transporte: los animales antes de llegar a Roma, En Roma: la espera antes del espectáculo, Arquitectura adaptada para los espectáculos de animales y Tras el espectáculo. Es decir, la autora aborda todos los temas interesantes que pueden girar en torno a la relación de los romanos y los animales, respondiendo así a casi todas las preguntas que nos podemos hacer sobre dicha relación a lo largo de la lectura.

Funciona muy bien, no sólo como lectura ociosa sino también como apoyo al estudio de la Historia Clásica -en concreto Roma- así como de forma didáctica al respecto de la Arqueología Clásica.

Tras mis estudios en la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA), en la que me especialicé en Historia Económica y Política, hubo una serie de asignaturas que me quedaron “pendientes”, y me refiero con ello a temas sobre los que me hubiese gustado ahondar más en el estudio de los mismos. Por ello, Animales in Harena me llamó poderosamente la atención porque no sólo trataba un tema tan interesante como el de los animales en la Roma Clásica sino también porque lo abordaba desde una óptica completamente especializada.

Para concluir, como comentaba al inicio, es un libro/manual totalmente recomendable para cualquier tipo de público afín al tema que se trata. Es cierto que debe existir una predisposición inicial por parte del lector y que es una obra introductoria, como la misma autora afirma al de la misma, pero la lectura se hace tan amena e interesante que no puedo hacer más que recomendarlo, y es que si estás leyendo esto lo más probable es que también estés interesado en Animales in Harena.

Valoración: 5/5.

Roma y la expansión geográfica de la escritura

  • CONSOLIDACIÓN Y DIFUSIÓN DEL ABECEDARIO LATINO

Entre los siglos X y VI a.C. se pusieron las bases de un universo comunicativo que sigue vigente hoy día. Comienzan a estructurarse rutas comerciales y comunicativas a lo largo y ancho de Europa. Después de la Grecia clásica una amplia franja del mundo es ya un espacio bien comunicado lo que explica la celeridad con la que Roma impuso su modelo cultural.

Hígado de Piacenza (Italia) realizado en bronce y con inscripciones etruscas.

Los romanos aprovecharon una aportación previa, la de la civilización etrusca. Los etruscos dominaron el centro de la península itálica durante la primera mitad del I milenio a.C. Sus orígenes son desconocidos y hay diversas teorías sobre ellos. Se conservan más de 10.000 inscripciones etruscas, escritas en un alfabeto de origen griego pero a día de hoy la lengua etrusca no ha sido descifrada y estas inscripciones permanecen ilegibles. Se piensa que a través del contacto con los griegos adoptaron el uso del alfabeto.

El nacimiento del alfabeto latino no puede remontarse más allá de la primera mitad del siglo VII a.C., los testimonios más antiguos escritos en alfabeto latino son una fíbula o hebilla datado en torno al año 600 a.C. Desde entonces hasta ahora las variaciones en la estructura del alfabeto latino han sido mínimas. Con el tiempo fueron apareciendo nuevas letras que iban adoptándose alfabeto griego. El abecedario latino es, en la actualidad, el sistema de escritura más extendido de los cinco continentes.

  • INFORMACIÓN Y PROPAGANDA EN LA CONSTRUCCIÓN DEL IMPERIO ROMANO

Prácticamente todo el mundo conocido llegó a formar parte del Imperio Romano, establecido en el siglo I. Los romanos aprendieron de los griegos a colonizar nuevos territorios enviando población desde la metrópoli pero, a diferencia de otras culturas, los romanos no tenían reparos en conceder la ciudadanía romana a más y más pueblos. Esta es la razón principal de la cohesión de un imperio tan extenso. De hecho hubo una propaganda exterior que difundió por medios muy diversos las ventajas del sistema romano.

El personaje histórico más consciente de la propaganda fue Julio César, el cual acompañó sus acciones militares de una importante campaña propagandística e hizo que sus esclavos escribientes aprendieran un sistema taquigráfico para acometer la sorprendente empresa de dejar un relato de sus gestas escrito al pie de batalla y en perfecta prosa.

La cohesión del territorio se ayudó también de un elemento de comunicación: la red viaria que comunicaba todo el imperio. Al final del imperio se había logrado una red de no menos de 300.000 kms y la eficacia comunicativa del sistema es evidente con dos anécdotas:

  1. César recorrió 1200kms en ocho días.
  2. Una carta de César a Cicerón desde Bretaña tardó 29 días.

El correo lo hicieron en un principio esclavos que corrían incansablemente por las vías pero Augusto introdujo posteriormente la caballería. Los romanos imitaron el sistema de correo persa y egipcio.

Calzada romana a través del Valle del Tiétar (Ávila, España).

Esta compleja red viaria surge con finalidad defensiva y ofensiva pero sin duda facilitó la comunicación, el comercio y tránsito de ideas. La misma infraestructura viaria sirvió para que circulase por ella abundante información oral y escrita. Roma inundó de papiros escritos en latín su vasto imperio. El latín echó raíces en la mayor parte de los territorios dominados, desplazando a las lenguas autóctonas. Del mismo modo, toda la amplia gama de grandes obras civiles se hicieron con un doble objetivo: pragmático y propagandístico.

  • COMUNICACIÓN OFICIAL / COMUNICACIÓN PARAOFICIAL

Los primeros siglos de la historia de Roma reproducen el modelo de comunicación social griego. La enseñanza de las primeras letras ya parece haber sido un beneficio universal en Roma a pesar de tener un carácter privado.

Tras Augusto, para cubrir de funcionarios su vasta red administrativa imperial, Roma necesitó de muchos funcionarios por lo que tuvo que promover las escuelas públicas de retórica. En la comunicación social romana, a diferencia del equilibrio de Grecia, prima la escritura sobre la oralidad.

Hubo dos modelos de información pública en Roma, el modelo oficial y el modelo paraoficial.

Modelo oficial: la mayor parte de los procedimientos empleados en Roma son el modelo oficial. Se usó en el ámbito de la administración, comenzando por los annales maximi en los que los pontífices realizaban anotaciones. Poco a poco se fueron añadiendo notas sobre actividades concretas de los pontífices o los acontecimientos ocurridos. Otro ejemplo que surgió con el tiempo fue el de los comentarii o libri, que eran memorias escritas por los políticos a su paso por las magistraturas.
Julio César ordenó por primera vez la publicación de actas, en concreto de las actas del Senado, en las que se recogían día a día los acontecimientos más señalados de la vida pública. Los ciudadanos romanos podían acceder a estas actas directamente, mediante tablones expuestos  en los muros del Palacio Imperial o del Foro. Se trataba de un modelo sutil de propaganda después de todo y era habitual utilizar para ello los muros.

Modelo paraoficial: el pueblo llano crea en Roma sus propios medios de comunicación, todavía muy rudimentarios, iniciándose así una nueva etapa en la historia de la comunicación. Todos los sistemas de comunicación que se dieron en las sociedades orientales y occidentales anteriores tienen la característica de estar controlados desde y para el poder, sin existir la opinión pública. En Roma ya se asiste a un atisbo del concepto gracias a la aparición de los primeros profesionales libres de la información. Se contaba, normalmente, a voces las novedades más escandalosas, un lejano precedente de la comunicación de masas o el amarillismo.

Graffiti romano encontrado en la casa de Pinarius Cerialis en Pompeya (Italia). En la inscripción se puede leer: “Marcellus Praenestinam amat et non curatur” / “Marcellus ama a Praenestina, pero ella no se preocupa por él”.

Cabe mencionar también la aparición de otro medio de comunicación de popular: el graffiti, muy abundantes y prohibidos. Muchos de ellos eran anotaciones bromistas u obscenas. Así pues, Roma supone el punto inicial desde el que se explican la mayoría de los procesos comunicativos de la Historia occidental.

  • LA POLÍTICA CULTURAL ROMANA

Se ha insistido siempre que la cultura romana es, en líneas generales, una imitación de la griega. Los romanos constituyeron una sociedad elemental y agraria, no sintieron la necesidad de libros. Sus primeros textos escritos se refieren a temas como el Derecho y la Religión, llegando a mostrar un gran desinterés por la literatura.

La leve afición por las letras llegó a Roma a través de la influencia griega y a partir del siglo III a.C. Los militares romanos llevaron a Roma libros griegos como uno de los más preciados botines de guerra.

La verdadera producción literaria no comienza hasta el siglo I, cuando Roma ya es la ciudad populosa y rica que la Historia recuerda. A partir de entonces los romanos comenzaron a valorar las bibliotecas helenísticas. César intentó fundar una biblioteca pública similar a la de Alejandría pero no pudo culminar sus planes. En el año 39 a.C. Augusto fundó dos bibliotecas más en Roma y a partir de ahí la mayoría de emperadores comenzaron a fundar bibliotecas. La más importante fue sin duda la de Trajano, la Biblioteca Ulpia, fundada hacia el año 100 d.C.

La biblioteca romana contaba siempre con una sección latina y otra griega, ofreciendo la disponibilidad de préstamo domiciliario. Lo más frecuente, sin embargo, era leer y comentar los libros en el amplio pórtico. Hacia el siglo IV se constata la pérdida de interés por las bibliotecas: la mayoría cerró sus puertas antes de que el fin del Imperio fuera un hecho.

Creció también el interés por las bibliotecas privadas: el libro se convirtió, entre las personas adineradas, en una seña de identidad de la condición social. Llegó a ser de rigor que cada rico patricio poseyese una buena biblioteca personal, acondicionada en una lujosa instalación.

Algo importante en el panorama literario romano es la aparición de la censura editorial, normalmente dirigida contra libros de magia o adivinación, las obras culpables eran delito de lesa majestad (delito de orden público).

  • PRÁCTICAS DE LECTURA Y DESARROLLO EN LA INDUSTRIA DEL LIBRO

Durante algunos siglos, en Roma, la escritura y la lectura son prácticas privativas de sacerdotes y gentiles, además de estar estrechamente ligadas a la administración. A partir del siglo II a.C. y por influencia griega, entre las clases altas se extiende la lectura de libros de contenido literario, eso sí, de libros griegos. Estos libros se leían en la intimidad de confortables bibliotecas privadas y ya en época imperial se pone en relación con la educación y la aparición de la biblioteca pública.

La lectura siguió haciéndose, generalmente, en alta voz y para ciertos textos, como los poéticos, se realizaban performances.

El interés creciente por el libro provocó la aparición de un circuito comercial de la obra escrita en Roma. Este resulta similar al de Grecia. En ciertas zonas de la gran urbe se concentraban los artesanos y los libreros. El editor es al mismo tiempo librero y disponía de una tienda (taberna) donde vendía los libros editados por él mismo. La tienda servía además para celebrar tertulias en las que se hacían recitaciones de las novedades literarias. El librero-editor conseguía los ejemplares de la obra haciéndola editar por esclavos.

De una y otra causa, el origen griego de los copistas y la celeridad con la que trabajaban se deriva el hecho de que las copias presentaran a menudo una elevada cantidad de erratas, así apareció la figura del corrector.

El autor no gozaba de grandes beneficios en este circuito comercial. Una vez entregada la obra al editor perdía todo derecho sobre ella. El autor rico hacía que sus propios esclavos especialistas copiaran sus obras, aunque luego solía encargarle al librero la distribución de las mismas.

  • DEL ROLLO DE PAPIRO AL CÓDICE DE PERGAMINO

El soporte más antiguo empleado por los romanos fue la corteza de árbol y lo cierto es que usaron innumerables soportes como la piedra y el metal. Pero el material más común fue el papiro. A partir del siglo III a.C. se generaliza el papiro por influencia de la cultura griega y por las buenas relaciones con Egipto, aun así la demanda de papiro siempre fue superior a la producción egipcia.

Fue también muy común usar tabletas de madera enceradas, como en Grecia, que se escribían rayando con un estilo puntiagudo. Lo escrito podía borrarse con facilidad, por lo que fue el soporte más común en la enseñanza o como borrador. Solían trabajarse en políptico y era también el soporte preferido para las cartas.

Códice.

El códice de pergamino es una aportación romana y su progresiva implantación comenzó en el siglo II d.C. Para explicar la introducción del códice de pergamino se han aducido razones diversas como la escasez de papiro egipcio o su supuesta superioridad como formato. Fue utilizado para la transmisión de obras literarias y científicas. En el siglo VI d.C. parece haber desaparecido el papiro por completo, generalizándose el pergamino.

BIBLIOGRAFÍA

ESPEJO CALA, C. Historia de la comunicación escrita (de la prehistoria a la irrupción de la imprenta). 1ª Edición. Sevilla: Editorial MAD S.L., 1998. pp. 91-104.

Grecia y la extensión social de la escritura

  • LA TRANSICIÓN HACIA LA FONOGRAFÍA PLENA: LOS ALIFATOS SEMITAS

Un prejuicio historiográfico etnocentrista atribuye a los griegos la invención del alfabeto, el cual es el triunfo definitivo de la fonografía en la escritura. Pero los mismos griegos de época clásica denominaban a sus letras como fenicias y eran conscientes de que el ágil sistema de escritura del que disfrutaban era un préstamo de un pueblo vecino pero culturalmente muy distante.

La solución de adoptar como propia una escritura extraña puede ser un gesto de libertad histórica. En el II milenio a.C. la hegemonía de los grandes estados centralizados, como el mesopotámico, comienza a declinar y vemos aparecer en la historia de Occidente nuevos y pueblos así como nuevas mentalidades con una gran celeridad.

En la historia de la comunicación escrita resultan especialmente importantes los pueblos semitas, los cuales desarrollaron una importante línea comercial a través de barcos que surcaban el Mediterráneo y caravanas de camellos que cruzaban desiertos. En el Mediterráneo estaban los fenicios, los arameos en Siria y Mesopotamia, y los hebreos en Palestina.

No solo se desarrollaron grandes rutas marítimas sino que comenzó a tejerse una importante red de caminos terrestres, buscando la menor distancia entre dos puntos aun a costa de tener que construir puentes o hacer desmontes: la rapidez se había convertido ya en la aspiración central de cualquier sistema de comunicación.

Mapa del entramado comercial de la Grecia clásica que aparece en el libro El periódico de Grecia, de Powell y Steele.

El desarrollo comercial se impulsó al adoptar técnicas para la anotación por escrito de la contabilidad y la administración. Pudieron continuar la investigación de los sistemas de escritora a partir de la representación fonográfica con el alifato, el cual consiste en la notación de consonantes. La ausencia de vocales impide que pueda hablarse de representación fonográfica completa. Esto supuso un salto técnico cuantitativo y cualitativo, se pusieron las bases para el nuevo sistema de escritora y lograron introducir aires nuevos en la mentalidad antigua. Parece probable que los ensayos de escritura alfabética se produjeran fuera de los centros oficiales y que, cuando llegaron a cuajar, se mantuviera durante varios siglos en una situación marginal.

No sabemos exactamente cuáles fueron el momento y el lugar en que el alifato se puso en marcha aunque parece confirmarse que hubo un sinfín de intentos que intentaban reducir el sistema jeroglífico egipcio a su expresión más económica. Ejemplo de esto son las inscripciones protosinaíticas, pseudojeroglíficas de Biblos y las protofenicias de Ugarit.  Las protosinaíticas son un grupo de graffitis grabados en la entrada y galerías de una mina y en las estatuas de un templo, sus autores fueron mineros semitas.

Desde estos primeros intentos de escritura protosemítica se desarrollaron dos modalidades distintas:

  1. El alifato del Sur: de poca importancia histórica.
  2. El alifato del Norte: que se subdividió en el alifato fenicio y el alifato arameo. El arameo se empleó a lo largo del II milenio y los primeros siglo del I tan sólo entre los propios arameos pero a partir del siglo VII a.C. se convierte en escritura común de todo el Oriente Próximo, desplazando al cuneiforme. El fenicio es el más importante en la evolución de la escritura occidental. Se data de la primera mitad el II milenio a.C. y se mantuvo hasta el comienzo de nuestra era, extendiéndose por el Mediterráneo y dando lugar a el alifato hebreo y el alfabeto griego.
    Los restos más antiguos están fechados en torno al siglo XI a.C. y se trata de varias inscripciones a modo de graffiti.
  • CONSOLIDACIÓN DE LA FONOGRAFÍA PLENA: EL ALFABETO GRIEGO

Entre los helenos se consolida la técnica de escritura más importante de la historia: la técnica alfabética. No hay suficientes restos arqueológicos como para precisar el lugar en el que se produjo la adaptación definitiva pero algunos expertos la sitúan en las ciudades jónicas o en las islas meridionales, lugares en los que el comercio era floreciente y había contacto con otros pueblos. La fecha más verosímil apunto a los años finales del siglo IX a.C. aunque su difusión debió ser lenta ya que las primeras inscripciones conservadas son de los siglos VIII y VII a.C. En el año 403 a.C. se aprobó una ley que hacía obligatorio el uso del alfabeto jonio en los documentos oficiales, el cual sustituiría al resto de variantes locales de Grecia.

El alfabeto no tiene nada en común con las escrituras Lineal A y B de Creta y Micenas. Deriva del alifato fenicio, los griegos asimilaron sus principios pero de forma imperfecta. Por una mezcla de malentendidos y adaptaciones, los griegos acabaron usando las letras fenicias correspondientes a fonemas semíticos inexistentes en griego. Las únicas dificultades del sistema griego eran la no separación de las palabras entre sí y la poca legibilidad de la letra, la cual era únicamente mayúscula. Además, escribían en cualquier dirección hasta que en el siglo V a.C. la dirección de izquierda a derecha quedó fijada como la única admisible.

Autores como Havelock creen que los griegos proporcionaron a nuestra especie, por primera vez, una representación visual del ruido lingüístico. Otros autores declinan esta idea ya que piensan que es nace a partir de los fonemas de las lenguas semitas.

El alfabeto griego siguió utilizándose masivamente hasta el Renacimiento y se utiliza hoy en el pequeño territorio de Grecia, levemente simplificado.

  • LA COMUNICACIÓN ESCRITA EN LA POLIS DEMOCRÁTICA

Algunos autores han relacionado el éxito de la comunicación escrita en Grecia con el nuevo modelo político-cultural que se dio allí. Se dio un nuevo concepto de estado y sociedad: la polis, y un nuevo funcionamiento político: la democracia. De la figura del rey micénico se pasa, con pasos intermedios, a la del magistrado, promovido por el propio pueblo y que debe proteger los intereses colectivos. Ya se elimina el edificio del palacio y la ciudad se erige en torno a una ciudadela que sirve también de foro para debates públicos, ceremonias, mercado y sede del tribunal de justicia.

La polis es la consolidación del modelo de sociedad urbana iniciada en Mesopotamia anteriormente. Se elimina el trueque y aparece un nuevo valor de cambio abstracto: la moneda. Estudiosos asegurar que el desarrollo de la moneda está ligado al del alfabeto y viceversa. Así pues, la sociedad urbana grecorromana se asiente en tres bases fundamentales:

  1. La racionalización.
  2. Las relaciones monetarias.
  3. La cultura escrita.

Por otra parte, la moneda se ha considerado como una de las primeras muestras de propaganda consciente y organizada por parte del Estado. En estos tiempos de activo intercambio comercial entre pueblos, los símbolos que se transmiten en las monedas son recordatorios de la hegemonía de cierta ciudad.

El alfabeto es un elemento más de la polis griega, connatural a la democracia y a la moneda. La comunicación oral siguió siendo importante en el ámbito de la ciudad gracias al discurso y a la igualdad de los ciudadanos, los cuales podían hablar de los temas comunes. El principal vehículo para la educación política y moral fue el teatro, de hecho Pericles estableció una ayuda económica de un dracma (equivalente al jornal de tres días) para aquellos ciudadanos que no pudiesen acudir al teatro por motivos económicos.

Pero esta inusitada libertad para la expresión oral en público tuvo muy pronto una contrapartida en la regulación de esos mismos derechos por las leyes. La Constitución de Solón, por ejemplo, prohibía la difamación o la impiedad, algo que afectó a muchos pensadores como Sócrates.

Recreación idealizada de la Acrópolis de Atenas por Leo von Klenze (1846).

En el siglo V a.C. un porcentaje relativamente alto de griegos ya sabía leer y escribir. Tras la derrota de los persas por Atenas en la batalla de Maratón (490 a.C.), Atenas se convierte en la capital cultural del mundo a la que acuden pensadores y escritores. Florecieron las escuelas gracias también a que el alfabeto griego era asequible en poco tiempo y con poco esfuerzo.

Los ciudadanos, comerciantes y trabajadores libres utilizaban la escritura, ante todo, para múltiples asuntos administrativos o en sus tareas cotidianas y laborales, pero también para tener constancia de las decisiones políticas, las cuales se hacían públicas por escrito, y que debían estar en lugar de accesibilidad general. Esto es debido a que la democracia exige una comunicación continua y rápida, lo cual generó a su vez el surgimiento de una opinión pública crítica y distinta a la oficial.

Además de su función de difusión, el documento escrito conserva el texto, lo fija, lo que lo hace más resistente a la manipulación. En Grecia se escribirá, a partir de ahora, la nomos (Ley), lo cual le confiere al discurso jurídico una fijeza y universalidad imposibles en la tradición oral. Todos los documentos oficiales serán ya, desde entonces, y hasta nuestros días, textos escritos.

Aun así en el siglo V a.C. seguía existiendo una fractura entre la oralidad y la escritura, y la escritura se uso menos que la oralidad. La educación misma se confía al oído y la memoria, no al libro leído pero, poco a poco, el libro se irá imponiendo hasta el siglo IV a.C.

  • COMUNICACIÓN ESCRITA Y REVOLUCIÓN CULTURAL EN LA GRECIA CLÁSICA

La novedad más llamativa de la comunicación escrita en Grecia es el espectacular desarrollo de la escritura literaria y científica a partir de los siglos V y IV a.C., la generalización de esto es causa y efecto del desarrollo de antiguos géneros literario como el teatro y la aparición de otros que utilizan ya una prosa sencilla, con una pretensión más informativa que estética. Estos escritos irían dirigidos a lectores individuales y destacan autores como Heródoto, Tucídides o Jenofonte, los cuales actuaron como historiadores o “corresponsales”.

A lo largo del siglo V a.C. se escribieron varios miles de obras dramáticas, sobre todo tragedias o los tratados de los sofistas. Además apareció el concepto de autoría así como la lectura individual. Todo esto contará, en un inicio, con el rechazo de algunos filósofos como Sócrates que aseguraba que la escritura hacía que se debilitase la memoria de los hombres y formase falsos sabios que aprendían el conocimiento mediante los libros.

Recreación idealizada de la Biblioteca de Alejandría.

Se comenzaron a desarrollar bibliotecas, pero en un inicio eran privadas de un autor o una institución. Destaca la Biblioteca de Alejandría, la cual llegó a superar los 700.000 volúmenes y fue destruida en el 391 d.C. Menos conocida pero también muy importante es la de Pérgamo.

Apareció también la carta o epístola, es decir, la escritura de uso privado. Fue un fenómeno muy extendido como procedimiento retórico o literario pero también como comunicación privada entre ciudadanos. En un inicio se escribía en una tablilla pero con el tiempo comenzará a usarse el papiro. En la parte externa, como hoy día, figuraba la dirección del destinatario y el sello del remitente.

A pesar de todo esto, hay autores que dudan de la eficacia del libro griego ya que aseguran que la consolidación del alfabeto no fue suficiente para dotar a la escritura de la flexibilidad necesaria como para ser idónea transmisora de las ideas.

  • PRÁCTICAS DE LECTURA Y COMERCIO DEL LIBRO EN GRECIA. EL ESCRIBA ESCLAVO.

Respecto a las prácticas de lectura, a finales del siglo V a.C. parece concretarse la línea de demarcación entre un libro destinado exclusivamente a la conservación de los textos y un libro destinado a la lectura, la cual iría convirtiéndose poco a poco en una práctica social.

Pero el triunfo del libro no llega hasta época helenística, es en esta época en la que el afán filológico de los eruditos fija definitivamente el corpus de la literatura griega con olvido de la condición de discursos orales con la que habían surgido la mayor parte de estas grandes obras. En este período existe un claro incremento de las prácticas de lectura y comienza a vislumbrarse la figura del lector aislado.

No ha quedado noticia que permita suponer que existiese comercio de libros desde el principio: los ciudadanos cultos se hacían copiar y leer las obras por los esclavos, especializados en técnicas de escritura y lectura.

Se documenta, además, la existencia de un incipiente comercio del libro, apareciendo la figura del libro y la librería, el cual cumplía también las funciones de editor. Los copistas se llamaban bibliographoi y los especialistas, kalligraphoi, dibujaban y adornaban las letras capitales. El librero vendía el producto final y las copias eran obras de esclavos especializados o asalariados de bajo nivel económico.

  • DIVERSIFICACIÓN DE LOS SOPORTES Y FORMATOS

En Grecia los soportes y formatos se diversifican, usándose en función del tipo de documento que debe transmitirse. Los soportes fundamentales fueron la piedra y el bronce, para las inscripciones solemnes o monumentales, y para otros usos más comunes las tabletas de arcilla/madera encerada, el papiro e incluso el pergamino. Aun así, las preferencias se dirigieron siempre hacia el papiro.

Las tabletas de barro se usaron en documentos de carácter efímero, su empleo más famoso son las ostraca, en las que se escribía el nombre de la persona no grata. Cuando se habían reunido mil ostracas con un nombre, el ciudadano era desterrado, de ahí el término ostracismo.

Las tablas de madera cubiertas de cera permitían borrar los caracteres erróneos, fue el soporte utilizado mayoritariamente para trabajos escolares y borradores.

El primer soporte utilizado en Grecia para los textos largos fue la piel y no el papiro.

El más exitoso, sin lugar a dudas, fue el papiro el cual procedía de Egipto.

De época histórica griega son también los primeros datos que hablan de la utilización creciente del pergamino, el cual estaba confeccionado a partir de la piel de los animales. Su uso está documentado ya en el II milenio a.C. aunque hasta el siglo I d.C. no comienza a extenderse su uso. Su empleo fue minoritario.

Tanto el papiro como el pergamino se escribían con el cálamo. El formato habitual para las tabletas de arcilla era el políptico. El papiro y el pergamino se trataban formato de rollo pero las dimensiones eran inferiores a las de los egipcios, de unos siete metros.

BIBLIOGRAFÍA

ESPEJO CALA, C. Historia de la comunicación escrita (de la prehistoria a la irrupción de la imprenta). 1ª Edición. Sevilla: Editorial MAD S.L., 1998. pp. 65-85.

Origen y consagración de la escritura en los imperios orientales de la Antigüedad

  • LA INVENCIÓN DE LA ESCRITURA EN MESOPOTAMIA

Los primeros documentos propiamente escritos aparecen en Mesopotamia en torno al milenio IV a.C. en ellos se demuestra la evolución desde las técnicas gráficas precedentes hasta el hallazgo de una escritura esquemática y codificada. La Historia Clásica ha atribuido a Mesopotamia el descubrimiento de la escritura.

Este territorio estuvo sujeto, durante su historia, a presiones internas y externas por lo que no hubo nunca una hegemonía racial o política duradera. El pueblo al que se le atribuye la creación de la escritura es el sumerio, de origen desconocido pero, desde luego, no semita, y que consiguieron una posición dominante en el sur hacia el V milenio a.C., cuando su poder se desvaneció su lengua siguió siendo hablada como lengua de cultura. Esta escritura es recogida por los acadios, después por los babilonios y por último por los asirios.

En torno al IV milenio a.C., en este territorio el hombre se había visto forzado a consolidar una técnica eficaz para la plasmación gráfica de los mensajes. Tras constituirse como sociedades sedentarias aumenta y se concentra la población por lo que surge la necesidad de producir gran cantidad de bienes básicos, al existir excedentes tuvieron complicada la tarea de organizarlos y comenzaron a llevar un control o registro que era sumamente útil a la hora de comerciar.

Tokens y bullae del 5.500 a.C. aproximadamente.

Estas primeras técnicas para la notación mnemotécnica se llevaron a cabo en una serie de piezas muy similares: esferillas, cilindros, discos… que son conocidas con el nombre de “abnu” o “tokens”. Parece que durante una época la necesidad de comunicarse estuvo resuelta pues no hubo apenas innovación, pero en el IV milenio a.C. estas figurillas o “tokens” aparecieron encerrados en bolas de arcilla huecas (bullae) y con sellos de propiedad mesopotámicos, en algunos casos con indicaciones sobre el número de objetos contenidos.  Este es el punto de partida de la evolución de las técnicas de comunicación gráfica, estos sobres estaban destinados al comercio y tenían mensajes rudimentarios inscritos en su exterior para que no fuese necesario tener que romper los sobres para conocer su contenido. Poco a poco estos sobres comenzaron a evolucionar también y dejaron de transportar en su interior los “tokens” y se empezó a comerciar únicamente con tablillas escritas.

  • PRIMERA FUNCIÓN DE LA ESCRITURA: LA ADMINISTRACIÓN.

Con esta invención de la tablilla de arcilla llegamos a las primeras pruebas ciertas de escritura, los datos más antiguos son un conjunto de unos 1500 textos de Uruk, Kis, Nipur y otras localidades. Aunque están diseminados en una región muy amplia, los símbolos gráficos de las tablillas son similares en todos los lugares por lo que podemos hablar de una estandarización de las grafías comerciales. La progresiva complicación de estos códigos generó la escritura.

La tabla V del Poema de Gilgamés en el Museo Británico de Londres (Reino Unido).

El 95% de las tablillas mesopotámicas corresponden a inventarios, hipotecas, recibos, pagarés… y un pequeño grupo solo por cartas, privadas u oficiales. Con el tiempo la escritura empezó a ser útil para otras funciones y así encontramos un amplio grupo de tablillas con mensajes votivos a los dioses o inscripciones en los monumentos estatales.  Muy pocos documentos son de carácter literario y los más antiguos son del 2700-2600 a.C. Destaca el Poema de Gilgamés de la biblioteca de Asurbanipal, que narra las hazañas de este rey a lo largo de doce tabletas, realizando una descripción de los infiernos y del Diluvio Universal.

Detalle de la escritura cuneiforme del Código de Hammurabi en el Museo del Louvre (París, Francia).

Se encuentran también tablillas dedicadas a temas médicos o astrológicos, a medio camino entre la ciencia y la magia lo cual nos indica que la escritura es una catalizadora de la mentalidad científica en Mesopotamia. A comienzos del siglo XX se encontró el documento más importante de Mesopotamia: el Código de Hammurabi del siglo XVII a.C., el cual está grabado en una estela de diorita negra y consta de unos trescientos artículos en los que se regulan los derechos y deberes de los súbditos, tanto en el terreno moral como comercial.

Pero la mayoría de escritos mesopotámicos no pasan de ser relaciones de datos sin articulación sintáctica entre sí. Hipólito Escolar resume las características de los documentos mesopotámicos así:

  1. Brevedad. La mayoría equivalen tan sólo a una hoja escrita de nuestros días.
  2. Escasa circulación. No hay indicio de comercio o distribución de los escritos.
  3. Anonimia.
  4. Práctica indefinición de géneros literarios, ensayísticos o científicos.
  5. Posición ancilar del libro escrito. Los documentos más importantes se conservan en copias muy tardías.
  6. Primacía de los valores sociales sobre los literarios.
  • LA COMUNICACIÓN ESCRITA COMO SOPORTE IDEOLÓGICO DEL ESTADO

Aunque estos documentos serán minoritarios, la escritura irá superando su condición original de herramienta para la administración o la contabilidad y se convertirá en un atributo de poder religioso o civil.

La primacía, en el caso egipcio, de esta función ideológica parece rodear la aparición de los primeros restos escritos en la zona. La escritura jeroglífica tiene sus primeras manifestaciones en una plancha del rey Narmer alrededor del 3500 a.C. y presenta ya un alto grado de elaboración y estilización. La escritura comienza a desarrollarse rápidamente durante la primera dinastía (3100 a.C.) y aparecen breves frases juntos a los nombres propios. En la tercera dinastía (2700 a.C.) se comienza a poner por escrito textos extensos y en la IV dinastía comienza a aparecer las largas biografías de los monarcas en las paredes de los monumentos funerarios. El sistema de escritura egipcio pervivió durante las dominaciones asiria y persa, durante el reino helenístico de los Ptolomeos y durante el paganismo romano. Pero fue dejando de tener sentido a medida que se desarrollaba el Cristianismo, al final del Imperio Romano no quedaba ninguna persona que supiera expresarse o entender la escritura egipcia.

La Piedra de Rosetta en el Museo Británico (Londres, Reino Unido).

La recuperación de esta civilización por parte de Occidente no se produce hasta finales del siglo XVIII y principios del XIX, cuando aparecerá la Piedra de Rosetta, la cual permitió el definitivo desciframiento de la escritura egipcia ya que estaba escrito en dos lenguas y tres escrituras (jeroglífica, demótica y griega).

Como en Mesopotamia, en Egipto la escritura estuvo en un principio relacionada con la administración pública y estaba en manos de especialistas. El escriba gozaba de un elevado rango social y se dividía en escriba religioso y escriba funcionario. El faraón muchas veces no sabía escribir por lo que se le encargaba gran parte del trabajo al escriba consciente de la importancia que tiene el control de la información.

El escriba sentado en el Museo del Louvre (París, Francia), un ejemplo de funcionario especialista en escritura.

Los documentos más antiguos son justamente notaciones de eventos relacionados con la monarquía o la administración. Son textos breves, apenas enumeraciones de datos que demuestran el valor auxiliar de la escritura en estos tiempos. En el año 2400 a.C. ya funcionaba en Egipto un servicio de Correos cuyo objetivo era hacer llegar a todos los administradores del reino las decisiones del faraón.

Se conservan más documentos escritos mesopotámicos que egipcios, pero los egipcios son más ricos y variados, además de que se conserva una extensa literatura egipcia de carácter funeral cuyo máximo exponente es el Libro de los Muertos, libros que se colocaban junto a las momias y que contenían enseñanzas sobre la conservación de momias, ritos funerales y escritos sobre el Más Allá.

Un género muy característico era el sapiencial o de educación moral en los que un padre daba consejos a su hijo para su triunfo en la vida. Un ejemplo son las famosas Instrucciones a Merikaré. Estas obras gozaron de una gran popularidad durante siglos y fueron utilizadas como libros de lectura, dictado y formación en las escuelas de escribas.

La literatura narrativa fue también cultivada por los egipcios y sentían por ella gran predilección, destaca su carácter anónimo. También se conservan numerosos textos poéticos egipcios tanto religiosos como funerales, épicos y líricos.

Pero a pesar de relativo adelanto respecto a Mesopotamia, los escritos egipcios comparten las mismas características generales: brevedad, anonimia, tráfico cultural inexistente… su principal novedad fue la proliferación del mensaje escrito en colaboración estrecha con otras expresiones del poder político: esculturas y monumentos, que estaban profusamente decorados con escritura y surtían un efecto propagandístico.

Los jeroglíficos se usaban exclusivamente para las inscripciones de los monumentos regios, religiosos o funerarios sobre piedra y tenían para los egipcios un poder mágico.

  • EL ESCRIBA-SACERDOTE Y EL ESCRIBA-ADMINISTRADOR

Las escrituras mesopotámica y egipcia estaban estrechamente ligadas al templo y fueron los sacerdotes quienes la desarrollaron, los cuales eran también árbitros en la economía y política mesopotámicas. Todo lo que se escribió o leyó en esas tierras en el curso de su larguísima historia pasó obligatoriamente por ellos: letrados, escribas, copistas, grabadores… ya que existía un analfabetismo generalizado. Algunos autores piensan que pudo llegar a haber una ocultación deliberada de las técnicas de escritura por parte de los sacerdotes para mantener bajo su exclusivo control un herramienta tal útil. Los motivos de esta ocultación pueden ser religiosos o sociales.

En el templo mesopotámico se estableció una escuela, La Casa de las Tablillas, en la que se aprendía a escribir como elemento básico de la formación pero acudían sólo los hijos de nobles familias que recibían una intensa preparación encaminada a su futuro desempeño como escribas del templo o en un sinfín de posibles ocupaciones que fueron surgiendo con el tiempo: la política, la administración, la escuela, la investigación…

El protagonismo político del escriba fue tal que algunos autores afirman que incluso llegó a gobernar por encima de los faraones los cuales tuvieron en muy alta estima su profesión, como se recoge en la Sátira de los Oficios.

  • ESTRUCTURA INTERNA DE LA ESCRITURA MESOPOTÁMICA Y EGIPCIA: LAS TÉCNICAS LOGOSILÁBICA Y LOGOCONSONÁNTICA

Mesopotamia.

La escritura mesopotámica fue una combinación de técnicas semasiográfica y fonográfica. Constaba al principio de una gran cantidad de signos, unos 2000, pero fue evolucionando hacia la simplicidad y la abstracción con notable celeridad por lo que se fueron reduciendo progresivamente el número de los signos.

La estructura interna de la escritura descansaba en tres elementos básicos: pictogramas, fonogramas y determinativos. Los pictogramas pudieron ser suficientes en un primer estadio histórico pero la mayoría de los estudiosos señalan su inviabilidad. El hallazgo del principio de la fonografía resulta imprescindible para explicar el éxito histórico de la escritura sumeria. Se usaron determinados pictogramas articulados mediante una sola sílaba como notación de otro que se pronunciaba igual, esto es el principio de rebus, el cual consiste en la utilización del pictograma por su equivalencia fónica y no semántica. Esta ingeniosa mezcla de pictogramas y fonogramas silábicos recibe el nombre de técnica logosilábica y se dio también en otras civilizaciones como la china o la maya.

El pictograma siguió empleándose siempre con preferencia al fonograma y el resultado fue genéricamente eficaz. Los problemas surgieron cuando los pueblos semitas del Norte se fueron asentando sucesivamente y se apoderaron de las características más dominantes de la cultura sumeria, entre ellas la escritura y la lengua. El sumerio terminó por dejar de ser lengua hablada para pasar a ser lengua de cultura aunque la escritura conservó su prestigio.

Egipto.

La escritura egipcia reproduce la mezcla de la semasiografía y la fonografía pero en este caso debe hablarse de una escritura logoconsonántica pues las unidades de sonido que representan no son ya sílabas sino consonantes.

La estructura de la lengua egipcia era muy diferente a la sumeria y para funcionar, en la práctica, necesitaba de tres tipos de componentes:

Pictogramas o logogramas que respentaban directamente objetos o ideas asociadas a éstos. Es el aspecto más evidente y llamativo de la escritura egipcia. Entre ellos aparecen útiles de trabajo, especies animales y vegetales, armas, objetos emblemáticos de la autoridad, edificios, hombres y mujeres… en ellos se puede llegar a estudiar la psicología de este pueblo.

Había otro tipo de signos, una palabra podía estar representada por el dibujo de otra palabra que contiene las mismas consonantes que ella, a esto se le llama acrofonía.

Utilizaron los determinativos semánticos para eliminar ambigüedades producidas por ambos tipos de unidades y se añadía un logograma.

  • LA TABLETA DE ARCILLA Y EL ROLLO DE PAPIRO

Mesopotamia.

El rasgo distintivo de la escritura mesopotámica, desde el punto de vista material, proviene de su soporte para la escritura: el barro. El pictograma se realizaba con un estilete terminado en punta pero después se le añadió uno terminado en una sección triangular y de ahí recibió el nombre de cuneiforme. A partir de la segunda mitad del III milenio a.C. la escritura pasa a hacerse en líneas horizontales de izquierda a derecha en vez de verticales.

El texto se escribía en tabletas, generalmente pequeñas, de líneas muy apretadas por la primera cara de la tableta y se seguía por el reverso, en el cual figuraba un colofón en el que se indicaba el título de la obra y algunos datos relativos al dueño o el copista de la tablilla, nunca del autor. Muchas de estas tablillas estaban dirigidas a ser documentos administrativos y ni siquiera estaban cocidas para asegurar su conservación, ha sido el fuego fortuito en muchos casos lo que las ha traído hasta nuestros días.

Egipto.

Los egipcios utilizaron dos soportes para la escritura: la piedra o la pared y el rollo de papiro. Sobre la pared escribían en columnas verticales u horizontales y en las dos direcciones, el sentido de la escritura lo marcaban las caras de los hombres y animales.

De origen vegetal es el papiro, el primero de los soportes de importancia histórica, directamente inventado por los egipcios. Papiro es el nombre de una planta que crecía en abundancia en África y Asia Menor, especialmente a orillas del Nilo. Fue el material escriptóreo primitivo más empleado en el espacio y el tiempo: desde el III milenio a.C. hasta el siglo XIV, sufriendo la competencia del pergamino al final de su vida.

El formato habitual con el que se trabajó el papiro fue el rollo do volumen, en el que el soporte se disponía enrollado en torno a una varilla cilíndrica de madera o metal. La longitud media de estos rollos era entre seis y diez metros, aunque podía alcanzar los cuarenta. Estaba dividido en páginas escritas a lo ancho del volumen formadas a su vez por columnas y por una sola cara debido a la incomodidad del formato. Dada su escasez y carestía una vez que el texto perdía interés se borraba la tinta para escribir de nuevo o se utilizaba la otra cara.

El escriba trabajaba sentado con las piernas cruzadas y escribía con la mano derecha, sin ningún tipo de apoyo. Es el primer soporte de la historia de carácter blando y provocó una revolución en el trazado de la escritura egipcia que está en el origen del definitivo éxito de la escritura abstracta y esquemática de Occidente.

BIBLIOGRAFÍA

ESPEJO CALA, C. Historia de la comunicación escrita (de la prehistoria a la irrupción de la imprenta). 1ª Edición. Sevilla: Editorial MAD S.L., 1998. pp. 39-56.

[LIBRO] Historia de España I – César Vidal y Federico Jiménez Losantos

DATOS
Autor(es): César Vidal y Federico Jiménez Losantos.
Nº de páginas: 238.
Editorial: Planeta.
Año de publicación: 2009.
Ediciones: 4 hasta la fecha.
Lugar de impresión: Barcelona.
ISBN: 978-84-08-08211-8.
Depósito legal: B. 16.929-2009.

La Mañana fue un programa de radio de la COPE dirigido por el “periodista” Federico Jiménez Losantos. En dicho programa, amén de disertar sobre la actualidad del país, Losantos contaba con colaboradores para diferentes secciones que se iban sucediendo. Uno de ellos fue César Vidal, controvertido personaje no reconocido por la comunidad que afirma ser historiador, abogado, periodista, escritor, teólogo y filósofo. Juntos crearon una, a priori, interesante sección dedicada a la Historia en la que Losantos iba realizando preguntas sobre la Historia de España a Vidal con el objetivo de disipar dudas comunes que se tienen sobre la misma. La sección se llamó “Breve Historia de España para inmigrantes, nuevos españoles y víctimas de la LOGSE“. De dicha sección salió este libro, el cual es el primer volumen de un total de cuatro.

Historia de España I abarca desde los primeros pobladores de la Península Ibérica hasta el reinado, inclusive, de los Reyes Católicos. Con únicamente 238 páginas para tan amplio período de la Historia, el libro se hace muy digerible y sencillo de leer gracias al estilo en clave de entrevista que tiene. Se trata de una sucesión de preguntas muy básicas sobre Historia de España emitidas por Losantos y respondidas ipso facto por Vidal.

El libro consta de 55 capítulos muy cortos que abarcan desde la Prehistoria, pasando por los fenicios, griegos y romanos, siguiendo por la llegada del islam, los reinos cristianos y terminando con el reinado de los Reyes Católicos, al cual le dedica once capítulos. Existe un claro desequilibrio entre algunos temas y otros, atendiendo siempre a los intereses de Losantos y Vidal en su extinto programa de radio en la COPE. Por ejemplo, los once capítulos dedicados a los Reyes Católicos contrastan peligrosamente con los cuatro dedicados a los visigodos o, peor aún, con el único capítulo que dedica a Prehistoria o griegos y fenicios.

Jiménez Losantos y César Vidal, los autores del libro.

Además, existe un gravísimo problema con Historia de España I de Vidal y Losantos, y es la total ausencia de anotaciones a pie de página o de bibliografía especializada al final del libro. Esto es algo que desacredita por completo los argumentos de César Vidal -sean ciertos o no- ya que no tiene ninguna fuente especializada en la que apoyarse a la hora de esgrimir sus afirmaciones, las cuales parece que emanan de él mismo como si de una enciclopedia andante se tratase o si fuese una figura reconocida por la comunidad.

La información contenida en el libro, veraz o no, tiene como objetivo servir a los intereses políticos de Jiménez Losantos y Vidal durante sus programas de radio en la COPE. Es cierto que existe información verídica en el libro, aunque no toda. Además, todo está maquillado de forma burda para servir a determinados pensamientos políticos, es algo que se refleja muy bien en los capítulos que tratan sobre el islam en España, la corona de Aragón o aquellos que versan sobre el reinado de los Reyes Católicos. El problema no es que pueda existir una cierta manipulación de la información, el problema reside principalmente en la ya comentada ausencia de bibliografía, especializada o no, ya que no existe ni una sola referencia a algún manual en todo el libro.

Como libro para pasar el rato o libro de ficción puede cumplir su cometido, siempre y cuando el receptor sea afín a lo que se cuenta en él. Sin embargo, como libro de Historia de España no es válido bajo ningún concepto por los motivos anteriormente expuestos. Esto no es más que un aviso a navegantes para que eviten usar dicho libro como fuente bibliográfica en la que apoyarse a la hora de realizar trabajos para el instituto o la Universidad.

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