La crisis del siglo III

EL CONTEXTO POLÍTICO PRECEDENTE.

Según la Historia Augusta, Septimio Severo mandó ejecutar a numerosos senadores, entre los que se encontraban miembros de la nobleza hispana muy influyentes y ligados a la producción de aceite. Pero todo comenzó en el 193 cuando Clodio Albino, en Britannia, no aceptó el nombramiento de Severo como “augusto” y se hizo proclamar a sí mismo emperador. Severo, viendo la situación, no decidió arremeter contra él (debido a la fuerza de las legiones en Britannia) y dedicó el tiempo, hasta el año 197, a eliminar a sus otros rivales en Roma.

Septimio Severo.

Llegó incluso a reconocer a Clodio Albino como “caesar” ya que había provincias que lo estaban apoyando, entre ellas Hispania. Pero en el año 195, cuando Severo volvía de Oriente, declaró “hostis publicus” a Albino y proclamaba “caesar” a su hijo mayor, Caracalla. Ante esto, los soldados en Britannia proclamaron “augusto” a Albino, el cual controlaba Britannia, la Galia y parte de Hispania.

Representación libre de la batalla de Lugdunum (197 d.C.).

Ambos ejércitos se enfrentaron en el 197 en Lugdunum y tras la derrota de Albino, el emperador Severo implantó un régimen de terror político. A partir de este momento, el ejército adquirió un mayor protagonismo en la vida política de Roma hasta tal punto de que, a partir de este momento, la estabilidad del Imperio dependería del ejército. Severo comenzó a relevar a algunos gobernadores provinciales en Hispania.

EL DEBATE SOBRE LA CRISIS.

Los efectos de la crisis del siglo III se dejaron sentir menos en Hispania que en otras provincias y regiones del Imperio, devastadas por las guerras y las rebeliones. Aun así, los datos referidos a Hispania son también negativos y no hubo prosperidad en ningún momento. Pero sí hubo elementos que se pueden tomar en positivo: militarización, promoción social y política de las élites, nuevas familias aristocráticas…

Además, en los últimos años se han rechazado clásicas teorías que intentaban dar una explicación a la crisis del siglo III, teorías tales como la del esclavismo, la de los tesorillos y la de las invasiones germánicas.

NUEVOS ELEMENTOS DE ANÁLISIS.

El material epigráfico nos demuestra que los hispánicos no quedaron al margen del poder imperial durante los años centrales de la crisis y que en ningún momento se rompió el vínculo con el gobierno. Pero sí es cierto que hubo casos en los que se emitieron monedas emitidas por usurpadores pero el número de monedas de los emperadores legítimos siempre es superior.

Otro tema a analizar es la destrucción de villae, la cual no se corresponde únicamente al área del litoral mediterráneo. Las destrucciones, todas ellas, no pueden ser consideradas efectos de una invasión o invasiones ya que, en el caso de que pueblos germánicos hubiesen invadido Hispania no habría afectado a un área tan extensa. Por lo tanto es preferible atribuir las destrucciones a otras causas: el éxodo urbano que hizo que muchos propietarios modificasen sus haciendas rurales al tener que trasladar su residencia de la ciudad al campo, muchas veces para evadir sus obligaciones fiscales.

Según la interpretación tradicional, muchas ciudades hispánicas se habrían visto afectadas por la inestabilidad política del momento, pero en algunos casos la arqueología ha demostrado que las destrucciones no son tales sino que, como hemos dicho, son remodelaciones del hábitat. Tampoco hay un éxodo total de la ciudad al campo ya que se sigue observando continuidad en el ámbito urbano.

Otro argumento hace referencia a la crisis monetaria. Desde Severo el denario de plata fue objeto de sucesivas devaluaciones por parte de las autoridades imperiales al tener que “aumentar” el sueldo militar. Pero este problema económico no se resolvió ni siquiera con la agresiva política monetaria de Caracalla, el cual introdujo una nueva pieza de plata, pudo frenar la inflación.

La inflación llevó a sucesivas devaluaciones del denario y en época de Galieno, muchas monedas no tenían más que un 5% de plata y no eran más que monedas de bronce con un ligero baño de plata.

Otro elemento a analizar es el de las persecuciones contra los cristianos, en época de Decio y Valeriano, y los bagaudas en época de Diocleciano. Es cierto que las persecuciones contra cristianos son un fenómeno que ocasionó la crisis religiosa de la época, aunque estas persecuciones se remontan a la época de Nerón.

La última oración de los mártires cristianos de Jean-Léon Gérôme (1883).

Aun así, en Hispania los testimonios sobre el cristianismo son muy escasos hasta el siglo III y las persecuciones, en muchos casos, eran por rechazar el culto imperial. Durante la época de Decio no está atestiguada ninguna víctima pero sí durante la época de Valeriano en 258, con los mártires Fructuoso, Augurio y Eulogio.

Cabe mencionar la bagauda galo-hispánica a finales del siglo III, estos bagaudas son revueltas campesinas galo-hispánicas lideradas por personajes galos (Eliano y Amando), los cuales llegaron incluso a acuñar monedas propias.  Aunque toda la información relativa a las bagaudas es muy difusa y de libre interpretación.

EL CAMBIO SOCIAL.

Es en el ámbito social donde se puede ver con más claridad los cambios que ocasionó la crisis del siglo III. Es indudable el ascenso del grupo ecuestre a los cargos de mayor responsabilidad gracias, sobre todo, a Severo pero fue con Galieno cuando los ecuestres reemplazaron a los senadores en el gobierno de las provincias. Así pues, muchas familias de la aristocracia senatorial quedaron relegadas de sus responsabilidades políticas y sociales.

Estos cambios son más notorios en unas provincias que en otras, sobre todo en la Bética y la Tarraconense. Este cambio implicó la sustitución progresiva de unas familias por otras, casi todas ellas de la orden ecuestre.

UN BALANCE.

La crisis del siglo III es ante todo una crisis estructural ya que se generalizó en todos los aspectos del modelo sociopolítico imperial. También hay que tener en cuenta que, a pesar de las convulsiones políticas del momento, el poder imperial se mantuvo en todo momento sin que hubiera ningún momento de “anarquía”, a pesar de que los relevos en el poder imperial fueron más frecuentes que antes. Este relevo se efectuó sobre todo por “acclamatio” pero siempre siguiendo los procedimientos institucionales y todos los emperadores, usurpadores o no, intentaron siempre legitimar su posición.

Así pues, a nivel de evolución imperial el balance negativo es más claro que en otros aspectos. También es muy negativo en lo político y económico, aunque no tanto en lo religioso y social. Sea como fuere, la crisis del siglo III señaló el comienzo de una nueva época.

BIBLIOGRAFÍA.

BRAVO, G. (2011): Nueva Historia de la España Antigua. Alianza Editorial S.A., Madrid. pp. 213-223.

Las guerras civiles en la Hispania de los siglos II y I a.C.

SERTORIO (83-73 a.C.).

Quinto Sertorio era miembro de la última generación republicana que, en su día, encabezó Cayo Mario y que concluyó Cneo Octavio. Era una generación que destacaba por la experiencia militar de muchos de sus miembros. En el tránsito de República a Imperio, Roma vivió una serie de guerras civiles que enfrentaron a populares y optimates. Hispania fue, en varias ocasiones, escenario de estas guerras, primero bajo el mandato de Sertorio (83-73 a.C.) y luego entre Pompeyo y César (49-45 a.C.). Aunque son guerras más romanas que hispánicas, fueron muy importantes para la relación entre hispanos y romanos.

Sertorio llegó a Hispania en el 83 a.C. como pretor de la Citerior, fiel defensor de la causa marianista contra Sila. Por eso, la llegada a Hispania no fue solo para ostentar el cargo de pretor sino también para huir de los silanos. Pero esto es algo que le duró poco tiempo ya que en el año 81 a.C. el silano Annio fue enviado a Hispania con el objetivo de reemplazar a Sertorio como gobernador. Sertorio, presionado, tuvo que huir por mar hacia África, donde entabló relación con los mauritanos.

Estando en África lo reclamó un grupo de lusitanos y este volvió con el objetivo de controlar la Península. Contaba con el apoyo de los lusitanos por el sur y oeste, con las tribus del interior con las que ya había pactado y con su propia experiencia militar. Además, por sorpresa, Sertorio fue respaldado por soldados romanos derrotados por los silanos. Mientras iba reclutando tropas ocurre el difuso episodio de la “cierva blanca”.

Mientras, en Roma, en el año 80 a.C. el cónsul Cecilio Metelo fue destinado a Hispania como gobernador de la Ulterior y con la misión de atacar a las fuerzas de Sertorio. Metelo llegó a Hispania en el año 79 a.C. con dos legiones que sumaron a las cuatro ya existentes, lo cual hacía que las fuerzas de Metelo fuesen de unos 30.000 soldados. Pero Sertorio puso en práctica el sistema de guerra de guerrillas.

Ambos frentes tardaron en encontrarse y en el 78 a.C. Metelo tuvo que retroceder a su posición inicial y pidió refuerzos varios, entre ellos dos legiones más. Pero Sertorio y sus aliados impidieron que las tropas de Metelo avanzaran hacia el norte evitando la formación de un “frente único”. Además, Sertorio no solo era un adversario sino también un rebelde que pretendía implantar un Senado en Hispania.

En el año 77 a.C. cambió la situación ya que el Senado envió a Hispania a Cneo Pompeyo, uno de los militares más prestigiosos, acompañado de cuatro legiones. En el 76 a.C. Pompeyo entró en acción en el frente que tenía Metelo y siguió sin perder la línea de la costa hasta Sagunto, pactando por el camino con indígenas.

Cneo Pompeyo Magno.

El primer enfrentamiento con las tropas de Sertorio fue en Lauro, donde Sertorio se había desplazado para impedir la unión de las legiones de Pompeyo con las tropas de Metelo. En esta contienda los soldados de Pompeyo se vieron atrapados y murieron unos 10.000, pero consiguieron contraatacar empujando al enemigo hasta Itálica.

En el año 75 a.C. Pompeyo se enfrentó a Sertorio en el Sucro, resultando herido y sin poder unir sus fuerzas con las de Metelo. Posteriormente se enfrentarían en Segovia, donde murieron aliados de Sertorio y Metelo pudo acudir en auxilio de Pompeyo. Mientras, los aliados de Sertorio seguían perdiendo hombres e iban replegándose. Fue a partir de este momento cuando la guerra dio un giro a favor de los romanos, tras un nuevo enfrentamiento cerca de Sagunto en el verano del 75 a.C., Sertorio se retiró con sus tropas atrincherándose en el valle del Ebro.

El asesinato de Quinto Sertorio en el 72 a.C. (Fuente: National Geographic).

Pompeyo sitió Clunia y se retiró a invernar entre los vascones. La presencia de Pompeyo hizo dudar a los indígenas sobre su lealtad hacia Sertorio y posteriormente las tribus celtibéricas se unirían a Pompeyo. Sertorio estaba prácticamente aislado. Tras un ataque combinado de Pompeyo y Metelo, Sertorio se vería obligado a buscar refugio en el noroeste y Sertorio fue objeto de una conspiración urdida contra él por parte de sus colaboradores, así en el 73 a.C., durante un banquete, lo asesinaron.

POMPEYO Y CÉSAR (49-45 a.C.).

Tras la guerra contra Sertorio, Pompeyo permaneció en la Península durante unos cinco años durante los cuales forjó sólidas clientelas con los hispanos, sobre todo en el sur y en el área celtibérica. Así que cuando en el 55 a.C. recibió el mandato senatorial de Hispania prefirió enviar a sus legados en vez de renunciar al cargo. Por su parte, César también contaba con importantes apoyos entre los hispanos al haber sido cuestor y pretor de la Ulterior.

En el 49 a.C., declarada la guerra civil entre César y el Senado, César movilizó sus tropas desde la Galia hacia Hispania en vez de perseguir a Pompeyo (que había huido hacia Oriente aunque antes había reforzado la presencia militar en Hispania). En total Pompeyo dejó siete legiones desplegadas en Hispania pero la entrada de las tropas de César impidió la acción conjunta de las legiones de Pompeyo.

Cayo Julio César por Nicolas Coustou en el Museo del Louvre (París, Francia).

César continuó hacia el interior de la Península y las fuerzas de Pompeyo se replegaron, así que César consiguió la capitulación de ciudades de la Celtiberia y la colaboración de ciudades de la Ulterior, en donde reclutó una legión hispana. En el 48 a.C. César marchó a Italia para preparar la persecución de Pompeyo, el cual fue derrotado en Farsalia y posteriormente murió en Egipto.

Cuando César regresó a Hispania en el 45 a.C., tras haber acabado con los últimos reductos de Pompeyo, allí se encontraban los hijos de Pompeyo en determinadas ciudades, así que César ordenó el asedio de estas ciudades y el enfrentamiento final tuvo lugar en la batalla de Munda, donde el hijo de Pompeyo resultó posteriormente muerto.

Representación libre de la batalla de Munda.

Esto no significó el fin de las hostilidades ya que en 44 a.C. Sexto Pompeyo, otro hijo, siguió hostigando ciudades con su flota hasta el punto de que Lépido tuvo que negociar con él la evacuación de sus tropas a cambio de una indemnización.

BIBLIOGRAFÍA.

BRAVO, G. (2011): Nueva Historia de la España Antigua. Alianza Editorial S.A., Madrid. pp. 128-133.

El proceso de la romanización

A pesar de las múltiples visiones que ha tenido a lo largo de la Historia, la romanización no debe confundirse con la latinización ya que algunas áreas hispánicas se mantuvieron al margen de este fenómeno lingüístico. Sí es cierto que, a todos los efectos, unas áreas fueron más permeables que otras, así pues las áreas oriental y meridional presentan una romanización más temprana e intensa que el resto.

Para muchos historiadores, la romanización es más que un proceso cultural y debería entenderse como el proceso de implantación de las formas de vida romanas y parece indicar un predominio claro de lo romano sobre lo indígena.

Acueducto de los Milagros construido en torno al siglo I d.C. en Mérida (Badajoz, España).

La principal crítica que se le hace hoy día a la romanización es que supuso alteraciones y transformaciones en el marco indígena para adaptarse al romano y no al revés, considerándose el sistema romano como superior y con capacidad para imponerse sobre el otro. Al fin y al cabo, saliendo de debates, la romanización lo que pretendía era proporcionar cierta unidad a la diversificada realidad hispánica a pesar de que el grado de romanización no se dio en todas las áreas por igual.

INDICADORES DE ROMANIZACIÓN.

Latinización.

Aunque la romanización no fue sólo un fenómeno cultural, la latinización es uno de los indicadores más útiles para establecer diferencias entre unas provincias y otras. Uno de los factores que contribuyeron a divulgar el latín entre los indígenas fueron determinadas medidas políticas como la escuela de latín que Sertorio fundó en Osca.

Inscripción romana en el Museo del Almodí en Xàtiva (Valencia, España).

A partir del emperador Claudio (41-54) el latín se convirtió en lengua oficial del Imperio y su conocimiento era indispensable para acceder a la ciudadanía romana. Además la intervención de un magistrado romano en un documento implicaba el uso del latín. Aun así, las lenguas indígenas siguieron hablándose en las provincias de Hispania aun en avanzada fecha imperial.

La onomástica.

La presencia romana en Hispania dejó también su huella en la onomástica, la cual refleja la estrecha relación que hubo entre indígenas y romanos. Aun así hay que señalar que la incidencia no fue igual en todos los ámbitos, con mucha diferencia entre regiones.

El área levantina es fiel reflejo de esta influencia ya que abundan los gentilicios. En el área vascona los restos latinos son escasos, al contrario que en la parte bética, donde la romanización fue temprana y se produjo una rápida latinización de la onomástica autóctona. El área céltica presenta un panorama onomástico más complejo dividido por zonas.

Aun así, como norma general, la nomenclatura latina acabaría desplazando a la indígena en casi todas las regiones. Casi el 45% de los nombres de persona son nombre único, un 30% corresponde a la fórmula duo nomina y el 25% pertenecen a los tria nomina.

La red viaria.

La construcción de la red viaria en la Península no fue una empresa fácil ya que se tuvieron que salvar grandes dificultades físicas y técnicas para llevarla a cabo. La Península presentaba tres dificultades básicas:

  • La acusada orografía del terreno.
  • El relativo aislamiento de las mesetas con áreas periféricas.
  • Las cuencas hidrográficas, con ríos y lagos caudalosos que necesitaban la construcción de puentes.

Ante tales dificultades es lógico que la implantación de la red viaria fuese tardía, seguramente en época imperial. Pero todos los condicionamientos geográficos fueron finalmente superados por los romanos mediante el diseño de una nueva red que establecía la comunicación entre los núcleos más importantes.

Aunque gran parte del trazado antiguo ha desaparecido, las vías romanas recorrían el territorio peninsular en todas las direcciones. La construcción se debió iniciar con Augusto y prosiguió hasta mediados del siglo III.

Puente de Alcántara en Cáceres (Extremadura, España).

En cualquier caso, durante la época altoimperial se completaría el trazado de la red viaria hispánica que presentaba una estructura reticular con dos ejes claros de comunicación de norte a sur: la Vía Augusta y la Vía de la Plata. En época más tardía el trazado viario adoptaría una estructura radial en torno a las grandes ciudades de la costa y del interior por razones comerciales y fiscales.

Es evidente que este entramado viario tenía una orientación claramente mediterránea, facilitando la comunicación del interior con los enclaves portuarios de la costa. Además de estas rutas fluviales que eran practicadas a menudo por razones comerciales debido a su menor costo y la posibilidad de mayor carga en el transporte, destacan Hispalis y Corduba.

Religión.

El sistema religioso hispanorromano es muy complejo ya que implica nuevas problemáticas como las siguientes: procendencia de los cultos atestiguados, localización precisa, distribución regional, evolución del culto por épocas, seguidores del culto… El grado de implantación de la religión romana en Hispania suele ser considerado uno de los indicadores más fiables del grado de romanización. Se supone que las áreas más y mejor romanizadas serían aquellas en la que los cultos romanos se implantaron más temprano que en otras.

Templo de Diana en Mérida (Badajoz, España).

En el fondo la implantación romana no significó el reemplazo de la religión indígena por la romana sino una coexistencia de ambas si la indígena no interfería en los planes e ideológicos de los romanos. Así pues la religión romana en Hispania como indicador de romanización revela una implantación escasa, tardía y de progresión lenta sin que se observe una adscripción clara a un culto determinado por parte de una región o provincia concreta.

Las áreas levantina y meridional presentan mayor concentración de testimonios referidos a las divinidades de origen griego, fenicio o púnico. En el norte son más frecuentes los cultos indígenas que en el centro. Y en el mediterráneo los cultos romanos están mejor atestiguados.

  • Panteón indígena – El más numeroso de los existentes en Hispania, con más de trescientas divinidades conocidas hasta el momento. Es preferible hablar de grupos de dioses/as. No había templos sino santuarios aunque el culto, normalmente, se practicaba al aire libre. Tampoco se conocen grandes centros de culto ni indicios de una organización sacerdotal.
  • Panteón romano – Era menos numeroso que el indígena pero estaba asociado al culto indígena por lo que resulta complicado separar ambos. Lo que sí había es una organización precisa del culto romano similar a la de Roma, realizándose generalmente en templos. Había diversos niveles de culto.
  • Panteón oriental – Su penetración en Hispania es relativamente tardía, posterior al siglo I a.C. Destacan los referidos a religiones mistéricas, que se implantaron en Occidente a partir del siglo II d.C. Penetraron en la Península a través de esclavos, comerciantes y tropas.
  • Cristianismo – Los orígenes en Hispania son oscuros y siguen sin esclarecerse. Los testimonios más antiguos se remontan al siglo I d.C. pero son de escasa historicidad. Para otros es notorio a partir del siglo III d.C. cuando se atestiguan las primeras víctimas de la persecución contra los cristianos.

Cultura.

La difusión de las formas culturales romanas fue el más importante legado romano a Hispania, algunas de las cuales perviven. Expresiones y formas legislativas así como estructuras arquitectónicas aún firmes dan cuenta de una intensa labor romanizadora en el seno de las sociedades indígenas.

Anfiteatro de Itálica en Santiponce (Sevilla, España).

Las grandes construcciones romanas datan de los siglos I y II d.C., de la época de los emperadores hispanos Trajano y Adriano. Desde finales del siglo I d.C. Hispania fue una de las regiones más romanizadas del Imperio Romano a pesar de que el proceso de aculturación propició en muchos casos la pervivencia de determinadas estructuras indígenas.

BIBLIOGRAFÍA.

BRAVO, G. (2011): Nueva Historia de la España Antigua. Alianza Editorial S.A., Madrid. pp. 147-157.

La conquista romana de Hispania

Los romanos tuvieron contacto con la Península Ibérica antes de la Segunda Guerra Púnica (218 – 201 a.C.) contra los cartagineses. El Tratado del 226 a.C. (Tratado del Ebro) de Asdrúbal  es el primer episodio que implicó a los romanos con la Península Ibérica. Aunque hay otra tradición, transmitida por Dión Casio, que sugiere que en el 231 a.C. fue enviada a Amílcar una primera embajada romana para controlar el avance cartaginés por la Península. En ese momento, probablemente, Roma no tendría ninguna intención de intervenir de forma activa en la Península. La primera embajada romana en la Península fue en el año 220 a.C. entre Roma y Sagunto.

DESEMBARCO EN AMPURIAS (218 a.C.).

El primer contacto efectivo fue en el año 218 a.C. cuando las tropas de Cneo Escipión desembarcaron en Ampurias en primavera, dispuestas a combatir a las tropas de Aníbal, pero este había atravesado ya el Ebro y se dirigía a Italia con la mayor parte de su ejército. Esto ocurrió debido a que, según los romanos, los cartagineses habían violado el Tratado del Ebro (226 a.C.) pero aun no lo habían hecho, aunque los cartagineses por su parte negaron la existencia de dicho Tratado por lo que comenzaron la marcha hacia Italia con la intención de invadirla.

Ampurias (La Escala, España).

Los púnicos (cartagineses) llevaban asentados en este sector desde el año 237 a.C. gracias a los Barca, familia aristócrata de Cartago que en ese momento era líder de la flota en ultramar. Amílcar Barca (padre de Aníbal) había perdido la Primera Guerra Púnica contra los romanos y le sucedió en el mando Asdrúbal, su yerno el cual fundó Cartago Nova, una ciudad destinada a ser la capital de Cartago en la Península. Pero la repentina muerte de Asdrúbal Barca en el 221 a.C. puso a Aníbal en el mundo, el cual dio un giro a la situación desafiando a la poderosa Roma. Desafió a Roma con dos hechos:

  • El primero fue la toma de Sagunto en el año 219 a.C. aprovechando el enfrentamiento entre la población, que se dividía en pro-romanos y pro-cartagineses.
  • El segundo fue la supuesta violación del Tratado del Ebro en virtud del cual los cartagineses se comprometían a no pasar armados la línea del Ebro.

Uno de estos dos hechos, dependiendo de la historiografía, fue el casus belli que desencadenó el conflicto. En toda esta oscura trama hay un dato que sí está claro: Roma inició su presencia militar en la Península Ibérica en el año 218 a.C. como consecuencia de un ultimátum desoído o no entendido por los cartagineses. En 218, Roma, al verse libre del problema galo, podía acudir en auxilio de Sagunto aunque cuando llegaron se encontró con que Aníbal ya había atravesado el Ebro con sus tropas y se dirigía hacia Italia. Sea como fuere, la hostilidad entre romanos y cartagineses se reavivó.

LA SEGUNDA GUERRA PÚNICA (218 – 201 a.C.).

Los enfrentamientos entre romanos y cartagineses se mantuvieron desde la llegada de Cneo Escipión en el 218 a.C. hasta la toma de Gades en el 205 a.C. por Escipión el Africano. Mientras, Aníbal había derrotado a varias legiones en Italia y estaba a punto de entrar en la misma Roma. Pero en el año 211 a.C. las cosas cambiaron gracias a las operaciones de Claudio Marcelo, que consiguió detener al ejército cartaginés dirigido por Asdrúbal.

Mientras, Escipión el Africano iba dominando el terreno peninsular con la toma de Cartago Nova en el año 209 a.C. y la final rendición de Gades en el 205 a.C. el cual era el auténtico bastión cartaginés. Aníbal decidió abandonar Italia ante los deseos de Roma de invadir Cartago pero fueron sorprendidos en Zama (202 a.C.) y Aníbal se vio obligado a huir hacia Oriente donde moriría unos años después.

Movimientos de Asdrúbal y Aníbal durante la Segunda Guerra Púnica (218-201 a.C.).

La victoria romana en Zama puso fin al conflicto con fatídico resultado para los cartagineses, los cuales tuvieron que pagar, de una manera u otra, importantes reparaciones de guerra. Así pues, las tropas romanas destacadas en la Península eran innecesarias salvo que Roma decidiera no abandonar el territorio, que fue lo que ocurrió.

Aníbal Barca (247 a.C. – 183 a.C.).

El ejército de conquista original se fue transformando, poco a poco, en guarniciones permanentes que se mezclaron, en muchos casos, con la población indígena a lo largo de los años que duró la Segunda Guerra Púnica. Así pues y sin, aparentemente, una estrategia anterior por parte del Senado, Roma decidió convertir en dos nuevas provincias romanas todo el territorio peninsular dominado, pero esta fue una decisión que no estuvo exenta de problemas pues la Península Ibérica era un territorio mucho más extenso y difícil de controlar que, por ejemplo, las islas itálicas y estaba más alejada de Roma, aparte de un entendimiento desigual con las tribus y pueblos hispánicos. A la provincia más cercana a Roma la llamaron Citerior y a la más alejada Ulterior.

LA PROVINCIALIZACIÓN. 

Roma intentó atraerse a las poblaciones ibéricas del sector oriental y meridional, las cuales había vivido de primera mano la presencia romana durante el conflicto. El resto del territorio era casi desconocido para los romanos por lo que la penetración hacia el interior de la Meseta fue lenta y dificultosa.

El término provincia se utilizó para designar el territorio sobre el que Roma tenía la facultad de ejercer el poder en un territorio extraitálico. La división del territorio conquistado (litoral mediterráneo y una estrecha franja costera) se realizó en el año 197 a.C. ya que el resto de la Península quedó al margen del dominio romano. Esta decisión de provincializar el territorio provocó la reacción de varios pueblos de la Península contrarios a la intervención romana. Estas rebeliones se extendieron por las áreas catalana, levantina y turdetana por lo que los romanos decidieron emprender la “conquista”.

LA CONQUISTA ROMANA. 

Los casi doscientos años que duró el proceso de conquista (218 – 16 a.C.) no constituyen un período de guerras ininterrumpidas sino más bien un largo proceso de construcción de la primera unidad hispánica mediante la integración en un nuevo modelo de organización de pueblos. En este largo proceso no solo hubo guerra sino también momentos de paz. Así pues, estas guerras o campañas romanas se pueden dividir en:

  • Segunda Guerra Púnica (218-201 a.C.)
  • Guerras celtibéricas (180-133 a.C.)
  • Guerra lusitana (149-139 a.C.)
  • Guerra de Sertorio (82-72 a.C.)
  • Guerras civiles (48-45 a.C.)
  • Guerra de Augusto (26-19 a.C.)

Dos de ellas, la de Sertorio y las guerras civiles, no fueron guerras de conquista sino guerras civiles romanas que tuvieron lugar en la Península Ibérica. Aun así, en total, los años de guerra no sobrepasan los 50 años, solo ¼ del período  de “conquista”.

El proceso, a pesar de tener tan “pocos años” de guerra, se alargó inevitablemente debido a:

  • La acusada diversidad hispánica en términos regionales, culturales e históricos, lo cual condicionó en muchos casos el éxito de las medidas políticas y militares romanas.
  • La falta de un verdadero programa político romano sobre el control de Hispania.

PRIMERAS CAMPAÑAS ROMANAS. 

Tras la provincialización, la presencia romana provocó, como ya hemos dicho, rebeliones entre algunos pueblos hispánicos, sobre todo en el valle del Ebro y del Guadalquivir. Así pues, las primeras conquistas romanas en Hispania se realizaron a comienzos del siglo II a.C.

Marco Porcio Catón «El viejo».

El primer momento de la conquista corresponde con las campañas de Catón entre los años 195 y 193 a.C. Las tropas desembarcaron en Ampurias y continuaron hasta Cartago Nova siguiendo la costa por el interior, de allí dieron el salto a Castulo y a Baecula, y posteriormente hacía la Bética. Tras esto, se dirigió con sus tropas hacia la Celtiberia, donde combate contra los lacetanos insurrectos. Así pues, las campañas de Catón en Hispania se centran en la zona catalana, la turdetana y la celtibérica. En todas estas zonas se puso en práctica el “sistema catoniano” el cual, a grandes rasgos, se basaba en el autoabastecimiento-saqueo.

Tiberio Sempronio Graco.

El segundo momento de la conquista corresponde a las campañas llevadas a cabo por Tiberio Sempronio Graco en la Celtiberia entre los años 180 y 178 a.C. A diferencia de la política agresiva de Catón, la de Graco se basaba en un sistema de pactos (foedera) y fundaciones coloniales, otorgando leyes a todos y repartiendo tierras entre la población. Así pues, Graco proporcionó a los celtíberos medios suficientes para su integración en el sistema romano, aunque como “pago” los celtíberos quedaban obligados a apoyar a los romanos con auxiliares y tributos. Este sistema fue duramente criticado por el Senado.

LA GUERRA LUSITANA. VIRIATO. (149-139 a.C.)

El momento álgido de la resistencia indígena fue la guerra lusitana (149-139 a.C.) dirigida por Viriato el cual estuvo a punto de desbaratar los planes romanos. Durante los diez años que duró, los lusitanos lograron controlar gran parte de la Península e incluso unieron sus fuerzas con los celtíberos del valle del Ebro. La rebelión lusitana, probablemente, se produjo tras el “engaño de Galba” y la masacre que siguió. Se dice que uno de los huidos fue Viriato, miembro de una familia de la élite lusitana.

Estatua de Viriato en Viseu (Portugal).

Durante casi diez años Viriato consiguió vencer a los romanos gracias a la guerra de guerrillas como táctica de combate, evitando la confrontación directa con el poderoso ejército romano.  El avance hacia el norte permitió a Viriato reclamar la ayuda de los celtíberos con la intención de construir un frente común contra los romanos. Tal magnitud alcanzó la contienda que incluso los romanos llegaron a considerar a Viriato como un “rex” de los hispanos.

Numancia de Alejo Vera y Estaca (1881).

Viriato logró imponerse en Ituca y en Carpetania. Hacia el año 139 a.C. reforzó sus posiciones al formar un frente conjunto con los celtíberos refugiados en torno a Numancia, pero el cónsul romano Servilio Cepión logró sobornar a sus colaboradores para asesinar a Viriato mientras dormía. Dicho asesinato cambió el signo de la guerra a favor de los romanos.

La desaparición de Viriato no significó el fin de la guerra, la oposición lusitana se mantuvo durante un año hasta que los rebeldes fueron reducidos por el cónsul Décimo Junio Bruto Galaicus. La guerra lusitana, de una manera u otra, contribuyó a forjar el mito histórico y heroico de Viriato.

LA GUERRA CELTIBÉRICA. NUMANCIA. (154-133 a.C.)

Otro punto álgido de la guerra entre romanos e indígenas fue el episodio de Numantia a mediados del siglo II a.C., entre los años 154 y 133. Las tribus celtibéricas siempre se habían mostrado reticentes a la presencia romana y solo las élites eran proclives a establecer pactos. El grueso de la población era partidario de la resistencia contra el opresor romano por lo que la rebelión celtibérica fue iniciada en la ciudad de Segeda en el año 154 a.C. por lo que Roma envió a Quinto Fulvio Nobilior con 30.000 soldados para sofocarla.

Pero los segedanos buscaron aliados entre las poblaciones vecinas y se refugiaron en Numantia, resistiendo durante casi diez años al asedio de los romanos. Hubo numerosos intentos romanos de tomar la fortaleza pero todos fracasaron por lo que Marco Claudio Marcelo concertó un armisticio con los indígenas en el 152 a.C. cosa que fue rechazada por el Senado romano, el cual exigía la rendición incondicional de los sublevados.

Estatua de Marco Claudio Marcelo en Córdoba (España).

Esta situación cambió radicalmente cuando Lúculo conquistó en el año 151 a.C. varias ciudades del área cortando las fuentes de suministro a Numantia. Hubo otras tentativas conciliadoras que también fueron mal vistas por el Senado. Después de 20 años de lucha, Roma no quería admitir ningún pacto con Numantia así que en el 134 a.C. fue enviado Cayo Escipión Emiliano con la orden de reforzar el cerco aislamiento de Numantia. A pesar del aislamiento la situación se demoró ocho meses más mientras la peste y el hambre hacían estragos en el interior.

Cuando finalmente los romanos asaltaron la ciudad provocaron una gran masacre, logrando, una vez más, imponerse Roma sobre el enemigo y, en esta ocasión, de forma definitiva.

BIBLIOGRAFÍA.

BRAVO, G. (2011): Nueva Historia de la España Antigua. Alianza Editorial S.A., Madrid. pp. 110-133.

Comentario de obra – El Temerario remolcado a dique seco

La siguiente publicación tiene un objetivo meramente didáctico, como apoyo al estudio de la Historia del Arte a nivel académico desde una óptica histórica. 

El Temerario remolcado a dique seco de William Turner (1839)

IDENTIFICACIÓN

La obra que analizamos hoy se titula El Temerario remolcado a dique seco, la cual fue pintada por Joseph Mallord William Turner a mediados del siglo XIX, concretamente en el año 1839. En la actualidad, como parte de la colección permanente, se encuentra en la National Gallery de Londres, en la habitación 34 del segundo nivel. Su autor, el londinense William Turner, fue un pintor controvertido en su tiempo, pues su arte, en pleno Romanticismo, se anticipó a lo que posteriormente se denominaría como Impresionismo (1874-1920). Además, fue el pintor que llevó más allá la pintura paisajística, convirtiéndola también en pintura de historia. Su evolución fue increíble a finales de los años veinte del siglo XIX, con Ulises burlando a Polifemo (1829), obra en la que ya se muestran las líneas pre-impresionistas que iría tomando en un futuro. Sus obras más notables, amén de la que comentamos, son El incendio de la Cámara de los Lores y de los Comunes (1835), El Gran Canal de Venecia (1835), Paz. Funerales en el mar (1842) y Lluvia, vapor y velocidad (1844).

El Temerario remolcado a dique seco pertenece, por época, al Romanticismo, del cual es también un icono absoluto. Sin embargo, El Temerario remolcado a dique seco es también una importante obra pre-impresionista y no fue comprendida ni valorada en su tiempo. El Romanticismo fue un enorme movimiento cultural contrario a los principios del Neoclasicismo que abarcó, aproximadamente, finales del siglo XVIII y mediados del XIX, entre 1770 y 1850. De él nacerían, más tarde, movimientos como el Impresionismo, el Realismo, el Surrealismo y todo el amalgama de vanguardias de finales del siglo XIX y comienzos del XX. El Temerario remolcado a dique seco fue el cuadro favorito de Turner y uno de los mayores reclamos de la National Gallery de Londres. Sus medidas son de 90,7×121,06 cms.

DESCRIPCIÓN DE LA OBRA

El Temerario remolcado a dique seco es una pintura al óleo sobre lienzo que mezcla colores muy vivos con otros más apagados. Es una obra de contrastes, con colores cálidos y oscuros al mismo tiempo. La obra representa el momento en el que el HMS Temeraire, construido en 1798, que había participado en batallas como Trafalgar (1805), es remolcado en 1838 hasta su destino final: el desguace.

En el cuadro aparecen multitud de elementos pero, sin duda, los protagonistas son tres. El primero de ellos, y el más evidente, es el Temerario, que es el elemento más grande que aparece en escena. Enorme buque, navío de línea de tres puentes, 98 cañones y tres palos, uno de los buques insignia de la Royal Navy durante muchos años, héroe de Trafalgar. El segundo es el remolcador, negro, más pequeño y básico, con una chimenea que suelta un hediondo humo oscuro. El tercero es el sol, o la puesta de sol más bien, que ocupa todo el margen derecho del cuadro y se refleja, con un amalgama de intensos colores, en el cielo y el agua. Al fondo podemos ver otros barcos de vela, una boya, una barca y parte de la ciudad. Aunque, evidentemente, estos no son los protagonistas de la obra.

Lo más potente de El Temerario remolcado a dique seco es su simbología, la cual se presta a diferentes lecturas según los expertos.

  • La primera lectura abordaría, como en muchas obras de arte y literatura, el tema de la vejez. Cuando Turner pintó El Temerario remolcado a dique seco tenía la edad de 63 años. Sin ser tampoco un anciano total, en el siglo XIX un varón de más de 60 años era, oficialmente, un anciano. Así pues, el Temerario representaría a Turner y el remolcador a la juventud. Una visión bastante pesimista sobre el futuro y sus generaciones, ya que el Temerario, bello, cuasi perfecto, consecuente y dedicado sería remolcado o sucedido por un barco, de vapor, más efectivo y moderno, pero menos puro. Además, la escena se presenta en un ocaso, símbolo del final, ya sea del día o de la vida. Con esto Turner, quizá, nos decía que su tiempo ya había pasado y que su fin no era más que el cementerio de barcos al que el Temerario era remolcado y donde esperaría hasta su desguace.
  • La segunda sería muy parecida a la primera, aunque no abordaría la vejez sino el fin de una época. El HMS Temeraire fue uno de los buques insignia de la Royal Navy, un precioso navío de línea que fue uno de los símbolos de su época. Ahora, en 1838, se encontraba completamente desfasado y su utilidad era más simbólica que práctica. En esta época, Gran Bretaña, líder de la Revolución Industrial, había dejado la batuta a países como Estados Unidos o Alemania, quienes en poco tiempo superarían con creces los avances del Imperio Británico. Con ello, Turner nos diría que el desguace del Temerario suponía nada más y nada menos que el fin de la hegemonía mundial de los británicos. Una vez más, la puesta de sol también juega un importante papel simbólico en la obra, como el fin de una época.
  • La tercera es más básica y se ceñiría exclusivamente al paisaje. Turner siempre fue un paisajista y, bien es sabido, amaba los barcos, por lo que no es de extrañar que, tras sus largas horas en el puerto de Londres, presenciase la escena del Temerario remolcado y esta le impactase tanto como para inmortalizarla en un lienzo.

COMENTARIO Y ANÁLISIS FORMAL

En El Temerario remolcado a dique seco llama la atención su composición, amén de sus colores por supuesto. Los protagonistas auténticos se encuentran desplazados hacia la izquierda del cuadro; el Temerario y el remolcador. A la izquierda tenemos al otro gran protagonista, el sol y su puesta, la cual está desplazada a la derecha de la obra junto con los edificios y otros elementos en el agua. En el centro absoluto no encontramos nada importante, más que dos veleros de fondo y parte del muelle de la ciudad. Con esto Turner nos deja dos mensajes bastante claros: El primero es que sigue siendo un paisajista, con todo lo que ello conlleva; el segundo es que no hay un protagonista total en la obra, sino tres de ellos con la misma importancia.

Las formas se vuelven a perder siguiendo la estela de El incendio de la Cámara de los Lores y los Comunes, pintado tres años antes. Si bien en El Temerario remolcado a dique seco aún podemos vislumbrar las formas, el escoramiento hacia lo que en un futuro será el Impresionismo es más que evidente. Hablamos de formas suaves y que se diluyen entre ellas como observamos en el propio Temerario, en el cual sus formas se difunden sin lograr unos dibujos claros. Ocurre lo mismo con el remolcador, con los barcos del fondo y con la propia ciudad, sobre todo con esta última.

National Gallery, sala 34, segunda planta.

Los reflejos son recursos constantes en El Temerario remolcado a dique seco y, probablemente, son lo más bello del cuadro. El reflejo del propio Temerario y su remolcador, o de la puesta de sol reflejan perfectamente el gran conocimiento de Turner sobre las marinas y los paisajes. Además, el notable uso de las sombras, claramente pre-impresionistas, dota a la obra de una mayor potencia de cara al espectador.

El uso de colores está lleno de contrastes. Por un lado, la izquierda de la composición vemos colores más fríos, más pasteles y azulados que chocan directamente con la potencia cálida del margen derecho, diluyéndose en el centro con sobresaliente técnica. Gracias a esta mezcla de colores Turner consigue que veamos la escena, que la sintamos a pesar de que no sea una obra realista. Es una escena sobria después de todo, es el funeral del Temerario.

CONTEXTUALIZACIÓN EN LA HISTORIA Y EN LA HISTORIA DEL ARTE

Como hemos apuntado anteriormente, la obra representa la última «singladura» del Temerario, el cual se dirige remolcado hasta su destino final, que es el desguace. Es el fin de una época a todos los niveles; es el fin del propio Temerario, el fin de la navegación a vela, que es la navegación más hermosa y pura, en favor de la tecnología y el motor de vapor, encarnado por el remolcador. Es el fin también de la hegemonía del Imperio Británico, tanto a nivel político, como económico, militar o tecnológico. En la llamada Segunda Revolución Industrial, serían países como Estados Unidos o Alemania quienes la liderasen, dejando a los protagonistas de la primera -Gran Bretaña y Francia- en un segundo plano, y es precisamente 1838 el momento en el que los británicos dejarían, paulatinamente, el testigo tecnológico a Estados Unidos.

Al respecto de la Historia del Arte, toda la obra de Turner, a partir de 1835, es revolucionaria para su época pero, sin duda, El Temerario remolcado a dique seco constituye una de sus obras más icónicas en las que el pre-impresionismo queda muy latente tanto en el color, como las formas o la composición. Esta tendencia alcanzaría su cénit con Lluvia, vapor y velocidad en 1844, del que podemos decir que es ya, claramente, un cuadro impresionista.

BIBLIOGRAFÍA

ARTEHISTORIA. La Temeraire camino del desguace. [Consulta: 26-04-2017] Disponible en: http://www.artehistoria.com/v2/obras/643.htm

BBC NEWS. Turner wins ‘great painting’ vote. [Consulta: 26-04-2017] Disponible en: http://news.bbc.co.uk/2/hi/entertainment/4214824.stm

THE NATIONAL GALLERY. The Fighting Temeraire. [Consulta: 26-04-2017] Disponible en: https://www.nationalgallery.org.uk/paintings/joseph-mallord-william-turner-the-fighting-temeraire

[MANUAL] Manual de arte prehistórico – José Luis Sanchidrián

DATOS
Autor: José Luis Sanchidrián Torti.
Nº de páginas: 549.
Editorial: Ariel Prehistoria (Editorial Planeta).
Año de publicación: 2001.
Ediciones: 6 hasta la fecha.
Lugar de impresión: Barcelona (España).
ISBN: 978-84-344-6617-3.
Depósito legal: B. 26.495 – 2010.

A la hora de abordar la Prehistoria y el arte prehistórico hay multitud de fuentes más idóneas si nuestro objetivo es iniciarnos en el estudio del mismo. Sin embargo, si ya poseemos algunos conocimientos sobre Prehistoria o arte prehistórico, el manual de José Luis Sanchidrián Torti, profesor titular de la Universidad de Córdoba.

Es un manual extenso, con más de 500 páginas y multitud de notas a pie de página, así como referencias bibliográficas contrastadas. Es evidente que, después de esto, dicho manual no es precisamente un libro de cabecera si no más bien de consulta o estudio. Hay alternativas mejores para iniciarse en el estudio, aunque también resulta de sumo interés, ya que se encuentra bien explicado y escrito, siendo completamente apto para todos los públicos. Además, Sanchidrián no da nada por sabido, por lo que explica cada término si es necesario.

Cuenta con cuatro partes bien diferenciadas: Nociones, principios y conceptos fundamentales; Arte de los grupos predadores. Arte mueble; Arte rupestre de los grupos depredadores; Arte de las sociedades productoras. Divididas, a su vez, en 21 capítulos en los que se aborda casi hasta el último detalle de cada apartado que desarrolla. Quizá hubiese sido idóneo un mayor énfasis en el desarrollo del megalitismo, el cual se aborda de pasada, sin demasiada profundidad.

Cuenta, por su puesto, con su correspondiente parte de Historiografía aunque, para no aburrirnos demasiado en el onanismo de los especialistas, está dosificada en su justa medida.

Es un manual que funciona también como libro para complementar el estudio de la Prehistoria, ya que Sanchidrián también sigue una línea cronológica. De hecho, Prehistoria y arte prehistórico son dos elementos que están íntimamente ligados a nivel histórico.

Fue un manual que usé durante mis años de estudio en la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA) y fue, precisamente, el manual que me hizo interesarme por el arte prehistórico y la Prehistoria. Por ello, me decidí a estudiarlo a fondo y resumirlo en este blog, para así poder ayudar a todos aquellos que busquen información acerca del manual o de los temas que este trata. Encontraréis los resúmenes pinchando en los siguientes enlaces:

En general es un manual recomendable, aunque bajo mi punto de vista únicamente si ya conocemos algo sobre arte prehistórico o tenemos mucho interés en estudiarlo. Para una lectura recreativa hay opciones mucho menos densas.

Valoración: 4/5

Juana de Arco y la Guerra de los Cien Años

ORIGEN.

La guerra de los 100 años fue un conflicto político que enfrentó a Francia e Inglaterra durante más de 100 años, concretamente 116. La guerra comenzó en 1337 y acabó en 1453. El origen de la rivalidad entre los reyes de ambos países surge tras la conquista de Inglaterra por parte del duque de Normandía (Guillermo el Conquistador), en el año 1066, y su nombramiento como rey. Esto provoca conflictos debido a que el rey de Francia sigue queriendo mantener su dominio feudal sobre Normandía, perteneciente ahora al reino de Inglaterra.

Se sucede entonces un período de diversas escaramuzas hasta que el rey de Inglaterra Eduardo III quiso reclamar el trono de Francia apelando a que su madre era hermana del rey francés Carlos IV, muerto sin descendencia. Los franceses, para evitar convertirse en una parte del reino inglés, invocan a la ley Sálica, que  impide la transmisión de la corona a través de la línea femenina, y coronan como rey a Felipe VI iniciándose la dinastía de los Valois en Francia, en el año 1328. Esto tensó mucho la situación política entre ambos reinos, y al mínimo desplante (acoger a Roberto de Artois, rebelde francés) del rey Eduardo III, al que Felipe VI consideraba su vasallo, invadió parte de sus territorios en Francia (Gascuña), iniciándose las hostilidades de manera oficial, ya en 1337.

EL CONFLICTO.

Tras la invasión de Gascuña por parte de Francia, el rey inglés comenzó a realizar diversas operaciones anfibias contra Francia, en las cuales destaca su triunfo en la batalla naval de Sluys (1340) que le permitió desembarcar un gran ejercito en territorio continental, y obtener victorias tan cruciales como las de Crecy (1346) y Poitiers (1356). Justamente, tras la batalla de Poitiers, el rey francés fue capturado, recluido, y obligado a firmar el desastroso Tratado de Berigio (1360) por el cual Francia devolvía todas las propiedades al rey inglés.

La batalla de Poitiers por Delacroix.

Es entonces cuando Francia comienza a imitar las técnicas inglesas y a aplicarlas al contrario, realizando acciones navales y operaciones anfibias en las costas inglesas, obligando a los ingleses a devolver gran parte de sus tropas de nuevo a la isla para su protección, y dejando mas abandonada la campaña francesa, no pudiendo seguir realizando acciones de saqueo y pillaje contra el campesinado, que tanto dañaban la imagen del monarca francés al no poder proteger a sus súbditos. Se produce un proceso de retirada de las tropas inglesas, perseguidas por los ejércitos franceses.

La contienda da un fuerte giro a favor de Francia, consiguen batir a los ingleses en retirada, y también consiguen repeler los nuevos intentos de invasión ingleses, que pasan a ser comandados por un nuevo rey. Ricardo II que tiene el reino inmerso en grandes revueltas, hasta su asesinato por el futuro rey, Enrique IV en 1399.

Enrique IV vuelve a darle un giro a la situación, al conseguir moderados éxitos en sus nuevas campañas en Francia, en los años  1405, 1410 y 1412.

Enrique IV de Inglaterra.

A partir del año 1413, el hijo de Enrique IV toma la corona a la muerte de este, siendo coronado como Enrique V, que intenta formular un tratado de paz con su homologo francés Carlos VI, ofreciéndose como marido para su hija, y así acabar con la guerra y el problema de las posesiones inglesas en Francia. Pero aun así no hubo manera de solucionar el conflicto, y en el año 1415 se retomaron las hostilidades con más virulencia si cabe, ya q en los tres años anteriores ambos reyes se dedicaron a crear grandes ejércitos. Enrique V cruza el estrecho con una gran flota, e invade las costas francesas sitiando y conquistando  Harfleur.  Pero al dirigirse hacia el interior, el ejercito ingles se vio rodeado de ejércitos franceses comandados por el rey y sus mariscales, armados con toda la nobleza francesa, y los ingleses tuvieron que enfrentarse contra ese gran contingente de caballeros franceses en claras condiciones de desventaja, pero gracias a una gran habilidad táctica del monarca inglés, y a un veterano cuerpo de arqueros, acabó con casi toda la caballería francesa y por tanto, con la nobleza. Esta batalla se conoce como la batalla de Agincourt (1415) y marca un punto crucial en los sistemas de batalla medievales. Podría haber significado el fin de la guerra y la victoria inglesa, pero el monarca inglés desistió de su campaña y volvió a Inglaterra por no tener pertrechos ni alimentos para continuar la guerra. Aún así, debido a esta victoria, el rey francés se vio obligado en 1420 a ofrecer a su hija en matrimonio a Enrique V en el tratado de París.

Enrique V de Inglaterra.

Entonces, parecía que el conflicto llegaba a su fin, ya que se consideraba al hijo de Enrique V y la hija de Carlos VI como el futuro rey de ambos reinos, pero debido al fallecimiento de ambos monarcas en 1422, se sucedieron una serie de circunstancias aprovechadas por la nobleza francesa para coronar rey a Carlos VII, hijo de Carlos VI.

Inglaterra y su nuevo rey, decidieron entonces llevar a cabo una nueva invasión de Francia, para hacer capitular al nuevo rey francés, conquistando todo su territorio, y poniendo sitio a la única ciudad que aún era fiel al monarca francés, Orleans.

  • AGINCOURT (1415).

El mito de la fuerza invencible de la caballería pesada se originó  en Agincourt cuando los ingleses, en inferioridad numérica, se impusieron al ejército francés. Los protagonistas fueron Enrique V y sus arqueros, que aniquilaron sin piedad al ejército francés.

El 11 de agosto, Enrique V desembarcó en Francia con ejército de casi 15.000 soldados, de los cuales, tras unos meses de incursiones, solo sobrevivieron 6.000. Los ingleses se dirigieron a Calais, pero el camino estaba bloqueado por tropas francesas junto a Agincourt. El mando francés recaía en Carlos de Albert, condestable de Francia, que disponía de un ejército cuatro veces superior al inglés, su mayor error fue dejarlo encerrado en un bosque.

La batalla de Angicourt por Jean Froissant.

Enrique V salió a su encuentro el día 24 de octubre de 1415. Al día siguiente la formación inglesa se puso en movimiento y los arqueros que iban en primera línea  avanzaron hasta situarse a unos 230 metros del enemigo y dispararon. Los franceses respondieron con su caballería seguida de soldados a pie; pero fracasaron debido al terreno embarrado.

Los franceses intentaron un segundo ataque en formación de tres columnas, pero fueron obstaculizados por aquellos que huían y por los cadáveres. Cuando los franceses alcanzaron al enemigo, la situación ya era muy comprometida: los ingleses sufrieron algunas bajas, pero neutralizaron también el segundo ataque de los franceses.

La retaguardia francesa intentó intervenir, pero tuvo que retirarse.

Los franceses perdieron a casi 10.000 hombres y dejaron en manos del enemigo a 1500 prisioneros, mientras que los ingleses solo habían perdido 1600 hombres. Esta derrota le costó a Carlos VI el trono francés, por lo que Enrique V reinó sobre Francia e Inglaterra.

  • JUANA DE ARCO.

Es en este período cuando surge la figura de Juana de Arco, oriunda de Dómremy y que decía ser una enviada de Dios para librar Francia del yugo inglés. Consiguió la confianza del delfín francés, que la puso al mando de sus ejércitos, y consiguió levantar el sitio de Orleans, así como obtener una importante victoria en la batalla de Patay, en 1429 y 1430, que hicieron posible la coronación definitiva de Carlos VII en Reims  y cortó con el intento de invasión completa de Francia por parte de sus enemigos. Llevó a cabo importantísimas campañas rodeada de altos nobles franceses, aunque tuvo gran cantidad de encontronazos con la corte y los consejeros reales, del cual acabó perdiendo su favor cuando este tuvo que declarar treguas con el ducado de Borgoña, situación que Juana no llegaba a aceptar porque no se ajustaba a lo que consideraba que era el plan divino que había visionado. En una de sus campañas contra los borgoñones, fue capturada y llevada a Ruan, donde fue juzgada y condenada a la hoguera a causa de su supuesta herejía en 1431.

Juana de Arco por John Everett Millais.

Se puede decir que Juana de Arco provocó un último cambio radical en este largo conflicto, al conseguir romper los planes de invasión ingleses de Enrique VI, infligirles severas derrotas, y subir la moral de un perdido pueblo Francés que empezaba a perder sus identidades ante la guerra, que aún tardo más de 20 años en terminar.

FIN DEL CONFLICTO.

Tras la muerte de Juana, el rey francés consigue firmar la paz con el duque de Borgoña, en 1435, –paz de Arras– haciendo perder a Inglaterra un importante aliado en el continente.

Eso, y un efectivo sistema de mejoras en el ejército francés, provoca que poco a poco Inglaterra pierda sus mayores territorios en Francia, cayendo Normandía y Aquitania entre 1450 y 1453, conservando los ingleses sólo la ciudad de Calais, y terminando así oficialmente la guerra, aunque no se firmó nunca ese tratado de paz que acabara con más de un siglo de cruenta guerra en el corazón de Europa.

REPERCUSIÓN SOCIAL.

La Guerra de los Cien Años causó fuertes impactos sociales en ambos contendientes, pero principalmente en el territorio continental, debido a que ambos ejércitos basaban sus campañas en arrasar los campos de cultivo, y aniquilar al campesinado. Esto se realizaba de esta manera para que los súbditos feudales no se sintieran protegidos por su monarca, y cambiaran al bando que interesaba. Por supuesto, esto hizo gran mella en la sociedad campesina y urbana no  perteneciente a la nobleza, que perdía sus propiedades,  cultivos y muchos la vida con cada nueva campaña. Inglaterra también sufrió al principio del conflicto invasiones en sus costas de pequeños contingentes franceses que asolaban los puertos y ciudades costeras, que crearon una gran alarma y obligaron a gran parte de las tropas en Francia a volver a Inglaterra.

También hay que indicar que la peste negra, del siglo XIV, devastó en gran manera los territorios ingleses, pero aún más los franceses, a los que se le sumaba la guerra en su territorio, y la importantísima crisis económica provocada por la mortífera epidemia y la guerra, provocando gran mortandad por enfermedad, hambre y guerra.

EJÉRCITOS.

Eran ejércitos típicos medievales, formados principalmente por un poderoso cuerpo de caballería, que eran de origen noble, y auxiliados por campesinos armados a la fuerza que tenían mucho menos peso militar. En algunos casos se contrataban ejércitos mercenarios como fuerzas de apoyo, como por ejemplo los franceses en Agincourt y su cuerpo de ballesteros genoveses.

Pero hay que remarcar ciertas diferencias, ya que los ingleses poseían un sistema de entrenamiento de arqueros en su campesinado que les otorgaba una unidad especializada y con capacidad de neutralizar la caballería francesa, ya que con su característico arco largo, de mayor potencia, eran capaces de atravesar la coraza de los caballeros. Esto les ofrecía una seria ventaja frente a los franceses hasta el siglo XV, y sobre todo en la batalla de Agincourt.

Tras la muerte de Juana de Arco, el rey francés Carlos VII comenzó una importante reforma en sus ejércitos, llegando a cierta profesionalización de las tropas al hacer un ejército permanente, permitiéndole alcanzar la victoria en París y la conquista de los últimos territorios ingleses en el continente.

Las disposiciones tácticas eran muy básicas, principalmente consistía en buscar una posición dominante que permitiera arrasar las tropas enemigas mediante cargas de caballería, y un uso muy limitado de arqueros e infantería.

En este conflicto hay que remarcar el uso de la táctica del cabalgamiento, que consistía en arrasar los campos de cultivo y asesinar a los varones campesinos con la caballería, para que el campesinado sintiera que perdía la protección de sus señores feudales.

Los asedios se realizaban bloqueando las rutas de suministros, y mediante el uso de grandes máquinas que arrojaban bloques de piedra contra las murallas, y el asalto mediante sistemas de escalas.

Las campañas de guerra solían llevarse a cabo en épocas estivales, primavera y verano, sobre todo durante la susodicha guerra, que dependía de que los buques pudieran cruzar el estrecho con el buen tiempo, y el invierno y otoño era para pertrecharse.

  • UNIDADES Y TÁCTICAS.

De manera principal, un ejército se formaba por caballería, e infantería. Haciendo especial mención a los arqueros ingleses de la época.

La caballería estaba formada por los caballeros, gente adinerada que se pagaba su propia montura y a veces la de un pequeño contingente que le acompañaba. También pertenecían a este cuerpo, los hidalgos y algunos hombres de armas. Los hidalgos eran personas con cierto origen noble, pero que no habían sido nombrados caballeros, y buscaban ese nombramiento mediante gestas militares. Los hombres de armas eran los soldados bajo órdenes de un caballero, que le otorgaban un caballo para poder combatir.

Los caballeros llevaban una pesada armadura, formada por una vestimenta de anillas de metal entrelazadas, cubiertas por placas metálicas que cubrían prácticamente todo el cuerpo, alcanzando un peso de hasta 35 kilos. Iban armados con una lanza, de 4 metros de largo, capaz de atravesar y desmontar a un caballero rival, incluso atravesando su escudo, placa metálica que sujeta el caballero que llevaba sus enseñas. Llevaban como arma secundaria una espada, que usaban si eran desmontados, o perdían la lanza en el combate. A veces llevaban mandoble, una espada de grandes dimensiones y muy pesada.

El arco era un arma casi tan antigua como la humanidad, pero se modificó muy poco a lo largo de la historia. Fueron los galeses, grandes luchadores y cazadores, quienes introdujeron un nuevo tipo de arco realizado en madera de olmo sin pulir y conservado con muchos cuidados (humedad). Era un instrumento pobre y mucho más fácil de realizar que la espada, que era el arma reservada para los ricos.

Su longitud permitía al arquero un disparo de 200 metros y era capaz de atravesar ligeras cotas de malla. El arco largo (longbow) consiguió dar a los arqueros la primacía en el ejército, hasta entonces reservada a la ballesta, más potente pero más lenta al cargar.

Cada arquero tenía 48 flechas y disponía de hacha, pequeña espada y puñal. A diferencia de la flecha de punta cuadrada, la adoptada por los ingleses podía atravesar la coraza, la malla metálica e incluso un escudo.

A finales de la Edad Media, ser soldado mercenario era una profesión respetable. Los guerreros emprendedores formaban compañías de mercenarios que permitían a un señor rico o a una ciudad la contratación de tropas ya listas y formadas para combatir. Algunas de estas compañías estaban especializadas en un solo tipo de lucha. Por ejemplo, en el año 1346, 2000 ballesteros genoveses lucharon al servicio del ejército francés en la batalla de Crécy.
En 1439, Carlos VII de Francia creó las Compañías Reales de Ordenanza. Estas compañías estaban formadas por caballeros o por soldados de infantería, y eran pagadas con el dinero de los impuestos. Cada compañía tenía una dotación establecida de hombres. Normalmente, era el propio rey quien escogía su armadura y las correspondientes armas. Esto fue el inicio de los modernos ejércitos permanentes de Occidente.

BIBLIOGRAFÍA.

E. MITRE, La Guerra de los Cien Años. Madrid, 1990.

C. ALLMAND, La Guerra de los Cien Años: Inglaterra y Francia en guerra, 1300-1450. Barcelona, 1990.

P. CAU, Atlas de Batallas del Mundo. Madrid, 2008.

El Tribunal del Santo Oficio en Sevilla; el origen de la Inquisición española

Sevilla, por su historia, siempre ha sido una ciudad muy arraigada a todo lo relacionado con la Inquisición. Buenas pruebas de ello son la ingente oferta de rutas turísticas temáticas en torno a ello o el propio nombre de la calle “Callejón de la Inquisición”, situado  en el barrio de Triana, junto al Castillo de San Jorge.

El célebre callejón de la Inquisición en Sevilla.

El Santo Oficio comenzó a funcionar por primera vez en el año 1481, concretamente en Sevilla, con la quema de seis personas vivas. A raíz de ese acto, la Inquisición experimentaría un rápido ascenso, estableciéndose tribunales en casi toda la Península. Tres años más tarde, en la misma ciudad de Sevilla, se aprobaban las primeras reglas inquisitoriales.

Fotografía del extinto convento de San Pablo.

Su primera sede fue el convento de San Pablo de los dominicos, cedido por la orden al Santo Oficio para así intentar ponerse por encima de los franciscanos. Aunque al poco tiempo tuvieron que trasladarse al Castillo de San Jorge, frente al río Guadalquivir, por problemas de espacio. Estos problemas de espacio no se solucionarían al cien por cien con el traslado, por lo que el tribunal del Santo Oficio en Sevilla tuvo que diseminar las dependencias por toda la ciudad.

Maqueta del Castillo de San Jorge en el interior del museo que lleva el mismo nombre.

El tribunal en Sevilla estaba compuesto, a comienzos del siglo XVI, por tres inquisidores, un juez de bienes confiscados, un fiscal, cuatro secretarios, un receptor, un alguacil, un escribano, un abogado, dos alcaides, un notario, un nuncio, un escribano, un portero, dos capellanes, un médico, seis consultores juristas y seis consultores teólogos.

El objetivo primordial del tribunal era perseguir y juzgar a los falsos judíos conversos. Aunque también perseguían a blasfemos, herejes, bígamos, usureros, sodomitas, brujos y brujas, hechiceros y clérigos que hubiesen tenido aventuras sexuales.

Los autos se realizaban al principio en los exteriores de la Catedral y posteriormente en la Plaza de San Francisco, a pocos metros de la Catedral. También se realizaron autos en determinadas iglesias de la ciudad, como la de San Marcos. Únicamente en el siglo XVI se tiene constancia de diecisiete autos en la ciudad.

Auto de fe (Francisco de Goya, 1812-1819).

Un auto le costaba bastante dinero al tribunal del Santo Oficio, por lo que se intentaban espaciar lo máximo posible en el tiempo a pesar de que su carácter debía ser anual. La condena tenía lugar en el mismo sitio donde se realizaba el auto, aunque el suplicio se realizaba en un lugar diferente, a veces incluso en varios lugares de la ciudad a la vez.

Aunque el tribunal del Santo Oficio en Sevilla aguantó hasta los estertores de la Inquisición a comienzos del siglo XIX, su época de mayor actividad fue entre el año de su fundación y 1524. Durante estos cuarenta años se quemó a más de 1000 personas y se hizo abjurar a unas 20.000 sólo en la ciudad de Sevilla. El más famoso de los autos fue precisamente el de 1524, ya que el tribunal, hasta entonces centrado en los judíos, da un giro hacia los moriscos, convirtiéndolos en su blanco principal. Desde 1524 hasta finales del siglo XVI se darán sonados casos; en 1540 el del morisco Gaspar; en 1541 el matrimonio compuesto por Jerónimo Díaz y Elvira González; y en 1554 los moriscos Juan, Martín y Juan Torrera.

Al respecto de los brujos, brujas y hechiceros, el tribunal de Sevilla no se prodigó demasiado, centrando su atención en judíos y moriscos. El caso más sonado fue el de Inés de los Ríos, acusada de brujería pero absuelta debido a su posición social.

La expulsión de los jesuitas en 1767, el tribunal de Sevilla aprovechó para mudarse al Colegio de las Becas Coloradas en 1778 debido a las malas condiciones en las que se encontraba el Castillo de San Jorge.

El tribunal del Santo Oficio en Sevilla, como he comentado, seguiría teniendo actividad hasta comienzos del siglo XIX, cuando se abolió la Inquisición, aunque su papel dentro del marco territorial así como su actividad comenzaron a decrecer a partir del siglo XVII.

BIBLIOGRAFÍA

ALMA MATER HISPALENSE. La Inquisición. Sevilla siglo XVI. [Consultado el 10/05/2016] En línea: http://personal.us.es/alporu/histsevilla/inquisicion.htm

WIKIPEDIA. Inquisición española. [Consultado el 9/05/2016] En línea: https://es.wikipedia.org/wiki/Inquisición_española

Los inicios de la metalurgia: el Calcolítico y la Edad del Bronce

EL TÉRMINO ARTE ESQUEMÁTICO

Sobre este arte denominado Esquemático hay ciertas cuestiones terminológicas y conceptuales que se encuentran en la actualidad en pleno debate científico. Cuando un investigador descubre un yacimiento de Arte Esquemático se suelen cumplir siempre las siguientes características: suele ser una cueva donde llega la luz solar, con grafías pintadas en color rojo y representando imágenes que recuerdan a figuras humanas vistas de frente. Todas estas peculiaridades son rasgos definidores de la Pintura Esquemática hispánica.

Breuil ayudó al afianzamiento del término, que ha perdurado hasta la actualidad, con la publicación de cuatro volúmenes sobre las pinturas rupestres en la Península Ibérica. Desde Breuil se acuñaron los calificativos de semiesquemático y seminaturalista, para distinguir aquellas obras que estaban más inclinadas a un lado que a otro. R. Viñas propuso que fueran aplicados de la siguiente forma:

  • Semiesquemático para aquellos prototipos escuetos no muy realistas incluidos en un friso naturalista (levantino).
  • Seminaturalista para las imágenes menos simples y parcas que aparecen en los paneles abstractos (esquemáticos).

Pero surgió la necesidad de incorporar el término subesquemático y Lopéz Payer y Soria Lerma desarrollaron un sistema objetivo basado en unos índices numéricos para puntuar los factores naturalistas de cada figura antropomorfa y zoomorfa.

Los últimos argumentos más extendidos han sido formulados por Alonso y Grimal, y por Balbín y Bueno. Los primeros insisten en que no conviene hablar de arte esquemático sino de abstracto, pues muchos temas son figuras abstractas (barras, puntos, círculos) y a pesar de todo los motivos identificables como zoomorfos y antropomorfos no imitan la realidad en ningún caso. Por su parte, Bueno y Balbín abogan por un “estilo o arte megalítico” que incluye un conjunto de grafías llevadas a cabo con diversas técnicas y en distintos soportes, pero cuyas asociaciones temáticas y contexto cronológico permiten su unificación: pintura y grabados esquemáticos al aire libre y en cuevas, soportes mobiliares y expresiones parietales.

Hasta hace muy poco se entendía como Arte Esquemático a un sinfín de horizontes figurativos pospaleolíticos de dispar cronología, distribución territorial, sistemas técnicos y contenido temático, aglutinados tan sólo por el común denominador de producir sus motivos en función de aquello que todos podríamos concebir como un esquema.

Peña Escrita (Taberna, Alicante).

Hoy tendemos a dilucidar los marcos cronoculturales de cada uno de los horizontes artísticos de las sociedades ágrafas más recientes, si bien eso a veces es tremendamente problemático al hallarse la mayoría de los yacimientos carentes de contexto arqueológico, además de haber recurrencias temáticas y en determinados momentos cronológicos.

En resumen, a pesar de ser el término Arte Esquemático restrictivo continúa siendo el más adecuado o al menos el más usado, aunque urge una unificación de criterios que ayuden a disociarlo.

PINTURA ESQUEMÁTICA TÍPICA

Las pinturas esquemáticas fueron las primeras muestras de arte rupestre prehistórico reconocidas por la Ciencia. En 1868 fue Góngora quien en su obra Antigüedades prehistóricas de Andalucía describió por primera vez el Arte Esquemático a través de los yacimientos de Peña Escrita (Ciudad Real) y Los Letreros (Almería).

  • SOPORTES Y TÉCNICAS

Los soportes que comúnmente son ocupados por los pintores de este horizonte artístico coinciden con las oquedades y abrigos en los que la iluminación solar llega en las horas diurnas sin demasiada complicación, aunque si bien también tenemos excepciones más alejadas de la luz.

Al extenderse por casi la totalidad del territorio peninsular, las litologías y morfologías de los soportes vuelven a ser muy variadas y dispares, desde abrigos calcáreos y de arenisca masiva hasta peñas, oquedades y lienzos cuarcíticos junto con algún que otro afloramiento granítico. La constante de estos sitios radicaría en la verticalidad de los paneles frente al gusto por los “santuarios horizontales” de otras modalidades figurativas.

Se insiste sobre la ubicación de la pintura esquemática en relación a áreas de abastecimiento de agua.

Respecto a la técnica plástica, el grafitado o aplicación directa del colorante a modo de “lápiz” no es muy corriente, a pesar de que se haya descrito en unos pocos sitios; lo normal es sin duda la pintura, o sea, el pigmento en estado líquido. Los colores empleados son sobre todo el rojo y en menor medida el negro, también está atestiguado el blanco pero como complemento del motivo principal. Si existen tonos amarillos estos se asocian a degradación de otros colores.

En cuanto a las sustancias colorantes manejadas poco podemos decir, puesto que apenas están desarrolladas en este campo las analíticas destinadas a su estudio. Podemos deducir que los rojos fueron obtenidos a partir de los óxidos de hierro y los negros del manganeso.

Pero la novedad proviene en esta ocasión del sistema de aplicación de los pigmentos, pues contra el uso de la pluma del Levantino, los artistas del Esquemático aceptaron cualquier instrumento que proporcionara un trazo ancho alrededor del centímetro de grosor. El dedo y la ramita poseen una capacidad de descarga muy escueta, así que algunos trazos más largos pudieron ser confeccionados con muñequilla. La mayoría de las figuras están entre los 5 y los 30cm, las escasas excepciones más grandes no sobrepasan el medio metro.

Ciervo de Bacinete (Los Barrios, Cádiz).

Estos procedimientos técnicos y el recurso del esquematismo conducen a figuras estereotipadas, donde los personajes humanos están representados de frente y los animales de perfil, con el objeto de su correcta identificación por parte del espectador. La Pintura Esquemática obedece a una técnica nada depurada, de trazado y ejecución rápida por medio de un procedimiento descuidado, sin que podamos entrever una preocupación por el acabado final de la obra, opuesta al detallismo del Levantino.

Los motivos se fabrican a través de simples trazos lineales, en consecuencia las imágenes producidas no disfrutan de volumen ni perspectiva de ningún tipo y por supuesto están comúnmente estáticas.

  • CRONOLOGÍA Y ALGO DE INTERPRETACIÓN

Desde casi siempre, todas las aproximaciones cronológicas efectuadas sobre el Arte Esquemático tienen como fundamento las comparaciones temáticas y formales con piezas muebles procedentes de distintos contextos crono-culturales. En un primer momento, Obermaier puso en relación los esquemas que tratamos ahora con los motivos pintados en los cantos azilienses. Pero fue Breuil quien asimiló el Arte Esquemático con las sociedades de la Edad del Cobre o Calcolítico.

Al final de la década de los 70, Acosta ratifica la propuesta antes comentada al encontrar correlaciones formales entre la pintura esquemática y piezas del extremo más oriental del Mediterráneo. Habría que esperar hasta los 80 para que, tras las afirmaciones de Jordá (sostenía que el Arte Esquemático era una expresión autóctona que se inicia en el Neolítico, se desarrolla en el Calcolítico y perdura hasta la Edad del Hierro), los investigadores orienten sus búsquedas de paralelos muebles hacia materiales arqueológicos autóctonos. En esta línea están los trabajos de Acosta y Carrasco sobre materiales cerámicos del Neolítico andaluz, cuyas conclusiones llevan a situar el origen del Arte Esquemático en un Neolítico Antiguo.

Las superposiciones de las imágenes pintadas sobre las rocas nos evidencian que el Arte Esquemático es posterior al Arte Macroesquemático del Neolítico Antiguo y al Arte Levantino, lo que asegura que el Levantino y el Esquemático convivieron durante un cierto tiempo.

En resumen, las equiparaciones temáticas de la Pintura Esquemática con los objetos mobiliares nos manifiestan que:

  1. Casi todo el repertorio de ídolos calcolíticos fechados alrededor del 4500 BP encuentran su correlación parietal en determinados conjuntos de abrigos esquemáticos.
  2. Los soliformes surgen decorando cerámicas desde el Neolítico Antiguo hasta el Bronce avanzado.
  3. Con los zigzags y ramiformes sucede exactamente lo mismo que con los esteliformes.
  4. Los zoomorfos esquemáticos aparecen desde el fragmento poscardial hasta soportes vasculares del Bronce.
  5. Varias asociaciones temáticas en piezas mobiliares de la Edad del Cobre resultan significativas.

Si la cuestión respecto a la datación de la Pintura Esquemática permanece hoy en día más o menos clarificada (desde el IV milenio al II milenio, y desde el Neolítico hasta el final del Calcolítico), los investigadores han dedicado más esfuerzos en solventar los problemas cronológicos que a indagar sobre el significado de las pinturas.

El propio fenómeno esquemático manifiesta una dificultad intrínseca a la hora de profundizar en el sentido de las obras, puesto que en la gran mayoría de las ocasiones los motivos son tan sumamente esquemáticos que su identificación con una figura u objeto real es una tarea subsanada con dificultad y bastante grado de imprecisión.

Al principio del siglo XX se pensaba que el Arte Esquemático debía tener un sentido funerario, ya que en los abrigos estaban los mismos ídolos oculados que eran exhumados en las tumbas megalíticas y hasta en algunos dólmenes existían pinturas esquemáticas.

Se viene aceptando que algunos lugares o motivos mantienen ese valor simbólico o religioso precisamente por representar los “ídolos” que aparecen en las tumbas de la época, en particular los reiterados oculado.

Parece notorio que la gran mayoría de los abrigos pintados obedecen a lugares especiales, en bastantes ocasiones comparten espacio con otros horizontes plásticos (Macroesquemático y Levantino) y casi todos carecen de un contexto arqueológico directo; o sea, que no poseen vestigios que nos permitan deducir el uso de la cavidad como vivienda o enterramiento.

Varios autores han supuesto que los motivos esquemáticos eran una especie de escritura. Carrasco y otros experimentaron un análisis semiótico, considerando los esquemas como conceptos y no la plasmación de figuras reales, las imágenes pintadas eran entendidas como un sistema de comunicación. Pero estos planteamientos no aportaron conclusiones y la investigación aun no ha avanzado mucho en esta dirección.

Jordá veía tres niveles de significados en las figuraciones parietales esquemáticas: mundo profano (escenas de pastoreo y caza, grupos de mamíferos), religioso (ídolos, danzas) y simbólico (puntos, esteliformes, ramiformes).

Para Grande del Brío y González Tablas, una de las dificultades mayores que encierra el Arte Esquemático para su interpretación es precisamente la utilización sistemática  del esquema como vehículo expresivo. No obstante, en poco tiempo, Grande del Brío considera todos los elementos esquemáticos con contenido simbólico de índole cultural.

En el decenio pasado las interpretaciones se han dirigido por varios caminos, al atisbar la notable diversidad de significados que puede encerrar el Arte Esquemático. Soria Lerma y López Payer deducen a partir de las asociaciones de figuras del núcleo del sureste lo siguiente:

  1. Antropomorfo-antropomorfo: Serían escenas relacionadas con la vida cotidiana.
  2. Antropomorfo-zoomorfo: Presentarán connotaciones descriptivas, como escenas de caza domesticación.
  3. Antropomorfo-símbolo: Esta combinación no tiene nada que ver con lo descriptivo.
  4. Zoomorfo-zoomorfo: Se trata de mandas de animales o escenas parciales de la existencia de la fauna.
  5. Zoomorfo-símbolo: Igual que antropomorfo-símbolo.
  6. Símbolo-símbolo: Muy problemáticas de interpretar dada la simplificación de las formas de la mayoría de las figuras.
  7. Antropomorfo-zoomorfo-símbolo: Cuando el símbolo es un elemento solar quizás la combinación podría tener un significado mágico-religioso.

Otros intentos más o menos plausibles observan en los abrigos decorados hasta relaciones sociales y políticas. Ahondando en las interpretaciones emanadas a través de una fuerte carga de subjetivismo, no han faltado en los últimos años aseveraciones fantasiosas que adolecen del mínimo rigor científico.

Martínez García parte del siguiente planteamiento: la existencia de abrigos responde a factores naturales; no obstante, la elección de algunos de ellos como soporte de las imágenes es un hecho cultural. No todos los abrigos disponibles en una zona están decorados, por esa razón la elección de los mismos obedecerá a estrategias culturales, circunstancia que provoca la modificación de un espacio natural en lugar cultural. En virtud de estos y otros factores se proponen los siguientes modelos de emplazamientos.

  1. Cerro o montaña individualizado y los abrigos de visión.
  2. Puntos elevados de grandes sierras y los abrigos de culminación.
  3. Barrancos o ramblas y los abrigos de movimiento.
  4. Collados o puertos y los abrigos de paso.
  5. Cañones y los abrigos ocultos.

A partir de aquí, el siguiente paso será cotejar los contenidos temáticos de cada yacimiento con los diversos modelos de emplazamiento, puesto que resulta obvio intuir que éstos influirán en aquéllos según las funcionalidades y usos de los lugares. La intrusión del aparato simbólico en las estrategias económicas es evidente, y tiene que ver con el control territorial.

ARTE MEGALÍTICO

Tradicionalmente se entiende como Arte Megalítico a las manifestaciones figurativas que albergan los monumentos megalíticos. Éstos son construcciones arquitectónicas fabricadas con grandes lajas de piedra, destinadas a un uso funerario como enterramiento colectivo que fueron erigidos desde el final del Neolítico y durante todo el Calcolítico, entre el IV y III milenio antes de nuestra era.

Las morfologías de estas construcciones suelen ser bastante variadas, pero desde una óptica global un esquema simple de sus plantas presentará una cámara sepulcral precedida de un corredor de acceso, todo cubierto por un túmulo de piedras y tierra.

  • SOPORTES, TÉCNICAS Y TEMAS

Los soportes fundamentales del Arte Megalítico coincidirán con los elementos arquitectónicos que conforman la construcción, básicamente las losas verticales que delimitan el espacio interior; sin embargo, desde una visión más globalizadora, también pueden ser considerados con este calificativo todos los objetos y elementos de índole simbólico que fueron depositados junto a los cadáveres o encerrados entre esas “cuatro” paredes o fuera de ellas pero vinculadas con el monumento.

Se viene aceptando que los megalitos que disfrutan de decoración corresponden con aquellas grandes construcciones en las que se tuvo que invertir un mayor esfuerzo social cuando fueron levantadas. El apartado técnico está repartido entre distintas modalidades de grabados y la pintura de coloración roja y negra, a veces sobre fondo blanco. En ocasiones, tanto la pintura como el grabado están asociados para diseñar la decoración en cuestión, pero asimismo debemos mencionar que en este ambiente de arte funerario se cuenta igualmente con algunos ejemplos de bajorrelieves.

Grabados rupestres en el dolmen de Cubillejo, monumento funerario prehistórico de tipo corredor, con 5.000 años de antigüedad, excavado en 1970. Consta de una cámara circular y un pasillo de diez metros de largo. Está situado entre las sierra de la Demanda, al norte, y la de Las Mamblas, hacia el sur (Cubillejo de Lara, Burgos).

En cuanto a los temas desarrollados en esos espacios fúnebres, casi todos los motivos tratados encuentran su correlación formal con los sistematizados para la Pintura Esquemática, aunque tal vez el presumible destino último de las obras plásticas y su funcionalidad entroncada con el universo ideológico que rodearía al mundo de los muertos provoca, en general, que la temática sea mucho más restrictiva que la expresada en los abrigos y cuevas.

Pintura roja y puntos negros sobre fondo blanco (Dombate, La Coruña).

De cualquier modo, podemos afirmar que una de las características básicas del Arte Megalítico es el predominio cuantitativo de las formas geométricas frente a aquellas que pueden ser reconocidas o “claramente” identificables, como serían las figuras humanas y los animales; esas formas geométricas suelen cubrir la superficie disponible del orostato, repitiendo el mismo o parecido motivo por toda la pared. Pero en contadas ocasiones surgen conjuntos menos monótonos y hasta incluso es factible hablar de escenas.

  • CRONOLOGÍA E INTERPRETACIÓN

En relación a la cronología de estas manifestaciones artísticas, parece claro que, en función de los soportes utilizados, abarcarían un espectro temporal acotado entre la fecha de la construcción del edificio hasta la actualidad. Esto ayuda a establecer comparaciones con otras versiones figurativas prehistóricas sincrónicas.

En otro orden de cosas, es conveniente tener en cuenta que la propia construcción megalítica monumental, y el ritual de enterramiento colectivo, desarrollada entre el Neolítico Avanzado y Calcolítico, mantiene de manera intrínseca unos valores que podemos resumir en su carácter delimitador del territorio, como montaña artificial producida por el túmulo, fenómeno necesario y consecuencia de la extensión de la agricultura que lleva consigo la apropiación de la tierra y el sentido del control del territorio, de modo que la tumba donde están los antepasados que han trabajado esa tierra permite legitimar la propiedad y el uso de la misma para sus descendientes.

Los rituales de enterramiento deducidos de los registros arqueológicos y su interpretación plantean ciertas actividades “comunales” en el exterior del monumento y el acceso al interior de unos pocos, quienes arrinconarían los restos humanos preexistentes para depositar al nuevo difunto junto con su ajuar funerario.

Quedaría suficientemente explicitado que tanto el arte parietal que acoge el interior de las tumbas como las “ofrendas” mobiliares abandonadas en ellas expresarían un sentido relacionado, de una u otra manera, con la muerte.

Los estudios de Bueno y Balbín profundizan aún un poco más en el universo simbólico. Según estos autores, en el arte contenido en los megalitos se constatan tres temas básicos tremendamente recurrentes:

  1. Antropomorfo – Presentan una acusada variabilidad morfológica que a veces no tiene parangón con el resto de las figuras humanas esquemáticas normalizadas y plasmadas en otros soportes, siendo sus combinaciones más usuales con otros temas las siguientes: antropomorfo-cazoleta, antropomorfo-serpentiforme, antropomorfo-cuadrúpedos y antropomorfo-armas. Las figuras humanas sobre losas verticales suelen aparecer en el lugar prioritario de la cámara y cuando son esculturas o estelas se colocan en la entrada tanto de la cámara como del corredor, además de actuar como hitos exteriores que presiden la necrópolis.
  2. Serpentiforme – Directamente se interpreta como serpiente. Su enorme presencia en la iconografía megalítica evidenciaría una fuerte connotación funeraria y cabría ponerla en relación con una mitología de renovación entre vida-muerte o de la fertilidad de la tierra; es decir, renovación de la tierra producida por la agricultura. Puede también asumir un sentido protector de la propia tumba y de los sujetos depositados en ella.
  3. Cazoletas – Son asimiladas a los diseños de estelas o solares, puesto que en varios sepulcros los “rayos” que identifican a esos motivos parten de cazoletas o cúpulas, en ocasiones coloreadas internamente de rojo.

Esos elementos decorativos manifiestan un código funerario, el código se transporta a las losas verticales justo en el momento se su construcción, ya que las asociaciones temáticas y su ubicación en el espacio interno así lo confirman. Esa distribución iconográfica posee un sentido simbólico, sujeta a un eje que determina una línea fuera-dentro y jerarquizado en el espacio funerario. En esencia, la codificación supone que los antropomorfos ocupan la pared frontal de fondo de la cámara y los demás motivos se reparten por el resto del lugar.

Menhir de Navalcán (Toledo, España).

Pero estos autores entienden que el Arte Megalítico presenta dos versiones en función de su localización: una externa y otra interna. La modalidad interna o grafías intra mantendrían un componente oculto al no poder ser visto habitualmente por el común de los mortales. Las grafías extra o modalidad externa tomarían un carácter público dada su posibilidad de ser contempladas por muchos miembros de la comunidad.

Las imágenes demarcan el territorio, los espacios por donde la gente transita son marcados por los distintos tipos de motivos, los cuales lógicamente serían reconocidos por todos los individuos de esa sociedad.

MÁS EXPRESIONES ESQUEMÁTICAS

  • ESQUEMÁTICO NEGRO SUBTERRÁNEO

El término Esquemático Negro Subterráneo es totalmente convencional, aunque describe de manera fehaciente las peculiaridades de la variante artística que vamos a comentar. En un primer estadio de aproximación sería lícito asimilarlo al complejo de cavidades adscritas al Esquemático-Abstracto, sobre todo a tenor de su ubicación en grutas, probable funcionalidad mortuoria y técnica de trazos carbonosos negros. Sin embargo, una serie de razones hacen que convenga desestimar el intento, como es una cronología más reciente de la mayoría de los lienzos subterráneos esquemáticos-abstractos así como las nítidas diferencias en el orden temático entre los motivos negro-subterráneos y esquemáticos-abstractos.

Las estaciones reconocidas en la actualidad quedan limitadas a unas pocas cavidades en Andalucía en las localidades de Granada, Córdoba y Málaga. Destacan la Cueva del Agua (iznalloz), Cueva de la Murcielaguina (Priego de Córdoba), Cueva de Nerja (Málaga) y La Pileta de Benajoán (Málaga).

En La Pileta es donde el Esquemático Negro Subterráneo explaya toda su capacidad figurativa, de tal modo que no tiene parangón con ninguna de las cavidades conocidas hasta nuestros días; sus lienzos recorren más de 300 metros de galerías superiores y otro centenar más por tramos inferiores.

Cueva de la Pileta (Benaoján, Málaga).

Las figuras del negro-subterráneo no se ciñen sólo a las paredes sino que invaden todas las superficies y relieves que configuran el paisaje. En el aspecto técnico todas las figuras reflejan una acusada homogeneidad, fruto de haber sido trazadas probablemente con un tizón de madera quemada, lo cual dota a los motivos de una coloración muy densa y de textura grasienta.

Como se ve, a pesar de compartir ciertos rasgos con el horizonte esquemático pintado el Negro Subterráneo diverge considerablemente de aquél en cuanto a técnica, soporte, extensión de las composiciones y elaboración de temas hasta ahora poco o nada documentados.

  • ESQUEMÁTICO-ABSTRACTO

Bajo este epígrafe agrupamos varias decenas de yacimientos, la mayoría bastante dispares entre sí, pero que pueden ser encasillados en un único bloque atendiendo a ciertos caracteres comunes.

Los motivos artísticos fueron confeccionados sobre todo por medio de sistemas sustractivos, entre los que destacan los grabados de sección en V, en U y hasta piqueteados. En otras cavidades usaron los colorantes negros para la producción gráfica rupestre, habiendo incluso otras cuevas en las que conviven ambos procedimientos de pinturas y grabados.

Desde una perspectiva temática, algunos de los arquetipos plasmados pueden cotejarse con temas registrados a través de la Pintura Esquemática Típica, más que nada los antropomorfos y cuadrúpedos, pero sin embargo la gran mayoría de ellos obedecen al universo geométrico o abstracto: zigzags, ángulos, retículas… por ello resulta muy difícil establecer una tabla de diseños normalizados que englobe todas las posibilidades plásticas y en la actualidad prácticamente cada cavidad disfruta de un análisis tipológico o morfológico.

Grabados de Cueva Maja (Muriel de la Fuente, Soria).

Hoy por hoy, la distribución geográfica de las cavidades que mantienen esta clase de expresiones parietales queda restringida a las áreas castellano-leonesa y cantábrica, en particular en Segovia, Soria, Burgos, Álava, Vizcaya, Navarra y Cantabria.

Un número apreciable de cavidades conservan aparte de los paneles pintados-grabados evidencias de inhumaciones humanas, acompañadas a veces de artefactos a modo de ajuar y otros vestigios que inducen a pensar que en las profundidades cársticas se llevaron a cabo distintas actividades de índole cultural. La mayor parte de los autores tienden a poner en relación directa los hallazgos materiales con las expresiones parietales, de ahí que su interpretación adquiera siempre un cariz funerario.

  • GRUPOS DE GRABADOS AL AIRE LIBRE

Vamos a considerar en este último epígrafe aquellos esquemas grabados que permanecen a la intemperie y cuyos autores fueron sin ningún género de dudas gentes de épocas prehistóricas. Sobre todo nos detendremos en los conjuntos de Petroglifos Gallegos y Grupo del Tajo.

Los Petroglifos Gallegos también recibes otros nombres y son un conjunto de grabados muy uniformes en cuanto a técnica, estilo, temática y localización. Los soportes más corrientes usados para la plasmación son los afloramientos graníticos, que tachonan el paisaje a modo de abultamientos de rocas, dejando por lo común superficies abombadas sobre las que se graba. Esta característica de las superficies impide obtener lienzos verticales y por eso habitualmente los emplazamientos artísticos aparecen den disposición horizontal, de ahí el término de “Santuarios Horizontales”.

Pedra da Boullosa (Boullosa, Baltar).

Respecto a la técnica, parece que la propia morfología y litología del soporte forzó el uso del grabado, el cual casi siempre adquiere la modalidad de piqueteado, aunque a veces tenemos hasta bajorrelieves. A nivel temático el repertorio no es muy variado, percibiéndose usualmente un ambiente que nada tiene que ver con lo figurativo. Se suelen distinguir dos grupos: motivos geométricos y naturalistas.

En cuanto a los aspectos interpretativos, desde la Arqueología del Paisaje el estudio de varios conjuntos ha desembocado en conclusiones relevantes. Bradley, Criado y Fábrega detectaron que la situación de los distintos tipos de petroglifos estaba en estrecha relación con la ubicación de los recursos de la zona, luego las grafías señalan el acceso a recursos particulares insertos en un sistema subsistencial en cierta medida itinerante. Villoch ha completado el panorama al demostrar la intervisibilidad de los lugares con cazoletas y los túmulos.

El Grupo de grabados del Tajo-Guadiana siempre ha sido entendido como un ciclo u horizonte artístico muy original, en el que las composiciones están presididas por las figuras geométricas y una escasa presencia de imágenes humanas, las cuales suelen ir acompañadas de diseños zoomorfos. Estas figuras pueden estar realizadas siguiendo diversas preferencias estilísticas. Podemos distinguir los siguientes motivos concretos:

  1. Antropomorfos
  2. Zoomorfos
  3. Esteliformes
  4. Imágenes con base circular – Serían toda una serie de motivos cuyo elemento fundamental es una figura geométrica curva así como círculos simples o complejos.
  5. Otros – Representaciones minoritarias y poco significativas.

Todas estas imágenes surgen en el mismo cauce de los ríos citados y están fabricadas con técnicas de piqueteado, sobre peñas o plataformas horizontales.

BIBLIOGRAFÍA

SANCHIDRIÁN, J.L. (2012): Manual de arte prehistórico. Ed. Planeta S.A., Barcelona. pp. 439-513.

El Neolítico: los estilos Macroesquemático y Levantino

CONTEXTO HISTÓRICO

El término Neolítico supone un cambio radical en la forma de entender la vida respecto al sistema de subsistencia mantenido en el Paleolítico. Desde el Paleolítico Inferior hasta los inicios del Holoceno los grupos humanos que habitaron la Península Ibérica sobrevivieron sin ningún problema carroñeando, recolectando, cazando y pescando durante al menos alrededor de un millón de años. El sistema fue bastante eficaz y la cantidad de miles de años que estuvo vigente así lo avala.

Sin embargo, la reciente invención del Neolítico conlleva la producción de alimentos a través de la domesticación, es decir, la manipulación genética o selección artificial de plantas y animales así como la eliminación de grandes extensiones de bosques y la elección de un domicilio fijo o sedentarización para habitar.

Para llevar a cabo la economía de producción es necesario el desarrollo de nuevas tecnologías. Dos de las innovaciones técnicas que han actuado tradicionalmente como fósiles directores, para marcar s los prehistoriadores la presencia de sociedades neolíticas, han sido la aparición de la cerámica y los instrumentos de piedra pulida. Es ahora con la adopción de la agricultura y la ganadería cuando se hacen casi imprescindibles y tremendamente útiles.

Agricultura, ganadería… ejemplo de una aldea neolítica.

La sedentarización y la concentración de población junto con la necesidad de control de los cultivos y el ganado desembocarán en nuevas estructuras sociales, cambios sustanciales de las mentalidades, una religión con base agropecuaria y manifestaciones artísticas novedosas.

En la expansión del Neolítico no sólo viaja la manera de producir alimentos sino que también lleva consigo lo que se conoce como “paquete neolítico” que porta un amplio acervo de elementos nuevos conformadores de la cultura material y el mundo ideológico. Uno de esos elementos es la cerámica, la cual ha caracterizado arqueológicamente el advenimiento de los primeros neolíticos. Estos primeros campesinos están provistos de cacharros cerámicos muy peculiares, pues fueron decorados de forma muy profusa a través de la impresión de los labios.

En una segunda etapa, las técnicas decorativas de las cerámicas abandonan de forma progresiva la impresión de conchas para ser sustituidas por las de ciertos instrumentos de extremo dentado, dando lugar a la fase clasificada como Epicardial. Con posterioridad pierden protagonismo las impresiones y dominan los motivos confeccionados con incisiones y acanaladuras para terminar en una última fase donde van desapareciendo las decoraciones y alcanzando vigor las formas lisas.

La mayor parte de estos territorios ya estaban ocupados por otras comunidades cuando llegaron los neolíticos. Hasta estas fechas en la zona oriental de la Península Ibérica viven los grupos humanos del Epipaleolítico Geométrico, con una economía basada en la tradición cazadora-recolectora. La llegada de los neolíticos tuvo que suponer un importante choque cultural.

ARTE MACROESQUEMÁTICO

El Arte Macroesquemático es un tipo de expresión rupestre descubierto, caracterizado y definido hace relativamente poco, a principios de la década de los ochenta. El vocablo que lo designa ha sido objeto de numerosas propuestas y debates, pero en la actualidad el término acuñado por sus descubridores ha terminado por implantarse.

  • SOPORTES, TÉCNICAS Y TEMAS

Los soportes rocosos son siempre pequeños abrigos calcáreos iluminados con facilidad por la luz diurna y situados en los cauces fluviales interiores de las sierras alicantinas. Los motivos figurativos abarcan toda la superficie o el espacio y cuando el abrigo es de mayores dimensiones están colocados en la zona central.

La técnica de ejecución es bastante monótona, únicamente se utiliza la pintura, de tonalidad roja, de textura densa y aplicada tal vez con una especie de muñequilla, lo cual produce un trazo muy ancho. Las medidas de los motivos individuales alcanzan cifras en torno a los 100cm. Lo que más llama la atención del Macroesquemático son sus temas nada diversificados y muy estereotipados. Toda la temática gira alrededor de la figura humana pero con unos caracteres muy singulares.

Antropomorfos – Son asexuados, ninguna de las figuras detalla de forma evidente algún atributo sexual secundario que permita la diferenciación de género, y hasta en varios casos resulta difícil decidir si el motivo en cuestión se trata realmente de un diseño humano. El sujeto estaría en visión frontal creado con un grueso trazo recto vertical que plasma el cuerpo, en cuyo extremo superior se adosa un gran círculo para indicar la cabeza. Algunas imágenes poseen brazos que casi en todas las ocasiones se dirigen hacia arriba en actitud de oración.

Abrigo V (Pla de Petracos, Alicante).

Serpentiformes – Otro de los temas más peculiares de este arte rupestre, presentando variantes: a) los de apéndices terminal, b) los horizontales o con menos detalles y c) los zigzags verticales. Los primeros son los más abundantes y originales, consisten en trazos continuos que ascienden ondulantes por la pared, los extremos superiores acaban en unos cuantos apéndices como figurando los dedos. Los horizontales son muy escasos pero desarrollan amplias ondulaciones con apretadas líneas de hasta seis trazos. Los zigzags verticales están muy debatidos en cuanto a su filiación a uno u otro horizonte rupestre posglaciar.

Abrigo II (La Sarga, Alcoy).

Puntuaciones y barras – No conforman por sí mismas ningún papel, si no que siempre van asociadas a los individuos o los serpentiformes, como elementos complementarios.

  • DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA

La distribución territorial de estos temas queda muy limitada pues los conjuntos sólo han sido localizados en un sector muy concreto del noreste de la provincia de Alicante y tal vez al sur de la de Valencia. Contamos con poco más de una decena de enclaves que contabilizan cerca de la veintena de abrigos.

  • CRONOLOGÍA Y SIGNIFICADO

Cuando en 1980 fue descubierto el arte rupestre de Pla de Petracos no existía en el corpus prehistórico europeo algo similar con lo que se pudiera cotejar. Casi la totalidad de los vestigios rupestres localizados en la Península estaban encuadrados en alguno de los horizontes artísticos sistematizados por aquel entonces. Pero la iconografía macroesquemática impedía que fuera encasillada automáticamente en cualquiera de estos estilos, con lo cual se llegó a la asunción que correspondía a las evidencias de un nuevo tipo de expresión rupestre.

Una vez aislado el Macroesquemático como arte original, quedaba la cuestión de su cronología puesto que permanecía sobre los lienzos rocosos totalmente descontextualizado de todo indicio arqueológico y, por tanto, imposible de datar.

En 1974, Fortea entra en el debate aportando la información proporcionada por su análisis de los complejos epipaleolíticos peninsulares. Este autor examina directamente varias estaciones de Arte Levantino que mantenían superposiciones técnicas entre distintas imágenes, con el propósito de establecer y verificar la cronología relativa o el orden de ejecución de las figuras.

Javier Fortea Pérez.

Pero los hallazgos del Macroesquemático y sus superposiciones demostraban que este nuevo arte también era anterior al Levantino y por supuesto posterior al Paleolítico, de manera que no había otra opción que meterlo a la par que el Lineal-Geométrico remontándose por ende a fechas epipaleolíticas.

Tras el perfecto encuadre del Macroesquemático en el Neolítico Antiguo, todos los demás estilos rupestres pospaleolíticos debían ser recolocados. Acorde con esto, tendríamos que el Levantino es posterior, o a lo sumo contemporáneo, y que hay un horizonte más antiguo que el Levantino que pinta zigzags similares a los del Macroesquemático, pero más pequeños.

Ya sabemos las fechas en las que se origina el Arte Macroesquemático y la cultura que lo plasma, pero nos gustaría indagar en su significado. En este sentido está claro que esas representaciones rupestres y vasculares deben de responder a ideologías generadas en el seno de sociedades productoras y estas sociedades campesinas desarrollan cosmogonías relacionadas con la fertilidad de los campos y la ganadería.

Para los investigadores, los antropomorfos serían el fundamento de las composiciones de los lienzos rocosos y de las superficies cerámicas, quienes podían ser entendidos como ídolos. Por lo común, estas imágenes son asexuadas, pero un ejemplar sobre cerámica tiene entre las piernas la impronta del ápice de una concha y parece indicar la figuración de una vulva, si esto fuera cierto estaríamos ante un divinidad femenina vinculada con la fertilidad. De cualquier manera el Arte Macroesquemático es la prueba más evidente de la nueva religiosidad neolítica ligada a preocupaciones de tipo agrícola, adquiriendo estos yacimientos el carácter de santuarios.

ARTE LEVANTINO

El término Arte Levantino posee referentes geográficos y puede conducir a error, pues en principio haría alusión a las manifestaciones artísticas de un área física concreta de la Península Ibérica. Hoy, la distribución global del Arte Levantino abarca todo el arco mediterráneo, desde las actuales provincias de Huesca hasta Almería o Jaén, lo que hace que su denominación no sea muy apropiada.

El vocablo fue acuñado por Breuil en los inicios del siglo XX, cuando comenzó a aparecer en las zonas más orientales del territorio español un arte rupestre naturalista con algunas diferencias respecto al clásico arte parietal franco-cantábrico.

  • SOPORTES Y TÉCNICAS

Los soportes empleados por los artistas del Levantino vienen a ser de nuevo los abrigos rocosos de escasa profundidad y por tanto suficientemente iluminados por la radiación solar diurna. El nivel de accesibilidad a los propios abrigos pintados es muy variado, pero por regla general los pintores pudieron llegar a los lienzos sin mucha dificultad.

Muchos de los abrigos han acogido a lo largo del tiempo distintas composiciones del mismo estilo levantino en sus diferentes fases y otras veces éste reutiliza los pintados por los neolíticos puros con los motivos macroesquemáticos, e incluso hasta cierto punto es muy habitual que las figuras levantinas convivan con imágenes de otros horizontes pictóricos posteriores. Esta situación ha propiciado hablar de la “sacralización” de esos espacios.

El Arte Levantino se entiende como un fenómeno de montaña o de interior, con muy pocas excepciones localizadas próximas a la línea de costa. Las superficies de las cuevas son utilizadas directamente sin ningún tipo de preparación previa. No ha sido percibida una elección especial de los espacios del abrigo, pues las figuras están emplazadas indistintamente en cualquier sitio de la oquedad.

La técnica es esencialmente un arte rupestre pictórico. El colorante está aplicado en estado líquido y los colores básicos usados son el rojo, el negro y el blanco. El rojo domina todo el conjunto de estaciones, el negro recorre toa el área geográfica pero con cantidades muy bajas, y el blanco es exclusivo del Albarracín.

Las condiciones de interperie provocan en ocasiones modificaciones físico-químicas de los pigmentos que dan lugar a transmutaciones del color, sobre todo de rojo a negro. Estas circunstancias son muy espectaculares o sorprendentes cuando se producen en una única figura si el proceso no ha concluido.

La aplicación del color ha sido una de las cuestiones que más admiración ha suscitado ante la contemplación de un panel levantino, puesto que el dominio y maestría del trazo fino conducen a detalles realmente sorprendentes que debían haber sido hechos con pinceles de hasta un solo pelo, lo que se calificaba como trazo caligráfico. Pero los análisis llevaron a la conclusión que ese minucioso instrumento nada más era una pluma de ave.

El concepto técnico de tinta plana es la característica tecno-estilística básica que ha definido tradicionalmente al Arte Levantino. El procedimiento del relleno total de las figuras pasa por dos estadios: el perfilado del contorno de la imagen y posterior relleno del interior, que puede ser homogéneo o listado. El primer recubre el espacio delimitado por el contorneado totalmente, el segundo son trazados que rellenan.

Viñas diseñó un esquema de las técnicas pictóricas pospaleolíticas que nos puede servir para sintetizar de forma muy gráfica todo lo que hemos comentado en el párrafo anterior respecto a las técnicas levantinas. Alonso y Grimal dice que la técnica del Levantino es uniforme.

El formato de las figuras, en general, es muy pequeño. Las cifras medias de tamaño se mueven entre los 25 y 15cm. Por otro lado, parece existir un tratamiento técnico estilístico diferenciado en función de los temas. Así, los animales serían naturalistas (y a veces realistas). Los hombres, en cambio, suelen ser pintados de forma estilizada.

Los temas de este horizonte artístico se combinan en los soportes para articular escenas, siendo las más numerosas las referidas a las actividades de caza. En las composiciones se conjugan figuras de herbívoros y sujetos humanos, los cuales están sometidos a un fuerte dinamismo que puede llegar a ser trepidante. La temática se limita a figuras humanas y animales.

  • TEMAS Y COMPONENTE ESCÉNICO

ZOOMORFOS – La variedad de especies representadas no es muy elevada, todo el bestiario levantino está dominado por cinco prototipos faunísticos: cabras, ciervos, bovinos, jabalíes y caballos. No obstante los dos primeros son los más abundantes. En ocasiones pueden intervenir otros seres, como cánidos, aves, conejos o insectos, aunque siempre serán minoría.

Habitualmente los animales suelen ser el centro de la composición, pero en casi todos los casos como víctimas y supeditados a los personajes humanos, quienes los otean, persiguen, acosan, derriban, etc. Los diferentes zoomorfos adoptan multitud de posturas, algunas muy expresivas y captadas como en una fotografía. Según los estudios de Alonso y Grimal todos los cuadrúpedos se construyen en función de tres estructuras morfosomáticas:

  1. Tanto el dorso como el vientre del animal lo conforman líneas rectas y las proporciones entre las extremidades y el tronco son similares, de manera que a nivel global el espécimen define una estructura rectangular.
  2. La línea dorsal es recta y la ventral converge con ésta hacia las patas traseras, por lo que el tren delantero es mucho más potente o masivo que el trasero.
  3. El trazado abdominal converge hacia las extremidades delanteras, desplazándose ahora la masividad corporal hacia los cuartos traseros.
  • Los ciervos machos son los animales que más detalles tienen ya que se les dibujan de manera depurada desde las astas hasta las pezuñas.
  • Con las cabras se preocuparon menos de engalanarlas con demasiados detalles, sólo marcan bien las cuernas hacia atrás y muchas veces las orejas. Adoptan las posturas más disparatadas y variadas.
  • Los bovinos ostentan tamaños considerables, siendo la especie animal que mayores dimensiones posee de todo el bestiario levantino, aunque también hay casos muy pequeños. Son de cuerpos macizos y se les detallan más que nada las astas.
  • Los équidos nunca disfrutan de un abrigo para ellos solos y los pintores no pusieron mucho empeño en dotarlos de demasiados detalles.
  • Los cánidos son muy raros en todo el repertorio iconográfico y suelen surgir agrupados en manadas.
  • Las aves son excepcionales, siendo sus especies muy problemáticas de clasificar por ausencia de atributos anatómicos precisos.
  • Los insectos son muy difíciles de determinar e identificar. La mayoría de las veces están figurados con trazos minúsculos en agrupaciones numerosas, como en un ejambre.

Bovino (Villar del Humo, Cuenca).

ARQUEROS U HOMBRES – Las figuras masculinas vienen definidas básicamente por la imagen de individuos que portan arcos en distintas actitudes, de ahí el genérico de arqueros. Pero también tenemos otros sujetos que carecen de ese instrumentos y ofrecen muy marcados rasgos sexuales masculinos.

Desde los primeros momentos de la investigación del Arte Levantino quedó de relieve la amplia diversidad morfológica que manifestaban las figuras humanas masculinas, fenómeno que condujo a la elaboración de tipologías formales. Obermaier hizo una clasificación de los arqueros en paquípodos (naturalistas con piernas gruesas y tórax corto), cestosomáticos (muy estilizados o alargados de tórax triangular) y nematomorfos (estilización máxima con simples líneas menos la cabeza).

Hoy esas terminologías han caído en desuso y los autores tienden a describir tan sólo dos tipos de figuras: filiformes (trazos delgados) y naturalistas (con la anatomía más o menos detallada).

Arquero (Valltorta, Castellón).

Aun así consideraremos conveniente incluir los análisis de Alonso y Grimal por resumir de manera muy gráfica la enorme variedad formal de las figura en cuestión. Así pues, en primer lugar se pueden despejar tres tipos de humanos: I) la línea cabeza-tórax es mucho más larga que el tramo cadera-piernas, II) el inverso, caderas-piernas es muhco más largo que cabeza-tórax, III) ambos eje permanecen equilibrados o similares. Estos autores agrupan las imágenes masculinas a tenor del detalle de d las formas anatómicas:

  1. Personajes con tórax triangular y piernas muy desarrolladas pero con exagerada representación de la masa muscular.
  2. Cuerpo también triangular pero extremidades sin expresión muscular.
  3. Cuerpo recto y musculatura en las piernas.
  4. Sin detalles anatómicos ni en el cuerpo ni en las piernas.

Parece claro que las múltiples posturas adoptadas por los cuerpos de los arqueros obedecen a las numerosas actividades que realizan con el arco, que en síntesis pueden resumirse en la acción de tensar para disparar, portándolo pegado al cuerpo a la altura de la cintura o levantándolo en actitud de triunfo o danza. El uso del arco determina en cierto grado las conductas de la mayoría de los hombres pintados. El tamaño y la forma del arco son muy variados.

El complemento del arco son las flechas, las cuales casi siempre están dibujadas con el arco cargado y tenso, pero también aparecen agrupadas en haces junto al propio arquero y dejadas en el suelo. Los arqueros suelen estar desnudos la mayoría de las veces.

FIGURAS FEMENINAS – Las mujeres del Levantino son más escasas que los hombres o arqueros. Las figuras femeninas se identifican por sus siluetas curvas y caderas redondeadas, pero también por ir vestidas con faldas largas, ya que algunos de esos prototipos son incuestionablemente femeninos al estar provistos de los correspondientes senos. El hecho de mostrar el cuerpo vestido impide en la mayoría de los ejemplares percibir otras partes de la anatomía.

Alonso y Grimal, frente a los 17 prototipos de los arqueros, sólo contabiliza cuatro respecto a los personajes femeninos:

  1. Corresponde a mujeres confeccionadas a partir de tres ejes: uno vertical que delimita el tramo cabeza-tronco y otros dos para las piernas abiertas en ángulo agudo.
  2. Parecido al anterior pero de mayor número de grados sin llegar a ser recto.
  3. Extremidades en ángulo muy agudo y eje cabeza-tórax inserto de manera oblicua o inclinada.
  4. Lo definen cinco ejes: cabeza-tronco tendente a la verticalidad del que arrancan la dos piernas flexionadas en ángulos similares.

De estas cuatro modalidades, las mujeres de pie y estáticas (tipo A) son las que mayor número de veces fueron representadas, con un porcentaje cercano al 70% del total. El tipo C está cuantitativamente muy distante, rondando el 20% y está repartido por todas las regiones. El tipo B se encuentra en los sectores meridionales. El de menor frecuencia y localizado en Castellón y Alicante es el tipo D.

Danza de Cogull (Abrigo de Cogull, Lleida).

Quizás existiría un arquetipo para figurar a las mujeres levantinas, a tenor de la abundancia y la generalización de los caracteres descritos por el tipo o concepto A. Así pues, la postura general de las mujeres en los paneles pintados es poco dinámica, pudiéndose tan sólo entrever cierto movimiento cuando nos fijamos en la colocación que adoptan los brazos.

Por otro lado, también llama la atención la ausencia aparente de disposición escénica de las mujeres levantinas, frente a la enorme versatilidad y facilidad de conformar escenas de los hombres.

En función de la morfología global, Alonso y Grimal diferencia tres tipos primarios de faldas en las mujeres levantinas:

  1. De caída recta, lisa, ajustada a la cadera y hasta las rodillas. a) una primera variante mostraría un exvasado ligero en su parte baja, b) una segunda es exclusiva del yacimiento de Cogul y posee dos puntas colgantes en los laterales, c) la última modalidad incluiría aquellas prendas que no sobrepasan las rodillas.
  2. Serían faldas que presentan un diseño triangular. a) esta variante imprime mayor vuelo y volumen, b) no tapa las rodillas, c) sobre la altura de las rodillas pero con los bordes apuntados.
  3. Es muy escaso y corresponde a faldas de grandes vuelos.

Cada tipo de falda obtiene una distribución territorial desigual o singular. Al margen de esto, en los personajes femeninos destaca la forma de las cabezas, casi siempre de estructura triangular que alude a un corte de peinado análogo a una melena corta, aunque en ocasiones esas cabezas triangulares llegan a alcanzar tamaños desmesurados en relación al resto del cuerpo. La “coquetería” femenina en base a los adornos personales apenas está plasmada en el Levantino, puesto que sólo podemos atisbar unos colgantes a modo de flecos.

OTROS TEMAS – Existen otros temas mucho más escasos que los hasta ahora comentados, pero que complementan las acciones expresadas pos los anteriores; serían suplementos añadidos para apoyar a los protagonistas que intervienen en las escenas compartidas por animales y humanos. En esta situación estarían las imágenes vegetales, representaciones del suelo o relieves naturales.

  • Los temas vegetales nítidos componen un colectivo bastante escueto, figurarían árboles, ramas sueltas y diseños ramiformes en general. Debido a la carencia de rasgos concretos, es muy problemático asegurar la especie vegetal de que se trata.
  • Las huellas de pisadas de los cuadrúpedos o rastros de sangre están hechas por medio de un par de tracitos cortos con motivo de U o V indicando la típica pisada de las pezuñas. Normalmente un animal aseteado aparece al final del trayecto y en el otro extremo se suele colocar a un individuo que rastrea las huellas.
  • Los elementos del paisaje o suelos los definen líneas continuas pintadas, sobre las que están aposentados tanto animales como personas o tras las que se ubican los arqueros para protegerse del ataque de otro grupo.
  • COMPONENTE ESCÉNICO

El Arte Levantino asume en sí un fuerte componente narrativo, materializado por multitud de escenas en donde intervienen animales y personas. Pero las escenas no son tan diversificadas como se piensa en una primera aproximación, ya que manifiestan actividades muy concretas a pesar de su variabilidad formal.

Las escenas de caza corresponden al tipo de composición más abundante del Arte Levantino y se muestran suficientemente evidentes al espectador. Junto con las escenas de caza aparecen otras muchas ante las que no encontramos con graves problemas interpretativos.

ESCENAS CINEGÉTICAS – Las escenas de caza son las más frecuentes en el arte rupestre que tratamos, tanto es así que casi todos los autores que han estudiado el tema están de acuerdo en afirmar que caracterizan la iconografía del Arte Levantino. Están compuestas por animales y arqueros, los cuales persiguen, otean, acorralan o acribillan a los distintos animales.

Son muy comunes las escenas de caza individual donde un único personaje armado se enfrenta a uno o varios cuadrúpedos, lo clásico es que el arquero esté pintado con la flecha preparada para ser disparada contra el espécimen faunístico. Las partidas de caza en parejas también están presentes: dos arqueros se disponen de formas diversas para atrapar a los herbívoros.

Escena de caza (Valltorta, Castellón).

No queda muy clara la existencia de grupos de caza integrados por tres arqueros y donde se contabilizan cuatro sujetos podrían ser grupos de dos. Pero encontramos paneles donde intervienen un número considerable de individuos. En varios sectores del Torcal de las Bojadillas (Albacete) encontramos unos veinte arqueros enfrentados a un ciervo.

ESCENAS VIOLENTAS ENTRE HUMANOS – Es factible recoger un conjunto de escenas compuestas por arqueros que dirigen sus armas no a los animales sino a otros arqueros o grupos humanos. Tendríamos que establecer dos tipos distintos en virtud de la actitud de los individuos: así tendremos escenas con enfrentamientos entre grupos opuestos y escenas de ejecución.

Las escenas nítidas de enfrentamientos entre dos colectivos de arqueros son muy escasas pero significativas, incluso entre ellos se podrían diferenciar a los grupos de contrincantes o las jerarquías militares en función a los adornos.

Abrigo de Les Dogues (Ares del Maestre, Castellón).

Mención aparte merecen las escenas de ejecuciones. En ellas contemplamos a un supuesto pelotón de arqueros que disparan o acaban de hacerlo sobre determinados personajes.

ESCENAS DE TAREAS DIVERSAS – En el repertorio escénico del Levantino existen unas cuantas composiciones que fueron interpretadas como de laboreo, actividades cotidianas, agricultura y pastoreo, domesticación de animales o recolección. En cada una de estas interpretaciones subyace el interés de dotar con un matiz crono-cultural a las figuras de los abrigos, puesto que si hablamos de tareas agropecuarias los autores de las obras estarían proyectando una clara economía de producción y, por tanto, serían neolíticos. Es muy difícil asegurar categóricamente la actividad que están desempeñando los diferentes motivos y por esa razón la escena en sí ofrece escaso valor cronológico.

De todo el acervo de composiciones encuadradas en este apartado, una de las más nítidas es la de vareo de La Sarga (Alicante) donde se representan dos copas de árboles con sus respectivas ramas, en las que se apoya una vara que porta un personaje situado en un nivel inferior, los golpes propiciados a los vegetales provocan la caída de frutos.

Escalador de La Araña (Bicorp, Valencia).

Por otro lado, hallamos un grupo de figuras humanas que han sido catalogados como muestras de labores agrícolas, aunque reúnen muchas dudas. Al hilo de las actividades de producción hay muchas de domesticación de animales. El ejemplo clásico de pastoreo lo encontramos en un panel de Cañada de Marco (Teruel) en el que hay un supuesto rebaño de cabras rodeando a un personaje humano. Hay otros que plantean la doma o la monta del caballo.

ESCENAS LÚDICAS, SOCIALES O RELIGIOSAS – Aparte de ciertas escenas de ejecución y de enfrentamiento entre humanos, que podrían evidenciar incluso un carácter lúdico o ceremonial, en algunos sitios se pueden ver varios arqueros en fila que nos hablarían de posibles danzas de guerreros, desfiles o marchas.

Indalo (Vélez-Blanco, Almeria).

En otros lugares tenemos enormes agrupaciones de arqueros concentrados de manera casi hacinada. La presencia de escenas de danza parece plausible e interesante. El panel más llamativo se halla en el yacimiento de Los Grajos (Murcia), en el que un conjunto de bastantes mujeres alzan sus brazos en actitudes diversas, recordando a un grupo de bailarinas.

  • CRONOLOGÍA Y ALGO DE INTERPRETACIÓN

La cronología del Arte Levantino es uno de esos temas recurrentes en la bibliografía científica sobre manifestaciones artísticas prehistóricas, tanto que en la actualidad vuelve a resurgir como problema no resuelto de la Prehistoria en la Península Ibérica. Aún no existe un consenso entre los investigadores respecto al desarrollo cronológico de este tipo de expresiones rupestres.

Los hallazgos iniciales están atestiguados desde 1892, pero no será hasta la primera década del siglo XX cuando comiencen a proliferar y a prestársele atención. En 1915 sale a la luz el libro “El Arte Rupestre en España” de J. Cabré, donde el autor separaba pro primera vez dos regiones en la Península en relación al arte parietal: área cantábrica y zona levantina.

Tendremos que irnos a la década de los 40 y los 50 para que investigadores como Martínez Santa-Olalla, Almagro y Jordá resuciten el tema. El primero dota al Levantino de una cronología amplia, pues sostiene que con influencias paleolíticas se desarrolla en el Epipaleolítico y Neolítico hasta el Bronce. Por su parte, Almagro excava y prospecta el espacio de los abrigos de Cogul y Albarracín, detectando industrias líticas adscritas al Epipaleolítico. Jordá mantiene que el arte rupestre levantino no es paleolítico y que, si acaso, sería Neolítico.

Desde antes y a partir de ahora se manejarán una serie de razones y diferencias sustentadas en los rasgos esenciales del Levantino que permiten desgajar este arte de las colecciones de obras paleolíticas, que en resumen podríamos enumerar del siguiente modo:

  1. El soporte a la intemperie frente a las cuevas profundas
  2. Las abundantes escenas levantinas y la ausencia de éstas en el franco-cantábrico
  3. La carencia total de signos en el Levantino contra el derroche de ellos en el Paleolítico
  4. La tinta plana que domina en las cuevas vs las siluetas y detalles anatómicos de las cuevas paleolíticas
  5. La preponderancia de las figuras humanas casi constante en el Levantino y escasa en el Paleolítico
  6. La no existencia de fauna paleolítica en el Levantino

En los años 60 se da un gran cambio de planteamientos, autores y nuevos descubrimientos. Todos los estudiosos de la historiografía del arte rupestre peninsular coinciden en marcar el primer simposio de arte prehistórico celebrado en Wartenstein (Austria) como hito en el debate en torno a las fechas del Arte Levantino, imponiéndose definitivamente las dataciones pospleistocenas para este tipo de pinturas rupestres.

Ripoll establece una evolución del Arte Levantino en cuatro fases:

  1. Fase A Naturalista – Caracterizada por grandes animales correctamente representados.
  2. Fase B Estilizada estática – Su peculiaridad radica en los personajes humanos, quienes están figurados de forma estilizada pero con detalles, adoptando posturas sin demasiada movilidad.
  3. Fase C Estilizada dinámica – Coincidiría con la anterior en los modos de solucionar las figuras masculinas pero ahora se muestran en actitudes que expresan bastante movilidad.
  4. Fase D Transición al Esquemático – Comienzan a desaparecer los detalles para tender a una simplificación de los trazos.
  5. Fase E Esquemática – Horizonte esquemático puro, donde las figuras suelen reducirse a simples esquemas corporales.

De esta manera, tenemos dos posturas fundamentales respecto al origen del Levantino. Por un lado, Jordá afirma que no tiene nada que ver con el Paleolítico y que se iniciaría en el Neolítico. Ripoll postula un nexo con el Holoceno. Para solventar el dilema sería de vital interés hallar un “eslabón perdido”, una cueva que aglutinara a la vez figuras paleolíticas con otras levantinas, y en estos trances fue cuando se descubre la cueva de la Moleta de Cartagena. En este yacimiento había un uro de estilo Auriñaco a cuyos pies estaba la figura de un arquero estilizado y estático.

Al final de la década de los 60 aparece la síntesis de A. Beltrán sobre el Arte Rupestre Levantino. Las propuestas de este autor no desentonan en demasía con las defendidas por Ripoll, aunque incorpora matices nuevos:

  1. Fase I Naturalista – Está compuesta por animales de gran tamaño y de construcción naturalista.
  2. Fase II Plena – Surgen figuras humanas muy poco naturalistas mientras los animales continúan siendo realistas.
  3. Fase III Desarrollo – Las figuras humanas están lanzadas a la carrera y los animales disminuyen el naturalismo pero admiten un movimiento exagerado.
  4. Fase IV Última – En esta etapa se retorna al estatismo, tendencia a la estilización y al esquematismo, introduciéndose además elementos que hacen referencia a las tareas relacionadas con una economía de producción y animales domésticos.

En los años 70 los autores anteriormente mencionados perseveran cada cual sus posturas, incluso radicalizándose. Se incorpora a la discusión J. Fortea. Jordá inicia una serie de estudios novedosos enfocados hacia lo detalles de las escenas levantinas, de donde entresaca cuestiones de carácter religioso, social o económico. Mientras tanto son descubiertos nuevos abrigos y aumenta el número de investigadores.

En los 80 siguen aumentado los investigadores y descubrimientos, pero el más importante de todos es el descubrimiento, identificación y encuadre cronológico del nuevo tipo de arte rupestre denominado Macroesquemático, no sin polémica.

En la actualidad aún no ha sido posible localizar un nivel arqueológico que se pueda poner en relación directa con las pinturas rupestres, a pesar de la presencia de múltiples vestigios de cultura material y algunas ocupaciones documentadas en las inmediaciones y en los mismos abrigos. Las vestimentas y adornos personales de los personajes tampoco nos sirven, ya que la mayoría estarían fabricados con material perecedero.

Como ya es notorio, la actividad con más frecuencia materializada en los abrigos levantinos es la caza, pero esto no quiere decir necesariamente que los autores de las pinturas basaran su economía en la depredación y por tanto fueran epipaleolíticos. La caza tiene un importante impacto durante los primeros momentos neolíticos, aumentando a medida que se afianza en el tiempo la economía de producción. Las escenas sobre tareas campesinas no son todo lo nítidas que cabría desear.

BIBLIOGRAFÍA

SANCHIDRIÁN, J.L. (2012): Manual de arte prehistórico. Ed. Planeta S.A., Barcelona. pp. 367-438.