Los sofistas

Las guerras médicas fueron el acontecimiento más formidable de la historia griega. Los persas habían extendido su imperio, ocupando Asia Menor y destruyendo ricas colonias jonias en la costa, lugares en los que había nacido la filosofía. Muchos griegos, entre ellos filósofos, tuvieron que emigrar a la Magna Grecia (Sicilia), trasladando allí la actividad filosófica. Pero llegó un momento en el que el choque entre persas y griegos fue inevitable, saldándose con la victoria griega. Todo este proceso, las guerras médicas y la victoria griega, originó un profundo cambio en Grecia. Se avanzó hacia la democracia, la ciudad de Atenas se alzó sobre el resto tras la guerra, desempeñando un importante papel, convirtiéndose en centro de una gran liga de ciudades helenas, llegando a ser la capital cultural de Grecia.

Templo de la Concordia en Agrigento (Sicilia, Italia).

Atenas, pues, se convertirá también en un centro de filosofía, pero esta sufrió una profunda transformación. Ante la nueva ola de problemas que atormentaba al pueblo griego, aparecieron en escena los sofistas, que no son filósofos pero tenían una estrecha relación con la filosofía.

La filosofía nunca fue popular ya que los filósofos ponían en cuestión muchas creencias arraigadas y fueron, a veces, perseguidos por ello. Los sofistas, en cambio, tuvieron un enorme éxito porque responden a una necesidad social creada por la nueva situación. Todo se discutía, la gente necesitaba orientación. La democracia, además, hace que sea necesario convencer a los demás, por lo que la retórica se convierte en el arte más cotizado.

Los sofistas se presentan como los que saben. Sofistas es sinónimo de sabio. Sin embargo, el sofista no busca la sabiduría como el filósofo, sino que se presenta en posesión de un saber, un saber acerca del hombre y la humanidad, que son lo único que importa. Ahora los temas morales y políticos se ponen en primer plano.

El problema es que a los sofistas les importaba poco o nada la verdad, solo buscaban el éxito. Iban de ciudad en ciudad vendiendo a alto precio sus enseñanzas. Sus alumnos no querían escuchar nada más que saber cómo salir victoriosos de una disputa, y los sofistas les enseñaban a hacerlo. Frente a esto, Sócrates, Platón y Aristóteles se rebelan y siembran el descrédito de la sofística, acusándolos de falsa sabiduría, debido a que los sofistas pasaban por verdaderos sabios y contaban con más apoyo y favor que los filósofos. Aún así, su función positiva fue la siguiente:

Pusieron de relieve la importancia de la educación, asegurando que la virtud se puede aprender y no es patrimonio de una clase aristocrática. Si cobraban era porque no eran ricos y vivían de su trabajo, algo que escandalizaba a la nobleza.

  • Difundieron ideas cosmopolitas y panhelénicas.
  • Plantearon nuevos temas.
  • Entre los sofistas destacaron, sobre todo, las figuras de Protágoras y Gorgias.

Protágoras.

Protágoras viajó por toda Grecia ofreciendo sus enseñanzas con gran éxito. Ensañaba sobre todo retórica y dialéctica. Es famoso por haber dicho “el hombre es la medida de todas las cosas: de las que son, en tanto que son, y de las que no son, en tanto que no son”. Protágoras decía que las cosas son como a cada uno le parecen, el criterio es el hombre, cada hombre. Escribió un libro titulado Contradicciones o Dobles discursos, que trataba sobre cómo argumentar a favor y en contra de una misma tesis. En materia de religión tenía argumentos a favor y en contra: “por lo que respecta a los dioses, no puedo decir ni que existen ni que no existen; en este tema se tropieza uno con demasiados obstáculos, el asunto es oscuro y la vida breve”. Era por tanto un agnóstico.

Gorgias.

Gorgias, por su parte, también viajó por toda Grecia y llegó a vivir más de cien años, siendo un gran orador y maestro de retórica. Escribió Sobre el no ser o Sobre la naturaleza, cuya tesis principal dice que nada es, si algo fuese sería incomprendido; y si fuera comprendido sería incomunicable. Gorgias negaba que existiera el ser en absoluto, era imaginario. Era un nihilista.

BIBLIOGRAFÍA

AAVV. Historia del pensamiento filosófico y científico. Antigüedad y Edad Media. 1ª Edición. Barcelona: Herder, 2010. pp. 75-83.

PADILLA MORENO, J. Historia del pensamiento antiguo y medieval. 1ª Edición. Madrid: CEF, 2016. pp. 39-43.

Los pitagóricos

Cuando hablamos de los filósofos y la filosofía de esta época, hemos de tener en cuenta que poseemos únicamente unos pocos fragmentos y la mayor parte de la información es indirecta y posterior. Ocurre con casi todos y especialmente con los pitagóricos, a pesar de que fueron una escuela que se prolongó durante siglos.

Pitágoras fundó, en torno al año 530 a.C., una especie de asociación en Crotona de carácter ético-religioso, que se fue extendiendo luego por otras ciudades. Su finalidad era la purificación de sus miembros mediante determinadas prácticas morales y el cumplimiento de unos ritos mantenidos en secreto. Se distinguían de otras asociaciones por prohibiciones como comer carnes o habas, vestir ropa de lana, hablar en la oscuridad o llevar anillos con la imagen de un dios. Creían, además, en la reencarnación de las almas.

Crotona (Italia) hoy día.

Pero, al margen de esto, tenían la convicción de que se debía alcanzar la purificación por medio de la ciencia y la música. Sus ideas filosóficas podrían resumirse en: los números son el principio, origen y consistencia de todas las cosas.

Los egipcios y otros pueblos de la Antigüedad habían cultivado ya las matemáticas pero casi siempre como una ciencia utilitaria, como una técnica para resolver problemas prácticos. Pero los pitagóricos descubren los números como tales, como objetos ideales. Descubren que la naturaleza está regida por los números, por las relaciones matemáticas, que son más permanentes que los mudables fenómenos físicos. Son lo intemporal en medio de los cambios, el modelo ideal de la realidad.

Pitágoras.

Con los pitagóricos empieza a entenderse la filosofía, más que como una saber o una doctrina, como una forma de vida. No será filósofo el que posea una ciencia o saber determinados, sino el que lleve una vida teorética, dedicada a la contemplación. Lo que se contempla es el orden ideal e inmutable del mundo, presente en todas las cosas. A partir de los pitagóricos las cosas dejarán de ser un caos incomprensible e irracional para empezar a ser un mundo ordenado, un kosmos.

BIBLIOGRAFÍA

AAVV. Historia del pensamiento filosófico y científico. Antigüedad y Edad Media. 1ª Edición. Barcelona: Herder, 2010. pp. 45-53.

PADILLA MORENO, J. Historia del pensamiento antiguo y medieval. 1ª Edición. Madrid: CEF, 2016. pp. 20-21.

El problema del arkhé en los primeros filósofos

  • Tales de Mileto

El primero que comenzó a hacerse preguntas filosóficas fue Tales de Mileto, originario de la ciudad más próspera e importante de Asia Menor (Mileto). Tales se preguntó por el principio (arkhé) de todas las cosas: ¿qué es lo que hace que, por debajo del aparente caos de la naturaleza, se observe una unidad? ¿cuál es el principio unificador de la naturaleza? Y la respuesta para Tales es: el agua. La razón es que todo es, en alguna medida, húmedo. El agua está en todo, todo procede de ella y acaba en ella, es la realidad permanente en los cambios.

Ruinas de Mileto (Turquía).

El agua de Tales es un principio activo, generador, en cierto modo divino, que crea vida. Tales decía que el agua está en todas partes, lo anima todo. Tales fue un personaje muy importante en Mileto: ingeniero, astrónomo, financiero y político. Inició en su ciudad la escuela de Mileto que se ocupará fundamentalmente de la naturaleza.

  • Anaximandro

El principal discípulo de Tales fue Anaximandro, que también vivió en Mileto. Se sabe poco sobre él, pero fue un hombre de ciencia e intervino en la vida política. Escribió el libro Sobre la naturaleza, que se considera el primer texto de filosofía. El problema que plantea Anaximandro es el mismo que el de Tales ¿cuál es el principio unificador de la naturaleza? Para él el principio es el ápeiron, que es lo infinito, lo ilimitado, indefinido o indeterminado. El principio de todas las cosas no puede ser ninguna cosa determinada, ha de ser algo indeterminado, que contenga todas las cosas y pueda serlas todas.

Anaximandro en un detalle de La Escuela de Atenas de Rafael.

El ápeiron no es el caso sino que contiene la ley que rige la generación y destrucción de todas las cosas. Para que exista justicia es menester que todo llegue a ser y se destruya. Todo se forma por la separación inicial de los elementos tradicionales: fuego, aire, tierra y agua. Lo más interesante de Anaximandro es que comienza a concebir el principio o arkhé como algo que está más allá de lo mudable y perecedero, más allá de lo sensible y lo particular. Son los comienzos de la metafísica.

  • Anaxímenes

El tercer y último miembro de la escuela de Mileto es Anaxímenes. Según él, el principio de todas las cosas es el aire, porque está en todas las cosas y es indefinido o ilimitado. El aire lo contiene todo y da vida a todo mediante la respiración. Al estar siempre en movimiento da mejor que nada razón de los cambios, que se explican mediante proceso de rarefacción y condensación. El fuego sería aire enrarecido, por ejemplo.

Anaxímenes ya no necesita decir únicamente de dónde proceden las cosas sino que necesita explicar cómo se forman. Es el más lógico y racional de la escuela de Mileto.

BIBLIOGRAFÍA

AAVV. Historia del pensamiento filosófico y científico. Antigüedad y Edad Media. 1ª Edición. Barcelona: Herder, 2010. pp. 37-45.

PADILLA MORENO, J. Historia del pensamiento antiguo y medieval. 1ª Edición. Madrid: CEF, 2016. pp. 16-19.

¿Por qué surge la filosofía precisamente en Grecia?

La cultura griega ha llegado a nuestros días como algo excepcional; la literatura, el arte, la política, el comercio, etc. Su peculiaridad no le vino de su aislamiento sino de todo lo contrario, del comercio con otras culturas del Mediterráneo gracias a su temprana actividad marinera y comercial que le llevaron a establecer colonias comerciales por todas partes (península ibérica, Magna Grecia, Asia Menor).

A este aperturismo se le sumaba un alto grado de libertad política muy superior al resto de pueblos de la Antigüedad. La mayor parte de los griegos vivían en una sociedad urbana, artesanal, industrial y comercial. Además, en la mayor parte de las polis se extendió la idea de que el Estado no consistía en un soberano que imponía su voluntad, sino que el fundamento y principio de la comunidad era la ley. Los griegos estuvieron siempre muy fragmentados, tanto culturalmente como políticamente, debido básicamente a la geografía (costas, montañas, ríos, etc.). Sin embargo, los griegos en su conjunto buscaban por encima de todo lo común, lo válido siempre y para todos los hombres.

A pesar de ser un pueblo religioso, los griegos no tenían escrituras sagradas ni sacerdotes ni teología como otros pueblos. Su religión consistía en una serie de mitos y ritos, con gran diferencia local, pero que tenían un factor común para todas las polis. Aunque contasen con numerosos santuarios, el fondo principal de la religión griega fueron los mitos en los que se narraban las historias de los dioses. Estas historias se repetían en infinidad de relatos, como Teogonía de Hesíodo, o la Ilíada y la Odisea de Homero, estas dos últimas obras se convirtieron en algo así como la Biblia de los griegos.

Los mitos se caracterizaban por su armonía y proporción, por su racionalidad y por presentar una visión íntegra de la realidad. Los dioses, aunque inmortales, son seres de la misma naturaleza de los hombres. Además de la religión oficial existían otras religiones, las religiones mistéricas, procedentes de Oriente y de carácter privado. Consistían en ritos, pero secretos, revelados solo a iniciados.

Este ambiente religioso, racional, libre y de intercambio fue sin duda favorable al surgimiento de la filosofía. La manera de entender el mundo, de explicar las cosas se realizaba a través de los mitos, los cuales contaban cómo había surgido la tierra y la importancia de todo lo que existía en ella. Así explicaban la existencia de estaciones, el origen del mal, etc., sin llegar a tratarse de una explicación racional, todo relacionándolo con los dioses. Pero esta manera de explicar las cosas, en un momento dado, les pareció insuficiente a los griegos.

Los griegos pensaban que, por encima de la voluntad de los dioses, había un orden o destino implacable al que ningún ser, mortal inmortal, podía escapar. Era la moîra. Por otro lado, los griegos vivían en la creencia de que el mundo era eterno y había existido siempre, su existencia no era para ellos un problema. Las cosas presentes se explicaban por las cosas pasadas. El mundo se bastaba a si mismo, era naturaleza. Si las cosas podían provenir unas de otras era porque todas consistían en el fondo en lo mismo, tenían un mismo principio (arkhé).

El hombre griego fue instalando una creencia de que el mundo es inteligible, es decir, que puede ser comprendido o entendido. El hombre tiene la facultad, la inteligencia, para ver la realidad, el ser y de las cosas y comunicarlo. Esto es el logos, la razón.

BIBLIOGRAFÍA

AAVV. Historia del pensamiento filosófico y científico. Antigüedad y Edad Media. 1ª Edición. Barcelona: Herder, 2010. pp. 23-29.

PADILLA MORENO, J. Historia del pensamiento antiguo y medieval. 1ª Edición. Madrid: CEF, 2016. pp. 14-16.

Historia y evolución de las monedas en la Grecia Clásica

La Antigua Grecia se ha caracterizado por muchas cosas, tiene cantidad de símbolos que la representan y que han llegado a nuestros días, gran parte de ellos relacionados con la arquitectura o la escultura. Sin embargo, hay también dos elementos de suma importancia que cierran el palmarés de los símbolos de la Grecia clásica: la moneda y la cerámica.

Aunque el presente texto se centra en la moneda griega, resulta oportuno mencionar brevemente a la cerámica pues está íntimamente ligada al comercio, como la moneda. La cerámica, y clausurando su breve aparición en el trabajo, era indispensable para el transporte y el almacenamiento de parte de la producción agrícola, estando mucha de ella decorada profusamente.

Dejando de lado la cerámica, entramos de lleno en el comercio, el cual ha sido siempre un pilar fundamental en el florecimiento de los pueblos. Gracias al comercio llegaban, tanto a la península como a las islas, influencias de otras culturas, pero su importancia radica, sobre todo, en el intercambio comercial. La Grecia clásica fue una de las civilizaciones más comerciantes de la Edad Antigua y ello se tradujo en un mayor nivel de vida al respecto de otros pueblos. Como bien afirman determinadas publicaciones y manuales, la moneda es el motor del comercio, siendo determinante para la economía y la vida de los ciudadanos, condicionando directamente al Estado. Es el elemento más duradero y continuado de la historia, una serie de piezas a las que se la ha ido otorgando un valor nominal que, en un inicio, distaba muy poco o nada de su valor intrínseco.

Aunque ya en la antigua Babilonia existían pequeñas cuentas de barro a las que se le atribuía un valor nominal, la moneda como tal nació durante el reinado de Ardis II, más conocido como Ardis de Lidia, que reinó entre los años 644 a.C. y 625 a.C. en Lidia, región situada al oeste de Anatolia -actual Turquía- y que abarcó desde el siglo XIV a.C. hasta el VI a.C. gracias al comercio y a la política exterior belicosa de este monarca, estas monedas estaban compuestas de electro -oro y plata-, se extendieron por la zona de Asia Menor, llegando a la península griega a mediados del siglo VI a.C., las monedas tenían grabado un león, el símbolo de los mermnados. Al caer Lidia en manos de los persas tras la batalla de Timbrea y el asedio de Sardes, Ciro II el Grande comenzó a acuñar monedas de oro con la representación de un arquero arrodillado, con un peso de 8,42 gramos.

Mientras tanto, en la península griega, las diferentes ciudades-estado ya consideraban la moneda no sólo un útil para el comercio sino también un símbolo de soberanía, por lo que las ciudades ya habían ideado y regulado la creación de la misma. Durante este periodo, las monedas presentaron, en un inicio, un gran tamaño aunque pronto fueron adquiriendo dimensiones normales. Muchas no eran redondas, presentando formas de cuentas, de oro y plata, con diseños geométricos o distintivos de cada ciudad. Poco a poco las técnicas mejoraron y llegaron a acuñarse monedas de gran valor artístico, con símbolos muy conseguidos y que rápidamente se hicieron famosos en el mundo conocido, es el caso de la lechuza de Atenas. A este período se le suele denominar comúnmente arcaico.

El siguiente período se conoce como clásico y abarca desde el fin de las Guerras Médicas   (490-478 a.C.) hasta la muerte de Alejandro Magno (323 a.C.). Durante esta época, el foco se desplaza hacia el norte de la península griega, en concreto hacia el pueblo macedonio, que vivirá con Filipo II y su hijo Alejandro su mayor momento de esplendor. Del reinado de Filipo II el tuerto tenemos constancia de estáteras de oro con la cabeza de Apolo y higa, con el nombre Philipos grabado en griego. Tras la muerte del monarca, le sucedió su joven hijo Alejandro III, más conocido como Alejandro Magno, el cual acuñó también estáteras y tetradracmas con el nombre Alexandros grabado, así como la cabeza de Heracles y Zeus. Debido a sus conquistas, las monedas se expandieron por todo Oriente Medio y el norte de la India. Además, al conquistar Egipto, hizo de la nueva ciudad Alejandría una de las más importantes cecas del momento. Su prematura muerte dividió su imperio en cuatro partes, correspondientes a sus generales más importantes, los diádocos; Lisímaco, que se quedaría con Tracia; Demetrios, con Macedonia; Seléuco, Babilonia y Ptolomeo en Egipto.

Alejandro III de Macedonia, conocido como Alejandro Magno.

Centrándonos exclusivamente en el interés numismático, esta división del imperio de Alejandro trajo consigo una serie de novedades muy importantes en el mundo griego. Los ptolomeos en Egipto abandonaron rápidamente el sistema monetario griego y adoptaron el cirenaico, pasando así de los 4,25 gramos a 3,40. Este nuevo sistema nos ha dejado hermosas evidencias en oro con retratos reales de gran realismo. Seléuco, que se quedó con la zona de Babilonia, fundó el imperio seléucida y mantuvo el sistema griego, de hecho llegó a acuñar monedas con la cabeza del caballo de Alejandro Magno, Bucéfalo.

Fuera de la península griega y el área de influencia de Alejandro, en Sicilia, Agathocles, tirano de Siracusa, acuñó piezas de plata y oro imitando a los macedonios. El noroeste de la India seguía dominado por los persas, pero han llegado a encontrarse monedas con el nombre de Alejandro debido a la influencia y al avance del conquistador macedonio.

La tercera etapa es denominada período helenístico que abarca desde la muerte de Alejandro hasta anexión de Grecia por Roma en el siglo I a.C. Es un periodo caracterizado por la expansión de la cultura griega a otras zonas fuera del mundo conocido gracias al comercio. Tal fue la influencia estética y normativa, que muchos reinos que nada tenían que ver con la cultura grecorromana comenzaron a adoptar los órdenes de ésta a todos los efectos, monedas incluidas. Muchas monedas fueron de tamaño considerable y en oro, debido a la riqueza de determinados reinos, sin embargo también carecían de la belleza de los periodos anteriores. Aunque la excepción se dio en la zona del noroeste de la India, el conocido como Reino grecobactriano, lugar donde se acuñaron algunos de los mejores y más bellos ejemplos de toda la numismática griega.

Una de las características de este periodo es el uso de retratos de personajes vivos en las monedas, ya que en otros periodos se utilizaba a personajes fallecidos o a dioses. Los mejores ejemplos de esta nueva “moda” los encontramos en Egipto con los ptolomeos y en el Imperio Seléucida. Esto tuvo su origen en Sicilia, donde el tirano Hierón II, acuñó monedas en las que aparecía su retrato y el de su esposa.

En el territorio denominado Partia, que sería, aproximadamente, Persia, hubo una fortísima influencia griega en la numismática. Arsaces introdujo cabezas de tipo griego que, con el paso de los años, irían fundiéndose con el propio arte persa.

En el ocaso del periodo helenístico, en Pérgamo se produce una innovación a la que llamaron cistophorus, siendo una adaptación del tetradracma griego, con el que incluso los romanos llegarían a comerciar. En el norte de la India, en Bactria, sigue existiendo una fuerte influencia griega, sin embargo, en el siglo I a.C. se abandonan definitivamente estos órdenes.

Aunque la propia Roma sería la heredera cultural del mundo griego, con la conquista de la península en el siglo I a.C. terminaría desdibujándose el esplendor de la numismática griega. A continuación podemos encontrar una selección de monedas con sus atributos en las que podremos observar la evolución y expansión de la misma.

  • Tercio de estátera (siglo VI a.C.)

Moneda de electro -oro y plata- de 4,72g. Original de Lidia. La primera de ellas, considerada la primera moneda de la historia, pesaba 2,4g y el león del anverso no estaba tan definido. En el reverso tiene una marca separada en dos partes, propia de las arcaicas técnicas de acuñación.

  • 1/48 de estátera de Jonia (siglo VI. a.C.)

Moneda de electro -oro y plata- de 0,37g. Original de Jonia. En el anverso está representado un león rugiendo, con la boca abierta. En el reverso tiene una marca que se divide en cuatro partes, propia de las técnicas de acuñación de la época.

  • Dárico aqueménida (siglo VI a.C.)

Moneda de oro de 8,42g. Original persa. En el anverso está representado un arquero arrodillado. En el reverso tiene una única marca, sin división, propia de las técnicas de acuñación de la época.

  • Hemidracma de Atenas (siglo V a.C.)

Moneda de plata de 2,1g. Original ateniense. En el anverso encontramos la cabeza de Atenea con pendientes redondeados y casco adornado con hojas y flores. En el reverso se encuentra la clásica lechuza ateniense con rama de olivo e inscripciones.

  • Dracma de Istros (siglo IV a.C.)

Moneda de plata de 5,7g. Original de Istros (Tracia). En el anverso se encuentran dos cabezas masculinas juntas en direcciones opuestas, una hacia arriba y la otra hacia abajo. En el reverso se encuentran inscripciones además de un águila atacando a lo que parece ser un delfín.

  • Tetradracma de Atenas (siglo IV a.C.)

Moneda de plata de 17,3g. Original de Atenas. En el anverso cabeza de Atenea con pendientes redondeados y casco adornado con hojas de olivo y flores. En el reverso inscripciones con la lechuza ateniense mirando hacia la derecha, rama de olivo y luna.

  • Dracma de Larissa (siglo IV a.C.)

Moneda de plata de 5,8g. Original de Larissa. En el anverso tiene el rostro de la ninfa Larissa con collar y con peinado. En el reverso se encuentran inscripciones además de un caballo pastando.

  • Bronce de Filipo II (siglo IV a.C.)

Moneda de bronce de 2,6g. Original de Macedonia. En el anverso se encuentra la cabeza de Apolo mirando hacia la derecha, con cinta en el pelo. En el reverso una inscripción y un jinete joven sobre un caballo galopando y una lanza en el suelo.

  • Bronce de Alejandro III (siglo IV a.C.)

Moneda de bronce de 6,4g. Original de Macedonia. En el anverso encontramos la cabeza de Hércules con la piel de león. En el reverso un arco y carcaj, así como la maza de Hércules e inscripciones.

  • Tetradracma de Seléuco I (siglo IV. a.C.)

Moneda de plata de 17g de peso. Original de Babilonia. En el anverso se encuentra la cabeza de Alejandro Magno como Hércules con la piel de león sobre la cabeza. En el reverso, aparte de las inscripciones, se encuentra Zeus sentado en el trono sosteniendo un águila en su brazo derecho y un cetro en el izquierdo.

  • Dióbolo de Pérgamo (siglo III a.C.)

Moneda de plata de 1,3g. Original de Pérgamo. En el anverso encontramos la cabeza de Hércules con la piel de león. En el reverso inscripciones y representación de Paladión con lanza y escudo.

  • Dracma de Rodas (siglo III-II a.C.)

Moneda de plata de 2,7g. Original de Rodas. En el anverso cabeza de Helios con el pelo suelto. En el reverso encontramos rosa abierta, con brote y capullo a la derecha, además de inscripciones.

  • Bronce de Hierón II (siglo III a.C.)

Moneda de bronce de 14,3g. Original de Siracusa. En el anverso se encuentra el busto de Hierón con el pelo sujeto por una cinta y mirando hacia la izquierda. En el reverso un jinete con capa, armado con lanza y cabalgando, además de inscripciones.

  • Bronce de Ptolomeo II (siglo III a.C.)

Moneda de bronce de 10,48g. Original de Alejandría. En el anverso un busto deificado de Alejandro Magno con piel de elefante y mirando hacia la derecha. En el reverso se encuentra una inscripción además de un águila sobre un rayo.

  • Hemidracma de la Liga Aquea (siglo II a.C.)

Moneda de plata de 2,15g. Original de Esparta. En el anverso encontramos la cabeza laureada de Zeus, mirando hacia la derecha. En el reverso las letras AX, inscripciones y espiga.

  • Dracma de Filoxeno (siglo I a.C.)

Moneda de plata de 1,6g. Original de Bactria. En el anverso encontramos inscripciones y el busto de Filoxeno mirando hacia la derecha. En el reverso Filoxeno a caballo con inscripciones en jaroshti.

  • 80 drachmai de Cleopatra VII (siglo I a.C.)

Moneda de bronce de 15,9g. Original de Alejandría. En el anverso nos encontramos el busto de Cleopatra VII con diadema mirando hacia la derecha. En el reverso inscripciones además de águila sobre un rayo, cornucopia y marca de valor a la derecha.

BIBLIOGRAFÍA

FLEUR DE COIN. History of the Greek coins. [En línea] Consultado el 29/05/2016. https://www.fleur-de-coin.com/currency/greek-coin-history

GIL FARRÉS, O. Introducción a la numismática. pp.13-182.

HISTORIA Y BIOGRAFÍAS. Economía de Grecia Antigua. Uso de las monedas. [En línea] consultado el 29/05/2016.  http://historiaybiografias.com/historia_grecia3/

MUSEO ARQUEOLÓGICO NACIONAL. Búsqueda por campos: Hemidracma. [En línea] Consultado el 30/05/2016. http://ceres.mcu.es/pages/ResultSearch?Museo=MAN&txtSimpleSearch=Hemidracma&simpleSearch=0&hipertextSearch=1&search=advanced&MuseumsSearch=MAN%7C&MuseumsRolSearch=9&listaMuseos=%5BMuseo%20Arqueol%F3gico%20Nacional%5D

RODRÍGUEZ-NORIEGA GUILLÉN, L. Studium: Revista de humanidades. Intentando socavar una falsa creencia. La identidad del Ave de Atenea. pp. 103-111. Ejemplar nº 12, 2006.

WIKIPEDIA. Ardis de Lidia. [En línea] Consultado el 30/05/2016. https://es.wikipedia.org/wiki/Ardis_de_Lidia

WIKIPEDIA. Monedas de Grecia. [En línea] Consultado el 29/05/2016. https://es.wikipedia.org/wiki/Monedas_de_Grecia

Videojuegos en la Antigua Roma – Vol. 3

Reportaje publicado en IGN España el 21 de marzo de 2015.

Los tres primeros años de los 2000 nos dejaron una buena cantidad de títulos en poco tiempo. Lo cierto es que la ambientación de la Roma clásica se había puesto de moda, asistimos en aquél momento a un auténtico renacer de los “videojuegos de romanos”y gracias a los títulos que repasamos la semana pasada, y a la ya citada Gladiator de Ridley Scott, a partir de 2003 se lanzarían al mercado algunos de los mejores videojuegos sobre Roma que se hayan hecho nunca.

  • Saga Rome: Total War (2004-2015 – PC)

Tras los éxitos que supusieron Shogun: Total War y Medieval: Total War años antes, The Creative Assembly se vio en la necesidad de lanzar al mercado un Total War que abordase la Historia Clásica y más en concreto que estuviese centrado en Roma. Así pues, en septiembre de 2004, se lanza al mercado Rome: Total War, probablemente el Total War más innovador de todos, un título adelantado a su tiempo.

El sistema de juego era el mismo que en las anteriores entregas, es decir, estrategia táctica, un subgénero de la estrategia que, a día de hoy, prácticamente lleva el sello Total War. Pero en Rome se introdujeron gran cantidad de mejoras jugables así como un renovado apartado técnico que quitaba el hipo.

El título abarcaba desde el año 270 a.C. hasta la caída del Imperio Romano. En él podíamos elegir hasta veinte facciones, cada una con un rigor histórico increíble. La campaña principal estaba protagonizada por una familia romana a elegir: Julios, Brutos o Escipiones y nuestro objetivo será, de una manera u otra, hacernos con el control de Roma, controlada por el Senado.

Rome: Total War fue el éxito absoluto de la saga y su mejor título hasta la fecha -aunque seguido de cerca por Shogun II-. Contó con dos expansiones: Barbarian Invasion, centrada en la caída del Imperio Romano y con un estudio muy interesante sobre pueblos como los vándalos, los godos o los hunos. Y otra centrada en la figura de Alejandro Magno, llamada Alexander.

En septiembre de 2013, nueve años después, salía al mercado Total War: Rome II, la esperada segunda parte -o revisión- de Rome: Total War. Rome II no decepcionó: contaba con nuevas mejoras en la jugabilidad -heredadas de Shogun II-, un increíble apartado técnico y toda la esencia de Rome. En 2015 se lanzó la expansión Attila, centrada en los últimos años del Imperio, como ya hizo Barbarian Invasion con su primera entrega.

  • Shadow of Rome (2005 – PS2)

Toda la trama alrededor del asesinato de Julio César puede dar muchísimo juego y eso es algo que Capcom sabía. Así pues, a comienzos de 2005, llegaba a Play Station 2 un título de Historia alternativa sobre el asesinato de Julio César y la investigación del mismo pero, en esta ocasión, con un innegable sello japonés.

Olvidad todo lo que os hayan enseñado en el instituto o en la Universidad sobre la conspiración para asesinar a Julio César ya que Motohide Eshiro -director de Shadow of Rome- muestra en este videojuego su propia visión. En Shadow of Rome encarnamos a Agripa, un centurión romano destinado en Germania. Mientras tanto, en Roma Julio César es asesinado y el padre de Agripa es acusado de ser el asesino del dictador romano. Así pues, la madre de Agripa es asesinada, su padre encarcelado y el obligado a convertirse en gladiador. Desde la arena comenzará a fraguar su venganza para hacer justicia con el asesinato de César. Mientras tanto, Octavio -futuro emperador y amigo de Agripa- investiga, a su modo, la conspiración.

Es un juego con un apartado técnico muy poderoso, un argumento muy bien hilado y con una jugabilidad bárbara. Por un lado tendremos las partes de Agripa, en el que el juego será un título de acción repleto de casquería. Y por otro lado tenemos las misiones de Octavio que son radicalmente diferentes a las de Agripa ya que se centran en el sigilo. A pesar de contar con elementos de sobra para convertirse en uno de los grandes juegos de la generación, Shadow of Rome fue dejado de lado por prensa y público, convirtiéndose en uno de los tapados de Play Station 2.

  • CivCity Rome (2006 – PC)

Caesar había triunfado años ha y, lo cierto, es que la industria necesitaba un nuevo título que siguiese la estela de la exitosa saga de construcción. Así pues, Firaxis, Firefly y el maestro Sid Meier se pusieron manos a la obra y sacaron un título de similares características solo unos meses antes del lanzamiento de Caesar IV. A este título lo llamaron CivCity Rome y, por desgracia, quedó algo lejos de lo esperado, algo que también le ocurrió a Caesar IV -suerte que dos años después aparecería Imperivm Civitas para solucionar el asunto-.

CivCity Rome no era un juego malo, en absoluto, de hecho estaba cargado de buenas ideas y su campaña era medianamente interesante, así como la enciclopedia que se incluía en él. Pero fue un juego falto de personalidad y espíritu en el que se echaban en falta mayores novedades en la jugabilidad así como una mayor profundidad en determinados apartados. Aun así, estaba perfectamente doblado al castellano y su ambientación histórica era envidiable.

  • Europa Universalis: Rome (2008 – PC)

La exitosa saga de Paradox llamada Europa Universalis encajaba perfectamente, en cuanto a jugabilidad, con un título de ambientación grecorromana, y lo cierto es que el estudio sueco no se lo pensó dos veces y decidió lanzar un único título, bajo el sello de la saga Europa Universalis, sobre Roma, con todas las bondades y virtudes de la saga.

Europa Universalis: Roma aúna en un solo título alta estrategia histórica, y esto es: política, diplomacia, estrategia militar, investigación tecnológica, religión y métodos de conquista. Europa Universalis: Roma es algo atípico en cuanto a recorrido histórico ya que no llega a abarcar la época del Imperio y termina en cuanto se derrumba la República Romana.

A pesar de sus bondades, la pobre IA y la ausencia de campaña -con las posibilidades que daría la República- le han hecho estar a la sombra de los grandes Europa Universalis o Hearts of Iron.

  • Ryse: Son of Rome (2013-2014 – Xbox One, PC)

El último juego sobre romanos, la obra magna de Crytek y el que estaba llamado a ser la razón por la que comprar una Xbox One. Un espectáculo visual que dejaba la boca abierta pero con una duración escasa y un argumento interesante pero alejado del rigor histórico.

En 2013, el mismo día del lanzamiento de Xbox One, se lanzaba al mercado Ryse: Son of Rome, en el que encarnábamos a Marius Titus, un militar romano, regresa a casa en Roma, pero ese mismo día su familia es asesinada a manos de bárbaros britanos que asaltan la ciudad. A partir de este momento, Marius intentará descubrir qué hay detrás del ataque en el que ha muerto toda su familia.

Ryse tiene, posiblemente, una de las representaciones más impresionantes de la Roma imperial, con un gran trabajo de documentación arquitectónica, artística y cultural detrás. Pero su guiada jugabilidad, baja dificultad y duración acabaron por propiciarle un encontronazo con prensa y público. A pesar de ello, las bondades de Ryse son evidentes y, aunque funcione más como demo técnica, es uno de los imprescindibles del catálogo sobre videojuegos de romanos.

Ryse ha sido el último de todos, al menos el último original, y solo el futuro nos puede decir qué ocurrirá con los juegos de romanos y las posibilidades que estos ofrecen. Salve, Roma.

Videojuegos en la Antigua Roma – Vol. 2

Reportaje publicado en IGN España el 11 de marzo de 2015.

La semana pasada comenzamos repasando grandes títulos, de una manera u otra, basados o inspirados por la Roma Clásica, quedándonos a finales de los 90 con el gran Age of Empires: The Rise of Rome. Togas, conspiraciones políticas, luchas de gladiadores, construcción de enclaves, grandes gestas bélicas… comenzando los llamados “años 2000” el videojuego basado en la Roma Clásica vive el verdadero auge -en cuanto a número de títulos, no en cuanto a calidad- gracias al estreno en 2000 del film Gladiator de Ridley Scott, con todo lo que ello supuso.

  • Roma: El testamento del César (2000 – PC)

El milenio no comenzaba todo lo bien que debería para los juegos basados en la antigua Roma ni tampoco para los franceses de Montparnasse Multimedia, los desarrolladores de Roma: El testamento del César. Estamos ante una aventura gráfica que hace especial hincapié, ya lo dejaban claro en su portada, en su aspecto didáctico al ser una aventura histórica. Y lo cierto es que Roma, en este aspecto, cumplía perfectamente su función: la recreación de Roma, de las costumbres de la época, la vestimenta y el trasfondo histórico en el que se desarrolla nuestra aventura están muy bien tratados, de eso no cabe duda, de hecho el juego se aventura a movernos por escenarios que van más allá de los clásicos enclaves que suelen aparecer en este tipo de juegos.

Pero su ortopédico y lento control, junto con una trama con altibajos, hicieron que Roma, a pesar de su apartado técnico, fuese rápidamente defenestrado por prensa y público, quedando completamente en el olvido. En el juego encarnábamos a Hércules, un legionario romano que se ve envuelto una conspiración contra su amiga Aurelia, condenada a muerte por haber envenenado a su marido, todo esto con el trasfondo del asesinato de Julio César de fondo.

  • Pompeya: La leyenda del Vesubio (2000 – PC)

Al igual que con Roma: El testamento del César, en el año 2000 Cyro Interactive -famosa por aventuras gráficas del mismo corte- lanzaba al mercado Pompeya: La leyenda del Vesubio, una aventura gráfica en primera persona muy similar a China y la olvidada saga Atlantis en las que primaba, ante todo, el apartado audiovisual. Pero, al contrario que ocurrió con anteriores trabajos de Cyro, Pompeya resultó ser un producto mediocre que ha caído, una vez más, en el olvido por parte del público, la prensa y los desarrolladores.

En Pompeya nos poníamos en la piel de Adrian Blake, un cartógrafo y aventurero escocés que se ve envuelto en una trama que bien podría ser un argumento para un Assassin’s Creed. La novia de Adrian ha desaparecido y, para colmo, la diosa Ishtar lo ha maldecido por lo que nuestro protagonista deberá buscar a su prometida en el pasado. Así pues nuestra aventura comienza en el año 79 d.C., en Pompeya y Adrian deberá buscarla durante cuatro días antes de que el Vesubio desate su furia sobre la ciudad romana.

A pesar de contar con un gran apartado técnico y con una premisa argumental interesante, Pompeya resultaba ser una aventura fácil y corta, con un guión que no hace gala a las posibilidades que el argumento otorga así como un trato de los personajes demasiado impersonal.

  • Astérix y Obélix: La Guerra de las Galias (2001 – PSX)

Aunque el paso de Astérix y Obélix por el mundo de los videojuegos daría para un texto por sí solo, La Guerra de las Galias bien merece estar incluido en esta lista puesto que es un título que merece ser reivindicado y que supone una mezcla de géneros muy interesante. Desarrollado por Warthog Entertainment fue lanzado al mercado a comienzos de 2001 para PSX, algo que también le supuso un duro revés al título ya que PlayStation 2 estaba ya en el mercado y no estaba vendiendo precisamente poco.

La Guerra de las Galias es un híbrido entre el género de la estrategia por turnos y las plataformas, y aquí alguno puede quedarse algo descolocado, pero la mezcla que realiza Warthog Entertainment está muy mimada a pesar del frío recibimiento que tuvo por la crítica en su día. Casi toda la acción del juego se desarrollará en un mapa, dividido en provincias, de la Galia. Desde nuestra aldea iremos poco a poco expandiendo nuestro dominio por la Galia para mantener a raya y echar de una vez a esos malditos romanos. El sistema es bastante simple y muchas veces se basa en que quien más tropas envía gana, aunque no siempre es así. Las pantallas de plataformas y minijuegos se desarrollan  cuando nos enfrentamos en determinadas zonas a los romanos, en estos casos para vencerlos tendremos que superar la pantalla, y el número de tropas que hayamos enviado influirá decisivamente en nuestra salud o el número de enemigos que aparezcan en la misma.

Su pobre apartado técnico -en las pantallas de plataformas- le valieron malas críticas por parte de la prensa y el público, los cuales le achacaban también que el título llegaba a tornarse repetitivo. Pero Astérix y Obélix: La Guerra de las Galias no es tan desastroso como lo pintan y aun hoy día puede regalarnos horas de entretenimiento, sobre todo a aquellos amantes de la Roma Clásica o de la obra de Uderzo.

  • Praetorians (2003 – PC)

A comienzos de 2003, el mítico estudio español Pyro Studios dejaba a un lado la estrategia táctica de Commandos para experimentar con el género RTS, y además abordar con éxito un nuevo periodo histórico. De aquí salió el notable Praetorians, un RTS que marcó un antes y un después en la industria, sobre todo por venir de la mano de Pyro, y por contar con un motor gráfico que aun hoy día puede sorprendernos.

El título daba un giro radical a la moda imperante en los RTS, dejando de lado la construcción de edificios y la gestión de recursos para centrarse exclusivamente en la estrategia militar, apartado muy cuidado y con gran cantidad de formaciones u oportunidades. Praetorians está basado, mayormente, en las campañas de Julio César y únicamente cuenta con tres civilizaciones -romanos, bárbaros y egipcios- aunque no necesita más. Uno de los aspectos más interesantes de la obra de Pyro es la gran cantidad de unidades y el tratamiento que se les da a las mismas. Praetorians resultó ser un título de gran éxito y calidad, sello indiscutible del estudio español.

  • Ben-Hur: Blood of Braves (2003 – PS2)

Ben-Hur de Microids, lanzado en 2003, es una de las grandes rarezas de juegos basados en la Roma Clásica. Que nadie piense que estamos ante un título basado en la película de 1959 protagonizada por Charlton Heston -ojalá-, estamos ante un juego de carreras, sí, de carreras.

Y es que Ben-Hur: Blood of Braves no es más que un arcade de carreras como lo pudiese ser un Mario Kart o un Crash Team Racing, pero sustituyendo los karts por cuadrigas y los alocados escenarios por ciudades y provincias romanas. El juego contaba con apartado técnico correcto, una jugabilidad intuitiva y era divertido para partidas esporádicas, pero le faltaba mucha personalidad así como una mejor campaña publicitaria.

  • Gladiator: Sword of Vengeance (2003 – PS2, Xbox, PC)

A finales de 2003, para cerrar un año prolífico en juegos de la antigua Roma, llegaba al mercado Gladiator: Sword of Vengeance, desarrollado por Acclaim. Una aventura de acción en tercera persona con un apartado técnico llamativo y con el Imperio Romano de trasfondo parecía ser una combinación ganadora, pero lo cierto es que el título de Acclaim se quedó a medias en algunos aspectos, cayendo, como muchos otros juegos, en el  profundo saco del olvido.

En Gladiator encarnábamos a Thrax, un invicto gladiador que es elegido por los dioses para devolver la gloria al Imperio, el cual se encuentra sumido en la decadencia tras la muerte del emperador Trajano y ahora en manos del tirano Arruntius. Tras una tarde en la arena, Tharx es elegido y ahí comenzará su odisea, la cual mezcla Historia, Mitologíae Historia alternativa, sin separar lo real de lo mitológico. A pesar de sus errores técnicos, Gladiator es un título más que recomendable, lleno de mitología, casquería, una buena historia y un gran doblaje al castellano.

La próxima semana abordaremos los últimos títulos en los que el mayor protagonista es el Imperio Romano, una producción desde 2004 hasta hoy repleta de, probablemente, algunos de los mejores videojuegos que se han hecho nunca.

Videojuegos en la Antigua Roma – Vol. 1

Reportaje publicado en IGN España el 7 de marzo de 2015.

Ave César, los que van a jugar te saludan. Como ya os comentábamos la semana pasada con el artículo de la saga Imperivm -la cual no vamos a incluir entre estos juegos, aunque lo merezca como la primera, ya que le dedicamos un texto exclusivo- el Imperio Romano es algo que a lo largo de la industria del videojuego siempre ha dado mucho juego, nunca mejor dicho. Las posibilidades que ofrecen los prácticamente mil años de Historia -si incluimos la República- son infinitas, no solo en términos históricos que aprovechan juegos como Imperivm sino también en términos culturales, estratégicos o de gestión.

Realizar carreras de cuadrigas, investigar asesinatos, resolver conspiraciones, gestionar una ciudad, combatir en la arena… como vemos, las posibilidades que da el mundo romano son extensas y casi nunca, en la industria del videojuego, ha habido ausencia de videojuegos inspirados en Roma, al contrario que ocurrió con el cine que tuvo un auge en la época clásica y una posterior decadencia a partir de los 70 hasta Gladiator. Aunque es cierto que no es algo a lo que se recurra asiduamente, así como el universo medieval está muy extendido en los videojuegos, los títulos sobre Roma son poco numerosos.

Así pues, esta semana en IGN España te invitamos a que te pongas la púrpura para dirigir un imperio de mil años, o bien te encasquetes tu sombrero de explorador para  realizar una peculiar arqueología sobre videojuegos.

  • Centurion: Defender of Rome (1990 – DOS, Amiga, NEC, SEGA Mega Drive)

Antes de Rome Total War e incluso de la saga Total War y casi a la par que Sid Meier’s Civilization, Bits of Magic lanzaba al mercado Centurion al que podríamos denominar como la versión romana del clásico eterno Defender of the Crown. En él encarnábamos, como su nombre bien indica, a un centurión romano al mando de una legión. Poco a poco iremos progresando -o al menos lo intentaremos- para ir ganando gloria y conseguir nuestro objetivo final: llegar a ser César.

La mecánica del juego es lo interesante ya que mezcla la estrategia por turnos con la estrategia en tiempo real y, gracias a la temática, podemos ver en él mucho de Rome Total War -aunque el primer Total War fuese Shogun-. Gráficamente, en el momento, era una verdadera revolución, con una paleta de colores muy viva y con animaciones muy convincentes. Fue lanzado para PC-DOS, NEC, Amiga y, extrañamente, para SEGA Mega Drive.

  • Caesar (1992-2006 – PC, Amiga, Macintosh)

SimCity rompió los moldes de la época unos años antes y creó un género nuevo de la mano del mítico diseñador Will Wright, en SimCity emulábamos al alcalde de una ciudad, teniendo que construir, gestionar y mantener la misma. Impressions Games y Sierra Entertainment vieron que el éxito de SimCity podía trasladarse con éxito al mundo romano, poniéndonos en el papel de un duunviro, y así nació la exitosa saga Caesar.

En 1992 salía al mercado Caesar, el cual fue rápidamente comparado con SimCity, lo cual le benefició ya que era un título sobresaliente que, además de a los amantes de la Historia Clásica, atrajo a gran parte del público del título de Maxis. La novedad de Caesar, aparte de contar con un gran número de edificios bien documentados por parte del equipo de desarrollo, era que se introducía el aspecto militar -tremendamente importante en la cultura romana- respecto a SimCity, teniendo el jugador que resolver los problemas cotidianos de los ciudadanos romanos además de organizar campañas bélicas contra los pueblos bárbaros circundantes. La red viaria se convertirá, en Caesar, en la gran protagonista, teniendo que realizar un entramado de calzadas para que no se formasen atascos y atajar problemas, como los incendios, con celeridad.

El título resultó ser todo un éxito y, a la par, nos enseñaba un poco de la cultura romana mientras gestionábamos nuestra urbe. Así pues, se lanzó en 1995 la segunda partemejorando considerablemente el apartado técnico, introduciendo cinemáticas para determinados eventos y resultando el Caesar por excelencia. En 1998 se lanzaba Caesar III, con el mismo apartado técnico del título anterior pero añadiendo muchas más opciones  que lo hacen el Caesar más completo de todos. Y tras una larga espera, y ya sin la mano de Impressions Games, en 2006 se lanzaba al mercado Caesar IV cuyo lanzamiento estuvo rodeado de polémica al salir al mercado con multitud de errores que mermaban la experiencia jugable. Caesar influyó notablemente en la industria y fue el germen de títulos como Faraón o Imperivm Civitas.

  • Rome AD 92 (1992 – Amiga, MS-DOS, PC)

Firslight lanzaba en 1992 un nuevo concepto dentro de los juegos sobre Roma: la aventura gráfica. Pero Rome AD 92 no era una aventura gráfica al uso ya que mezclaba distintos aspectos propios de los RPG junto con la aventura gráfica y estrategia, contando con una extraña interfaz que lastraba, en parte, la experiencia final del título.

En el juego encarnábamos al esclavo Héctor, el cual irá poco a poco ascendiendo con el objetivo final de convertirnos en Emperador. Con Héctor recorreremos Herculano, Roma, Britannia y Egipto a través de una trama de superación, ambición, aventura e intriga. A pesar de su tediosa interfaz, Rome AD 92 era una aventura con muchísima personalidad, dinámica y con una gran historia de fondo en la que llevaremos a Héctor desde lo más bajo hasta lo más alto.

  • The Settlers II: Veni, Vidi, Vici (1996 – PC, Macintosh, Nintendo DS)

Los alemanes de Blue Byte habían dado un giro al género del RTS con The Settlers en 1993, creando un videojuego más centrado en la gestión de un asentamiento, dando por primera vez mayor importancia a los aldeanos que a las unidades militares. El título original tenía una ambientación medieval, que es la imperante en el género, pero en 1996se lanzaba al mercado The Settlers II: Veni, Vidi, Vici, ambientado en la Roma clásica y con notables mejoras técnicas.

The Settlers, como hemos comentado, otorga gran importancia a los aldeanos así como a la red de transportes y la economía, aunque existe el apartado militar del juego, este es un añadido extra y no el aspecto principal del título, aunque es decisivo para conseguir la victoria. Probablemente es el The Settlers más exitoso de todos y el más alabado por los seguidores de la serie. En 2007 tuvo una revisión en Nintendo DScon nefasto resultado.

  • Age of Empires: The rise of Rome (1998 – PC)

Age of Empires de Ensemble Studios estaba centrado en la Historia Clásica más arcaica y en su primera entrega no trató el extenso periodo del Imperio Romano, por eso en 1998 se lanzó la expansión The rise of Rome, la cual incluía civilizaciones tan importantes e interesantes como Roma o Cartago y abordaba la ascenso de Roma como Imperio a través de una interesante campaña dividida en cuatro episodios: Rise of Rome, Ave César, Pax Romana y el último episodio basado en los enemigos de Roma, encarnando a diferentes civilizaciones a través de episodios tan importantes como el cruce de los Alpes de Aníbal, la Tercera Guerra Griega o las Guerras Serviles, comandando a Espartaco.

El juego también introducía un nuevo tipo de arquitectura con edificios propios: la romana. Además se incluían mejoras en la jugabilidad, como la cola de producción, algo que hoy día se considera algo básico en un RTS.

Hasta aquí nuestro particular repaso de la Historia de Roma a través de los videojuegos. La próxima semana seguiremos abordando el Imperio Romano, llegando hasta el polémico Ryse: Son of Rome.

[LIBRO] Animales in Harena

DATOS
Autor: María Engracia Muñoz-Santos.
Nº de páginas: 155.
Editorial: Confluencias.
Año de publicación: 2016.
Ediciones: 1 hasta la fecha.
Lugar de impresión: Antequera (España).
ISBN: 978-84-946380-4-6.
Depósito legal: AL 1944-2016.

El estudio de la Historia Clásica es tan rico porque gracias a civilizaciones como Grecia o Roma se llegó a avances que podemos considerar como adelantados a su propia época. En concreto, la civilización romana, considerada más ingeniera que artística, aunó lo mejor de la herencia griega con el potencial y el progreso que caracterizaba a los pueblos primigenios de la península italiana. Mucho se ha debatido en torno a las artes bélicas de los romanos, en torno a su arquitectura o a su derecho. Sin embargo, los espectáculos con animales han quedado, en muchos casos, relegados a un segundo o tercer plano, primando entre los diversos autores los temas ya citados. Por ello, la historiadora y arqueóloga por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) María Engracia Muñoz-Santos, con máster en Mediterráneo Antiguo por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC),  ha pretendido con la presente obra, a caballo entre el libro y el manual, estudiar la relación que Roma tuvo con los animales a todos los efectos, desde que la loba amamantó a Rómulo y Remo según la mitología hasta los vivaria o el uso de los animales en los espectáculos en la arena.

Se trata de un libro medianamente liviano, gracias a sus 155 páginas, entre las que se incluye la bibliografía especializada que la autora ha usado para completar su obra. Esto no quiere decir que sea un libro escueto, no lo es en absoluto, puesto que la información contenida en él es completa y didáctica, no haciéndose farragosa su lectura en ningún momento. Como comentaba al inicio, está a caballo entre el manual y el libro de cabecera, y su lectura es recomendable tanto para el público especializado en la materia como para aquél que desea iniciarse en la misma o conocer un poco más sobre el papel de los animales en Roma, tan tergiversado a través de los años en literatura, arte y películas. Además, Muñoz-Santos no da nada por sabido y explica todo de manera precisa y didáctica. Es, por lo tanto, un libro recomendable para todos los públicos, siempre y cuando éste se encuentre predispuesto a aprender sobre la materia.

Cuenta con seis partes o capítulos bien diferenciados, además de la conclusión final sobre el estudio. Estas partes se resumen en: A Roma le gustan los animales, A Roma le gustan los animales exóticos, La captura y el transporte: los animales antes de llegar a Roma, En Roma: la espera antes del espectáculo, Arquitectura adaptada para los espectáculos de animales y Tras el espectáculo. Es decir, la autora aborda todos los temas interesantes que pueden girar en torno a la relación de los romanos y los animales, respondiendo así a casi todas las preguntas que nos podemos hacer sobre dicha relación a lo largo de la lectura.

Funciona muy bien, no sólo como lectura ociosa sino también como apoyo al estudio de la Historia Clásica -en concreto Roma- así como de forma didáctica al respecto de la Arqueología Clásica.

Tras mis estudios en la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA), en la que me especialicé en Historia Económica y Política, hubo una serie de asignaturas que me quedaron “pendientes”, y me refiero con ello a temas sobre los que me hubiese gustado ahondar más en el estudio de los mismos. Por ello, Animales in Harena me llamó poderosamente la atención porque no sólo trataba un tema tan interesante como el de los animales en la Roma Clásica sino también porque lo abordaba desde una óptica completamente especializada.

Para concluir, como comentaba al inicio, es un libro/manual totalmente recomendable para cualquier tipo de público afín al tema que se trata. Es cierto que debe existir una predisposición inicial por parte del lector y que es una obra introductoria, como la misma autora afirma al de la misma, pero la lectura se hace tan amena e interesante que no puedo hacer más que recomendarlo, y es que si estás leyendo esto lo más probable es que también estés interesado en Animales in Harena.

Valoración: 5/5.

Roma y la expansión geográfica de la escritura

  • CONSOLIDACIÓN Y DIFUSIÓN DEL ABECEDARIO LATINO

Entre los siglos X y VI a.C. se pusieron las bases de un universo comunicativo que sigue vigente hoy día. Comienzan a estructurarse rutas comerciales y comunicativas a lo largo y ancho de Europa. Después de la Grecia clásica una amplia franja del mundo es ya un espacio bien comunicado lo que explica la celeridad con la que Roma impuso su modelo cultural.

Hígado de Piacenza (Italia) realizado en bronce y con inscripciones etruscas.

Los romanos aprovecharon una aportación previa, la de la civilización etrusca. Los etruscos dominaron el centro de la península itálica durante la primera mitad del I milenio a.C. Sus orígenes son desconocidos y hay diversas teorías sobre ellos. Se conservan más de 10.000 inscripciones etruscas, escritas en un alfabeto de origen griego pero a día de hoy la lengua etrusca no ha sido descifrada y estas inscripciones permanecen ilegibles. Se piensa que a través del contacto con los griegos adoptaron el uso del alfabeto.

El nacimiento del alfabeto latino no puede remontarse más allá de la primera mitad del siglo VII a.C., los testimonios más antiguos escritos en alfabeto latino son una fíbula o hebilla datado en torno al año 600 a.C. Desde entonces hasta ahora las variaciones en la estructura del alfabeto latino han sido mínimas. Con el tiempo fueron apareciendo nuevas letras que iban adoptándose alfabeto griego. El abecedario latino es, en la actualidad, el sistema de escritura más extendido de los cinco continentes.

  • INFORMACIÓN Y PROPAGANDA EN LA CONSTRUCCIÓN DEL IMPERIO ROMANO

Prácticamente todo el mundo conocido llegó a formar parte del Imperio Romano, establecido en el siglo I. Los romanos aprendieron de los griegos a colonizar nuevos territorios enviando población desde la metrópoli pero, a diferencia de otras culturas, los romanos no tenían reparos en conceder la ciudadanía romana a más y más pueblos. Esta es la razón principal de la cohesión de un imperio tan extenso. De hecho hubo una propaganda exterior que difundió por medios muy diversos las ventajas del sistema romano.

El personaje histórico más consciente de la propaganda fue Julio César, el cual acompañó sus acciones militares de una importante campaña propagandística e hizo que sus esclavos escribientes aprendieran un sistema taquigráfico para acometer la sorprendente empresa de dejar un relato de sus gestas escrito al pie de batalla y en perfecta prosa.

La cohesión del territorio se ayudó también de un elemento de comunicación: la red viaria que comunicaba todo el imperio. Al final del imperio se había logrado una red de no menos de 300.000 kms y la eficacia comunicativa del sistema es evidente con dos anécdotas:

  1. César recorrió 1200kms en ocho días.
  2. Una carta de César a Cicerón desde Bretaña tardó 29 días.

El correo lo hicieron en un principio esclavos que corrían incansablemente por las vías pero Augusto introdujo posteriormente la caballería. Los romanos imitaron el sistema de correo persa y egipcio.

Calzada romana a través del Valle del Tiétar (Ávila, España).

Esta compleja red viaria surge con finalidad defensiva y ofensiva pero sin duda facilitó la comunicación, el comercio y tránsito de ideas. La misma infraestructura viaria sirvió para que circulase por ella abundante información oral y escrita. Roma inundó de papiros escritos en latín su vasto imperio. El latín echó raíces en la mayor parte de los territorios dominados, desplazando a las lenguas autóctonas. Del mismo modo, toda la amplia gama de grandes obras civiles se hicieron con un doble objetivo: pragmático y propagandístico.

  • COMUNICACIÓN OFICIAL / COMUNICACIÓN PARAOFICIAL

Los primeros siglos de la historia de Roma reproducen el modelo de comunicación social griego. La enseñanza de las primeras letras ya parece haber sido un beneficio universal en Roma a pesar de tener un carácter privado.

Tras Augusto, para cubrir de funcionarios su vasta red administrativa imperial, Roma necesitó de muchos funcionarios por lo que tuvo que promover las escuelas públicas de retórica. En la comunicación social romana, a diferencia del equilibrio de Grecia, prima la escritura sobre la oralidad.

Hubo dos modelos de información pública en Roma, el modelo oficial y el modelo paraoficial.

Modelo oficial: la mayor parte de los procedimientos empleados en Roma son el modelo oficial. Se usó en el ámbito de la administración, comenzando por los annales maximi en los que los pontífices realizaban anotaciones. Poco a poco se fueron añadiendo notas sobre actividades concretas de los pontífices o los acontecimientos ocurridos. Otro ejemplo que surgió con el tiempo fue el de los comentarii o libri, que eran memorias escritas por los políticos a su paso por las magistraturas.
Julio César ordenó por primera vez la publicación de actas, en concreto de las actas del Senado, en las que se recogían día a día los acontecimientos más señalados de la vida pública. Los ciudadanos romanos podían acceder a estas actas directamente, mediante tablones expuestos  en los muros del Palacio Imperial o del Foro. Se trataba de un modelo sutil de propaganda después de todo y era habitual utilizar para ello los muros.

Modelo paraoficial: el pueblo llano crea en Roma sus propios medios de comunicación, todavía muy rudimentarios, iniciándose así una nueva etapa en la historia de la comunicación. Todos los sistemas de comunicación que se dieron en las sociedades orientales y occidentales anteriores tienen la característica de estar controlados desde y para el poder, sin existir la opinión pública. En Roma ya se asiste a un atisbo del concepto gracias a la aparición de los primeros profesionales libres de la información. Se contaba, normalmente, a voces las novedades más escandalosas, un lejano precedente de la comunicación de masas o el amarillismo.

Graffiti romano encontrado en la casa de Pinarius Cerialis en Pompeya (Italia). En la inscripción se puede leer: “Marcellus Praenestinam amat et non curatur” / “Marcellus ama a Praenestina, pero ella no se preocupa por él”.

Cabe mencionar también la aparición de otro medio de comunicación de popular: el graffiti, muy abundantes y prohibidos. Muchos de ellos eran anotaciones bromistas u obscenas. Así pues, Roma supone el punto inicial desde el que se explican la mayoría de los procesos comunicativos de la Historia occidental.

  • LA POLÍTICA CULTURAL ROMANA

Se ha insistido siempre que la cultura romana es, en líneas generales, una imitación de la griega. Los romanos constituyeron una sociedad elemental y agraria, no sintieron la necesidad de libros. Sus primeros textos escritos se refieren a temas como el Derecho y la Religión, llegando a mostrar un gran desinterés por la literatura.

La leve afición por las letras llegó a Roma a través de la influencia griega y a partir del siglo III a.C. Los militares romanos llevaron a Roma libros griegos como uno de los más preciados botines de guerra.

La verdadera producción literaria no comienza hasta el siglo I, cuando Roma ya es la ciudad populosa y rica que la Historia recuerda. A partir de entonces los romanos comenzaron a valorar las bibliotecas helenísticas. César intentó fundar una biblioteca pública similar a la de Alejandría pero no pudo culminar sus planes. En el año 39 a.C. Augusto fundó dos bibliotecas más en Roma y a partir de ahí la mayoría de emperadores comenzaron a fundar bibliotecas. La más importante fue sin duda la de Trajano, la Biblioteca Ulpia, fundada hacia el año 100 d.C.

La biblioteca romana contaba siempre con una sección latina y otra griega, ofreciendo la disponibilidad de préstamo domiciliario. Lo más frecuente, sin embargo, era leer y comentar los libros en el amplio pórtico. Hacia el siglo IV se constata la pérdida de interés por las bibliotecas: la mayoría cerró sus puertas antes de que el fin del Imperio fuera un hecho.

Creció también el interés por las bibliotecas privadas: el libro se convirtió, entre las personas adineradas, en una seña de identidad de la condición social. Llegó a ser de rigor que cada rico patricio poseyese una buena biblioteca personal, acondicionada en una lujosa instalación.

Algo importante en el panorama literario romano es la aparición de la censura editorial, normalmente dirigida contra libros de magia o adivinación, las obras culpables eran delito de lesa majestad (delito de orden público).

  • PRÁCTICAS DE LECTURA Y DESARROLLO EN LA INDUSTRIA DEL LIBRO

Durante algunos siglos, en Roma, la escritura y la lectura son prácticas privativas de sacerdotes y gentiles, además de estar estrechamente ligadas a la administración. A partir del siglo II a.C. y por influencia griega, entre las clases altas se extiende la lectura de libros de contenido literario, eso sí, de libros griegos. Estos libros se leían en la intimidad de confortables bibliotecas privadas y ya en época imperial se pone en relación con la educación y la aparición de la biblioteca pública.

La lectura siguió haciéndose, generalmente, en alta voz y para ciertos textos, como los poéticos, se realizaban performances.

El interés creciente por el libro provocó la aparición de un circuito comercial de la obra escrita en Roma. Este resulta similar al de Grecia. En ciertas zonas de la gran urbe se concentraban los artesanos y los libreros. El editor es al mismo tiempo librero y disponía de una tienda (taberna) donde vendía los libros editados por él mismo. La tienda servía además para celebrar tertulias en las que se hacían recitaciones de las novedades literarias. El librero-editor conseguía los ejemplares de la obra haciéndola editar por esclavos.

De una y otra causa, el origen griego de los copistas y la celeridad con la que trabajaban se deriva el hecho de que las copias presentaran a menudo una elevada cantidad de erratas, así apareció la figura del corrector.

El autor no gozaba de grandes beneficios en este circuito comercial. Una vez entregada la obra al editor perdía todo derecho sobre ella. El autor rico hacía que sus propios esclavos especialistas copiaran sus obras, aunque luego solía encargarle al librero la distribución de las mismas.

  • DEL ROLLO DE PAPIRO AL CÓDICE DE PERGAMINO

El soporte más antiguo empleado por los romanos fue la corteza de árbol y lo cierto es que usaron innumerables soportes como la piedra y el metal. Pero el material más común fue el papiro. A partir del siglo III a.C. se generaliza el papiro por influencia de la cultura griega y por las buenas relaciones con Egipto, aun así la demanda de papiro siempre fue superior a la producción egipcia.

Fue también muy común usar tabletas de madera enceradas, como en Grecia, que se escribían rayando con un estilo puntiagudo. Lo escrito podía borrarse con facilidad, por lo que fue el soporte más común en la enseñanza o como borrador. Solían trabajarse en políptico y era también el soporte preferido para las cartas.

Códice.

El códice de pergamino es una aportación romana y su progresiva implantación comenzó en el siglo II d.C. Para explicar la introducción del códice de pergamino se han aducido razones diversas como la escasez de papiro egipcio o su supuesta superioridad como formato. Fue utilizado para la transmisión de obras literarias y científicas. En el siglo VI d.C. parece haber desaparecido el papiro por completo, generalizándose el pergamino.

BIBLIOGRAFÍA

ESPEJO CALA, C. Historia de la comunicación escrita (de la prehistoria a la irrupción de la imprenta). 1ª Edición. Sevilla: Editorial MAD S.L., 1998. pp. 91-104.