La filosofía de Guillermo de Okham

Sus ideas suscitaron pronto controversia. Juan XXII lo juzgó por herejía y condenó algunas de sus proposiciones. Sufrió además persecución dentro de su orden por apoyar a los franciscanos, partidarios de la pobreza radical. Murió en 1349 excomulgado; pero la Iglesia lo rehabilitó diez años después.

Entre la razón y la fe no hay para él ningún punto de contacto. El ámbito de la revelación es completamente ajeno a la razón. La filosofía no tiene nada que decir sobre ella. Incluso la teología carece de sentido, quedando reducida al conjunto de verdades directamente reveladas por Dios. Dios es soberana voluntad y omnipotencia absoluta. No está sometido a leyes ni antes ni después de la creación. No hay por tanto ninguna naturaleza que lo condicione y limite. Entre él y el hombre no hay medición alguna. 

Esto tiene dos graves consecuencias. Por un lado, Dios desaparece del horizonte de la razón, deja de ser un problema intelectual; con lo que se suprime de un plumazo el que había sido el principal tema de la filosofía por lo menos de los últimos mil años. No por eso desaparece Dios de la vida, pero se convierte en un problema meramente religioso. La segunda consecuencia grave es que se altera la relación con la naturaleza. 

Por otro lado, la revisión radical a la que Ockham somete la lógica hace que términos como espacio, tiempo o movimiento dejen de designar realidades absolutas y se conviertan en términos relativos, que designan solo relaciones entre los individuos. Para él no existe por tanto el espacio en cuanto tal, lo que existen son cuerpos extensos. 

Guillermo representado en la vidriera de la iglesia de Ockham (Reino Unido).

El propósito de Ockham es distinguir claramente entre la lógica y la realidad. Entre una y otra no hay correspondencia. Los términos orales y escritos son puramente convencionales. Solo los términos mentales vienen dados por la naturaleza y la experiencia. Todos los términos tienen un significado cambiante, que depende de la situación concreta: de quién los use y cuándo. El plano conceptual y el real son pues distintos y no pueden confundirse. El primero se mueve en el ámbito de los símbolos y estos pueden combinarse libremente de múltiples maneras. La única precaución necesaria es contrastar su referencia a la realidad por medio de la experiencia; es decir, verificar que las conclusiones de los razonamientos corresponden a los hechos. De este modo se preparan y anticipan también los procedimientos de la ciencia moderna. 

Ockham aplicó la idea de navaja para eliminar los supuestos innecesarios de una teoría. Según este principio, para explicar un fenómeno determinado, si tenemos dos o más hipótesis, lo más razonable es aceptar el más simple; o sea el que presenta menos supuestos no probados.

Este principio también es conocido como de parsimonia, que en esencia señala, que si ambas explicaciones están en igualdad de condiciones, no hay que tener en cuanta una explicación complicada si existe una más simple.

Esto no quiere decir que la explicación más simple sea la más correcta sino que existen más probabilidades que sea cierta y que es preferible elegirla hasta que haya razones bien fundamentadas para adoptar una alternativa más compleja.

Este principio es un método que se supone válido para canalizar mejor los esfuerzos en los primeros estadios de una investigación.

La navaja de Ockham frecuentemente se utiliza en los debates científicos y filosóficos.

También se utiliza a menudo contra una serie de explicaciones dualistas que proponen la complejidad innecesaria de suponer un mundo mental y otro físico separados, para luego tener que hacer múltiples esfuerzos para explicar la relación de ellos entre sí.

Esta es una de las más conocidas críticas que se hace al dualismo cartesiano sobre el cuerpo y la mente; y la navaja corta una de las realidades sin indicar cuál es la que descarta.

La mayoría actualmente supone que toda la realidad, inclusive nosotros mismos, se puede explicar físicamente, aunque también están quienes, como George Berkeley, prefieren adoptar el modelo idealista.

La idea sintetizada es: no compliques las cosas si pueden ser simples.

BIBLIOGRAFÍA

AAVV. Historia del pensamiento filosófico y científico. Antigüedad y Edad Media. 1ª Edición. Barcelona: Herder, 2010. pp. 530-548.

PADILLA MORENO, J. Historia del pensamiento antiguo y medieval. 1ª Edición. Madrid: CEF, 2016. pp. 259-264.

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