La patrística griega

  • EL SURGIMIENTO DE LA TEOLOGÍA.

La tensión entre helenización y conservación de la esencia cristiana originaria se mantiene a lo largo de todo el pensamiento patrístico. Poco a poco los cristianos van tomando conciencia de los problemas teóricos y de autocomprensión que su misma fe implica, y que son por tanto problemas internos del cristianismo, pero que solo pueden plantearse y resolverse con los instrumentos proporcionados por la filosofía. Van centrándose cada vez más en problemas teológicos y si se plantean cuestiones filosóficas es precisamente por estos problemas. 

Poco a poco se irán planteando innumerables cuestiones que podemos agrupar sumariamente en torno a cuatro núcleos temáticos:

  1. La encarnación: ¿Es Cristo verdadero Dios? ¿Es verdadero hombre? ¿Es ambas cosas a la vez?
  2. La Trinidad: ¿Cómo es posible que haya un Dios y tres divinidades? ¿Es Cristo hijo adoptivo o ha sido engendrado realmente por el Padre? ¿Son Padre, Hijo y Espírituo Santo tres personas distintas?
  3. Las relaciones entre libertad y gracia: ¿Puede el hombre salvarse, ser bueno y virtuoso  por sus propias fuerzas o a través del conocimiento? ¿es realmente el hombre libre de hacer el bien?
  4. Las relaciones entre la fe y la razón. Si las verdades fundamentales las conocemos a través de la revelación divina ¿para qué sirve la razón? ¿Podemos llegar a conocer o demostrar por la razón las verdades de la fe?

El área donde comienza y se desarrolla fundamentalmente la teología es la mitad helenizada, oriental del Mediterráneo. La ciudad que mejor simboliza y encarna esta simbiosis es Alejandría. 

  • LA ESCUELA DE ALEJANDRÍA.

Su origen está en la escuela de catequesis en la que se formaban los recién convertidos. Fue la primera institución cristiana que ofrecía un programa de enseñanza completo alternativo al de la educación clásica, pero al mismo tiempo con un buen conocimiento de esta. Pronto se convirtió en una importante escuela de educación superior gracias a Clemente de Alejandría (150-215 d.C.). Fue un hombre conciliador y abierto a la cultura pagana. Estuvo convencido de que la verdad completa estaba en el cristianismo, pero mantiene hacia la filosofía una actitud receptiva, reconociendo en ella acierto y verdades parciales.

Su manera de entender el cristianismo estaba muy influenciada por el estoicismo. El concepto central en él es el Logos (razón). Y el concepto de fe lo entiende en cierto modo como el asentimiento de los estoicos. El fin último es la gnosis (verdadera sabiduría) que está un paso más allá de la fe e implica la compresión de lo que se cree y a la que se llega por iluminación directa de la razón (logos).

El pensamiento de Clemente tiene, sin embargo, cierto carácter ecléctico (intermedio). Es en cierto modo el último de los apologistas. Quien de verdad eleva el pensamiento cristiano al nivel de los grandes filósofos paganos es Orígenes (185-253). Puso las bases de lo que ha sido la teología sistemática cristiana. Pero en unos casos fijó fórmulas que han sido luego admitidas y sancionadas por los concilios y otras que fueron consideradas heréticas. 

Clemente de Alejandría.

Su obra es inmensa, pero gran parte de la misma se ha perdido debido a la condena posterior de sus posturas. La base de su pensamiento es el platonismo. Orígenes busca una gnosis (verdadera sabiduría) verdaderamente racional, superadora de las fantasías mitológicas de los gnósticos. Para ello tiene que hacer un gran esfuerzo en la interpretación de los relatos bíblicos, que de otro modo parecerían a una mente griega historias arbitrarias, particulares e irrelevantes. Para ello hace con los relatos bíblicos una interpretación alegórica. Distingue así tres sentidos en las Escrituras Sagradas: el literal, el moral y espiritual.

Orígenes elabora por primera vez una doctrina de la Trinidad. La piedra angular de esta doctrina es la concepción del Hijo, identificado en la razón y la sabiduría. En él están contenidas desde toda la eternidad, según Orígenes, las ideas platónicas y todas las criaturas de manera virtual. El Hijo no emana del Padre ni es creado por él, sino engendrado. En Cristo hay dos naturalezas: es verdadero Dios y verdadero hombre, frente a lo afirmado por las tendencias docentistas. En cuanto al Espíritu Santo, su función específica es la acción santificadora. 

En su doctrina de la creación, Dios creó primero las almas racionales, todas iguales; pero dotadas de libertad. Una parte de ellas se alejó más o menos de Dios: así surgieron ángeles, hombres y demonios. El cuerpo y el mundo material son consecuencia de este alejamiento, del pecado. Frente al pesimismo, Orígenes se atiene a la doctrina optimista de Platón, de que todo lo que es verdad es bueno. 

Orígenes diseña una verdadera filosofía de la historia, incorporando en ella las diversas civilizaciones, puestas en contacto con las conquistas de Alejandro Magno e integradas ahora en la vocación universal del cristianismo. 

  • EL SIGLO IV.

En el siglo IV se trata de crear una nueva cultura, que abarque todos los ámbitos de la vida y la sociedad. Para ello es menester poner en pie una educación, una administración, una política, una moral y un derecho que regulen hasta los últimos detalles, una filosofía cristiana en definitiva. 

Los primeros en planteársela a fondo son los Padres capadocios: Basilio el Grande, su amigo Gregorio Nacianceno y Gregorio de Nisa. Cuando hacen teología, la hacen en las formas literías, aprendidas de los maestros de retórica. Juntos definen una posición intermedia que será decisiva. Por un lado rechazan lo propiamente religioso de la cultura pagana heredada que no es posible asimilar; pero ponen, por otro, todo su empeño en preservar el resto de la cultura, incluyendo la literatura y la filosofía; interpretadas, eso sí, con toda libertad, sin el afán conservacionista propio de los restauradores paganos. Las claves de esta actitud están recogidas en una órbita de san Basilio muy difundida.

Los cristianos no podían rechazar sin más la cultura clásica, cuya superioridad y riqueza formal no podían sino reconocer. 

BIBLIOGRAFÍA

AAVV. Historia del pensamiento filosófico y científico. Antigüedad y Edad Media. 1ª Edición. Barcelona: Herder, 2010. pp. 351-171.

PADILLA MORENO, J. Historia del pensamiento antiguo y medieval. 1ª Edición. Madrid: CEF, 2016. pp. 155-162.

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