Las costumbres y creencias en la Atenas de Platón a través de Fedro.

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A lo largo de la Historia, al margen de la Arqueología, se han utilizado escritos, testimonios, canciones o códigos de leyes para intentar descifrar, con el mayor detalle posible, cómo era la vida en una época determinada. El día a día en la ciudad o el campo, el día a día de una profesión determinada… muchas obras reflejan de manera fiel las costumbres o el ocio de un periodo determinado.

La obra que vamos a utilizar es una de las más importantes del pensamiento occidental: Fedro o de la belleza, posiblemente el diálogo de juventud más importante de Platón (427 – 347 a.C.). En Fedro, o el Fedro, se tratan temas muy diversos mediante el diálogo, y mientras se sucede el diálogo de Fedro y Sócrates, ambos van dejando ver determinadas costumbres de la Atenas clásica. Es complicado reducir la obra a una sinopsis al uso, ya que Platón aborda muchas ideas al mismo tiempo en este diálogo, pero se centra en la ontología, la psicología, el amor, la belleza y lo bueno de las cosas. Existen dos partes diferenciadas en esta obra. En la primera parte se aborda el tema de la belleza de manera extensa, Sócrates le muestra a su joven amigo Fedro su visión de la misma, y del amor, instándole a huir de la lujuria y de los placeres banales. Podríamos asegurar que en esta primera parte de Fedro se muestra el término mal usado hoy día de amor platónico. En la segunda parte se abandona por completo el discurso de la primera así como sus formas, Fedro y Sócrates comienzan a discutir sobre el arte del discurso, que muchos oradores habían convertido en el arte de la mentira con fines dudosos. Platón hace ciencia con el discurso sobre dialéctica que da en esta segunda parte de su obra.

Pero al margen de lo que Fedro o de la belleza nos pueda decir, hay en este diálogo de Platón mucho más que Filosofía. En él podemos encontrar de manera muy clara una serie de costumbres propias de la Atenas de Platón en sus años de juventud. Muchas de estas costumbres o ideas pueden ser similares a las que cualquier persona tenga hoy día en su día a día pero, otras, aun no siendo extrañas, se han ido perdiendo con el paso de los años y la, cada vez más importante, tecnología.

Para situarnos, el diálogo sucede durante un día de verano en el Ática. Desde el comienzo ya hay algo que hoy día resulta poco común y es que Fedro le comenta a Sócrates que viene de pasearse fuera de los muros, algo que hoy día, al no existir muros o murallas en muchas ciudades o pueblos, no es común, al margen de que se ha perdido prácticamente el buen hábito del paseo. Sigue Fedro comentando sobre el paseo y afirma que pasear es más saludable que ir al gimnasio, una afirmación que hoy día no encajaría bien en nuestra concepción con el, cada vez mayor, culto al cuerpo y la proliferación de los gimnasios. Sócrates le pregunta qué tal con Lisias y que si le regaló algún discurso, esta pregunta sobre el regalo de un discurso es algo que a día de hoy puede resultar chocante también, acostumbrados únicamente al discurso político, empresarial o las ponencias.

El hecho de buscar un sitio apartado y sentarse, durante un buen rato, para escuchar el discurso de Lisias de la boca de Fedro también es algo que hoy día podría resultarnos extraño. A la misma vez, Fedro asegura haber salido sin calzado de casa, algo impensable hoy día e invita a Sócrates a tomar un baño de pies, aunque esto último si es algo que se sigue practicando hoy día, con los veraniegos paseos por la orilla en la playa, por ejemplo. Siguiendo el diálogo, durante este hay algo que se repite en varias partes del mismo y es la relación entre la Mitología y la ciudad, o la Mitología y determinadas evidencias de la misma. Un ejemplo de ello es cuando Sócrates afirma la existencia de criaturas como los hipocentauros, las quimeras o las gorgonas. Después Sócrates vuelve hacer alusión a las ninfas que habitan en las riberas del río junto al que están recostados, o cuando hace referencia al ejército de dioses y demonios que sigue a Júpiter en su carro alado. Al final del diálogo Sócrates hace mención al dios egipcio Teut como el inventor de los números o el cálculo. Son aspectos que, aunque hoy día sigue habiendo, de manera general, cierta devoción por determinados dogmas, no se relacionan de manera tan íntima con aspectos del día a día. Por otro lado, Sócrates afirma que nunca ha salido de la ciudad -Atenas- porque fuera no tiene nada que aprender, algo que hoy día resulta tremendamente contrario a la concepción del turismo cultural o la investigación.

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Recreación idealizada de la Acrópolis de Atenas por Leo von Klenze (1846).

Otro aspecto, el cual comenta Fedro, que hoy día no es común es el hecho de que los nueve arcontes -dirigentes- tuviesen estatuas de oro en el templo de Delfos, algo impensable a día de hoy con la clase política, además de que sitúa el número de los arcontes en nueve. Sócrates y Fedro discuten en el diálogo por una cuestión y Fedro amenaza a Sócrates con golpearlo para que prosiga desarrollando su discurso. Este tipo de violencia y más por esa razón es algo que hoy día no es común.

En un momento del discurso Sócrates afirma lo siguiente: “Es claro para todo el mundo, sobre todo para el mismo amante, que nada hay que desee tanto como ver a la persona que ama privada de los más preciso, más estimado y más sagrado que tiene”. Esta afirmación resulta bastante extraña respecto a la concepción que se tiene hoy día del amor o del amante.

En la mitad del diálogo se hace referencia al alma y una especie de rangos o estados en ella, dependiendo de estos la persona será de una manera u otra, designada para una labor en concreto. Esta concepción, que se ha mantenido de una manera u otra durante muchos años, ya está prácticamente abandonada en el pensamiento occidental actual.

Fedro hace referencia, en un momento determinado, a una lucha de discursos entre Sócrates y Lisias. Aunque hoy día se siguen produciendo “luchas” o debates de este tipo, no son desde luego con la misma finalidad que se pretende hacer ver en Fedro.

Al final del diálogo, y para concluir, Sócrates realiza una afirmación que hoy día podría considerarse arriesgada o incluso insultante, y es cuando desprecia que la transmisión del conocimiento mediante libros.

Como podemos observar, no sólo la Arqueología o los códigos de leyes son testigos de la Historia o las costumbres, obras que no estaban destinadas a describir costumbres, paisajes o personajes, entre las que se encuentra Fedro, pueden ser válidos testigos de cómo vivían nuestros antepasados. En Fedro, entre réplica y réplica, podemos hacernos una idea muy clara, si disponemos de los conocimientos históricos suficientes, de como se podría desarrollar la vida en la Atenas de Platón.

Obra completa y gratuita en filosofia.org – http://www.filosofia.org/cla/pla/azc02261.htm

BIBLIOGRAFÍA.

AAVV. Historia del Pensamiento Filosófico y Científico. Volumen I: Antigüedad y Edad Media. 1ª Edición. Barcelona: Herder Editorial, S.L., 2010.

Platón. Platón, Obras completas, edición de Patricio de Azcárate, tomo 2: Fedro. Madrid, 1871.

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