[LIBRO] La Historia con Playmobil

DATOS
Autor: Richard Unglik.
Nº de páginas: 96.
Editorial: SM.
Año de publicación: 2007.
Ediciones: 6 hasta la fecha.
Lugar de impresión: China.
ISBN: 978-84-675-1059-1.

Acercar la Historia a los más jóvenes es, a veces, una tarea harto complicada. Existen multitud de formas de hacerlo; desde libros ilustrados como el presente hasta series animadas como Érase una vez… el hombre o videojuegos como Age of Empires. Pero esto no siempre resulta efectivo si el sujeto en cuestión no se siente motivado tampoco por estos atractivos. Sin embargo, si hay algo que casi todos los niños han tocado y disfrutado esos han sido los Playmobil, la línea de juguetes alemana que, junto con LEGO, tiene casi cualquier niño en su casa. Aprovechando esto, el fotógrafo francés Richard Unglik lanzó en 2007 al mercado La Historia con Playmobil, un pequeño libro ilustrado de 96 páginas que hace un repaso general de la Historia de la humanidad.

La Historia con Playmobil está orientado a niños de entre seis y doce años de edad, aunque su lectura por parte de un adulto interesado en la materia también es completamente plausible, puesto que el libro de Unglik levanta alguna que otra sonrisa. Tiene 96 páginas a todo color en las que las verdaderas protagonistas del libro son las fotografías de Playmobil y no los textos, que resultan bastante escuetos -pero consecuentes con su naturaleza infantil-.

Los fusilamientos del 3 de mayo de Goya (1814).

El libro cuenta con ocho grandes capítulos llamados Comienza la historia, Roma y sus conquistas, La fascinante Edad Media, A la conquista del mundo, El Siglo de Oro, La Tierra de la libertad, Los tiempos modernos y Parece que fue ayer. Los cuales se dividen, a su vez, en un gran número de pequeños capítulos dedicados, por ejemplo, a la batalla de Alesia, Los vikingos, Cristobal Colón, Napoleón, las guerras mundiales o el mundo actual.

Toda la información contenida en La Historia con Playmobil es relativamente veraz y aceptada por la comunidad científica. Evidentemente, en algunos aspectos bascula hacia determinadas corrientes o pensamientos, bien por desconocimiento del autor o bien por cultura popular. De hecho existen ciertos aspectos bastante criticables; como la omisión de la historia de la Grecia Clásica -el autor únicamente habla de mitología-, hacer protagonistas del Siglo de Oro -originalmente el siglo XVII español- a los franceses, obviando a multitud de países como España o Inglaterra durante estas épocas, o la escueta información acerca de las dos guerras mundiales, que son los acontecimientos más importantes del siglo XX. Pero pueden ser justificables debido al público objetivo al que va dirigido el libro, niños entre 6 y 12 años de edad.

El «Che» Guevara.

La Historia con Playmobil no es perfecto, pero es una gran iniciativa para presentar la Historia a los más jóvenes de forma simpática y atractiva, haciendo así que el estudio de la misma no sea farragoso, intentando generar interés más allá de las aulas. Una gran iniciativa nacida de la alianza entre un fotógrafo francés amante de Playmobil y la marca de juguetes alemana.

Valoración: 3/5.

La expansión colonial entre 1876 y 1914

Para hacer un balance de la expansión colonial entre finales del siglo XIX y comienzos del XX vamos a hacer uso de la presente tabla, incluida en la página 196 del manual Historia del capitalismo de 1500 a nuestros días de Michel Beaud. Dicha tabla se encuentra dividida en varios apartados de manera vertical. Por un lado nos encontramos con un bloque que engloba a las colonias con dos fechas 1876 y 1914, cada una a su vez divididas en superficie y población. Por otro lado tenemos un bloque que hace referencia a las Metrópolis, con una sola fecha que se divide en superficie y población. De manera horizontal encontramos, en un primer bloque, los siguientes países: Gran Bretaña, Rusia, Francia, Alemania, Estados Unidos y Japón. Y en otro bloque el total de las seis grandes potencias anteriormente citadas y las colonias de pequeños estados, como Bélgica, Holanda, España…

Estamos pues ante una tabla que intenta mostrar, de manera esquemática, la relación de la superficie en millones de km2 y la población en las colonias y en las metrópolis, intentando mostrar el aumento de las colonias por parte de las seis grandes potencias.

Podemos apreciar como en 1876, Gran Bretaña tenía una superficie, en sus colonias, de 22,5 millones de km2  y una población de 251,9 millones de habitantes. Sin embargo, en 1914, poco antes de la Primera Guerra Mundial, su superficie en las colonias ha aumentado significativamente y está en torno a los 33,5 millones de km2 con una población de 393,5 millones de habitantes, lo cual choca con la superficie de la metrópolis británica de 0,3 millones de km2 y una población de 46,5 millones de habitantes. En este caso vemos una relación colonia-metrópolis muy descompensada, con una superficie muchísimo mayor y mayor número de habitantes en las colonias, lo cual puede deberse a las colonias de la India o las de África.

En el caso de Rusia vemos como en 1876 la superficie de sus colonias era de 17 millones de km2 y la población era de 15,9 millones de habitantes.. En 1914 Rusia solo aumenta en 0,4 millones de km2 respecto a 1876 la extensión de sus colonias, sin embargo prácticamente duplica los datos anteriores con la población colonial, situada en 33,2 millones de habitantes. En esta misma fecha, la extensión de la metrópolis rusa es de 5,4 millones de km2 y la población es de 136,2 millones de habitantes. Vemos un caso radicalmente diferente al de Gran Bretaña ya que Rusia poseía una metrópolis mucho mayor en un inicio y, en ningún caso, sus colonias llegaron nunca a superar los habitantes de la metrópolis. El aumento de habitantes puede deberse a repoblaciones o mejoras en la calidad de vida.

Francia en 1876 tenía una superficie colonial de 0,9 millones de km2 con una población de 6 millones de habitantes. En 1914 la superficie aumentó considerablemente en 10,6 millones de km2 y una población colonial de 55,5 millones de habitantes. Su metrópolis en 1914 tenía una superficie de 0,5 millones de km2 y una población de 39,6 millones de habitantes. Como podemos ver Francia, al igual que Gran Bretaña, aumenta su poderío colonial considerablemente entre 1876 y 1914, esto es sobre todo gracias a sus colonias en África e Indochina, convirtiéndose en la segunda potencia colonial del momento, no en extensión pero sí en número de habitantes y poderío comercial.

Alemania carece de datos en 1876 ya que era un país que acababa de unificarse pero, en 1914, poco antes de la Primera Guerra Mundial, poseía una superficie colonial de 2,9 millones de km2 y 12,3 millones de habitantes, mientras que su metrópolis tenía una extensión de 0,5 millones de km2 -similar a la de Francia- y una población de 64,9 millones de habitantes. Alemania entró tarde, por su naturaleza como Estado, en la carrera colonial, pero eso no fue un problema para expandirse rápidamente en pocos años por territorios como África. Aun así, era la potencia europea con más habitantes por km2 en su metrópolis y su economía nunca dependió exclusivamente de las colonias, contando con una fuerte industria en territorio nacional.

Estados Unidos se encontraba inmerso en la “Conquista del Oeste”, creando un país, mientras las potencias europeas colonizaban los continentes por lo que fue otro país que entró tarde en la carrera colonial. Su gran extensión como país, en 1914, con 9,4 millones de km2 choca con sus 0,3 millones de km2 de superficie colonial y sus 9,7 millones de habitantes. Esto se debe a que gran parte de la colonización de Estados Unidos se dio en islas del Pacífico.

Japón, nueva potencia al final del siglo XIX, tenía una extensión de 0,4 millones de km2 en 1914 y una población de 53 millones de habitantes. Su superficie colonial era de 0,3 millones de km2 y 19,2 millones de habitantes, esto se debe a que, al igual que Estados Unidos, la colonización japonesa se dio básicamente en islas del Océano Pacífico y otros territorios menores. No sería hasta la década de los años 30 del siglo XX cuando Japón alcanzara su mayor expansión territorial.

Como hemos podido apreciar en esta tabla, en 1914 seis potencias controlaban una superficie de 65 millones de km2 con 523,4 millones de habitantes, mientras que otras potencias coloniales menores “únicamente” controlaban 9,9 millones de km2 y 45,3 millones de habitantes -menos población que la autóctona japonesa-. La carrera colonial fue un fenómeno decisivo que tuvo unos protagonistas indiscutibles, fueron estas mismas potencias las que poco después lucharían, tanto en sus territorios como en sus colonias, en dos ejes durante la Primera Guerra Mundial. La desaparición de este sistema, en parte, no se daría hasta después de la Segunda Guerra Mundial.

BIBLIOGRAFÍA.

BEAUD, M. Historia del capitalismo de 1500 a nuestros días. 1ª Edición. Barcelona: Ariel, 1984. pp. 196.

ECHEGARAY PASCUA, E. Historia económica española y mundial. 1ª Edición. Madrid: Centro de Estudios Financieros, 2012. pp. 93-113.

El consumo de carbón y su relación con el avance tecnológico durante los siglos XIX y XX

Para ver la relación entre el consumo de carbón por habitantes y el avance tecnológico de determinados países vamos a usar el presente gráfico, incluido entre las páginas 418 y 419 del manual Historia Económica de Europa de Carlo María Cipolla. Está dividido horizontalmente en nueve bloques fundamentales que hacen referencia a periodos concretos del siglo XIX y comienzos del XX. Los años que abarcan estos nueve bloques van desde 1825 hasta 1914 como bien se ve en el título del gráfico. Dentro de cada periodo se encuentran cinco columnas que hacen referencia a un país europeo en concreto: Francia, Alemania, Italia, Rusia y España, los cuales tienen la columna personalizada en base a la leyenda que encontramos debajo de la tabla. De manera vertical encontramos un valor que va del 0 al 80 y que es el porcentaje de consumo, de cada país anteriormente citado, respecto de Gran Bretaña.

Como vemos, esta tabla hace referencia, sin lugar a dudas a la industrialización de Europa cuyo corazón energético, en el momento, era el carbón. Se compara al resto de países con Gran Bretaña, país que estaba a la cabeza de la industrialización mundial, no solo europea, aunque con los años países como Estados Unidos le irían a la zaga, aunque el gráfico se refiere solo a Europa.

En el primer periodo, que abarca de 1825 a 1834, podemos apreciar como únicamente aparecen dos países en el gráfico: Francia, cuyo consumo de carbón respecto a Gran Bretaña es de un 10%, y Alemania cuyo consumo estaría situado entre un 7-8% respecto a Gran Bretaña. Estos primeros síntomas de industrialización serían claves que marcarían el poderío económico de ambos países en los años venideros.

En el segundo periodo, de 1835 a 1844, vemos como el consumo de carbón de Francia se duplica y supone un 20% respecto al de Gran Bretaña. En el caso de Alemania este consumo de carbón aumenta hasta un 10% aproximadamente.

El tercer periodo abarca desde 1845 hasta 1954, en este vemos como la columna de consumo de carbón respecto a GB de Francia ha aumentado hasta un 30% aproximadamente, mientras que la de Alemania se sitúa en torno al 12%. El aumento del consumo en Francia, desde 1825 hasta 1854 es muy significativo, sin embargo Alemania aun anda con pies de plomo, con un aumento moderado, lo cual puede deberse a que aun no se trataba de un país unificado. Como también podemos apreciar en estos tres periodos -de 1825 a 1854- aun no han hecho acto de presencia Italia, Rusia o España, y esto se debe a que en el primer círculo de difusión de la industrialización no se encontraban estos países, pero sí Francia y Alemania. Además, también podemos asegurar que estamos ante el primer ciclo de difusión de la industrialización, el segundo se iniciará con la entrada de Italia, Rusia y España, y con la igualación, en un primer momento, de los consumos de Francia y Alemania.

En el cuarto periodo, de 1855 a 1864, vemos como Francia aumenta su consumo casi un 10% más, Alemania llega al 20% respecto a Gran Bretaña, y entran en escena Italia con apenas un 1% y España en torno al 3%. Estos países mediterráneos, a pesar de entrar en esta época en el círculo industrial, no llegarán nunca a convertirse en potencias industriales.

En el quinto periodo, de 1865 a 1874, vemos como los consumos -respecto a Gran Bretaña- de Francia y Alemania se igualan, ambos países se sitúan en torno a un 30%. La caída de Francia puede deberse, sobre todo, a la derrota en la Guerra Francoprusiana (1870-1871) que enfrentó a Francia y Alemania, saliendo esta última victoriosa. El aumento de Alemania no solo puede deberse a la victoria en la guerra sino también a su unificación en 1871. España e Italia se mantienen estancadas durante este periodo, y entra Rusia en escena con un 1% respecto a Gran Bretaña, el cual puede deberse a los logros alcanzados en el ferrocarril, el cual conectaba zonas productoras con zonas consumidoras.

En el sexto, séptimo y octavo periodo se entra ya en el segundo ciclo de difusión de la industrialización. Vemos un ascenso imparable de Alemania, la cual llega a colocarse casi al mismo nivel de consumo que Gran Bretaña entre 1905 y 1914. Vemos también como, tras un estancamiento, Francia aumenta un poco su consumo de carbón pero no llegaría a los niveles de 1855. Italia, Rusia y España también aumentan su consumo, estando España a la cabeza de estos últimos. El aumento del consumo del carbón en Europa es un claro síntoma de industrialización, y en el segundo ciclo es aun más acusado, llegando a unos niveles muy altos a las puertas de la Primera Guerra Mundial.

BIBLIOGRAFÍA.

ECHEGARAY PASCUA, E. Historia económica española y mundial. 1ª Edición. Madrid: Centro de Estudios Financieros, 2012. pp. 93-113.

MARIA CIPOLLA, C. Historia económica de Europa. 3ª Edición. Barcelona: Editorial Crítica, 2002. pp. 418-419.

El incremento de población y el avance tecnológico desde el siglo XVIII al XX

 

Para estudiar la relación entre el avance tecnológico y el incremento de población desde el siglo XVIII al XX vamos a utilizar la tabla 4, que podemos encontrar en la Unidad 4, en la página 102, del manual titulado Historia económica española y mundial de la profesora de la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA) Esther Pascua Echegaray. Dicha tabla se titula «Porcentajes de incremento de población por periodos» y está dividida en 4 bloques fundamentales, el primero de ellos se refiere a un determinado ratio de años en concreto, los cuales van desde el año 1700 hasta 1900, dando cuatro saltos de 50 en 50 años. Los bloques siguientes hacen referencia a cuatro países: Gran Bretaña, Francia, Alemania e Italia. En el bloque de cada país, y en relación al periodo de años, aparecen una serie de porcentajes en relación al incremento de población sobre el total de cada uno de los países que aparecen en la tabla. Con esta sencilla tabla se puede hacer un análisis, general, sobre cómo afectó la industrialización a cada uno de esos países, o cómo procesos de unificación como el de Alemania o Italia afectaron, en buena medida, al desarrollo industrial y demográfico de cada país. Es importante tanto para analizar el desarrollo de cada país durante los años recogidos en la tabla como para analizar el futuro de dichos países en conflictos como, por ejemplo, la Primera Guerra Mundial.

Esta tabla es un perfecto ejemplo del cambio de ciclo demográfico, del ciclo demográfico antiguo al ciclo demográfico moderno, con la inevitable transición demográfica entre ambos ciclos. El ciclo demográfico antiguo se caracterizaba por una elevada natalidad, una elevada mortalidad, elevada mortalidad infantil y baja esperanza de vida situada en torno a los 25 años, lo cual no quiere decir, evidentemente, que las personas muriesen con 25 años. El ciclo demográfico moderno se caracteriza por una baja natalidad, baja mortalidad, baja mortalidad infantil y mayor esperanza de vida. Pero entre ambos ciclos existe un fenómeno que ya hemos nombrado, la transición demográfica, la cual se caracteriza por alta natalidad y baja mortalidad en su primera fase, y una baja natalidad y baja mortalidad en su segunda fase. Así pues, en la primera fase hay una gran crecimiento de la población y en la segunda este crecimiento se estanca.

En la tabla también podemos apreciar, en Gran Bretaña, como se va produciendo un aumento importante de la población entre los años 1750 y 1850, esto es debido a que el país en ese periodo se encontraba en el periodo de transición demográfica, sobre todo el periodo que va de 1750 a 1800, luego en el que va de 1800 a 1850 el crecimiento se estanca y a mediados del siglo XIX comienza a decaer. Gran Bretaña, entre 1700 y 1900, aumenta su población de una manera descomunal, influida, por supuesto, por su gran desarrollo industrial y ser la cuna de la Revolución Industrial, siendo el baluarte mundial de la industrialización. También influyeron otros aspectos como la colonización, su victoria en la guerra contra Francia o la estabilidad social a pesar de la baja calidad de vida en los suburbios industriales.

En el caso de Francia ocurre algo diferente al de Gran Bretaña, vemos como en el periodo de 1700 a 1750 se encuentra con un incremento de población característico del ciclo demográfico antiguo y no es hasta el periodo entre 1800 y 1850 cuando sufre un aumento para rápidamente decaer a mediados del siglo XIX. Esto se debe, sobre todo, a los conflictos sociales y las constantes revoluciones que se dieron en Francia durante el siglo XIX, y la miseria que los conflictos trajeron. Así pues podríamos considerar que Francia, debido a su condición, se encontraba muy por detrás de Gran Bretaña, no solo demográficamente sino también industrialmente.

Alemania fue la gran rival industrial de Gran Bretaña junto con Estados Unidos, el país alcanza su periodo de transición demográfica entre los años 1750 y 1850, estancándose en este último y comenzando el siglo XX con un alto porcentaje de crecimiento pero inferior a Gran Bretaña. La industrialización de Alemania, su unificación así como sus victorias contra Francia son indicativos de su crecimiento demográfico.

Por último, en el caso de Italia, vemos que su crecimiento demográfico es más moderado que el de Gran Bretaña o Alemania, a pesar de su unificación, Italia no alcanzó el desarrollo industrial de los citados países, salvo en el norte del país. Podríamos considerar que Italia, a comienzos del siglo XX aun podría encontrarse en la fase de transición demográfica, no llegando hasta más tarde a considerarse un país con un ciclo demográfico moderno.

Así pues, hemos visto como Gran Bretaña, seguida de cerca por Alemania, se encontraba a la cabeza de la Revolución Industrial, tanto a nivel europeo como mundial. En la tabla no aparece Estados Unidos, el Imperio Austrohúngaro o Rusia, aunque sería interesante analizarlos también para comprender mejor la incidencia de dichos países en conflictos tan importantes como la Primera Guerra Mundial o en procesos tan determinantes como la colonización de África y Asia.

BIBLIOGRAFÍA.

ECHEGARAY PASCUA, E. Historia económica española y mundial. 1ª Edición. Madrid: Centro de Estudios Financieros, 2012. pp: 93-113.

La escuela del franquismo

Imagen típica de los colegios españoles de la posguerra.

La Guerra Civil (1936-1939)  supone un cambio de época en la Historia de España e incluso del mundo, ya que la Guerra Civil se encuentra cronológicamente muy cercana a la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), por lo que se asistió a una transformación total de Europa en muy pocos años.

Pero, para comprender la educación durante el franquismo, hay que retroceder en el tiempo, concretamente hacia el sistema educativo basado en la Ley Moyano (1857), la cual trataba de ampliar un poco la educación hacia todas las clases pero mantenía, inevitablemente, una separación de clases y en la que únicamente podían educarse familias con posibilidades económicas. Cualquier niño que quisiese estudiar y no tuviese dinero sería sufragado por el estado. Al menos eso decía la teoría, pero eso rara vez sucedió ya que las familias eran analfabetas en su mayoría, y con situaciones bastante precarias.

Ya en el siglo XX, a partir de 1931, con la Segunda República se intentará acabar con las grandes desigualdades sociales del sistema de la Restauración, situándose en contra de los sectores más poderosos de la sociedad. Había muchos analfabetos, pocas escuelas… por lo que la República se dispone a crear programas para alfabetizar y escolarizar, así como planear la construcción de escuelas. Al comenzar la Guerra Civil todo esto queda paralizado incluso en los territorios en los que la República tenía poder. Tras la guerra se inicia una fuerte reforma que estaría marcada por la autarquía y el aislamiento hasta principios de los años cincuenta, cuando se levanta la condena de la ONU, y se realizan tratados con EEUU y el Vaticano.

Escuela femenina en Higuera de la Sierra (Huelva) en 1962.

La educación es algo que prácticamente se abandonó durante el franquismo. Existía un claro interés por la educación pública pero, ante la falta de capital, se deja gran parte de la educación en manos de instituciones privadas religiosas, las cuales regirán la educación española, poniendo como maestros a muchos militares veteranos de la guerra, lo cual influiría, inevitablemente, en la educación del momento, convirtiéndose muchas de las escuelas en auténticos mini-cuarteles regidos con una severa disciplina militar. Además la escuela estaba influenciada por la Falange y, por tanto, falangistas comenzarían a estar presentes en las aulas para adoctrinar políticamente.

En los años cincuenta fue importante la ayuda norteamericana hacia los niños, ya que enviaban alimentos, como leche en polvo o queso, a los colegios españoles para evitar la desnutrición. Muchas aulas eran rurales y unitarias, con espacios diferenciados, sin diferencia de edad del alumnado en el mundo rural.

Como en la mayoría de dictaduras, las aulas estarían llenas de símbolos políticos y, en este caso, religiosos también. El castigo físico era algo común en la escuela franquista, muy lejos de la concepción que se tiene hoy día sobre la educación. En el mundo rural se estudiaba únicamente con un libro: la Enciclopedia Álvarez, una enciclopedia bastante avanzada a su tiempo. El material era bueno pero, en la práctica, no resultaba efectivo debido a la diversidad de edad de los alumnos y al profesorado. Aunque el material en algunas aula era escaso, como hemos comentado, este sí que era de bastante calidad, con laminas para ilustrar cargadas de detalles, ya fuesen sobre Geografía, Física, Economía o Biología. Destacan también los míticos cuadernos Rubio dedicados al cálculo y la caligrafía, problemas que eran fundamentales en la España de aquellos momentos.

Colegio Sagrado Corazón de Jesús (Sevilla), 1966.

Cabe destacar que los libros eran diferentes para niños y para niñas, ya que no recibían el mismo tipo de educación. Se daba muchísima importancia a la Historia, de la cual rescataban determinados episodios como ejemplos o modelos nacionales, sobre todos momentos de fortaleza hispana con episodios como el de Numancia y Viriato, ejemplos de catolicismo como los Reyes Católicos, de gran Imperio con Carlos I o Felipe II… intentaban buscar justificaciones históricas para reforzar determinados símbolos e ideologías del régimen.

Como conclusión podemos sacar en claro que, en un inicio, la educación y la escuela franquista eran sumamente precarias e incluso estaban abandonadas, llevadas de manera consciente hacia el adoctrinamiento de los alumnos. Estos aspectos contrastan con la buena calidad de libros como la Enciclopedia Álvarez o los cuadernillos Rubio para aprender caligrafía o matemáticas. De una manera u otra, los primeros años de educación franquista fueron duros y precarios, pero poco a poco el sistema educativo iría evolucionando a la par que el régimen, aunque nunca se terminaría de abandonar por completo el adoctrinamiento al que eran sometidos los alumnos.

BIBLIOGRAFÍA

LARA MARTÍNEZ, L. (2012): España actual. Ediciones CEF., Madrid. pp. 167-197.

LARA MARTÍNEZ, L. (2015): Conferencia Universidad UDIMA, Madrid.

Comentario de obra – Napoleón abdicando en Fontainebleau

La siguiente publicación tiene un objetivo meramente didáctico, como apoyo al estudio de la Historia del Arte a nivel académico desde una óptica histórica. 

Napoleón abdicando en Fontainebleau por Paul Delaroche (1846)

IDENTIFICACIÓN

La obra hoy presente se titula Napoleón abdicando en Fontainebleau, también llamada Napoleón en la víspera de su primera abdicación,  pintada por Paul Delaroche en 1846, a mediados del siglo XIX. Actualmente forma parte de la colección permanente de la Royal Collection Trust de Londres (Reino Unido). Su autor, el parisino Paul Delaroche, destacó, sobre todo, por ser uno de los mejores representantes de la pintura historicista, que es aquella que desarrolla acontecimientos reales con el fin de inmortalizarlos. Absolutamente toda su obra se centra en la pintura histórica -o historicista-, siempre intentando acercarse a momentos realistas o trágicos, huyendo de la idealización tan común de la época. Buen ejemplo de ello puede ser Napoleón cruzando los Alpes (1850), obra realista, que se encuentra en la Galería Walker de Liverpool, que contrasta fuertemente con Napoleón cruzando los Alpes de Jacques-Louis David (1801) en la que se muestra a un Napoleón heroico liderando a las tropas a través de la célebre cadena montañosa. Otras obras notables, en la misma línea que la presente, son Juana de Arco siendo interrogada (1824), La ejecución de Lady Jane Grey (1833) y Pedro el Grande (1838).

Napoleón abdicando en Fontainebleau pertenece a la corriente del Romanticismo, movimiento en el que se encuadra a la perfección, ya que se sitúa en pleno apogeo del mismo. El Romanticismo huye de la idealización neoclásica a la que se contrapone a veces con cruel realismo. El Romanticismo intenta ser directo, narrar hechos -a veces históricos- o estampas presenciadas por el propio autor. Abarcó, aproximadamente, desde el año 1770 (siglo XVIII) hasta 1850 (siglo XIX). Y de esta corriente emanarían posteriormente otras como el post-Romanticismo, el Impresionismo -gracias a Turner-, el Realismo, el Surrealismo y todas las vanguardias de finales del XIX y comienzos del XX.

La presente obra es buena prueba de ello, a la vez es realista y narra un hecho histórico con, a priori, veracidad. Atrás quedó ese Napoleón cruzando los Alpes neoclásico; aquí Napoleón está cansado, derrotado, con sobrepeso y despeinado. No es la más icónica de Delaroche pero sí constituye una obra romántica esencial y un episodio histórico de innegable valor. Sus medidas son de 69,2x 53,2 cms.

DESCRIPCIÓN DE LA OBRA

Napoleón abdicando en Fontainebleau es una pintura al óleo sobre lienzo, con colores apagados que otorgan sobriedad a la escena. La obra representa a Napoleón poco antes de abdicar por primera vez en Fontainebleau el 4 de abril de 1814.

En la obra no aparecen demasiados elementos, pero los pocos que aparecen tienen su simbolismo. Evidentemente, el protagonista total del cuadro es Napoleón Bonaparte (1769 – 1821), que ocupa la mayor parte del lienzo y se sitúa justo en el centro de la composición. Napoleón aparece sentado en una silla roja, ligeramente recostado, encorvado, despeinado, con la mirada perdida y con actitud de cansancio. Viste su característico uniforme militar blanco, acompañado de una arrugada casaca gris y botas de caballería sucias, llenas de fango. En su mano derecha parecía sostener ligeramente un mapa que ahora descansa en un sofá, mientras que la izquierda descansa con el puño cerrado sobre su pierna. En el suelo podemos ver su sombrero, un bicornio negro muy popular en la época. De fondo podemos ver las rojizas paredes decoradas del Palacio de Fontainebleau -cerca de París- así como una cortina roja y la esquina de un mueble -posiblemente una cómoda-.

Aunque la escena, por si sola, ya dice bastante a nivel histórico, también está cargada de cierta simbología en torno a tres entes esenciales en la obra: el propio Napoleón, el mapa y el bicornio.

  • Napoleón es el protagonista total, casi toda la simbología se encuentra en él de una forma u otra. El mismo físico es precisamente parte de ello, puesto que Delaroche nos muestra un Napoleón más humano, incluso algo envejecido para sus 45 años. Es un hombre derrotado, muy lejos de la grandeza de Napoleón cruzando los Alpes o La coronación de Napoleón de David. Despeinado, recostado, enfadado y con la mirada perdida, Bonaparte trata de asimilar la ocupación de París y su más que posible exilio a la isla de Elba. Había perdido, el emperador de Europa había caído ante Austria, Rusia y Prusia. El Antiguo Régimen le había vencido. Sus botas sucias y la casaca arrugada contrastan fuertemente con la pomposidad del Palacio en el que iba a firmar su rendición y exilio. Es un Napoleón como nunca antes habíamos visto, un Napoleón real: humano.
  • El mapa es un símbolo fundamental en Napoleón abdicando en Fontainebleau. Napoleón Bonaparte es considerado un gran estratega político y militar, algo que sabían de sobra sus enemigos y aliados en la época. Pero estaba muy lejos de ser un dios y, como ser humano, es susceptible de cometer fallos. Es el mapa de la derrota, el cual parecía sostener involuntariamente hasta que ha caído en el sofá, pues todavía no ha sido capaz de asimilar los acontecimientos.
  • El bicornio es el último gran símbolo de la obra de Delaroche y pieza fundamental en el atuendo de Napoleón durante tantos años, prácticamente símbolo del imperio, aparece tirado en el suelo. Olvidado por su portador, el bicornio representa a Francia, la cual Napoleón ha olvidado y perdido debido a su avaricia como líder militar. En el suelo, no entre sus manos o en una mesa, el bicornio de Bonaparte es un símbolo más de derrota.

COMENTARIO Y ANÁLISIS FORMAL

La composición de Napoleón abdicando en Fontainebleau es bastante básica ya que se trata, después de todo, de un retrato de cuerpo entero. El protagonista total, que ocupa el centro de la obra, es Napoleón Bonaparte, cuya figura abarca la mayor parte del lienzo. Como decimos, se sitúa en el centro y la mayor parte de los detalles están en él. A la derecha tenemos la esquina de una cómoda a la que Delaroche no presta demasiada atención, en el suelo el sombrero que, como hemos comentado, es un símbolo importante en la obra y, de fondo, las paredes pintadas del Palacio de Fontainebleau (Francia), así como el sofá en el que está el mapa.

Paul Delaroche es bastante directo con esta obra; intenta mostrar un gran realismo pictórico, fundamental para la pintura histórica. Atrás queda la grandilocuencia neoclásica, también se desmarca de corrientes pre-impresionistas. Aquí las formas están bien definidas y los detalles cuidados al milímetro. Con la presente obra Delaroche se consagra como retratista.

Son formas definidas, existe la línea con el objetivo de mostrar el máximo realismo posible. Delaroche huye de las nuevas corrientes, es un pintor romántico muy particular. El uso que hace del color también es muy peculiar, puesto que en este caso se opta por colores pardos, rojos y marrones muy oscuros, que contrastan con el uniforme blanco de Bonaparte y su casaca gris. Son colores apagados, propios de su obra, los cuales buscan dotar de realismo, historicismo e incluso pesimismo a la escena. Se narra un momento oscuro para Bonaparte y para la Historia de Francia, a pesar de que este se desarrolle en medio de la pomposidad de un Palacio. Existe cierta calidez gracias a la paleta seleccionada para el entorno, con rojizos cobre muy oscuros.

CONTEXTUALIZACIÓN EN LA HISTORIA Y LA HISTORIA DEL ARTE

A nivel histórico es una obra que nos dice mucho. Los expertos no se ponen de acuerdo sobre qué momento exacto quiso representar Delaroche; unos se inclinan con que el cuadro representa a Napoleón días antes de la abdicación, la cual se haría el 4 de abril de 1814. Otros, sin embargo, aseguran que la obra representaría a Napoleón instantes antes de la propia abdicación, el mismo día cuatro de abril. Sea como fuere, su historicismo es innegable: París había caído ante las fuerzas de Austria, Rusia y Prusia. Napoleón, el genio estratega de su época, había sido derrotado. Francia había perdido la guerra.

Dentro de la propia Historia del Arte, Napoleón abdicando en Fontainebleau también nos deja un importante legado. En primer lugar porque se representa a un Napoleón Bonaparte humano , muy lejos de aquellas obras neoclásicas de David cuyo objetivo, a priori, era más propagandístico que artístico. De hecho, tanto gustaría el cuadro al propio Delaroche, que cuatro años después se atrevería a desafiar al propio Jacques-Louis David al realizar su propia visión de Napoleón cruzando los Alpes; en burro, ayudado por un soldado, tapado por el frío y en medio de un paso de montaña.

BIBLIOGRAFÍA

ROYAL COLLECTION TRUST. Napoleon at Fontainebleau, 31 march 1814. [Consulta: 22-05-2017] Disponible en: https://www.royalcollection.org.uk/collection/405838/napoleon-at-fontainebleau-31-march-1814

[MANUAL] Nueva Historia de la España Antigua – Gonzalo Bravo

DATOS
Autor: Gonzalo Bravo.
Nº de páginas: 381.
Editorial: Alianza Editorial.
Año de publicación: 2011.
Ediciones: 1 hasta la fecha.
Lugar de impresión: Torrejón de Ardoz, Madrid (España).
ISBN: 978-84-206-5477-5.
Depósito legal: M. 35.708-2011.

Las clases magistrales sobre Historia Clásica, y en concreto sobre Historia de la España Antigua, no siempre son el mejor método para adentrarnos en un terreno tan complejo como fue el de la Hispania romana. Y si no que se lo digan a profesores como Aurelio Padilla o José Millán León (Universidad de Sevilla). Y es que, en el 99% de los casos, un buen conocimiento sobre el Mundo Antiguo ha de adquirirse con el inestimable apoyo de un manual, que para eso están. Por suerte, hay profesores que siguen creyendo en el manual como herramienta didáctica y uno de ellos es precisamente Gonzalo Bravo Casteñeda, profesor titular de la Universidad Complutense y autor del presente manual.

Nueva Historia de la España Antigua es un manual muy digerible, de menos de 400 páginas y con una letra que hace que su lectura resulte muy cómoda. Trasciende incluso su naturaleza de manual al uso y bien puede servir como libro de lectura, gracias a la forma en la que está escrito, que huye de tecnicismos que, en muchos casos, son absurdos. Bravo lo escribe de tal forma que es una lectura accesible para cualquier lector receptivo al tema que trata.

El manual cuenta con dos partes principales: una de ellas dedicada a la Península Ibérica prerromana y otra a la Hispania romana. Partes que se subdividen en cinco extensos capítulos que, bajo mi punto de vista, deberían ser algunos más, para no hacer la lectura tan farragosa. Cuenta, además, con un extenso listado de siglas y abreviaturas, un listado de mapas, de cuadros, de gráficos y de documentos. Y, por supuesto, con una extensa bibliografía especializada, que sirve tanto para refrendar el manual como para permitirnos ampliar la información del mismo si fuese necesario.

La información inserta en la obra de Gonzalo Bravo es directa y sencilla, abordando además todos los temas necesarios en el estudio de la Hispania romana. Además, Bravo es un autor que no ha querido otorgar más importancia de la necesaria a la Historiografía, por lo que el paso de esta por el manual es anecdótico.

El manual también sirve para complementar el estudio sobre la República y el Imperio Romano, sobre todo en su política de colonias o provincias, así como otros aspectos tan importantes como la crisis del siglo III o las reformas de Diocleciano.

Nueva Historia de la España Antigua fue mi manual de cabecera para estudiar Historia de España Antigua en la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA), asignatura que impartió el doctor en Arqueología Daniel Casado Rigalt. Por primera vez encontré un manual claro y conciso que amplió mi conocimiento sobre la Península Ibérica en época clásica. Es un manual que he leído a fondo y cuyo contenido me parece de suma utilidad, tanto para el estudiante de Historia Clásica como para el interesado en este período. Algunos temas del manual los he resumido en el blog y sirven para hacerse una idea sobre qué fue aquello tan lejano que denominamos Hispania. Encontraréis los resúmenes pinchando en los siguientes enlaces:

Un manual altamente recomendable, tanto si queremos iniciarnos en el estudio del mundo clásico en la Península Ibérica como si queremos ampliar información sobre el mismo.

Valoración: 4/5.

Museo Arqueológico de Sevilla

Sevilla es una ciudad eminentemente histórica. Sus datos turísticos hablan por sí solos, y es que la ciudad hispalense es uno de los referentes nacionales en cuanto a turismo y cultura se refiere. Sin embargo, es una ciudad casi autista que vive, culturalmente, en torno a tres o cuatro elementos que son magníficos pero que, por otro lado, están sobre-explotados y no representan el cien por cien de lo que esta ciudad puede dar de sí.

Plano del Parque de María Luisa situado a la espalda del Pabellón Real.

Un perfecto ejemplo de lo anterior lo constituye el Museo Arqueológico de Sevilla, situado en el Parque de María Luisa, concretamente en la Plaza de América, en un magnífico edificio diseñado por el arquitecto Aníbal González (1876-1929) con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929, y que es, posiblemente, uno de los mayores atractivos que el propio museo en sí. Algo que ya dice bastante de lo que vamos a encontrar en su interior, y no por calidad sino, en buena parte, por presentación y/o conservación.

Fachada principal del museo.

Pero esto no va a convertirse en una crítica ni a la ciudad de Sevilla, ni al museo, ni a su colección, en absoluto. Pero es necesario conocer el por qué de las cosas y creo que, en la situación económico-política que atraviesa España, este pequeño-gran museo está algo olvidado por las administraciones públicas.

Abre de martes a domingo de 9:00 a 20:00 los días entre semana en horario de invierno -sábados y domingos de 9:00 a 15:00- y de 9:00 a 15:00 de martes a domingo en horario de verano. Su entrada es completamente gratuita para ciudadanos españoles y de la Unión Europea, y de tan sólo 1,50€ para los extracomunitarios. No hay excusas para no ir.

Cuenta con 27 salas que abarcan desde la Prehistoria hasta la Edad Moderna, aunque sus piezas más importantes corresponden a la Prehistoria y la Historia Clásica, concentrados la mayoría alrededor de la zona sur de España. Posee, además, un archivo  con información documental, así como un taller de conservación y restauración en el que alojan los fondos museísticos. A día de hoy el Museo Arqueológico de Sevilla alberga más de 60.000 piezas, entre objetos en propiedad y depósito.

El museo tiene tres plantas: sótano, baja -por la que se accede- y alta. En el sótano, las salas I a la IV abarcan del Paleolítico a la Edad del Bronce. En ellas encontramos notables piezas como los cuencos hallados en el Dolmen de la Dehesa de Abajo en El Castillo de las Guardas (Sevilla), pertenecientes, con casi toda probabilidad, al Neolítico y que se encuentran en la sala I.

Cuencos neolíticos del dolmen de La Dehesa de Abajo (Sevilla, España).

O puntas de flechas neolíticas en sílex y pizarra pertenecientes a la Necrópolis de El Gandul (Alcalá de Guadaira, Sevilla).

Puntas de sílex y pizarra de El Gandul (Sevilla, España).

En esta misma sala podemos encontrar también fósiles tales como dientes de megalodón y otros fósiles marinos. Muchos de ellos fueron hallados en zonas como El Coronil (Sevilla), El Acebuchal (Sevilla), Carmona (Sevilla) o la propia ciudad de Sevilla.

Fósiles de megalodón hayados en la provincia de Sevilla (España).

También en la sala I se conservan otro tipo de fósiles, como cráneos humanos o cuernos de elefantes. Cabe destacar que, aún bien conservados, en esta planta del sótano las piezas no están todo lo bien expuestas que se quisiera, dando una sensación de pseudo-abandono en cuanto a su presentación.

Diferentes fósiles de elefantes.

En las intersecciones entre salas hay expuestas notables piezas de arte mueble post-paoleolíticas y neolíticas. Como, por ejemplo, una talla lítica como núcleo para grandes hojas realizada en tufita y que data del III milenio a.C.

Talla lítica en tufita que data del III milenio a.C.

O también estelas y mini-monolitos fenicios de las edades del Bronce y del Hierro. Dependiendo de la escuela algunos se atribuyen a la civilización de Tartessos, aunque es un tema sensible que aún está en debate y que, por el momento, no tiene ningún fundamento científico. Destaca una estela decorada en arenisca hallada en El Coronil (Sevilla, España) y cuya realización se estima entre los siglos X al VII a.C.

Estela decorada hallada en El Coronil (Sevilla, España).

Las salas II, III y IV abarcan desde la Edad del Cobre hasta la Edad del Hierro. Destacan en ellas ajuares funerarios, dólmenes y estelas funerarias de la Edad del Bronce y otra serie de elementos de los mismos períodos. Destacan, sobre todo, puntas de alabarda en cristal de roca, puntas de flechas y puntas de jabalina de finales del III milenio a.C. así como otras notables piezas del mismo período.

Diferentes piezas de la Edad del Bronce encontradas en Valencina de la Concepción (Sevilla, España).

También existe una interesante colección de armas pertenecientes al Bronce Final (1300-700 a.C.), si bien no es comparable a las encontradas en la propia Grecia o las islas griegas, está selección de armas del Museo Arqueológico de Sevilla resulta bastante didáctica. Aunque se echa en falta una mayor explicación de las mismas, las cuales a ojos «no expertos» pueden resultar anodinas o fuera de contexto.

Armas del Bronce Final (siglos XIV a. C. a IX a. C.).

Las salas V a IX abarcan la cultura tartésica, aunque el mítico tesoro de El Carambolo se encuentra en la planta alta en la actualidad. Hay mucha controversia en torno a Tartessos ya que los expertos no se ponen de acuerdo. Por un lado, y sin entrar demasiado en materia, tenemos a aquellos que defienden la existencia de una cultura autóctona en la Península Ibérica -que sería Tartessos- e incluso la primera cultura occidental para otros; argumentos que responden a la tendencia romántica de mediados del siglo XIX en la que un gran número de países intentaron buscar las raíces de su cultura lo más profundamente posible.

Por otro lado, están aquellos que afirman que Tartessos no fue más que un pueblo fenicio y no una cultura autóctona de la Península Ibérica, ya que esta supuesta cultura reúne un gran número de características similares a la cultura del Oriente Próximo que se diseminó por todo el Mediterráneo.

Vajillas de uso ritual o funerario, abalorios y elementos decorativos de diferentes épocas entre los siglos VIII a.C. al IV a.C. hallados en la provincia de Sevilla (España).

Aún así, sin entrar en debates -ya habrá ocasión de hacerlo-, el Museo Arqueológico de Sevilla dedica nada más y nada menos que cinco salas a Tartessos, siendo El Tesoro del Carambolo su pieza estrella, aunque ahora se encuentre en la planta alta.

La sala X de esta planta sótano está dedicada por entero al período turdetano (500 a.C. – 206 a.C.), pueblo con el que también existe bastante controversia al estar íntimamente ligados en cronología a los supuestos tartessos y del que, a día de hoy, no existe tanta información como se quisiera.

Esta sala, junto con las primeras, es de las más interesantes del sótano del Museo Arqueológico de Sevilla, ya que en ella se encuentran piezas de notorio valor tanto histórico como artístico. Buena prueba de ello es la colección de exvotos ibéricos en bronce representando a personas orando.

Exvotos ibéricos en bronce en la sala X del Museo Arqueológico de Sevilla (España).

O la colección de armas y bronces ibéricos, que demuestra la gran afición del pueblo ibérico por la guerra. Este armamento tuvo un origen europeo con aportaciones mediterráneas, aunque esto no quiere decir que no cuente con personalidad y características propias. En el Museo Arqueológico se exhiben diferentes tipos de fíbulas prerromanas que están datadas entre los siglos VIII a.C. y el I a.C.

Armas y bronces ibéricos (siglos VIII a.C. a I a.C.).

Pero, dejando a un lado el bronce, también encontramos magníficas piezas como un retrato encontrado en la provincia de Alcalá del Río (Sevilla, España) o un carnero perteneciente, posiblemente, a un monumento funerario -temática, por otra parte, bastante recurrente en el arte íbero-.

Retrato anónimo hallado en Alcalá del Río (Sevilla, España).

Carnero íbero perteneciente a un monumento funerario.

Ya en la planta baja encontramos la sala XI que también está dedicada al período turdetano y que alberga numerosas piezas de gran tamaño entre las que destaca la colección de leones ibéricos encontrados en Espera (Cádiz, España) pertenecientes a los siglos III y II a.C.

León ibérico de Espera (Cádiz, España).

El resto de la planta baja está dedicado casi por completo al período romano, a excepción de la sala XXVII que alberga piezas medievales y modernas. Estas salas, junto con el Tesoro de El Carambolo, son las más importantes del museo ya que contienen notorias piezas de incalculable valor histórico-artístico. La sala XII está dedicada a la conservación de esculturas romanas de distinta índole y procedencia. Destacan figuras como Nióbide herido -procedente de Italia- o el Apolo citaredo. Pero, quizá, la más importante de todas sea el torso del emperador Claudio divinizado que data del siglo I y que fue hallado en Mérida (Badajoz, España).

Torso del emperador Claudio del siglo I (Mérida, España).

Y también otras esculturas como la del sacerdote sacrificador encontrada en Alcalá del Río (Sevilla, España) y datada entre los siglos I y II. O las piernas de lo que fue una escultura completa de un emperador divinizado -posiblemente Adriano- encontradas en Itálica en las excavaciones de 1780.

Sacerdote sacrificador de los siglos I-II hallado en Alcalá del Río (Sevilla, España).

Emperador divinizado en traje militar de la época de Adriano. Hallado en Itálica (Sevilla, España).

En esta sala XII se encuentra también un interesante mosaico romano que representa una escena de circo y que fue encontrado en Paradas (Sevilla, España), perteneciente con casi toda probabilidad al siglo III o IV. Este tipo de escenas son muy útiles para historiadores y antropólogos a la hora de desarrollar o investigar la cotidianidad del Imperio.

Mosaico con escena de circo del siglo III-IV encontrado en Paradas (Sevilla, España).

Aunque el mejor ejemplo que podemos encontrar en cuanto a mosaico en todo el Museo Arqueológico de Sevilla se encuentra en la sala XIII, la cual alberga un impresionante mosaico del Triunfo de Baco encontrado en Écija (Sevilla, España) y perteneciente al siglo III.

Triunfo de Baco. Siglo III, encontrado en Écija (Sevilla, España).

La sala XIV destaca por estar dedicada, casi por completo, a dioses como Baco, Diana, Juno… y héroes como Hércules así como escenas de obras como La Ilíada de Homero. Eso sí, el verdadero protagonista de la sala es Mercurio gracias a su impresionante escultura de mármol, de sobresaliente factura, perteneciente a finales del siglo II y encontrado en Itálica (Sevilla, España).

Estatua de Mercurio en mármol de Paros. Data del siglo II y fue hallado en Itálica (Sevilla, España).

En la sala XV, aparte de diferentes tipos de vajilla, lo más importante que podemos encontrar es una cabeza masculina que bien pudiese corresponder a un dios o un hombre, posiblemente Alejandro Magno. Sin embargo, la sala XVI es bastante más interesante desde el punto de vista antropológico ya que en ella se exponen lápidas votivas con huellas y textos que aluden a divinidades femeninas.

Lápida votiva.

Preside una notable Venus la sala XVII, representando su nacimiento entre las aguas del mar. Fue encontrada en Itálica (Sevilla, España) y data del año 117. Es una pieza única que destaca por su naturalismo, muy en la línea del futuro Renacimiento italiano. Estas representaciones de Venus son muy comunes en el imaginario griego, romano y, posteriormente, italiano, siendo cada una de ellas esculturas de extraordinario valor debido a su exclusivo carácter.

Venus del siglo II. Itálica (Sevilla, España).

La sala XVIII es una de las más interesantes del museo, ya que en ella se encuentra una gran colección de retratos anónimos tanto femeninos como masculinos que datan de la época de Trajano y Adriano, es decir, entre los siglos I y II. Fueron encontrados en Itálica (Sevilla, España) y destacan por su gran realismo. Especialmente interesante es el anciano anónimo que se sitúa en el centro de la colección.

Colección de retratos anónimos de los siglos I y II. Itálica (Sevilla, España).

Obviando la sala XIX-B, que resulta también interesante por su epigrafía en bronce, la sala XIX impresiona al visitante gracias a su composición, que la convierte en una de las salas «estrella» del Museo Arqueológico de Sevilla. Con cuatro columnas corintias en mármol de fondo, Diana cazadora, realizada en mármol de Paros (Grecia), todo perteneciente al siglo II de la increíble ciudad de Itálica (Sevilla, España).

Diana cazadora en mármol de Paros. Siglo II. Itálica (Sevilla, España).

La perla del Museo Arqueológico de Sevilla es, sin ningún lugar a dudas, su sala XX. A título personal, ni siquiera el mítico tesoro de El Carambolo puede hacer frente a la monumentalidad de esta sala, cuya presentación también juega muchísimo a su favor. Frente a frente, como reza en la guía del museo, Trajano y Adriano, los dos emperadores hispanos más importantes de la historia de Roma. El propio museo la denomina como su «Sala Imperial» gracias a la puesta en escena y la estancia en sí. De hecho, la guinda del pastel es el mosaico de Baco y las estaciones que se halla en el centro.

La sala XX del Museo Arqueológico de Sevilla.

En la XX destaca la escultura de Trajano representado como héroe, realizada también en mármol de Paros (Grecia), hallado en Itálica (Sevilla, España) y que data de la época de Adriano (117-138).

Trajano representado como héroe en mármol de Paros. Siglo II. Itálica (Sevilla, España).

La sala XXI es más importante de lo que pueda parecer a simple vista. Es una sala más enfocada hacia el experto en epigrafía, ya que en ella se encuentran un gran número de lápidas funerarias y votivas. A nivel antropológico y genealógico las más interesantes son las funerarias, las cuales podremos diferenciar por las siglas D M S (Dis Manibus Sacrum o Consagrado a los dioses manes) en la parte superior y S T T L (Sit Tibi Terra Levis o Que la tierra te sea leve) en la inferior.

Colección de lápidas votivas y funerarias.

La lápida del esclavo Doro, que murió con 65 años en algún momento del siglo III. En ella podemos leer: D(is) M(anibus) S(acrum) Doro Pothine Con A(nnorum) P M L X V H(ic) S(itus) E(st) S(it) T(ibi) T(erra) L(evis).

Siguiendo el recorrido llegamos a la sala XXII, la cual está presidida por la cabeza del dios Marte, que fue encontrado en Carmona. Sin embargo, más interesante es todavía la escultura de un emperador representado con armadura militar y realizada en mármol. Fue hallada en Itálica (Sevilla, España) y, aunque no sabemos todavía qué emperador representa, data de la época de Claudio (40-55).

Emperador representado con armadura militar. Siglo I. Itálica (Sevilla, España).

La sala XXIII alberga un buen número de piezas relacionadas con el mundo del comercio. La siguiente, la XXIV está dedicada por completo a la extinta ciudad romana de Munigua (Sevilla, España) y su proceso de excavación arqueológica. En el centro de la sala podemos encontrar una maqueta que representa de forma bastante fiel lo que pudo ser esta ciudad que tuvo su máximo período de apogeo en el siglo II y que sería finalmente abandonada cinco siglos después.

Maqueta de Munigua en el siglo II. Escala 1:100.

La última sala dedicada al período romano es la XXV y está orientada a la temática de la muerte, con piezas de necrópolis, una cupa de enterramiento procedente de Itálica y vitrinas donde se expone el ajuar funerario de la ciudad de Orippo (Sevilla, España). Existen, a su vez, varios sarcófagos bastante sencillos en cuanto a su decoración y acabado. El protocristiano hallado en Sevilla y procedente del siglo IV es buen ejemplo de ello, ya que su decoración resulta bastante pobre comparado con otros sarcófagos del mismo estilo encontrados en Italia.

Sarcófago protocristiano. Siglo IV. Sevilla (España).

En esta planta baja encontramos, en último lugar, las salas XXVI y XXVII, las cuales albergan arte cristiano y visigodo, así como importantes piezas de arte medieval y moderno. Es la colección más escueta del Arqueológico de Sevilla, lo cual no quita para que encontremos piezas de extraordinaria ejecución, como el Mausoleo de Don Nicolás Griego Arisascho, de la Parroquía de Omnium Sanctorum (Sevilla, España) esculpido en el siglo XVI.

Mausoleo de Don Nicolás Griego Ariascho. Siglo XVI. Sevilla (España).

En la planta alta, originalmente, se encuentran la Biblioteca, salas de exposiciones, el salón de actos y zonas de trabajo. Actualmente, destaca por sus dos salas dedicadas por enteros a dos importantes tesoros que alberga el museo. En primer lugar, la sala monográfica de El Carambolo, en la que podemos encontrar multitud de piezas como el mismo Tesoro de El Carambolo o el Tesoro de Mairena. Por desgracia, la mayor parte de estas piezas son meras copias de los originales, los cuales se encuentran guardados en el museo para asegurar así una mejor conservación.

Tesoro de Mairena. Siglos III – I a.C. Mairena del Alcor (Sevilla, España).

El Tesoro de Mairena data del siglo III a.C. y fue encontrado en Mairena del Alcor (Sevilla, España), es un tesoro compuesto por trece piezas entre los que destacan las pulseras y la diadema. Se desconoce por completo su contexto pero conforma uno de los conjuntos de joyería prerromana más importantes de la zona.

Copia del Tesoro de El Carambolo. Siglo VII-VI a.C. Camas (Sevilla, España).

El Tesoro de El Carambolo es, en principio, la joya de la corona del Museo Arqueológico de Sevilla, aunque el expuesto se trata de una copia perfecta del mismo, el cual se encuentra conservado en las dependencias internas del museo. El original está realizado en oro y fue hallado en Camas (Sevilla, España). Algunos expertos lo atribuyen a la cultura de Tartessos, otros aseguran que su origen es eminentemente fenicio. Está formado por 21 piezas entre las que destacan los brazaletes y los pectorales. Data de los siglos VII-VI a.C. y fue encontrado en 1958. Aunque aún existe controversia también sobre su posible uso, la mayoría de expertos coinciden en que se trataba de adornos para decorar animales que eran sacrificados en honor de dioses como Baal.

Curioso es también encontrar un fragmento del pavimento original de conchas donde se encontró el tesoro, en el llamado Santuario de El Carambolo.

Fragmento de pavimento ritual de conchas en la zona de acceso al Santuario de El Carambolo. Siglo VIII – VII a.C. Camas (Sevilla, España).

Por último, en la planta alta, justo en frente de la sala monográfica de El Carambolo se encuentra otra sala dedicada en exclusiva a un Tesoro, el de Tomares. Un tesoro de reciente descubrimiento, hace apenas un año, el 28 de abril de 2016. Hallado en la localidad de Tomares (Sevilla, España), se trata de una de las colecciones de monedas romanas más grandes del mundo, con más de 50.000 de ellas. Se trata de follis del siglo III y IV, en las que aparecen representados emperadores como Diocleciano, Galerio o Constantino Cloro.

Entrada a la sala monográfica dedicada al Tesoro de Tomares.

Es una sala que lleva poco tiempo y es algo que se nota en su presentación poco cuidada o apresurada. Es algo que el Museo Arqueológico de Sevilla debe tomar en cuenta, ya que los materiales interactivos tales como tablets o televisores parecen fuera de lugar en el espacio, así como el mismo tesoro en sí. Pero es algo lógico, ya que se trata de un descubrimiento muy reciente.

Follis de los siglos III y IV tal y como fueron encontrados en Tomares (Sevilla, España).

Y esto es todo cuanto puede ofrecernos el Museo Arqueológico de Sevilla; un gran museo algo descuidado en cuanto a su presentación, también algo anticuado, pero único en el mundo y con una colección impresionante. No suele estar muy concurrido, lo cual es una verdadera lástima pues las piezas que se encuentran en su interior son tremendamente importantes para conocer la historia de Roma en Hispania así como el período prerromano, que tanta controversia ha levantado y levanta entre los expertos.

Para terminar una jornada redonda, qué mejor que tomarse una cerveza y unas olivas en algún bar de la zona, admirando la zona de Capitanía Marítima y el Paseo de las Delicias.

Aspectos jurídicos de las ciudades romanas en época altoimperial

CIUDADES NO PRIVILEGIADAS: CIVITATES INDÍGENAS.

Las ciudades hispánicas de época romana pertenecían a una de estas tres categorías: civitates, colonias o municipios. A pesar de que en Hispania la romanización se inició antes que en otras provincias, la transformación fue lenta en determinadas zonas.

Hubo comunidades que se habían conformado sobre estructuras suprafamiliares y territoriales, que los romanos denominaron como oppidum y que fueron evolucionando hacia el sistema romano de las civitas. Así pues se formaron numerosas civitates en torno a un oppidum originario. Había muchas civitates en Hispania pero las diferencias entre ellas eran notorias desde el punto de vista jurídico, político y social. Su estatuto jurídico era diferente según la relación que tuvieran con el Estado romano.

Recreación de Ammaia (Sao Salvador da Aramenha, Portugal).

Se llamaba civitates liberae et inmunes a aquellas que aun no habían establecido un pacto (foedus) con los romanos. Estas comunidades irían desapareciendo poco a poco.

La situación más frecuente fue la de las civitates foederatae, que habían concertado un pacto con los romanos, casi siempre a favor de los romanos y pocas veces en condiciones de igualdad. Los pactos que se realizaban en igualad de condiciones se denominaban civitates foederatae liberae y otros, los más frecuentes, que estipulaban obligaciones contributivas con Roma: civitates foederatae stipendiariae.

Aun así, independientemente del estatus jurídico en relación con Roma, la promoción sociopolítica de las comunidades indígenas organizadas como civitates se realizaba mediante el otorgamiento de la ciudadanía romana a las élites indígenas. Una vez que una civitas hubiera alcanzado cierto nivel de desarrollo, lo normal era que se convirtiese en un municipio romano. Así, poco a poco, las élites indígenas irán integrándose en el sistema social y político romano.

En Hispania, las ciudades no privilegiadas eran mayoría a finales del siglo I d.C. hasta la época Flavia.

CIUDADES PRIVILEGIADAS: COLONIAS Y MUNICIPIOS.

Las ciudades privilegiadas se mantuvieron como una minoría hasta la época imperial. Solo un tercio de las civitates conocidas en la Hispania romana alcanzaría el estatus de ciudad privilegiada, bien como colonia o como municipio. Estas ciudades tenían un estatuto jurídico superior a las civitates de derecho peregrino.

La fundación de una colonia romana se hacía mediante la fórmula de la deductio, que consistía en un acto formal en virtud del cual se asignaba un territorio a un grupo determinado y se dotaba a la ciudad de los instrumentos institucionales necesarios. Podía tratarse de una población preexistente o de una fundación. Aun así, el principal motivo de la fundación colonial fue el cultivo de las tierras circundantes como medio de vida para la nueva comunidad. La fundación de una colonia requería una meticulosa planificación, se organizaba como una pequeña Roma aunque hubiese notorias diferencias entre unas colonias y otras.

BIBLIOGRAFÍA.

BRAVO, G. (2011): Nueva Historia de la España Antigua. Alianza Editorial S.A., Madrid. pp. 158-162.

La reorganización hispánica de Diocleciano a finales del siglo III

REFORMA PROVINCIAL.

A finales del siglo III el mapa administrativo de Hispania seguía siendo el mismo que diseñó Augusto tres siglos antes, pero en torno al 300 Diocleciano y los tetrarcas culminaron las reformas administrativas puestas en práctica los años anteriores, las cuales afectaron al ejército, las provincias y la administración imperial.

Diocleciano en el Museo Arqueológico de Estambul (Turquía). Siglo III.

Uno de los cambios más innovadores de Diocleciano y los tetrarcas fue la sustitución progresiva de funcionarios senatoriales por ecuestres. En general la Tetrarquía llevó a cabo una política antisenatorial que iría aportando cada vez más importancia a los ecuestres.

Estas reformas administrativas se completaron con otras medidas políticas no menos importantes como la separación de poderes civiles y militares. Este proceso fue largo y no concluyó hasta las últimas décadas del siglo IV.

Los tetrarcas en el Tesoro de San Marcos. Venecia (Italia). Siglo III.

El territorio hispánico estuvo dividido, hasta finales del siglo III, en tres provincias: Tarraconense, Bética y Lusitania. El territorio peninsular e insular se  distribuía en tres provincias muy diferentes entre sí en cuanto a extensión, recursos y modos de vida.

División provincial de Diocleciano.

Hacia el año 300 se constatan ya en Hispania los efectos de la reforma provincial en virtud de la cual el territorio hispánico quedó dividido en cinco provincias: Bética, Lusitania, Tarraconense, Carthaginense y Gallaecia. La nueva división incluía las Baleares, adscritas a la Carthaginense. Las nuevas provincias, más pequeñas, implicaban también un nuevo reparto jurisdiccional del territorio en unidades más fácilmente gobernables. Así la Tarraconense se redujo en tamaño, por ejemplo.

LA REFORMA ADMINISTRATIVA.

La gran reforma administrativa del Bajo Imperio fue, sin duda, la configuración de las diócesis como agrupaciones de provincias por dos razones fundamentales: por la novedad del sistema diocesano y por la eficacia en términos gubernativos.

La formación de la diócesis se realiza a partir del agrupamiento de las unidades provinciales existentes para constituir una nueva unidad administrativa, de entidad territorial, jurisdiccional y económica. A las provincias hispánicas viejas (Bética, Lusitania) y nuevas, se añadió además la norteafricana Mauritania rompiendo así la aparente unidad territorial de Hispania. El documento llamado “Laterculus Veronensis” recoge los nombres de las doce diócesis en que fue dividido el Imperio, llamándose Hispania “dioecesis Hispaniarum”.

Diócesis a comienzos del siglo IV.

El vicario enviado a las diócesis tenía jurisdicción sobre todos los provinciales, por encima de los gobernadores y era la representación del propio emperador, la máxima autoridad imperial en su circunscripción.

En el caso de Hispania, las provincias de la diócesis variaron a lo largo del tiempo y no es algo extraño ya que este sistema había sido concebido para asumir posibles cambios.

REFORMAS ECONÓMICAS.

Pero el Imperio e Hispania no solo necesitaba reformas administrativas sino también económicas. Era necesario hacer frente a los crecientes gastos de la administración imperial y el mantenimiento del ejército, era necesario un plan de recuperación económica tras un siglo de luchas y disputas.

Muchos campos habían quedado largo tiempo sin cultivar (agri deserti); los circuitos comerciales tradicionales se habían obstruido por las guerras y la inseguridad creciente en las vías fuera de las ciudades. Ante esto, el gobierno tetrárquico puso en marcha una ambiciosa reforma fiscal destinada a proporcionar al Estado los ingresos necesarios para su recuperación.

Para ello, toda la población fue censada de nuevo, pero con fines fiscales, y también se censó a los animales. La llamada iugatio-capitatio fue el nuevo sistema fiscal implantado en época de Diocleciano y estaba destinado a proveer de recursos al Estado para atender las necesidades provinciales.

Mosaico con escena campesina en Conimbriga (Portugal). Siglo IV. Fuente: Artehistoria.

En Hispania no hay testimonios directos al respecto pero estas medidas, sin duda, se aplicaron como en el resto de provincias y diócesis del Imperio.

SOCIEDAD.

La definición tradicional de la sociedad bajoimperial romana ha sido en terminos de bipolaridad atendiendo a los dos grupos sociales de la época: honestiores y humiliores, en el Bajo Imperio esta distinción se convirtió en una auéntica división social.

Honestiores designa en la sociedad romana a los ciudadanos de mayor honor que, a menudo, coinciden con los que tienen también mayor riqueza, por lo que son objeto de un tratamiento de distinción que se manifiesta en su posición social, económica y jurídica en términos de justicia penal: exentos de la penal capital salvo los delitos de lesa majestad o traición al Estado. Dentro de este grupo se incluyó a los grandes propietarios y también grandes funcionarios, así como oficiales del ejército, jerarquías eclesiásticas…

Humiliores eran los grupos sociales inferiores, de cualquier estatus y ocupación. En general, este grupo tenía condiciones de vida difíciles y peores que las de los honestiores, de los cuales dependían en muchas ocasiones. Humilior acabó englobando a todo aquél que no era honestior.

EJÉRCITO Y LIMES HISPANUS.

El ejército fue uno de los sectores menos perjudicados por la crisis del siglo III debido a la protección del Estado. Los militares se habían hecho omnipresentes en la vida política y social romana, algunos oficiales habían sido  aclamados incluso como emperadores. Todos actuaban como grupos especializados para reforzar la eficacia de los cuerpos del ejército tradicional.

El sistema de defensa imperial, durante el Bajo Imperio, se reforzó en las áreas fronterizas próximas al “limes”, donde había más presión de pueblos bárbaros. El refuerzo se llevó a cabo construyendo instalaciones defensivas o destinando más unidades militares al área afectada. Muchos historiadores y arqueólogos coinciden en la existencia de un “limes hispanus” en torno a la Meseta norte durante el siglo IV.

Muro de Adriano en el norte de Inglaterra; un ejemplo de «limes» romano. Fuente: National Geographic.

Pero el documento que más controversia ha causado entre historiadores es la “notitia Dignitatum”, en la que se mencionan los cargos que estaban al mando de las unidades militares existentes en Hispania. En torno a la “notitia” hay multitud de teorías y aun no es claro a qué fecha en concreto hace alusión.

BIBLIOGRAFÍA.

BRAVO, G. (2011): Nueva Historia de la España Antigua. Alianza Editorial S.A., Madrid. pp. 224-234.