La comunicación escrita en la Edad Media

  • LA CONSERVACIÓN DE LA CULTURA ESCRITA EN EL MONASTERIO

La escritura al servicio del proyecto comunicativo de la Iglesia

En la segunda mitad del siglo V d.C. el Imperio Romano de Occidente acaba por descomponerse, pero la cultura grecolatina aparece ya agotada desde el siglo II d.C. y a partir del siglo IV los oficios pasaron obligatoriamente a ser heredados de padres a hijos, instaurándose el principio feudal. El emperador va progresivamente convirtiéndose en un rey y en Occidente se vive una completa ruralización.

Con esta ruralización se destruye toda la infraestructura comunicativa romana, tanto lo material como lo formal. En la Edad Media existiría una incomunicación generalizada.

La Iglesia consigue organizar en un tiempo muy breve una vastísima red de minúsculos centros religiosos y clericalizó las estructuras civiles basándose en la organización administrativa y territorial romana, monopolizando la comunicación.

El proyecto comunicativo de la Iglesia es un modelo de comunicación oral y visual, aunque también tiene un modelo de comunicación escrita.

El modelo de comunicación oral y visual estaba dirigido a una mayoría analfabeta, un sistema para los grupos iletrados, aunque fue un sistema que fue asimilado por toda la población, culta e inculta. La Iglesia supuso el único pivote de unidad cultural, las autoridades religiosas vieron la necesidad de unificar el credo de todos los cristianos mediante la predicación, la cual se va convirtiendo en el recurso más importante para el mantenimiento de la Fe.

Iglesia de San Clemente en Tahull (Lérida, España), un perfecto ejemplo de comunicación visual.

La predicación se encomendó al cura de la comunidad pero llegarán a crearse, en los siglos XII y XIII, cuerpos especializados en predicar la Fe, las Órdenes Mendicantes con la finalidad de evitar una distorsión del mensaje. Los sermonarios (Ars Praedicandi) contribuyeron a la unificación de conciencias. Los predicadores de a pie y el clero secular repetían lo escrito en los sermonarios desarrollando técnicas persuasivas.

El modelo visual de la comunicación fue el de las Bellas Artes: arquitectura, pintura, escultura… a veces muy integrado en la liturgia, la cual se convertía en una hermosa ceremonia cargada de simbolismo y efectos escénicos.

A pesar de que la Iglesia intenta monopolizar el sector comunicativo, con Carlomagno se llega al primer renacimiento cultural en Europa. Carlomagno intentó restaurar el modelo político del Imperio Romano y algo así requería una buena administración por lo que se empeñó en difundir la escritura entre sus cortesanos.

Carlomagno fue, posiblemente, la figura más importante al respecto de la comunicación durante la Alta Edad Media.

A Carlomagno se le atribuye la recuperación del sistema de Correos pero un nuevo sistema feudal. Los señores estaban obligados a acoger a los mensajeros en los altos de su camino y era el señor feudal quién recibía las noticias por correo y las hacía circular hacía los escalones inferiores.

El poder civil se organizaría calcando el sistema comunicativo de la Iglesia, una estructura piramidal en cuya base se encontraría el pregonero. Otro de los elementos de difusión de la información fue el ejército que al participar en campañas lejanas traían a casa noticias de esas tierras.

Otro elemento capital para la comunicación fue el mercader, normalmente de procedencia siria o judía, que al intercambiar productos también intercambiaban comunicaciones.

El scriptorium monástico. Las prácticas de la lectura en la Alta Edad Media.

Consecuente con todo lo anterior la producción del libro también cambia radicalmente. De ahora en adelante la producción de libros se realizará en centros eclesiásticos que no tienen como objetivo el comercio sino solo satisfacer las necesidades culturales de la propia comunidad, se trata de una actividad, en origen, desinteresada.

La institución monástica tiene su origen en el anacoretismo, el ejemplo cundió en Occidente un siglo más tarde. Aunque la finalidad del primer monacato no es el estudio pero la lectura estaba incluida dentro de las tareas práctico-espirituales que debía cumplir todo monje según la Regla de San Benito. Esta regla divide en tres grupos las actividades del monje:

  1. El opus dei: la plegaria, que ocupaba un mínimo de cuatro horas diarias.
  2. El opus manuum: el trabajo manual para la subsistencia de la comunidad, con seis horas diarias.
  3. La lectio divina: que suponía contar con una biblioteca nutrida. En un principio no podía ser más que el desciframiento de las verdades cristianas contenidas alegóricamente en cualquier texto escrito.

En una época en la que el monasterio aparece como un islote que debe abastecerse a sí mismo aparecen los scriptoria para asegurar la producción de libros. En ellos trabajaban los monjes rodeados de silencio. La tarea era muy dura y las condiciones no era óptimas, además de que estaban obsesionados por el peligro de incendio por lo que estaba prohibido el fuego. A veces estaban dispensados del descanso dominical y del rezo en común con tal de que dedicasen todas las horas al trabajo.

Toda la cadena de producción de libros está asegurada en el interior del mismo edificio, desde la obtención de pergamino a la encuadernación, pasando por la copia y la ilustración. Para supervisar tan ingente proceso al frente del scriptorium se encontraba el armarius, que debía procurar el abastecimiento de material, corregir los textos y proponer al abad la copia de otros nuevos.

Recreación de un Scriptorium monástico en la película El Nombre de la Rosa (Jean-Jacques Annaud, 1986).

En el monasterio se encuentra además el único ejemplo de biblioteca en todo Occidente, al menos durante estos primeros siglos. Estaba dispuesta la el estudio de los monjes pero también podían conceder los libros en préstamo previo pago del alquiler.

La lectura seguía siendo pronunciada aunque en voz baja aunque hubo ocasiones para la lectura en alta voz en incluso para la performance. Incluso llegó estar permitida la lectura a varias voces. A partir del siglo VI se documenta una tendencia creciente hacia la lectura silenciosa.

El códice de pergamino

La copia del libro en la Alta Edad Media fue un trabajo de equipo realizado bajo la dirección de un jefe del escritorio. La copia del texto no podía comenzar sin una cierta preparación de la página, tanto el pergamino como luego el papel se pulían de nuevo antes de empezar.

Para asegurarse el ensamblaje perfecto de cada cuaderno era necesario indicar un número de página (signatura). Una de las mayores aportaciones de la edición medieval es el desarrollo de la ilustración, el nuevo formato hizo evidente la posibilidad de entender cada una de las páginas que lo formaban como unidades estéticas independientes. Además, el pergamino permitía el empleo de sustancias colorantes más densas. Una de las primeras innovaciones fue la colocación de un marco o recuadro alrededor de la viñeta.

La ilustración del texto se realizaba basándose en orlas e iniciales y en dibujos. Los dibujos reciben el nombre de miniaturas por el término latino minium, que significa rojo. Si además de colores se utilizaba oro se llamaba iluminación. Rara vez era el mismo monje que escribía el texto el que realizaba las ilustraciones. Ejemplo destacado de la riqueza de estas ilustraciones lo encontramos en España con los Comentarios al Apocalipsis que escribió San Beato de Liébana en torno al año 766.

Ejemplo de iluminación en un códice medieval.

A partir del siglo XII también en la ilustración se dejan sentir los nuevos aires góticos. Las figuras se humanizan y las escenas tienen incluso valor documental como reflejo de la vida y las costumbres cotidianas.

Todos los textos medievales, prácticamente, fueron encuadernados con formato de códice. Ha de notarse que para los libros normales las tapas fueron, en un principio, simples refuerzos de piel. La decoración fue enriqueciéndose con el paso del tiempo. Hubo un tipo de libro, destinado a grandes dignatarios o que contenían textos solemnes cuya encuadernación es considerada una obra de arte.

  • LA COMUNICACIÓN ESCRITA Y LA RECONSTRUCCIÓN DEL ESPACIO URBANO EN LA BAJA EDAD MEDIA

Comunicación escrita y burguesía. El proto-periodismo.

Las ciudades comienzan a recuperarse en torno a los siglos X y XI, algunas de ellas son viejas urbes romanas, otras son de nueva planta surgidas en torno al castillo o monasterio. Pero la recuperación no es solo urbana, también lo fue demográfica: a finales del siglo XIII Europa cuenta con una población de 80 millones, similar a la de fines del Imperio. Las ciudades medievales surgen como agrupaciones de artesanos y mercaderes, es decir, burgueses. Este renacido burgo medieval supone la asunción de tres elementos: racionalidad, dinero y escritura.

El Correo resurge de nuevo, y sobre todo en España, donde encontramos el Código de las Partidas, en el que se menciona la figura del mandadero como oficial del Rey, a los cuales se les denominaba troteros, llegando a crearse el cargo de Trotero o Correo Mayor en la Castilla de los Reyes Católicos.

Código de Las Partidas (o Siete Partidas), creado por Alfonso X “el sabio” durante el siglo XIII con el objetivo de dar uniformidad jurídica al reino.

Es una época en la que se consolida la banca y se produce un auténtico renacimiento de la actividad comercial gracias a la propia banca, la cual estaba controlada por los templarios, los judíos y los banqueros lombardos.

La información comienza a jugar un papel muy importante fuera ya de los muros de la Iglesia, aparece una amplia gama de escritores, desde el historiador al proto-periodista, encargados de informar a príncipes y demás autoridades. Especialmente exitosas son las crónicas así como la recuperación de las actas diurnas.

Se documenta ya la figura del especialista en información, el cual se dedicaba a recopilar datos de muy diverso interés para difundirlo entre un público también muy diverso: autoridades, comerciantes o el simple pueblo llano. Los primeros ejemplos documentados son los menanti italianos. Según Timoteo Álvarez, cuatro son las características del modelo informativo bajomedieval:

  1. Existencia de una importante demanda informativa.
  2. Surgimiento de la información como mercancía, como negocio, que se bifurca desde el primer momento a través de dos cauces, la empresa pública y la privada.
  3. El potencial político de la información, que determina una rápida reacción y actuación represora de las entidades políticas y religiosas.
  4. La gran diversidad social de estos primeros agentes informativos: pícaros, estudiantes, marinero, historiadores, banqueros…

La comunicación escrita en la Universidad

La función docente de la Iglesia se entiende, en los primeros siglos, como necesidad de instruir a los mismos clérigos que habían de ejercer el control espiritual y administrativo de la Cristiandad. De la escuela episcopal, siglos después, surgirá la Universidad. La Universidad se dividió en facultades: teología, derecho, medicina y artes. Los estudios duraban seis años y abarcaban entre los 14 y los 20 años de la persona. Concluidos los estudios se conseguía el título de bachiller. Los profesores impartían sus enseñanzas en latín y pertenecían a nuevas órdenes mendicantes como los franciscanos y los dominicos.

Universidad de Salamanca (España). Siglo XIII.

La Universidad misma es un fenómeno burgués. El estudiante, independientemente de su condición social, muestra la condición de superarse y moverse lo necesario, siendo muchos de ellos nómadas.

La práctica de la lectura cambia radicalmente, ahora se lee extensamente, muchos libros y de forma más rápida y superficial, se pone un énfasis inusitado en la lectura. Para favorecer esta nueva práctica intelectual se desarrollan dos estrategias:

  1. El desarrollo de la gramática de la legibilidad.
  2. La publicación de numerosos volúmenes en los que se extracta, se compendia y vulgariza el saber depositado en las grandes obras de la cultura eclesiástica o civil.

La comunicación escrita en el palacio nobiliario y en los círculos humanistas

En los últimos años de la Edad Media la vida monástica decayó en muchos lugares y se distanció de sus primitivos ideales, lo cual afectó también a la actividad bibliográfica de los conventos y los estudios de los monjes. La bibliofilia se irá trasladando desde los centros monacales a las cortes nobiliarias y reales. Se trató de una extensión lenta y limitada, entre otras razones dados los precios elevados de los libros.

Los grandes bibliófilos pertenecerán, a partir del siglo XIII, a la nobleza y a la realeza. Gracias a este interés de los nobles, la producción de libros deja de estar exclusivamente radicada en los monasterios, constituyéndose un gremio de copistas, iluminadores y encuadernadores civiles. Los manuscritos más demandados por este nuevo público fueron los libros de oración (breviarios).

Breviario (Siglo XVI).

Poco a poco la literatura ornamental se convirtió en un rentable negocio dirigido a nobles de más baja escala o a los primeros burgueses pudientes. Las bibliotecas burguesas dejan de tener preferencia por el latín y comienzan a llenarse de libros en sus propias lenguas.

El humanismo tuvo mucho que ver con toda esta revolución del libro ya que querían recuperar la literatura grecolatina en sus propias fuentes originales. Todos los humanistas fueron empedernidos bibliófilos.

Este interés por los libros no tardó en generar un circuito comercial específico de grandes traficantes de manuscritos. Los Médicis recuperaron la biblioteca pública antigua fundando la Biblioteca Mediceo-Laurenziana.

Los escritorios laicos

En la Baja Edad Media, y con la consolidación de la Universidad, empieza a notarse una demanda creciente de libros lo cual produce un abaratamiento del libro en detrimento de la calidad material del mismo.

Se crearon estaciones o librerías en cada una de las facultades. Los rectores fijaban el precio por el alquiler así como concedía licencias a los libreros. Pero no era el libro en sí lo que se alquilaba sino el derecho a copiar un trozo de libro: la pecia. El sistema de pecias tenía dos ventajas:

  1. Impedía la difusión de erratas de copia en copia porque todas las copias partían de un “exemplar” autorizado por la Universidad.
  2. Permitía que varias personas copiaran a la vez el mismo texto siempre que trabajaran con cuadernos distintos.

Hacia una nueva tecnología de la comunicación escrita. La difusión del papel en Europa.

El soporte y formato casi exclusivos de toda la Edad Media fue el códice de pergamino. Sin embargo no fue nunca un material abundante, dada la dificultad de su producción. A partir del siglo VII comienza a notarse en Europa la escasez de papiro, motivada por la conquista musulmana de Egipto. Poco después, en el año 685, un califa dispone que todo el papiro, incluso el que se exporta a Europa, debe llevar la leyenda musulmana. Bizancio se negó e incluso se llegó a librar una guerra por tal causa pero el Imperio Oriental pierde y es obligado a utilizar el soporte con la invocación de Alá.

Otra solución a la escasez del material escriptóreo es lo que se conoce como palimpesto: el borrado o rascado de un pergamino para ser reutilizado. Se borraba sumergiendo los folios en leche y frotándolos con una esponja. Se distinguen tres épocas distintas en cuanto al uso de palimpestos:

  • Entre los siglos VI y IX
  • Entre los siglos X y XIII
  • Entre los siglos XIV y XV

A pesar de estas estrategias hubo un momento en el que la demanda del mismo superaba con creces la posibilidad de producción por lo que los europeos se deciden a adoptar un material escriptóreo conocido tiempo atrás: el papel. Su invención suele datarse en China alrededor del año 150 a.C. La extensión de su uso se atribuye a un eunuco de la corte imperial: Cai Lun.

Cai Lun, eunuco y consejero del emperador chino He de Han (Siglo II).

El proceso se fabricación es similar al del papiro, se parte de fibras vegetales o de trapos. El papel se introdujo en Europa mediante dos rutas distintas:

  • La primera en el tiempo fue la española, usándose en la España musulmana desde el siglo X.
  • La segunda ruta fue la veneciana, a partir del siglo XIII.

El papel tardó en generalizarse en la España cristiana y en Europa ya que se pensaba que su duración era corta, las Partidas del Rey Sabio especificaban que el papel solo se debía usar para escritos poco importantes. Estas extensas obras aparecen, en un primer momento, mezclando el papel y el pergamino debido a la escasez de pergamino. Aun así, la utilización del papel no se generalizará en Europa hasta que no se ponga en marcha la imprenta, la cual utilizará casi exclusivamente este soporte.

BIBLIOGRAFÍA

ESPEJO CALA, C. Historia de la comunicación escrita (de la prehistoria a la irrupción de la imprenta). 1ª Edición. Sevilla: Editorial MAD S.L., 1998. pp. 109-131.

[LIBRO] Historia de España I – César Vidal y Federico Jiménez Losantos

DATOS
Autor(es): César Vidal y Federico Jiménez Losantos.
Nº de páginas: 238.
Editorial: Planeta.
Año de publicación: 2009.
Ediciones: 4 hasta la fecha.
Lugar de impresión: Barcelona.
ISBN: 978-84-08-08211-8.
Depósito legal: B. 16.929-2009.

La Mañana fue un programa de radio de la COPE dirigido por el “periodista” Federico Jiménez Losantos. En dicho programa, amén de disertar sobre la actualidad del país, Losantos contaba con colaboradores para diferentes secciones que se iban sucediendo. Uno de ellos fue César Vidal, controvertido personaje no reconocido por la comunidad que afirma ser historiador, abogado, periodista, escritor, teólogo y filósofo. Juntos crearon una, a priori, interesante sección dedicada a la Historia en la que Losantos iba realizando preguntas sobre la Historia de España a Vidal con el objetivo de disipar dudas comunes que se tienen sobre la misma. La sección se llamó “Breve Historia de España para inmigrantes, nuevos españoles y víctimas de la LOGSE“. De dicha sección salió este libro, el cual es el primer volumen de un total de cuatro.

Historia de España I abarca desde los primeros pobladores de la Península Ibérica hasta el reinado, inclusive, de los Reyes Católicos. Con únicamente 238 páginas para tan amplio período de la Historia, el libro se hace muy digerible y sencillo de leer gracias al estilo en clave de entrevista que tiene. Se trata de una sucesión de preguntas muy básicas sobre Historia de España emitidas por Losantos y respondidas ipso facto por Vidal.

El libro consta de 55 capítulos muy cortos que abarcan desde la Prehistoria, pasando por los fenicios, griegos y romanos, siguiendo por la llegada del islam, los reinos cristianos y terminando con el reinado de los Reyes Católicos, al cual le dedica once capítulos. Existe un claro desequilibrio entre algunos temas y otros, atendiendo siempre a los intereses de Losantos y Vidal en su extinto programa de radio en la COPE. Por ejemplo, los once capítulos dedicados a los Reyes Católicos contrastan peligrosamente con los cuatro dedicados a los visigodos o, peor aún, con el único capítulo que dedica a Prehistoria o griegos y fenicios.

Jiménez Losantos y César Vidal, los autores del libro.

Además, existe un gravísimo problema con Historia de España I de Vidal y Losantos, y es la total ausencia de anotaciones a pie de página o de bibliografía especializada al final del libro. Esto es algo que desacredita por completo los argumentos de César Vidal -sean ciertos o no- ya que no tiene ninguna fuente especializada en la que apoyarse a la hora de esgrimir sus afirmaciones, las cuales parece que emanan de él mismo como si de una enciclopedia andante se tratase o si fuese una figura reconocida por la comunidad.

La información contenida en el libro, veraz o no, tiene como objetivo servir a los intereses políticos de Jiménez Losantos y Vidal durante sus programas de radio en la COPE. Es cierto que existe información verídica en el libro, aunque no toda. Además, todo está maquillado de forma burda para servir a determinados pensamientos políticos, es algo que se refleja muy bien en los capítulos que tratan sobre el islam en España, la corona de Aragón o aquellos que versan sobre el reinado de los Reyes Católicos. El problema no es que pueda existir una cierta manipulación de la información, el problema reside principalmente en la ya comentada ausencia de bibliografía, especializada o no, ya que no existe ni una sola referencia a algún manual en todo el libro.

Como libro para pasar el rato o libro de ficción puede cumplir su cometido, siempre y cuando el receptor sea afín a lo que se cuenta en él. Sin embargo, como libro de Historia de España no es válido bajo ningún concepto por los motivos anteriormente expuestos. Esto no es más que un aviso a navegantes para que eviten usar dicho libro como fuente bibliográfica en la que apoyarse a la hora de realizar trabajos para el instituto o la Universidad.

Valoración: 0/5.

Museo Arqueológico de Sevilla

Sevilla es una ciudad eminentemente histórica. Sus datos turísticos hablan por sí solos, y es que la ciudad hispalense es uno de los referentes nacionales en cuanto a turismo y cultura se refiere. Sin embargo, es una ciudad casi autista que vive, culturalmente, en torno a tres o cuatro elementos que son magníficos pero que, por otro lado, están sobre-explotados y no representan el cien por cien de lo que esta ciudad puede dar de sí.

Plano del Parque de María Luisa situado a la espalda del Pabellón Real.

Un perfecto ejemplo de lo anterior lo constituye el Museo Arqueológico de Sevilla, situado en el Parque de María Luisa, concretamente en la Plaza de América, en un magnífico edificio diseñado por el arquitecto Aníbal González (1876-1929) con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929, y que es, posiblemente, uno de los mayores atractivos que el propio museo en sí. Algo que ya dice bastante de lo que vamos a encontrar en su interior, y no por calidad sino, en buena parte, por presentación y/o conservación.

Fachada principal del museo.

Pero esto no va a convertirse en una crítica ni a la ciudad de Sevilla, ni al museo, ni a su colección, en absoluto. Pero es necesario conocer el por qué de las cosas y creo que, en la situación económico-política que atraviesa España, este pequeño-gran museo está algo olvidado por las administraciones públicas.

Abre de martes a domingo de 9:00 a 20:00 los días entre semana en horario de invierno -sábados y domingos de 9:00 a 15:00- y de 9:00 a 15:00 de martes a domingo en horario de verano. Su entrada es completamente gratuita para ciudadanos españoles y de la Unión Europea, y de tan sólo 1,50€ para los extracomunitarios. No hay excusas para no ir.

Cuenta con 27 salas que abarcan desde la Prehistoria hasta la Edad Moderna, aunque sus piezas más importantes corresponden a la Prehistoria y la Historia Clásica, concentrados la mayoría alrededor de la zona sur de España. Posee, además, un archivo  con información documental, así como un taller de conservación y restauración en el que alojan los fondos museísticos. A día de hoy el Museo Arqueológico de Sevilla alberga más de 60.000 piezas, entre objetos en propiedad y depósito.

El museo tiene tres plantas: sótano, baja -por la que se accede- y alta. En el sótano, las salas I a la IV abarcan del Paleolítico a la Edad del Bronce. En ellas encontramos notables piezas como los cuencos hallados en el Dolmen de la Dehesa de Abajo en El Castillo de las Guardas (Sevilla), pertenecientes, con casi toda probabilidad, al Neolítico y que se encuentran en la sala I.

Cuencos neolíticos del dolmen de La Dehesa de Abajo (Sevilla, España).

O puntas de flechas neolíticas en sílex y pizarra pertenecientes a la Necrópolis de El Gandul (Alcalá de Guadaira, Sevilla).

Puntas de sílex y pizarra de El Gandul (Sevilla, España).

En esta misma sala podemos encontrar también fósiles tales como dientes de megalodón y otros fósiles marinos. Muchos de ellos fueron hallados en zonas como El Coronil (Sevilla), El Acebuchal (Sevilla), Carmona (Sevilla) o la propia ciudad de Sevilla.

Fósiles de megalodón hayados en la provincia de Sevilla (España).

También en la sala I se conservan otro tipo de fósiles, como cráneos humanos o cuernos de elefantes. Cabe destacar que, aún bien conservados, en esta planta del sótano las piezas no están todo lo bien expuestas que se quisiera, dando una sensación de pseudo-abandono en cuanto a su presentación.

Diferentes fósiles de elefantes.

En las intersecciones entre salas hay expuestas notables piezas de arte mueble post-paoleolíticas y neolíticas. Como, por ejemplo, una talla lítica como núcleo para grandes hojas realizada en tufita y que data del III milenio a.C.

Talla lítica en tufita que data del III milenio a.C.

O también estelas y mini-monolitos fenicios de las edades del Bronce y del Hierro. Dependiendo de la escuela algunos se atribuyen a la civilización de Tartessos, aunque es un tema sensible que aún está en debate y que, por el momento, no tiene ningún fundamento científico. Destaca una estela decorada en arenisca hallada en El Coronil (Sevilla, España) y cuya realización se estima entre los siglos X al VII a.C.

Estela decorada hallada en El Coronil (Sevilla, España).

Las salas II, III y IV abarcan desde la Edad del Cobre hasta la Edad del Hierro. Destacan en ellas ajuares funerarios, dólmenes y estelas funerarias de la Edad del Bronce y otra serie de elementos de los mismos períodos. Destacan, sobre todo, puntas de alabarda en cristal de roca, puntas de flechas y puntas de jabalina de finales del III milenio a.C. así como otras notables piezas del mismo período.

Diferentes piezas de la Edad del Bronce encontradas en Valencina de la Concepción (Sevilla, España).

También existe una interesante colección de armas pertenecientes al Bronce Final (1300-700 a.C.), si bien no es comparable a las encontradas en la propia Grecia o las islas griegas, está selección de armas del Museo Arqueológico de Sevilla resulta bastante didáctica. Aunque se echa en falta una mayor explicación de las mismas, las cuales a ojos “no expertos” pueden resultar anodinas o fuera de contexto.

Armas del Bronce Final (siglos XIV a. C. a IX a. C.).

Las salas V a IX abarcan la cultura tartésica, aunque el mítico tesoro de El Carambolo se encuentra en la planta alta en la actualidad. Hay mucha controversia en torno a Tartessos ya que los expertos no se ponen de acuerdo. Por un lado, y sin entrar demasiado en materia, tenemos a aquellos que defienden la existencia de una cultura autóctona en la Península Ibérica -que sería Tartessos- e incluso la primera cultura occidental para otros; argumentos que responden a la tendencia romántica de mediados del siglo XIX en la que un gran número de países intentaron buscar las raíces de su cultura lo más profundamente posible.

Por otro lado, están aquellos que afirman que Tartessos no fue más que un pueblo fenicio y no una cultura autóctona de la Península Ibérica, ya que esta supuesta cultura reúne un gran número de características similares a la cultura del Oriente Próximo que se diseminó por todo el Mediterráneo.

Vajillas de uso ritual o funerario, abalorios y elementos decorativos de diferentes épocas entre los siglos VIII a.C. al IV a.C. hallados en la provincia de Sevilla (España).

Aún así, sin entrar en debates -ya habrá ocasión de hacerlo-, el Museo Arqueológico de Sevilla dedica nada más y nada menos que cinco salas a Tartessos, siendo El Tesoro del Carambolo su pieza estrella, aunque ahora se encuentre en la planta alta.

La sala X de esta planta sótano está dedicada por entero al período turdetano (500 a.C. – 206 a.C.), pueblo con el que también existe bastante controversia al estar íntimamente ligados en cronología a los supuestos tartessos y del que, a día de hoy, no existe tanta información como se quisiera.

Esta sala, junto con las primeras, es de las más interesantes del sótano del Museo Arqueológico de Sevilla, ya que en ella se encuentran piezas de notorio valor tanto histórico como artístico. Buena prueba de ello es la colección de exvotos ibéricos en bronce representando a personas orando.

Exvotos ibéricos en bronce en la sala X del Museo Arqueológico de Sevilla (España).

O la colección de armas y bronces ibéricos, que demuestra la gran afición del pueblo ibérico por la guerra. Este armamento tuvo un origen europeo con aportaciones mediterráneas, aunque esto no quiere decir que no cuente con personalidad y características propias. En el Museo Arqueológico se exhiben diferentes tipos de fíbulas prerromanas que están datadas entre los siglos VIII a.C. y el I a.C.

Armas y bronces ibéricos (siglos VIII a.C. a I a.C.).

Pero, dejando a un lado el bronce, también encontramos magníficas piezas como un retrato encontrado en la provincia de Alcalá del Río (Sevilla, España) o un carnero perteneciente, posiblemente, a un monumento funerario -temática, por otra parte, bastante recurrente en el arte íbero-.

Retrato anónimo hallado en Alcalá del Río (Sevilla, España).

Carnero íbero perteneciente a un monumento funerario.

Ya en la planta baja encontramos la sala XI que también está dedicada al período turdetano y que alberga numerosas piezas de gran tamaño entre las que destaca la colección de leones ibéricos encontrados en Espera (Cádiz, España) pertenecientes a los siglos III y II a.C.

León ibérico de Espera (Cádiz, España).

El resto de la planta baja está dedicado casi por completo al período romano, a excepción de la sala XXVII que alberga piezas medievales y modernas. Estas salas, junto con el Tesoro de El Carambolo, son las más importantes del museo ya que contienen notorias piezas de incalculable valor histórico-artístico. La sala XII está dedicada a la conservación de esculturas romanas de distinta índole y procedencia. Destacan figuras como Nióbide herido -procedente de Italia- o el Apolo citaredo. Pero, quizá, la más importante de todas sea el torso del emperador Claudio divinizado que data del siglo I y que fue hallado en Mérida (Badajoz, España).

Torso del emperador Claudio del siglo I (Mérida, España).

Y también otras esculturas como la del sacerdote sacrificador encontrada en Alcalá del Río (Sevilla, España) y datada entre los siglos I y II. O las piernas de lo que fue una escultura completa de un emperador divinizado -posiblemente Adriano- encontradas en Itálica en las excavaciones de 1780.

Sacerdote sacrificador de los siglos I-II hallado en Alcalá del Río (Sevilla, España).

Emperador divinizado en traje militar de la época de Adriano. Hallado en Itálica (Sevilla, España).

En esta sala XII se encuentra también un interesante mosaico romano que representa una escena de circo y que fue encontrado en Paradas (Sevilla, España), perteneciente con casi toda probabilidad al siglo III o IV. Este tipo de escenas son muy útiles para historiadores y antropólogos a la hora de desarrollar o investigar la cotidianidad del Imperio.

Mosaico con escena de circo del siglo III-IV encontrado en Paradas (Sevilla, España).

Aunque el mejor ejemplo que podemos encontrar en cuanto a mosaico en todo el Museo Arqueológico de Sevilla se encuentra en la sala XIII, la cual alberga un impresionante mosaico del Triunfo de Baco encontrado en Écija (Sevilla, España) y perteneciente al siglo III.

Triunfo de Baco. Siglo III, encontrado en Écija (Sevilla, España).

La sala XIV destaca por estar dedicada, casi por completo, a dioses como Baco, Diana, Juno… y héroes como Hércules así como escenas de obras como La Ilíada de Homero. Eso sí, el verdadero protagonista de la sala es Mercurio gracias a su impresionante escultura de mármol, de sobresaliente factura, perteneciente a finales del siglo II y encontrado en Itálica (Sevilla, España).

Estatua de Mercurio en mármol de Paros. Data del siglo II y fue hallado en Itálica (Sevilla, España).

En la sala XV, aparte de diferentes tipos de vajilla, lo más importante que podemos encontrar es una cabeza masculina que bien pudiese corresponder a un dios o un hombre, posiblemente Alejandro Magno. Sin embargo, la sala XVI es bastante más interesante desde el punto de vista antropológico ya que en ella se exponen lápidas votivas con huellas y textos que aluden a divinidades femeninas.

Lápida votiva.

Preside una notable Venus la sala XVII, representando su nacimiento entre las aguas del mar. Fue encontrada en Itálica (Sevilla, España) y data del año 117. Es una pieza única que destaca por su naturalismo, muy en la línea del futuro Renacimiento italiano. Estas representaciones de Venus son muy comunes en el imaginario griego, romano y, posteriormente, italiano, siendo cada una de ellas esculturas de extraordinario valor debido a su exclusivo carácter.

Venus del siglo II. Itálica (Sevilla, España).

La sala XVIII es una de las más interesantes del museo, ya que en ella se encuentra una gran colección de retratos anónimos tanto femeninos como masculinos que datan de la época de Trajano y Adriano, es decir, entre los siglos I y II. Fueron encontrados en Itálica (Sevilla, España) y destacan por su gran realismo. Especialmente interesante es el anciano anónimo que se sitúa en el centro de la colección.

Colección de retratos anónimos de los siglos I y II. Itálica (Sevilla, España).

Obviando la sala XIX-B, que resulta también interesante por su epigrafía en bronce, la sala XIX impresiona al visitante gracias a su composición, que la convierte en una de las salas “estrella” del Museo Arqueológico de Sevilla. Con cuatro columnas corintias en mármol de fondo, Diana cazadora, realizada en mármol de Paros (Grecia), todo perteneciente al siglo II de la increíble ciudad de Itálica (Sevilla, España).

Diana cazadora en mármol de Paros. Siglo II. Itálica (Sevilla, España).

La perla del Museo Arqueológico de Sevilla es, sin ningún lugar a dudas, su sala XX. A título personal, ni siquiera el mítico tesoro de El Carambolo puede hacer frente a la monumentalidad de esta sala, cuya presentación también juega muchísimo a su favor. Frente a frente, como reza en la guía del museo, Trajano y Adriano, los dos emperadores hispanos más importantes de la historia de Roma. El propio museo la denomina como su “Sala Imperial” gracias a la puesta en escena y la estancia en sí. De hecho, la guinda del pastel es el mosaico de Baco y las estaciones que se halla en el centro.

La sala XX del Museo Arqueológico de Sevilla.

En la XX destaca la escultura de Trajano representado como héroe, realizada también en mármol de Paros (Grecia), hallado en Itálica (Sevilla, España) y que data de la época de Adriano (117-138).

Trajano representado como héroe en mármol de Paros. Siglo II. Itálica (Sevilla, España).

La sala XXI es más importante de lo que pueda parecer a simple vista. Es una sala más enfocada hacia el experto en epigrafía, ya que en ella se encuentran un gran número de lápidas funerarias y votivas. A nivel antropológico y genealógico las más interesantes son las funerarias, las cuales podremos diferenciar por las siglas D M S (Dis Manibus Sacrum o Consagrado a los dioses manes) en la parte superior y S T T L (Sit Tibi Terra Levis o Que la tierra te sea leve) en la inferior.

Colección de lápidas votivas y funerarias.

La lápida del esclavo Doro, que murió con 65 años en algún momento del siglo III. En ella podemos leer: D(is) M(anibus) S(acrum) Doro Pothine Con A(nnorum) P M L X V H(ic) S(itus) E(st) S(it) T(ibi) T(erra) L(evis).

Siguiendo el recorrido llegamos a la sala XXII, la cual está presidida por la cabeza del dios Marte, que fue encontrado en Carmona. Sin embargo, más interesante es todavía la escultura de un emperador representado con armadura militar y realizada en mármol. Fue hallada en Itálica (Sevilla, España) y, aunque no sabemos todavía qué emperador representa, data de la época de Claudio (40-55).

Emperador representado con armadura militar. Siglo I. Itálica (Sevilla, España).

La sala XXIII alberga un buen número de piezas relacionadas con el mundo del comercio. La siguiente, la XXIV está dedicada por completo a la extinta ciudad romana de Munigua (Sevilla, España) y su proceso de excavación arqueológica. En el centro de la sala podemos encontrar una maqueta que representa de forma bastante fiel lo que pudo ser esta ciudad que tuvo su máximo período de apogeo en el siglo II y que sería finalmente abandonada cinco siglos después.

Maqueta de Munigua en el siglo II. Escala 1:100.

La última sala dedicada al período romano es la XXV y está orientada a la temática de la muerte, con piezas de necrópolis, una cupa de enterramiento procedente de Itálica y vitrinas donde se expone el ajuar funerario de la ciudad de Orippo (Sevilla, España). Existen, a su vez, varios sarcófagos bastante sencillos en cuanto a su decoración y acabado. El protocristiano hallado en Sevilla y procedente del siglo IV es buen ejemplo de ello, ya que su decoración resulta bastante pobre comparado con otros sarcófagos del mismo estilo encontrados en Italia.

Sarcófago protocristiano. Siglo IV. Sevilla (España).

En esta planta baja encontramos, en último lugar, las salas XXVI y XXVII, las cuales albergan arte cristiano y visigodo, así como importantes piezas de arte medieval y moderno. Es la colección más escueta del Arqueológico de Sevilla, lo cual no quita para que encontremos piezas de extraordinaria ejecución, como el Mausoleo de Don Nicolás Griego Arisascho, de la Parroquía de Omnium Sanctorum (Sevilla, España) esculpido en el siglo XVI.

Mausoleo de Don Nicolás Griego Ariascho. Siglo XVI. Sevilla (España).

En la planta alta, originalmente, se encuentran la Biblioteca, salas de exposiciones, el salón de actos y zonas de trabajo. Actualmente, destaca por sus dos salas dedicadas por enteros a dos importantes tesoros que alberga el museo. En primer lugar, la sala monográfica de El Carambolo, en la que podemos encontrar multitud de piezas como el mismo Tesoro de El Carambolo o el Tesoro de Mairena. Por desgracia, la mayor parte de estas piezas son meras copias de los originales, los cuales se encuentran guardados en el museo para asegurar así una mejor conservación.

Tesoro de Mairena. Siglos III – I a.C. Mairena del Alcor (Sevilla, España).

El Tesoro de Mairena data del siglo III a.C. y fue encontrado en Mairena del Alcor (Sevilla, España), es un tesoro compuesto por trece piezas entre los que destacan las pulseras y la diadema. Se desconoce por completo su contexto pero conforma uno de los conjuntos de joyería prerromana más importantes de la zona.

Copia del Tesoro de El Carambolo. Siglo VII-VI a.C. Camas (Sevilla, España).

El Tesoro de El Carambolo es, en principio, la joya de la corona del Museo Arqueológico de Sevilla, aunque el expuesto se trata de una copia perfecta del mismo, el cual se encuentra conservado en las dependencias internas del museo. El original está realizado en oro y fue hallado en Camas (Sevilla, España). Algunos expertos lo atribuyen a la cultura de Tartessos, otros aseguran que su origen es eminentemente fenicio. Está formado por 21 piezas entre las que destacan los brazaletes y los pectorales. Data de los siglos VII-VI a.C. y fue encontrado en 1958. Aunque aún existe controversia también sobre su posible uso, la mayoría de expertos coinciden en que se trataba de adornos para decorar animales que eran sacrificados en honor de dioses como Baal.

Curioso es también encontrar un fragmento del pavimento original de conchas donde se encontró el tesoro, en el llamado Santuario de El Carambolo.

Fragmento de pavimento ritual de conchas en la zona de acceso al Santuario de El Carambolo. Siglo VIII – VII a.C. Camas (Sevilla, España).

Por último, en la planta alta, justo en frente de la sala monográfica de El Carambolo se encuentra otra sala dedicada en exclusiva a un Tesoro, el de Tomares. Un tesoro de reciente descubrimiento, hace apenas un año, el 28 de abril de 2016. Hallado en la localidad de Tomares (Sevilla, España), se trata de una de las colecciones de monedas romanas más grandes del mundo, con más de 50.000 de ellas. Se trata de follis del siglo III y IV, en las que aparecen representados emperadores como Diocleciano, Galerio o Constantino Cloro.

Entrada a la sala monográfica dedicada al Tesoro de Tomares.

Es una sala que lleva poco tiempo y es algo que se nota en su presentación poco cuidada o apresurada. Es algo que el Museo Arqueológico de Sevilla debe tomar en cuenta, ya que los materiales interactivos tales como tablets o televisores parecen fuera de lugar en el espacio, así como el mismo tesoro en sí. Pero es algo lógico, ya que se trata de un descubrimiento muy reciente.

Follis de los siglos III y IV tal y como fueron encontrados en Tomares (Sevilla, España).

Y esto es todo cuanto puede ofrecernos el Museo Arqueológico de Sevilla; un gran museo algo descuidado en cuanto a su presentación, también algo anticuado, pero único en el mundo y con una colección impresionante. No suele estar muy concurrido, lo cual es una verdadera lástima pues las piezas que se encuentran en su interior son tremendamente importantes para conocer la historia de Roma en Hispania así como el período prerromano, que tanta controversia ha levantado y levanta entre los expertos.

Para terminar una jornada redonda, qué mejor que tomarse una cerveza y unas olivas en algún bar de la zona, admirando la zona de Capitanía Marítima y el Paseo de las Delicias.

Juana de Arco y la Guerra de los Cien Años

ORIGEN.

La guerra de los 100 años fue un conflicto político que enfrentó a Francia e Inglaterra durante más de 100 años, concretamente 116. La guerra comenzó en 1337 y acabó en 1453. El origen de la rivalidad entre los reyes de ambos países surge tras la conquista de Inglaterra por parte del duque de Normandía (Guillermo el Conquistador), en el año 1066, y su nombramiento como rey. Esto provoca conflictos debido a que el rey de Francia sigue queriendo mantener su dominio feudal sobre Normandía, perteneciente ahora al reino de Inglaterra.

Se sucede entonces un período de diversas escaramuzas hasta que el rey de Inglaterra Eduardo III quiso reclamar el trono de Francia apelando a que su madre era hermana del rey francés Carlos IV, muerto sin descendencia. Los franceses, para evitar convertirse en una parte del reino inglés, invocan a la ley Sálica, que  impide la transmisión de la corona a través de la línea femenina, y coronan como rey a Felipe VI iniciándose la dinastía de los Valois en Francia, en el año 1328. Esto tensó mucho la situación política entre ambos reinos, y al mínimo desplante (acoger a Roberto de Artois, rebelde francés) del rey Eduardo III, al que Felipe VI consideraba su vasallo, invadió parte de sus territorios en Francia (Gascuña), iniciándose las hostilidades de manera oficial, ya en 1337.

EL CONFLICTO.

Tras la invasión de Gascuña por parte de Francia, el rey inglés comenzó a realizar diversas operaciones anfibias contra Francia, en las cuales destaca su triunfo en la batalla naval de Sluys (1340) que le permitió desembarcar un gran ejercito en territorio continental, y obtener victorias tan cruciales como las de Crecy (1346) y Poitiers (1356). Justamente, tras la batalla de Poitiers, el rey francés fue capturado, recluido, y obligado a firmar el desastroso Tratado de Berigio (1360) por el cual Francia devolvía todas las propiedades al rey inglés.

La batalla de Poitiers por Delacroix.

Es entonces cuando Francia comienza a imitar las técnicas inglesas y a aplicarlas al contrario, realizando acciones navales y operaciones anfibias en las costas inglesas, obligando a los ingleses a devolver gran parte de sus tropas de nuevo a la isla para su protección, y dejando mas abandonada la campaña francesa, no pudiendo seguir realizando acciones de saqueo y pillaje contra el campesinado, que tanto dañaban la imagen del monarca francés al no poder proteger a sus súbditos. Se produce un proceso de retirada de las tropas inglesas, perseguidas por los ejércitos franceses.

La contienda da un fuerte giro a favor de Francia, consiguen batir a los ingleses en retirada, y también consiguen repeler los nuevos intentos de invasión ingleses, que pasan a ser comandados por un nuevo rey. Ricardo II que tiene el reino inmerso en grandes revueltas, hasta su asesinato por el futuro rey, Enrique IV en 1399.

Enrique IV vuelve a darle un giro a la situación, al conseguir moderados éxitos en sus nuevas campañas en Francia, en los años  1405, 1410 y 1412.

Enrique IV de Inglaterra.

A partir del año 1413, el hijo de Enrique IV toma la corona a la muerte de este, siendo coronado como Enrique V, que intenta formular un tratado de paz con su homologo francés Carlos VI, ofreciéndose como marido para su hija, y así acabar con la guerra y el problema de las posesiones inglesas en Francia. Pero aun así no hubo manera de solucionar el conflicto, y en el año 1415 se retomaron las hostilidades con más virulencia si cabe, ya q en los tres años anteriores ambos reyes se dedicaron a crear grandes ejércitos. Enrique V cruza el estrecho con una gran flota, e invade las costas francesas sitiando y conquistando  Harfleur.  Pero al dirigirse hacia el interior, el ejercito ingles se vio rodeado de ejércitos franceses comandados por el rey y sus mariscales, armados con toda la nobleza francesa, y los ingleses tuvieron que enfrentarse contra ese gran contingente de caballeros franceses en claras condiciones de desventaja, pero gracias a una gran habilidad táctica del monarca inglés, y a un veterano cuerpo de arqueros, acabó con casi toda la caballería francesa y por tanto, con la nobleza. Esta batalla se conoce como la batalla de Agincourt (1415) y marca un punto crucial en los sistemas de batalla medievales. Podría haber significado el fin de la guerra y la victoria inglesa, pero el monarca inglés desistió de su campaña y volvió a Inglaterra por no tener pertrechos ni alimentos para continuar la guerra. Aún así, debido a esta victoria, el rey francés se vio obligado en 1420 a ofrecer a su hija en matrimonio a Enrique V en el tratado de París.

Enrique V de Inglaterra.

Entonces, parecía que el conflicto llegaba a su fin, ya que se consideraba al hijo de Enrique V y la hija de Carlos VI como el futuro rey de ambos reinos, pero debido al fallecimiento de ambos monarcas en 1422, se sucedieron una serie de circunstancias aprovechadas por la nobleza francesa para coronar rey a Carlos VII, hijo de Carlos VI.

Inglaterra y su nuevo rey, decidieron entonces llevar a cabo una nueva invasión de Francia, para hacer capitular al nuevo rey francés, conquistando todo su territorio, y poniendo sitio a la única ciudad que aún era fiel al monarca francés, Orleans.

  • AGINCOURT (1415).

El mito de la fuerza invencible de la caballería pesada se originó  en Agincourt cuando los ingleses, en inferioridad numérica, se impusieron al ejército francés. Los protagonistas fueron Enrique V y sus arqueros, que aniquilaron sin piedad al ejército francés.

El 11 de agosto, Enrique V desembarcó en Francia con ejército de casi 15.000 soldados, de los cuales, tras unos meses de incursiones, solo sobrevivieron 6.000. Los ingleses se dirigieron a Calais, pero el camino estaba bloqueado por tropas francesas junto a Agincourt. El mando francés recaía en Carlos de Albert, condestable de Francia, que disponía de un ejército cuatro veces superior al inglés, su mayor error fue dejarlo encerrado en un bosque.

La batalla de Angicourt por Jean Froissant.

Enrique V salió a su encuentro el día 24 de octubre de 1415. Al día siguiente la formación inglesa se puso en movimiento y los arqueros que iban en primera línea  avanzaron hasta situarse a unos 230 metros del enemigo y dispararon. Los franceses respondieron con su caballería seguida de soldados a pie; pero fracasaron debido al terreno embarrado.

Los franceses intentaron un segundo ataque en formación de tres columnas, pero fueron obstaculizados por aquellos que huían y por los cadáveres. Cuando los franceses alcanzaron al enemigo, la situación ya era muy comprometida: los ingleses sufrieron algunas bajas, pero neutralizaron también el segundo ataque de los franceses.

La retaguardia francesa intentó intervenir, pero tuvo que retirarse.

Los franceses perdieron a casi 10.000 hombres y dejaron en manos del enemigo a 1500 prisioneros, mientras que los ingleses solo habían perdido 1600 hombres. Esta derrota le costó a Carlos VI el trono francés, por lo que Enrique V reinó sobre Francia e Inglaterra.

  • JUANA DE ARCO.

Es en este período cuando surge la figura de Juana de Arco, oriunda de Dómremy y que decía ser una enviada de Dios para librar Francia del yugo inglés. Consiguió la confianza del delfín francés, que la puso al mando de sus ejércitos, y consiguió levantar el sitio de Orleans, así como obtener una importante victoria en la batalla de Patay, en 1429 y 1430, que hicieron posible la coronación definitiva de Carlos VII en Reims  y cortó con el intento de invasión completa de Francia por parte de sus enemigos. Llevó a cabo importantísimas campañas rodeada de altos nobles franceses, aunque tuvo gran cantidad de encontronazos con la corte y los consejeros reales, del cual acabó perdiendo su favor cuando este tuvo que declarar treguas con el ducado de Borgoña, situación que Juana no llegaba a aceptar porque no se ajustaba a lo que consideraba que era el plan divino que había visionado. En una de sus campañas contra los borgoñones, fue capturada y llevada a Ruan, donde fue juzgada y condenada a la hoguera a causa de su supuesta herejía en 1431.

Juana de Arco por John Everett Millais.

Se puede decir que Juana de Arco provocó un último cambio radical en este largo conflicto, al conseguir romper los planes de invasión ingleses de Enrique VI, infligirles severas derrotas, y subir la moral de un perdido pueblo Francés que empezaba a perder sus identidades ante la guerra, que aún tardo más de 20 años en terminar.

FIN DEL CONFLICTO.

Tras la muerte de Juana, el rey francés consigue firmar la paz con el duque de Borgoña, en 1435, –paz de Arras– haciendo perder a Inglaterra un importante aliado en el continente.

Eso, y un efectivo sistema de mejoras en el ejército francés, provoca que poco a poco Inglaterra pierda sus mayores territorios en Francia, cayendo Normandía y Aquitania entre 1450 y 1453, conservando los ingleses sólo la ciudad de Calais, y terminando así oficialmente la guerra, aunque no se firmó nunca ese tratado de paz que acabara con más de un siglo de cruenta guerra en el corazón de Europa.

REPERCUSIÓN SOCIAL.

La Guerra de los Cien Años causó fuertes impactos sociales en ambos contendientes, pero principalmente en el territorio continental, debido a que ambos ejércitos basaban sus campañas en arrasar los campos de cultivo, y aniquilar al campesinado. Esto se realizaba de esta manera para que los súbditos feudales no se sintieran protegidos por su monarca, y cambiaran al bando que interesaba. Por supuesto, esto hizo gran mella en la sociedad campesina y urbana no  perteneciente a la nobleza, que perdía sus propiedades,  cultivos y muchos la vida con cada nueva campaña. Inglaterra también sufrió al principio del conflicto invasiones en sus costas de pequeños contingentes franceses que asolaban los puertos y ciudades costeras, que crearon una gran alarma y obligaron a gran parte de las tropas en Francia a volver a Inglaterra.

También hay que indicar que la peste negra, del siglo XIV, devastó en gran manera los territorios ingleses, pero aún más los franceses, a los que se le sumaba la guerra en su territorio, y la importantísima crisis económica provocada por la mortífera epidemia y la guerra, provocando gran mortandad por enfermedad, hambre y guerra.

EJÉRCITOS.

Eran ejércitos típicos medievales, formados principalmente por un poderoso cuerpo de caballería, que eran de origen noble, y auxiliados por campesinos armados a la fuerza que tenían mucho menos peso militar. En algunos casos se contrataban ejércitos mercenarios como fuerzas de apoyo, como por ejemplo los franceses en Agincourt y su cuerpo de ballesteros genoveses.

Pero hay que remarcar ciertas diferencias, ya que los ingleses poseían un sistema de entrenamiento de arqueros en su campesinado que les otorgaba una unidad especializada y con capacidad de neutralizar la caballería francesa, ya que con su característico arco largo, de mayor potencia, eran capaces de atravesar la coraza de los caballeros. Esto les ofrecía una seria ventaja frente a los franceses hasta el siglo XV, y sobre todo en la batalla de Agincourt.

Tras la muerte de Juana de Arco, el rey francés Carlos VII comenzó una importante reforma en sus ejércitos, llegando a cierta profesionalización de las tropas al hacer un ejército permanente, permitiéndole alcanzar la victoria en París y la conquista de los últimos territorios ingleses en el continente.

Las disposiciones tácticas eran muy básicas, principalmente consistía en buscar una posición dominante que permitiera arrasar las tropas enemigas mediante cargas de caballería, y un uso muy limitado de arqueros e infantería.

En este conflicto hay que remarcar el uso de la táctica del cabalgamiento, que consistía en arrasar los campos de cultivo y asesinar a los varones campesinos con la caballería, para que el campesinado sintiera que perdía la protección de sus señores feudales.

Los asedios se realizaban bloqueando las rutas de suministros, y mediante el uso de grandes máquinas que arrojaban bloques de piedra contra las murallas, y el asalto mediante sistemas de escalas.

Las campañas de guerra solían llevarse a cabo en épocas estivales, primavera y verano, sobre todo durante la susodicha guerra, que dependía de que los buques pudieran cruzar el estrecho con el buen tiempo, y el invierno y otoño era para pertrecharse.

  • UNIDADES Y TÁCTICAS.

De manera principal, un ejército se formaba por caballería, e infantería. Haciendo especial mención a los arqueros ingleses de la época.

La caballería estaba formada por los caballeros, gente adinerada que se pagaba su propia montura y a veces la de un pequeño contingente que le acompañaba. También pertenecían a este cuerpo, los hidalgos y algunos hombres de armas. Los hidalgos eran personas con cierto origen noble, pero que no habían sido nombrados caballeros, y buscaban ese nombramiento mediante gestas militares. Los hombres de armas eran los soldados bajo órdenes de un caballero, que le otorgaban un caballo para poder combatir.

Los caballeros llevaban una pesada armadura, formada por una vestimenta de anillas de metal entrelazadas, cubiertas por placas metálicas que cubrían prácticamente todo el cuerpo, alcanzando un peso de hasta 35 kilos. Iban armados con una lanza, de 4 metros de largo, capaz de atravesar y desmontar a un caballero rival, incluso atravesando su escudo, placa metálica que sujeta el caballero que llevaba sus enseñas. Llevaban como arma secundaria una espada, que usaban si eran desmontados, o perdían la lanza en el combate. A veces llevaban mandoble, una espada de grandes dimensiones y muy pesada.

El arco era un arma casi tan antigua como la humanidad, pero se modificó muy poco a lo largo de la historia. Fueron los galeses, grandes luchadores y cazadores, quienes introdujeron un nuevo tipo de arco realizado en madera de olmo sin pulir y conservado con muchos cuidados (humedad). Era un instrumento pobre y mucho más fácil de realizar que la espada, que era el arma reservada para los ricos.

Su longitud permitía al arquero un disparo de 200 metros y era capaz de atravesar ligeras cotas de malla. El arco largo (longbow) consiguió dar a los arqueros la primacía en el ejército, hasta entonces reservada a la ballesta, más potente pero más lenta al cargar.

Cada arquero tenía 48 flechas y disponía de hacha, pequeña espada y puñal. A diferencia de la flecha de punta cuadrada, la adoptada por los ingleses podía atravesar la coraza, la malla metálica e incluso un escudo.

A finales de la Edad Media, ser soldado mercenario era una profesión respetable. Los guerreros emprendedores formaban compañías de mercenarios que permitían a un señor rico o a una ciudad la contratación de tropas ya listas y formadas para combatir. Algunas de estas compañías estaban especializadas en un solo tipo de lucha. Por ejemplo, en el año 1346, 2000 ballesteros genoveses lucharon al servicio del ejército francés en la batalla de Crécy.
En 1439, Carlos VII de Francia creó las Compañías Reales de Ordenanza. Estas compañías estaban formadas por caballeros o por soldados de infantería, y eran pagadas con el dinero de los impuestos. Cada compañía tenía una dotación establecida de hombres. Normalmente, era el propio rey quien escogía su armadura y las correspondientes armas. Esto fue el inicio de los modernos ejércitos permanentes de Occidente.

BIBLIOGRAFÍA.

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C. ALLMAND, La Guerra de los Cien Años: Inglaterra y Francia en guerra, 1300-1450. Barcelona, 1990.

P. CAU, Atlas de Batallas del Mundo. Madrid, 2008.