Biografía de Pablo Ruiz Picasso: vida, amores y claroscuros de un genio

Nacer mirando al Mar Mediterráneo: la infancia malagueña de un prodigio

Pablo Ruiz Picasso vino al mundo en Málaga, en el otoño de 1881, en una ciudad que vivía de espaldas y, al mismo tiempo, rendida al Mediterráneo. No nació en un entorno bohemio ni marginal, sino en una familia acomodada, con un nivel cultural elevado y una sensibilidad hacia las artes poco común para la España de finales del siglo XIX. Su padre, José Ruiz Blasco, era profesor de dibujo en la Escuela de Bellas Artes y, además, conservador del Museo de Bellas Artes de la ciudad. Es decir, el pequeño Pablo creció literalmente rodeado de cuadros, láminas, yesos y pinceles. La pintura no fue algo que él eligiera un buen día, fue el lenguaje en el que se hablaba en su casa.

Málaga a finales del siglo XIX.

La figura de su madre, María Picasso, durante décadas pasó casi de puntillas por la historiografía, como si no hubiera tenido un papel relevante en la vida del artista. Sin embargo, a poco que uno repasa testimonios y reconstrucciones biográficas, resulta evidente que su presencia fue decisiva: fue ella quien sostuvo emocionalmente al niño de salud delicada, quien le dio una fe casi supersticiosa en sí mismo, quien le repetía que si alguna vez fuera soldado, llegaría a general, y si fuera cura, terminaría siendo Papa. El propio Pablo, ya convertido en “Picasso”, recordó siempre esa mezcla de ternura y determinación que caracterizó a su madre, una fuerza silenciosa que lo acompañó incluso cuando él renegó de su tierra natal.

La Málaga que conoció en su infancia no era una postal turística, sino una ciudad en la que todavía convivían los ecos del pasado decimonónico con los primeros síntomas de modernidad. En ese escenario, hubo un espectáculo que marcó de forma indeleble al niño: los toros. De la mano de su padre empezó a acudir a la plaza de La Malagueta, donde el ritual taurino, con su solemnidad, su violencia y su teatralidad, se le quedó grabado para siempre. No solo como tema iconográfico —que aparecerá una y otra vez a lo largo de toda su obra, desde dibujos infantiles hasta grabados tardíos—, sino como una forma particular de entender la vida: una mezcla de belleza, sangre, riesgo y muerte que encajaría muy bien con su propia biografía.

No es casual que uno de sus primeros cuadros importantes, El picador amarillo (1890), esté directamente ligado a ese universo taurino. A través de ese lienzo podemos ver al adolescente que observa, fascinado, el espectáculo desde la grada, y al mismo tiempo al futuro artista que comprende que la arena del ruedo es un escenario perfecto para narrar la condición humana. En esa mezcla de tradición andaluza, educación académica y sensibilidad precoz se fragua la base de lo que será Picasso: un hombre atravesado por la luz mediterránea, pero condenado a vivir casi toda su vida lejos de su tierra.

El Picador Amarillo (1890).

La falsa seguridad de aquellos primeros años se resquebrajó pronto. La destitución de su padre como conservador del Museo en 1888 fue un golpe económico y social para la familia. De pronto, la cómoda vida malagueña se volvió insostenible. José Ruiz, orgulloso y pragmático, pidió un traslado a La Coruña como profesor de la Escuela de Bellas Artes, y tras varios trámites, en 1891 los Ruiz Picasso abandonaban Málaga. El niño que había aprendido a medir el mundo por la intensidad de la luz mediterránea tendría que empezar a entenderlo también en tonos fríos y húmedos.

Del Atlántico a la tragedia: A Coruña, la disciplina y la muerte de Conchita

La Coruña fue el primer gran cambio de escenario en la vida de Pablo. Pasó de la claridad andaluza al clima atlántico, de una ciudad de toros y puerto a una urbe más discreta, con lluvias pertinaces y un horizonte distinto. Para la familia, el traslado supuso cierta seguridad económica, pero también aislamiento y nostalgia. Para el joven Picasso, en cambio, significó una etapa de formación rigurosa y de consolidación de su talento.

En la Escuela de Bellas Artes, bajo la mirada de su padre, empezó a manejar con soltura el dibujo académico, el estudio del desnudo, la copia de modelos clásicos. José, consciente de que su hijo lo superaba con creces, optó por una mezcla de orgullo paternal y exigencia profesional: lo animó, pero también lo sometió a disciplina. En las tardes gallegas de luz oblicua, Pablo llenaba cuadernos con apuntes de la calle, caricaturas, escenas cotidianas y paisajes urbanos. No era todavía el revolucionario que dinamitaría el arte del siglo XX, pero sí un adolescente que aprendía a mirar el mundo con voracidad.

Sin embargo, esta etapa coruñesa quedó marcada por una tragedia que lo atravesó para siempre. En 1895, su hermana pequeña Concepción, ‘Conchita’, enfermó de difteria y murió con apenas siete años. La familia entera se sumió en un duelo del que nunca se recuperaría del todo. Para Picasso, que tenía entonces catorce años, la muerte de Conchita supuso el descubrimiento brutal de la fragilidad. Esa experiencia temprana de pérdida acompañará, como un eco, muchas de sus representaciones de la maternidad, la infancia y el dolor.

Pablo y Concepción «Conchita» Picasso en 1888.

Es significativo que, años después, cuando ya era un artista de renombre, recordara A Coruña no solo como el lugar donde se formó académicamente, sino como el espacio en el que se cruzaron, por primera vez, la disciplina del dibujo y la conciencia de la muerte. Esa combinación de rigor y herida interna sería una constante en su vida: cuanto más se desbordaba emocionalmente, más disciplinado se mostraba ante el lienzo.

La pérdida de Conchita, unida al deseo de su padre de mejorar la posición profesional, motivó un nuevo cambio de ciudad. José obtuvo una cátedra en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona y, con ella, la promesa de una vida más cercana a la modernidad que empezaba a agitar Europa. La familia volvió a hacer las maletas. El adolescente que llegaba a la Ciudad Condal ya no era el niño de La Malagueta, sino un joven que había conocido el duelo, la responsabilidad y la exigencia.

Barcelona: cafés, modernismo y el estreno de un joven genio del arte

La llegada a Barcelona supuso para Picasso una auténtica explosión de posibilidades. La ciudad, en plena efervescencia modernista, era un hervidero de arquitectos, escritores, músicos y pintores que buscaban sacudirse de encima la pesada herencia del academicismo. El ambiente estaba electrificado: la construcción de nuevos edificios, los cafés literarios, las tertulias en las que se discutía desde política internacional hasta simbolismo poético, creaban un campo de cultivo incomparable para un joven de talento desmedido.

Su entrada en la Escuela de Bellas Artes de la Llotja fue casi una anécdota: superó el examen de acceso en tiempo récord, demostrando una destreza que dejó atónitos a los evaluadores. Allí se familiarizó con las exigencias oficiales de la pintura, pero muy pronto empezó a sentir que la verdadera vida estaba en otra parte: en los cafés, en las tabernas, en las charlas interminables con otros jóvenes artistas y agitadores. Els Quatre Gats se convirtió en su segundo hogar, un espacio donde se exponían obras, se organizaban recitales y se discutía de todo.

Las Ramblas de Barcelona, en 1900.

Entre 1895 y 1900, Picasso produjo una obra sorprendentemente madura para su edad. Cuadros como La primera comunión o Ciencia y caridad muestran a un pintor capaz de manejar la composición, el claroscuro y la anatomía con una seguridad insultante. Parecía que había nacido sabiendo pintar “bien”. Pero precisamente esa capacidad, que en otro contexto lo habría convertido en un académico respetable, hacía que la pintura convencional se le quedara corta. Lo que en los demás era meta, en él era apenas punto de partida.

Ciencia y Caridad, 1897.

Barcelona fue también el escenario de sus primeras exposiciones, de los primeros elogios y de las primeras críticas. Allí empezó a intuir que, si se quedaba en España, su carrera quedaría atrapada entre encargos conservadores y un mercado artístico estrecho. Su breve estancia en Madrid, donde se matriculó en la Academia de San Fernando, no hizo más que confirmar esa sospecha: el ambiente le pareció anacrónico, rígido y poco receptivo a la innovación. Decidió, casi intuitivamente, que su lugar no estaba ahí.

Picasso, en torno a 1900.

En paralelo, España vivía una crisis profunda. La pérdida de las últimas colonias en 1898, el clima social tenso, la conflictividad obrera y los primeros estallidos como la Semana Trágica de Barcelona en 1909 hacían que el país pareciera un barco a la deriva. Picasso, que no se consideraba un intelectual político en estos años, sí percibía, en cambio, una sensación de atraso estructural. Fue gestándose en él una mezcla de desafección y tristeza hacia su país natal que, con el tiempo, lo llevaría a tomar distancia casi total de la vida cultural española.

En ese contexto, París se le presentó como una promesa de libertad. No tanto por idealismo, sino por pura necesidad vital. Tenía claro que si quería crecer, tenía que marcharse.

Reinventarse en París: bohemia, Casagemas y la sombra azul

Entre 1899 y 1904, Picasso se movió a caballo entre Barcelona y París como un funambulista que tantea la cuerda antes de cruzarla del todo. Los primeros viajes a la capital francesa le permitieron entrar en contacto directo con el ambiente que hasta entonces solo conocía por referencias: el eco de Lautrec, la influencia de Van Gogh y Gauguin, el bullicio de Montmartre, los cabarets, los burdeles, el bullicio nocturno. La ciudad era, todavía, la capital mundial del arte.

En esos años conoció íntimamente la bohemia, no como estampa romántica, sino como una forma dura de supervivencia. Vivía en habitaciones miserables, compartía espacios con otros artistas igual de pobres pero igual de decididos, frecuentaba cafés donde la cuenta se pagaba tarde y mal, y visitaba burdeles tanto por deseo como por curiosidad antropológica. Allí, en medio de un París marginal, se hizo asiduo a un universo femenino complejo, en el que la mujer era objeto de deseo, modelo, compañía, pero también víctima de una sociedad que la relegaba a los márgenes. Esa experiencia, lejos de ser decorativa, marcaría profundamente su manera de mirar el cuerpo y el rostro femeninos.

El punto de inflexión llegó con el suicidio de su amigo íntimo Carlos Casagemas en 1901. Casagemas, incapaz de digerir un amor no correspondido, se disparó en la sien en un café parisino. El impacto en Picasso fue profundo, casi devastador. De pronto, la bohemia dejó de ser un juego y se reveló como una selva de fragilidades donde se perdía gente real, con nombre y apellido. El joven malagueño se volcó entonces en una serie de obras en las que la tristeza, la soledad y la pobreza eran protagonistas indiscutibles.

Picasso en París.

Así nació la Etapa Azul. No se trataba solo de un cambio de paleta cromática; era una auténtica declaración de intenciones. Inspirado en parte por la espiritualidad alargada de El Greco, Picasso pintó mendigos, madres con hijos, borrachos, prostitutas, ciegos. Figuras aisladas en espacios casi vacíos, envueltas en gamas frías que parecían condensar toda la miseria existencial de la época. Al mismo tiempo, introdujo en esos cuadros una crítica social velada: la indiferencia de la sociedad ante los más vulnerables, la conversión del arte en mercancía, la soledad urbana.

La tragedia, 1903.

En 1904 decidió instalarse definitivamente en París. Lo que hasta entonces habían sido idas y venidas se convirtió en residencia permanente. Con ese gesto, simbólico y práctico, ponía tierra —y años— de por medio con su país natal. Volvería a España en contadas ocasiones, siempre de forma fugaz, y tras la Guerra Civil ya no regresaría jamás. Su biografía quedaba, desde entonces, anclada en Francia.

Fue precisamente en 1904 cuando la vida le concedió un respiro en forma de rostro femenino.

Fernande Olivier y Eva Gouel: del rosa enamorado al duelo irreparable

En la bohemia parisina, Picasso era visitante habitual de burdeles, estudios compartidos y cafés donde se entrecruzaban artistas y modelos. En ese ambiente conoció a Fernande Olivier. Ella no era una aristócrata ni una señorita burguesa, sino una mujer acostumbrada a sobrevivir en los márgenes de la ciudad. Modelo, independiente, con carácter, Fernande ofrecía una mezcla de sensualidad y fortaleza que sedujo al malagueño de inmediato.

Pablo Ruiz Picasso y Fernande Olivier.

Con Fernande llegaron los circo, los arlequines, los tonos cálidos: la célebre Etapa Rosa. La tristeza de los años azules no desapareció del todo, pero fue matizada por una nueva sensibilidad, más cálida, más humana. En sus cuadros comenzaron a aparecer saltimbanquis, familias de circo, figuras que vivían en un equilibrio frágil entre la marginalidad y la poesía. Se ha dicho con razón que Fernande ayudó a Picasso a reconciliarse con el mundo, al menos por un tiempo. La denuncia social seguía ahí, pero ya no teñida solo de desesperación, sino de una suerte de ternura trágica.

Acróbata y joven arlequín, 1905.

Sin embargo, la relación distó mucho de ser idílica. El temperamento de Picasso, celoso, absorbente y cambiante, chocaba con la necesidad de independencia de Fernande. El artista estaba ya en plena escalada de fama y su círculo de amistades se ampliaba sin cesar. Fue precisamente en este contexto de desgaste cuando apareció Eva Gouel.

Eva aportó algo diferente: sensibilidad y una delicadeza intelectual que conectaron con un Picasso más introspectivo. No era simplemente una modelo o una amante, sino alguien con quien podía hablar de arte desde dentro, que entendía su proceso creativo y que le ofrecía una forma de intimidad menos estridente que la vivida con Fernande. Poco a poco, las tensiones con Olivier se hicieron insostenibles, y Picasso acabó abandonándola para iniciar una relación con Eva.

Eva Gouel, en torno a 1914.

Con Eva se asocian algunas de las obras más íntimas del artista. Muchos autores señalan que fue uno de sus grandes amores, quizá el primero en el que el deseo se mezcló con una auténtica admiración espiritual. Pero la historia se truncó brutalmente. En el invierno de 1915, en plena Primera Guerra Mundial, Eva murió de tuberculosis. Para un hombre que arrastraba ya la muerte de Conchita y el suicidio de Casagemas, la pérdida de Eva supuso un golpe durísimo.

A partir de entonces, algo se endureció dentro de él. Su relación con las mujeres se volvió más fría, más calculada, más marcada por una suerte de distancia emocional. Él mismo parecía incapaz de volver a entregarse de la misma manera. A pesar de ello, las relaciones no dejaron de sucederse, y cada una de ellas dejó una huella profunda en su pintura y en su biografía.

Olga Jojlova: un matrimonio «modélico» que se agrietó desde dentro

En 1917, durante una colaboración con los Ballets Rusos, Picasso conoció a Olga Jojlova, bailarina de origen ucraniano, de elegancia clásica y formación refinada. Era otro mundo. Frente al caos bohemio de Montmartre, Olga representaba la posibilidad de una vida ordenada, socialmente respetable, con cenas formales y amistades influyentes. Multitud de artistas de su generación, al llegar a cierta edad, aspiraban a ese tipo de estabilidad burguesa, y Picasso no fue inmune a esa tentación.

Picasso y Olga Jojlova.

Se casaron en 1918 y, durante un breve periodo, el artista pareció adaptarse a ese guion: trajes bien cortados, salones parisinos, cierta solemnidad doméstica. En 1921 nació su hijo Pablo, conocido como Paulo, que reforzó la imagen de familia “de bien”. En estos años, su obra también se volvió relativamente más clásica, con un retorno a formas más figurativas que algunos han interpretado como reflejo de su nueva vida.

Pero debajo de esa aparente calma, las grietas crecían. Picasso, acostumbrado a la libertad absoluta de la bohemia, se sentía cada vez más incómodo en el corsé social que exigía Olga. Ella, por su parte, nunca terminó de aceptar los vaivenes emocionales y los horarios caóticos de un artista tan inestable. El matrimonio se convirtió en una convivencia tensa, con reproches mudos y distancias cada vez mayores.

En 1927, el encuentro con una joven francesa vino a dinamitar lo poco que quedaba en pie.

Marie-Thérèse Walter: el cuerpo que incendió el cubismo

En una calle de París, en 1927, Picasso vio a una joven y decidió que tenía que conocerla. Era Marie-Thérèse Walter, tenía apenas diecisiete años, y una belleza atlética y luminosa que lo dejó fascinado. Él ya era un artista consagrado, casado, mucho mayor; ella, una adolescente que se movía entre la ingenuidad y el deseo de aventura. A partir de ese momento, Picasso la convirtió en su obsesión, en su amante y en su musa.

Marie-Thérèse Walter.

La relación con Marie-Thérèse fue durante años un secreto cuidadosamente guardado, al menos en lo que respecta a la esfera oficial de su vida con Olga. Para Picasso, ella representaba una energía joven, una sensualidad desbordante que le permitió explorar el cuerpo femenino con una intensidad nueva. En sus cuadros, el cuerpo de Marie-Thérèse se convierte en un territorio cambiante, deformado por el cubismo, estirado por el surrealismo, cargado de una potencia erótica que rompe con cualquier representación académica.

Se calcula que la pintó más de medio centenar de veces. No se trata solo de cantidad, sino de la manera en que, a través de ella, llevó el cubismo hacia lugares nuevos, enlazándolo con el expresionismo y el surrealismo. El rostro ovalado, el perfil doble, la tensión entre reposo y deseo, le sirvieron para experimentar hasta qué punto la forma podía expresar un mundo interior convulso.

El sueño, 1932.

La relación, sin embargo, estaba condenada a chocar con la realidad. En 1935 nació Maya, la hija de ambos, y el secreto se hizo insostenible. Cuando Olga comprendió que no se trataba de un simple desliz sino de una doble vida con descendencia, abandonó el hogar familiar con el pequeño Paulo. Nunca concedió el divorcio, lo que dejó a Picasso atado legalmente a un matrimonio roto hasta la muerte de ella en 1955.

Aunque la pasión por Marie-Thérèse fue intensa, el artista terminó distanciándose emocionalmente. Algunos biógrafos sostienen que la idealizó tanto que, cuando la realidad cotidiana empezó a imponerse, perdió interés. Lo cierto es que la relación, ya deteriorada, se rompió definitivamente en 1936, cuando otra mujer, de una naturaleza muy distinta, irrumpió en su vida.

Dora Maar: el intelecto, la guerra y el grito en el lienzo

Si Marie-Thérèse encarnaba el cuerpo y la juventud, Dora Maar representó el intelecto y la lucidez crítica. Nacida como Henriette Theodora Markovitch en 1907, hija de un arquitecto croata, se formó en academias de arte parisinas y se convirtió en una artista multidisciplinar, especialmente brillante como fotógrafa. No era una figura decorativa; tenía un discurso propio, una mirada política y una ambición creativa sólida.

Picasso y Dora se conocieron en 1936, en el café Deux Magots de París, cuando ambos atravesaban el final amargo de otras relaciones: él, con Marie-Thérèse; ella, con el director Louis Chavance. La atracción fue inmediata, pero no se trató de una simple seducción física. Dora aportó algo que hasta entonces había escaseado en la vida del artista: confrontación intelectual. Cuestionaba, discutía, proponía. Tenía una posición política clara y un pensamiento agudo que, lejos de intimidarlo, lo estimulaba.

El contexto histórico amplificó esta intensidad. En España, la Guerra Civil estaba a punto de estallar, y en Europa se intuía la sombra de un conflicto mayor. Dora, politizada y crítica, ayudó a Picasso a tomar conciencia del drama que se vivía en su país natal, del que él se había ido desconectando. Bajo su influencia, el pintor se definió como antifascista, aceptó el cargo —más simbólico que efectivo— de director honorario del Museo del Prado por parte del Gobierno de la República, y se acercó al Partido Comunista francés, en el que acabaría militando.

Picasso y Maar en París.

La colaboración más célebre entre ambos no fue sentimental, sino artística: Guernica. Cuando en 1937 la aviación alemana bombardeó la localidad vasca por encargo de los sublevados españoles, Picasso fue encargado de realizar un mural para el pabellón de la República en la Exposición Internacional de París. La gestación de Guernica fue un proceso frenético en el que Dora estuvo presente de principio a fin. Su cámara documentó cada estado del cuadro, cada corrección, cada cambio de composición. Aquellas fotografías son hoy un testimonio esencial de la cocina interna de una de las obras más influyentes del siglo XX.

Dora también se convirtió en el símbolo de la angustia de esos años. La mujer que llora, quizá el retrato más célebre que Picasso hizo de ella, condensa el dolor personal y el colectivo. El rostro fragmentado, los ojos que parecen cristal a punto de romperse, las manos crispadas, son tanto Dora como la Europa desgarrada por la guerra. La relación entre ambos, en paralelo, se tornó cada vez más tóxica. Celos, humillaciones, dependencias emocionales y un fuerte desequilibrio de poder fueron minando la salud mental de ella.

La mujer que llora, 1937.

En 1943, en plena ocupación alemana de Francia, una joven artista irrumpió en la vida de Picasso. Como ya había hecho otras veces, mantuvo durante un tiempo una doble vida, al lado de Dora y de la recién llegada. Finalmente, se decantó por la segunda. Dora, rota por dentro, se apartó del foco público y sufrió un largo calvario psicológico, entre depresiones, reclusión y tratamientos. Murió en 1997, y solo después de su muerte el mundo del arte empezó a reconocerla plenamente como creadora autónoma, y no solo como “la musa atormentada de Picasso”.

Françoise Gilot: la mujer que se atrevió a irse

En 1943, en un París ocupado por los nazis, las calles vigiladas y el futuro envuelto en incertidumbre, Picasso conoció a Françoise Gilot, una joven artista nacida en 1921, hija de una familia acomodada parisina. A diferencia de otras parejas anteriores, Gilot llegó a su vida con una formación sólida, una educación refinada y una vocación artística propia, alentada por su madre desde la infancia. Pintora, ceramista, dibujante, tenía ya un horizonte claro para su propia carrera.

La relación entre ambos comenzó mientras Dora Maar todavía formaba parte de la vida del artista, lo que añade otra capa de complejidad al triángulo sentimental. Pero poco a poco, Françoise se fue imponiendo en el día a día de Picasso. Tras la guerra, se trasladaron a la Costa Azul, donde la luz mediterránea, que él conocía desde la infancia malagueña, reapareció en su vida, esta vez filtrada por el paisaje del sur de Francia.

Durante un tiempo, la relación pareció relativamente estable. Nacieron Claude y Paloma, y Picasso encontró en Françoise a una compañera que no solo posaba, sino que trabajaba en su propio arte, discutía, opinaba y tomaba sus propias decisiones. Sin embargo, el patrón se repitió: los celos, el control emocional, la tendencia del artista a necesitar ser el centro del universo terminaron erosionando la relación. Gilot, a diferencia de muchas de sus predecesoras, no estaba dispuesta a borrarse para sostener la vida de un genio.

Picasso y Gilot.

A comienzos de los años cincuenta, tras una serie de episodios especialmente tensos y coincidiendo con el inicio de la relación de Picasso con Jacqueline Roque, Françoise tomó una decisión insólita: se marchó. Con los niños, con sus cuadros y con su dignidad. No solo eso, años después, con él todavía vivo y en pleno apogeo de su fama, publicó Vida con Picasso, una crónica detallada de su convivencia en la que lo retrataba como un hombre genial, sí, pero también profundamente manipulador y emocionalmente abusivo.

Vida con Picasso, el libro que destapó al genio español.

Su testimonio fue un escándalo. No porque fuera el único —otras mujeres cercanas al artista habían sufrido situaciones similares—, sino porque fue la primera en atreverse a narrarlo públicamente. A partir de entonces, la figura de Picasso empezó a ser revisada con mayor severidad: ya no bastaba con admirar su obra, había que confrontar también la forma en que había tratado a quienes habían compartido su intimidad.

Gilot, lejos de quedar reducida a “ex de Picasso”, desarrolló una carrera respetable como artista, escritora y marchante, demostrando que se podía sobrevivir al campo gravitatorio del genio y seguir creando.

Jacqueline Roque: el último amor y el retiro frente al Mediterráneo

En 1953, cuando Picasso era ya un artista coronado por la fama, con una vida sentimental plagada de cicatrices y setenta y tantos años a sus espaldas, conoció a Jacqueline Roque. Ella era una mujer mucho más joven, vinculada al mundo de la cerámica, de carácter aparentemente sereno y discreto. La conoció en la fábrica de cerámicas Madoura, en Vallauris, y pronto se convirtió en una figura central en su vida.

Picasso y Jacqueline Roque.

Con Jacqueline llegó, por fin, algo parecido a la paz. No porque el artista moderara su carácter, que seguía siendo complejo, sino porque ella asumió el papel de guardiana de su mundo. Lo acompañó en su retiro progresivo del bullicio parisino hacia el sur de Francia. Primero La Californie, en Cannes, después Mougins, y el castillo de Vauvenargues: casas abiertas al mar, llenas de luz, repletas de lienzos, esculturas, cerámicas y bocetos que se acumulaban en cada rincón.

La relación con Jacqueline no estuvo exenta de polémicas, sobre todo en lo relativo a la gestión posterior del legado del artista y a las tensiones con los hijos de Picasso. Pero en el plano íntimo, fue la compañera de sus últimos veinte años. A ella la retrató incansablemente, en todas las variantes posibles: de perfil, de frente, fragmentada, sintetizada, convertida casi en signo gráfico. En sus últimos años, el cubismo se volvía más suelto, más gestual, y el rostro de Jacqueline se convertía en un laboratorio donde el viejo maestro seguía experimentando.

Jacqueline sentada, 1954.

Esta etapa fue también la del Picasso que ya no acepta encargos, que pinta porque no sabe hacer otra cosa, porque el acto de pintar era su verdadera forma de respirar. Aunque físicamente más frágil, seguía trabajando a un ritmo inverosímil, llenando cuadernos de dibujos y estudios, multiplicando los autorretratos en los que se representaba como un viejo guerrero, un fauno, un torero otoñal que todavía mira al mundo con desafío.

La sombra de la tauromaquia, que había entrado en su vida de la mano de La Malagueta malagueña, permaneció hasta el final. El toro, el picador, la arena circular, aparecían una y otra vez, como si el artista se reconociera en esa figura que entra al ruedo sabiendo que la muerte es una posibilidad, pero también una condición del espectáculo.

Picasso murió el 8 de abril de 1973, en Mougins, tras una vida que atravesó guerras mundiales, revoluciones políticas, cambios de régimen, auge y caída de ideologías, y que dejó una producción artística que resulta casi inabarcable. Jacqueline, tras su muerte, se convirtió en pieza clave en la organización de su legado, pero también en protagonista de un final trágico: sumida en la depresión, se suicidó en 1986.

Un legado incómodo: genio, sombras y relecturas contemporáneas

Con la muerte de Picasso se abrió una nueva etapa: la del reparto de su herencia material y simbólica. Obras, derechos, propiedades, archivos… todo ello se convirtió en objeto de disputas, acuerdos y proyectos de memoria. Museos dedicados a su figura se multiplicaron, especialmente en París, Barcelona y Málaga, mientras historiadores, críticos y comisarios se dedicaban a catalogar, interpretar y reinterpretar una obra que había atravesado prácticamente todas las etapas del siglo XX.

Al mismo tiempo, su figura como hombre empezó a ser revisada con otro filtro. En vida, la narrativa dominante había sido la del genio inalcanzable, el artista que todo lo transforma. Tras su muerte y, sobre todo, con los testimonios de mujeres como Françoise Gilot, se hizo evidente que la brillantez artística no lo eximía de haber ejercido un enorme poder sobre sus parejas, muchas veces con consecuencias devastadoras. El mito del “genio atormentado” empezó a ser cuestionado, y la figura de Picasso se convirtió en un campo de batalla donde se cruzaban debates sobre patriarcado, abuso emocional, responsabilidad moral y separación —o no— entre obra y autor.

Guernica, 1937.

Su relación con España también es, en sí misma, un síntoma de esta tensión. Abandonó el país siendo muy joven, criticó su atraso, y solo volvió de forma esporádica antes de 1936. Tras la Guerra Civil, se negó a regresar mientras duró la dictadura franquista, aunque su obra más universal, Guernica, terminaría convirtiéndose en un símbolo de la resistencia y la memoria democrática. Cuando finalmente el cuadro regresó a España, lo hizo con una condición clara: que lo hiciera a una España libre.

Picasso es, por todo ello, una figura incómoda y necesaria. Incómoda porque obliga a mirar de frente las contradicciones entre la belleza de su obra y la dureza de su vida íntima. Necesaria porque sin él no se entiende la ruptura radical que supuso el arte del siglo XX, desde el cubismo hasta la abstracción, desde el collage hasta el arte político.

“Genius: Picasso”: la pequeña pantalla como espejo sin paños calientes

En 2017, la cadena National Geographic decidió llevar a la pantalla la vida de algunos de los grandes nombres del siglo XX en una serie titulada Genius. La primera temporada, dedicada a Albert Einstein, funcionó tan bien que la segunda se consagró al malagueño que había reinventado el arte contemporáneo. Así nació Genius: Picasso, un intento de condensar en diez episodios de unos 45 minutos casi noventa años de vida y obra.

Antonio Banderas —otro malagueño— y Alex Rich encarnan a Picasso en sus distintas etapas, alternando juventud y vejez para componer una biografía fragmentada, casi cubista. La serie recorre los escenarios cruciales: la infancia en Málaga, los años de formación en Barcelona, la bohemia de Montmartre, las guerras, los amores tumultuosos, el exilio interior en el sur de Francia. Por el camino aparecen figuras esenciales en su historia: Dora Maar, Carlos Casagemas, Jaime Sabartés, Fernande Olivier, Françoise Gilot, Kahnweiler, Braque, Matisse, Renoir y un largo etcétera.

Lo más interesante es que la serie no se limita a glorificar al genio. Al contrario, muestra de forma bastante directa su carácter difícil, sus infidelidades constantes, su crueldad emocional con algunas de sus parejas, especialmente con Dora Maar y Françoise Gilot. No se trata de un retrato perfecto ni de una tesis definitiva, pero sí de una aproximación que evita el edulcorante habitual con el que tantas veces se ha mostrado a los grandes artistas. Frente al cliché del creador incomprendido, Genius: Picasso se atreve a enseñar también al hombre capaz de destruir emocionalmente a quienes más cerca tenía.

La recepción de la serie fue más discreta que la de la temporada dedicada a Einstein, quizá porque el reto era, en cierta forma, más complejo: contar a un personaje que, a diferencia del físico alemán, ha sido constantemente revisado, expuesto y discutido. Aun así, la interpretación de Banderas fue muy elogiada y obtuvo nominaciones a premios como los Emmy o los Globos de Oro, confirmando que la figura de Picasso sigue generando un interés difícil de agotar.

En última instancia, la serie sirve como una puerta de entrada para quienes se acercan por primera vez a su vida, pero también como un recordatorio para quienes ya sabían quién era: Picasso no fue solo el hombre que pintó Las señoritas de Avignon o Guernica. Fue también el niño fascinado por los toros, el joven que perdió amigos y amores, el artista que rompió con su país, el amante que hizo daño, el anciano que siguió pintando hasta casi el último aliento. Un hombre cuyo legado, como su obra, está hecho de luces deslumbrantes y sombras densas.

Y quizá ahí reside su verdadera dimensión histórica: en obligarnos a mirar de frente esa mezcla incómoda de genialidad y miseria humana, sin paños calientes, igual que hace la cámara en Genius: Picasso y, antes que nadie, los propios lienzos del artista.

BIBLIOGRAFÍA

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TORRES, G. L. Picasso y Lautrec, más allá del burdel. [Última revisión: diciembre de 2025] Recuperado de: https://www.rtve.es/noticias/20171016/picasso-lautrec-mas-alla-del-burdel/1628618.shtml

La Historia de la humanidad hecha videojuego

La Historia, como muchas otras asignaturas y disciplinas, es algo que odias o amas, prácticamente no hay término medio para tan noble “ciencia” cuyo objetivo objetivo es, entre otros, estudiar el pasado de la humanidad y aprender de él. No son pocas las novelas de ficción histórica que pueden hacer este estudio o aprendizaje algo más liviano, lo mismo ocurre con series o películas. Y, por supuesto, los videojuegos no iban a ser menos.

A veces no es necesario idear grandes historias o universos para ambientar un videojuego, el mismo pasado de la humanidad es tan rico y variado que bien pareciera una obra de ficción. Por ello, muchos estudios han escogido determinados tramos de la Historia para ambientar sus títulos de todo tipo, sean del género que sean. Si echamos la vista atrás podemos observar como hay videojuegos para cada momento de la Historia, aún quedan muchos e interesantes episodios por tratar, pero lo básico está. Esta semana te recomiendo un videojuego para cada momento de la Historia, títulos que lograron introducirnos con éxito en cada fascinante período.

Son pocos los juegos que han tratado el extenso, desconocido y maravilloso período de la Prehistoria. Quizá el mejor ejemplo para conocer la Prehistoria sea el primer Empire Earth, en el que se hace un tratamiento de la misma bastante más extenso que en otros videojuegos. Es cierto que el título no se centra únicamente en la Prehistoria, pero al incluir tres edades que abarcan medio millón de años entre las tres consideramos que es uno de los mejores ejemplos hasta la fecha. Especial mención merece el clásico atemporal Prehistorik, que todos recordamos con cariño aunque no sea el mejor ejemplo para definir la Prehistoria al pie de la letra. Veremos en qué queda el inminente FarCry Primal de Ubisoft, por ahora tiene una pinta genial y podría convertirse en la experiencia prehistórica definitiva.

Aunque el Antiguo Egipto, o faraónico, se encuentra a caballo entre la Prehistoria y la Época Clásica, merece especial mención por su singularidad y gran ejemplo dentro de la industria de los videojuegos. Con Egipto no hay ninguna duda, el mejor ejemplo para empaparnos de su cultura es sin duda Faraón, lanzado en 1999 por Impressions Games para PC. Faraón no era más que un “city-building” con grandes pinceladas de gestión basado en Caesar, pero su gran ambientación unida a un modo campaña progresivo nos llevará desde el período predinástico hasta el Imperio Nuevo haciéndonos partícipes de la grandeza de una de las culturas más importantes e interesantes de la Historia.

La Historia Clásica se ha prodigado bastante más que otros períodos en el mundo de los videojuegos, quizá por su extensión, quizá por su complejidad o quizá por su grandeza. Es complicado quedarse con un único videojuego que resuma, en esencia, qué fue el período clásico y por qué es importante. He de admitir que me ha resultado complicado elegir, pero siendo justos el mejor ejemplo es la saga Imperivm de Haemimont Games, distribuida por FX Interactive en España. El concepto de estrategia que propone junto con su sublime ambientación y su rigor histórico hacen que sea la mejor opción a la hora de informarnos sobre la historia del Imperio Romano a través de un videojuego. Otra buena opción era, sin duda, Rome Total War, pero al poder cambiar los acontecimientos a nuestro antojo así como una selección de facciones un tanto extrañas hacían que no fuese la mejor opción. Ryse: Son of Rome no es históricamente fiel al 100%, sin embargo constituye una alternativa interesante para conocer roma “en primera persona”. Y nos dejamos Grecia, sobre la que no se han realizado demasiados juegos de gran calidad. Para Grecia nos quedamos con la expansión Alexander de Rome Total War, una de las expansiones más interesantes de la saga, por su relativo rigor histórico y por su concepción “contrarreloj”.

En la Edad Media sí que no hemos dudado en ningún momento. Age of Empires II: The Age of Kings junto con su expansión The Conquerors no tienen rival alguno. Lo interesante de la saga de Ensemble Studios no es sólo su genial revisión del género RTS sino que, encima, las campañas están increíblemente bien documentadas. Destacamos, sobre todo, la magnífico tutorial de William Wallace, la del Cid campeador y la de Barbarroja. Horas y horas de diversión, con unas campañas increíbles y aprendiendo un poco de la compleja y convulsa historia medieval.

Llegados al Renacimiento tampoco hemos dudado en ningún momento: Assassin’s Creed II es el mejor ejemplo para introducirnos en la Italia de los siglos XV y XVI. Aunque la historia de nuestro querido Ezio Auditore sea ficticia, bien podría haber ocurrido -obviando la fantasía de la saga- sin ningún problema. Esta obra maestra de Ubisoft es una de las obras clave en la historia del videojuego, aunque a muchos les cueste aceptarlo. El nivel de detalle y de documentación por parte del equipo de desarrollo es altísimo, de hecho el mismo videojuego es una enciclopedia de la época. Arquitectónicamente, en ropas, ambientación, misiones… en todo Assassin’s Creed II brilla con luz propia y nos traslada al Renacimiento italiano en Florencia y Venecia.

Para adentrarnos en los entresijos de la Edad Moderna -Renacimiento incluido- no hay mejor opción que la saga Europa Universalis de Paradox. Su nivel de documentación, como ocurre con la mayoría de juegos de este estudio, es muy alto, así como la lógica del juego. Es cierto que, quizá, visualmente estos títulos no nos trasladen ipso facto al momento, ya que hablamos de tableros en 2D que nos recuerdan al mítico Risk, pero una vez metidos en materia la inmersión es total y, con pericia, acabaremos haciéndole sombra al mismísimo Rey Sol.

El período denominado Historia Contemporánea responde a dudas dependiendo de a quién preguntemos, nosotros nos quedaremos con que va desde la Revolución Francesa a la Primera Guerra Mundial. Hay varios títulos que tratan estos momentos, pero en esta ocasión nos vamos a quedar con un producto patrio: Imperial Glory de Pyro Studios. Es cierto que Imperial Glory no abarca toda la Historia Contemporánea, pero lo que abarca –Revolución Francesa y guerras napoleónicas– lo hace con bastante acierto, con una ambientación sublime que nos traslada al momento, tanto al campo de batalla como al centro de mando. Otras opciones serían Victoria: un Imperio bajo el sol, de Paradox, cuya experiencia resulta similar a la de Europa Universalis. Para vivir esta época “en primera persona” y con rigor histórico es preciso mencionar también Assassin’s Creed III y Assassin’s Creed Unity.

Valiant Hearts. Fuente: Steam/Valve Corp.

Entramos en el siglo XX y hacemos una parada en la Primera Guerra Mundial para detenernos y admirar al magnífico Valiant Hearts, ese curiosa mezcla ideada por Ubisoft Montpellier que ha resultado ser una de las mayores sorpresas de los últimos años. Valiant Hearts combina multitud de géneros sin catalogarse específicamente en ninguno. Un híbrido entre aventura gráfica, aventuras e incluso plataformas con la Primera Guerra Mundial como trasfondo. Pero, lo importante de Valiant Hearts no radica en su jugabilidad -que también- sino en su magnífica historia que, a través de sus inolvidables personajes, nos hace partícipes del calamidoso conflicto. Además, el título incluye multitud de información sobre la contienda para culturizarnos a la par que nos entretiene.

La Segunda Guerra Mundial es, posiblemente, el período de la Historia que más videojuegos ha dado, sería complicado hacer una lista completa sobre todos los juegos que existen sobre este conflicto, muchos de ellos de grandísima calidad, por lo que escoger un único juego que muestre la Segunda Guerra Mundial nos ha resultado bastante difícil. Pero siendo objetivos, entre los títulos de mayor calidad, tenemos que hacer una parada y quedarnos con la saga Commandos de Pyro Studios, concretamente con Commandos 2: Men of Courage, cuyas misiones están inspiradas en misiones reales o películas -las cuales a su vez recrean misiones reales-. El mimo que puso el estudio liderado por Gonzo Suárez en Commandos 2 rara vez lo hemos vuelto a ver en un juego de la Segunda Guerra Mundial. Aún así, es preciso mencionar otros títulos para vivir el conflicto desde otra perspectiva y esos son, sin duda, Medal of Honor: Allied Assault y Call of Duty 2, posiblemente el mejor Call of Duty hasta la fecha.

La Guerra Fría no se ha prodigado mucho, como tal, dentro del mundo de los videojuegos. Además, al ser un período tan amplio es complicado encontrar un videojuego que sea un gran referente para introducirnos en el mismo. Sin embargo, hemos seleccionado al magnífico Vietcong que trata, de forma precisa y seria, la Guerra de Vietnam, un FPS con toques realistas olvidado, por desgracia. También merece especial atención, por su tratamiento, Call of Duty: Black Ops aunque patina históricamente y sólo es aconsejable por su ambientación. En breve saldrá Alekhine’s Gun de la mano de Maximum Games, el cual nos pondrá en la piel de un espía soviético reclutado por la CIA.

El panorama actual es complicado de tratar y hay multitud de títulos que se han desarrollado en el mismo. Operation Flashpoint: Dragon Rising, aún con sus carencias, es un título que muestra de manera más o menos fiel lo que podría ser un conflicto actual, lo mismo ocurre con la saga ArmA, aunque quizá sus bugs nos impidan disfrutar al 100% de la experiencia. Saliéndonos de la “simulación” el mejor ejemplo lo encontramos en el Medal of Honor de 2010, un título serio y consecuente que fue tapado por la saga Call of Duty que, tras el genial Modern Warfare fue decayendo poco a poco.

¿El futuro? Eso lo tendremos que comprobar nosotros mismos, pero quizá podamos ir haciéndonos una idea con Call of Duty Advanced Warfare o, en un futuro más lejano, Deus Ex.

BIBLIOGRAFÍA

GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, E.* La Historia de la humanidad hecha videojuego. IGN España, Madrid, 2016. [Última revisión: octubre de 2022] Recuperado de: https://es.ign.com/videojuegos/99630/feature/la-historia-de-la-humanidad-hecha-videojuego

*Posterior y errónamente atribuido a otro autor por parte de IGN España. Fuente: https://web.archive.org/web/20160131210323/https://es.ign.com/videojuegos/99630/feature/la-historia-de-la-humanidad-hecha-videojuego

Sinsheim Technik Museum – Museo de la automoción y la tecnología de Sinsheim

La Alemania actual, hija de la Reunificación tras la caída del muro de Berlín en 1989 y todo lo que ello conllevó dentro de la Comunidad Económica Europea, ha estado centrada eminentemente en todo aquello que gire en torno a la industria. Es algo que podemos observar fácilmente viendo la popularidad de museos técnicos y el estado en el que se encuentran monumentos históricos como el teatro romano de Mainz.

Fachada del museo con un Canadair CL-215 accesible.

El Museo de la automoción y la tecnología de Sinsheim se encuentra en esta pequeña localidad del estado de Baden-Wutemberg, en el suroeste de Alemania. Fundado en 1981 a raíz de la iniciativa privada del consorcio Auto & Technik Museum Sinsheim e.V., que cuenta con otro museo técnico en la ciudad de Espira. El museo lo constituyen dos grandes naves temáticas junto con varias piezas expuestas en los aledaños de las mismas.

Su horario es de 9h a 18h los 365 días del año. El precio de la entrada es de 16€ para adultos, 13€ para niños entre los 4 y los 14 años, y gratuita para menores de 4 años. La entrada combinada que ofrece el acceso al museo así como cine IMAX 3D es de 21€ para adultos, 17€ para niños entre los 4 y 14 años, y gratuita para menores de 4 años. Igualmente, el museo ofrece descuentos para grupos. Precios elevados a pesar de la gran colección que el museo alberga.

Con más de 3000 piezas en exposición y 50.000 metros cuadrados el museo cuenta con dos enormes naves diferenciadas por temática desde la Segunda Guerra Mundial hasta, prácticamente, nuestros días. Posee, además, varios restaurantes, un cine IMAX 3D y una tienda interesante pero poco recomendable debido a sus elevados precios.

DeLorean DMC-12.

La primera de ellas, en la que se encuentra también el cine IMAX 3D y un restaurante, está centrada mayormente en vehículos de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), aunque en ella también se encuentran piezas automovilísticas de extraordinario valor como un DeLorean DMC-12, vehículos de NASCAR, camiones, Chevrolets y Fords históricos de la década de los años 60, así como deportivos actuales tales como el Chevrolet Corvette o el Ford Mustang.

Cadillac Coupé de Ville (1958).

Pero lo importante de esta impresionante nave es su colección de vehículos y armamento de la Segunda Guerra Mundial que es, precisamente, lo que mejor tiene organizado el museo de manera temática. En ella podemos encontrar aviones tales como el Junkers Ju 52, el Heinkel 111, Junkers Ju 88, Mig-15, Junkers Ju 87 «Stuka», el mítico Messerschmitt Bf 109 o helicópteros como el Kamov Ka-26D soviético.

MIG-15 y Kamov Ka-26D.

Heinkel 111, MIG-15 y Panzer IV del Afrika Korps.

Messerschmitt Bf 109.

En cuanto a tanques, tanquetas y demás vehículos de guerra la colección que alberga esta nave sigue siendo igualmente impresionante. Destacan el Panzer IV del Afrika Korps, Panzer III del escenario europeo, un enorme T-34 del ejército rojo, un Stug III F con pintura de camuflaje, un Sturmtiger, varios Sherman M4A1, un Panzer V que podemos hacer funcionar pagando 2€ -aunque cuando fui estaba estropeado-, un Jagdpanther, una locomotora de la época, multitud de cañones como el Flak 88, camiones Opel Blitz, Jeeps, Kübelwagens y motocicletas BMW R12.

Panzer III.

Sherman M4A1.

T-34.

En esta misma nave se encuentra un cine IMAX 3D con una pantalla gigante de 22×27 metros que, en el invierno de 2018, emitía el documental ‘National Parks Adventure’ centrado en los parques nacionales de Estados Unidos y narrado por Robert Redford. Muy recomendable aunque, eso sí, en completo inglés subtitulado en alemán.

Kübelwagen anfibio.

La segunda nave está centrada en el automovilismo al cien por cien, dejando ya el escenario de la Segunda Guerra Mundial exclusivo de la primera nave del museo. En esta nave también se encuentran piezas extraordinarias e históricas como varios vehículos de Fórmula 1, Rolls Royce, Mercedes-Benz, Maybach, Ford GT, Vector W8, coches de rally y, la joya de esta nave, el Brutus; una bestia con un motor BMW de aviación de 750cv y 48 litros de cilindrada famoso por haber aparecido en el programa Top Gear.

Brutus.

El exterior forma también parte del museo de Sinsheim y no debemos dejarlo pasar por alto ya que existen en él vehículos de guerra y varios aviones a los que podremos acceder. En primer lugar, a la espalda de la primera nave, tenemos una avenida plagada de tanques y helicópteros de la Guerra Fría que es muy recomendable visitar. Justo en el techo, perfectamente accesible, tenemos un Canadair CL-215 amarillo ideado para luchar contra incendios forestales.

Vehículos de la Guerra Fría en el exterior.

El plato fuerte del exterior se encuentra en el techo de la segunda nave, en el que se encuentran, entre otros, un Ju 52 accesible así como un Tupolev Tu-144 de la Unión Soviética y un Concorde donado por Air France tras la retirada del servicio del modelo. Ambos aviones supersónicos son accesibles, siendo de los puntos de interés más populares de todo el museo.

Concorde y Tupolev Tu-144.

Antes de irnos, en la primera nave, podemos acceder a la tienda que, a pesar de su extensión, resulta de escaso interés debido a los altos precios de la mayoría de productos tales como maquetas, ropa y recuerdos. También aquí se encuentra el mejor de los tres restaurantes del museo que, aunque no sea gran cosa, cuenta con precios contenidos en sus menús.

El Museo de la automoción y la tecnología de Sinsheim es una parada casi obligatoria si estamos por la zona puesto que cuenta con una increíble selección de vehículos de todo tipo, siendo aquellos de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría los más interesantes desde el punto de vista histórico.

Automuseum Dr. Carl Benz en Ladenburg

La naturaleza industrial de Alemania, y más en concreto de la zona que rodea a Mannheim, ha marcado irremediablemente su paisaje, su comercio y, en definitiva, su historia. No es casualidad que el primer automóvil de la Historia se inventase precisamente allí, en una pequeña fábrica a las afueras de Mannheim, siendo esto el inicio de una vorágine industrial que llega hasta nuestros días.

Fachada del museo en Ladenburg (Alemania).

Por ello no es de extrañar que en la zona se haya dedicado un museo a Carl Benz, el inventor del primer automóvil y precursor de la marca hoy conocida como Mercedes-Benz. El Automuseum Dr. Carl Benz se encuentra en Ladenburg, muy cerca de las localidades de Mannheim y Heidelberg, en el sur de Alemania. El edificio del museo lo constituye una antigua fábrica que el propio Carl Benz compró en 1905 y en la que produjo automóviles a partir de 1908.

Su horario de apertura es bastante reducido pues abre miércoles, sábados, domingos y festivos de 14.00h a 18.00h. El precio de la entrada es de 5€ para adultos, 3€ para niños, 10€ familias y 4€ por persona en el caso de grupos grandes. Precios contenidos que merece la pena pagar para ver el interior del museo y las magníficas piezas de coleccionista que alberga.

La sala principal desde la estancia superior.

Cuenta con 3 estancias bastante grandes y una pequeña plataforma elevada en la que se encuentran vehículos desde el Benz Patent-Motorwagen nº1 hasta algunos de finales del siglo XX. Posee además una tienda y una pequeña cantina que emula a la original de la fábrica. Actualmente el Automuseum Dr. Carl Benz alberga más de 70 vehículos históricos.

La sala principal, por la que se accede al museo, es la que abarca las piezas más interesantes de la colección y es en ella en la que podemos encontrar tres piezas de incalculable valor histórico como lo son los dos Benz Patent-Motorwagen nº1 de 1886 y el nº2 de 1888. En ella también podemos encontrar otras piezas tan interesantes como el Luxsche IndustrieWerke AG de 1900.

Benz Patent-Motorwagen nº1.

U otros vehículos importantes para la Historia como el Ford T, un coche de bajo coste producido por primera vez en serie por Ford desde 1908 a 1927. Así como el Volkswagen Tipo 1, popularmente conocido como «Escarabajo», «Beetle» o «Bocho».

Luxsche IndustrieWerke AG.

En la parte superior de esta sala podemos encontrar una interesante colección de bicicletas de todas las épocas y tipos, incluyendo bicicletas a gasolina o eléctricas.

La segunda sala del Automuseum Dr. Carl Benz está dedicada a la competición y en ella se encuentran vehículos icónicos tales como el Daimler-Benz 190 SLR W121 de 1957, de cuatro cilindros, 1897cc y una fuerza de 150cv. Y otros como el CC Rennsport de 1921 o el Ford Spezial Midget-Rennwagen de 1929.

SLR W121 (1957).

Pero la verdadera joya de esta sección es, sin duda, el Benz 10/30 Bauj de 1921, un enorme vehículo de carreras ideado para el recién inaugurado circuito de carreras de Berlín.

Benz 10/30 Bauj.

La última sala es la cantina de la fábrica, que hace también las veces de cafetería del museo -aunque no funciona más que para bebidas frías-. Es una estancia algo desaprovechada que recrea como era el proceso de fabricación de un vehículo en la época y únicamente alberga una pieza, el Benz 10/22 Sportwagen de 1921, con 1609cc, cuatro cilindros, una potencia total de 22cv y una velocidad máxima de 80km/h.

Benz 10/22 Sportwagen.

Al salir, justo encima de la taquilla, se encuentra la tienda del museo que, al margen de varias figuras de vehículos y ropa de Mercedes-Benz, no ofrece demasiado más y se encuentra algo descuidada por parte de su amable personal.

Segunda sala, dedicada a vehículos de competición.

El Automuseum Dr. Carl Benz es una parada obligatoria para todo amante del automovilismo, la ingeniería y la historia de Alemania. Nos hace retroceder en el tiempo trasladándonos a la época en la que los vehículos se fabricaban con un poco más de alma que hoy día.

Las políticas sociales durante las legislaturas de José Luís Rodríguez Zapatero

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OBJETIVOS
El fin de esta entrada es enumerar y analizar las políticas sociales más polémicas e importantes que se llevaron durante las VIII y IX legislaturas en España, con José Luís Rodríguez Zapatero como presidente del país. Fuertemente criticadas por unos, alabadas por otros, las políticas sociales del gobierno central durante los siete años de mandato socialista no dejaron indiferente a nadie e incluso años después siguen siendo el tema central de intensos debates. Los objetivos que se plantean son los que se indican a continuación:

  1. Introducir, de manera general, el momento político de las dos primeras legislaturas, así como la incidencia de la crisis económica en el gobierno socialista.
  2. Enumerar y analizar las medidas sociales más importantes de la VIII Legislatura.
  3. Enumerar y analizar las medidas sociales más importantes de la IX Legislatura, así como la incidencia de la crisis económica en las políticas sociales.
  4. Realizar un balance final sobre dichas políticas sociales.

INTRODUCCIÓN
En el año 2000, tras las constantes derrotas del Partido Socialista Obrero Español, PSOE en lo sucesivo, frente al Partido Popular, PP de aquí en adelante, el partido decide realizar un Congreso para elegir Secretario General. El favorito era el antiguo abogado y profesor universitario José Bono Martínez, destacada figura dentro del partido con una importante carrera política a sus espaldas, de ideas moderadas y carácter afable, perfecto para intentar captar votantes desilusionados con el Partido Popular. Pero, finalmente, y para sorpresa de muchos, acaba ganando un “desconocido” diputado por León: José Luís Rodríguez Zapatero, el cual le daría un vuelco al panorama político español y llevaría al PSOE a la victoria electoral durante dos legislaturas.

En la oposición, Zapatero atacó duramente aspectos como la guerra de Irak o el desastre del Prestige, pero coincidía en la política antiterrorista con el PP. Respecto a las políticas sociales, José Luís Rodríguez Zapatero reivindicó desde un primer momento una serie de medidas que consideraba necesarias para un país europeo de primer orden y que serían esenciales, según sus palabras, para que la democracia gozase de buena salud.

El gobierno del PP, con José María Aznar al frente como cuarto presidente de la democracia, comenzaba a dar síntomas de fatiga. Por un lado su apoyo a la guerra de Irak había generado una fuerte oposición ciudadana, su política internacional no era bien vista por la opinión pública española e internacional, la gestión del desastre ecológico del Prestige en Galicia ocasionó también un fuerte rechazo.

Mientras tanto, Zapatero seguía inmerso en la oposición con una campaña electoral tremendamente efectiva, llena de caras conocidas y orquestada por el publicista Juan Campmany. Zapatero comenzó a hacer fichajes personales, su objetivo era dar entrada a un pequeño grupo de independientes que justificasen sus constantes menciones a la sociedad civil como nueva manera de hacer política.

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Pero el panorama de las elecciones del año 2004 no era muy alentador para Zapatero y su equipo, aun así, el discurso social y antibelicista había calado hondo en la sociedad y Zapatero lo sabía. Los sondeos aseguraban una nueva mayoría absoluta para el Partido Popular, esta vez con Mariano Rajoy a la cabeza y el líder socialista era consciente de ello. Aun así Zapatero estaba convencido de su papel en la política del país, algo que afirmó al diario El Mundo con las siguientes palabras: “Gane o pierda, yo soy el futuro. Si gano, se abrirá en este país una etapa de recuperación en la vida política. Haré una importante regeneración democrática […] Si pierdo, haré una oposición responsable, estaré abierto al diálogo con el Gobierno y esperaré a que el proyecto acabe cuajando”.

El PSOE de Zapatero comienza a ganar las elecciones a las 13:30 del día 11 de marzo de 2004, cuando Ángel Acebes -Ministro del Interior- comparecía para dar las primeras informaciones sobre los atentados que habían tenido lugar esa misma mañana en las estaciones de Atocha, Santa Eugenia y El Pozo y la calle Téllez de Madrid. Estos atentados del 11 de marzo -llamados hoy día 11M- provocaron un fuerte rechazo ciudadano y un giro inesperado hacia el candidato socialista. El gabinete de José María Aznar se vio completamente desbordado por el atentado y tomó la decisión de atribuir el atentado a ETA ya que barajar, públicamente, la posibilidad de un atentado islamista como el de las Torres Gemelas de Nueva York -11 de septiembre de 2001- sería cavar la tumba política del partido de cara a las inminentes elecciones.

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A medida que avanzaba el día, la falsa información transmitida por el Gobierno iba quedando en evidencia y la idea de que ETA había perpetrado el atentado se iba desvaneciendo a la par que aumentaba el rechazo hacia el Partido Popular. Las elecciones generales celebradas el 14 de marzo de 2004 -solo tres días después del 11M-  culminaron con la victoria del PSOE por mayoría simple. La participación fue del 75,7%, el PSOE acaparó el 42,6% del voto mientras que el PP alcanzó el 39,9%, pasando de la mayoría absoluta a la oposición. Las reformas y medidas que se adoptasen por parte del nuevo Gobierno socialista serían puntualmente apoyadas por los partidos Izquierda Unida y Esquerra Republicana de Cataluña gracias al Pacto de Tinell.

Este nuevo panorama político resultaba esperanzador para muchos y desconcertante para otros. En palabras del entonces presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), José María Cuevas, la victoria del PSOE se resumía con las siguientes palabras: “Con este resultado electoral, tenemos a un PSOE en el Gobierno que no estaba preparado para gobernar, y a un PP en la oposición que no estaba preparado para pasar a la oposición. Vamos a ver cómo salimos de ésta”. Se iniciaban así siete años y medio de Gobierno del PSOE.

El PP no reaccionó bien ante este nuevo panorama y alegó que los españoles habían votado influenciados por el miedo del atentado, intentando así deslegitimar el resultado favorable al PSOE, argumento que los socialistas rebatían aludiendo a la manipulación informativa por parte del PP. Se inició incluso una teoría de la conspiración por parte del diario El Mundo y la emisora COPE, teoría que situaba a miembros del PSOE y el Cuerpo Nacional de Policía como planificadores del atentado del 11M con el fin de obtener una victoria electoral. Junto con esta teoría comienza una feroz campaña por parte del PP contra casi todas las medidas que tomaba el gabinete socialista, esta oposición por parte de los populares no surtió efecto hasta la “aparición” de la crisis económica en el año 2008.

Zapatero y su gobierno iniciaban así una serie de reformas de todo tipo, destacando sobre todo las políticas sociales, posiblemente las más importantes y polémicas de los últimos tiempos. Muchas se hicieron efectivas, otras no llegaron nunca. Debido a la mediatización de la crisis, las claras tendencias de los medios de comunicación en el momento y la opinión popular resulta harto complicado realizar un análisis objetivo sobre las políticas sociales de los años de Zapatero en el Gobierno pero, en el presente análisis, intentaré mostrar los principales aciertos, limitaciones y desaciertos de la administración socialista en materia social entre los años 2004 y 2011.

LA PRIMERA LEGISLATURA (2 de abril de 2004 – 31 de marzo de 2008)
Esta primera legislatura, la VIII de la democracia, estuvo marcada por la estabilidad económica del país. España aun no era consciente del enorme endeudamiento de las familias -70% de la renta según el Banco de España en 2005- en torno a la compra de la vivienda, un problema que llevaba tiempo gestándose y que aun no había mostrado su peor cara. Esta aparente tranquilidad económica le valió al Gobierno socialista para llevar a cabo gran cantidad de políticas sociales. Zapatero ganó con un programa electoral muy potente en materia social, estas promesas sociales eran su principal baza en las elecciones -junto con la guerra de Irak y el fin del terrorismo- por lo que suponían una prioridad a la hora de afrontarlas. De quince promesas en materia de derechos civiles y política social se cumplieron diez de ellas, y cuatro se pudieron cumplir a medias.

  • La primera fue la Ley orgánica 1/2004 de 28 de diciembre: Ley integral sobre violencia de género.   A partir de los años 90, la violencia sufrida por mujeres a manos de sus parejas se perfiló como uno de los principales problemas sociales del país, a pesar de que España contaba con unas cifras bastante bajas con respecto a Europa. Zapatero, en campaña y a pie de calle, prometió que su primera ley estaría dedicada a proteger a las mujeres del maltrato de sus parejas. Esta ley fue aprobada en diciembre de 2004 por unanimidad en el Congreso de los Diputados, conociéndose como Ley contra la Violencia de Género. Esta no solo penalizaba contundentemente la violencia machista sino que también incluía una serie de medidas sociales y educativas. No consiguió reducir de manera eficiente los asesinatos de género. Con ella se generó un intenso debate al penalizar de manera más dura la violencia del hombre contra la mujer que de la mujer contra el hombre. A día de hoy sigue siendo objeto de debate.
  • Regularización de los inmigrantes en relación a la Ley orgánica 4/2000: Ley de Extranjería. En el momento en el PSOE de Zapatero entró en el Gobierno, en España existían más de un millón de inmigrantes sin papeles. A comienzos de 2005 el Gobierno otorgó papeles a casi 600.000 inmigrantes ilegales que acreditasen que llevaban seis meses o más en España, no tenían antecedentes penales y tenían un contrato de trabajo. Otra propuesta que ha sido, y sigue siendo, objeto de intensos debates sobre la inmigración y el tema laboral en España.
  • Ley 13/2005 de 1 de julio: Matrimonio homosexual. Una de las leyes más controvertidas del Gobierno de Zapatero y una de sus principales promesas electorales. Otros países de Europa ya habían aprobado leyes parecidas e internacionalmente no era ninguna novedad pero sí suponía un avance en las relaciones entre personas del mismo sexo. Permitía a personas del mismo sexo contraer matrimonio y entrar en las listas de adopción. El Vaticano la tachó de aberrante, el Foro  Español de la Familia recaudó firmas en defensa del matrimonio y la infancia, y el PP se opuso totalmente a dicha ley llegando a presentar incluso un recurso ante el Tribunal Constitucional.

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  • Ley 15/2005 de 8 de julio: Agilización de los procesos de separación y divorcio, también conocido como “Divorcio Express”. En ella fue regulada la custodia compartida y agilizó el proceso de divorcio, que ahora se podía solicitar a los tres meses de matrimonio, sin alegar motivos y sin separación previa.
  • Subida del SMI y reforma del mercado laboral. Zapatero realiza una subida sin precedentes del salario mínimo interprofesional, una subida del 22% que pasaba de los 460€ anteriores a 513€, organizando un plan de subidas y alcanzando los 600€ en el año 2008. Se llevaron a cabo acuerdos con los sindicatos para la mejora y el crecimiento del empleo con medidas como la subida de las bonificaciones a la contratación indefinida.
  • Ley 39/2006 de 14 de diciembre: Ley de Dependencia y creación de red de servicios de atención. Su objetivo era mejorar la asistencia a personas dependientes estableciendo tres grados de dependencia: moderada, severa y gran dependencia, sentando las bases para el Sistema Nacional de Atención a la Dependencia. En palabras de Zapatero se estaba creando “el cuarto pilar del Estado del Bienestar”. Las personas dependientes obtenían el derecho de recibir atención pública de diferentes formas: teleasistencia, centros de día, ayuda a domicilio, asistente personal o prestación económica. Con la llegada de la crisis, aumentaron las listas de espera y, a día de hoy, aun existen cientos de miles de personas que demandan este tipo de ayudas.
  • Ley orgánica 2/2006 de 3 de mayo: Nueva Ley de Educación. Introducía la nueva asignatura llamada Educación para la Ciudadanía, duramente criticada por la oposición y la jerarquía católica. También suavizaba la enseñanza y eliminaba la obligatoriedad de la asignatura de Religión. En palabras del Gobierno era una ley basada en la igualdad, la tolerancia, la justicia y el respeto.
  • Subida de las pensiones mínimas por encima del IPC. Aumenta el 36% para aquellas personas que tuviesen un cónyuge a su cargo, un 28% para las que no tuviesen cónyuges y un 19% para las no contributivas.
  • Ley orgánica 3/2007 de 22 de marzo: Ley de igualdad de trato. Ampliaba el permiso de paternidad a 15 días, obligaba a los partidos a presentar listas con, al menos, un 40% de mujeres y sentó las bases del futuro Ministerio de Igualdad.
  • Creación del Ministerio de la Vivienda. Zapatero recuperó en el año 2007 un antiguo Ministerio que fue creado en 1957 y suprimido en 1975. El objetivo de este nuevo Ministerio era frenar la burbuja inmobiliaria española que se había ido gestando en los últimos compases de los años 90 además de facilitar el acceso a la vivienda a familias deprimidas y jóvenes. Intentó contener la continúa subida del precio de la vivienda sin éxito, ya que fue el estallido de la propia burbuja lo que hizo bajar el precio de la vivienda. El Ministerio fue suprimido a finales de 2010, pasando sus competencias al Ministerio de Fomento.

Así pues hubo gran cantidad de medidas que se quedaron a medias sin conseguir el objetivo propuesto, pero fueron las menos, estas fueron la creación de 180.000 Viviendas de Protección Oficial (VPO) al año, cifra bastante generosa ya que solo se consiguieron crear 84.000 anuales. Becar al 50% de los estudiantes en la enseñanza post-obligatoria, la ley de plazos del aborto o la subida del 20% de las becas universitarias.

Aún así el PSOE de Zapatero prácticamente cumplió su programa electoral, sobre todo en materia social, objetivo que se puso el Estado para defender unas condiciones básicas de igualdad. Para los clásicos socialdemócratas, las medidas adoptadas por el gabinete de José Luís Rodríguez Zapatero eran chocantes ya que se había avanzado hasta conseguir el matrimonio entre personas del mismo sexo, se intentaba luchar -sin mucho éxito- contra la violencia machista o se lograba la igualdad entre hombres y mujeres, tanto en el ámbito laboral como en el social. Algunas cuestiones se quedaron a medias, sobre todo en materia de vivienda y educación, pero el avance social fue bastante importante algo que el ciudadano de a pie notó de forma efectiva gracias al importante aumento del SMI y las pensiones. Además, aunque ya estaba mostrando síntomas, en España aun no había estallado la burbuja inmobiliaria y la crisis aun no había “llegado” a la Península Ibérica.

SEGUNDA LEGISLATURA (1 de abril de 2008 – 13 de diciembre de 2011)
El 9 de marzo de 2008 se celebraban en España las elecciones generales. El PSOE había recuperado la confianza de su electorado, perdido durante los últimos años de Felipe González, gracias al cumplimiento de gran parte de su programa electoral en materia social. Aun así, la inminente crisis económica ya se hacía notar en el país y la política de gasto llevada por parte del gabinete socialista no era bien vista a ojos de los sectores más conservadores, los cuales además recelaban del Gobierno del PSOE por sus medidas sociales más radicales. La participación fue del 73,85% y el PSOE ganó, de nuevo, con mayoría simple obteniendo 169 escaños frente a los 154 del PP. De nuevo, las reformas y medidas del PSOE serían puntualmente apoyadas por otros partidos con menor representación en el Congreso de los Diputados.

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En esta segunda legislatura, la IX legislatura de la democracia, el gabinete de Zapatero se centró más en cuestiones económicas que sociales, obligado por la recesión. Aun así, el Gobierno también incluía medidas sociales en su programa electoral pero estas, en conjunto, resultaban menos radicales que las de su anterior legislatura. Esta segunda etapa de Zapatero como presidente del Gobierno no llegaría a terminar de forma natural, durando únicamente tres años y medio, teniendo que convocar elecciones anticipadas en noviembre de 2011. Fue una legislatura marcada por la crisis económica, la cual se agudizó con la caída de Lehman Brothers en septiembre de 2008, pocos meses después de las elecciones. Aunque la recesión ocurrió en muchos otros países, España la sufrió de una manera diferente debido al problema de la burbuja inmobiliaria, un problema que el gabinete socialista ya intentó solucionar, sin el éxito esperado, con la creación del Ministerio de la Vivienda.

El Gobierno comenzó entonces a evitar la palabra “crisis” utilizando otros tecnicismos que únicamente empeoraban su imagen. La política social de Zapatero también sufrió a causa de la crisis pero, aun así, se siguió intentando avanzar en materia social con las siguientes medidas:

  • Creación del Ministerio de Igualdad en 2008. Este nuevo Ministerio se creó para impulsar las leyes de Igualdad y Violencia de Género, al frente de él se puso a la polémica ministra Bibiana Aído Almagro representante del sector más feminista del PSOE. Este Ministerio tenía como objetivo principal eliminar todo tipo de discriminación entre las personas, ya sea por origen racial, sexo, ideología, religión o cualquier otro aspecto que pudiese generar rechazo. Su principal cometido fue velar por el derecho de la mujer.
  • Ley orgánica 2/2010 de 3 de marzo: Interrupción voluntaria del embarazo o Derecho al aborto. Una de las medidas más polémicas de la segunda legislatura de Zapatero y que originó el rechazo del sector más conservador del país. Fue una medida que estuvo a punto de no ser aprobada pero que finalmente llevó a cabo la ministra Bibiana Aído. Se despenalizó el aborto en determinados supuestos y se consideró al mismo un derecho de la mujer. Originó un intenso debate entre la población y causó un fuerte rechazo de la opinión pública.

A pesar de intentar avanzar con las anteriores medidas, el gabinete socialista  tuvo que dar marcha atrás en determinados avances sociales de la anterior legislatura, algo que también minó su imagen y que “hirió de muerte” al Gobierno:

  • Reforma laboral. La cual abarataba el despido y ocasionó una huelga general en el otoño de 2010. Su objetivo, según el gobierno, era flexibilizar el mercado ante la crisis económica. Fue una reforma larga y espinosa que estuvo salpicada en todo momento por el, cada vez más alto, paro en el país.

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  • Reforma de las pensiones. Esta reforma, tremendamente impopular, aumentaba la edad de jubilación de 65 a 67 años, aunque con excepciones. Se aumentaba así el número de años cotizados para obtener derecho a cobrar el 100% de la pensión. Esta reforma intentó poner control al fenómeno de las jubilaciones anticipadas que se llevó a cabo durante los años de bonanza y establecía que si una empresa decidía jubilar anticipadamente al trabajador sería la propia empresa quien tendría que hacerse cargo de los gastos.

Estas medidas no lograron evitar que la tasa de paro superase el 20% de la población activa, doblando la media europea. Además, las políticas sociales de ambas legislaturas ocasionaron un cierto rechazo en determinados sectores de la población que veían estas medidas como un “derroche” por parte del Gobierno. El gabinete socialista comenzó a dar una imagen de improvisación, se anunciaban medidas e inmediatamente se rectificaban, perdiendo la credibilidad.

Las medidas impopulares junto con los recortes sociales produjeron una ruptura entre el Gobierno y la ciudadanía, además los medios de comunicación comenzaron a criticar duramente a Zapatero, algo que muchos de ellos no habían hecho anteriormente y que incluso habían llegado a alabar la gestión del país. Además, la reforma Constitucional anunciada en agosto de 2011 terminó por dar el toque de gracia al Gobierno, perdiendo la confianza del electorado afín a las ideas del partido.

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Ante la situación, considerada por muchos, descontrolada, el gabinete socialista de Rodríguez Zapatero decidió efectuar un adelanto electoral al 20 de noviembre de 2011. Zapatero decidió no volver a presentarse como candidato y en su lugar dejó al entonces Ministro del Interior Alfredo Pérez Rubalcaba. Mariano Rajoy y su equipo, que llevaban liderando la oposición popular desde el año 2004, supieron aprovechar la situación y presentaron un programa electoral moderado cargado de medidas sociales y económicas que atrajeron a sectores que anteriormente no eran afines al PP. Así pues, el PP con Rajoy a la cabeza fue el vencedor de las elecciones acaparando el 44,63% de los votos, logrando la mayoría absoluta, frente al 28,76% del PSOE que obtenía el peor resultado de la democracia. Partidos como Izquierda Unida o UPyD ganaban apoyo llevándose parte del descontento electorado socialista. Se iniciaba así lo que el PP de Mariano Rajoy denominó como “el cambio”, contando con el apoyo de parte de los medios de comunicación y determinados sectores de la ciudadanía.

BALANCE Y LEGADO
Sobre las dos legislaturas de Zapatero se ha debatido intensamente en los medios de comunicación y muchas voces llegaron a denominar al presidente leonés como el peor presidente de la democracia, opinión que se mantiene hoy día en determinados medios y sectores. España pasó del amor al odio hacia José Luís Rodríguez Zapatero, el que es calificado como el peor, o el segundo peor -según determinados sectores a día de hoy-, presidente de la democracia fue en su día elogiado como el presidente más progresista de la Historia de España, y lo cierto es que una calificación no quita la otra.

Es evidente que el paquete de políticas sociales llevadas a cabo durante la primera legislatura supuso un cambio radical en España y contribuyó a justificar el término “Estado del Bienestar”. Para muchos ciudadanos, con Zapatero, su situación cambió de la noche a la mañana en todo tipo de  aspectos y llegó a considerarse un ejemplo en determinados países. Pero la mala gestión económica le pasó factura a un Gobierno que restó importancia a la evidente crisis económica y burbuja inmobiliaria que vivía España.

Tras su salida del gobierno y el escenario político español, la opinión pública siguió dilapidando a Zapatero y sus ministros, algo que tuvo que padecer el entonces líder del PSOE Alfredo Pérez Rubalcaba, quizá el último “zapaterista” visible a ojos de la ciudadanía. Pero, a día de hoy, determinados sectores socialistas y miembros del PSOE, por ejemplo Elena Valenciano, alaban la gestión durante la primera legislatura y su gran avance en política social, un avance sin precedentes cargado de polémica que sigue generando debates y tertulias a día de hoy.

De una manera u otra Zapatero dejó huella en España como presidente, al igual que también minó la imagen del PSOE, partido que desde entonces, y con la aparición de nuevas fuerzas políticas, no hizo más que perder apoyo en toda la Península, resultando Andalucía su último bastión en 2015. Podría asegurarse que Zapatero inició el principio del fin de la hegemonía de los dos grandes partidos en España, dividiendo al electorado y propiciando la creación de alternativas que cambiarían por completo el escenario político en España.

BIBLIOGRAFÍA

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PAPELL, A. Zapatero 2004-2008. La legislatura de la crispación. 1ª Edición. Madrid: Foca, ediciones y distribuciones generales., 2008.

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GUTIERREZ, V. Retrato de un presidente en 20 leyes. [Consulta: 22-05-2015]. Disponible en: http://elpais.com/diario/2011/04/03/espana/1301781622_850215.html

LASEXTA.COM, Zapatero: “Todas las medidas que adopté, por su alcance y naturaleza, son recuperables”. [Consulta: 21-05-2015]. Disponible en: http://www.lasexta.com/programas/sexta-columna/zapatero-“todas-medidas-que-adopte-alcance-naturaleza-son-recuperables”_2013110800721.html

MAYO, M.G. Zapatero anuncia un recorte histórico del gasto social. [Consulta: 21-05-2015]. Disponible en: http://www.expansion.com/2010/05/12/economia-politica/1273648244.html

MENÉNDEZ, M. Las leyes aprobadas por Zapatero…y las que han quedado en el cajón. [Consulta: 21-05-2015]. Disponible en: http://www.rtve.es/noticias/20110922/zapatero-hecho-dejado-pendiente/462767.shtml

MURCIENTES, E. El “entierro” de las políticas sociales de Zapatero. [Consulta: 21-05-2015]. Disponible en: http://www.elmundo.es/elmundo/2010/05/13/espana/1273738840.html

PUBLICO. ES, Los hitos políticos de Zapatero. [Consulta: 21-05-2015]. Disponible en: http://www.publico.es/espana/hitos-politicos-zapatero.html

Reflexión acerca de la economía española en los siglos XX y XXI

A comienzos del siglo XX la renta anual por habitante era, aproximadamente, de 3000 pesetas (18,03€), vivían casi 19 millones de personas, con un crecimiento lento debido a la tasa de mortalidad más alta de Europa Occidental. Casi 5 de cada 10 españoles no sabían leer ni escribir. Era una democracia parlamentaria muy deteriorada, lo cual explicaría los dos golpes de Estado que sufriría el país durante este siglo. La industrialización solo había tenido éxito en Cataluña y el País Vasco, España era un país eminentemente agrícola en el resto de regiones, cuyos trabajadores vivían al borde de la subsistencia. Comparado con otros países europeos como Reino Unido o Francia, así como con países como Estados Unidos, el crecimiento español era lento e irregular. España estaba, a todas luces, muy lejos de ser una sociedad dinámica a comienzos del siglo XX.

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100 años después la cosa era muy diferente, la población se duplicó, la renta anual por habitante se situaba, en el año 2000, en 2.162.851 pesetas (12.999€), la esperanza de vida se situaba en una de las más altas de Europa y la educación obligatoria se había implantado. Todo esto, según expertos en el año 2002, gracias a los primeros 25 años de democracia a raíz de la Transición Española (1975-1982) y a otros avances como la integración económica en Europa. Los niveles de bienestar, en la España del año 2002, se situaban entre los más altos del mundo. El siglo XX español fue denominado, hace una década, por expertos como el siglo de la economía. Un siglo en el que los ciudadanos tomaron un interés decisivo en los aspectos económicos del país. Según el historiador económico Pablo Martín-Aceña, catedrático de Historia Económica en la Universidad de Alcalá de Henares, el paso de España, en términos económicos, por el siglo XX no fue tan exitoso como lo relatan otros expertos ya que hubo periodos en los cuales la economía se acercó a la media europea y otros en los que se alejaba de esta, de hecho, en el año 2002 Martín-Aceña aseguraba que España seguía lejos de estar en la media europea.

Gran parte de la España del siglo XX estuvo bajo regímenes autoritarios, algo que determinados expertos consideran como el principal, o uno de los principales factores, factor que explica el atraso de España respecto a Europa junto con determinados momentos de autarquía económica. Otro factor determinante fue la educación, bastante precaria en la España del siglo XX y que se agravó notablemente durante los primeros años de la dictadura franquista, en los cuales las escuelas estuvieron dominadas por instituciones privadas religiosas, parte del clero, de Falange e incluso veteranos de guerra que hacían las veces de profesor. Esto último influyó claramente en el avance tecnológico del país.

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Imagen de  Plaza Catalunya el 19 de julio de 1936 (MECD Archivo Fotográfico Agusti Centelles).

España, antes de la Guerra Civil (1936-1939) estaba lejos de ser un país industrializado al nivel de países como Reino Unido o Francia, pero la Guerra Civil supuso un auténtico atraso industrial y económico que se mantuvo hasta, aproximadamente, finales de los años 50. A partir de ese momento España crece notablemente, y ya a partir de los años 80 protagoniza una subida sin precedentes.

El país se transformó en los 60 y los 70, con una crecida del PIB por encima de la media europea. Además de crear una pequeña red comercial con determinados países. Pero todo esto no fue un crecimiento natural del país, gran parte de este crecimiento venía desde el exterior en forma de ayudas e inversiones de empresas extranjeras. Este rápido crecimiento hizo que el país, prematuramente, se enfocase en el sector servicios y abandonase, “rápidamente”, el sector primario y, en menor medida, el secundario. Hubo también una importante emigración hacia la Europa del norte, lo cual reducía sensiblemente el desempleo, un problema que España abandonó en los años 70 y que ha vuelto a sufrir desde, aproximadamente, el año 2011. Además, es la época en la que se comienza a explotar con éxito el turismo en España, gracias en parte a tener una divisa débil, de hecho España sigue siendo uno de los principales atractivos turísticos internacionales y el turismo supone, con datos de 2012, el 10,9% del PIB así como el 11,9% del empleo total. España comienza, entre los 60 y 70, a transformarse en una sociedad de consumo al estilo europeo.

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Seat 600, símbolo del desarrollo de la España de los años 60.

Tras la muerte de Franco la situación cambia radicalmente, se da paso un nuevo sistema político en el que se legalizaban partidos y se celebraban nuevas elecciones libres. Se comenzó a llevar una política económica deflacionaria para intentar paliar la subida de precios y la alta tasa de paro del país. Se puso en marcha una reforma fiscal que introducía los principios tributarios que conocemos hoy día, la cual ponía a España al mismo nivel, en términos tributarios, que el resto de países europeos, incrementando los ingresos del Estado. En el 79, con la crisis del petróleo, subió la inflación en España a la par que el paro. Tras la salida del gobierno de la UCD, la llegada del PSOE, la firma del tratado de Maastricht y la entrada en la moneda común, España da un verdadero salto económico, avanzando en dos décadas más que en años anteriores. Expertos, en 2002, aseguraban que, a largo plazo, este sistema situaría al país en el momento económico más esplendoroso de toda su Historia.

A comienzos del siglo XXI, los expertos achacaban el, ya “mínimo”, atraso de España respecto a Europa a la Guerra Civil y al franquismo, este último por su marcada autarquía hasta finales de los años cincuenta y por su corrupción. El desempleo, la emigración y el deterioro del nivel vida, problemas habituales durante la primera mitad del siglo XX, se creía ampliamente superado en el año 2002.

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Tras algunas lecturas podríamos llegar a asegurar que, tanto expertos como artífices de las políticas económicas adoptadas en España desde el año 1975 hasta 2008, fueron sumamente optimistas ante un país que sustentaba gran parte de su economía en un sector servicios precario comparado con el resto de Europa, un mercado inmobiliario gravemente especulado y una cultura del crédito desgraciadamente irresponsable.

Este escueto análisis nos lleva a plantearnos las siguientes cuestiones y así poder reflexionar sobre el grave problema económico que acusa España.

  • ¿Era España un gigante con pies de barro a comienzos de los años 80 ante la presión de entrar en la CEE?
  • ¿No se era consciente de que gran parte del desarrollo de España fue “empujado” por otros países que decidieron invertir en el país, es decir, un falso crecimiento?
  • ¿A qué se debe la pasividad del Estado hasta el año 2007 ante un mercado inmobiliario especulado e insostenible?

BIBLIOGRAFÍA

LARA MARTÍNEZ, L. España Actual. Ediciones CEF, Madrid, 2012.

La Transición española como modelo para la Reunificación alemana (y su cobertura mediática)

La siguiente entrada es una transcripción literal -adaptada al blog- de mi trabajo de fin de carrera para la Universidad a Distancia de Madrid. En él se abordan multitud de temas, siendo una lectura densa que se escapa de los márgenes de un blog; sin embargo, podría ser de utilidad o interés gracias a la gran cantidad de información y fuentes utilizadas en la realización del mismo – Emmanuel González Fernández.

LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA COMO MODELO PARA LA REUNIFICACIÓN ALEMANA Y SU COBERTURA MEDIÁTICA
Bajo la dirección de: Álvaro de Diego González.
SEVILLA
Enero 2016

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Era una sociedad completamente nueva la que construíamos. Queríamos darle a los hombres lo mejor para el día de hoy y asegurarles un futuro feliz. El socialismo era protección. En él no reinaban el dinero ni el miedo al mañana. Esto y más eran parte del gran intento de construir una sociedad socialista en suelo alemán, en un país dividido y con un elevado desarrollo industrial, en un país destruido por bombas y granadas, con hombres de diferentes visiones y experiencias y que luchaban por erigir una nueva sociedad” – Erich Honecker

El presente trabajo, realizado entre los meses de octubre de 2015 y enero de 2016, es un estudio sobre las transiciones democráticas en España y Alemania, estableciéndose como hipótesis inicial una cierta inspiración entre ambos procesos. Igualmente, el trabajo aborda la recepción doméstica de la caída del muro de Berlín en noviembre de 1989, así como la cobertura que realizaron determinados medios sobre el suceso.

  • INTRODUCCIÓN

Este trabajo se centra en el derrumbe de la República Democrática Alemana a finales de los años ochenta del siglo XX a raíz de la famosa caída del Muro de Berlín. A raíz de esta premisa el trabajo toma dos direcciones muy claras; por un lado comparar la Transición española con el proceso de reunificación en Alemania; y por otro lado, analizar la recepción doméstica del suceso en España a través de una serie de cabeceras de prensa.

En los últimos años el interés por la República Democrática Alemana ha ido en aumento. Tras la caída de los principales sistemas socialistas en el mundo, el miedo a estudiar y disertar sobre las extintas repúblicas socialistas se ha ido perdiendo paulatinamente. Celebrar la caída del Muro de Berlín se hizo incluso en noviembre de 1990, siempre con respeto y algo de incertidumbre, incluso avanzados los años 90. Sin embargo, en noviembre de 2014, celebrando el 25 aniversario del inicio del derrumbe de la RDA, existiendo en Alemania un gobierno conservador totalmente consolidado, tanto a nivel nacional como internacional, el aniversario no sólo se centró en celebrar la reunificación de los alemanes sino que adquirió marcados tintes políticos por parte de la prensa y dirigentes políticos. Así pues, publicaciones como El Tiempo aseguraba que el desplome del Muro de Berlín en noviembre de 1989 es el suceso más feliz de la historia de Alemania en el siglo XX, ya que la RDA era un territorio aislado del mundo. Las duras declaraciones de la canciller alemana Angela Merkel en el 25 aniversario de la caída expresaban su repulsa hacia el régimen socialista oriental:

La RDA fue un Estado dictatorial que pasó por alto y pisoteó los derechos humanos de sus ciudadanos. Celebrar su desaparición es parte integral de nuestro gran regocijo como nación unidad y democrática. Vigilar que nunca más vuelva a suceder es nuestra tarea como sociedad libre” – Angela Merkel

Sin embargo, incluso un cuarto de siglo después, una parte de los alemanes no se sienten tan unidos como promulgan políticos y prensa, puesto que los occidentales consideran a los orientales como “desconfiados, descontentos y demasiado dependientes del Estado” y los orientales dicen que los occidentales son “arrogantes, soberbios y ambiciosos”.

Fuera de Alemania, la caída del muro de Berlín prácticamente no se nombra más allá que en debates o ponencias. El resto del mundo parece haber olvidado qué era la República Democrática Alemana, qué supuso la caída de ese Estado en el terreno de la geopolítica e, incluso, cómo afectó a sus bolsillos. Sin embargo, el derrumbe del muro el 9 de noviembre de 1989 y la posterior reunificación de Alemania ha sido algo tratado extensamente por parte de economistas, juristas, historiadores y periodistas. El impacto del suceso fue cubierto excepcionalmente por la prensa occidental, y en el caso de España, un país en el que la democracia estaba ya más que asentada, comenzaron a surgir debates en torno al importante suceso.

Rápidamente especialistas y politólogos de renombre comenzaron a introducir al Estado español en la ecuación alemana. Aún sin saberlo, España se convertiría también en una de las protagonistas de la reunificación de Alemania, no sólo por el tremendo coste económico que supuso para los países del sur de Europa este suceso, sino también por su modelo pacífico y consensuado de transición democrática en la segunda mitad de los años setenta del siglo XX. Aún a día de hoy se sigue especulando sobre la importancia del sistema democrático español respecto a las caídas de regímenes como el polaco, el rumano o el alemán del este. Alemania y España vivieron en el último tramo del siglo XX procesos de convergencia democrática, económica y social. Ambos países llevaban, prácticamente, desde los años cuarenta del siglo XX sujetos a sistemas dictatoriales en los que el control de la información, la propaganda, la doctrina de partido único y la economía planificada regían sus designios.

  • OBJETIVOS E HIPÓTESIS 

La hipótesis de este trabajo es que realmente existe una conexión entre la Transición española y el modelo de Reunificación alemana, es decir, que el modelo democrático español sirvió como ejemplo para Alemania a raíz de la caída del Muro de Berlín a finales de 1989. Los objetivos que se plantean son los que se indican a continuación:

  1. Analizar los puntos en común en la transición democrática de ambos países, a pesar de presentar dos modelos completamente opuestos.
    Es posible que la Transición española pudiese haber influido positivamente en el proceso democrático y reunificador de las dos Alemanias a través de la teoría del “efecto bola de nieve”. Para ello se utilizarán los libros La Tercera Ola. La democratización a finales del siglo XX , de Samuel P. Huntington, Unificación alemana y convergencia española, de Hans Peter Nissen, José María O’Kean y Antonio Santisteban, La Transición española y la democracia, de Javier Pradera, y La Transición a la democracia en España, edición de Manuel Redero San Román.
  2. Analizar la cobertura y recepción de la caída de la RDA por parte de la prensa española, la incidencia del suceso desde la óptica doméstica de España.
    Averiguar si hubo o no una visión sesgada del evento por parte de la prensa, si se intentó restar importancia al hecho para no alarmar a la población o, por el contrario, hubo una cobertura objetiva y adecuada. Para ello se utilizaran una serie de cabeceras escogidas entre los meses de noviembre y diciembre de 1989 de los periódicos La Vanguardia y ABC.
  3. Evaluar el cómputo de lo anterior, realizando un análisis objetivo de lo estudiado para emitir un veredicto imparcial sobre las similitudes entre las transiciones hacia la democracia en ambos países en la segunda mitad del siglo XX.
  • METODOLOGÍA

Revisión bibliográfica

Se ha realizado una revisión bibliográfica de diferente documentación relacionada con el derrumbe de la República Democrática Alemana, el proceso de reunificación de Alemania y la Transición española. Esta documentación incluye artículos de prensa, libros y publicaciones de especialistas. Igualmente, para datos básicos como fechas, personajes o lugares, se han utilizado multitud de recursos disponibles en línea previamente contrastados. También han resultado de gran utilidad los contenidos en línea como vídeos o informativos completos, en especial los de Televisión Española. Esta revisión bibliográfica ha permitido localizar y comprender los principales aspectos en torno a la Transición española, el derrumbe de la RDA, la reunificación alemana y el impacto de esta sobre los españoles a través de la prensa.

Estudio de cabeceras

Como se menciona en los objetivos de este trabajo, son dos cabeceras las principales que se van a analizar. Se analizará, principalmente, la claridad de la información, el uso del lenguaje empleado y los datos ofrecidos en las mismas. También se estudiarán las posibles consecuencias o visiones que cada una de ellas quería transmitir al receptor.

Para obtener información sobre estas cabeceras se ha recurrido, esencialmente, a las hemerotecas online que tienen disponibles tanto La Vanguardia como el ABC. También se han situado, espaciotemporalmente, dichas cabeceras gracias a multitud de recursos en línea o información contenida en manuales.

  • ALCANCE E INTERÉS

El interés de este tema radica, principalmente, en considerar el modelo de transición democrático español como un referente no únicamente para regímenes autoritarios sino también para sistemas totalitarios, como era el caso de Alemania oriental. Además, otorgar la importancia que merece este proceso y que, a la hora de estudiar o debatir sobre él no nos ciñamos exclusivamente al territorio que, en la actualidad, comprende España, demostrando que la influencia del mismo no culmina en 1982 con la victoria de un partido socialista en el país. Por lo tanto, resulta interesante analizar en qué contexto se da la Transición española y en qué contexto se produce la Reunificación alemana.

  • BREVE HISTORIA DE LAS DOS ALEMANIAS

La historia de los territorios que hoy conforman Alemania es extensa, rica y convulsa. En el tema que vamos a tratar no es necesario remontarse muy atrás para encontrar las causas que originaron la división de Alemania en dos partes, a pesar de que Carlomagno, los sajones y la casa Hohenstaufen, bien merecen unas líneas en cualquier estudio sobre el país. Sin embargo, es necesario remontarse a la que fue la verdadera unificación de Alemania para comprender mejor un término, a veces, mal empleado por los especialistas.

Tras las guerras napoleónicas y el ‘Zollverein’, todo ello aderezado con el romanticismo y el nacionalismo alemán de fondo, la Revolución de 1848 en Berlín comenzaba a fraguar el proceso de unificación. Una serie de desacuerdos entre Austria y Prusia, y luego entre Francia y Prusia, causaron que Austria dejase plena independencia a Prusia en sus aspectos políticos, y que Guillermo I fuese proclamado ‘káiser’ -emperador- de Alemania en enero de 1871.

El nombramiento de Guillermo I como ‘káiser’ dio lugar al Imperio Alemán, también llamado II Reich, alcanzándose de un modo particular el objetivo principal de la Revolución de 1848: la unificación de Alemania, aunque sin las tan demandadas pretensiones liberales que motivaron también dicha revuelta. El aparato político y militar de la nueva Alemania comenzó a funcionar en plena carrera colonial; Alemania ganó territorios, prestigio y relevancia política tanto en Europa como fuera de ella. Todo este auge colonial y militar alemán, junto con una serie de desavenencias entre las potencias coloniales originaron el estallido de la Primera Guerra Mundial, la cual se saldó con 2.567.000 muertos en Alemania, el fin del II Reich, la imposición del Tratado de Versalles y la instauración de la República de Weimar.

Alemania era la gran perdedora de la Primera Guerra Mundial y la aceptación de lo dispuesto en Versalles sería uno de los puntos débiles de la república. El pueblo alemán no hizo análisis de conciencia sobre su culpabilidad bélica, de hecho ocurrió todo lo contrario, ya que los alemanes se consideraban inocentes y traicionados. El Tratado de Versalles fue recibido como una injusticia por Alemania, lo que propició el ascenso de partidos como el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) de Adolf Hitler, el cual marcaría, irremediablemente, el futuro próximo de los alemanes.

La República de Weimar únicamente duró once años, años en los que la terrible situación financiera hizo estragos en el espíritu democrático del pueblo alemán. En marzo de 1930, el gobierno del socialdemócrata Hermann Müller se vino abajo a causa de los debates sobre la política social del país dando paso a los liberales de Heinrich Brüning. Mientras tanto, el NSDAP de Hitler ganaba adeptos a la par que el gobierno liberal iba perdiendo confianza. En las elecciones de septiembre de 1930 el NSDAP se convirtió en el a segunda fuerza política de Alemania, siendo la primera el Partido Socialdemócrata (SPD). La inestabilidad política del país provocó la celebración de nuevas elecciones en noviembre de 1932, estas convulsas elecciones no dieron la victoria directa al NSDAP de Hitler, pero el miedo generado por el ascenso del Partido Comunista (KPD) hizo que, finalmente, Paul Von Hindenburg designase canciller a Adolf Hitler, iniciándose así el período del nazismo en Alemania.

La Alemania nazi duró doce años, desde 1933 hasta 1945. Doce años marcados por el terror y el belicismo. Adolf Hitler llevaba años ganándose la confianza del pueblo alemán y, desde estructuras democráticas, destruyó el sistema de la República de Weimar hasta instaurar el llamado III Reich. El autoproclamado ‘Führer’ llevó a su país al mayor de los desastres que ha vivido Alemania: la Segunda Guerra Mundial, un acontecimiento que no necesita presentación. La victoria del bando aliado en 1945 acabó finalmente con doce años de nazismo y seis de guerra total. Las cifras hablan por si solas: 5.470.000 muertos o desaparecidos entre civiles y soldados, amén de un país completamente destruido por los continuos bombardeos durante la guerra.

Tras la capitulación del nazismo en mayo de 1945, Alemania quedaba a merced de un consejo de control del bando aliado formado por la Unión Soviética, Estados Unidos, Reino Unido y Francia. Tanto el país como Berlín, su capital, quedarían divididos en cuatro administraciones dirigidas por cada uno de estos países. A pesar del control francés y británico, serían la Unión Soviética y Estados Unidos quienes acapararían el protagonismo, por méritos propios de esta breve tetra-administración.

La zona soviética era la zona más afectada por la guerra. Esta zona oriental fue destruida casi en un 80% y su provecho militar o estratégico era prácticamente nulo, amén de ser una zona tradicionalmente menos poblada y pobre que la occidental. El historiador Jacques Pauwels afirma que:

La división de Alemania proporcionaba a los aliados las zonas más prósperas del país: los grandes puertos del norte, las zonas industrializadas del Rhur y del Saar, las avanzadas zonas de Rhineland y Baviera (…) esto compensaba con creces permitir que la Unión Soviética dominase su territorio oriental” amén del expolio tecnológico que sufrió la zona por parte de los aliados al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

El fin de la Segunda Guerra Mundial y el nazismo supuso un fuerte aumento de la militancia comunista en los países del Este de Europa, muchos de ellos alentados e influenciados por las victorias del Ejército Rojo en la zona. En Alemania ocurrió algo parecido ya que el Partido Socialista (SPD) y el Partido Comunista (KPD) se fusionaron en abril de 1946 creando el Partido Socialista Unificado (SED), el cual ganó las elecciones en octubre del mismo año, obteniendo más del 50% de los votos en la zona soviética.

Rápidamente el SED comenzó una política de nacionalización respecto a empresas capitalistas que habían apoyado el nazismo, entre las que se encontraban Thyssen y Krupp, en contra de una pequeña parte del electorado de la zona oriental. Mientras tanto, en toda Alemania se inició el sistema para permitir la incorporación de ex militantes del NSDAP en los “nuevos” partidos alemanes, lo cual creó una fuerte polémica en la zona controlada por la URSS. Además, en la zona oriental comenzaron a surgir discrepancias sobre la manera en que los aliados estaban llevando a cabo la desmilitarización de la zona occidental, así como la gestión de las reparaciones de guerra. Mientras la URSS gestionaba celosamente su zona, Estados Unidos, Reino Unido y Francia hacían lo mismo con las suyas, aunque de manera conjunta, lo cual fomentó la división política y social de los alemanes de la posguerra.

La existencia de dos bloques diferenciados se convertía en una realidad poco a poco, y ninguna de las partes estaba dispuesta a ceder. Aún así, en diciembre de 1946, el SED convocó un un congreso extraordinario, especialmente dirigido hacia los socialistas y comunistas del Oeste, que abría un debate que llamaba a la unificación definitiva de Alemania a nivel económico y político, obviando lo establecido en Potsdam en 1945.

Las tensiones continuaron en aumento hasta que en julio de 1947 se celebró una cumbre entre los países europeos afectados por la Segunda Guerra Mundial y Estados Unidos en la que se propondría un plan de ayuda para los países afectados. Este plan fue ideado por el secretario de Estado norteamericano George Marshall y se le conoce de forma común como “Plan Marshall”. La Unión Soviética y el resto de países de su órbita fueron invitados a la cumbre, pero únicamente si se integraban en un mercado europeo capitalista, algo que Moscú no iba a aceptar e instó a los países socialistas a no acudir a la cumbre. Desde la órbita soviética se veía al “Plan Marshall” como una herramienta para frenar el comunismo y seguir manteniendo Alemania dividida.

En febrero de 1948, y ante los acontecimientos ocurridos en Praga, Francia, Reino Unido y Estados Unidos lanzan una reforma monetaria en su zona de control, obviando lo acordado en Postdam y realizando una división efectiva de Alemania. Este suceso provocó el bloqueo de Berlín y famoso el puente aéreo aliado, acciones que fomentaron el sentimiento anti-comunista en la zona occidental. El bloqueo terrestre de Berlín generó el efecto contrario a lo esperado y la idea del separatismo ganó más fuerza aún. En mayo de 1949, ante la evidente ineficacia del bloqueo, la Unión Soviética levantó dicho bloqueo.

La tensa coexistencia entre los aliados y la Unión Soviética provocaría el inevitable divorcio entre las potencias que controlaban Alemania, el cual ocurrió pocos días después de que se levantase el bloqueo terrestre de Berlín, el 8 de mayo de 1949, cuando se erigió la República Federal Alemana (RFA). Meses después, concretamente el 7 de octubre del mismo año, entraba en vigor, en la zona oriental, una Constitución que daba lugar a la República Democrática Alemana (RDA). Alemania de nuevo, y en menos de un siglo, volvía a estar separada, iniciándose así una tensa rivalidad entre dos países políticamente contrarios que serían la cabeza visible en Europa de Estados Unidos y la Unión Soviética.

República Democrática Alemana

La República Democrática Alemana –RDA de ahora en adelante- nacía como un Estado socialista de corte e inspiración soviética, celosamente controlado desde Moscú. A pesar de haber sido un país autónomo a efectos legales, la RDA actuó hasta su caída como un títere de la Unión Soviética y como el mejor ejemplo de la existencia de dos bloques antagonistas. Estuvo gobernado en todo momento por el Partido Socialista Unificado (SED), el cual actuó en Alemania Oriental a imagen y semejanza del Partido Comunista de la Unión Soviética. El SED controlaba la Cámara del Pueblo –Volkskammer- la cual actuaba como parlamento, siendo el órgano supremo del Estado.

Su primer presidente fue el comunista Wilhelm Pieck, el cual estuvo exiliado, por motivos políticos, desde 1933 hasta 1945. Pieck gobernó desde 1949 hasta su muerte en septiembre de 1960. Este período se caracterizó, sobre todo, por el establecimiento de la consigna socialista en un Estado que llevaba doce años educándose bajo las directrices del nacionalsocialismo. Para ello se inició una purga absoluta de todo aquello que tuviese algo que ver con el nacionalsocialismo, incluyendo personas, instituyéndose a la par una potente simbología socialista inspirada en la Unión Soviética.

A comienzos de 1950 se creaba el Ministerio para la Seguridad del Estado, conocido popularmente como la Stasi, uno de los iconos de la RDA junto con el Trabant 601. La Stasi actuó como servicio secreto de la RDA a todos los niveles, incluso internacional, pero fue su papel represor lo que hizo tan famoso y temido a este Ministerio.

La zona Oriental, recordemos que era la más afectada por la guerra, aún intentaba recuperarse mediante la nacionalización y la concentración de la industria. En 1951 se lanzó el primer Plan Quinquenal, el cual duraría hasta 1955. Este primer plan establecía una economía fuertemente planificada y, a pesar de aumentar considerablemente la producción, fue mal recibido por los trabajadores, los cuales comenzaron a huir hacia la zona Occidental, surgiendo además un importante mercado negro de materias primas entre los ciudadanos de Berlín Este y Berlín Oeste.

Los latifundios pasaron a convertirse en granjas cooperativistas, la industria pesada acaparó el protagonismo de su sector y una débil industria de consumo de corte soviético comenzó tímidamente a ver la luz. Fue en este mismo momento, en el verano de 1953, cuando estalló una revuelta de trabajadores, a causa de los bajos salarios, que provocaría un giro radical en la política de la RDA, coincidiendo además con la muerte de Iossif Stalin en la URSS. A partir de ese momento Alemania Oriental ganó más autonomía al disolverse la Comisión de Control Soviética, entrar en el COMECON y el Pacto de Varsovia.

En 1960 muere Wilhelm Pieck, sucediéndole Walter Ulbricht, el cual gobernaría en la RDA desde 1960 hasta 1973. El inicio del mandato de Ulbricht estuvo caracterizado por la crisis de 1961 en Berlín, ocasionada por las presiones desde la URSS hacia la zona Occidental con el fin de eliminar la presencia militar norteamericana de la RFA. Ante la inflexibilidad de las fuerzas occidentales respecto a las presiones de Moscú, Ulbricht decidió reforzar la seguridad militar y policial de la frontera, mandando la construcción del Muro de Protección Antisfascista, conocido como el Muro de Berlín, ese mismo año. Gerhart Eisler, horas después del levantamiento del “muro” en Berlín, decía lo siguiente ante los medios de comunicación:

La capital de la República Democrática Alemana sigue siendo roja y lo será siempre, estoy seguro incluso de que la bandera roja la clase obrera, la bandera del socialismo, ondeará un día en toda Alemania

A pesar de la dureza política de Walter Ulbricht, su período como Presidente de la RDA fue fructífero económicamente. Se adoptó un nuevo sistema, se suprimió el Consejo Económico y se crearon nueve Ministerios diferentes centrados en sectores concretos de la industria. El nivel de vida en la RDA aumentó considerablemente y el número de exiliados bajó en consecuencia.

Mientras tanto, a pesar de que Ulbricht siguiese siendo Presidente, ganaba más fuerza la figura de Erich Honecker. A comienzos de los años setenta, y a pesar del papel que jugó la RDA durante la Primavera de Praga, se iniciaría una apertura entre la RFA y la RDA a nivel diplomático y económico, con intercambios de diplomáticos y tecnología.

Los buenos números, en términos económicos, llevaron a la creación de un Segundo Plan Quinquenal cuyo objetivo era evitar el estancamiento económico del país gracias a inversiones en tecnología y el fomento de los bienes de primera necesidad. Los salarios aumentaron, los bienes de consumo se multiplicaron e incluso llegó a aparecer una pequeña industria orientada a los bienes de lujo. Pero el segundo plan fracasó en parte y el excesivo apoyo en los créditos extranjeros llevaron al estancamiento económico en la RDA.

En agosto de 1973 muere Walter Ulbricht, sucediéndole brevemente Willi Stoph durante tres años, hasta que en 1976 se nombra presidente a Erich Honecker el cual gobernó en la RDA hasta, prácticamente, la caída del Muro de Berlín a finales de 1989. Su etapa se caracterizo por el acercamiento político hacia la Unión Soviética de Leónidas Brézhnev a la par que realizaba un claro aperturismo internacional, incluso con países occidentales. A pesar de los logros económicos del país, la RDA colapsaría bajo su gobierno, convirtiéndose por ello, y por méritos propios, en el dirigente más icónico de la Alemania Oriental.

República Federal Alemana

La República Federal de Alemania –RFA en adelante- suponía la continuación natural de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial, de hecho, en muchos contextos se la denominaba únicamente como Alemania con el fin de legitimar su sistema y desprestigiar a la zona oriental. Su territorio era considerablemente mayor que el de la RDA, con una superficie de 248.717 km2, más del doble que la Alemania del Este. Lo mismo ocurría con su población: 61 millones de habitantes, aproximadamente, frente a los 16 de la RDA. Nacía como una República parlamentaria con un sistema económico capitalista con una fuerte carga en políticas sociales.

Su primer canciller fue Konrad Adenauer, el cual gobernó desde 1949 hasta 1963. Durante su gobierno, la RFA se formó como Estado, convirtiéndose en un referente político y económico a nivel internacional, sobre todo gracias al Plan Marshall, principal artífice del llamado “milagro alemán”. Amén de realizar una intensa y efectiva labor diplomática con las potencias occidentales.

A Adenauer le sucedió el liberal Ludwig Erhard en 1963. Durante su breve mandato comenzaron a aflorar problemas clásicos del sistema liberal y la economía llegó a estancarse, generando desempleo, aumento de los impuestos y descontento social. Le sucedió en 1966 el conservador Kurt Georg Kiesinger, cuyo gobierno estuvo marcado por la inestabilidad política que arrastraba la RDA desde el mandato de Erhard, además su anterior militancia en el partido Nacionalsocialista alemán (NSDAP).

En 1969 llegaba a la Cancillería Federal el socialdemócrata Willy Brandt cuya política estuvo marcada por el acercamiento hacia la RDA con la doctrina de la Nueva Política Oriental. La adopción de nuevas políticas sociales, el afianzamiento del Estado del bienestar y el inicio de intercambios comerciales con países del bloque oriental fueron algunos de los logros más destacados del gabinete de Brandt.

En 1974 llegaba al poder el europeísta Helmut Schmidt, miembro también del Partido Socialdemócrata (SPD) al igual que Willy Brandt. Sus años en el poder se caracterizaron por una política centrada en la Comunidad Económica Europea (CEE). Fue una etapa de cierto alejamiento respecto a la RDA, la esperanza de la reunificación que tanta fuerza había cobrado durante el período de Brandt se disolvió debido, en gran parte, a la radicalización de la política exterior soviética durante los últimos años de Brézhnev, especialmente el inicio de la guerra en Afganistán (1979-1989).

A finales de 1982 entraba en la Cancillería el historiador Helmut Kohl. Durante su mandato la Unión Soviética daría un giro radical en su política gracias al ascenso de Mijaíl Gorbachov en 1985, el cual inició una importante reforma que se propagaría a diversos países de la órbita soviética. Este hecho, la debilidad internacional de los Estados socialistas y la fortaleza, tanto económica como política, de la RFA hizo que, los alemanes del Este y el Oeste se planteasen de manera definitiva la tan ansiada reunificación.

  • DERRUMBE DE LA RDA

1989 fue, a todas luces, un año nefasto para el socialismo internacional. Dos años antes fue asesinado Thomas Sankara en Burkina Faso. En la República Popular de Hungría caía el Partido Comunista a la par que abrían sus fronteras con Austria para que ciudadanos de Alemania Oriental pudiesen atravesar hasta la zona Occidental. Nicolae Ceausescu y su mujer fueron fusilados en Rumania. Estallaron las protestas de Tiananmen debido a las reformas de Deng Xiaoping en China. Y cayó el Muro de Berlín, abriendo la frontera entre la RFA y la RDA, provocando el posterior derrumbe de Alemania Oriental. Pero para comprender la famosa caída del Muro de Berlín y sus consecuencias es necesario remontarse unos años atrás.

Una serie de políticas laborales, junto con una balanza de pagos desajustada, provocó cierto rechazo entre la población de la RDA a mediados de los años ochenta. El Partido Socialista Unificado (SED) se iba alejando peligrosamente de la supuesta democracia socialista que defendía con una política represora, en la que la Stasi jugó un papel fundamental, documentándose más de 20.000 procesos únicamente en 1988. El país acusaba, además, problemas de abastecimiento en alimentos básicos y su deuda externa llegó a alcanzar más de 12.000 millones de dólares.

La ‘Perestroika’ de Mijaíl Gorbachov en la Unión Soviética era vista de forma recelosa desde algunos dirigentes del SED, sobre todo por Erich Honecker. A pesar de todo, en el XI Congreso del SED en 1986, Mijaíl Gorbachov mostró apoyo hacía la política de Honecker con el objetivo de que la RDA iniciase un aperturismo mayor hacia la RFA, aunque sus esfuerzos no tuvieron éxito. “Honecker se oponía a Moscú en cuanto a la apertura del sistema comunista y parecía inflexible al ignorar los cambios políticos de su tiempo”.

En octubre de 1989, en el cuadragésimo aniversario de la RDA, Gorbachov asiste al acto con el objetivo de hacer ceder a Honecker. La figura de Gorbachov en el desfile del Ejército Popular Nacional fue vista como la de un libertador, los alemanes orientales clamaban “¡Gorvi, sálvanos!” mientras en las calles sonaba “V Put” y miembros de la ‘Volkspolizei’ intentaban contener a la multitud.

El 18 de octubre, once días después del aniversario de la RDA, Erich Honecker dimitía como jefe de gobierno, dando paso al reformista Egon Krenz. Mientras tanto, la emigración desde la RDA a la RFA se contaba por cientos de ciudadanos, lo cual motivó que el 6 de noviembre el gobierno de la RDA presentase un proyecto, para modificar la legislación, que permitiría realizar viajes al exterior.

En la tarde del 9 de noviembre, Günter Schabowski declaraba en una conferencia, retransmitida en directo en la RDA, que absolutamente todas las restricciones para viajar fuera del país habían sido retiradas, es decir, el proyecto del 6 de noviembre se había hecho efectivo, declarando lo siguiente:

Se autorizan los desplazamientos a países extranjeros sin condiciones preliminares de ningún tipo respecto a los motivos del viaje…la gente que abandone el país podrá salir por cualquiera e las fronteras de Alemania Oriental con la RFA, incluso desde Berlín”

Los viajes al extranjero podían realizarse ya sin la presentación de un justificante, motivo de viaje o lugar de residencia. Schabowski aseguraba, a las 18:50 de la tarde, que la ‘Volkspolizei’ había sido instruida para autorizar los permisos de viaje. Cuando un periodista italiano le preguntó a Schabowski: “¿Cuando entrará en vigor esta medida?” el miembro del Comité Central del SED le respondió “De inmediato”. Pero cometió un error, ya que dicha medida no entraba en vigor inmediatamente, sino a la mañana siguiente, el 10 de noviembre. Sin embargo, ya era tarde para rectificar, la conferencia había sido retransmitida en directo para toda la RDA y miles de ciudadanos de lanzaron a la calle para intentar traspasar la frontera con la RFA.

La ‘Volkspolizei’ y los miembros del ejército no habían sido informados ni instruidos, como había asegurado Schabowski apenas una hora antes, lo que originó una situación de tensión en los primeros momentos. Pero, al no recibir órdenes directas, comenzaron a abrir lentamente los principales puntos de acceso del muro. Las imágenes del momento, mundialmente conocidas, hablan por si solas ya que muchos ciudadanos de la RDA apenas esperaron a que estos puntos fuesen abiertos y, directamente, cortaron las alambradas, con la ayuda de sus compatriotas del Oeste, para saltar el muro.

Rápidamente los medios de comunicación de todo el mundo se hicieron eco de la histórica noticia. En España, el Telediario 2 cubría el acontecimiento, la presentadora María Pau Domínguez comenzaba las noticias con las siguientes frases:

“Buenas noches, Berlín, como acaban de ver, es un clamor de libertad. Miles de personas han tomado, literalmente, un muro que, hasta hace 24 horas, significaba la división entre el Este y el Oeste. Hoy mismo, fuerzas policiales de la Alemania Oriental han comenzado el derribo de la vergonzosa muralla, y los dirigentes de las dos Alemanias ya proclaman a los cuatro vientos su deseo de lograr una nación unida.

Las superpotencias, mientras tanto, han acogido con satisfacción el derribo del muro pero no han ocultado su preocupación por la perspectiva de una sola Alemania. (…) En Moscú, el Kremlin se ha felicitado por la apertura del Muro de Berlín y el proceso de cambios abierto en la Alemania del Este. Sin embargo, el portavoz oficial soviético ha advertido al gobierno federal alemán que las fronteras actuales no deben modificarse ni debe hablarse de reunificación alemana”.

El embajador de la RDA en Madrid, Harry Spindler, declaraba, esa misma tarde, lo siguiente ante Televisión Española:

Nosotros pensamos que es una decisión realmente histórica, y también trascendental porque es la primera vez que se abren las fronteras de esta forma. La gente que quiere viajar, los ciudadanos de la República Democrática Alemana. De esta forma, yo creo que todo está incluido en el proceso de la ‘Perestroika’ que está haciendo ahora la dirección política nueva, el Comité Central, el Politburó político del Partido Socialista Unificado e incluso el gobierno de la República Democrática Alemana”.

Por su parte, el embajador de la RFA en España, Guido Brunner, comentaba:

Es un día de la libertad y es, al mismo tiempo, una gran esperanza. A mi me parece que esto es un proceso que nos lleva hacia una democracia con elecciones libres, y que nos lleva a una relación en que las personas podrán determinar su propia vida en libertad. (…) Sentí una gran alegría al saberlo [la apertura de las fronteras] y creo que podemos hacer muchas cosas para el beneficio de toda Europa, en común los alemanes del Este y los alemanes occidentales”.

El Canciller Federal alemán, Helmut Kohl, pronunciaba estas palabras, a última hora del 9 de noviembre de 1989: “Las dos Alemanias deben trabajar unidas, los alemanes forman una sola nación”, pidiendo además a los dirigentes de la RDA que cediesen el monopolio del poder permitiendo así elecciones libres.

Al día siguiente, alemanes de los dos lados del muro, ayudados por ambos cuerpos de policía, comenzaban a derrumbar el muro. La construcción del Muro de Protección Antifascista en 1961 -Muro de Berlín- costó unos 16.155.000 de marcos de la RDA. Con una longitud de 155 kilómetros, estaba protegido por cables de alarma, trincheras contra los vehículos rodados, alambre de espino, 30 búnkers y más de 300 torres de vigilancia.

Con la apertura de las fronteras, la RDA firmaba públicamente su colapso. Se derrumbó rápidamente, como la mayoría de repúblicas socialistas del momento, eliminando la idea de un sistema político bipolar en el mundo. Alemania Oriental, desde comienzos de los años ochenta, intentó realizar reformas modernizadoras pero “por falta de apertura al mercado exterior no participó de la división internacional de tareas y siguió produciendo con fines autárquicos una cantidad y variedad de productos que eran excesivos para un país tan pequeño” (…) El sistema centralizado de planificación económica se mostró totalmente incapaz de adaptarse rápidamente a las nuevas necesidades de la sociedad”.

Es decir, el sistema de economía planificada de la RDA, cuyo único mercado era, prácticamente, el cómputo de países del COMECON, los debates internos dentro del SED y la inflexibilidad de Erich Honecker ante el proceso de la ‘Perestroika’, impulsado por la Unión Soviética, fueron los principales factores que motivaron la caída de la RDA y la posterior reunificación de Alemania, la cual se hizo efectiva en 1990. Prácticamente desde el momento de la caída del Muro de Berlín, se abría en Alemania un importante debate sobre la reunificación -que para los ciudadanos de la RDA suponía una transición política-, la unión monetaria y la reestructuración económica.

  • LA COBERTURA POR PARTE DE LA PRENSA ESPAÑOLA Y SU RECEPCIÓN DOMÉSTICA EN ESPAÑA

El cuarto poder: la prensa y su importancia en la caída de la República Democrática Alemana

Popularmente se conoce a los medios de comunicación como el cuarto poder, concepto que nació en el siglo XVIII. A día de hoy se sigue utilizando con asiduidad y sentido. Es innegable que el poder de los medios de comunicación a la hora de cubrir determinados eventos políticos, sociales o económicos es de suma importancia, ya que, desde su punto de vista parcial, modifican conforme a sus intereses la opinión pública afín a su línea editorial. Es decir, si a un determinado diario le interesa hacer caer a un régimen en concreto, usará un tipo de lenguaje concreto y realizará un sesgo de la información efectivo para conseguir su objetivo, detrás del cual pueden encontrarse intereses políticos, económicos, sociales e incluso personales. No resulta extraño que un mismo acontecimiento tratado por dos diarios opuestos ideológicamente únicamente coincidan en la información básica, haciendo un uso del lenguaje completamente diferente y resaltando aquella información que consideran más relevante conforme a sus intereses o público objetivo. Con esta breve aclaración no se pretende asegurar que los medios de comunicación falten a la verdad, sino que usan la información que estiman oportuna y otorgan importancia a los aspectos más relevantes con el fin de modificar o afianzar la opinión pública.

En el caso de la caída de la RDA, es curioso observar como diarios como ABC o La Vanguardia, de marcado carácter conservador, realizan una cobertura de los hechos muy influenciada por la visión del mundo occidental respecto al oriental. Esto no es algo exclusivo de estos dos diarios, la propia Televisión Española realizaba una cobertura similar a la de estos diarios, y debemos recordar que, pro aquél entonces, gobernaba España un gabinete socialista. Es decir, la visión de los medios de comunicación occidentales, y en concreto los españoles, fue prácticamente unánime a la hora de cubrir y analizar la caída de la Alemania Oriental: todos coincidían en que el gobierno de la RDA era reaccionario, anacrónico y totalitario, por lo que su caída era motivo de celebración y esperanza para los alemanes orientales. Para este estudio se han escogido cuatro cabeceras que abordan la caída de la RDA en noviembre de 1989, dos del diario ABC y dos de La Vanguardia.

Breve explicación de la línea editorial de los diarios ABC y La Vanguardia

ABC es un diario español de tirada nacional con sede en Madrid fundado en enero de 1903 por Torcuato Luca de Tena y Álvarez Ossorio, aristócrata y noble sevillano considerado como una de las figuras clave en la historia reciente de la prensa española. Es uno de los diarios más importantes en España, destacando sus ediciones de Madrid y Sevilla. Pertenece al grupo Vocento, el cual está formado por más de 100 empresas, destacando los diarios Las Provincias, Diario Sur, La Verdad o El Correo (País Vasco), así como emisoras de radio como COPE. La página web del grupo es <http://www.vocento.com>.

Fue uno de los pocos periódicos que sobrevivió a la Guerra Civil (1936-1939), cambiando por completo su línea editorial. Ateniéndonos a la línea seguida a partir de la Transición, el diario ABC tiene una marcada tendencia conservadora, monárquica y católica. Se ha caracterizado siempre por su actitud crítica con los gobiernos socialistas y conciliadora con los de derechas, llegando a considerar al diario El País como su rival durante los gobiernos de Felipe González (1982-1996). También así, respecto a la política internacional, el diario ha optado siempre por posicionarse a favor del libre mercado al mismo tiempo que se convertía como una de las referencias anticomunistas en la prensa nacional.

La Vanguardia es un diario español, también de tirada nacional, con sede en Barcelona y que fue fundado en 1881 por los hermanos Godó, políticos y empresarios catalanes durante el siglo XIX. Es uno de los diarios españoles más antiguos que sigue publicándose en la actualidad. A pesar de su carácter regional, es también uno de los diarios más importantes de España y el más leído en Cataluña. Pertenece al grupo Godó, el grupo de comunicación español más antiguo que existe, con publicaciones como Mundo Deportivo y canales de televisión como 8TV. El sitio web del grupo es <http://www.grupogodo.com>.

Durante la II República (1931-1936) y la Guerra Civil (1936-1939), La Vanguardia destacó por su carácter progresista y republicano, lo que originó que fuese incautado por parte del bando nacional. Acabada la guerra, con la victoria de los nacionales, su director fue obligado a cambiar la cabecera por La Vanguardia Española. Su línea editorial es conservadora y nacionalista, ya que desde el año 2011 recibe subvenciones de la Generalidad de Cataluña, cuyos intereses abogan por la escisión del territorio español. Se publica en castellano y, recientemente, en catalán.

  • Selección de cabeceras españolas ante los acontecimientos ocurridos en Alemania oriental en noviembre de 1989

Diario ABC (Fechas de vaciado: 1-11-1989 a 31-12-1989)

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CABECERA Nº1 – Miércoles 8 de noviembre de 1989. Página 25.

DIMISIÓN EN PLENO DEL GOBIERNO DE LA RDA.
Convocado el Parlamento para la elección de un nuevo Gabinete / La población exige el fin de la hegemonía del partido comunista / Un mes después de Honecker.

Un día antes de la caída del muro de Berlín y dos días después del comunicado del gobierno de la RDA en el que se comprometían a realizar reformas para permitir la libre circulación de sus ciudadanos por Europa, el diario ABC lanzaba este premonitorio titular en su página 25 de la edición del miércoles 8 de noviembre de 1989, en la sección Internacional.

Si analizamos el primer y el segundo subtítulo –Convocado el Parlamento para la elección de un nuevo Gabinete / La población exige el fin de la hegemonía del partido comunista-, escrito por Juan Ignacio Cuesta, encontramos un primer copete bastante imparcial que resume parte del cuerpo de la noticia. Sin embargo, el segundo subtítulo y copete son bastante más explícitos, reflejando por un lado que la RDA es un sistema comunista y totalitario, y por otro lado la línea editorial del diario queda plasmada al dejar una incógnita en el aire. Este segundo subtítulo es bastante más importante que el primero, sobre todo desde la óptica doméstica que queremos analizar, puesto que intentaba transmitir al receptor una situación de total incertidumbre con pocas garantías, a pesar de que el gobierno de la RDA asegurara el 6 de noviembre

-dos días antes de esta noticia del ABC- que estaban trabajando en un proyecto para modificar la legislación con el fin de permitir a los ciudadanos de la RDA viajar al exterior. Es decir, el diario pretende con este segundo subtítulo y copete generar desconfianza en el lector hacia la RDA y sus dirigentes, modelo europeo de Estado socialista, en una época en la que además la Izquierda Unida (IU) de Julio Anguita lograba 17 escaños en el Congreso de los Diputados pocos días antes de la caída del muro de Berlín.

En los tres primeros párrafos el periodista Juan Ignacio Cuesta introduce el tema a tratar acorde a la línea editorial del diario ABC. En estos párrafos se afirma que la renovación del Gabinete por Egon Krenz, renovador y artífice de la caída del muro, es un arma de doble filo ya que el Gobierno es una marioneta del partido. Estas palabras reflejan la poca confianza del diario en el nuevo dirigente de la RDA, así como ponen de manifiesto que es el SED el que controla al Gobierno, es decir, que todo forma parte de una estrategia por parte del mismo. Por otro lado, en el tercer párrafo, se comenta que el Parlamento (Cámara del Pueblo / Volkskammer) no se atreve a dar el paso, cuyo objetivo sería tener una cámara parlamentaria libre, por miedo al partido, puesto que esto supondría el fin de la hegemonía del mismo. En esta introducción, como vemos, es muy importante el uso del lenguaje que utiliza el periodista del ABC; se quiere recalcar que la RDA es un Estado totalitario, sin garantías de ningún tipo. Además, con palabras como “atreverse” intenta introducir también, en el receptor, una sensación de miedo e incertidumbre.

El cuarto párrafo es uno de los más interesantes de analizar ya que el autor apunta la posibilidad de que las calles de la RDA se conviertan en el escenario de una sangría debido a las “masivas” manifestaciones y la huída sistemática del país. Además parece incluso justificar un una revuelta violenta por parte de la gente exigiendo unas elecciones libres, a la que considera agotada. Deja esta pregunta en el aire asegurando que todo depende del SED. Este cuarto párrafo es la mejor muestra, en la noticia, de la línea editorial del ABC. Hace uso de un lenguaje muy violento e incluso de contradicciones -como incitar o justificar una revuelta armada para exigir elecciones libres-. El objetivo principal es, sin duda, mostrar al receptor una situación de caos absoluto, de desesperación y de brutalidad.

Los sexto, séptimo y octavo párrafos se centran, sobre todo, en las dimisiones de altos cargos de la RDA. Comienza aludiendo a una manifestación de 5000 personas en el centro de Berlín, los cuales exigían a Egon Krenz sufragio libre y universal. Al respecto de las dimisiones, apunta que cuatro dirigentes del SED habían abandonado su puesto, así como la renuncia del alcalde de Leipzig, que aseguraba haber perdido la confianza de la población, y la dimisión de la Ministra de Educación, Margot Honecker, esposa de Erich Honecker, esta última aseguraba, según ABC, haber dimitido debido a su devoción hacía las férreas líneas ideológicas del partido. Se apunta también la elevada edad media de los miembros del Politburó, asegurando que Krenz buscaba sustitutos jóvenes. El periodista intenta, con estos dos párrafos, hacer ver al lector que el sistema de la RDA estaba desmoronándose poco a poco, con la dimisión de importantes figuras como la de Margot Honecker. Además, intenta responsabilizar a Egon Krenz de cierto continuismo, depositando poca confianza en el efímero y reformista Jefe de Estado. Al respecto de la edad media del Politburó, lo que se intenta mostrar al receptor es que el sistema de la RDA es anacrónico.

Los párrafos noveno y décimo son de suma importancia en la noticia, puesto que dan cifras exactas sobre la situación en la RDA, buscando sobre todo impresionar al receptor. Se dice que unos 30.000 alemanes orientales han pasado de Checoslovaquia a la RFA desde que Checoslovaquia abriese su frontera, y que 45.000 aún esperan a dar el salto a la zona occidental. Aseguran también que estas oleadas de exiliados políticos están poniendo en un aprieto a las autoridades de la RFA, las cuales se ven desbordadas. Apunta también, redondeando cifras que no se pueden contrastar, que el día 6 de noviembre hubo medio millón de manifestantes en Leipzig y unos 200.000 en otras ciudades. El lenguaje empleado en estos párrafos es también muy importante ya que intenta mostrar, de nuevo, una situación desesperada para los alemanes orientales, además de transmitir al receptor la situación colateral que estaban viviendo en la RFA debido a esto. El periodista patina soberanamente al asegurar que hubo medio millón de manifestantes en Leipzig, cuya población total era, y es, precisamente de medio millón de habitantes. Pero este “error” tiene cierta justificación si nos atenemos a la línea editorial del diario y a su objetivo principal con esta noticia.

Los dos últimos párrafos son utilizados para concluir la noticia. En ellos se intenta mostrar el caos interno que viven las instituciones de la RDA, en las cuales hay voces que exclaman una reforma radical. El periodista no duda en llamar ignorantes y arrogantes a los responsables del SED para sentenciar la noticia.

El subtítulo “Un mes después de Honecker”, vuelve prácticamente a lo mismo que lo anterior. Da cifras difíciles de contrastar sobre las manifestaciones en Leipzig, así como se atreve a asegurar que un millón de personas se congregaron el día 4 de noviembre frente al muro de Berlín. Hace uso también de un lenguaje muy medido acorde a la línea del diario, con palabras como “muro de la vergüenza” y “obsoleto sistema comunista”.

Como podemos observar, esta noticia del ABC, del miércoles 8 de noviembre de 1989, no falta -salvo en cifras sin contrastar- a la verdad, sin embargo el periodista Juan Ignacio Cuesta hace uso de un lenguaje muy cercado a la ideología política del diario, llegando incluso a descalificar al gobierno de la RDA y sus dirigentes. Es evidente que la RDA no era el paraíso que aseguraban desde Berlín y Moscú, pero tampoco el infierno que mostraban determinados sectores de la prensa occidental, entre ellos el ABC, puesto que no hay que olvidar que la RDA fue el Estado socialista que mejor nivel de vida tenía en el momento, por encima incluso de determinados países alineados con Occidente.

Diario La Vanguardia (Fechas de vaciado: 1-11-1989 a 31-12-1989)

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CABECERA Nº2 – Lunes 13 de noviembre de 1989. Página 3.

LOS DOS ALCALDES DE BERLÍN PRESIDEN EL DERRUMBE DE UN TROZO DEL MURO / DOS MILLONES DE GERMANORIENTALES PASARON ESTE JUBILOSO FIN DE SEMANA A BERLÍN OESTE

Cuatro días después de la caída del muro de Berlín, en un ambiente de alegría y esperanza para las dos Alemanias, La Vanguardia lanzaba dos titulares en su página 3 del lunes 13 de noviembre de 1989 de la sección internacional. Uno de ellos, el principal, mostraba una situación de esperanza para los alemanes orientales, no sin una leve crítica hacía la trayectoria de la RDA. El segundo de ellos, más explícito, mostraba al lector una situación a caballo entre la alegría y la desesperación que vivían los alemanes orientales. Ambos titulares mostraban, a pesar de la situación de incertidumbre, un halo de esperanza que marcaba el fin de una era. El antetítulo o epígrafe siguiente  resume, a la perfección, la primera noticia de la página:

La nueva era de fraternización entre las dos Alemanias fue simbolizada ayer por el apretón de manos entre los dos alcaldes del Este y Oeste de Berlín en la apertura de un nuevo paso fronterizo en el muro. Ayer ya sumaban más de cuatro millones los alemanes orientales que han solicitado visado para viajar a países de Occidente”.

Analizando el primer párrafo el titular “Los dos alcaldes de Berlín presiden el derrumbe de un trozo del muro” se habla de una normalización entre las relaciones de las dos partes y de un tránsito mutuo de berlineses hacia cada una de las zonas. El diario usa un lenguaje bastante neutral e incluso esperanzador, parece querer transmitir al receptor una situación de tranquilidad.

Los párrafos segundo, tercero, cuarto y quinto abordan los actos simbólicos entre los dos países. El primero de ellos es la apertura de un nuevo paso fronterizo en el muro presidido por los dos alcaldes de Berlín. Habla también de la visita del presidente de la RFA al muro para charlar con los ciudadanos de la RDA, así como un acto religioso en el que el presidente de la RFA elogia al pueblo de la Alemania oriental por haber conseguido ganar la libertad de forma pacífica a la vez que realizaba una leve crítica sobre la existencia del icónico muro levantado por la RDA en 1961. De nuevo, La Vanguardia, firme a su línea editorial del momento, usa un lenguaje neutral y comedido que transmite al lector una situación de consenso entre las dos Alemanias, fiel reflejo del espíritu de reunificación del momento.

El sexto, séptimo y octavo párrafos sirven como una llamada de atención para hacerle ver al receptor que no todo es una situación idílica, ya que comenta que han existido momentos de tensión en la frontera, concretamente, en esta ocasión, protagonizados por radicales occidentales. Pero rápidamente vuelve a evocar el espíritu de cooperación al asegurar que los departamentos de policía de ambas partes están trabajando conjuntamente para evitar estas situaciones de tensión, además alude a la foto que aparece en la noticia, en la que policías de ambas partes se estrechan la mano e intercambian las gorras. Además, concluye la noticia con el encuentro de los embajadores de EEUU en la RFA y de la URSS en la RDA para intercambiar opiniones sobre los acontecimientos.

El segundo titular “Dos millones de germanorientales pasaron este jubiloso fin de semana a Berlín Oeste”, hace referencia a la gran oleada de ciudadanos de la RDA, en torno a unos cuatro millones según La Vanguardia, que quieren pasar a la zona occidental entre un ambiente de júbilo y algarabía. El lenguaje empleado, de nuevo, es bastante neutral e incluso es condescendiente, por lo que el fin de este titular es, de nuevo, tranquilizar al lector con la alegría que vivían en ese momento los ciudadanos de las dos Alemanias.

Observando estos dos titulares de La Vanguardia, del lunes 14 de noviembre de 1989, observamos un claro contraste respecto al que hemos visto del ABC del 8 de noviembre de 1989. Es cierto que el titular del ABC es bastante más incendiario, pero también está redactado un día antes de la caída del muro por lo que la situación de incertidumbre era aún mayor y la RDA no se había pronunciado claramente sobre cómo iba a realizar la reforma que permitiese viajar libremente a sus ciudadanos. Aún así, el titular del diario madrileño buscaba, sobre todo, transmitir una situación caótica y límite sobre la RDA, mientras que el diario barcelonés buscó cinco días después tranquilizar al lector y hacerlo partícipe de la situación de alegría que suponía la caída del muro.

Así pues, podemos afirmar que los titulares de cada periódico van acordes a su línea editorial y que la recepción de los acontecimientos que estaba viviendo Alemania a comienzos de noviembre de 1989 variaba considerablemente dependiendo de la cabecera escogida por el lector. Más afín a La Vanguardia que al ABC se mostraba Televisión Española en su Telediario 2 del 9 de noviembre de 1989, en el que cubre la caída del muro de Berlín con un lenguaje neutral y comedido con el fin de transmitir los hechos lo más objetivamente posible al telespectador.

  • DESCRIPCIÓN BÁSICA DEL MODELO ESPAÑOL DE TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA

La transición española ha sido un modelo internacionalmente reconocido al ser pacífica y consensuada, cambiando el sistema legislativo, ejecutivo y judicial por completo, pasando de un Estado autoritario paternalista a una democracia parlamentaria. En su momento generó gran expectación, muchos países tomaron buena nota del proceso democratizador que se estaba generando en España. Una vez realizado, con éxito, el paso de la dictadura a la democracia -a pesar de incidentes como el 23F-, el modelo español fue, y sigue siendo, objeto de estudio.

La transición en España se sirvió de los mecanismos legales de la dictadura para propiciar el fin de la misma, algo que fue favorecido, sin duda alguna, por la poca fuerza del partido único -Movimiento Nacional-, cosa que no ocurría en otros países como la RDA, Hungría o Rumana. Además, económicamente, al estar abierta al mercado capitalista internacional -compuesto por muchos más países que el COMECON-, España gozaba de una economía relativamente más saludable en el momento de la muerte de Francisco Franco.

Además, el legado democrático en España era mayor que en países como Alemania, Rumania o Polonia. A pesar de la cuestionable democracia española a finales del siglo XIX, el país contaba con las estructuras suficientes y necesarias para introducir, de forma efectiva, una democracia tras casi cuarenta años de represión política.

Pero, para comprender la transición española es preciso definir el sistema político que precedió a la democracia: el Franquismo. En primer lugar hay que aclarar que el Franquismo fue una dictadura ya que, según la Real Academia de la Lengua Española, una dictadura es, en sus acepciones tercera y cuarta:

Gobierno que, bajo condiciones excepcionales, prescinde de una parte, mayor o menor, del ordenamiento jurídico para ejercer la autoridad en un país” y “gobierno que en un país impone su autoridad violando la legislación anteriormente vigente”.

Respecto a la ideología de la dictadura franquista se ha debatido largo y tendido, hay diversidad de opiniones. Según Juan José Linz, el Franquismo fue un régimen autoritario ya que se caracterizaba por tener una carencia ideológica evidente, poca participación política por parte de la población, el importante papel del ejército y la nula relevancia del partido único. Aunque otros autores, como Manuel Tuñón de Lara, defendieron que se trataba de un régimen fascista o totalitario. En este estudio calificaremos, y tendremos en cuenta, al Franquismo como un régimen autoritario paternalista y no como un régimen fascista o totalitario.

Una vez constituido el nuevo gobierno en julio de 1976, Adolfo Suárez tuvo que enfrentarse a la decisión de anular la resistencia de los continuistas del régimen, atrayendo hacia su proyecto a una parte de la oposición antifranquista. Para ello, y ante un momento que podemos calificar de sumamente histórico, el presidente Suárez se dirigió a los españoles a través de la televisión realizando las siguientes declaraciones:

El gobierno que voy a presidir no representa opciones de partido sino que se constituirá en gestor legítimo para establecer un juego político abierto a todos. La meta última es muy concreta: que los gobiernos del futuro sean el resultado de la libre voluntad de la mayoría de los españoles, y para ello solicito la colaboración de todas las fuerzas sociales del país”.

Con esta declaración Adolfo Suárez, iniciaba, de facto, el proceso de transición a la democracia.

La primera medida que tomó el gobierno fue decretar una amnistía aplicable a delitos y faltas de motivación política o de opinión recogidas en el Código Penal en curso. Se elaboró una nueva Ley Fundamental conocida Ley para la Reforma Política (Ley 1/1977, de 4 de enero), la cual suponía, a todos los efectos, el desmantelamiento del régimen. La formulación y aprobación de esta ley generó momentos de gran tensión política y social ya que una parte de los ciudadanos eran reacios al cambio, puesto que, hasta ahora, el régimen les había dado estabilidad laboral, social y sanitaria.

Aún así, la ley salió adelanta y fue sometida a referéndum nacional el 15 de diciembre de 1976. Este referéndum contó con una alta participación política, cercana al 77% del censo electoral, y obtuvo más de un 80% de votos a favor. Así pues, una vez aprobada la Ley para la Reforma Política en enero de 1977 se establecía el concepto de soberanía popular en España tras, prácticamente, cuarenta años. Se creó un sistema bicameral de Cortes, la Cámara Alta sería el Senado y la Cámara Baja el Congreso de los Diputados, los miembros de ambos sería elegidos por sufragio universal libre, directo y secreto, con un mandato de cuatro años.

En junio de 1977 se celebraban en España las primeras elecciones generales tras la dictadura franquista, una jornada que se resolvió sin incidentes, con una participación de casi el 80% del censo electoral. La victoria la obtuvo la Unión de Centro Democrático (UCD) de Adolfo Suárez con mayoría relativa, consiguiendo 166 escaños. Pero la gran sorpresa fue el alto porcentaje de votos que obtuvo el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), con Felipe González a la cabeza, alcanzando 118 escaños, casi el 30% de los votos.

Pero el texto que haría consolidar definitivamente la democracia en España sería la Constitución Española de 1978, la Carta Magna del nuevo modelo de país. La Comisión de Asuntos Constitucionales del Congreso se encargó de la redacción de la Constitución tras el fracaso de un grupo de expertos. Fueron siete miembros en representación de una serie de tendencias políticas más que de partidos: José Pedro Pérez Llorca (UCD), Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón (UCD), Gregorio Peces Barba (PSOE), Jordi Solé Tura (PCE-PSUC), Manuel Fraga (AP) y Miquel Roca Junyent (nacionalistas vascos y catalanes).

La Constitución se redactó conforme a la política de consenso que imperaba en el momento; prácticamente todos los partidos querían avanzar hacia la democracia parlamentaria, por lo que llegar a acuerdos era algo aceptado y necesario. Se compone de un preámbulo, once títulos, cuatro disposiciones adicionales, nueve transitorias, una derogatoria y una final. Su estructura se organiza en base a una parte dogmática, que establece los principios democráticos en España, y otra parte orgánica, que establece la división de poderes y la organización política. Establece la monarquía parlamentaria así como el concepto de soberanía popular con la elección por sufragio universal. Establece además una organización territorial basada en las comunidades autónomas, provincias y municipios. Sumamente importante es la división de poderes que establece:

  • El poder legislativo, que reside en dos cámaras: el Congreso de los Diputados y el Senado.
  • El poder ejecutivo, que reside en el gobierno, cuyo presidente es designado por los miembros del Consejo de Ministros.
  • El poder judicial, que reside en los jueces y es completamente independiente de los dos anteriores. El Consejo General del Poder Judicial será el máximo órgano de este poder, junto con el Tribunal Constitucional, encargado de controlar que las leyes y las actuaciones políticas se ciñan a la Constitución.

De esta forma, la Constitución Española, establecía la democracia en España.

Pero la Transición Española no se puede explicar únicamente con la Constitución de 1978, aunque sea un excelente ejemplo de la misma. Los procesos políticos previos -ya explicados- tuvieron su resultado en dicha Constitución como es evidente, pero también en una serie de pactos políticos, de partidos de ideologías dispares, conocidos popularmente, e históricamente, como “los pactos de la Moncloa”.

Estos “pactos de la Moncloa” fueron desarrollados paralelamente a la Constitución Española de 1978, entre los años 1977 y 1978. El objetivo de los mismos era adoptar medidas para afrontar la grave crisis económica, pero también enfocados a calmar tensiones sociales -como el tardofranquismo- y políticas -como el terrorismo de ETA-.

A finales de 1977, concretamente en octubre, fueron firmados estos pactos por las principales fuerzas políticas del país, siempre acorde a la política de consenso que impregnó todo el proceso democratizador de la Transición en España. Se firmaron en torno a dos importantes acuerdos:

  • El acuerdo económico, que intentaría frenar la crisis económica iniciada en 1973 -crisis del petróleo- y el galopante aumento del desempleo desde la caída del régimen. Este primer acuerdo contemplaba un paquete de reformas estructurales, medidas de estabilización y una política de rentas. Reformas que implicaban, irremediablemente, la restricción de los salarios y una subida importante de impuestos.
  • El acuerdo social sería el segundo de ellos. Con él se establecían una serie de compromisos en torno a la regulación de los medios de comunicación, la libertad de expresión, derechos de reunión y asociación, derechos humanos y una reforma del Código Penal.

Estos pactos provocaron una inmediata devaluación de la peseta acorde a una política monetaria restrictiva. También aumentaron los impuestos, pero a la par lo hicieron los presupuestos para la Seguridad Social y el seguro de desempleo. Sin embargo, estos “pactos de la Moncloa” tuvieron un éxito relativo, ya que la política consenso de mantuvo hasta 1979, año en el que se agravó la crisis económica y se convocaron elecciones generales. A pesar de ello, son uno de los mayores y mejores referentes de la política conciliadora en torno a la Transición Española.

  • TRANSICIÓN ESPAÑOLA Y REUNIFICACIÓN ALEMANA: UN MISMO OBJETIVO

Apuntes políticos y sociales sobre Alemania y España

A la hora de analizar la importancia de la Transición española como ejemplo de ruptura consensuada con un sistema autoritario y su impacto en la reunificación alemana, resulta necesario situarse en el plano geopolítico de Europa a mediados de los años ochenta, fecha en la que el comunismo comenzaba a agonizar debido a que la Unión Soviética empezaba a tambalearse.

1989 fue un año clave que marcaría, sin ningún lugar a dudas, el devenir político en Europa -y por extensión en el mundo- hasta nuestros días. Países como Hungría, Polonia, Rumania o parte de Alemania dejaban paso al progreso y la democracia tras décadas de regímenes tiránicos. Pero tras la alegría del cambio, comenzaba para estos países un verdadero reto para alcanzar con éxito la democracia y, para ello, algunos pusieron sus miras en España y su transición pacífica iniciada a finales de 1975 a raíz de la muerte del dictador Francisco Franco Bahamonde. Sin embargo, el modelo de transición democrática español es, en esencia, válido para países que vienen de un régimen autoritario en el que existe la iniciativa privada, el papel del partido único es ínfimo y el poder se concentra en torno a un personaje, es decir, paternalismo. Sin embargo, los regímenes socialistas suelen ser totalitarios, con un partido único muy importante y con el poder concentrado en torno a un Politburó y no una única figura. Así pues, vemos que quizá el modelo de transición español no sea el más adecuado para países con regímenes totalitarios, aunque el fin sea el mismo: alcanzar la democracia de manera consensuada sin sacrificar a ningún estrato. Pero, el caso de la reunificación alemana es completamente diferente al de países como Rumania o Hungría ya que el texto constitucional de la RFA -llamado Ley Fundamental- sirvió de inspiración para la Constitución española de 1978 por lo que, a posteriori, fue la propia Transición española la que serviría de inspiración para la reunificación de Alemania debido a las similitudes de sus cartas magnas.

A la hora de pasar de un régimen totalitario a una democracia es necesario valorar qué saldo se va a cobrar el paso al sistema democrático, siendo necesario realizar una transformación estructural simple y ordenada, teniendo en cuenta que el cambio ocasionará traumas en la población imposibles de evitar, a pesar de que esta transición se realice de forma pacífica y consensuada. Sin embargo, en el caso de la RDA, la voluntad de alcanzar la democracia y el sistema capitalista de la RFA fue compartido por el grueso de la población.

Además, en la RDA ocurría como en la mayoría de países satélites de la URSS en la segunda mitad de los años ochenta; precaria situación de partida y agitación social debido a la caída del sector industrial, la inflación y el desempleo. Estos factores influyeron decisivamente en en la población la cual, animada también por la Perestroika de Gorbachov, dieron un paso adelante favoreciendo el cambio de sistema, a pesar de las incertidumbres que originaba transformar un Estado socialista en uno fuertemente capitalista como lo era la RFA.

En el caso de la reunificación alemana, nadie dudó a la hora de afirmar que eran necesarias reformas financieras, educativas o agrarias, sin contar evidentemente con las más importantes de todas: las reformas ejecutivas, legislativas y judiciales respecto a la Alemania Oriental, puesto que, aunque hablemos de una transición política, no debemos olvidar que dicha transición fue únicamente para una parte del futuro país unido, puesto que la parte occidental ya se regía por una carta magna democrática desde 1949 ante la cual se regiría, a partir de 1990, la parte oriental también.

En Alemania, hasta después de la Segunda Guerra Mundial, no existía una tradición democrática como sí ocurría en otros países como los Países Bajos, Francia, Reino Unido e incluso España. Una vez finalizada la guerra, en la zona occidental se fraguó un nuevo sistema democrático que ha resultado ser efectivo, inspirado en la Constitución de la fracasada República de Weimar, así pues, llegados a 1989 una buena parte de lo que hoy conocemos como Alemania llevaba cuarenta años disfrutando de dicho sistema y, por lo tanto, este estaba más que asentado, existiendo generaciones que únicamente habían vivido en este sistema. Sin embargo, en la zona oriental, la tradición democrática era prácticamente nula a pesar de que se nombraba popularmente a dicho país como Alemania democrática. Así pues, la división de poderes o el poder civil eran términos insertos pero no efectivos en el día a día de los alemanes orientales por lo que el nuevo horizonte político que se les presentaba resultaba, tanto a sus ojos como a los de los habitantes occidentales, incierto puesto que carecían de esa tradición democrática de la otra zona. En la RDA ocurría justo lo contrario que en la RFA: existían generaciones que únicamente habían vivido en el Estado socialista, con todo lo que ello implica y, sin embargo, fueron estas mismas generaciones las que se alzaron contra el sistema con movilizaciones y manifestaciones cuyo objetivo era la reunificación de ambos países.

Análisis de los sistemas políticos de los tres entes

Para comprender y comparar los tres sistemas que estamos analizando -RFA, RDA y España- es necesario tener en cuenta el corpus legislativo de cada uno de ellos, es decir, sus cartas magnas o constituciones.

En el caso de la RDA nos encontramos con dos textos constitucionales, uno en 1949 y otro en 1968, de los cuales podemos encontrar sus apartados más interesantes en los ANEXOS IV y V. A grandes rasgos, la Constitución de la República Democrática Alemana de 1949 establecía las bases para una Alemania única, no contemplaba la existencia de dos países diferentes. Llama la atención, sobre todo, por su marcado carácter democrático-parlamentario, es decir, podría ser perfectamente la carta magna de un Estado democrático y no de un Estado totalitario. En ella se recogen las bases para el establecimiento de una República Federal y de un poder legislativo bicameral, con una cámara alta llamada Cámara de Estados (Länderkammer) y una cámara baja llamada Cámara del Pueblo (Volkskammer), con la designación de un primer ministro por parte de la cámara baja. Su carácter democrático se refleja perfectamente en los artículos 6, 7 y 8, en los que se establece que todos los ciudadanos son iguales ante la ley, y que la libertad personal es inviolable. Su carácter socialista se refleja en artículos como el 14, 15 o el 16, en los que se establece la protección del trabajador por parte del Estado así como el derecho a vacaciones, huelga o baja por enfermedad. Sin embargo, derechos recogidos en esta Constitución de 1949 no se llevaron a la práctica, como en el caso del derecho a huelga, a emigrar o la igualdad ante la ley. La Constitución de 1968 suponía una actualización de la anterior puesto que la de 1949 estaba pensada para una sola Alemania y no dos. En los dos primeros artículos encontramos notables diferencias al establecer que la RDA es un Estado socialista de los trabajadores y los agricultores, haciendo especial hincapié en los derechos de los trabajadores o en la ilegalidad de la iniciativa privada.

La RFA, por su parte, contaba con una carta magna cuyo objetivo era provisional pero que a día de hoy se mantiene vigente en Alemania tras sucesivas reformas de la misma. Es la llamada Ley Fundamental para la República Federal de Alemania, popularmente conocida como Ley de Bonn. Está basada, como hemos comentado anteriormente, en la Constitución de la República de Weimar de 1919, pero con bastantes modificaciones que hacen que sea un texto constitucional nuevo. En ella se establece la República Federal, el establecimiento de una cámara alta llamada Consejo Federal (Bundesrat) y una cámara baja llamada Parlamento Federal (Bundestag), la división de poderes en tres, así como su carácter democrático y social. Las principales garantías democráticas y derechos de los ciudadanos se recogen en los artículos que van del 1 al 20. Ha recibido una gran cantidad de reformas, las más importantes de ellas en los años 1956, 1969 y 1994, esta última es una leve actualización de la misma a raíz de la reunificación.

Para comprender la influencia de la Transición española en la reunificación alemana es necesario apuntar que la Constitución española de 1978 está inspirada en la Ley Fundamental para la República Federal de Alemania de 1949, por lo que es lógico que haya existido una retroalimentación entre ambos países a la hora de afrontar el reto democrático. Pero, si analizamos la situación económica, política y social de los tres países nos encontramos con una buena cantidad de aspectos que reflejan que nos encontramos ante sistemas claramente diferentes, a pesar de que diversos autores como Samuel Huntington o Ricardo Martín de la Guardia hayan llegado a afirmar, y otros autores como José Casanova hayan negado con rotundamente. Hubo una cierta inspiración, es innegable, pero el hecho de calificar como transición la reunificación de Alemania es un elogio hacia la misma más que una realidad.

Analizando la situación de los tres países justo antes de iniciar sus procesos democráticos o reunificadores comenzamos a encontrarnos con las principales diferencias. Comenzando por el caso español, por ser el primero cronológicamente, nos encontramos con un país con un desempleo del 3,8% de una población activa de unos 13 millones y medio de personas en un país con 35 millones y medio de habitantes, con un crecimiento del PIB real del 1,1%, el cual había caído en picado desde la crisis del petróleo de 1973. Además, en España, existían, desde finales de los años cincuenta, una serie de leyes y decretos que garantizaban un relativo Estado del Bienestar, como, por ejemplo, el Plan Nacional de la Vivienda de 1956, la Ley de Convenios Colectivos de 1958, el Seguro Nacional de Desempleo de 1961, la aparición del Salario Mínimo Interprofesional de 1963, la Ley de Bases de la Seguridad Social de 1963 o la Ley General de Educación de 1970. La renta nacional per cápita española, desde 1960 hasta 1975, alcanzaría un gran dinamismo llegando a las 145.769 pesetas frente a las 20.234 pesetas de 1960. A pesar de su carácter autoritario, ya que el Franquismo era una dictadura, este sistema sentó las bases para el Estado del Bienestar y únicamente en zonas rurales o tradicionalmente deprimidas este nivel bajaba considerablemente. Como datos, a finales de los años sesenta, la luz eléctrica estaba presente en casi todo el país y más de la mitad de la población tenía televisores o coches en casa. España estaba dentro del mercado occidental desde el Plan de Estabilización de 1959, lo cual beneficiaba enormemente al país gracias a la exportación y la importación de productos básicos o de lujo. En 1975, tras sucesivas devaluaciones, el valor de la peseta era de 59.247 pesetas por dólar norteamericano . Además, en España, era mucho mayor que en Alemania si analizamos la trayectoria del país en el siglo XIX, inicios del siglo XX e incluso durante los últimos años de la dictadura franquista, momento en el que comenzaron a recuperarse valores democráticos por parte de la sociedad y la apertura del régimen alcanzó su zenit. Estos datos, relativamente buenos, se explican gracias a la simbiosis que mantuvo el gobierno durante los últimos 15 años de la dictadura, a caballo entre el libre mercado y la planificación económica en campos como la energía, las telecomunicaciones o la industria. Así pues, vemos como en España el paso de la dictadura a la democracia fue mucho menos traumático, tanto para las instituciones como para los ciudadanos, que en la RDA u otros países de la órbita soviética.

En el caso de la RFA, el país contaba en 1989 con un desempleo del 7,8% con una población activa de 26 millones de personas en un país con 62 millones de habitantes. Su crecimiento del PIB real era del 2,1%, a pesar de las importantes exportaciones del país. Al contrario que ocurría en España o en la RDA, en la Alemania occidental existía un sistema mixto de garantías sociales, es decir, no existía una educación, plan de viviendas o sanidad garantizadas al 100% por el Estado, existiendo una fuerte iniciativa privada que originaba una inevitable desigualdad entre los ciudadanos. Así pues, el Estado del Bienestar era relativo a pie de calle, aunque la renta per cápita fuese superior a la de otros países europeos, incluido España. El salario medio mensual era de 3876 marcos alemanes, los cuales valían casi el doble que los de la RDA. La renta per cápita era de unos 20.000 dólares norteamericanos, una de las más altas del momento. Su nivel de exportaciones era muy alto, gracias sobre todo a que la RFA fue incluida en el Plan Marhsall y muchas multinacionales norteamericanas se establecieron en el país durante los años cincuenta y sesenta. La intervención del Estado en la economía era mínima, encontrándonos ante un sistema bastante liberal que abarcaba fácilmente los mercados exteriores, las exportaciones abarcaban casi el 40% del PIB. La tradición democrática de Alemania, en general, era bastante más baja que en España después de todo pero, en el caso de la RFA la democracia se había asentado sin ningún problema por lo que el espíritu democrático de sus ciudadanos gozaba de plena salud, esto influyó notablemente a la hora de atraer y aceptar a los alemanes del Este.

La RDA, en 1989, tenía un desempleo de hasta el 15% de la población activa de 8,6 millones de personas en un país con 17 millones de habitantes. Esto es debido, sobre todo, a la falta de apertura al mercado exterior y a la falta de impuestos en la RDA. Del 100% de sus exportaciones, el 70% iban destinadas a países de la órbita soviética, los cuales acarreaban también una fuerte crisis económica en ese momento. Su PIB era menos de una cuarta parte que el de la RFA, no sólo por su menor tamaño sino también por su mercado cerrado. Al contrario que en la RFA o en España, en la RDA no existía prácticamente la iniciativa privada. El Estado tenía el monopolio de la industria, la sanidad, la educación, la vivienda y la energía. Al contrario de lo que pueda pensarse, la RDA llegó a alcanzar el mayor nivel de vida de todos los países comunistas, llegando a estar por encima de muchos países capitalistas, esto se debe, en parte al gran aparato de garantías sociales que proporcionaba el Estado, tales como sanidad pública, educación pública, gran inversión en I+D y un sistema de desempleo y pensiones eficaz. La tradición democrática en esta zona de Alemania era mucho menor que en la occidental y, por supuesto, menor que en España u otros países de Europa. Los alemanes orientales, prácticamente, no habían disfrutado de un gobierno plenamente democrático en el siglo XX. Sin embargo, generaciones nacidas en la RDA, que únicamente habían conocido el sistema socialista fueron aquellas que dieron los primeros pasos para la reunificación, estando las generaciones anteriores bastante más arraigadas al sistema que, entre otras cosas, le había proporcionado vivienda, sanidad, educación y trabajo a costa de sus libertades.

Como podemos observar, las diferencias entre los tres entes políticos que hemos comparado son más que notables. Ninguno de ellos tiene mucho que ver con el otro y resultaría atrevido asegurar que la reunificación alemana se hizo a imagen y semejanza de la Transición española, puesto que en España la transición a la democracia, podríamos asegurar, se inició incluso antes de la muerte de Francisco Franco. Además, el cambio en España no fue tan drástico o traumático para la población como lo fue para los habitantes de la RDA. En el caso de la RFA, únicamente le supuso una serie de problemas económicos -que sigue arrastrando a día de hoy- y una breve reforma de la Ley Fundamental de 1949, por lo que más que transición podríamos -y deberíamos- utilizar el término de anexión.

  • CONCLUSIONES

Llegados a este punto del estudio podemos sacar tres interpretaciones sobre lo abordado. La primera de ellas viene a través del análisis que hemos realizado sobre la caída de la RDA a través de varios autores, publicaciones y manuales diferentes que nos otorgan una visión relativamente objetiva sobre los acontecimientos ocurridos en Alemania en noviembre de 1989 y sus consecuencias futuras. Lo primero es, sin ningún lugar a dudas, el hecho de que la caída de la República Democrática Alemana se produjo básicamente gracias al pueblo de Alemania oriental, sin factores externos más que la propia apertura de la Unión Soviética a raíz de la ‘Perestroika’ de Gorbachov. El propio inmovilismo del gobierno de la RDA, con Erich Honecker a la cabeza, reacio a cierto aperturismo fue lo que propició la caída del régimen, el cual se encontraba en horas bajas debido a la crisis económica que comenzó a arrastrar desde mediado de los años ochenta. La falta de participación política así como la ineficaz política económica marxista-leninista a finales del siglo XX también fueron factores que aceleraron estos procesos, que se dieron en un corto período de tiempo, acabando con el comunismo como sistema en Europa.

Podríamos asegurar, como bien apunta Huntington, que el pistoletazo de salida iniciado por países como Polonia, Alemania oriental o Rumania provocaron el famoso efecto “bola de nieve” que arrastraría al resto de países y que se saldaría con la caída de la URSS en 1991, país que ya había comenzado a abandonar su rol de líder años antes.

La caída de la RDA y su posterior adhesión a la RFA no fue un caso aislado y conviene recalcar su particularidad. Autores como el citado Huntington, Ricardo Martín de la Guardia, José Casanova o Javier Pradera, han apuntado la importancia de la Transición española al respecto de la reunificación alemana en 1990. Estos autores consideran que el proceso democratizador español sirvió como modelo para organizar la reunificación de Alemania, debido sobre todo a la similitud entre sus dos cartas magnas -recordemos que la Constitución española de 1978 está basada en la Ley Fundamental para la República Federal de Alemania de 1949- y al iniciarse de forma pacífica dicho proceso. Es aquí donde sacaríamos la segunda interpretación sobre este estudio puesto que, aunque compartan ciertas similitudes, hablamos de dos procesos muy diferentes. Es cierto que la caída de la RDA se produjo de forma pacífica y consensuada, de un modo parecido al de España a raíz de la muerte del General Franco en 1975, algo que no ocurrió en países como Portugal con la Revolución de los Claveles de 1975 o Rumania con su revolución de 1989. Sin embargo, analizando los tres Estados -España, RFA y RDA-, la naturaleza política de los mismos, su tradición democrática o la situación socioeconómica que atravesaban en el momento de la coyuntura, observamos que los procesos democráticos no son comparables. En España se produjo una transición democrática desde un régimen autoritario a una democracia parlamentaria en un corto período de tiempo, además esta transición venía fraguándose prácticamente desde comienzos de los años setenta, con la relajación de la represión del régimen a pesar de las ejecuciones de septiembre de 1975. Sin embargo, en el caso alemán hablamos de que un Estado totalitario, la RDA, pasa a integrarse en un estado de democracia parlamentaria, el cual contaba ya con cierta tradición democrática así como con una serie de estructuras e instituciones operativas.

El cambio, socialmente, únicamente sería traumático para una parte de la población del nuevo Estado alemán, una pequeña parte además, puesto que la población de la RDA estaba en torno a los 17 millones de habitantes frente a los 62 de la RFA. Vemos, entonces, que únicamente hubo cambios para un sector del país, a pesar de que la economía alemana, en general, se resintiese -y de hecho se sigue resintiendo- debido a la reunificación, por lo que sería más apropiado hablar de anexión, voluntaria, más que de transición.

Finalmente, la tercera interpretación a raíz del presente estudio versa sobre el importante papel que tuvieron los medios de comunicación a la hora de cubrir la caída del muro de Berlín y, en consecuencia, de la RDA. Hemos analizado dos titulares de los diarios ABC y La Vanguardia de España, una de ellas previa a la caída y otra posterior. Tras el estudio de las cabeceras, extraemos que la información jugó un importante papel en dichos acontecimientos, mientras un diario optaba por el alarmismo a la par que realizaba una dura crítica con el sistema político de la RDA, la otra, sin embargo, invitaba a la calma e incluso al júbilo o la esperanza ante el cambio político que estaba experimentando Alemania. El uso del lenguaje o los datos ofrecidos servirían para insertar en los receptores una serie de ideas en concreto -acordes a la línea editorial de cada diario-, más en un país en el que los partidos políticos de izquierdas presentaban una clara hegemonía que se vería afectada a raíz de la caída del comunismo en Europa.

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