La Historia de la humanidad hecha videojuego

La Historia, como muchas otras asignaturas y disciplinas, es algo que odias o amas, prácticamente no hay término medio para tan noble “ciencia” cuyo objetivo objetivo es, entre otros, estudiar el pasado de la humanidad y aprender de él. No son pocas las novelas de ficción histórica que pueden hacer este estudio o aprendizaje algo más liviano, lo mismo ocurre con series o películas. Y, por supuesto, los videojuegos no iban a ser menos.

A veces no es necesario idear grandes historias o universos para ambientar un videojuego, el mismo pasado de la humanidad es tan rico y variado que bien pareciera una obra de ficción. Por ello, muchos estudios han escogido determinados tramos de la Historia para ambientar sus títulos de todo tipo, sean del género que sean. Si echamos la vista atrás podemos observar como hay videojuegos para cada momento de la Historia, aún quedan muchos e interesantes episodios por tratar, pero lo básico está. Esta semana te recomiendo un videojuego para cada momento de la Historia, títulos que lograron introducirnos con éxito en cada fascinante período.

Son pocos los juegos que han tratado el extenso, desconocido y maravilloso período de la Prehistoria. Quizá el mejor ejemplo para conocer la Prehistoria sea el primer Empire Earth, en el que se hace un tratamiento de la misma bastante más extenso que en otros videojuegos. Es cierto que el título no se centra únicamente en la Prehistoria, pero al incluir tres edades que abarcan medio millón de años entre las tres consideramos que es uno de los mejores ejemplos hasta la fecha. Especial mención merece el clásico atemporal Prehistorik, que todos recordamos con cariño aunque no sea el mejor ejemplo para definir la Prehistoria al pie de la letra. Veremos en qué queda el inminente FarCry Primal de Ubisoft, por ahora tiene una pinta genial y podría convertirse en la experiencia prehistórica definitiva.

Aunque el Antiguo Egipto, o faraónico, se encuentra a caballo entre la Prehistoria y la Época Clásica, merece especial mención por su singularidad y gran ejemplo dentro de la industria de los videojuegos. Con Egipto no hay ninguna duda, el mejor ejemplo para empaparnos de su cultura es sin duda Faraón, lanzado en 1999 por Impressions Games para PC. Faraón no era más que un “city-building” con grandes pinceladas de gestión basado en Caesar, pero su gran ambientación unida a un modo campaña progresivo nos llevará desde el período predinástico hasta el Imperio Nuevo haciéndonos partícipes de la grandeza de una de las culturas más importantes e interesantes de la Historia.

La Historia Clásica se ha prodigado bastante más que otros períodos en el mundo de los videojuegos, quizá por su extensión, quizá por su complejidad o quizá por su grandeza. Es complicado quedarse con un único videojuego que resuma, en esencia, qué fue el período clásico y por qué es importante. He de admitir que me ha resultado complicado elegir, pero siendo justos el mejor ejemplo es la saga Imperivm de Haemimont Games, distribuida por FX Interactive en España. El concepto de estrategia que propone junto con su sublime ambientación y su rigor histórico hacen que sea la mejor opción a la hora de informarnos sobre la historia del Imperio Romano a través de un videojuego. Otra buena opción era, sin duda, Rome Total War, pero al poder cambiar los acontecimientos a nuestro antojo así como una selección de facciones un tanto extrañas hacían que no fuese la mejor opción. Ryse: Son of Rome no es históricamente fiel al 100%, sin embargo constituye una alternativa interesante para conocer roma “en primera persona”. Y nos dejamos Grecia, sobre la que no se han realizado demasiados juegos de gran calidad. Para Grecia nos quedamos con la expansión Alexander de Rome Total War, una de las expansiones más interesantes de la saga, por su relativo rigor histórico y por su concepción “contrarreloj”.

En la Edad Media sí que no hemos dudado en ningún momento. Age of Empires II: The Age of Kings junto con su expansión The Conquerors no tienen rival alguno. Lo interesante de la saga de Ensemble Studios no es sólo su genial revisión del género RTS sino que, encima, las campañas están increíblemente bien documentadas. Destacamos, sobre todo, la magnífico tutorial de William Wallace, la del Cid campeador y la de Barbarroja. Horas y horas de diversión, con unas campañas increíbles y aprendiendo un poco de la compleja y convulsa historia medieval.

Llegados al Renacimiento tampoco hemos dudado en ningún momento: Assassin’s Creed II es el mejor ejemplo para introducirnos en la Italia de los siglos XV y XVI. Aunque la historia de nuestro querido Ezio Auditore sea ficticia, bien podría haber ocurrido -obviando la fantasía de la saga- sin ningún problema. Esta obra maestra de Ubisoft es una de las obras clave en la historia del videojuego, aunque a muchos les cueste aceptarlo. El nivel de detalle y de documentación por parte del equipo de desarrollo es altísimo, de hecho el mismo videojuego es una enciclopedia de la época. Arquitectónicamente, en ropas, ambientación, misiones… en todo Assassin’s Creed II brilla con luz propia y nos traslada al Renacimiento italiano en Florencia y Venecia.

Para adentrarnos en los entresijos de la Edad Moderna -Renacimiento incluido- no hay mejor opción que la saga Europa Universalis de Paradox. Su nivel de documentación, como ocurre con la mayoría de juegos de este estudio, es muy alto, así como la lógica del juego. Es cierto que, quizá, visualmente estos títulos no nos trasladen ipso facto al momento, ya que hablamos de tableros en 2D que nos recuerdan al mítico Risk, pero una vez metidos en materia la inmersión es total y, con pericia, acabaremos haciéndole sombra al mismísimo Rey Sol.

El período denominado Historia Contemporánea responde a dudas dependiendo de a quién preguntemos, nosotros nos quedaremos con que va desde la Revolución Francesa a la Primera Guerra Mundial. Hay varios títulos que tratan estos momentos, pero en esta ocasión nos vamos a quedar con un producto patrio: Imperial Glory de Pyro Studios. Es cierto que Imperial Glory no abarca toda la Historia Contemporánea, pero lo que abarca –Revolución Francesa y guerras napoleónicas– lo hace con bastante acierto, con una ambientación sublime que nos traslada al momento, tanto al campo de batalla como al centro de mando. Otras opciones serían Victoria: un Imperio bajo el sol, de Paradox, cuya experiencia resulta similar a la de Europa Universalis. Para vivir esta época “en primera persona” y con rigor histórico es preciso mencionar también Assassin’s Creed III y Assassin’s Creed Unity.

Valiant Hearts. Fuente: Steam/Valve Corp.

Entramos en el siglo XX y hacemos una parada en la Primera Guerra Mundial para detenernos y admirar al magnífico Valiant Hearts, ese curiosa mezcla ideada por Ubisoft Montpellier que ha resultado ser una de las mayores sorpresas de los últimos años. Valiant Hearts combina multitud de géneros sin catalogarse específicamente en ninguno. Un híbrido entre aventura gráfica, aventuras e incluso plataformas con la Primera Guerra Mundial como trasfondo. Pero, lo importante de Valiant Hearts no radica en su jugabilidad -que también- sino en su magnífica historia que, a través de sus inolvidables personajes, nos hace partícipes del calamidoso conflicto. Además, el título incluye multitud de información sobre la contienda para culturizarnos a la par que nos entretiene.

La Segunda Guerra Mundial es, posiblemente, el período de la Historia que más videojuegos ha dado, sería complicado hacer una lista completa sobre todos los juegos que existen sobre este conflicto, muchos de ellos de grandísima calidad, por lo que escoger un único juego que muestre la Segunda Guerra Mundial nos ha resultado bastante difícil. Pero siendo objetivos, entre los títulos de mayor calidad, tenemos que hacer una parada y quedarnos con la saga Commandos de Pyro Studios, concretamente con Commandos 2: Men of Courage, cuyas misiones están inspiradas en misiones reales o películas -las cuales a su vez recrean misiones reales-. El mimo que puso el estudio liderado por Gonzo Suárez en Commandos 2 rara vez lo hemos vuelto a ver en un juego de la Segunda Guerra Mundial. Aún así, es preciso mencionar otros títulos para vivir el conflicto desde otra perspectiva y esos son, sin duda, Medal of Honor: Allied Assault y Call of Duty 2, posiblemente el mejor Call of Duty hasta la fecha.

La Guerra Fría no se ha prodigado mucho, como tal, dentro del mundo de los videojuegos. Además, al ser un período tan amplio es complicado encontrar un videojuego que sea un gran referente para introducirnos en el mismo. Sin embargo, hemos seleccionado al magnífico Vietcong que trata, de forma precisa y seria, la Guerra de Vietnam, un FPS con toques realistas olvidado, por desgracia. También merece especial atención, por su tratamiento, Call of Duty: Black Ops aunque patina históricamente y sólo es aconsejable por su ambientación. En breve saldrá Alekhine’s Gun de la mano de Maximum Games, el cual nos pondrá en la piel de un espía soviético reclutado por la CIA.

El panorama actual es complicado de tratar y hay multitud de títulos que se han desarrollado en el mismo. Operation Flashpoint: Dragon Rising, aún con sus carencias, es un título que muestra de manera más o menos fiel lo que podría ser un conflicto actual, lo mismo ocurre con la saga ArmA, aunque quizá sus bugs nos impidan disfrutar al 100% de la experiencia. Saliéndonos de la “simulación” el mejor ejemplo lo encontramos en el Medal of Honor de 2010, un título serio y consecuente que fue tapado por la saga Call of Duty que, tras el genial Modern Warfare fue decayendo poco a poco.

¿El futuro? Eso lo tendremos que comprobar nosotros mismos, pero quizá podamos ir haciéndonos una idea con Call of Duty Advanced Warfare o, en un futuro más lejano, Deus Ex.

BIBLIOGRAFÍA

GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, E.* La Historia de la humanidad hecha videojuego. IGN España, Madrid, 2016. [Última revisión: octubre de 2022] Recuperado de: https://es.ign.com/videojuegos/99630/feature/la-historia-de-la-humanidad-hecha-videojuego

*Posterior y errónamente atribuido a otro autor por parte de IGN España. Fuente: https://web.archive.org/web/20160131210323/https://es.ign.com/videojuegos/99630/feature/la-historia-de-la-humanidad-hecha-videojuego

Orígenes y creación de la Inquisición española

  • ORIGEN

El enlace entre Isabel de Castilla y Fernando de Aragón no trajo consigo en el futuro la unión de facto de ambos reinos, pero sí que propició el impulso de políticas comunes en sus territorios, como es el caso de la instauración de la nueva Inquisición. Es cierto que para el momento en el que Isabel I y Fernando II suben al trono, la Inquisición establecida en Aragón apenas contaba ya con fuerza o crédito por parte de la población, la cual había pasado página respecto a una institución que languidecía irremediablemente como en el resto de Europa.

Sin embargo, la situación de los judíos en la Península, concretamente en Castilla, se tornaba un tanto delicada desde mediados del siglo XIV. Al margen del tradicional rechazo hacia los judíos debido a las enseñanzas bíblicas o la usura, un primer testimonio respecto a dicha tensión entre cristianos y judíos lo encontramos en el asalto a la judería de Sevilla en el año 1354 debido a una supuesta blasfemia de un grupo de judíos de la ciudad con una hostia consagrada. El episodio del contador mayor de Enrique II, Juçaf Picho, no ayudó tampoco en demasía a la imagen del judío en Castilla debido a su condena a la pena capital por malversación de fondos en 1379.

Pero, quizá, el momento más tenso antes del establecimiento de la Inquisición en Castilla se dio en la villa de Écija en 1391. El arcediano de Écija, Fernando Martínez, comenzó a predicar contra los judíos debido a unos supuestos enfrentamientos entre cristianos y judíos. Dichas declaraciones originaron un duro levantamiento contra los judíos en la provincia de Sevilla el día 6 de junio, el cual se saldó con el saqueo de la judería, la ocupación de tres sinagogas de la ciudad, la conversión de una buena parte de la comunidad y la muerte de cientos de judíos, a pesar de que los diferentes autores no se ponen de acuerdo con las cifras exactas. 

Este panorama de conversiones forzosas y persecución, con la provincia de Sevilla como núcleo principal, agravó más que solucionó el “problema judío”, pues una gran parte de los mismos, reacios a adoptar la nueva fe impuesta por las autoridades cristianas, continuaron profesando su antigua religión en la intimidad o reuniones secretas, conociéndose dicho fenómeno como criptojudaísmo. El problema social y religioso fue a más, y derivó finalmente con el apartamiento de los judíos en Sevilla en el año 1478.

Sin embargo, no todo lo relativo a los judíos en Castilla se reducía a un asunto de índole religiosa, sino que bajo este pretexto se escondían realmente motivos políticos, económicos y sociales. A finales del siglo XV en Castilla y Aragón, un 1,65% del total de la población pertenecía a la nobleza o el clero, que controlaban el 97% del territorio de ambos reinos, con todo el poder político y económico que ello implica. No sólo controlaban territorio sino que también ejercían importantes cargos dentro de la administración de los Reyes Católicos. 

En todos estos preliminares de la Inquisición “nueva” los judíos juegan un importantísimo papel, y es que sin el “problema judío” quizá nunca hubiese existido una Inquisición posterior durante casi cuatro siglos. Los judíos de la Península Ibérica desempeñaban, desde el siglo XIII, oficios de mercaderes, médicos, científicos y escritores, haciendo que muchos de ellos lograsen un importante poder económico, sobre todo en el caso de aquellos que se dedicaban al comercio o la recaudación de impuestos para la corona. Esto propició que se creara una primigenia clase media monopolizada prácticamente por los judíos, a la cual los cristianos “viejos” miraban con celo, pues temían que muchos de ellos, al convertirse al cristianismo, acabaran por arrebatarles el poder al mezclarse con familias nobiliarias en apuros económicos, logrando así subir en el escalafón social e introducirse en la administración. De hecho, como bien apuntó Antonio Domínguez Ortiz,  los posteriores procesos contra judaizantes realizados por la Inquisición española fueron los más frecuentes ya que eran los únicos que dejaban dinero al Tribunal debido a la confiscación de bienes, demostrando así que, al margen del asunto religioso, tras la Inquisición existían también importantes intereses económicos.

  • ESTABLECIMIENTO DEL SANTO OFICIO

Inicialmente, Isabel y Fernando no eran partidarios de establecer la Inquisición en Castilla. De hecho, como comentamos anteriormente, esta languidecía lentamente en Aragón, por lo que no existían planes de continuar con ella ni en Aragón ni de introducirla en Castilla a pesar de los sucesos del siglo XIV. Esta situación dio un giro de 180 grados a raíz de una visita de los reyes a la ciudad de Sevilla, la cual usaremos de ejemplo durante el estudio debido al arraigo y la importancia de la Inquisición en la capital hispalense. En dicha visita, acaecida en el año 1477, clérigos y frailes de la ciudad, entre los que destacó Fray Alonso de Ojeda, informaron a los Reyes Católicos sobre el problema que existía en la ciudad entre cristianos y judíos a pesar, incluso, de las paulatinas conversiones que se fueron sucediendo años atrás. Dichos testimonios calaron profundamente en la opinión de los reyes, que pudieron ver a pie de calle el clima de tensión que se vivía en Sevilla entre los dos grupos religiosos. Atendiendo pues a las súplicas del clero, los reyes acabaron por solicitar una bula inquisitorial al Papa Sixto IV.

Sepulcro de los Reyes Católicos (Granada, España).

Estos acontecimientos se saldaron con la promulgación de la bula de 1 de noviembre de 1478 Exigit sincerae devotionis affectus por Sixto IV, en la cual se reflejaba el nombramiento de dos o tres inquisidores eclesiásticos. Además, a la corona se le otorgaba poder para nombrar y destituir inquisidores, siendo esto una total novedad en el momento, haciendo que la Inquisición no sólo fuese un arma religiosa sino también política.   El privilegio otorgado por el Papa era perpetuo, es decir, no tenía fecha de finalización y únicamente podía ser anulado con otra bula papal.

Los primeros inquisidores fueron Juan de San Martín y Miguel Morillo -al contrario de la creencia popular de que el primer inquisidor fue Tomás de Torquemada- estableciéndose el primer tribunal en la ciudad de Sevilla a finales de 1480 con el objetivo de asegurar la unidad religiosa y combatir la heterodoxia.  

En Sevilla, el establecimiento de la Inquisición resultó tremendamente traumático tanto para los grupos afectados como para las instituciones, incluyendo la corona y Roma. Los judíos que vivían en la ciudad, apartados desde 1478, vieron como poco a poco se fueron ocupando las sinagogas que existían en la ciudad, obligándolos a realizar sus actos religiosos en secreto. La ciudad se dividió en dos bandos, aquellos que estaban a favor de la Inquisición y quienes estaban en contra. Los contrarios llegaron incluso a confabular con el fin de iniciar una revuelta que tumbase la nueva institución, pero finalmente fueron desarticulados antes de comenzar. Esto motivó que se generase una persecución total contra los judíos y, ante dicho panorama, muchos de ellos -alrededor de cuatro mil según Hernando del Pulgar- optaron por el exilio de la ciudad. 

El 6 de febrero de 1481, en Sevilla, se celebró el primer auto de fe de la nueva Inquisición. Debido a la pérdida de la mayoría de documentación relativa al Tribunal del Santo Oficio, a día de hoy no tenemos toda la información deseable sobre autos de fe y otros aspectos, pero basándonos en la información recopilada por diferentes autores podemos establecer una aproximación respecto a este primer, e importante, auto de fe. Juan de Mariana estimó que en este primer auto de fe se delataron a más de 17.000 personas, de las cuales murieron en la hoguera unas 2000; un cálculo excesivo que no se correspondería en absoluto con el número de judíos existentes en la ciudad de Sevilla a finales del siglo XV. Pero teniendo en cuenta que al año siguiente únicamente murieron unos 90 reos en la hoguera podemos asegurar que las estimaciones de Mariana en su Historia de España son muy exageradas y, con toda probabilidad, hablemos de centenares relajados y no de millares.

La ciudad de Sevilla alrededor del siglo XVI. Museo de América (Madrid, España).

Lo que sí es cierto es que este primer auto de fe, con la ciudad de Sevilla como protagonista, desató el terror y originó persecuciones que se saldaron con la muerte de un gran número de judíos. Este descontrol motivó que el Papa revocase en 1482 el privilegio concedido a los Reyes Católicos y fuese él mismo quien nombrase nuevos inquisidores. Sin embargo, al año siguiente el rey Fernando consiguió que el Papa redactase una nueva bula restableciendo los privilegios originales a los reyes de Castilla y Aragón, siendo este el primer paso de la independencia de la Inquisición española respecto a la Santa Sede. 

Debido a la intransigencia del tribunal sevillano, comenzaron pronto a surgir voces contra la Inquisición, tanto de judeoconversos como de algunos cristianos viejos debido, sobre todo, al miedo por la arbitrariedad con la que actuaba el Santo Oficio. Ejemplo de ello son los episodios ocurridos en Valencia, Teruel y Zaragoza. Importantes fueron también los casos en Cataluña, Mallorca, Cerdeña, Sicilia o Nápoles, lugares en los que fue muy complicado introducir la Inquisición o en los que, directamente, fue imposible de establecer. El principal argumento esgrimido fue que los procedimientos del Tribunal del Santo Oficio iban en contra de las Sagradas Escrituras pero, realmente, el problema residía en que únicamente alrededor del 40% de las familias españolas de la época estaban seguras de no tener una sola gota de sangre judía en sus venas, por lo que el 60% restante o bien eran de origen hebreo o estaban emparentados con algún judío o judía. Estos datos, de cara a la presente tesis, nos demuestran que en España la Inquisición nunca fue plenamente aceptada por la población sino que una gran parte de los españoles de entre los siglos XV y XIX tuvieron simplemente que aprender a convivir con ella, les gustase o no. Por lo tanto, no es descabellado que pocos años después de la muerte de Fernando el Católico comenzase el lento declive del Santo Oficio hasta su extinción en la primera mitad del siglo XIX. 

Al margen de la situación social generada por la Inquisición en Sevilla -y extrapolable a otras ciudades de los reinos de Castilla y Aragón-, la nueva institución creada por Sixto IV tomó forma gracias a las instrucciones del Santo Oficio dictadas en 1484 en Sevilla por Tomás de Torquemada, célebre inquisidor general, con el objetivo de que todos los inquisidores actuasen al unísono en el ejercicio de sus funciones. Dichas instrucciones convirtieron a la Inquisición en la organización más estable de la historia de España, con una norma que duró casi cuatro siglos.

Tomás de Torquemada, Inquisidor General entre los años 1483 y 1498.

Estas instrucciones de Torquemada se complementaron con la formación sobre el año 1488 del Consejo de la Suprema y General Inquisición, presidido por el inquisidor general, el cual estaba auxiliado por el resto de integrantes. Bajo la tutela de dicho Consejo se encontraban todos los tribunales esparcidos por los reinos de Castilla y Aragón. Tenía jurisdicción temporal y, a la muerte de Isabel I, se dividió en dos: uno para Aragón y otro para Castilla.   El inquisidor general poseía jurisdicción eclesiástica privativa, es decir, poseía jurisdicción propia apostólica, en la que el rey quedaba al margen a pesar de que era el propio monarca el que elegía al inquisidor general. Precisamente, ese mismo año, según Andrés Bernáldez, se quemaron en la ciudad de Sevilla a más de 700 personas y se reconciliaron en torno 5000, lo que nos revela que el aparato de la Inquisición española estaba funcionando a pleno rendimiento con menos de una década de vida.

Una vez fundado el Consejo de la Suprema y General Inquisición se procedió a establecer los tribunales, inicialmente itinerantes, que se fueron repartiendo poco a poco por todo el territorio. Estuvieron organizados, hasta 1492, respecto a las circunscripciones diocesanas, y posteriormente acabarían agrupando a varias diócesis. 

A pesar de la persecución a la que estaban sometidos los judíos, esta comunidad resultaba sumamente rentable a la corona, pues sus miembros estaban obligados a pagar un buen número de tributos fiscales. Sin embargo, la situación llegó a tal extremo -la ciudad de Sevilla era un verdadero hervidero-, que en 1483 se redactó un edicto de expulsión de los judíos de Andalucía. A este edicto le siguió los famosos edictos de 31 de marzo de 1492 -uno para Aragón y otro para Castilla- en los que se decretaba la expulsión de los judíos de los territorios de los reinos de Castilla y Aragón, con carácter definitivo, sin excepciones y con un plazo máximo de cuatro meses. Esto no es más que la conclusión de una persecución total hacia la comunidad judía desde finales del siglo XIV, atendiendo más a motivos económicos por parte de la nobleza que, verdaderamente, religiosos, con la nueva Inquisición como telón de fondo. El texto relativo a las coronas de Castilla y Aragón, llamado Edicto de Granada, decía tal que así: “Nosotros ordenamos además en este edicto que los Judíos y Judías cualquiera edad que residan en nuestros dominios o territorios que partan con sus hijos e hijas, sirvientes y familiares pequeños o grandes de todas las edades al fin de Julio de este año y que no se atrevan a regresar a nuestras tierras y que no tomen un paso adelante a traspasar de la manera que si algún Judío que no acepte este edicto si acaso es encontrado en estos dominios o regresa será culpado a muerte y confiscación de sus bienes.”  

Edicto de Granada (1492).

A raíz de estos hechos, muchos judíos comenzaron a marcharse precipitadamente de la Península Ibérica. Los datos relativos al número de personas que abandonaron el territorio no es, a día de hoy, del todo claro, pero se puede llegar a la estimación de que fueron entre 165.000 y 400.000 judíos aquellos que decidieron exiliarse, aunque hay autores que estiman la cifra en cerca de 800.000 personas.  Un testimonio de la época es la célebre carta de Chamorro, llamado príncipe de los judíos en España, a los judíos de Constantinopla, en la que decía lo siguiente: “Judíos honrados, salud i gracia: Sepades que el rei de España por pregon público nos hace volver cristianos i nos quiere quitar las haciendas i nos quita las vidas, i nos destruye nuestras sinagogas, i nos hace otras vejaciones, las cuales nos tienen confusos é inciertos de lo que debemos hacer. Por la lei de Moisen os rogamos i suplicamos tengais por bien de hacer ayuntamiento é inviarnos con toda brevedad la deliberacion que en ello habeis hecho.”

Comenzó así, por tanto, un episodio de conversiones apresuradas y forzosas entre aquellos que se querían quedar o, bien, no podían salir del territorio. Llegó incluso a existir tráfico de personas con aquellos judíos que quisieron abandonar la península. A pesar de que, como comentábamos anteriormente, no existen datos totales sobre el número de personas que abandonaron los reinos de Castilla y Aragón, sí que tenemos certeza de que la expulsión de los judíos causó graves problemas económicos en ambas coronas y que borró de un plumazo una buena parte de la clase media urbana, originando que muchos -clero, nobleza, corona- se quedasen con las propiedades y patrimonio de aquellos obligados al exilio. Como dijo el filósofo Julián Marías “la historia de España en los siglos XVI y XVII comprende un largo catálogo de errores, uno de ellos fue la confusión entre la fe religiosa y los usos sociales” y la expulsión de los judíos en 1492 no fue más que el inicio. 

BIBLIOGRAFÍA

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La Inquisición medieval

El término Inquisición, según la Real Academia Española, alude al Tribunal eclesiástico que inquiría y castigaba los delitos contra la fe. Y, efectivamente, estos eran los principales cometidos de las inquisiciones que se repartían por Europa durante la Baja Edad Media, las cuales no se deben confundir, aunque coincidan en determinados aspectos, con la conocida como Inquisición moderna, Inquisición española, Tribunal del Santo Oficio o Santa Inquisición, que comenzó a finales del siglo XV en Castilla.

El germen de la Inquisición tiene su origen a finales del siglo XII con la bula papal de Lucio III Ad abolendam mediante la cual se establece un tribunal inquisitorial en Francia con el objetivo de acabar con los herejes cátaros. Pero el verdadero artífice del sistema inquisitorial medieval fue el Papa Inocencio III, que fue quien designó los primeros inquisidores en el año 1198 y sentó las bases de lo que, a comienzos del siglo XIII, era la Inquisición europea, la cual fue bien acogida entre los monarcas gracias al tremendo poder que otorgaba una institución así.   Esta primigenia Inquisición medieval permitió a los diferentes papas de Roma controlar y someter más a los obispos, por lo que fue una oportunidad dorada para reivindicar la figura del máximo responsable de la Iglesia católica.

Inocencio III (1161 – 1216).

Poco a poco, este precedente iniciado por Lucio III iría tejiendo su tela de araña por muchos territorios de la Europa católica de los siglos XIII, XIV y XV, entre los que se encontraban las monarquías de Francia, Aragón, las ciudades del norte de Italia y el Imperio. Con el Papa Gregorio IX se daría el paso definitivo en 1231 hacia una Inquisición personalista a través de la bula Excommunicamus, estableciendo un sistema de tribunales itinerantes compuestos por inquisidores que eran jueces y delegados del propio Papa. Este nuevo modelo sembró el terror por aquellos territorios por los que se había distribuido debido a su sistema de denuncias, torturas, multas y confiscación de bienes.

Gregorio IX (1145 – 1241).

Esta Inquisición medieval, reformada por los papas Inocencio III y Gregorio IX, tendría su período de mayor actividad entre los siglos XIII y XIV, decayendo su virulencia en toda Europa a partir del siglo XV. 

En la Península Ibérica la Inquisición medieval únicamente se estableció en el reino de Aragón entre los años 1232 y 1242, pues en Castilla los delitos contra la fe estaban encomendados a los obispos. Autores como Juan Antonio Llorente sitúan la creación del tribunal de Aragón en el año 1232 a través del Papa Gregorio IX por mediación de Raimundo de Peñafort. Otros, como Henry Kamen, aseguran que dicho tribunal se creó en el año 1238 y muchos consideran establecida definitivamente dicha Inquisición en el año 1242, cuando se reguló finalmente el reglamento de la misma en el ecuador del reinado de Jaime I de Aragón.  

La Inquisición aragonesa poco tuvo que ver con la futura Inquisición castellana o española. Se trataba de un tribunal prácticamente idéntico al que existía en Francia, norte de Italia o el Imperio. Dominada por los dominicos, esta Inquisición medieval juzgaba la herejía dentro y fuera del clero sin llegar a inmiscuirse en otros asuntos de la vida diaria de los súbditos del reino de Aragón. De hecho, al igual que en el resto de Europa, a finales del siglo XV dicha Inquisición apenas tenía relevancia y se consideraba prácticamente obsoleta a la llegada de los Reyes Católicos al trono en  1474 y 1479.

BIBLIOGRAFÍA

DOMÍNGUEZ ORTIZ, A. Autos de la Inquisición de Sevilla (Siglo XVII). Sevilla, Ayuntamiento de Sevilla, 1994. p. 17.

ENCICLOPEDIA ARAGONESA. Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición. [Consulta 3-08-2018] Disponible en: http://www.enciclopedia-aragonesa.com/voz.asp?voz_id=7113

INIESTA BELDA, J. Excommunicamus et Anathematisamus: Predicación, Confesión e Inquisición como respuesta a la herejía medieval. Valencia, Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir”, 2013. pp. 97-128. 

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MILLÁN MARTÍNEZ, J. La Inquisición española. Madrid, Alianza Editorial, 2009. pp. 48-55.

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PEÑA RAMBLA, F. La Inquisición en las Cortes de Cádiz. Castellón de la Plana, Universitat Jaume I, 2016. pp. 16-17.

Comentario de obra – Frontal de Aviá

La siguiente publicación tiene un objetivo meramente didáctico, como apoyo al estudio de la Historia del Arte a nivel académico desde una óptica histórica. 

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IDENTIFICACIÓN.

Estamos ante el frontal de la iglesia de Santa María de Aviá, localizada en la población que da nombre al templo que, a su vez, se encuentra en la provincia de Barcelona (España). Normalmente se le suele llamar Frontal de Aviá y se trata del frontal del altar que había en el templo ya citado, aunque actualmente se encuentra expuesto en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) situado en Barcelona y que cuenta con una de las más completas colecciones de arte Románico del mundo. Su autor es desconocido, aunque algunos expertos lo atribuyen al Maestro de Aviá y no se sabe con exactitud la fecha en la que fue creado aunque se data en torno a los siglos XII y XIII, algunos estudiosos lo sitúan en torno a los años 1170 y 1200. Según los expertos es una excelente representación del arte del 1200, caracterizado por la influencia del arte bizantino, influenciado a su vez por el arte cruzado y las miniaturas inglesas.

Pertenece al estilo románico y en concreto al románico catalán, el cual cuenta con características propias y particulares y que tuvo su auge entre los siglos XI y XIII en las zonas de Barcelona, Gerona y el norte de Lérida. En Cataluña, durante el románico, la pintura alcanzó gran importancia, sobre todo la pintura mural y la pintura sobre tabla, a la cual pertenece el Frontal de Aviá. Sus dimensiones son de 107x177x7,5cms.

DESCRIPCIÓN DE LA OBRA.

Nos encontramos ante una pintura sobre tabla que utiliza la técnica de pintura al temple, la cual se caracteriza por ser una técnica en la que el disolvente del pigmento es el agua y el agluntinante o temple es grasa animal, huevo, caseina, glicerina y otras materias. Es un tipo de técnica muy utilizada durante el románico catalán además de ser la técnica pictórica más antigua de la que se tiene constancia.

El frontal está dedicado a la Virgen María y está dividido en cinco espacios separados entre sí e insertos en marcos caracterizados por una cinta de filigrana en relieve conseguido mediante estuco. La parte central de la obra ocupa toda la altura del frontal o antependium y las laterales también aunque se encuentran divididas en dos, cada uno con escenas de la vida de la Virgen María.

En el centro, como hemos comentado, aparece la Virgen María sentada en un trono con el niño sobre su regazo, se aprecian detalles arquitectónicos como el arco trilobulado en cuyos extremos superiores se sitúan dos ángeles. La Virgen está frente al espectador, con vestimentas medievales -como suele ser común en las representaciones medievales- de color azul y rojo adornadas. El Niño Jesús, sentado en el regazo de la Virgen María, se presenta de costado y mirando hacia el lado izquierdo de la composición, con el brazo derecho en actitud de bendición.

Pasando al lado izquierdo, en la parte superior observamos dos escenas en las que también aparece arquitectura, en este caso arcos de medio punto y una columna. La primera escena representa la Anunciación de San Gabriel a la Virgen María y en la segunda encontramos la Visitación de Isabel a la Virgen, en la cual aparecen las dos figuras abrazadas. En la parte inferior se representa la escena de la Epifanía en la que aparecen los tres reyes -o sabios de Oriente- y sobre ellos sus nombres: Gaspar, Baltasar y Melchior, cabe destacar que Baltasar es representado con tez blanca y no con tez negra a pesar de que desde la Alta Edad Media se representase al Rey Mago como alguien de raza negra en un afán de universalizar el cristianismo. Los tres reyes aparecen coronados y portando las ofrendas.

En el lado superior derecho encontramos la escena del nacimiento del Niño Jesús. La Virgen y San José se encuentran sentados y a Jesús en una cuna cubierto por unas sábanas. Todos aparecen “coronados” como santos. En el fondo, detrás de la cuna, se encuentran la mula y el buey. En la parte inferior aparece la escena de la presentación de Jesús en el templo. En la escena aparecen diversas figuras, llama la atención Simeón que devuelve al Niño Jesús, una vez inspeccionado, a María. Aparecen también Ana y un personaje del cual se desconoce la identidad tras Simeón, el cual tiene en sus manos tres palomas.

COMENTARIO Y ANÁLISIS FORMAL.

En el Frontal de Aviá llaman la atención las figuras y cómo están representadas, estas aparecen alargadas, destinadas a la frontalidad, con ropas medievales de origen oriental y con una más que clara influencia bizantina. De hecho, el Frontal de Aviá es un gran ejemplo de la pintura románica en general y del románico catalán en particular ya que en ella se encuentran los elementos que dominaron la pintura durante este periodo, además de que la pintura mural o sobre tabla fue el “género estrella” del románico catalán, aunque en la pintura sobre madera es algo más variada en cuanto a temas o composiciones que la pintura mural.

En este frontal se aplicaron técnicas como el revoco -acabado cuyo fin es mejorar el aspecto de superficies- o la corladura -barniz- y el resultado es la aplicación de un barniz que proporciona un aspecto amarillento a la obra. A pesar del marcado hieratismo que presenta la pintura románica, en el Frontal de Aviá se observa una leve preocupación por la anatomía y un cierto movimiento, aunque muy pequeño, en la representación. Destaca sobre todo el uso del color azul y rojo, que llaman la atención por su contraste, al contrario que los fondos, para los cuales se han utilizado colores azulados.

Merece especial mención la ausencia de sombras en las figuras aunque sí que las hay en las vestiduras de estas, las cuales muestran realismo en sus pliegues, otorgando dinamismo a la composición Otro elemento a destacar son los relieves del marco en el que se encuadra, aunque parte de ellos están en mal estado.

CONTEXTUALIZACIÓN EN LA HISTORIA Y EN LA HISTORIA DEL ARTE.

El románico y gran parte del arte medieval se caracteriza por su carácter rural, y el Frontal de Aviá está íntimamente relacionado con esta característica ya que se encontraba en la iglesia de Santa María de Aviá, en la población de Aviá, una zona eminentemente rural y de difícil acceso que, en la actualidad, cuenta con poco más de 2000 habitantes. Es importante recalcar esto ya que muchas obras como trípticos o estos frontales tenían, entre otras funciones, una función didáctica cuyo principal objetivo era acercar determinados pasajes de la Biblia a la población ya que muchos de ellos no sabían leer y mediante obras pictóricas podían aprender parte del dogma cristiano.

La iglesia de Santa María de Aviá pertenece también al románico catalán y se data su construcción en el siglo XII, tiene una sola nave y un ábside semicircular con casi las mismas medidas que la nave. Como es característico, tiene solo cuatro ventanas, todas ellas con dos arcos de medio punto, elemento arquitectónico que también aparece en el frontal. No tiene campanario y su lugar hay una espadaña con dos huecos para campanas. Es una iglesia austera, elemento que caracteriza al románico y que en Santa María de Aviá tiene un gran ejemplo.

El románico fue un estilo que se asentó rápidamente y con éxito en Cataluña, esto es debido a los condes catalanes y a los obispos, los cuales fueron ocupando de manera progresiva distintos territorios en los que llevaron a cabo un importante proceso de repoblación tras las victorias sobre los musulmanes en la zona.

El Frontal de Aviá y su ubicación original son testigos directos de todos los procesos llevados a cabo en Cataluña durante esta época y representan uno de los mejores ejemplos del románico catalán el cual, por esta época, iba adoptando poco a poco la influencia bizantina en términos pictóricos.

BIBLIOGRAFÍA.

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AA.VV. Historia de los Estilos Artísticos I Desde la Antigüedad hasta el Gótico. Dirigida por Ursula Hatje. 2ª Edición. Madrid: Ediciones Istmo, S.A., 2011. pp. 275-280.

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WIKIPEDIA, Iglesia de Santa Maria de Aviá [Consulta 9-1-2015]. Disponible en: http://es.wikipedia.org/wiki/Iglesia_de_Santa_Maria_de_Aviá