Técnicas precedentes de la escritura

  • TÉCNICAS NO GRÁFICAS DE COMUNICACIÓN

Hasta hace muy poco, el término escritura se reservaba únicamente a los sistemas que transcriben gráficamente una lengua mediante técnicas total o parcialmente alfabéticas. El resto de sistemas de comunicación gráfica eran considerados como tentativas fallidas o incluso fenómenos ajenos a la comunicación. Dentro de esta visión subyace el prejuicio de considerar como óptimo el sistema alfabético a pesar de que es un sistema que surge relativamente tarde en la Historia de las escrituras y nace como adaptación y perfeccionamiento de sistemas anteriores no alfabéticos. Nuestro sistema se extendió rápidamente gracias a su eficiencia.

A partir de 1960, con el desarrollo de la Antropología, los especialistas se ven obligados  a replantearse su estudio y a tener en cuenta la diversidad de sistemas gráficos dentro de su propio contexto social e histórico. Esta nueva corriente otorgará el concepto de escritura a todos los procedimientos gráficos en los que los fines comunicativos sean primordiales.

Es cierto que el ser humano ha mostrado especial preferencia por conservar sus mensajes mediante una serie de grafías a pesar de que existiesen multitud de técnicas no gráficas para la transmisión de mensajes. Centrándonos en estas últimas aparece el concepto de “escritura-objeto”, las cuales se han empleado en multitud de culturas de áreas geográficas distintas. Por ejemplo los quipus de los incas, que son un conjunto de cuerdas de distintos colores y grosores anudadas según un código, el wampum de los indios iroqueses con sus cinturones con conchas y vidrio, o el lenguaje de las flores. Pero todos estos sistemas ven limitadas su aplicación aparte de las dificultades que supone su manejo y almacenamiento.

  • PINTURA-ESCRITURA

A pesar de la validez de otros sistemas, la técnica destinada a extenderse sobre todas las demás es la técnica gráfica, la cual emplea marcas diversas sobre superficies variadas, siempre basadas en la producción táctil y la recepción visual. De hecho, en casi todas las lenguas la palabra escribir deriva de la palabra grabar. Para muchos investigadores, las pinturas paleolíticas son ya ejemplos de escritura, las primeras están fechadas en torno al 30.000 a.C. y todas tienen siempre una temática muy parecida con una elaboración esquemática (el realismo pictórico no aparece hasta el 28.000 a.C.).

Respecto a los significados de las pinturas paleolíticas hay que desestimar la finalidad artística debido a que la mayoría están localizadas en cuevas con poca iluminación. También hay que rechazar la finalidad ornamental. Suele concluirse que estas pinturas se realizaron con una función mágica.

Leroi-Gourhan, para referirse a las representaciones del período paleolítico, introduce una serie de conceptos para clasificar las pinturas:

Mitograma: son elementos gráficos agrupados sin seguir una línea, que prevén una vinculación aportada por el observador. No hay un hilo conductor visible y para desplegar todo su significado es necesario el uso de la palabra por lo que su contenido preciso se pierde cuando muere la tradición oral.

Combate entre arqueros. Cueva de Roure en Morella (Castellón, España).

Pictograma: son una serie de figuras animadas que dan consistencia a un relato y están en disposición lineal. Ofrecen escenas esquematizadas de la vida ordinaria y están situados en lugares accesibles por lo que es evidente una funcionalidad narrativa o informativa. Aunque es difícil determinar dónde acaba la intención mágica y dónde comienza la intención informativa. Hay autores que no dudan en otorgarles valor de escritura social con el fin de asegurar el buen funcionamiento del incipiente orden social.

  • TÉCNICAS SEMASIOGRÁFICAS

El término y el concepto lo introduce Ignace Gelb, estas técnicas son más conocidas como pictográficas o ideográficas y se definen por el hecho de que en todas ellas el procedimiento técnico consiste en contar una idea mediante dibujos. Una vez que el ser humano practicó durante milenios la comunicación gráfica mediante pinturas, empezó a construir códigos en los que asociaba mensajes más o menos concretos.

Ignace Gelb distingue dos tipos de recursos semasiográficos:

Los que se basan simplemente en la representación de la idea mediante objetos descritos con más o menos lujo de detalles.

Los que utilizan por contra un principio simbólico mediante grafías que están asociadas.

Pero los autores contemporáneos dudan de que haya existido alguna vez, en alguna cultura, una escritura completamente semasiográfica. Jesús Mosterín difiere de Gelb ya que piensa que hubo un momento remoto en la escritura en la que los grafemas representaban directamente ideas y Gelb afirma que esto no ha existido jamás.

Carta de Tortuga-que-sigue-a-su-esposa, un indio cheyenne, a su hijo Hombrecito (Washington, EEUU).

Durante siglos se pensó que tanto la escritura jeroglífica egipcia como la escritura china eran de carácter puramente semasiográfico pero gracias a expertos como Yuri Knorozov o Mosterín se han desechado estas ideas.

BIBLIOGRAFÍA

ESPEJO CALA, C. Historia de la comunicación escrita (de la prehistoria a la irrupción de la imprenta). 1ª Edición. Sevilla: Editorial MAD S.L., 1998. pp. 29-37.

Escritura e Historia

La escritura está presente en la vida del hombre desde hace, al menos, 30.000 años y ha sido la protagonista de su historia a lo largo de los últimos 7000 años. Desde su nacimiento, en toda época, ocupó la reflexión de los más sabios llegando, en el siglo XVII, a inaugurarse la primera ciencia aplicada exclusivamente a su estudio: la Paleografía.

Pero hasta finales del siglo XX no se percibe un interés científico a la hora de realizar un análisis global del fenómeno de la escritura a pesar de que la escritura es uno de los medios de comunicación entre los hombres, siendo hasta el presente el más utilizado.

La Paleografía, en su primer estadio, ayudaba a la Diplomática en la lectura de los documentos escritos y su estatuto científico era auxiliar con respecto a la Historia. A partir de 1940 se reclama una revisión de este estatuto y la Paleografía deja de considerarse una disciplina auxiliar. Poco a poco, los límites de la Paleografía se amplían hasta hacer que su estudio comprenda las escrituras en general, sobre cualquier soporte y época gracias a la Nueva Escuela Francesa. En los años 40 sobresale también la Nueva Escuela Italiana, la cual trabajó fundamentalmente en la consolidación científica de la disciplina.

En nuestros días se acomete una nueva revisión de los límites de la Paleografía y se comienza a considerar a la escritura como un medio de comunicación en sí mismo y no como una técnica para la comunicación. Aparece en esta época la corriente Historia del Alfabetismo que insistirá en la importancia del fenómeno gráfico y de las relaciones entre la sociedad y las expresiones escritas.

Núñez Contreras ha sintetizado en tres fases la sucesiva ampliación del horizonte científico realizado por la disciplina en el último siglo: de la “Paleografía de la lectura” a la “Paleografía crítico-analítica” y de ahí a la “Paleografía como historia de la escritura”. El Paleógrafo, desde el siglo XVIII, tuvo como tarea leer, identificar, autentificar y clasificar las escrituras según dónde y cuándo fueron hechas. Así, la Paleografía llega rápidamente a la Historia del Libro, la cual está indudablemente ligada a Annales, fundada por Lucien Febvre y Marc Bloch. Muchos autores de esta escuela aplicaron al objeto de estudio métodos cuantitativos de investigación llamándosele a esto microanalítica. Últimamente, sin embargo, la Historia del Libro ha ido progresivamente convirtiéndose en Historia de la Lectura.

  • COMUNICACIÓN ORAL / COMUNICACIÓN ESCRITA

La historiografía clásica clasificaba a los pueblos en dos grupos según su conocimiento o desconocimiento de la escritura: los que habían entrado en la Historia y los todavía estaban en la Prehistoria. Muchos autores han difundido la idea de que la escritura es una condición para la conciencia racional. Otros, como Lévi-Strauss, padre de la Antropología, afirmaron que la adquisición de la escritura se relaciona con la pérdida de la inocencia primitiva y el sometimiento a una lógica castradora ya que pierden el pensamiento salvaje de raíz.

Claude Lévi-Strauss.

Autores como Jack Goody afirman que los pueblos primitivos se diferencian de los civilizados tan sólo en el hecho de no poseer un sistema de escritura. No tener escritura obstaculiza la acumulación del pensamiento y el saber por lo que se impide que se den disciplinas como la Filosofía o la Ciencia, evitando así el progreso del pueblo en cuestión.

A pesar de las diversas teorías de los autores se puede afirmar que no existen pueblos sin escritura, al menos estrictamente hablando, ya que las marcas gráficas dejadas por el hombre desde su aparición fueron con intención comunicativa, presumiblemente.

BIBLIOGRAFÍA

ESPEJO CALA, C. Historia de la comunicación escrita (de la prehistoria a la irrupción de la imprenta). 1ª Edición. Sevilla: Editorial MAD S.L., 1998. pp. 13-22.

[LIBRO] Historia de España I – César Vidal y Federico Jiménez Losantos

DATOS
Autor(es): César Vidal y Federico Jiménez Losantos.
Nº de páginas: 238.
Editorial: Planeta.
Año de publicación: 2009.
Ediciones: 4 hasta la fecha.
Lugar de impresión: Barcelona.
ISBN: 978-84-08-08211-8.
Depósito legal: B. 16.929-2009.

La Mañana fue un programa de radio de la COPE dirigido por el «periodista» Federico Jiménez Losantos. En dicho programa, amén de disertar sobre la actualidad del país, Losantos contaba con colaboradores para diferentes secciones que se iban sucediendo. Uno de ellos fue César Vidal, controvertido personaje no reconocido por la comunidad que afirma ser historiador, abogado, periodista, escritor, teólogo y filósofo. Juntos crearon una, a priori, interesante sección dedicada a la Historia en la que Losantos iba realizando preguntas sobre la Historia de España a Vidal con el objetivo de disipar dudas comunes que se tienen sobre la misma. La sección se llamó «Breve Historia de España para inmigrantes, nuevos españoles y víctimas de la LOGSE«. De dicha sección salió este libro, el cual es el primer volumen de un total de cuatro.

Historia de España I abarca desde los primeros pobladores de la Península Ibérica hasta el reinado, inclusive, de los Reyes Católicos. Con únicamente 238 páginas para tan amplio período de la Historia, el libro se hace muy digerible y sencillo de leer gracias al estilo en clave de entrevista que tiene. Se trata de una sucesión de preguntas muy básicas sobre Historia de España emitidas por Losantos y respondidas ipso facto por Vidal.

El libro consta de 55 capítulos muy cortos que abarcan desde la Prehistoria, pasando por los fenicios, griegos y romanos, siguiendo por la llegada del islam, los reinos cristianos y terminando con el reinado de los Reyes Católicos, al cual le dedica once capítulos. Existe un claro desequilibrio entre algunos temas y otros, atendiendo siempre a los intereses de Losantos y Vidal en su extinto programa de radio en la COPE. Por ejemplo, los once capítulos dedicados a los Reyes Católicos contrastan peligrosamente con los cuatro dedicados a los visigodos o, peor aún, con el único capítulo que dedica a Prehistoria o griegos y fenicios.

Jiménez Losantos y César Vidal, los autores del libro.

Además, existe un gravísimo problema con Historia de España I de Vidal y Losantos, y es la total ausencia de anotaciones a pie de página o de bibliografía especializada al final del libro. Esto es algo que desacredita por completo los argumentos de César Vidal -sean ciertos o no- ya que no tiene ninguna fuente especializada en la que apoyarse a la hora de esgrimir sus afirmaciones, las cuales parece que emanan de él mismo como si de una enciclopedia andante se tratase o si fuese una figura reconocida por la comunidad.

La información contenida en el libro, veraz o no, tiene como objetivo servir a los intereses políticos de Jiménez Losantos y Vidal durante sus programas de radio en la COPE. Es cierto que existe información verídica en el libro, aunque no toda. Además, todo está maquillado de forma burda para servir a determinados pensamientos políticos, es algo que se refleja muy bien en los capítulos que tratan sobre el islam en España, la corona de Aragón o aquellos que versan sobre el reinado de los Reyes Católicos. El problema no es que pueda existir una cierta manipulación de la información, el problema reside principalmente en la ya comentada ausencia de bibliografía, especializada o no, ya que no existe ni una sola referencia a algún manual en todo el libro.

Como libro para pasar el rato o libro de ficción puede cumplir su cometido, siempre y cuando el receptor sea afín a lo que se cuenta en él. Sin embargo, como libro de Historia de España no es válido bajo ningún concepto por los motivos anteriormente expuestos. Esto no es más que un aviso a navegantes para que eviten usar dicho libro como fuente bibliográfica en la que apoyarse a la hora de realizar trabajos para el instituto o la Universidad.

Valoración: 0/5.

[LIBRO] La Historia con Playmobil

DATOS
Autor: Richard Unglik.
Nº de páginas: 96.
Editorial: SM.
Año de publicación: 2007.
Ediciones: 6 hasta la fecha.
Lugar de impresión: China.
ISBN: 978-84-675-1059-1.

Acercar la Historia a los más jóvenes es, a veces, una tarea harto complicada. Existen multitud de formas de hacerlo; desde libros ilustrados como el presente hasta series animadas como Érase una vez… el hombre o videojuegos como Age of Empires. Pero esto no siempre resulta efectivo si el sujeto en cuestión no se siente motivado tampoco por estos atractivos. Sin embargo, si hay algo que casi todos los niños han tocado y disfrutado esos han sido los Playmobil, la línea de juguetes alemana que, junto con LEGO, tiene casi cualquier niño en su casa. Aprovechando esto, el fotógrafo francés Richard Unglik lanzó en 2007 al mercado La Historia con Playmobil, un pequeño libro ilustrado de 96 páginas que hace un repaso general de la Historia de la humanidad.

La Historia con Playmobil está orientado a niños de entre seis y doce años de edad, aunque su lectura por parte de un adulto interesado en la materia también es completamente plausible, puesto que el libro de Unglik levanta alguna que otra sonrisa. Tiene 96 páginas a todo color en las que las verdaderas protagonistas del libro son las fotografías de Playmobil y no los textos, que resultan bastante escuetos -pero consecuentes con su naturaleza infantil-.

Los fusilamientos del 3 de mayo de Goya (1814).

El libro cuenta con ocho grandes capítulos llamados Comienza la historia, Roma y sus conquistas, La fascinante Edad Media, A la conquista del mundo, El Siglo de Oro, La Tierra de la libertad, Los tiempos modernos y Parece que fue ayer. Los cuales se dividen, a su vez, en un gran número de pequeños capítulos dedicados, por ejemplo, a la batalla de Alesia, Los vikingos, Cristobal Colón, Napoleón, las guerras mundiales o el mundo actual.

Toda la información contenida en La Historia con Playmobil es relativamente veraz y aceptada por la comunidad científica. Evidentemente, en algunos aspectos bascula hacia determinadas corrientes o pensamientos, bien por desconocimiento del autor o bien por cultura popular. De hecho existen ciertos aspectos bastante criticables; como la omisión de la historia de la Grecia Clásica -el autor únicamente habla de mitología-, hacer protagonistas del Siglo de Oro -originalmente el siglo XVII español- a los franceses, obviando a multitud de países como España o Inglaterra durante estas épocas, o la escueta información acerca de las dos guerras mundiales, que son los acontecimientos más importantes del siglo XX. Pero pueden ser justificables debido al público objetivo al que va dirigido el libro, niños entre 6 y 12 años de edad.

El «Che» Guevara.

La Historia con Playmobil no es perfecto, pero es una gran iniciativa para presentar la Historia a los más jóvenes de forma simpática y atractiva, haciendo así que el estudio de la misma no sea farragoso, intentando generar interés más allá de las aulas. Una gran iniciativa nacida de la alianza entre un fotógrafo francés amante de Playmobil y la marca de juguetes alemana.

Valoración: 3/5.

La expansión colonial entre 1876 y 1914

Para hacer un balance de la expansión colonial entre finales del siglo XIX y comienzos del XX vamos a hacer uso de la presente tabla, incluida en la página 196 del manual Historia del capitalismo de 1500 a nuestros días de Michel Beaud. Dicha tabla se encuentra dividida en varios apartados de manera vertical. Por un lado nos encontramos con un bloque que engloba a las colonias con dos fechas 1876 y 1914, cada una a su vez divididas en superficie y población. Por otro lado tenemos un bloque que hace referencia a las Metrópolis, con una sola fecha que se divide en superficie y población. De manera horizontal encontramos, en un primer bloque, los siguientes países: Gran Bretaña, Rusia, Francia, Alemania, Estados Unidos y Japón. Y en otro bloque el total de las seis grandes potencias anteriormente citadas y las colonias de pequeños estados, como Bélgica, Holanda, España…

Estamos pues ante una tabla que intenta mostrar, de manera esquemática, la relación de la superficie en millones de km2 y la población en las colonias y en las metrópolis, intentando mostrar el aumento de las colonias por parte de las seis grandes potencias.

Podemos apreciar como en 1876, Gran Bretaña tenía una superficie, en sus colonias, de 22,5 millones de km2  y una población de 251,9 millones de habitantes. Sin embargo, en 1914, poco antes de la Primera Guerra Mundial, su superficie en las colonias ha aumentado significativamente y está en torno a los 33,5 millones de km2 con una población de 393,5 millones de habitantes, lo cual choca con la superficie de la metrópolis británica de 0,3 millones de km2 y una población de 46,5 millones de habitantes. En este caso vemos una relación colonia-metrópolis muy descompensada, con una superficie muchísimo mayor y mayor número de habitantes en las colonias, lo cual puede deberse a las colonias de la India o las de África.

En el caso de Rusia vemos como en 1876 la superficie de sus colonias era de 17 millones de km2 y la población era de 15,9 millones de habitantes.. En 1914 Rusia solo aumenta en 0,4 millones de km2 respecto a 1876 la extensión de sus colonias, sin embargo prácticamente duplica los datos anteriores con la población colonial, situada en 33,2 millones de habitantes. En esta misma fecha, la extensión de la metrópolis rusa es de 5,4 millones de km2 y la población es de 136,2 millones de habitantes. Vemos un caso radicalmente diferente al de Gran Bretaña ya que Rusia poseía una metrópolis mucho mayor en un inicio y, en ningún caso, sus colonias llegaron nunca a superar los habitantes de la metrópolis. El aumento de habitantes puede deberse a repoblaciones o mejoras en la calidad de vida.

Francia en 1876 tenía una superficie colonial de 0,9 millones de km2 con una población de 6 millones de habitantes. En 1914 la superficie aumentó considerablemente en 10,6 millones de km2 y una población colonial de 55,5 millones de habitantes. Su metrópolis en 1914 tenía una superficie de 0,5 millones de km2 y una población de 39,6 millones de habitantes. Como podemos ver Francia, al igual que Gran Bretaña, aumenta su poderío colonial considerablemente entre 1876 y 1914, esto es sobre todo gracias a sus colonias en África e Indochina, convirtiéndose en la segunda potencia colonial del momento, no en extensión pero sí en número de habitantes y poderío comercial.

Alemania carece de datos en 1876 ya que era un país que acababa de unificarse pero, en 1914, poco antes de la Primera Guerra Mundial, poseía una superficie colonial de 2,9 millones de km2 y 12,3 millones de habitantes, mientras que su metrópolis tenía una extensión de 0,5 millones de km2 -similar a la de Francia- y una población de 64,9 millones de habitantes. Alemania entró tarde, por su naturaleza como Estado, en la carrera colonial, pero eso no fue un problema para expandirse rápidamente en pocos años por territorios como África. Aun así, era la potencia europea con más habitantes por km2 en su metrópolis y su economía nunca dependió exclusivamente de las colonias, contando con una fuerte industria en territorio nacional.

Estados Unidos se encontraba inmerso en la “Conquista del Oeste”, creando un país, mientras las potencias europeas colonizaban los continentes por lo que fue otro país que entró tarde en la carrera colonial. Su gran extensión como país, en 1914, con 9,4 millones de km2 choca con sus 0,3 millones de km2 de superficie colonial y sus 9,7 millones de habitantes. Esto se debe a que gran parte de la colonización de Estados Unidos se dio en islas del Pacífico.

Japón, nueva potencia al final del siglo XIX, tenía una extensión de 0,4 millones de km2 en 1914 y una población de 53 millones de habitantes. Su superficie colonial era de 0,3 millones de km2 y 19,2 millones de habitantes, esto se debe a que, al igual que Estados Unidos, la colonización japonesa se dio básicamente en islas del Océano Pacífico y otros territorios menores. No sería hasta la década de los años 30 del siglo XX cuando Japón alcanzara su mayor expansión territorial.

Como hemos podido apreciar en esta tabla, en 1914 seis potencias controlaban una superficie de 65 millones de km2 con 523,4 millones de habitantes, mientras que otras potencias coloniales menores “únicamente” controlaban 9,9 millones de km2 y 45,3 millones de habitantes -menos población que la autóctona japonesa-. La carrera colonial fue un fenómeno decisivo que tuvo unos protagonistas indiscutibles, fueron estas mismas potencias las que poco después lucharían, tanto en sus territorios como en sus colonias, en dos ejes durante la Primera Guerra Mundial. La desaparición de este sistema, en parte, no se daría hasta después de la Segunda Guerra Mundial.

BIBLIOGRAFÍA.

BEAUD, M. Historia del capitalismo de 1500 a nuestros días. 1ª Edición. Barcelona: Ariel, 1984. pp. 196.

ECHEGARAY PASCUA, E. Historia económica española y mundial. 1ª Edición. Madrid: Centro de Estudios Financieros, 2012. pp. 93-113.

El consumo de carbón y su relación con el avance tecnológico durante los siglos XIX y XX

Para ver la relación entre el consumo de carbón por habitantes y el avance tecnológico de determinados países vamos a usar el presente gráfico, incluido entre las páginas 418 y 419 del manual Historia Económica de Europa de Carlo María Cipolla. Está dividido horizontalmente en nueve bloques fundamentales que hacen referencia a periodos concretos del siglo XIX y comienzos del XX. Los años que abarcan estos nueve bloques van desde 1825 hasta 1914 como bien se ve en el título del gráfico. Dentro de cada periodo se encuentran cinco columnas que hacen referencia a un país europeo en concreto: Francia, Alemania, Italia, Rusia y España, los cuales tienen la columna personalizada en base a la leyenda que encontramos debajo de la tabla. De manera vertical encontramos un valor que va del 0 al 80 y que es el porcentaje de consumo, de cada país anteriormente citado, respecto de Gran Bretaña.

Como vemos, esta tabla hace referencia, sin lugar a dudas a la industrialización de Europa cuyo corazón energético, en el momento, era el carbón. Se compara al resto de países con Gran Bretaña, país que estaba a la cabeza de la industrialización mundial, no solo europea, aunque con los años países como Estados Unidos le irían a la zaga, aunque el gráfico se refiere solo a Europa.

En el primer periodo, que abarca de 1825 a 1834, podemos apreciar como únicamente aparecen dos países en el gráfico: Francia, cuyo consumo de carbón respecto a Gran Bretaña es de un 10%, y Alemania cuyo consumo estaría situado entre un 7-8% respecto a Gran Bretaña. Estos primeros síntomas de industrialización serían claves que marcarían el poderío económico de ambos países en los años venideros.

En el segundo periodo, de 1835 a 1844, vemos como el consumo de carbón de Francia se duplica y supone un 20% respecto al de Gran Bretaña. En el caso de Alemania este consumo de carbón aumenta hasta un 10% aproximadamente.

El tercer periodo abarca desde 1845 hasta 1954, en este vemos como la columna de consumo de carbón respecto a GB de Francia ha aumentado hasta un 30% aproximadamente, mientras que la de Alemania se sitúa en torno al 12%. El aumento del consumo en Francia, desde 1825 hasta 1854 es muy significativo, sin embargo Alemania aun anda con pies de plomo, con un aumento moderado, lo cual puede deberse a que aun no se trataba de un país unificado. Como también podemos apreciar en estos tres periodos -de 1825 a 1854- aun no han hecho acto de presencia Italia, Rusia o España, y esto se debe a que en el primer círculo de difusión de la industrialización no se encontraban estos países, pero sí Francia y Alemania. Además, también podemos asegurar que estamos ante el primer ciclo de difusión de la industrialización, el segundo se iniciará con la entrada de Italia, Rusia y España, y con la igualación, en un primer momento, de los consumos de Francia y Alemania.

En el cuarto periodo, de 1855 a 1864, vemos como Francia aumenta su consumo casi un 10% más, Alemania llega al 20% respecto a Gran Bretaña, y entran en escena Italia con apenas un 1% y España en torno al 3%. Estos países mediterráneos, a pesar de entrar en esta época en el círculo industrial, no llegarán nunca a convertirse en potencias industriales.

En el quinto periodo, de 1865 a 1874, vemos como los consumos -respecto a Gran Bretaña- de Francia y Alemania se igualan, ambos países se sitúan en torno a un 30%. La caída de Francia puede deberse, sobre todo, a la derrota en la Guerra Francoprusiana (1870-1871) que enfrentó a Francia y Alemania, saliendo esta última victoriosa. El aumento de Alemania no solo puede deberse a la victoria en la guerra sino también a su unificación en 1871. España e Italia se mantienen estancadas durante este periodo, y entra Rusia en escena con un 1% respecto a Gran Bretaña, el cual puede deberse a los logros alcanzados en el ferrocarril, el cual conectaba zonas productoras con zonas consumidoras.

En el sexto, séptimo y octavo periodo se entra ya en el segundo ciclo de difusión de la industrialización. Vemos un ascenso imparable de Alemania, la cual llega a colocarse casi al mismo nivel de consumo que Gran Bretaña entre 1905 y 1914. Vemos también como, tras un estancamiento, Francia aumenta un poco su consumo de carbón pero no llegaría a los niveles de 1855. Italia, Rusia y España también aumentan su consumo, estando España a la cabeza de estos últimos. El aumento del consumo del carbón en Europa es un claro síntoma de industrialización, y en el segundo ciclo es aun más acusado, llegando a unos niveles muy altos a las puertas de la Primera Guerra Mundial.

BIBLIOGRAFÍA.

ECHEGARAY PASCUA, E. Historia económica española y mundial. 1ª Edición. Madrid: Centro de Estudios Financieros, 2012. pp. 93-113.

MARIA CIPOLLA, C. Historia económica de Europa. 3ª Edición. Barcelona: Editorial Crítica, 2002. pp. 418-419.

El incremento de población y el avance tecnológico desde el siglo XVIII al XX

 

Para estudiar la relación entre el avance tecnológico y el incremento de población desde el siglo XVIII al XX vamos a utilizar la tabla 4, que podemos encontrar en la Unidad 4, en la página 102, del manual titulado Historia económica española y mundial de la profesora de la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA) Esther Pascua Echegaray. Dicha tabla se titula «Porcentajes de incremento de población por periodos» y está dividida en 4 bloques fundamentales, el primero de ellos se refiere a un determinado ratio de años en concreto, los cuales van desde el año 1700 hasta 1900, dando cuatro saltos de 50 en 50 años. Los bloques siguientes hacen referencia a cuatro países: Gran Bretaña, Francia, Alemania e Italia. En el bloque de cada país, y en relación al periodo de años, aparecen una serie de porcentajes en relación al incremento de población sobre el total de cada uno de los países que aparecen en la tabla. Con esta sencilla tabla se puede hacer un análisis, general, sobre cómo afectó la industrialización a cada uno de esos países, o cómo procesos de unificación como el de Alemania o Italia afectaron, en buena medida, al desarrollo industrial y demográfico de cada país. Es importante tanto para analizar el desarrollo de cada país durante los años recogidos en la tabla como para analizar el futuro de dichos países en conflictos como, por ejemplo, la Primera Guerra Mundial.

Esta tabla es un perfecto ejemplo del cambio de ciclo demográfico, del ciclo demográfico antiguo al ciclo demográfico moderno, con la inevitable transición demográfica entre ambos ciclos. El ciclo demográfico antiguo se caracterizaba por una elevada natalidad, una elevada mortalidad, elevada mortalidad infantil y baja esperanza de vida situada en torno a los 25 años, lo cual no quiere decir, evidentemente, que las personas muriesen con 25 años. El ciclo demográfico moderno se caracteriza por una baja natalidad, baja mortalidad, baja mortalidad infantil y mayor esperanza de vida. Pero entre ambos ciclos existe un fenómeno que ya hemos nombrado, la transición demográfica, la cual se caracteriza por alta natalidad y baja mortalidad en su primera fase, y una baja natalidad y baja mortalidad en su segunda fase. Así pues, en la primera fase hay una gran crecimiento de la población y en la segunda este crecimiento se estanca.

En la tabla también podemos apreciar, en Gran Bretaña, como se va produciendo un aumento importante de la población entre los años 1750 y 1850, esto es debido a que el país en ese periodo se encontraba en el periodo de transición demográfica, sobre todo el periodo que va de 1750 a 1800, luego en el que va de 1800 a 1850 el crecimiento se estanca y a mediados del siglo XIX comienza a decaer. Gran Bretaña, entre 1700 y 1900, aumenta su población de una manera descomunal, influida, por supuesto, por su gran desarrollo industrial y ser la cuna de la Revolución Industrial, siendo el baluarte mundial de la industrialización. También influyeron otros aspectos como la colonización, su victoria en la guerra contra Francia o la estabilidad social a pesar de la baja calidad de vida en los suburbios industriales.

En el caso de Francia ocurre algo diferente al de Gran Bretaña, vemos como en el periodo de 1700 a 1750 se encuentra con un incremento de población característico del ciclo demográfico antiguo y no es hasta el periodo entre 1800 y 1850 cuando sufre un aumento para rápidamente decaer a mediados del siglo XIX. Esto se debe, sobre todo, a los conflictos sociales y las constantes revoluciones que se dieron en Francia durante el siglo XIX, y la miseria que los conflictos trajeron. Así pues podríamos considerar que Francia, debido a su condición, se encontraba muy por detrás de Gran Bretaña, no solo demográficamente sino también industrialmente.

Alemania fue la gran rival industrial de Gran Bretaña junto con Estados Unidos, el país alcanza su periodo de transición demográfica entre los años 1750 y 1850, estancándose en este último y comenzando el siglo XX con un alto porcentaje de crecimiento pero inferior a Gran Bretaña. La industrialización de Alemania, su unificación así como sus victorias contra Francia son indicativos de su crecimiento demográfico.

Por último, en el caso de Italia, vemos que su crecimiento demográfico es más moderado que el de Gran Bretaña o Alemania, a pesar de su unificación, Italia no alcanzó el desarrollo industrial de los citados países, salvo en el norte del país. Podríamos considerar que Italia, a comienzos del siglo XX aun podría encontrarse en la fase de transición demográfica, no llegando hasta más tarde a considerarse un país con un ciclo demográfico moderno.

Así pues, hemos visto como Gran Bretaña, seguida de cerca por Alemania, se encontraba a la cabeza de la Revolución Industrial, tanto a nivel europeo como mundial. En la tabla no aparece Estados Unidos, el Imperio Austrohúngaro o Rusia, aunque sería interesante analizarlos también para comprender mejor la incidencia de dichos países en conflictos tan importantes como la Primera Guerra Mundial o en procesos tan determinantes como la colonización de África y Asia.

BIBLIOGRAFÍA.

ECHEGARAY PASCUA, E. Historia económica española y mundial. 1ª Edición. Madrid: Centro de Estudios Financieros, 2012. pp: 93-113.

La escuela del franquismo

Imagen típica de los colegios españoles de la posguerra.

La Guerra Civil (1936-1939)  supone un cambio de época en la Historia de España e incluso del mundo, ya que la Guerra Civil se encuentra cronológicamente muy cercana a la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), por lo que se asistió a una transformación total de Europa en muy pocos años.

Pero, para comprender la educación durante el franquismo, hay que retroceder en el tiempo, concretamente hacia el sistema educativo basado en la Ley Moyano (1857), la cual trataba de ampliar un poco la educación hacia todas las clases pero mantenía, inevitablemente, una separación de clases y en la que únicamente podían educarse familias con posibilidades económicas. Cualquier niño que quisiese estudiar y no tuviese dinero sería sufragado por el estado. Al menos eso decía la teoría, pero eso rara vez sucedió ya que las familias eran analfabetas en su mayoría, y con situaciones bastante precarias.

Ya en el siglo XX, a partir de 1931, con la Segunda República se intentará acabar con las grandes desigualdades sociales del sistema de la Restauración, situándose en contra de los sectores más poderosos de la sociedad. Había muchos analfabetos, pocas escuelas… por lo que la República se dispone a crear programas para alfabetizar y escolarizar, así como planear la construcción de escuelas. Al comenzar la Guerra Civil todo esto queda paralizado incluso en los territorios en los que la República tenía poder. Tras la guerra se inicia una fuerte reforma que estaría marcada por la autarquía y el aislamiento hasta principios de los años cincuenta, cuando se levanta la condena de la ONU, y se realizan tratados con EEUU y el Vaticano.

Escuela femenina en Higuera de la Sierra (Huelva) en 1962.

La educación es algo que prácticamente se abandonó durante el franquismo. Existía un claro interés por la educación pública pero, ante la falta de capital, se deja gran parte de la educación en manos de instituciones privadas religiosas, las cuales regirán la educación española, poniendo como maestros a muchos militares veteranos de la guerra, lo cual influiría, inevitablemente, en la educación del momento, convirtiéndose muchas de las escuelas en auténticos mini-cuarteles regidos con una severa disciplina militar. Además la escuela estaba influenciada por la Falange y, por tanto, falangistas comenzarían a estar presentes en las aulas para adoctrinar políticamente.

En los años cincuenta fue importante la ayuda norteamericana hacia los niños, ya que enviaban alimentos, como leche en polvo o queso, a los colegios españoles para evitar la desnutrición. Muchas aulas eran rurales y unitarias, con espacios diferenciados, sin diferencia de edad del alumnado en el mundo rural.

Como en la mayoría de dictaduras, las aulas estarían llenas de símbolos políticos y, en este caso, religiosos también. El castigo físico era algo común en la escuela franquista, muy lejos de la concepción que se tiene hoy día sobre la educación. En el mundo rural se estudiaba únicamente con un libro: la Enciclopedia Álvarez, una enciclopedia bastante avanzada a su tiempo. El material era bueno pero, en la práctica, no resultaba efectivo debido a la diversidad de edad de los alumnos y al profesorado. Aunque el material en algunas aula era escaso, como hemos comentado, este sí que era de bastante calidad, con laminas para ilustrar cargadas de detalles, ya fuesen sobre Geografía, Física, Economía o Biología. Destacan también los míticos cuadernos Rubio dedicados al cálculo y la caligrafía, problemas que eran fundamentales en la España de aquellos momentos.

Colegio Sagrado Corazón de Jesús (Sevilla), 1966.

Cabe destacar que los libros eran diferentes para niños y para niñas, ya que no recibían el mismo tipo de educación. Se daba muchísima importancia a la Historia, de la cual rescataban determinados episodios como ejemplos o modelos nacionales, sobre todos momentos de fortaleza hispana con episodios como el de Numancia y Viriato, ejemplos de catolicismo como los Reyes Católicos, de gran Imperio con Carlos I o Felipe II… intentaban buscar justificaciones históricas para reforzar determinados símbolos e ideologías del régimen.

Como conclusión podemos sacar en claro que, en un inicio, la educación y la escuela franquista eran sumamente precarias e incluso estaban abandonadas, llevadas de manera consciente hacia el adoctrinamiento de los alumnos. Estos aspectos contrastan con la buena calidad de libros como la Enciclopedia Álvarez o los cuadernillos Rubio para aprender caligrafía o matemáticas. De una manera u otra, los primeros años de educación franquista fueron duros y precarios, pero poco a poco el sistema educativo iría evolucionando a la par que el régimen, aunque nunca se terminaría de abandonar por completo el adoctrinamiento al que eran sometidos los alumnos.

BIBLIOGRAFÍA

LARA MARTÍNEZ, L. (2012): España actual. Ediciones CEF., Madrid. pp. 167-197.

LARA MARTÍNEZ, L. (2015): Conferencia Universidad UDIMA, Madrid.

Comentario de obra – Napoleón abdicando en Fontainebleau

La siguiente publicación tiene un objetivo meramente didáctico, como apoyo al estudio de la Historia del Arte a nivel académico desde una óptica histórica. 

Napoleón abdicando en Fontainebleau por Paul Delaroche (1846)

IDENTIFICACIÓN

La obra hoy presente se titula Napoleón abdicando en Fontainebleau, también llamada Napoleón en la víspera de su primera abdicación,  pintada por Paul Delaroche en 1846, a mediados del siglo XIX. Actualmente forma parte de la colección permanente de la Royal Collection Trust de Londres (Reino Unido). Su autor, el parisino Paul Delaroche, destacó, sobre todo, por ser uno de los mejores representantes de la pintura historicista, que es aquella que desarrolla acontecimientos reales con el fin de inmortalizarlos. Absolutamente toda su obra se centra en la pintura histórica -o historicista-, siempre intentando acercarse a momentos realistas o trágicos, huyendo de la idealización tan común de la época. Buen ejemplo de ello puede ser Napoleón cruzando los Alpes (1850), obra realista, que se encuentra en la Galería Walker de Liverpool, que contrasta fuertemente con Napoleón cruzando los Alpes de Jacques-Louis David (1801) en la que se muestra a un Napoleón heroico liderando a las tropas a través de la célebre cadena montañosa. Otras obras notables, en la misma línea que la presente, son Juana de Arco siendo interrogada (1824), La ejecución de Lady Jane Grey (1833) y Pedro el Grande (1838).

Napoleón abdicando en Fontainebleau pertenece a la corriente del Romanticismo, movimiento en el que se encuadra a la perfección, ya que se sitúa en pleno apogeo del mismo. El Romanticismo huye de la idealización neoclásica a la que se contrapone a veces con cruel realismo. El Romanticismo intenta ser directo, narrar hechos -a veces históricos- o estampas presenciadas por el propio autor. Abarcó, aproximadamente, desde el año 1770 (siglo XVIII) hasta 1850 (siglo XIX). Y de esta corriente emanarían posteriormente otras como el post-Romanticismo, el Impresionismo -gracias a Turner-, el Realismo, el Surrealismo y todas las vanguardias de finales del XIX y comienzos del XX.

La presente obra es buena prueba de ello, a la vez es realista y narra un hecho histórico con, a priori, veracidad. Atrás quedó ese Napoleón cruzando los Alpes neoclásico; aquí Napoleón está cansado, derrotado, con sobrepeso y despeinado. No es la más icónica de Delaroche pero sí constituye una obra romántica esencial y un episodio histórico de innegable valor. Sus medidas son de 69,2x 53,2 cms.

DESCRIPCIÓN DE LA OBRA

Napoleón abdicando en Fontainebleau es una pintura al óleo sobre lienzo, con colores apagados que otorgan sobriedad a la escena. La obra representa a Napoleón poco antes de abdicar por primera vez en Fontainebleau el 4 de abril de 1814.

En la obra no aparecen demasiados elementos, pero los pocos que aparecen tienen su simbolismo. Evidentemente, el protagonista total del cuadro es Napoleón Bonaparte (1769 – 1821), que ocupa la mayor parte del lienzo y se sitúa justo en el centro de la composición. Napoleón aparece sentado en una silla roja, ligeramente recostado, encorvado, despeinado, con la mirada perdida y con actitud de cansancio. Viste su característico uniforme militar blanco, acompañado de una arrugada casaca gris y botas de caballería sucias, llenas de fango. En su mano derecha parecía sostener ligeramente un mapa que ahora descansa en un sofá, mientras que la izquierda descansa con el puño cerrado sobre su pierna. En el suelo podemos ver su sombrero, un bicornio negro muy popular en la época. De fondo podemos ver las rojizas paredes decoradas del Palacio de Fontainebleau -cerca de París- así como una cortina roja y la esquina de un mueble -posiblemente una cómoda-.

Aunque la escena, por si sola, ya dice bastante a nivel histórico, también está cargada de cierta simbología en torno a tres entes esenciales en la obra: el propio Napoleón, el mapa y el bicornio.

  • Napoleón es el protagonista total, casi toda la simbología se encuentra en él de una forma u otra. El mismo físico es precisamente parte de ello, puesto que Delaroche nos muestra un Napoleón más humano, incluso algo envejecido para sus 45 años. Es un hombre derrotado, muy lejos de la grandeza de Napoleón cruzando los Alpes o La coronación de Napoleón de David. Despeinado, recostado, enfadado y con la mirada perdida, Bonaparte trata de asimilar la ocupación de París y su más que posible exilio a la isla de Elba. Había perdido, el emperador de Europa había caído ante Austria, Rusia y Prusia. El Antiguo Régimen le había vencido. Sus botas sucias y la casaca arrugada contrastan fuertemente con la pomposidad del Palacio en el que iba a firmar su rendición y exilio. Es un Napoleón como nunca antes habíamos visto, un Napoleón real: humano.
  • El mapa es un símbolo fundamental en Napoleón abdicando en Fontainebleau. Napoleón Bonaparte es considerado un gran estratega político y militar, algo que sabían de sobra sus enemigos y aliados en la época. Pero estaba muy lejos de ser un dios y, como ser humano, es susceptible de cometer fallos. Es el mapa de la derrota, el cual parecía sostener involuntariamente hasta que ha caído en el sofá, pues todavía no ha sido capaz de asimilar los acontecimientos.
  • El bicornio es el último gran símbolo de la obra de Delaroche y pieza fundamental en el atuendo de Napoleón durante tantos años, prácticamente símbolo del imperio, aparece tirado en el suelo. Olvidado por su portador, el bicornio representa a Francia, la cual Napoleón ha olvidado y perdido debido a su avaricia como líder militar. En el suelo, no entre sus manos o en una mesa, el bicornio de Bonaparte es un símbolo más de derrota.

COMENTARIO Y ANÁLISIS FORMAL

La composición de Napoleón abdicando en Fontainebleau es bastante básica ya que se trata, después de todo, de un retrato de cuerpo entero. El protagonista total, que ocupa el centro de la obra, es Napoleón Bonaparte, cuya figura abarca la mayor parte del lienzo. Como decimos, se sitúa en el centro y la mayor parte de los detalles están en él. A la derecha tenemos la esquina de una cómoda a la que Delaroche no presta demasiada atención, en el suelo el sombrero que, como hemos comentado, es un símbolo importante en la obra y, de fondo, las paredes pintadas del Palacio de Fontainebleau (Francia), así como el sofá en el que está el mapa.

Paul Delaroche es bastante directo con esta obra; intenta mostrar un gran realismo pictórico, fundamental para la pintura histórica. Atrás queda la grandilocuencia neoclásica, también se desmarca de corrientes pre-impresionistas. Aquí las formas están bien definidas y los detalles cuidados al milímetro. Con la presente obra Delaroche se consagra como retratista.

Son formas definidas, existe la línea con el objetivo de mostrar el máximo realismo posible. Delaroche huye de las nuevas corrientes, es un pintor romántico muy particular. El uso que hace del color también es muy peculiar, puesto que en este caso se opta por colores pardos, rojos y marrones muy oscuros, que contrastan con el uniforme blanco de Bonaparte y su casaca gris. Son colores apagados, propios de su obra, los cuales buscan dotar de realismo, historicismo e incluso pesimismo a la escena. Se narra un momento oscuro para Bonaparte y para la Historia de Francia, a pesar de que este se desarrolle en medio de la pomposidad de un Palacio. Existe cierta calidez gracias a la paleta seleccionada para el entorno, con rojizos cobre muy oscuros.

CONTEXTUALIZACIÓN EN LA HISTORIA Y LA HISTORIA DEL ARTE

A nivel histórico es una obra que nos dice mucho. Los expertos no se ponen de acuerdo sobre qué momento exacto quiso representar Delaroche; unos se inclinan con que el cuadro representa a Napoleón días antes de la abdicación, la cual se haría el 4 de abril de 1814. Otros, sin embargo, aseguran que la obra representaría a Napoleón instantes antes de la propia abdicación, el mismo día cuatro de abril. Sea como fuere, su historicismo es innegable: París había caído ante las fuerzas de Austria, Rusia y Prusia. Napoleón, el genio estratega de su época, había sido derrotado. Francia había perdido la guerra.

Dentro de la propia Historia del Arte, Napoleón abdicando en Fontainebleau también nos deja un importante legado. En primer lugar porque se representa a un Napoleón Bonaparte humano , muy lejos de aquellas obras neoclásicas de David cuyo objetivo, a priori, era más propagandístico que artístico. De hecho, tanto gustaría el cuadro al propio Delaroche, que cuatro años después se atrevería a desafiar al propio Jacques-Louis David al realizar su propia visión de Napoleón cruzando los Alpes; en burro, ayudado por un soldado, tapado por el frío y en medio de un paso de montaña.

BIBLIOGRAFÍA

ROYAL COLLECTION TRUST. Napoleon at Fontainebleau, 31 march 1814. [Consulta: 22-05-2017] Disponible en: https://www.royalcollection.org.uk/collection/405838/napoleon-at-fontainebleau-31-march-1814

[MANUAL] Nueva Historia de la España Antigua – Gonzalo Bravo

DATOS
Autor: Gonzalo Bravo.
Nº de páginas: 381.
Editorial: Alianza Editorial.
Año de publicación: 2011.
Ediciones: 1 hasta la fecha.
Lugar de impresión: Torrejón de Ardoz, Madrid (España).
ISBN: 978-84-206-5477-5.
Depósito legal: M. 35.708-2011.

Las clases magistrales sobre Historia Clásica, y en concreto sobre Historia de la España Antigua, no siempre son el mejor método para adentrarnos en un terreno tan complejo como fue el de la Hispania romana. Y si no que se lo digan a profesores como Aurelio Padilla o José Millán León (Universidad de Sevilla). Y es que, en el 99% de los casos, un buen conocimiento sobre el Mundo Antiguo ha de adquirirse con el inestimable apoyo de un manual, que para eso están. Por suerte, hay profesores que siguen creyendo en el manual como herramienta didáctica y uno de ellos es precisamente Gonzalo Bravo Casteñeda, profesor titular de la Universidad Complutense y autor del presente manual.

Nueva Historia de la España Antigua es un manual muy digerible, de menos de 400 páginas y con una letra que hace que su lectura resulte muy cómoda. Trasciende incluso su naturaleza de manual al uso y bien puede servir como libro de lectura, gracias a la forma en la que está escrito, que huye de tecnicismos que, en muchos casos, son absurdos. Bravo lo escribe de tal forma que es una lectura accesible para cualquier lector receptivo al tema que trata.

El manual cuenta con dos partes principales: una de ellas dedicada a la Península Ibérica prerromana y otra a la Hispania romana. Partes que se subdividen en cinco extensos capítulos que, bajo mi punto de vista, deberían ser algunos más, para no hacer la lectura tan farragosa. Cuenta, además, con un extenso listado de siglas y abreviaturas, un listado de mapas, de cuadros, de gráficos y de documentos. Y, por supuesto, con una extensa bibliografía especializada, que sirve tanto para refrendar el manual como para permitirnos ampliar la información del mismo si fuese necesario.

La información inserta en la obra de Gonzalo Bravo es directa y sencilla, abordando además todos los temas necesarios en el estudio de la Hispania romana. Además, Bravo es un autor que no ha querido otorgar más importancia de la necesaria a la Historiografía, por lo que el paso de esta por el manual es anecdótico.

El manual también sirve para complementar el estudio sobre la República y el Imperio Romano, sobre todo en su política de colonias o provincias, así como otros aspectos tan importantes como la crisis del siglo III o las reformas de Diocleciano.

Nueva Historia de la España Antigua fue mi manual de cabecera para estudiar Historia de España Antigua en la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA), asignatura que impartió el doctor en Arqueología Daniel Casado Rigalt. Por primera vez encontré un manual claro y conciso que amplió mi conocimiento sobre la Península Ibérica en época clásica. Es un manual que he leído a fondo y cuyo contenido me parece de suma utilidad, tanto para el estudiante de Historia Clásica como para el interesado en este período. Algunos temas del manual los he resumido en el blog y sirven para hacerse una idea sobre qué fue aquello tan lejano que denominamos Hispania. Encontraréis los resúmenes pinchando en los siguientes enlaces:

Un manual altamente recomendable, tanto si queremos iniciarnos en el estudio del mundo clásico en la Península Ibérica como si queremos ampliar información sobre el mismo.

Valoración: 4/5.