El Tribunal del Santo Oficio en Sevilla; el origen de la Inquisición española

Sevilla, por su historia, siempre ha sido una ciudad muy arraigada a todo lo relacionado con la Inquisición. Buenas pruebas de ello son la ingente oferta de rutas turísticas temáticas en torno a ello o el propio nombre de la calle “Callejón de la Inquisición”, situado  en el barrio de Triana, junto al Castillo de San Jorge.

El célebre callejón de la Inquisición en Sevilla.

El Santo Oficio comenzó a funcionar por primera vez en el año 1481, concretamente en Sevilla, con la quema de seis personas vivas. A raíz de ese acto, la Inquisición experimentaría un rápido ascenso, estableciéndose tribunales en casi toda la Península. Tres años más tarde, en la misma ciudad de Sevilla, se aprobaban las primeras reglas inquisitoriales.

Fotografía del extinto convento de San Pablo.

Su primera sede fue el convento de San Pablo de los dominicos, cedido por la orden al Santo Oficio para así intentar ponerse por encima de los franciscanos. Aunque al poco tiempo tuvieron que trasladarse al Castillo de San Jorge, frente al río Guadalquivir, por problemas de espacio. Estos problemas de espacio no se solucionarían al cien por cien con el traslado, por lo que el tribunal del Santo Oficio en Sevilla tuvo que diseminar las dependencias por toda la ciudad.

Maqueta del Castillo de San Jorge en el interior del museo que lleva el mismo nombre.

El tribunal en Sevilla estaba compuesto, a comienzos del siglo XVI, por tres inquisidores, un juez de bienes confiscados, un fiscal, cuatro secretarios, un receptor, un alguacil, un escribano, un abogado, dos alcaides, un notario, un nuncio, un escribano, un portero, dos capellanes, un médico, seis consultores juristas y seis consultores teólogos.

El objetivo primordial del tribunal era perseguir y juzgar a los falsos judíos conversos. Aunque también perseguían a blasfemos, herejes, bígamos, usureros, sodomitas, brujos y brujas, hechiceros y clérigos que hubiesen tenido aventuras sexuales.

Los autos se realizaban al principio en los exteriores de la Catedral y posteriormente en la Plaza de San Francisco, a pocos metros de la Catedral. También se realizaron autos en determinadas iglesias de la ciudad, como la de San Marcos. Únicamente en el siglo XVI se tiene constancia de diecisiete autos en la ciudad.

Auto de fe (Francisco de Goya, 1812-1819).

Un auto le costaba bastante dinero al tribunal del Santo Oficio, por lo que se intentaban espaciar lo máximo posible en el tiempo a pesar de que su carácter debía ser anual. La condena tenía lugar en el mismo sitio donde se realizaba el auto, aunque el suplicio se realizaba en un lugar diferente, a veces incluso en varios lugares de la ciudad a la vez.

Aunque el tribunal del Santo Oficio en Sevilla aguantó hasta los estertores de la Inquisición a comienzos del siglo XIX, su época de mayor actividad fue entre el año de su fundación y 1524. Durante estos cuarenta años se quemó a más de 1000 personas y se hizo abjurar a unas 20.000 sólo en la ciudad de Sevilla. El más famoso de los autos fue precisamente el de 1524, ya que el tribunal, hasta entonces centrado en los judíos, da un giro hacia los moriscos, convirtiéndolos en su blanco principal. Desde 1524 hasta finales del siglo XVI se darán sonados casos; en 1540 el del morisco Gaspar; en 1541 el matrimonio compuesto por Jerónimo Díaz y Elvira González; y en 1554 los moriscos Juan, Martín y Juan Torrera.

Al respecto de los brujos, brujas y hechiceros, el tribunal de Sevilla no se prodigó demasiado, centrando su atención en judíos y moriscos. El caso más sonado fue el de Inés de los Ríos, acusada de brujería pero absuelta debido a su posición social.

La expulsión de los jesuitas en 1767, el tribunal de Sevilla aprovechó para mudarse al Colegio de las Becas Coloradas en 1778 debido a las malas condiciones en las que se encontraba el Castillo de San Jorge.

El tribunal del Santo Oficio en Sevilla, como he comentado, seguiría teniendo actividad hasta comienzos del siglo XIX, cuando se abolió la Inquisición, aunque su papel dentro del marco territorial así como su actividad comenzaron a decrecer a partir del siglo XVII.

BIBLIOGRAFÍA

ALMA MATER HISPALENSE. La Inquisición. Sevilla siglo XVI. [Consultado el 10/05/2016] En línea: http://personal.us.es/alporu/histsevilla/inquisicion.htm

WIKIPEDIA. Inquisición española. [Consultado el 9/05/2016] En línea: https://es.wikipedia.org/wiki/Inquisición_española

Claves acerca de la «Gran Depresión» de 1929

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Wall Street (Nueva York) en octubre de 1929.

LA CULTURA DEL CRÉDITO

Aunque a día de hoy esté completamente asentada y aceptada en la mayoría de países capitalistas, para comprender bien una de las principales causas de la depresión económica de 1929 es preciso indagar acerca del momento en el que el crédito se normalizó en EEUU y, también, en el mundo occidental. Aunque el crédito prácticamente ha existido a lo largo de toda la Historia, fue en esta época cuando se extendió a todos los estratos de la sociedad.

La ambición de grandes, medianos y pequeños inversores propiciaron la mayor caída de la bolsa de la que se tiene constancia. Animados por el éxito de otros, los inversores novatos pidieron prestadas grandes cantidades de dinero para invertir en bolsa, lo cual ocasionó la quiebra de miles de bancos.

Los precios de las acciones se desplomaron, durante los últimos 5 años el mercado solo había subido, pero ese 24 de octubre algo había cambiado, no había apenas compradores pero sí muchos vendedores.

Para comprender cómo se llegó a este problema hay que remontarse diez años. Los años de prosperidad. En 1919, tras la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos era un país optimista, la economía estadounidense gozaba de buena salud, gracias, en parte, a que su territorio no había sido atacado durante la Gran Guerra. Fue un momento de grandes cambios tecnológicos; lo que anteriormente era un lujo ahora se había convertido en una necesidad, se había creado el estado del bienestar. Hubo una ola de consumo masivo, todo el mundo consumía y se generalizó la venta a plazos, para aumentar el consumo. La sociedad estadounidense quería vivir el momento, no preocuparse por el futuro, el mundo había pasado por una gran calamidad y era el momento de disfrutar.

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Los «felices» años veinte.

Todo el mundo se creía en el derecho de disponer de todo, la gente pensó que era “rica”. La facilidad para conseguir créditos disparó el consumo a la par que el endeudamiento de las familias. Además, el gobierno estadounidense había generalizado la venta de bonos del estado o también llamados Bonos Libertad, los cuales se usaron para financiar la guerra. Era una especie de préstamo por parte de los ciudadanos o fondos similares a los plazos fijos, recibiendo así el pago de intereses sobre el valor del bono. La venta de bonos se promocionaron con grandes campañas y la gente de a pie comenzó a endeudarse con el fin de invertir y así conseguir un beneficio sobre la inversión. Podían seguir su inversión día a día, la inversión se generalizó, se hizo parte de la cultura norteamericana.

Pero los banqueros de Wall Street aprovecharon el auge de los Bonos Libertad para lanzar al mercado bonos corporativos. En vez de comprarle bonos al gobierno lo harían a compañías privadas y se perdió el miedo a la inversión. Comenzó así la especulación, una especulación que iba desde lo más alto hasta lo más bajo, apareció una cultura de la especulación a la par que se asentaba una cultura del crédito. Hubo especulaciones en todo tipo de valores, un sistema que era imposible de mantener.

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Times Square (Nueva York) en septiembre de 1929, poco antes del ‘crack’.

Pero este sistema funcionó durante casi diez años, diez años en los que grandes inversores se enriquecieron y ciudadanos de a pie invirtieron todo su capital con la esperanza de aumentarlo y así poder pagar todos aquellos lujos que se habían generalizado desde la aparición generalizada del crédito.

¿CÓMO SE CONVIRTIÓ LA DEPRESIÓN FINANCIERA DE 1929 EN LA «GRAN DEPRESIÓN» QUE MARCÓ LA MEMORIA COLECTIVA AMERICANA?

25.000 millones de dólares habían desaparecido en cinco días, y la bolsa seguía cayendo sin parar. Los sueldos comenzaron a bajar y proliferaron los despidos. El pánico hacia la bolsa se apoderó rápidamente del pueblo americano, muchos lo habían perdido todo y ahora realizaban “campaña” en contra de la inversión bursátil. Era el comienzo de la “Gran Depresión”.

Muchos se negaban a aceptar las pérdidas y siguieron viviendo como si nada hubiese ocurrido, incapaces de aceptar la realidad, esperanzados en que el mercado volvería a regularse. Algunos se suicidaron, no es una leyenda urbana, eran personas que lo perdieron absolutamente todo en apenas días.

El crack afectó incluso a aquellos que no habían invertido en bolsa debido al frágil sistema bancario norteamericano, tremendamente atomizado. En 1931 habían quebrado más de 2000 bancos y con ellos  también el dinero de los clientes, los cuales perdieron todos sus ahorros al no existir un fondo federal que diese garantías.

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El rostro de la Gran Depresión; Florence Owens Thompson.

Ante el pánico y la quiebra de determinados bancos, la gente comenzó a retirar sus fondos, lo que ocasionó un efecto dominó en el sistema bancario estadounidense. La gente desconfiaba de los bancos y comenzó a llevarse el dinero a sus casas. La caída de la bolsa no generó la “Gran Depresión” pero inició una serie de acontecimientos que la generaron. Los bancos, los corredores y los inversores prestaban dinero a las empresas, cuando estos préstamos comenzaron a negársele a dichas empresas, muchas entraron en bancarrota y así comenzaron los despidos masivos. Al no haber empleo bajaba la demanda, lo cual causó un daño traumático a la sociedad. Comenzó la crisis de liquidez, era imposible obtener un crédito para mantenerse a flote, desde una gran corporación hasta a una pequeña tienda de barrio.

Aquellas personas mayores y poco preparadas jamás encontrarían empleo. Se produjo un gran cambio, un cambio instantáneo al que es imposible adaptarse, en la sociedad estadounidense. Las personas eran incapaces de hacer frente a sus créditos e hipotecas por lo que eran embargados o desahuciados. Esto no fue algo aislado, afectó a la mayor parte de la población. El pueblo estaba sumido, de manera general, en una depresión, un trauma que sería imposible de olvidar.

BIBLIOGRAFÍA

Echegaray Pascua, E. Historia económica española y mundial. pp: 213-226. 1ª Edición. Madrid: Centro de Estudios Financieros, 2012.

Reflexión acerca de la economía española en los siglos XX y XXI

A comienzos del siglo XX la renta anual por habitante era, aproximadamente, de 3000 pesetas (18,03€), vivían casi 19 millones de personas, con un crecimiento lento debido a la tasa de mortalidad más alta de Europa Occidental. Casi 5 de cada 10 españoles no sabían leer ni escribir. Era una democracia parlamentaria muy deteriorada, lo cual explicaría los dos golpes de Estado que sufriría el país durante este siglo. La industrialización solo había tenido éxito en Cataluña y el País Vasco, España era un país eminentemente agrícola en el resto de regiones, cuyos trabajadores vivían al borde de la subsistencia. Comparado con otros países europeos como Reino Unido o Francia, así como con países como Estados Unidos, el crecimiento español era lento e irregular. España estaba, a todas luces, muy lejos de ser una sociedad dinámica a comienzos del siglo XX.

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100 años después la cosa era muy diferente, la población se duplicó, la renta anual por habitante se situaba, en el año 2000, en 2.162.851 pesetas (12.999€), la esperanza de vida se situaba en una de las más altas de Europa y la educación obligatoria se había implantado. Todo esto, según expertos en el año 2002, gracias a los primeros 25 años de democracia a raíz de la Transición Española (1975-1982) y a otros avances como la integración económica en Europa. Los niveles de bienestar, en la España del año 2002, se situaban entre los más altos del mundo. El siglo XX español fue denominado, hace una década, por expertos como el siglo de la economía. Un siglo en el que los ciudadanos tomaron un interés decisivo en los aspectos económicos del país. Según el historiador económico Pablo Martín-Aceña, catedrático de Historia Económica en la Universidad de Alcalá de Henares, el paso de España, en términos económicos, por el siglo XX no fue tan exitoso como lo relatan otros expertos ya que hubo periodos en los cuales la economía se acercó a la media europea y otros en los que se alejaba de esta, de hecho, en el año 2002 Martín-Aceña aseguraba que España seguía lejos de estar en la media europea.

Gran parte de la España del siglo XX estuvo bajo regímenes autoritarios, algo que determinados expertos consideran como el principal, o uno de los principales factores, factor que explica el atraso de España respecto a Europa junto con determinados momentos de autarquía económica. Otro factor determinante fue la educación, bastante precaria en la España del siglo XX y que se agravó notablemente durante los primeros años de la dictadura franquista, en los cuales las escuelas estuvieron dominadas por instituciones privadas religiosas, parte del clero, de Falange e incluso veteranos de guerra que hacían las veces de profesor. Esto último influyó claramente en el avance tecnológico del país.

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Imagen de  Plaza Catalunya el 19 de julio de 1936 (MECD Archivo Fotográfico Agusti Centelles).

España, antes de la Guerra Civil (1936-1939) estaba lejos de ser un país industrializado al nivel de países como Reino Unido o Francia, pero la Guerra Civil supuso un auténtico atraso industrial y económico que se mantuvo hasta, aproximadamente, finales de los años 50. A partir de ese momento España crece notablemente, y ya a partir de los años 80 protagoniza una subida sin precedentes.

El país se transformó en los 60 y los 70, con una crecida del PIB por encima de la media europea. Además de crear una pequeña red comercial con determinados países. Pero todo esto no fue un crecimiento natural del país, gran parte de este crecimiento venía desde el exterior en forma de ayudas e inversiones de empresas extranjeras. Este rápido crecimiento hizo que el país, prematuramente, se enfocase en el sector servicios y abandonase, “rápidamente”, el sector primario y, en menor medida, el secundario. Hubo también una importante emigración hacia la Europa del norte, lo cual reducía sensiblemente el desempleo, un problema que España abandonó en los años 70 y que ha vuelto a sufrir desde, aproximadamente, el año 2011. Además, es la época en la que se comienza a explotar con éxito el turismo en España, gracias en parte a tener una divisa débil, de hecho España sigue siendo uno de los principales atractivos turísticos internacionales y el turismo supone, con datos de 2012, el 10,9% del PIB así como el 11,9% del empleo total. España comienza, entre los 60 y 70, a transformarse en una sociedad de consumo al estilo europeo.

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Seat 600, símbolo del desarrollo de la España de los años 60.

Tras la muerte de Franco la situación cambia radicalmente, se da paso un nuevo sistema político en el que se legalizaban partidos y se celebraban nuevas elecciones libres. Se comenzó a llevar una política económica deflacionaria para intentar paliar la subida de precios y la alta tasa de paro del país. Se puso en marcha una reforma fiscal que introducía los principios tributarios que conocemos hoy día, la cual ponía a España al mismo nivel, en términos tributarios, que el resto de países europeos, incrementando los ingresos del Estado. En el 79, con la crisis del petróleo, subió la inflación en España a la par que el paro. Tras la salida del gobierno de la UCD, la llegada del PSOE, la firma del tratado de Maastricht y la entrada en la moneda común, España da un verdadero salto económico, avanzando en dos décadas más que en años anteriores. Expertos, en 2002, aseguraban que, a largo plazo, este sistema situaría al país en el momento económico más esplendoroso de toda su Historia.

A comienzos del siglo XXI, los expertos achacaban el, ya “mínimo”, atraso de España respecto a Europa a la Guerra Civil y al franquismo, este último por su marcada autarquía hasta finales de los años cincuenta y por su corrupción. El desempleo, la emigración y el deterioro del nivel vida, problemas habituales durante la primera mitad del siglo XX, se creía ampliamente superado en el año 2002.

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Tras algunas lecturas podríamos llegar a asegurar que, tanto expertos como artífices de las políticas económicas adoptadas en España desde el año 1975 hasta 2008, fueron sumamente optimistas ante un país que sustentaba gran parte de su economía en un sector servicios precario comparado con el resto de Europa, un mercado inmobiliario gravemente especulado y una cultura del crédito desgraciadamente irresponsable.

Este escueto análisis nos lleva a plantearnos las siguientes cuestiones y así poder reflexionar sobre el grave problema económico que acusa España.

  • ¿Era España un gigante con pies de barro a comienzos de los años 80 ante la presión de entrar en la CEE?
  • ¿No se era consciente de que gran parte del desarrollo de España fue “empujado” por otros países que decidieron invertir en el país, es decir, un falso crecimiento?
  • ¿A qué se debe la pasividad del Estado hasta el año 2007 ante un mercado inmobiliario especulado e insostenible?

BIBLIOGRAFÍA

LARA MARTÍNEZ, L. España Actual. Ediciones CEF, Madrid, 2012.

La Transición española como modelo para la Reunificación alemana (y su cobertura mediática)

La siguiente entrada es una transcripción literal -adaptada al blog- de mi trabajo de fin de carrera para la Universidad a Distancia de Madrid. En él se abordan multitud de temas, siendo una lectura densa que se escapa de los márgenes de un blog; sin embargo, podría ser de utilidad o interés gracias a la gran cantidad de información y fuentes utilizadas en la realización del mismo – Emmanuel González Fernández.

LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA COMO MODELO PARA LA REUNIFICACIÓN ALEMANA Y SU COBERTURA MEDIÁTICA
Bajo la dirección de: Álvaro de Diego González.
SEVILLA
Enero 2016

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Era una sociedad completamente nueva la que construíamos. Queríamos darle a los hombres lo mejor para el día de hoy y asegurarles un futuro feliz. El socialismo era protección. En él no reinaban el dinero ni el miedo al mañana. Esto y más eran parte del gran intento de construir una sociedad socialista en suelo alemán, en un país dividido y con un elevado desarrollo industrial, en un país destruido por bombas y granadas, con hombres de diferentes visiones y experiencias y que luchaban por erigir una nueva sociedad” – Erich Honecker

El presente trabajo, realizado entre los meses de octubre de 2015 y enero de 2016, es un estudio sobre las transiciones democráticas en España y Alemania, estableciéndose como hipótesis inicial una cierta inspiración entre ambos procesos. Igualmente, el trabajo aborda la recepción doméstica de la caída del muro de Berlín en noviembre de 1989, así como la cobertura que realizaron determinados medios sobre el suceso.

  • INTRODUCCIÓN

Este trabajo se centra en el derrumbe de la República Democrática Alemana a finales de los años ochenta del siglo XX a raíz de la famosa caída del Muro de Berlín. A raíz de esta premisa el trabajo toma dos direcciones muy claras; por un lado comparar la Transición española con el proceso de reunificación en Alemania; y por otro lado, analizar la recepción doméstica del suceso en España a través de una serie de cabeceras de prensa.

En los últimos años el interés por la República Democrática Alemana ha ido en aumento. Tras la caída de los principales sistemas socialistas en el mundo, el miedo a estudiar y disertar sobre las extintas repúblicas socialistas se ha ido perdiendo paulatinamente. Celebrar la caída del Muro de Berlín se hizo incluso en noviembre de 1990, siempre con respeto y algo de incertidumbre, incluso avanzados los años 90. Sin embargo, en noviembre de 2014, celebrando el 25 aniversario del inicio del derrumbe de la RDA, existiendo en Alemania un gobierno conservador totalmente consolidado, tanto a nivel nacional como internacional, el aniversario no sólo se centró en celebrar la reunificación de los alemanes sino que adquirió marcados tintes políticos por parte de la prensa y dirigentes políticos. Así pues, publicaciones como El Tiempo aseguraba que el desplome del Muro de Berlín en noviembre de 1989 es el suceso más feliz de la historia de Alemania en el siglo XX, ya que la RDA era un territorio aislado del mundo. Las duras declaraciones de la canciller alemana Angela Merkel en el 25 aniversario de la caída expresaban su repulsa hacia el régimen socialista oriental:

La RDA fue un Estado dictatorial que pasó por alto y pisoteó los derechos humanos de sus ciudadanos. Celebrar su desaparición es parte integral de nuestro gran regocijo como nación unidad y democrática. Vigilar que nunca más vuelva a suceder es nuestra tarea como sociedad libre” – Angela Merkel

Sin embargo, incluso un cuarto de siglo después, una parte de los alemanes no se sienten tan unidos como promulgan políticos y prensa, puesto que los occidentales consideran a los orientales como “desconfiados, descontentos y demasiado dependientes del Estado” y los orientales dicen que los occidentales son “arrogantes, soberbios y ambiciosos”.

Fuera de Alemania, la caída del muro de Berlín prácticamente no se nombra más allá que en debates o ponencias. El resto del mundo parece haber olvidado qué era la República Democrática Alemana, qué supuso la caída de ese Estado en el terreno de la geopolítica e, incluso, cómo afectó a sus bolsillos. Sin embargo, el derrumbe del muro el 9 de noviembre de 1989 y la posterior reunificación de Alemania ha sido algo tratado extensamente por parte de economistas, juristas, historiadores y periodistas. El impacto del suceso fue cubierto excepcionalmente por la prensa occidental, y en el caso de España, un país en el que la democracia estaba ya más que asentada, comenzaron a surgir debates en torno al importante suceso.

Rápidamente especialistas y politólogos de renombre comenzaron a introducir al Estado español en la ecuación alemana. Aún sin saberlo, España se convertiría también en una de las protagonistas de la reunificación de Alemania, no sólo por el tremendo coste económico que supuso para los países del sur de Europa este suceso, sino también por su modelo pacífico y consensuado de transición democrática en la segunda mitad de los años setenta del siglo XX. Aún a día de hoy se sigue especulando sobre la importancia del sistema democrático español respecto a las caídas de regímenes como el polaco, el rumano o el alemán del este. Alemania y España vivieron en el último tramo del siglo XX procesos de convergencia democrática, económica y social. Ambos países llevaban, prácticamente, desde los años cuarenta del siglo XX sujetos a sistemas dictatoriales en los que el control de la información, la propaganda, la doctrina de partido único y la economía planificada regían sus designios.

  • OBJETIVOS E HIPÓTESIS 

La hipótesis de este trabajo es que realmente existe una conexión entre la Transición española y el modelo de Reunificación alemana, es decir, que el modelo democrático español sirvió como ejemplo para Alemania a raíz de la caída del Muro de Berlín a finales de 1989. Los objetivos que se plantean son los que se indican a continuación:

  1. Analizar los puntos en común en la transición democrática de ambos países, a pesar de presentar dos modelos completamente opuestos.
    Es posible que la Transición española pudiese haber influido positivamente en el proceso democrático y reunificador de las dos Alemanias a través de la teoría del “efecto bola de nieve”. Para ello se utilizarán los libros La Tercera Ola. La democratización a finales del siglo XX , de Samuel P. Huntington, Unificación alemana y convergencia española, de Hans Peter Nissen, José María O’Kean y Antonio Santisteban, La Transición española y la democracia, de Javier Pradera, y La Transición a la democracia en España, edición de Manuel Redero San Román.
  2. Analizar la cobertura y recepción de la caída de la RDA por parte de la prensa española, la incidencia del suceso desde la óptica doméstica de España.
    Averiguar si hubo o no una visión sesgada del evento por parte de la prensa, si se intentó restar importancia al hecho para no alarmar a la población o, por el contrario, hubo una cobertura objetiva y adecuada. Para ello se utilizaran una serie de cabeceras escogidas entre los meses de noviembre y diciembre de 1989 de los periódicos La Vanguardia y ABC.
  3. Evaluar el cómputo de lo anterior, realizando un análisis objetivo de lo estudiado para emitir un veredicto imparcial sobre las similitudes entre las transiciones hacia la democracia en ambos países en la segunda mitad del siglo XX.
  • METODOLOGÍA

Revisión bibliográfica

Se ha realizado una revisión bibliográfica de diferente documentación relacionada con el derrumbe de la República Democrática Alemana, el proceso de reunificación de Alemania y la Transición española. Esta documentación incluye artículos de prensa, libros y publicaciones de especialistas. Igualmente, para datos básicos como fechas, personajes o lugares, se han utilizado multitud de recursos disponibles en línea previamente contrastados. También han resultado de gran utilidad los contenidos en línea como vídeos o informativos completos, en especial los de Televisión Española. Esta revisión bibliográfica ha permitido localizar y comprender los principales aspectos en torno a la Transición española, el derrumbe de la RDA, la reunificación alemana y el impacto de esta sobre los españoles a través de la prensa.

Estudio de cabeceras

Como se menciona en los objetivos de este trabajo, son dos cabeceras las principales que se van a analizar. Se analizará, principalmente, la claridad de la información, el uso del lenguaje empleado y los datos ofrecidos en las mismas. También se estudiarán las posibles consecuencias o visiones que cada una de ellas quería transmitir al receptor.

Para obtener información sobre estas cabeceras se ha recurrido, esencialmente, a las hemerotecas online que tienen disponibles tanto La Vanguardia como el ABC. También se han situado, espaciotemporalmente, dichas cabeceras gracias a multitud de recursos en línea o información contenida en manuales.

  • ALCANCE E INTERÉS

El interés de este tema radica, principalmente, en considerar el modelo de transición democrático español como un referente no únicamente para regímenes autoritarios sino también para sistemas totalitarios, como era el caso de Alemania oriental. Además, otorgar la importancia que merece este proceso y que, a la hora de estudiar o debatir sobre él no nos ciñamos exclusivamente al territorio que, en la actualidad, comprende España, demostrando que la influencia del mismo no culmina en 1982 con la victoria de un partido socialista en el país. Por lo tanto, resulta interesante analizar en qué contexto se da la Transición española y en qué contexto se produce la Reunificación alemana.

  • BREVE HISTORIA DE LAS DOS ALEMANIAS

La historia de los territorios que hoy conforman Alemania es extensa, rica y convulsa. En el tema que vamos a tratar no es necesario remontarse muy atrás para encontrar las causas que originaron la división de Alemania en dos partes, a pesar de que Carlomagno, los sajones y la casa Hohenstaufen, bien merecen unas líneas en cualquier estudio sobre el país. Sin embargo, es necesario remontarse a la que fue la verdadera unificación de Alemania para comprender mejor un término, a veces, mal empleado por los especialistas.

Tras las guerras napoleónicas y el ‘Zollverein’, todo ello aderezado con el romanticismo y el nacionalismo alemán de fondo, la Revolución de 1848 en Berlín comenzaba a fraguar el proceso de unificación. Una serie de desacuerdos entre Austria y Prusia, y luego entre Francia y Prusia, causaron que Austria dejase plena independencia a Prusia en sus aspectos políticos, y que Guillermo I fuese proclamado ‘káiser’ -emperador- de Alemania en enero de 1871.

El nombramiento de Guillermo I como ‘káiser’ dio lugar al Imperio Alemán, también llamado II Reich, alcanzándose de un modo particular el objetivo principal de la Revolución de 1848: la unificación de Alemania, aunque sin las tan demandadas pretensiones liberales que motivaron también dicha revuelta. El aparato político y militar de la nueva Alemania comenzó a funcionar en plena carrera colonial; Alemania ganó territorios, prestigio y relevancia política tanto en Europa como fuera de ella. Todo este auge colonial y militar alemán, junto con una serie de desavenencias entre las potencias coloniales originaron el estallido de la Primera Guerra Mundial, la cual se saldó con 2.567.000 muertos en Alemania, el fin del II Reich, la imposición del Tratado de Versalles y la instauración de la República de Weimar.

Alemania era la gran perdedora de la Primera Guerra Mundial y la aceptación de lo dispuesto en Versalles sería uno de los puntos débiles de la república. El pueblo alemán no hizo análisis de conciencia sobre su culpabilidad bélica, de hecho ocurrió todo lo contrario, ya que los alemanes se consideraban inocentes y traicionados. El Tratado de Versalles fue recibido como una injusticia por Alemania, lo que propició el ascenso de partidos como el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) de Adolf Hitler, el cual marcaría, irremediablemente, el futuro próximo de los alemanes.

La República de Weimar únicamente duró once años, años en los que la terrible situación financiera hizo estragos en el espíritu democrático del pueblo alemán. En marzo de 1930, el gobierno del socialdemócrata Hermann Müller se vino abajo a causa de los debates sobre la política social del país dando paso a los liberales de Heinrich Brüning. Mientras tanto, el NSDAP de Hitler ganaba adeptos a la par que el gobierno liberal iba perdiendo confianza. En las elecciones de septiembre de 1930 el NSDAP se convirtió en el a segunda fuerza política de Alemania, siendo la primera el Partido Socialdemócrata (SPD). La inestabilidad política del país provocó la celebración de nuevas elecciones en noviembre de 1932, estas convulsas elecciones no dieron la victoria directa al NSDAP de Hitler, pero el miedo generado por el ascenso del Partido Comunista (KPD) hizo que, finalmente, Paul Von Hindenburg designase canciller a Adolf Hitler, iniciándose así el período del nazismo en Alemania.

La Alemania nazi duró doce años, desde 1933 hasta 1945. Doce años marcados por el terror y el belicismo. Adolf Hitler llevaba años ganándose la confianza del pueblo alemán y, desde estructuras democráticas, destruyó el sistema de la República de Weimar hasta instaurar el llamado III Reich. El autoproclamado ‘Führer’ llevó a su país al mayor de los desastres que ha vivido Alemania: la Segunda Guerra Mundial, un acontecimiento que no necesita presentación. La victoria del bando aliado en 1945 acabó finalmente con doce años de nazismo y seis de guerra total. Las cifras hablan por si solas: 5.470.000 muertos o desaparecidos entre civiles y soldados, amén de un país completamente destruido por los continuos bombardeos durante la guerra.

Tras la capitulación del nazismo en mayo de 1945, Alemania quedaba a merced de un consejo de control del bando aliado formado por la Unión Soviética, Estados Unidos, Reino Unido y Francia. Tanto el país como Berlín, su capital, quedarían divididos en cuatro administraciones dirigidas por cada uno de estos países. A pesar del control francés y británico, serían la Unión Soviética y Estados Unidos quienes acapararían el protagonismo, por méritos propios de esta breve tetra-administración.

La zona soviética era la zona más afectada por la guerra. Esta zona oriental fue destruida casi en un 80% y su provecho militar o estratégico era prácticamente nulo, amén de ser una zona tradicionalmente menos poblada y pobre que la occidental. El historiador Jacques Pauwels afirma que:

La división de Alemania proporcionaba a los aliados las zonas más prósperas del país: los grandes puertos del norte, las zonas industrializadas del Rhur y del Saar, las avanzadas zonas de Rhineland y Baviera (…) esto compensaba con creces permitir que la Unión Soviética dominase su territorio oriental” amén del expolio tecnológico que sufrió la zona por parte de los aliados al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

El fin de la Segunda Guerra Mundial y el nazismo supuso un fuerte aumento de la militancia comunista en los países del Este de Europa, muchos de ellos alentados e influenciados por las victorias del Ejército Rojo en la zona. En Alemania ocurrió algo parecido ya que el Partido Socialista (SPD) y el Partido Comunista (KPD) se fusionaron en abril de 1946 creando el Partido Socialista Unificado (SED), el cual ganó las elecciones en octubre del mismo año, obteniendo más del 50% de los votos en la zona soviética.

Rápidamente el SED comenzó una política de nacionalización respecto a empresas capitalistas que habían apoyado el nazismo, entre las que se encontraban Thyssen y Krupp, en contra de una pequeña parte del electorado de la zona oriental. Mientras tanto, en toda Alemania se inició el sistema para permitir la incorporación de ex militantes del NSDAP en los “nuevos” partidos alemanes, lo cual creó una fuerte polémica en la zona controlada por la URSS. Además, en la zona oriental comenzaron a surgir discrepancias sobre la manera en que los aliados estaban llevando a cabo la desmilitarización de la zona occidental, así como la gestión de las reparaciones de guerra. Mientras la URSS gestionaba celosamente su zona, Estados Unidos, Reino Unido y Francia hacían lo mismo con las suyas, aunque de manera conjunta, lo cual fomentó la división política y social de los alemanes de la posguerra.

La existencia de dos bloques diferenciados se convertía en una realidad poco a poco, y ninguna de las partes estaba dispuesta a ceder. Aún así, en diciembre de 1946, el SED convocó un un congreso extraordinario, especialmente dirigido hacia los socialistas y comunistas del Oeste, que abría un debate que llamaba a la unificación definitiva de Alemania a nivel económico y político, obviando lo establecido en Potsdam en 1945.

Las tensiones continuaron en aumento hasta que en julio de 1947 se celebró una cumbre entre los países europeos afectados por la Segunda Guerra Mundial y Estados Unidos en la que se propondría un plan de ayuda para los países afectados. Este plan fue ideado por el secretario de Estado norteamericano George Marshall y se le conoce de forma común como “Plan Marshall”. La Unión Soviética y el resto de países de su órbita fueron invitados a la cumbre, pero únicamente si se integraban en un mercado europeo capitalista, algo que Moscú no iba a aceptar e instó a los países socialistas a no acudir a la cumbre. Desde la órbita soviética se veía al “Plan Marshall” como una herramienta para frenar el comunismo y seguir manteniendo Alemania dividida.

En febrero de 1948, y ante los acontecimientos ocurridos en Praga, Francia, Reino Unido y Estados Unidos lanzan una reforma monetaria en su zona de control, obviando lo acordado en Postdam y realizando una división efectiva de Alemania. Este suceso provocó el bloqueo de Berlín y famoso el puente aéreo aliado, acciones que fomentaron el sentimiento anti-comunista en la zona occidental. El bloqueo terrestre de Berlín generó el efecto contrario a lo esperado y la idea del separatismo ganó más fuerza aún. En mayo de 1949, ante la evidente ineficacia del bloqueo, la Unión Soviética levantó dicho bloqueo.

La tensa coexistencia entre los aliados y la Unión Soviética provocaría el inevitable divorcio entre las potencias que controlaban Alemania, el cual ocurrió pocos días después de que se levantase el bloqueo terrestre de Berlín, el 8 de mayo de 1949, cuando se erigió la República Federal Alemana (RFA). Meses después, concretamente el 7 de octubre del mismo año, entraba en vigor, en la zona oriental, una Constitución que daba lugar a la República Democrática Alemana (RDA). Alemania de nuevo, y en menos de un siglo, volvía a estar separada, iniciándose así una tensa rivalidad entre dos países políticamente contrarios que serían la cabeza visible en Europa de Estados Unidos y la Unión Soviética.

República Democrática Alemana

La República Democrática Alemana –RDA de ahora en adelante- nacía como un Estado socialista de corte e inspiración soviética, celosamente controlado desde Moscú. A pesar de haber sido un país autónomo a efectos legales, la RDA actuó hasta su caída como un títere de la Unión Soviética y como el mejor ejemplo de la existencia de dos bloques antagonistas. Estuvo gobernado en todo momento por el Partido Socialista Unificado (SED), el cual actuó en Alemania Oriental a imagen y semejanza del Partido Comunista de la Unión Soviética. El SED controlaba la Cámara del Pueblo –Volkskammer- la cual actuaba como parlamento, siendo el órgano supremo del Estado.

Su primer presidente fue el comunista Wilhelm Pieck, el cual estuvo exiliado, por motivos políticos, desde 1933 hasta 1945. Pieck gobernó desde 1949 hasta su muerte en septiembre de 1960. Este período se caracterizó, sobre todo, por el establecimiento de la consigna socialista en un Estado que llevaba doce años educándose bajo las directrices del nacionalsocialismo. Para ello se inició una purga absoluta de todo aquello que tuviese algo que ver con el nacionalsocialismo, incluyendo personas, instituyéndose a la par una potente simbología socialista inspirada en la Unión Soviética.

A comienzos de 1950 se creaba el Ministerio para la Seguridad del Estado, conocido popularmente como la Stasi, uno de los iconos de la RDA junto con el Trabant 601. La Stasi actuó como servicio secreto de la RDA a todos los niveles, incluso internacional, pero fue su papel represor lo que hizo tan famoso y temido a este Ministerio.

La zona Oriental, recordemos que era la más afectada por la guerra, aún intentaba recuperarse mediante la nacionalización y la concentración de la industria. En 1951 se lanzó el primer Plan Quinquenal, el cual duraría hasta 1955. Este primer plan establecía una economía fuertemente planificada y, a pesar de aumentar considerablemente la producción, fue mal recibido por los trabajadores, los cuales comenzaron a huir hacia la zona Occidental, surgiendo además un importante mercado negro de materias primas entre los ciudadanos de Berlín Este y Berlín Oeste.

Los latifundios pasaron a convertirse en granjas cooperativistas, la industria pesada acaparó el protagonismo de su sector y una débil industria de consumo de corte soviético comenzó tímidamente a ver la luz. Fue en este mismo momento, en el verano de 1953, cuando estalló una revuelta de trabajadores, a causa de los bajos salarios, que provocaría un giro radical en la política de la RDA, coincidiendo además con la muerte de Iossif Stalin en la URSS. A partir de ese momento Alemania Oriental ganó más autonomía al disolverse la Comisión de Control Soviética, entrar en el COMECON y el Pacto de Varsovia.

En 1960 muere Wilhelm Pieck, sucediéndole Walter Ulbricht, el cual gobernaría en la RDA desde 1960 hasta 1973. El inicio del mandato de Ulbricht estuvo caracterizado por la crisis de 1961 en Berlín, ocasionada por las presiones desde la URSS hacia la zona Occidental con el fin de eliminar la presencia militar norteamericana de la RFA. Ante la inflexibilidad de las fuerzas occidentales respecto a las presiones de Moscú, Ulbricht decidió reforzar la seguridad militar y policial de la frontera, mandando la construcción del Muro de Protección Antisfascista, conocido como el Muro de Berlín, ese mismo año. Gerhart Eisler, horas después del levantamiento del “muro” en Berlín, decía lo siguiente ante los medios de comunicación:

La capital de la República Democrática Alemana sigue siendo roja y lo será siempre, estoy seguro incluso de que la bandera roja la clase obrera, la bandera del socialismo, ondeará un día en toda Alemania

A pesar de la dureza política de Walter Ulbricht, su período como Presidente de la RDA fue fructífero económicamente. Se adoptó un nuevo sistema, se suprimió el Consejo Económico y se crearon nueve Ministerios diferentes centrados en sectores concretos de la industria. El nivel de vida en la RDA aumentó considerablemente y el número de exiliados bajó en consecuencia.

Mientras tanto, a pesar de que Ulbricht siguiese siendo Presidente, ganaba más fuerza la figura de Erich Honecker. A comienzos de los años setenta, y a pesar del papel que jugó la RDA durante la Primavera de Praga, se iniciaría una apertura entre la RFA y la RDA a nivel diplomático y económico, con intercambios de diplomáticos y tecnología.

Los buenos números, en términos económicos, llevaron a la creación de un Segundo Plan Quinquenal cuyo objetivo era evitar el estancamiento económico del país gracias a inversiones en tecnología y el fomento de los bienes de primera necesidad. Los salarios aumentaron, los bienes de consumo se multiplicaron e incluso llegó a aparecer una pequeña industria orientada a los bienes de lujo. Pero el segundo plan fracasó en parte y el excesivo apoyo en los créditos extranjeros llevaron al estancamiento económico en la RDA.

En agosto de 1973 muere Walter Ulbricht, sucediéndole brevemente Willi Stoph durante tres años, hasta que en 1976 se nombra presidente a Erich Honecker el cual gobernó en la RDA hasta, prácticamente, la caída del Muro de Berlín a finales de 1989. Su etapa se caracterizo por el acercamiento político hacia la Unión Soviética de Leónidas Brézhnev a la par que realizaba un claro aperturismo internacional, incluso con países occidentales. A pesar de los logros económicos del país, la RDA colapsaría bajo su gobierno, convirtiéndose por ello, y por méritos propios, en el dirigente más icónico de la Alemania Oriental.

República Federal Alemana

La República Federal de Alemania –RFA en adelante- suponía la continuación natural de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial, de hecho, en muchos contextos se la denominaba únicamente como Alemania con el fin de legitimar su sistema y desprestigiar a la zona oriental. Su territorio era considerablemente mayor que el de la RDA, con una superficie de 248.717 km2, más del doble que la Alemania del Este. Lo mismo ocurría con su población: 61 millones de habitantes, aproximadamente, frente a los 16 de la RDA. Nacía como una República parlamentaria con un sistema económico capitalista con una fuerte carga en políticas sociales.

Su primer canciller fue Konrad Adenauer, el cual gobernó desde 1949 hasta 1963. Durante su gobierno, la RFA se formó como Estado, convirtiéndose en un referente político y económico a nivel internacional, sobre todo gracias al Plan Marshall, principal artífice del llamado “milagro alemán”. Amén de realizar una intensa y efectiva labor diplomática con las potencias occidentales.

A Adenauer le sucedió el liberal Ludwig Erhard en 1963. Durante su breve mandato comenzaron a aflorar problemas clásicos del sistema liberal y la economía llegó a estancarse, generando desempleo, aumento de los impuestos y descontento social. Le sucedió en 1966 el conservador Kurt Georg Kiesinger, cuyo gobierno estuvo marcado por la inestabilidad política que arrastraba la RDA desde el mandato de Erhard, además su anterior militancia en el partido Nacionalsocialista alemán (NSDAP).

En 1969 llegaba a la Cancillería Federal el socialdemócrata Willy Brandt cuya política estuvo marcada por el acercamiento hacia la RDA con la doctrina de la Nueva Política Oriental. La adopción de nuevas políticas sociales, el afianzamiento del Estado del bienestar y el inicio de intercambios comerciales con países del bloque oriental fueron algunos de los logros más destacados del gabinete de Brandt.

En 1974 llegaba al poder el europeísta Helmut Schmidt, miembro también del Partido Socialdemócrata (SPD) al igual que Willy Brandt. Sus años en el poder se caracterizaron por una política centrada en la Comunidad Económica Europea (CEE). Fue una etapa de cierto alejamiento respecto a la RDA, la esperanza de la reunificación que tanta fuerza había cobrado durante el período de Brandt se disolvió debido, en gran parte, a la radicalización de la política exterior soviética durante los últimos años de Brézhnev, especialmente el inicio de la guerra en Afganistán (1979-1989).

A finales de 1982 entraba en la Cancillería el historiador Helmut Kohl. Durante su mandato la Unión Soviética daría un giro radical en su política gracias al ascenso de Mijaíl Gorbachov en 1985, el cual inició una importante reforma que se propagaría a diversos países de la órbita soviética. Este hecho, la debilidad internacional de los Estados socialistas y la fortaleza, tanto económica como política, de la RFA hizo que, los alemanes del Este y el Oeste se planteasen de manera definitiva la tan ansiada reunificación.

  • DERRUMBE DE LA RDA

1989 fue, a todas luces, un año nefasto para el socialismo internacional. Dos años antes fue asesinado Thomas Sankara en Burkina Faso. En la República Popular de Hungría caía el Partido Comunista a la par que abrían sus fronteras con Austria para que ciudadanos de Alemania Oriental pudiesen atravesar hasta la zona Occidental. Nicolae Ceausescu y su mujer fueron fusilados en Rumania. Estallaron las protestas de Tiananmen debido a las reformas de Deng Xiaoping en China. Y cayó el Muro de Berlín, abriendo la frontera entre la RFA y la RDA, provocando el posterior derrumbe de Alemania Oriental. Pero para comprender la famosa caída del Muro de Berlín y sus consecuencias es necesario remontarse unos años atrás.

Una serie de políticas laborales, junto con una balanza de pagos desajustada, provocó cierto rechazo entre la población de la RDA a mediados de los años ochenta. El Partido Socialista Unificado (SED) se iba alejando peligrosamente de la supuesta democracia socialista que defendía con una política represora, en la que la Stasi jugó un papel fundamental, documentándose más de 20.000 procesos únicamente en 1988. El país acusaba, además, problemas de abastecimiento en alimentos básicos y su deuda externa llegó a alcanzar más de 12.000 millones de dólares.

La ‘Perestroika’ de Mijaíl Gorbachov en la Unión Soviética era vista de forma recelosa desde algunos dirigentes del SED, sobre todo por Erich Honecker. A pesar de todo, en el XI Congreso del SED en 1986, Mijaíl Gorbachov mostró apoyo hacía la política de Honecker con el objetivo de que la RDA iniciase un aperturismo mayor hacia la RFA, aunque sus esfuerzos no tuvieron éxito. “Honecker se oponía a Moscú en cuanto a la apertura del sistema comunista y parecía inflexible al ignorar los cambios políticos de su tiempo”.

En octubre de 1989, en el cuadragésimo aniversario de la RDA, Gorbachov asiste al acto con el objetivo de hacer ceder a Honecker. La figura de Gorbachov en el desfile del Ejército Popular Nacional fue vista como la de un libertador, los alemanes orientales clamaban “¡Gorvi, sálvanos!” mientras en las calles sonaba “V Put” y miembros de la ‘Volkspolizei’ intentaban contener a la multitud.

El 18 de octubre, once días después del aniversario de la RDA, Erich Honecker dimitía como jefe de gobierno, dando paso al reformista Egon Krenz. Mientras tanto, la emigración desde la RDA a la RFA se contaba por cientos de ciudadanos, lo cual motivó que el 6 de noviembre el gobierno de la RDA presentase un proyecto, para modificar la legislación, que permitiría realizar viajes al exterior.

En la tarde del 9 de noviembre, Günter Schabowski declaraba en una conferencia, retransmitida en directo en la RDA, que absolutamente todas las restricciones para viajar fuera del país habían sido retiradas, es decir, el proyecto del 6 de noviembre se había hecho efectivo, declarando lo siguiente:

Se autorizan los desplazamientos a países extranjeros sin condiciones preliminares de ningún tipo respecto a los motivos del viaje…la gente que abandone el país podrá salir por cualquiera e las fronteras de Alemania Oriental con la RFA, incluso desde Berlín”

Los viajes al extranjero podían realizarse ya sin la presentación de un justificante, motivo de viaje o lugar de residencia. Schabowski aseguraba, a las 18:50 de la tarde, que la ‘Volkspolizei’ había sido instruida para autorizar los permisos de viaje. Cuando un periodista italiano le preguntó a Schabowski: “¿Cuando entrará en vigor esta medida?” el miembro del Comité Central del SED le respondió “De inmediato”. Pero cometió un error, ya que dicha medida no entraba en vigor inmediatamente, sino a la mañana siguiente, el 10 de noviembre. Sin embargo, ya era tarde para rectificar, la conferencia había sido retransmitida en directo para toda la RDA y miles de ciudadanos de lanzaron a la calle para intentar traspasar la frontera con la RFA.

La ‘Volkspolizei’ y los miembros del ejército no habían sido informados ni instruidos, como había asegurado Schabowski apenas una hora antes, lo que originó una situación de tensión en los primeros momentos. Pero, al no recibir órdenes directas, comenzaron a abrir lentamente los principales puntos de acceso del muro. Las imágenes del momento, mundialmente conocidas, hablan por si solas ya que muchos ciudadanos de la RDA apenas esperaron a que estos puntos fuesen abiertos y, directamente, cortaron las alambradas, con la ayuda de sus compatriotas del Oeste, para saltar el muro.

Rápidamente los medios de comunicación de todo el mundo se hicieron eco de la histórica noticia. En España, el Telediario 2 cubría el acontecimiento, la presentadora María Pau Domínguez comenzaba las noticias con las siguientes frases:

“Buenas noches, Berlín, como acaban de ver, es un clamor de libertad. Miles de personas han tomado, literalmente, un muro que, hasta hace 24 horas, significaba la división entre el Este y el Oeste. Hoy mismo, fuerzas policiales de la Alemania Oriental han comenzado el derribo de la vergonzosa muralla, y los dirigentes de las dos Alemanias ya proclaman a los cuatro vientos su deseo de lograr una nación unida.

Las superpotencias, mientras tanto, han acogido con satisfacción el derribo del muro pero no han ocultado su preocupación por la perspectiva de una sola Alemania. (…) En Moscú, el Kremlin se ha felicitado por la apertura del Muro de Berlín y el proceso de cambios abierto en la Alemania del Este. Sin embargo, el portavoz oficial soviético ha advertido al gobierno federal alemán que las fronteras actuales no deben modificarse ni debe hablarse de reunificación alemana”.

El embajador de la RDA en Madrid, Harry Spindler, declaraba, esa misma tarde, lo siguiente ante Televisión Española:

Nosotros pensamos que es una decisión realmente histórica, y también trascendental porque es la primera vez que se abren las fronteras de esta forma. La gente que quiere viajar, los ciudadanos de la República Democrática Alemana. De esta forma, yo creo que todo está incluido en el proceso de la ‘Perestroika’ que está haciendo ahora la dirección política nueva, el Comité Central, el Politburó político del Partido Socialista Unificado e incluso el gobierno de la República Democrática Alemana”.

Por su parte, el embajador de la RFA en España, Guido Brunner, comentaba:

Es un día de la libertad y es, al mismo tiempo, una gran esperanza. A mi me parece que esto es un proceso que nos lleva hacia una democracia con elecciones libres, y que nos lleva a una relación en que las personas podrán determinar su propia vida en libertad. (…) Sentí una gran alegría al saberlo [la apertura de las fronteras] y creo que podemos hacer muchas cosas para el beneficio de toda Europa, en común los alemanes del Este y los alemanes occidentales”.

El Canciller Federal alemán, Helmut Kohl, pronunciaba estas palabras, a última hora del 9 de noviembre de 1989: “Las dos Alemanias deben trabajar unidas, los alemanes forman una sola nación”, pidiendo además a los dirigentes de la RDA que cediesen el monopolio del poder permitiendo así elecciones libres.

Al día siguiente, alemanes de los dos lados del muro, ayudados por ambos cuerpos de policía, comenzaban a derrumbar el muro. La construcción del Muro de Protección Antifascista en 1961 -Muro de Berlín- costó unos 16.155.000 de marcos de la RDA. Con una longitud de 155 kilómetros, estaba protegido por cables de alarma, trincheras contra los vehículos rodados, alambre de espino, 30 búnkers y más de 300 torres de vigilancia.

Con la apertura de las fronteras, la RDA firmaba públicamente su colapso. Se derrumbó rápidamente, como la mayoría de repúblicas socialistas del momento, eliminando la idea de un sistema político bipolar en el mundo. Alemania Oriental, desde comienzos de los años ochenta, intentó realizar reformas modernizadoras pero “por falta de apertura al mercado exterior no participó de la división internacional de tareas y siguió produciendo con fines autárquicos una cantidad y variedad de productos que eran excesivos para un país tan pequeño” (…) El sistema centralizado de planificación económica se mostró totalmente incapaz de adaptarse rápidamente a las nuevas necesidades de la sociedad”.

Es decir, el sistema de economía planificada de la RDA, cuyo único mercado era, prácticamente, el cómputo de países del COMECON, los debates internos dentro del SED y la inflexibilidad de Erich Honecker ante el proceso de la ‘Perestroika’, impulsado por la Unión Soviética, fueron los principales factores que motivaron la caída de la RDA y la posterior reunificación de Alemania, la cual se hizo efectiva en 1990. Prácticamente desde el momento de la caída del Muro de Berlín, se abría en Alemania un importante debate sobre la reunificación -que para los ciudadanos de la RDA suponía una transición política-, la unión monetaria y la reestructuración económica.

  • LA COBERTURA POR PARTE DE LA PRENSA ESPAÑOLA Y SU RECEPCIÓN DOMÉSTICA EN ESPAÑA

El cuarto poder: la prensa y su importancia en la caída de la República Democrática Alemana

Popularmente se conoce a los medios de comunicación como el cuarto poder, concepto que nació en el siglo XVIII. A día de hoy se sigue utilizando con asiduidad y sentido. Es innegable que el poder de los medios de comunicación a la hora de cubrir determinados eventos políticos, sociales o económicos es de suma importancia, ya que, desde su punto de vista parcial, modifican conforme a sus intereses la opinión pública afín a su línea editorial. Es decir, si a un determinado diario le interesa hacer caer a un régimen en concreto, usará un tipo de lenguaje concreto y realizará un sesgo de la información efectivo para conseguir su objetivo, detrás del cual pueden encontrarse intereses políticos, económicos, sociales e incluso personales. No resulta extraño que un mismo acontecimiento tratado por dos diarios opuestos ideológicamente únicamente coincidan en la información básica, haciendo un uso del lenguaje completamente diferente y resaltando aquella información que consideran más relevante conforme a sus intereses o público objetivo. Con esta breve aclaración no se pretende asegurar que los medios de comunicación falten a la verdad, sino que usan la información que estiman oportuna y otorgan importancia a los aspectos más relevantes con el fin de modificar o afianzar la opinión pública.

En el caso de la caída de la RDA, es curioso observar como diarios como ABC o La Vanguardia, de marcado carácter conservador, realizan una cobertura de los hechos muy influenciada por la visión del mundo occidental respecto al oriental. Esto no es algo exclusivo de estos dos diarios, la propia Televisión Española realizaba una cobertura similar a la de estos diarios, y debemos recordar que, pro aquél entonces, gobernaba España un gabinete socialista. Es decir, la visión de los medios de comunicación occidentales, y en concreto los españoles, fue prácticamente unánime a la hora de cubrir y analizar la caída de la Alemania Oriental: todos coincidían en que el gobierno de la RDA era reaccionario, anacrónico y totalitario, por lo que su caída era motivo de celebración y esperanza para los alemanes orientales. Para este estudio se han escogido cuatro cabeceras que abordan la caída de la RDA en noviembre de 1989, dos del diario ABC y dos de La Vanguardia.

Breve explicación de la línea editorial de los diarios ABC y La Vanguardia

ABC es un diario español de tirada nacional con sede en Madrid fundado en enero de 1903 por Torcuato Luca de Tena y Álvarez Ossorio, aristócrata y noble sevillano considerado como una de las figuras clave en la historia reciente de la prensa española. Es uno de los diarios más importantes en España, destacando sus ediciones de Madrid y Sevilla. Pertenece al grupo Vocento, el cual está formado por más de 100 empresas, destacando los diarios Las Provincias, Diario Sur, La Verdad o El Correo (País Vasco), así como emisoras de radio como COPE. La página web del grupo es <http://www.vocento.com>.

Fue uno de los pocos periódicos que sobrevivió a la Guerra Civil (1936-1939), cambiando por completo su línea editorial. Ateniéndonos a la línea seguida a partir de la Transición, el diario ABC tiene una marcada tendencia conservadora, monárquica y católica. Se ha caracterizado siempre por su actitud crítica con los gobiernos socialistas y conciliadora con los de derechas, llegando a considerar al diario El País como su rival durante los gobiernos de Felipe González (1982-1996). También así, respecto a la política internacional, el diario ha optado siempre por posicionarse a favor del libre mercado al mismo tiempo que se convertía como una de las referencias anticomunistas en la prensa nacional.

La Vanguardia es un diario español, también de tirada nacional, con sede en Barcelona y que fue fundado en 1881 por los hermanos Godó, políticos y empresarios catalanes durante el siglo XIX. Es uno de los diarios españoles más antiguos que sigue publicándose en la actualidad. A pesar de su carácter regional, es también uno de los diarios más importantes de España y el más leído en Cataluña. Pertenece al grupo Godó, el grupo de comunicación español más antiguo que existe, con publicaciones como Mundo Deportivo y canales de televisión como 8TV. El sitio web del grupo es <http://www.grupogodo.com>.

Durante la II República (1931-1936) y la Guerra Civil (1936-1939), La Vanguardia destacó por su carácter progresista y republicano, lo que originó que fuese incautado por parte del bando nacional. Acabada la guerra, con la victoria de los nacionales, su director fue obligado a cambiar la cabecera por La Vanguardia Española. Su línea editorial es conservadora y nacionalista, ya que desde el año 2011 recibe subvenciones de la Generalidad de Cataluña, cuyos intereses abogan por la escisión del territorio español. Se publica en castellano y, recientemente, en catalán.

  • Selección de cabeceras españolas ante los acontecimientos ocurridos en Alemania oriental en noviembre de 1989

Diario ABC (Fechas de vaciado: 1-11-1989 a 31-12-1989)

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CABECERA Nº1 – Miércoles 8 de noviembre de 1989. Página 25.

DIMISIÓN EN PLENO DEL GOBIERNO DE LA RDA.
Convocado el Parlamento para la elección de un nuevo Gabinete / La población exige el fin de la hegemonía del partido comunista / Un mes después de Honecker.

Un día antes de la caída del muro de Berlín y dos días después del comunicado del gobierno de la RDA en el que se comprometían a realizar reformas para permitir la libre circulación de sus ciudadanos por Europa, el diario ABC lanzaba este premonitorio titular en su página 25 de la edición del miércoles 8 de noviembre de 1989, en la sección Internacional.

Si analizamos el primer y el segundo subtítulo –Convocado el Parlamento para la elección de un nuevo Gabinete / La población exige el fin de la hegemonía del partido comunista-, escrito por Juan Ignacio Cuesta, encontramos un primer copete bastante imparcial que resume parte del cuerpo de la noticia. Sin embargo, el segundo subtítulo y copete son bastante más explícitos, reflejando por un lado que la RDA es un sistema comunista y totalitario, y por otro lado la línea editorial del diario queda plasmada al dejar una incógnita en el aire. Este segundo subtítulo es bastante más importante que el primero, sobre todo desde la óptica doméstica que queremos analizar, puesto que intentaba transmitir al receptor una situación de total incertidumbre con pocas garantías, a pesar de que el gobierno de la RDA asegurara el 6 de noviembre

-dos días antes de esta noticia del ABC- que estaban trabajando en un proyecto para modificar la legislación con el fin de permitir a los ciudadanos de la RDA viajar al exterior. Es decir, el diario pretende con este segundo subtítulo y copete generar desconfianza en el lector hacia la RDA y sus dirigentes, modelo europeo de Estado socialista, en una época en la que además la Izquierda Unida (IU) de Julio Anguita lograba 17 escaños en el Congreso de los Diputados pocos días antes de la caída del muro de Berlín.

En los tres primeros párrafos el periodista Juan Ignacio Cuesta introduce el tema a tratar acorde a la línea editorial del diario ABC. En estos párrafos se afirma que la renovación del Gabinete por Egon Krenz, renovador y artífice de la caída del muro, es un arma de doble filo ya que el Gobierno es una marioneta del partido. Estas palabras reflejan la poca confianza del diario en el nuevo dirigente de la RDA, así como ponen de manifiesto que es el SED el que controla al Gobierno, es decir, que todo forma parte de una estrategia por parte del mismo. Por otro lado, en el tercer párrafo, se comenta que el Parlamento (Cámara del Pueblo / Volkskammer) no se atreve a dar el paso, cuyo objetivo sería tener una cámara parlamentaria libre, por miedo al partido, puesto que esto supondría el fin de la hegemonía del mismo. En esta introducción, como vemos, es muy importante el uso del lenguaje que utiliza el periodista del ABC; se quiere recalcar que la RDA es un Estado totalitario, sin garantías de ningún tipo. Además, con palabras como “atreverse” intenta introducir también, en el receptor, una sensación de miedo e incertidumbre.

El cuarto párrafo es uno de los más interesantes de analizar ya que el autor apunta la posibilidad de que las calles de la RDA se conviertan en el escenario de una sangría debido a las “masivas” manifestaciones y la huída sistemática del país. Además parece incluso justificar un una revuelta violenta por parte de la gente exigiendo unas elecciones libres, a la que considera agotada. Deja esta pregunta en el aire asegurando que todo depende del SED. Este cuarto párrafo es la mejor muestra, en la noticia, de la línea editorial del ABC. Hace uso de un lenguaje muy violento e incluso de contradicciones -como incitar o justificar una revuelta armada para exigir elecciones libres-. El objetivo principal es, sin duda, mostrar al receptor una situación de caos absoluto, de desesperación y de brutalidad.

Los sexto, séptimo y octavo párrafos se centran, sobre todo, en las dimisiones de altos cargos de la RDA. Comienza aludiendo a una manifestación de 5000 personas en el centro de Berlín, los cuales exigían a Egon Krenz sufragio libre y universal. Al respecto de las dimisiones, apunta que cuatro dirigentes del SED habían abandonado su puesto, así como la renuncia del alcalde de Leipzig, que aseguraba haber perdido la confianza de la población, y la dimisión de la Ministra de Educación, Margot Honecker, esposa de Erich Honecker, esta última aseguraba, según ABC, haber dimitido debido a su devoción hacía las férreas líneas ideológicas del partido. Se apunta también la elevada edad media de los miembros del Politburó, asegurando que Krenz buscaba sustitutos jóvenes. El periodista intenta, con estos dos párrafos, hacer ver al lector que el sistema de la RDA estaba desmoronándose poco a poco, con la dimisión de importantes figuras como la de Margot Honecker. Además, intenta responsabilizar a Egon Krenz de cierto continuismo, depositando poca confianza en el efímero y reformista Jefe de Estado. Al respecto de la edad media del Politburó, lo que se intenta mostrar al receptor es que el sistema de la RDA es anacrónico.

Los párrafos noveno y décimo son de suma importancia en la noticia, puesto que dan cifras exactas sobre la situación en la RDA, buscando sobre todo impresionar al receptor. Se dice que unos 30.000 alemanes orientales han pasado de Checoslovaquia a la RFA desde que Checoslovaquia abriese su frontera, y que 45.000 aún esperan a dar el salto a la zona occidental. Aseguran también que estas oleadas de exiliados políticos están poniendo en un aprieto a las autoridades de la RFA, las cuales se ven desbordadas. Apunta también, redondeando cifras que no se pueden contrastar, que el día 6 de noviembre hubo medio millón de manifestantes en Leipzig y unos 200.000 en otras ciudades. El lenguaje empleado en estos párrafos es también muy importante ya que intenta mostrar, de nuevo, una situación desesperada para los alemanes orientales, además de transmitir al receptor la situación colateral que estaban viviendo en la RFA debido a esto. El periodista patina soberanamente al asegurar que hubo medio millón de manifestantes en Leipzig, cuya población total era, y es, precisamente de medio millón de habitantes. Pero este “error” tiene cierta justificación si nos atenemos a la línea editorial del diario y a su objetivo principal con esta noticia.

Los dos últimos párrafos son utilizados para concluir la noticia. En ellos se intenta mostrar el caos interno que viven las instituciones de la RDA, en las cuales hay voces que exclaman una reforma radical. El periodista no duda en llamar ignorantes y arrogantes a los responsables del SED para sentenciar la noticia.

El subtítulo “Un mes después de Honecker”, vuelve prácticamente a lo mismo que lo anterior. Da cifras difíciles de contrastar sobre las manifestaciones en Leipzig, así como se atreve a asegurar que un millón de personas se congregaron el día 4 de noviembre frente al muro de Berlín. Hace uso también de un lenguaje muy medido acorde a la línea del diario, con palabras como “muro de la vergüenza” y “obsoleto sistema comunista”.

Como podemos observar, esta noticia del ABC, del miércoles 8 de noviembre de 1989, no falta -salvo en cifras sin contrastar- a la verdad, sin embargo el periodista Juan Ignacio Cuesta hace uso de un lenguaje muy cercado a la ideología política del diario, llegando incluso a descalificar al gobierno de la RDA y sus dirigentes. Es evidente que la RDA no era el paraíso que aseguraban desde Berlín y Moscú, pero tampoco el infierno que mostraban determinados sectores de la prensa occidental, entre ellos el ABC, puesto que no hay que olvidar que la RDA fue el Estado socialista que mejor nivel de vida tenía en el momento, por encima incluso de determinados países alineados con Occidente.

Diario La Vanguardia (Fechas de vaciado: 1-11-1989 a 31-12-1989)

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CABECERA Nº2 – Lunes 13 de noviembre de 1989. Página 3.

LOS DOS ALCALDES DE BERLÍN PRESIDEN EL DERRUMBE DE UN TROZO DEL MURO / DOS MILLONES DE GERMANORIENTALES PASARON ESTE JUBILOSO FIN DE SEMANA A BERLÍN OESTE

Cuatro días después de la caída del muro de Berlín, en un ambiente de alegría y esperanza para las dos Alemanias, La Vanguardia lanzaba dos titulares en su página 3 del lunes 13 de noviembre de 1989 de la sección internacional. Uno de ellos, el principal, mostraba una situación de esperanza para los alemanes orientales, no sin una leve crítica hacía la trayectoria de la RDA. El segundo de ellos, más explícito, mostraba al lector una situación a caballo entre la alegría y la desesperación que vivían los alemanes orientales. Ambos titulares mostraban, a pesar de la situación de incertidumbre, un halo de esperanza que marcaba el fin de una era. El antetítulo o epígrafe siguiente  resume, a la perfección, la primera noticia de la página:

La nueva era de fraternización entre las dos Alemanias fue simbolizada ayer por el apretón de manos entre los dos alcaldes del Este y Oeste de Berlín en la apertura de un nuevo paso fronterizo en el muro. Ayer ya sumaban más de cuatro millones los alemanes orientales que han solicitado visado para viajar a países de Occidente”.

Analizando el primer párrafo el titular “Los dos alcaldes de Berlín presiden el derrumbe de un trozo del muro” se habla de una normalización entre las relaciones de las dos partes y de un tránsito mutuo de berlineses hacia cada una de las zonas. El diario usa un lenguaje bastante neutral e incluso esperanzador, parece querer transmitir al receptor una situación de tranquilidad.

Los párrafos segundo, tercero, cuarto y quinto abordan los actos simbólicos entre los dos países. El primero de ellos es la apertura de un nuevo paso fronterizo en el muro presidido por los dos alcaldes de Berlín. Habla también de la visita del presidente de la RFA al muro para charlar con los ciudadanos de la RDA, así como un acto religioso en el que el presidente de la RFA elogia al pueblo de la Alemania oriental por haber conseguido ganar la libertad de forma pacífica a la vez que realizaba una leve crítica sobre la existencia del icónico muro levantado por la RDA en 1961. De nuevo, La Vanguardia, firme a su línea editorial del momento, usa un lenguaje neutral y comedido que transmite al lector una situación de consenso entre las dos Alemanias, fiel reflejo del espíritu de reunificación del momento.

El sexto, séptimo y octavo párrafos sirven como una llamada de atención para hacerle ver al receptor que no todo es una situación idílica, ya que comenta que han existido momentos de tensión en la frontera, concretamente, en esta ocasión, protagonizados por radicales occidentales. Pero rápidamente vuelve a evocar el espíritu de cooperación al asegurar que los departamentos de policía de ambas partes están trabajando conjuntamente para evitar estas situaciones de tensión, además alude a la foto que aparece en la noticia, en la que policías de ambas partes se estrechan la mano e intercambian las gorras. Además, concluye la noticia con el encuentro de los embajadores de EEUU en la RFA y de la URSS en la RDA para intercambiar opiniones sobre los acontecimientos.

El segundo titular “Dos millones de germanorientales pasaron este jubiloso fin de semana a Berlín Oeste”, hace referencia a la gran oleada de ciudadanos de la RDA, en torno a unos cuatro millones según La Vanguardia, que quieren pasar a la zona occidental entre un ambiente de júbilo y algarabía. El lenguaje empleado, de nuevo, es bastante neutral e incluso es condescendiente, por lo que el fin de este titular es, de nuevo, tranquilizar al lector con la alegría que vivían en ese momento los ciudadanos de las dos Alemanias.

Observando estos dos titulares de La Vanguardia, del lunes 14 de noviembre de 1989, observamos un claro contraste respecto al que hemos visto del ABC del 8 de noviembre de 1989. Es cierto que el titular del ABC es bastante más incendiario, pero también está redactado un día antes de la caída del muro por lo que la situación de incertidumbre era aún mayor y la RDA no se había pronunciado claramente sobre cómo iba a realizar la reforma que permitiese viajar libremente a sus ciudadanos. Aún así, el titular del diario madrileño buscaba, sobre todo, transmitir una situación caótica y límite sobre la RDA, mientras que el diario barcelonés buscó cinco días después tranquilizar al lector y hacerlo partícipe de la situación de alegría que suponía la caída del muro.

Así pues, podemos afirmar que los titulares de cada periódico van acordes a su línea editorial y que la recepción de los acontecimientos que estaba viviendo Alemania a comienzos de noviembre de 1989 variaba considerablemente dependiendo de la cabecera escogida por el lector. Más afín a La Vanguardia que al ABC se mostraba Televisión Española en su Telediario 2 del 9 de noviembre de 1989, en el que cubre la caída del muro de Berlín con un lenguaje neutral y comedido con el fin de transmitir los hechos lo más objetivamente posible al telespectador.

  • DESCRIPCIÓN BÁSICA DEL MODELO ESPAÑOL DE TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA

La transición española ha sido un modelo internacionalmente reconocido al ser pacífica y consensuada, cambiando el sistema legislativo, ejecutivo y judicial por completo, pasando de un Estado autoritario paternalista a una democracia parlamentaria. En su momento generó gran expectación, muchos países tomaron buena nota del proceso democratizador que se estaba generando en España. Una vez realizado, con éxito, el paso de la dictadura a la democracia -a pesar de incidentes como el 23F-, el modelo español fue, y sigue siendo, objeto de estudio.

La transición en España se sirvió de los mecanismos legales de la dictadura para propiciar el fin de la misma, algo que fue favorecido, sin duda alguna, por la poca fuerza del partido único -Movimiento Nacional-, cosa que no ocurría en otros países como la RDA, Hungría o Rumana. Además, económicamente, al estar abierta al mercado capitalista internacional -compuesto por muchos más países que el COMECON-, España gozaba de una economía relativamente más saludable en el momento de la muerte de Francisco Franco.

Además, el legado democrático en España era mayor que en países como Alemania, Rumania o Polonia. A pesar de la cuestionable democracia española a finales del siglo XIX, el país contaba con las estructuras suficientes y necesarias para introducir, de forma efectiva, una democracia tras casi cuarenta años de represión política.

Pero, para comprender la transición española es preciso definir el sistema político que precedió a la democracia: el Franquismo. En primer lugar hay que aclarar que el Franquismo fue una dictadura ya que, según la Real Academia de la Lengua Española, una dictadura es, en sus acepciones tercera y cuarta:

Gobierno que, bajo condiciones excepcionales, prescinde de una parte, mayor o menor, del ordenamiento jurídico para ejercer la autoridad en un país” y “gobierno que en un país impone su autoridad violando la legislación anteriormente vigente”.

Respecto a la ideología de la dictadura franquista se ha debatido largo y tendido, hay diversidad de opiniones. Según Juan José Linz, el Franquismo fue un régimen autoritario ya que se caracterizaba por tener una carencia ideológica evidente, poca participación política por parte de la población, el importante papel del ejército y la nula relevancia del partido único. Aunque otros autores, como Manuel Tuñón de Lara, defendieron que se trataba de un régimen fascista o totalitario. En este estudio calificaremos, y tendremos en cuenta, al Franquismo como un régimen autoritario paternalista y no como un régimen fascista o totalitario.

Una vez constituido el nuevo gobierno en julio de 1976, Adolfo Suárez tuvo que enfrentarse a la decisión de anular la resistencia de los continuistas del régimen, atrayendo hacia su proyecto a una parte de la oposición antifranquista. Para ello, y ante un momento que podemos calificar de sumamente histórico, el presidente Suárez se dirigió a los españoles a través de la televisión realizando las siguientes declaraciones:

El gobierno que voy a presidir no representa opciones de partido sino que se constituirá en gestor legítimo para establecer un juego político abierto a todos. La meta última es muy concreta: que los gobiernos del futuro sean el resultado de la libre voluntad de la mayoría de los españoles, y para ello solicito la colaboración de todas las fuerzas sociales del país”.

Con esta declaración Adolfo Suárez, iniciaba, de facto, el proceso de transición a la democracia.

La primera medida que tomó el gobierno fue decretar una amnistía aplicable a delitos y faltas de motivación política o de opinión recogidas en el Código Penal en curso. Se elaboró una nueva Ley Fundamental conocida Ley para la Reforma Política (Ley 1/1977, de 4 de enero), la cual suponía, a todos los efectos, el desmantelamiento del régimen. La formulación y aprobación de esta ley generó momentos de gran tensión política y social ya que una parte de los ciudadanos eran reacios al cambio, puesto que, hasta ahora, el régimen les había dado estabilidad laboral, social y sanitaria.

Aún así, la ley salió adelanta y fue sometida a referéndum nacional el 15 de diciembre de 1976. Este referéndum contó con una alta participación política, cercana al 77% del censo electoral, y obtuvo más de un 80% de votos a favor. Así pues, una vez aprobada la Ley para la Reforma Política en enero de 1977 se establecía el concepto de soberanía popular en España tras, prácticamente, cuarenta años. Se creó un sistema bicameral de Cortes, la Cámara Alta sería el Senado y la Cámara Baja el Congreso de los Diputados, los miembros de ambos sería elegidos por sufragio universal libre, directo y secreto, con un mandato de cuatro años.

En junio de 1977 se celebraban en España las primeras elecciones generales tras la dictadura franquista, una jornada que se resolvió sin incidentes, con una participación de casi el 80% del censo electoral. La victoria la obtuvo la Unión de Centro Democrático (UCD) de Adolfo Suárez con mayoría relativa, consiguiendo 166 escaños. Pero la gran sorpresa fue el alto porcentaje de votos que obtuvo el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), con Felipe González a la cabeza, alcanzando 118 escaños, casi el 30% de los votos.

Pero el texto que haría consolidar definitivamente la democracia en España sería la Constitución Española de 1978, la Carta Magna del nuevo modelo de país. La Comisión de Asuntos Constitucionales del Congreso se encargó de la redacción de la Constitución tras el fracaso de un grupo de expertos. Fueron siete miembros en representación de una serie de tendencias políticas más que de partidos: José Pedro Pérez Llorca (UCD), Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón (UCD), Gregorio Peces Barba (PSOE), Jordi Solé Tura (PCE-PSUC), Manuel Fraga (AP) y Miquel Roca Junyent (nacionalistas vascos y catalanes).

La Constitución se redactó conforme a la política de consenso que imperaba en el momento; prácticamente todos los partidos querían avanzar hacia la democracia parlamentaria, por lo que llegar a acuerdos era algo aceptado y necesario. Se compone de un preámbulo, once títulos, cuatro disposiciones adicionales, nueve transitorias, una derogatoria y una final. Su estructura se organiza en base a una parte dogmática, que establece los principios democráticos en España, y otra parte orgánica, que establece la división de poderes y la organización política. Establece la monarquía parlamentaria así como el concepto de soberanía popular con la elección por sufragio universal. Establece además una organización territorial basada en las comunidades autónomas, provincias y municipios. Sumamente importante es la división de poderes que establece:

  • El poder legislativo, que reside en dos cámaras: el Congreso de los Diputados y el Senado.
  • El poder ejecutivo, que reside en el gobierno, cuyo presidente es designado por los miembros del Consejo de Ministros.
  • El poder judicial, que reside en los jueces y es completamente independiente de los dos anteriores. El Consejo General del Poder Judicial será el máximo órgano de este poder, junto con el Tribunal Constitucional, encargado de controlar que las leyes y las actuaciones políticas se ciñan a la Constitución.

De esta forma, la Constitución Española, establecía la democracia en España.

Pero la Transición Española no se puede explicar únicamente con la Constitución de 1978, aunque sea un excelente ejemplo de la misma. Los procesos políticos previos -ya explicados- tuvieron su resultado en dicha Constitución como es evidente, pero también en una serie de pactos políticos, de partidos de ideologías dispares, conocidos popularmente, e históricamente, como “los pactos de la Moncloa”.

Estos “pactos de la Moncloa” fueron desarrollados paralelamente a la Constitución Española de 1978, entre los años 1977 y 1978. El objetivo de los mismos era adoptar medidas para afrontar la grave crisis económica, pero también enfocados a calmar tensiones sociales -como el tardofranquismo- y políticas -como el terrorismo de ETA-.

A finales de 1977, concretamente en octubre, fueron firmados estos pactos por las principales fuerzas políticas del país, siempre acorde a la política de consenso que impregnó todo el proceso democratizador de la Transición en España. Se firmaron en torno a dos importantes acuerdos:

  • El acuerdo económico, que intentaría frenar la crisis económica iniciada en 1973 -crisis del petróleo- y el galopante aumento del desempleo desde la caída del régimen. Este primer acuerdo contemplaba un paquete de reformas estructurales, medidas de estabilización y una política de rentas. Reformas que implicaban, irremediablemente, la restricción de los salarios y una subida importante de impuestos.
  • El acuerdo social sería el segundo de ellos. Con él se establecían una serie de compromisos en torno a la regulación de los medios de comunicación, la libertad de expresión, derechos de reunión y asociación, derechos humanos y una reforma del Código Penal.

Estos pactos provocaron una inmediata devaluación de la peseta acorde a una política monetaria restrictiva. También aumentaron los impuestos, pero a la par lo hicieron los presupuestos para la Seguridad Social y el seguro de desempleo. Sin embargo, estos “pactos de la Moncloa” tuvieron un éxito relativo, ya que la política consenso de mantuvo hasta 1979, año en el que se agravó la crisis económica y se convocaron elecciones generales. A pesar de ello, son uno de los mayores y mejores referentes de la política conciliadora en torno a la Transición Española.

  • TRANSICIÓN ESPAÑOLA Y REUNIFICACIÓN ALEMANA: UN MISMO OBJETIVO

Apuntes políticos y sociales sobre Alemania y España

A la hora de analizar la importancia de la Transición española como ejemplo de ruptura consensuada con un sistema autoritario y su impacto en la reunificación alemana, resulta necesario situarse en el plano geopolítico de Europa a mediados de los años ochenta, fecha en la que el comunismo comenzaba a agonizar debido a que la Unión Soviética empezaba a tambalearse.

1989 fue un año clave que marcaría, sin ningún lugar a dudas, el devenir político en Europa -y por extensión en el mundo- hasta nuestros días. Países como Hungría, Polonia, Rumania o parte de Alemania dejaban paso al progreso y la democracia tras décadas de regímenes tiránicos. Pero tras la alegría del cambio, comenzaba para estos países un verdadero reto para alcanzar con éxito la democracia y, para ello, algunos pusieron sus miras en España y su transición pacífica iniciada a finales de 1975 a raíz de la muerte del dictador Francisco Franco Bahamonde. Sin embargo, el modelo de transición democrática español es, en esencia, válido para países que vienen de un régimen autoritario en el que existe la iniciativa privada, el papel del partido único es ínfimo y el poder se concentra en torno a un personaje, es decir, paternalismo. Sin embargo, los regímenes socialistas suelen ser totalitarios, con un partido único muy importante y con el poder concentrado en torno a un Politburó y no una única figura. Así pues, vemos que quizá el modelo de transición español no sea el más adecuado para países con regímenes totalitarios, aunque el fin sea el mismo: alcanzar la democracia de manera consensuada sin sacrificar a ningún estrato. Pero, el caso de la reunificación alemana es completamente diferente al de países como Rumania o Hungría ya que el texto constitucional de la RFA -llamado Ley Fundamental- sirvió de inspiración para la Constitución española de 1978 por lo que, a posteriori, fue la propia Transición española la que serviría de inspiración para la reunificación de Alemania debido a las similitudes de sus cartas magnas.

A la hora de pasar de un régimen totalitario a una democracia es necesario valorar qué saldo se va a cobrar el paso al sistema democrático, siendo necesario realizar una transformación estructural simple y ordenada, teniendo en cuenta que el cambio ocasionará traumas en la población imposibles de evitar, a pesar de que esta transición se realice de forma pacífica y consensuada. Sin embargo, en el caso de la RDA, la voluntad de alcanzar la democracia y el sistema capitalista de la RFA fue compartido por el grueso de la población.

Además, en la RDA ocurría como en la mayoría de países satélites de la URSS en la segunda mitad de los años ochenta; precaria situación de partida y agitación social debido a la caída del sector industrial, la inflación y el desempleo. Estos factores influyeron decisivamente en en la población la cual, animada también por la Perestroika de Gorbachov, dieron un paso adelante favoreciendo el cambio de sistema, a pesar de las incertidumbres que originaba transformar un Estado socialista en uno fuertemente capitalista como lo era la RFA.

En el caso de la reunificación alemana, nadie dudó a la hora de afirmar que eran necesarias reformas financieras, educativas o agrarias, sin contar evidentemente con las más importantes de todas: las reformas ejecutivas, legislativas y judiciales respecto a la Alemania Oriental, puesto que, aunque hablemos de una transición política, no debemos olvidar que dicha transición fue únicamente para una parte del futuro país unido, puesto que la parte occidental ya se regía por una carta magna democrática desde 1949 ante la cual se regiría, a partir de 1990, la parte oriental también.

En Alemania, hasta después de la Segunda Guerra Mundial, no existía una tradición democrática como sí ocurría en otros países como los Países Bajos, Francia, Reino Unido e incluso España. Una vez finalizada la guerra, en la zona occidental se fraguó un nuevo sistema democrático que ha resultado ser efectivo, inspirado en la Constitución de la fracasada República de Weimar, así pues, llegados a 1989 una buena parte de lo que hoy conocemos como Alemania llevaba cuarenta años disfrutando de dicho sistema y, por lo tanto, este estaba más que asentado, existiendo generaciones que únicamente habían vivido en este sistema. Sin embargo, en la zona oriental, la tradición democrática era prácticamente nula a pesar de que se nombraba popularmente a dicho país como Alemania democrática. Así pues, la división de poderes o el poder civil eran términos insertos pero no efectivos en el día a día de los alemanes orientales por lo que el nuevo horizonte político que se les presentaba resultaba, tanto a sus ojos como a los de los habitantes occidentales, incierto puesto que carecían de esa tradición democrática de la otra zona. En la RDA ocurría justo lo contrario que en la RFA: existían generaciones que únicamente habían vivido en el Estado socialista, con todo lo que ello implica y, sin embargo, fueron estas mismas generaciones las que se alzaron contra el sistema con movilizaciones y manifestaciones cuyo objetivo era la reunificación de ambos países.

Análisis de los sistemas políticos de los tres entes

Para comprender y comparar los tres sistemas que estamos analizando -RFA, RDA y España- es necesario tener en cuenta el corpus legislativo de cada uno de ellos, es decir, sus cartas magnas o constituciones.

En el caso de la RDA nos encontramos con dos textos constitucionales, uno en 1949 y otro en 1968, de los cuales podemos encontrar sus apartados más interesantes en los ANEXOS IV y V. A grandes rasgos, la Constitución de la República Democrática Alemana de 1949 establecía las bases para una Alemania única, no contemplaba la existencia de dos países diferentes. Llama la atención, sobre todo, por su marcado carácter democrático-parlamentario, es decir, podría ser perfectamente la carta magna de un Estado democrático y no de un Estado totalitario. En ella se recogen las bases para el establecimiento de una República Federal y de un poder legislativo bicameral, con una cámara alta llamada Cámara de Estados (Länderkammer) y una cámara baja llamada Cámara del Pueblo (Volkskammer), con la designación de un primer ministro por parte de la cámara baja. Su carácter democrático se refleja perfectamente en los artículos 6, 7 y 8, en los que se establece que todos los ciudadanos son iguales ante la ley, y que la libertad personal es inviolable. Su carácter socialista se refleja en artículos como el 14, 15 o el 16, en los que se establece la protección del trabajador por parte del Estado así como el derecho a vacaciones, huelga o baja por enfermedad. Sin embargo, derechos recogidos en esta Constitución de 1949 no se llevaron a la práctica, como en el caso del derecho a huelga, a emigrar o la igualdad ante la ley. La Constitución de 1968 suponía una actualización de la anterior puesto que la de 1949 estaba pensada para una sola Alemania y no dos. En los dos primeros artículos encontramos notables diferencias al establecer que la RDA es un Estado socialista de los trabajadores y los agricultores, haciendo especial hincapié en los derechos de los trabajadores o en la ilegalidad de la iniciativa privada.

La RFA, por su parte, contaba con una carta magna cuyo objetivo era provisional pero que a día de hoy se mantiene vigente en Alemania tras sucesivas reformas de la misma. Es la llamada Ley Fundamental para la República Federal de Alemania, popularmente conocida como Ley de Bonn. Está basada, como hemos comentado anteriormente, en la Constitución de la República de Weimar de 1919, pero con bastantes modificaciones que hacen que sea un texto constitucional nuevo. En ella se establece la República Federal, el establecimiento de una cámara alta llamada Consejo Federal (Bundesrat) y una cámara baja llamada Parlamento Federal (Bundestag), la división de poderes en tres, así como su carácter democrático y social. Las principales garantías democráticas y derechos de los ciudadanos se recogen en los artículos que van del 1 al 20. Ha recibido una gran cantidad de reformas, las más importantes de ellas en los años 1956, 1969 y 1994, esta última es una leve actualización de la misma a raíz de la reunificación.

Para comprender la influencia de la Transición española en la reunificación alemana es necesario apuntar que la Constitución española de 1978 está inspirada en la Ley Fundamental para la República Federal de Alemania de 1949, por lo que es lógico que haya existido una retroalimentación entre ambos países a la hora de afrontar el reto democrático. Pero, si analizamos la situación económica, política y social de los tres países nos encontramos con una buena cantidad de aspectos que reflejan que nos encontramos ante sistemas claramente diferentes, a pesar de que diversos autores como Samuel Huntington o Ricardo Martín de la Guardia hayan llegado a afirmar, y otros autores como José Casanova hayan negado con rotundamente. Hubo una cierta inspiración, es innegable, pero el hecho de calificar como transición la reunificación de Alemania es un elogio hacia la misma más que una realidad.

Analizando la situación de los tres países justo antes de iniciar sus procesos democráticos o reunificadores comenzamos a encontrarnos con las principales diferencias. Comenzando por el caso español, por ser el primero cronológicamente, nos encontramos con un país con un desempleo del 3,8% de una población activa de unos 13 millones y medio de personas en un país con 35 millones y medio de habitantes, con un crecimiento del PIB real del 1,1%, el cual había caído en picado desde la crisis del petróleo de 1973. Además, en España, existían, desde finales de los años cincuenta, una serie de leyes y decretos que garantizaban un relativo Estado del Bienestar, como, por ejemplo, el Plan Nacional de la Vivienda de 1956, la Ley de Convenios Colectivos de 1958, el Seguro Nacional de Desempleo de 1961, la aparición del Salario Mínimo Interprofesional de 1963, la Ley de Bases de la Seguridad Social de 1963 o la Ley General de Educación de 1970. La renta nacional per cápita española, desde 1960 hasta 1975, alcanzaría un gran dinamismo llegando a las 145.769 pesetas frente a las 20.234 pesetas de 1960. A pesar de su carácter autoritario, ya que el Franquismo era una dictadura, este sistema sentó las bases para el Estado del Bienestar y únicamente en zonas rurales o tradicionalmente deprimidas este nivel bajaba considerablemente. Como datos, a finales de los años sesenta, la luz eléctrica estaba presente en casi todo el país y más de la mitad de la población tenía televisores o coches en casa. España estaba dentro del mercado occidental desde el Plan de Estabilización de 1959, lo cual beneficiaba enormemente al país gracias a la exportación y la importación de productos básicos o de lujo. En 1975, tras sucesivas devaluaciones, el valor de la peseta era de 59.247 pesetas por dólar norteamericano . Además, en España, era mucho mayor que en Alemania si analizamos la trayectoria del país en el siglo XIX, inicios del siglo XX e incluso durante los últimos años de la dictadura franquista, momento en el que comenzaron a recuperarse valores democráticos por parte de la sociedad y la apertura del régimen alcanzó su zenit. Estos datos, relativamente buenos, se explican gracias a la simbiosis que mantuvo el gobierno durante los últimos 15 años de la dictadura, a caballo entre el libre mercado y la planificación económica en campos como la energía, las telecomunicaciones o la industria. Así pues, vemos como en España el paso de la dictadura a la democracia fue mucho menos traumático, tanto para las instituciones como para los ciudadanos, que en la RDA u otros países de la órbita soviética.

En el caso de la RFA, el país contaba en 1989 con un desempleo del 7,8% con una población activa de 26 millones de personas en un país con 62 millones de habitantes. Su crecimiento del PIB real era del 2,1%, a pesar de las importantes exportaciones del país. Al contrario que ocurría en España o en la RDA, en la Alemania occidental existía un sistema mixto de garantías sociales, es decir, no existía una educación, plan de viviendas o sanidad garantizadas al 100% por el Estado, existiendo una fuerte iniciativa privada que originaba una inevitable desigualdad entre los ciudadanos. Así pues, el Estado del Bienestar era relativo a pie de calle, aunque la renta per cápita fuese superior a la de otros países europeos, incluido España. El salario medio mensual era de 3876 marcos alemanes, los cuales valían casi el doble que los de la RDA. La renta per cápita era de unos 20.000 dólares norteamericanos, una de las más altas del momento. Su nivel de exportaciones era muy alto, gracias sobre todo a que la RFA fue incluida en el Plan Marhsall y muchas multinacionales norteamericanas se establecieron en el país durante los años cincuenta y sesenta. La intervención del Estado en la economía era mínima, encontrándonos ante un sistema bastante liberal que abarcaba fácilmente los mercados exteriores, las exportaciones abarcaban casi el 40% del PIB. La tradición democrática de Alemania, en general, era bastante más baja que en España después de todo pero, en el caso de la RFA la democracia se había asentado sin ningún problema por lo que el espíritu democrático de sus ciudadanos gozaba de plena salud, esto influyó notablemente a la hora de atraer y aceptar a los alemanes del Este.

La RDA, en 1989, tenía un desempleo de hasta el 15% de la población activa de 8,6 millones de personas en un país con 17 millones de habitantes. Esto es debido, sobre todo, a la falta de apertura al mercado exterior y a la falta de impuestos en la RDA. Del 100% de sus exportaciones, el 70% iban destinadas a países de la órbita soviética, los cuales acarreaban también una fuerte crisis económica en ese momento. Su PIB era menos de una cuarta parte que el de la RFA, no sólo por su menor tamaño sino también por su mercado cerrado. Al contrario que en la RFA o en España, en la RDA no existía prácticamente la iniciativa privada. El Estado tenía el monopolio de la industria, la sanidad, la educación, la vivienda y la energía. Al contrario de lo que pueda pensarse, la RDA llegó a alcanzar el mayor nivel de vida de todos los países comunistas, llegando a estar por encima de muchos países capitalistas, esto se debe, en parte al gran aparato de garantías sociales que proporcionaba el Estado, tales como sanidad pública, educación pública, gran inversión en I+D y un sistema de desempleo y pensiones eficaz. La tradición democrática en esta zona de Alemania era mucho menor que en la occidental y, por supuesto, menor que en España u otros países de Europa. Los alemanes orientales, prácticamente, no habían disfrutado de un gobierno plenamente democrático en el siglo XX. Sin embargo, generaciones nacidas en la RDA, que únicamente habían conocido el sistema socialista fueron aquellas que dieron los primeros pasos para la reunificación, estando las generaciones anteriores bastante más arraigadas al sistema que, entre otras cosas, le había proporcionado vivienda, sanidad, educación y trabajo a costa de sus libertades.

Como podemos observar, las diferencias entre los tres entes políticos que hemos comparado son más que notables. Ninguno de ellos tiene mucho que ver con el otro y resultaría atrevido asegurar que la reunificación alemana se hizo a imagen y semejanza de la Transición española, puesto que en España la transición a la democracia, podríamos asegurar, se inició incluso antes de la muerte de Francisco Franco. Además, el cambio en España no fue tan drástico o traumático para la población como lo fue para los habitantes de la RDA. En el caso de la RFA, únicamente le supuso una serie de problemas económicos -que sigue arrastrando a día de hoy- y una breve reforma de la Ley Fundamental de 1949, por lo que más que transición podríamos -y deberíamos- utilizar el término de anexión.

  • CONCLUSIONES

Llegados a este punto del estudio podemos sacar tres interpretaciones sobre lo abordado. La primera de ellas viene a través del análisis que hemos realizado sobre la caída de la RDA a través de varios autores, publicaciones y manuales diferentes que nos otorgan una visión relativamente objetiva sobre los acontecimientos ocurridos en Alemania en noviembre de 1989 y sus consecuencias futuras. Lo primero es, sin ningún lugar a dudas, el hecho de que la caída de la República Democrática Alemana se produjo básicamente gracias al pueblo de Alemania oriental, sin factores externos más que la propia apertura de la Unión Soviética a raíz de la ‘Perestroika’ de Gorbachov. El propio inmovilismo del gobierno de la RDA, con Erich Honecker a la cabeza, reacio a cierto aperturismo fue lo que propició la caída del régimen, el cual se encontraba en horas bajas debido a la crisis económica que comenzó a arrastrar desde mediado de los años ochenta. La falta de participación política así como la ineficaz política económica marxista-leninista a finales del siglo XX también fueron factores que aceleraron estos procesos, que se dieron en un corto período de tiempo, acabando con el comunismo como sistema en Europa.

Podríamos asegurar, como bien apunta Huntington, que el pistoletazo de salida iniciado por países como Polonia, Alemania oriental o Rumania provocaron el famoso efecto “bola de nieve” que arrastraría al resto de países y que se saldaría con la caída de la URSS en 1991, país que ya había comenzado a abandonar su rol de líder años antes.

La caída de la RDA y su posterior adhesión a la RFA no fue un caso aislado y conviene recalcar su particularidad. Autores como el citado Huntington, Ricardo Martín de la Guardia, José Casanova o Javier Pradera, han apuntado la importancia de la Transición española al respecto de la reunificación alemana en 1990. Estos autores consideran que el proceso democratizador español sirvió como modelo para organizar la reunificación de Alemania, debido sobre todo a la similitud entre sus dos cartas magnas -recordemos que la Constitución española de 1978 está basada en la Ley Fundamental para la República Federal de Alemania de 1949- y al iniciarse de forma pacífica dicho proceso. Es aquí donde sacaríamos la segunda interpretación sobre este estudio puesto que, aunque compartan ciertas similitudes, hablamos de dos procesos muy diferentes. Es cierto que la caída de la RDA se produjo de forma pacífica y consensuada, de un modo parecido al de España a raíz de la muerte del General Franco en 1975, algo que no ocurrió en países como Portugal con la Revolución de los Claveles de 1975 o Rumania con su revolución de 1989. Sin embargo, analizando los tres Estados -España, RFA y RDA-, la naturaleza política de los mismos, su tradición democrática o la situación socioeconómica que atravesaban en el momento de la coyuntura, observamos que los procesos democráticos no son comparables. En España se produjo una transición democrática desde un régimen autoritario a una democracia parlamentaria en un corto período de tiempo, además esta transición venía fraguándose prácticamente desde comienzos de los años setenta, con la relajación de la represión del régimen a pesar de las ejecuciones de septiembre de 1975. Sin embargo, en el caso alemán hablamos de que un Estado totalitario, la RDA, pasa a integrarse en un estado de democracia parlamentaria, el cual contaba ya con cierta tradición democrática así como con una serie de estructuras e instituciones operativas.

El cambio, socialmente, únicamente sería traumático para una parte de la población del nuevo Estado alemán, una pequeña parte además, puesto que la población de la RDA estaba en torno a los 17 millones de habitantes frente a los 62 de la RFA. Vemos, entonces, que únicamente hubo cambios para un sector del país, a pesar de que la economía alemana, en general, se resintiese -y de hecho se sigue resintiendo- debido a la reunificación, por lo que sería más apropiado hablar de anexión, voluntaria, más que de transición.

Finalmente, la tercera interpretación a raíz del presente estudio versa sobre el importante papel que tuvieron los medios de comunicación a la hora de cubrir la caída del muro de Berlín y, en consecuencia, de la RDA. Hemos analizado dos titulares de los diarios ABC y La Vanguardia de España, una de ellas previa a la caída y otra posterior. Tras el estudio de las cabeceras, extraemos que la información jugó un importante papel en dichos acontecimientos, mientras un diario optaba por el alarmismo a la par que realizaba una dura crítica con el sistema político de la RDA, la otra, sin embargo, invitaba a la calma e incluso al júbilo o la esperanza ante el cambio político que estaba experimentando Alemania. El uso del lenguaje o los datos ofrecidos servirían para insertar en los receptores una serie de ideas en concreto -acordes a la línea editorial de cada diario-, más en un país en el que los partidos políticos de izquierdas presentaban una clara hegemonía que se vería afectada a raíz de la caída del comunismo en Europa.

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El Museo Romántico y el Museo del Ferrocarril de Madrid.

VAPOR, VELOCIDAD Y ROMANTICISMO.

Si el siglo XIX, su pintura, avances tecnológicos, el contraste visual, así como todo lo relacionado con los albores de la industrialización, son temas que interesan al lector, una velada perfecta en Madrid podría ser la visita conjunta al Museo del Romanticismo y al Museo del Ferrocarril con los que descubriremos iconos indiscutibles de mediados y finales del siglo XIX español, pudiendo así comprender mejor aquel ambiente industrial, obrero y romántico.

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El Museo del Romanticismo se encuentra muy cerca del acomodado y famoso barrio de Salamanca, un lugar donde podemos encontrar numerosas cafeterías y pastelerías para todos los gustos. Nuestra ruta comienza en la calle Fernando VI, donde antes de entrar al museo podremos tomar café o té y algo de pastelería. Giramos y nos adentramos en la calle San Mateo, donde se encuentra el museo.

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La entrada tiene un precio de 3 euros, apta para todos los bolsillos, lo cual es de agradecer pues cada vez más la cultura se muestra inaccesible para muchos. El edificio en el que se encuentra es un pequeño palacio de finales del siglo XVIII que encaja a la perfección con el ambiente del museo. Pasó de manos en manos hasta convertirse en 1927 en el Museo del Romanticismo, fundado por Benigno de la Vega-Inclán, por lo que el propio museo es Historia viva.

El museo tiene varios departamentos y varios equipos dedicados a tareas de investigación, documentación, conservación y restauración o difusión, por lo que su labor cultural se ramifica considerablemente. Además cuenta con una gran cantidad de actividades para todos los públicos.

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Sátira del suicidio romántico por amor de Leonardo Alenza (1839).

En el museo podemos encontrar 1682 piezas, un extenso Archivo Histórico e información no sólo sobre el arte que se dio en la España de mediados del siglo XIX sino también sobre cómo era la sociedad del momento y como influyó este período histórico en las artes. En el museo podremos encontrar pinturas, miniaturas, dibujos, estampas, fotografía, figuras de porcelana e incluso mobiliario. Es preciso señalar algunas obras como Sátira del suicidio romántico (1839) de Leonardo Alenza, Paisaje oriental con ruinas clásicas (1842) de Jenaro Pérez Villamil o Escena en el desierto (1863) de Francisco Lameyer, en cuanto a pintura. Destaca también su completa colección de 250 miniaturas o su colección de fotografía, que nos muestra como era el día a día en la convulsa España del XIX.

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Al salir del museo cogemos la línea de metro 1 en Tribunal nos apeamos en Sol, donde cogeremos la línea 3 que nos llevará directamente al Museo del Ferrocarril situado en el Paseo de las Delicias. Lo primero que nos llama la atención de este museo es que está ubicado en una antigua estación de trenes, algo que le viene que ni pintado, concretamente la Estación de Delicias, inaugurada en 1880 y clausurada en 1969, lo cual nos trasladará instantáneamente a aquellas románticas estaciones de trenes de finales del XIX. Tiene un precio de 6 euros, con tarifas reducidas para niños, estudiantes o jubilados.

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El museo es un auténtico recorrido cronológico por la Historia del ferrocarril en España. Entre sus objetivos se encuentran el estudio y difusión del patrimonio ferroviario español así como su conservación. Actualmente cuenta con 4800 piezas, entre las que se encuentran locomotoras, vagones, decoración, maquinaría, uniformes, elementos de las estaciones de la época… así como una impresionante colección de maquetas.

En su exposición permanente encontramos cuatro vías donde se ubican trenes de vapor, diésel y eléctricos, así como una colección de vagones que nos muestran como era el día a día para los pasajeros de la época. Aparte encontramos una sala de relojes, otra de maquetas que merece la pena visitar -sobre todo para los más pequeños-, una de infraestructura y el interesante enclavamiento hidráulico de Algodor, desde donde se controlaba el acceso y la salida de las locomotoras. Aparte de sus locomotoras y elementos de la época, el museo cuenta con un extenso Archivo Histórico y una Biblioteca.

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El museo destaca también por sus exposiciones itinerantes, las cuales nos muestran como era el día a día en el siglo XIX español, así como por sus actividades didácticas, ideales para los más pequeños.

Si tenemos tiempo, y queremos llevar nuestro día romántico más allá, podemos coger el Tren de la Fresa, un clásico, que llega hasta Aranjuez, emulando así el recorrido del primer ferrocarril de la Comunidad de Madrid y el segundo de la Península tras Barcelona-Mataró.

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Al terminar nuestra jornada cultural en el Museo del Ferrocarril podemos pasarnos por Casa Pedro, en la calle Tomás Bretón, donde podremos disfrutar de la magnífica cocina castellana, poniendo punto y final a la particular ruta por la Historia de Madrid.

Y es que Turner no se equivocó al pintar Lluvia, vapor y velocidad en 1844. Los trenes y el espíritu del romanticismo están íntimamente ligados.

Google Art Project y su compromiso con la Historia

 

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El Google Art Project es una de las últimas propuestas del gigante estadounidense Google Inc. con sede en California. Este proyecto consiste en una enorme base de datos que recopila imágenes en alta resolución de obras de arte expuestas en museos a lo largo del globo, y no sólo esto sino que podremos recorrer los pasillos -con la tecnología de Google Street View, un clásico de Google Maps- de dichos museos para introducirnos aun más en la aventura.

Este ambicioso proyecto fue lanzado a comienzos del año 2011 con 1061 obras de 17 grandes instituciones entre las que se encuentran la National Gallery, la Galería de los Uffizzi, el MOMA de Nueva York o los museos Reina Sofía y Thyssen-Bornemisza de Madrid. Google Art Project incluye, en cada obra, un panel informativo y etiquetas que permiten al usuario conocer más acerca de la obra en cuestión así como visualizar otras del mismo artista o de la misma corriente. A día de hoy las cifras han cambiado considerablemente y Google Art es una fuente más a consultar para investigadores, con más de 30.000 obras de arte procedentes de 150 museos de todo el mundo. Un magno proyecto a la altura del motor de búsqueda más potente del momento.

Bien seamos un investigador, un profesor, un alumno o un curioso aficionado, Google Art Project es una herramienta muy útil a la hora de realizar determinadas publicaciones sin tener que desplazarnos hasta el museo en cuestión. Desde nuestro PC, móvil o tablet tendremos siglos de cultura a nuestro alcance y alta definición, algo que hace años era completamente impensable. El compromiso de Google con este proyecto va más allá del “simple” turismo y nos aporta datos esenciales para el estudio de la obra en cuestión aunque, eso sí, en inglés.

Pongamos como ejemplo el estudio de los carteles utilizados por los contendientes en la Guerra Civil Española (1936-1939), concretamente los expuestos en el Museo Reina Sofía de Madrid. Con una buena selección de fuentes online podemos descifrar la simbología y la importancia de cada uno de los carteles.

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Comenzando cronológicamente nos encontramos con el cartel “En España amanece”, realizado en 1935, de Falange Española, un año antes de que comenzase el conflicto.

Antes y durante la Guerra Civil, en los carteles de corte fascista primaba una estricta simbología militar basada en la disciplina y claramente inspirados por la propaganda nazi o la de la Italia de Mussolini. El bando nacional, que ya había comenzado a fraguarse, pensaba tener una misión salvadora de España.

En este cartel apreciamos a tres falangistas -a los que se puede distinguir por su vestimenta, a pesar de estar en color negro, sombreados por el “sol”- realizando el característico saludo fascista con el brazo derecho en alto, los tres son idénticos, eliminando al individuo, el cual no es el protagonista. Sobre ellos se encuentra un sol que amanece, este sol no es más que el símbolo de la Falange: el yugo y las flechas. Detrás, el cielo rojo propio del amanecer. Abajo aparece el lema “Arriba España”.

La simbología de este cartel es muy fuerte, no solo por el nombre del cartel “En España amanece”, frase utilizada frecuentemente durante la Guerra Civil y que representa el amanecer, en el ideario fascista, con la llegada de la verdadera España o de los salvadores de esta, una nueva era de prosperidad para el país.

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Una simbología parecida tiene el póster “Requeté tocando la corneta” de Arlaiz, utilizado durante los años 1936 y 1937, en este caso con el conflicto ya iniciado.

En el cartel aparece un requeté, es decir, un partidario navarro del bando nacional que se caracterizaban por llevar una boina roja, tradición que se remonta a la Primera Guerra Carlista (1833 – 1840). De nuevo aparece el símbolo del amanecer, que podemos ver por los colores empleados y las sombras del cartel. A los pies del requeté sale un sol rojizo, amanece en España de nuevo, el renacimiento del espíritu nacional.

El requeté, madrugador, despierta a España con su corneta como centinela del bando nacional, no hay descanso para llevar a España la nueva era. En este caso el cartel se aleja de los estándares fascistas y va adquiriendo personalidad propia. Además carece de mensaje escrito.

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En el caso del póster “¡¡Flechas… a la España grande!!” utilizado durante todo el conflicto, entre los años 1936 y 1939, volvemos a la simbología clásica fascista ya que en este cartel se ensalza a las juventudes falangistas.

En este cartel apreciamos a un grupo de “flechas”, los miembros más jóvenes de la Organización Juvenil Española adscrita a Falange, marchando con rifles sobre sus hombros. Una vez más, como ocurría con el cartel “En España amanece”, se elimina al individuo -se elimina hasta el rostro- y lo importante es lo que este puede aportar al país, a la “España grande”. Estos jóvenes del cartel desfilan con rigurosa disciplina militar y representan la nueva generación que también lucha por regenerar España.

Arriba a la izquierda encontramos el yugo y las flechas, símbolo de la Falange. Abajo el mensaje “¡¡Flechas… a la España grande!!” que tiene un doble mensaje; por un lado el llamamiento a la participación y el apoyo al bando nacional por parte de la juventud -los flechas- y por otro se hace hincapié en la grandeza de España, un símbolo recurrente del bando nacional que glorifica al país desde su óptica particular.

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Siguiendo la cronología nos encontramos con un póster de carácter satírico llamado “Auca de Queipo de Llano” creado en 1937 por parte del bando republicano. Al contrario de los carteles que hemos visto anteriormente, en este caso, se intenta ridiculizar al enemigo y no ensalzar al bando en cuestión.

Durante la guerra, aparte de Franco, Queipo de Llano fue una de las figuras más caricaturizadas. Un “auca” no es más que una forma de “aleluya”, un cómic arcaico. En este auca de Queipo de Llano se pone al general nacional como una persona alcohólica, mujeriego, ladrón y asesino.

Este tipo de obras son propias de las vanguardias, de hecho Pablo Picasso realizó una, y aparte de caricaturizar al enemigo también sirven como denuncia de determinados actos.

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El póster “El Generalísimo” de Pedrero, encargado por la Unión General de Trabajadores (UGT) y usado entre los años 1937 y 1938 es otro caso de denuncia ante la dramática situación que estaba provocando el conflicto.

En este cartel se representa a Franco como un esqueleto, como la muerte y con una curiosa simbología: lleva una esvástica en el pecho -por entonces símbolo utilizado por el NSDAP alemán-, un casco prusiano -símbolo imperialista y de épocas pasadas-, una espada y una capa.

Detrás de Franco se encuentran, sujetándole la capa, tres diminutas figuras -en contraposición a Franco- que representan a un militar, un burgués y un sacerdote armado con un rifle, lo cual refleja que estos tres grupos están a las órdenes y sirven a Franco, el líder, siendo, a su vez, estos tres cuerpos, los principales apoyos del fascismo.

Llegando al final del conflicto, con la inminente victoria del bando nacional, la propaganda nacional cambia su espíritu de lucha para comenzar con la regeneración del país, un país destrozado por un conflicto que deja atrás cientos de miles de muertos, poblaciones enteras destruidas, una situación geopolítica complicada y un desastre económico tras de sí. Así pues, en muchos casos los militares dejan de ser los protagonistas de estos carteles propagandísticos dejando paso a los “héroes” de la regeneración, los que van a levantar la “Gran España”: el pueblo y Franco.

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Esta simbología se muestra muy bien en el póster “Ha entrado la España de Franco” de Salinas, utilizado en el año 1939, en los estertores del conflicto y posterior posguerra. En este cartel se hace referencia a la caridad de la organización Auxilio Social, la cual recordaba al pueblo la gran labor realizada por el Caudillo, el cual estaba con todos los españoles, sin hacer distinción entre vencedores y vencidos.

El cartel, aparte de hacer alusión a la caridad como símbolo católico también, pone como protagonista a la mujer, la cual carga pan para el pueblo desde un camión de la organización Auxilio Social. Por esa misma carretera vienen muchos otros camiones llenos de víveres y la derecha aparece una ciudad en llamas a causa del combate, pero los camiones de Auxilio Social, gracias al Caudillo, vienen a ayudar a los heridos, hambrientos, refugiados y niños como salvadores. En la parte inferior del cartel aparece el símbolo de la Falange -el yugo y las flechas- y el mensaje principal: “Ha entrado la España de Franco”, ya que sin Franco toda esta ayuda no sería posible. Era el momento de regenerar el país.

Como hemos podido observar, gracias a Google Art Project hemos podido realizar un breve estudio sobre la simbología de la propaganda, tanto nacional como republicana, durante la Guerra Civil Española, ayudándonos a comprender mejor qué mensaje está inserto detrás de cada póster y con la posibilidad de apreciarlos con todo lujo de detalles.

Así pues Google Art Project es una herramienta muy útil a tener en cuenta en el estudio de la Historia, no solo de la Historia del Arte.

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Los navíos de línea españoles en la batalla de Trafalgar (1805)

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Trafalgar por Louis-Philippe Crépin (1806).

INTRODUCCIÓN

El mar siempre ha jugado un papel decisivo en el devenir de la Historia para muchas naciones. Una salida al mar, aunque fuese mínima, era la ocasión perfecta para comerciar  marítimamente y crear una armada que garantizase el comercio con otras naciones, ofreciese una potente imagen a la vez que afianzaba la seguridad de su costa. Por esto mismo, no es de extrañar que las batallas navales hayan decidido, de un modo u otro, el destino de culturas, imperios y países a lo largo de la Historia. Desde Actium hasta las Malvinas, el mar, y la guerra en este, siempre ha estado presente en aquellos territorios que históricamente, por su particular geografía, han estado unidos a él.

La Armada Española ha sido un importante pilar desde que se constituyó, prácticamente, lo que hoy conocemos como España. Además de participar en innumerables conflictos, la Armada siempre se ha caracterizado por ser pionera en multitud de aspectos, entre los que destacan algunos tan importantes como establecer una serie de reglamentos que regulasen el papel de cada barco dentro de la flota, la creación del concepto de convoy; una escolta para buques mercantes, la creación de la infantería de Marina, la introducción de los innovadores barcos tipo fragata, la primera Armada de la Historia en tener un destructor o un submarino, también la primera Armada en realizar un desembarco anfibio o utilizar aviones de despegue vertical en portaaviones.

El término de Armada puede resultar algo moderno en pleno siglo XV, pero fue en aquel entonces cuando se comenzó con el germen que posteriormente desembocaría en una de las más grandes, poderosas y temidas flotas del mundo. La Armada Española es el resultado  de la unión entre las flotas de Castilla y Aragón dando lugar a una singular flota ya que, por un lado la marina aragonesa estaba orientada exclusivamente al Mediterráneo, con buques más pequeños y muchos de ellos del tipo galera, y la marina castellana estaba adaptada a la inmensidad del Atlántico contando con grandes buques propulsados a vela. Pero no podemos hablar de una Armada en sí ya que en esta época, la Armada conjunta de ambos reinos no era más que una especie de “partisanos marítimos”; buques mercantes que se armaban en tiempos de guerra o para hacer frente a la gran cantidad de corsarios que navegaban por sus rutas. Poco a poco, la incipiente Armada Española fue abandonando las galeras en favor de naos y carabelas, las cuales serían las protagonistas de varios de los mayores hitos históricos: el descubrimiento de América o realizar la primera vuelta al mundo.

A partir de este momento la Armada Española comienza a crecer y, con el paso de los años, introducir nuevas y modernas naves en ella. Un momento clave para la Armada fue la famosa Batalla de Lepanto en 1571 contra el Imperio Otomano. Esta época, en la que gobernaba Felipe II, fue sumamente importante para la Armada Española y es cuando comenzó a organizarse definitivamente. Fue una época de grandes victorias como Lepanto y hazañas como la captura del buque insignia del pirata Drake, pero también fue una época de pérdidas que la dejó maltrecha, como el caso de la Grande y Felicísima Armada, perdida frente a Irlanda debido al mal tiempo.

Tras el desastre de la Grande y Felicísima Armada, y tras la Guerra de Sucesión, España recobró fuerzas y los ministros de Felipe V reformaron la Armada Española convirtiéndola en la más poderosa del mundo hasta el siglo XIX, momento en el que, prácticamente, se pierden todas las naves debido a las guerras napoleónicas y a la independencia de las colonias de América.

A partir de este momento, la Armada, debido a las constantes crisis políticas y económicas que sufría el país, nunca consiguió levantar cabeza durante todo el siglo XIX, siglo que terminaría diezmando completamente a la Armada durante la Guerra con Estados Unidos en 1898. Posteriormente, en época de Primo de Rivera y la Segunda República, la Armada gozaría de un efímero auge que terminaría rápidamente con la Guerra Civil Española.

En la segunda mitad del siglo XX la Armada se fortalecería de nuevo gracias, sobre todo, a la modernización que sufrió a partir de la Transición. Desde aquél entonces hasta ahora, la Armada Española, herida en innumerables guerras y al borde de su desaparición en más de una ocasión, se ha consolidado como una de las más modernas, polivalentes y poderosas del mundo.

ANTECEDENTES

Todo lo que antecede a la Batalla de Trafalgar es un compendio de tratados, escaramuzas, paces y conspiración política que tienen como uno de sus fatales resultados la pérdida de gran parte de la Armada Española frente a las costas de Cádiz en octubre de 1805.

Para explicar por qué España se encontraba de parte del bando francés durante la batalla hay que remontarse doce años atrás, cuando en enero de 1793 el Convenio Nacional ejecuta a Luis XVI de Francia. Ante el miedo de un trasvase de fronteras de la revolución, Manuel Godoy firma con Gran Bretaña su adhesión a la Coalición contra Francia. Tras una serie de contiendas en la frontera entre 1793 y 1795, conflicto conocido como la Guerra del Rosellón, Godoy firma en 1795 la Paz de Basilea por la cual reconoce a la República de Francia, cedía la isla La Española e iniciaba un tratado comercial entre ambos países.

Poco después, y cambiando de bando por completo, Godoy firma con Francia el Tratado de San Ildefonso en 1796 el cual significaba una alianza militar entre España y Francia, en parte porque Gran Bretaña estaba constantemente amenazando a la flota española que viajaba a América y, en menor medida, por deseo español de recuperar Gibraltar.

Durante esta época, a pesar del mal estado en el que se encontraba la Armada Española, los marinos españoles destruyeron enclaves ingleses en Bull y Chateaux, arrasaron San Pedro y Miquelon, y también hundieron ciento trece buques británicos aparte de diezmar una pequeña flota enviada por Nelson con el objetivo de bloquear la ensenada de Cádiz. Pero también hubo importantes derrotas que dejaron a la Armada Española aun peor, como la Batalla naval de San Vicente en 1797 en la que España perdió cuatro navíos de línea y muchos otros quedaron diezmados por el fuego británico.

Toda esta acción conjunta -con mayor participación española- se debía al Convenio de Aranjuez, firmado en 1801, mediante el cual se establecían las bases que unirían a los ejércitos de España y Francia contra Inglaterra. Poco después se firma la Paz de Amiens, en 1802, por el que se pone fin a la guerra entre Gran Bretaña y Francia, España y Batavia. Esta paz fue muy breve, solo duró un año ya que al poco de ser firmada los ingleses, sin declaración previa o casus belli, apresaron las fragatas Santa Florencia y Santa Gertrudis en el cabo de Santa María, hundieron la Mercedes con civiles a bordo y capturaron la Fama, Medea y Santa Clara con los caudales que traían desde América. Además, intentaron hundir a la Anfitrite y la Matilde cuando salían de Cádiz con rumbo a las Colonias.

Aprovechando la situación, Napoleón ideó un plan para invadir las islas británicas, dicho plan consistía en crear un señuelo para alejar lo máximo posible a la flota inglesa del Canal de la Mancha y llevarla hacia las posesiones del Caribe. Dicho plan surtió efecto y una flota combinada franco-española al mando del almirante francés Villeneuve alejó a Nelson del canal y de camino capturaron varios convoyes de mercantes británicos, pero cuando la flota franco-española puso rumbo a la costa francesa, la flota de Nelson avisó a la escuadra del almirante británico Robert Calder y cuando la armada combinada franco-española llegó a Finisterre, debido a un error en el cálculo de latitudes por parte de Villeneuve, se libró un intenso combate naval en sus aguas en el que participaron veinte navíos franco-españoles contra quince británicos. Los buques franceses se mantuvieron al margen de la batalla y Villeneuve se mantuvo indeciso, dejando a merced de los ingleses los buques españoles llamados Firme y San Rafael que, desarbolados y con gran cantidad de bajas, la marea los llevó hacia la flota británica, los cuales los capturaron y remolcaron hacia Inglaterra. Este hecho hizo que, definitivamente, los altos mandos de la Armada Española, e incluso los franceses, perdieran la confianza en el almirante Villeneuve.

Tras el desastre de Finisterre, Napoleón envió un sustituto para Villeneuve pero, mientras, le ordenó que la armada franco-española se dirigiera a apoyar el bloqueo de Nápoles. La flota combinada salió al cabo Trafalgar y se encontró con la flota inglesa, comandada por Nelson, a la cual se había informado de lo ocurrido en Finisterre, del refugio de Villeneuve en Cádiz y pretendía realizar un bloqueo en la zona.

ESTADO DE LA ARMADA ESPAÑOLA ANTES DE LA BATALLA

La Armada Española siempre se había caracterizado, hasta la fecha, por ser una de las más poderosas del mundo, si no la que más. El número de buques, la pericia de sus marineros, la sapiencia de sus almirantes -muchos matemáticos, astrólogos y escritores-, la tecnología empleada en las naves así como el tamaño o el poderío de estas llevaba siglos siendo una leyenda.

La flota, debido a la crisis económica que llevaba arrastrando España desde hacía siglos, no estaba como debería esperarse de una flota transoceánica que entraba constantemente en combate debido a la sucesión de conflictos, más grandes y más pequeños, que se ocurrieron durante el siglo XVIII. Antes de la Batalla de San Vicente, la Armada Española poseía setenta y nueve navíos de línea, considerados los mejores barcos del mundo pero, antes de Trafalgar, más de la mitad de esos navíos de línea se encontraban abandonados en diferentes muelles debido a la falta de recursos necesarios para mantenerlos y a la escasez de personal para gobernarlos. Además, hay que añadir que los oficiales y los jefes de la Armada no solo estaban mal pagados sino que llevaban meses, algunos incluso casi un año, de atraso en su salario, lo cual hacía que la motivación de estos, pilares esenciales en un buque de guerra, fuese mínima. Y el enemigo era consciente de esta situación, a pesar de tampoco encontrar su economía en una situación boyante, pero los británicos siempre fueron muy estrictos con su Armada, a la que tuvieron bien mantenida, dotada, pagada y con marineros profesionales.

Pero el lamentable estado en el que se encontraba la Marina Española venía, sobre todo, propiciado por personajes de tercer orden y por la desidia de Godoy hacia este pilar fundamental en el ejército español, ya que España, al ser una península, ha precisado, precisa y precisará siempre de una Armada bien mantenida y eficaz.

Tres años antes de la Batalla de Trafalgar, una epidemia de fiebre amarilla diezmó Andalucía, acabando con gran parte de los tripulantes de la Armada y con posibles candidatos a esta. Esto obligó a que, días antes de la batalla, se reclutase a la fuerza a personas sin ninguna experiencia como marineros y muchos de ellos incluso delincuentes; a bordo de cualquier buque español el 21 de octubre de 1805 podían encontrarse tirando de una driza desde un convicto hasta un tendero.

El principal problema no era la tripulación, aunque era un problema muy grave. El principal problema radicaba sobre todo en el estado de los buques españoles, prácticamente abandonados a su suerte, sin mantenimiento, con aparejos muy usados, muchos de ellos con importantes vías de agua y estropeados por los recientes combates en San Vicente o Finisterre, prácticamente fue un milagro que la flota llegase a Cádiz casi íntegra. Estos barcos estaban al mando de capitanes, almirantes, brigadieres y jefes de escuadra, los cuales, en más de una ocasión, por seguridad y vergüenza ante los buques franceses, disimularon todo lo posible, de su bolsillo, el lamentable estado de muchos barcos de la Armada.

José de Mazarredo Salazar era considerado uno de los mejores generales y marinos de la España del momento, sino el mejor, y era completamente consciente de la situación en la que se encontraba la flota. El currículum de Mazarredo habla por si solo: defendió y salvó cuatro veces la flota franco-española en el Canal de la Mancha, fue el artífice del desembarco y reembarco en Argel, defendió Cádiz y Brest del bloqueo británico, era matemático e ingeniero y llegó a redactar unas Ordenanzas así como cinco volúmenes sobre construcción naval, táctica y navegación celestial. Por ello hay que tener muy en cuenta las innumerables críticas de Mazarredo hacia el estado de la flota y la peligrosidad que existía si esta entraba en combate. Estas críticas le valieron la desaprobación de las altas esferas, que lo apartaron de la Armada. Aun así, es célebre la frase de Antonio de Escaño, la cual da toda la razón a la teoría de Mazarredo: “Esta escuadra hará vestir de luto a la Nación en caso de un combate”.

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José de Mazarredo (1745-1812) por Jean François-Marie Bellier.

A pesar de las críticas, el estado de los buques, la tripulación no cualificada, la baja moral de mandos y marineros, la demostrada inexperiencia de Villeneuve y el próximo temporal que iba a azotar Trafalgar, la Armada Española se batió en combate el 21 de octubre de 1805 contra la Armada Británica, mucho más moderna, más pequeña, bien mantenida y con el viento a favor.

EL LUGAR

La contienda se desarrolló en el hito geográfico que da nombre a la batalla: el cabo Trafalgar, en la mañana del 21 de octubre de 1805, con una intensa bruma matinal y un posterior temporal que terminaría con varios buques que quedaron a la deriva.

Cabo Trafalgar está situado en la localidad gaditana de Barbate, concretamente al oeste de la playa de Los Caños de Meca. No es un cabo al uso sino que es un pequeño islote que se sitúa entre las ensenadas de Barbate y Conil y que está unido a Barbate por arena, quedando en muchas ocasiones aislado de tierra debido a la subida de la marea. En la actualidad, en Trafalgar existe un faro que se erigió 55 años después de la Batalla de Trafalgar. Antes de la batalla existía una torre almenara -llamada Torre de Trafalgar- que hacía las veces de faro y torre vigía, en la actualidad se encuentra semiderruida ya que fue abandonada poco después de la batalla y gran parte de sus materiales se utilizaron para levantar el faro en 1860. Existen, además, restos arqueológicos de un templo romano, posiblemente en honor a la diosa Juno, una posible factoría de salazones y un asentamiento musulmán del siglo XIII.

Que la batalla se desarrollase en este punto en concreto de la geografía española la hace más singular aun, ya que es una zona en la confluyen grandes ráfagas de viento, de viento caótico y violento que alterna entre el poniente -viento del oeste- y el levante -viento del este-, dándose lo que se conoce como virazón. Tan violentas son las aguas de Trafalgar a veces que muchos afirman que es el punto en el que comienza el Estrecho de Gibraltar y no Tarifa.

A pesar de que el viento no era todo lo favorable posible para la Armada franco-española, la orden de Villeneuve de poner Cádiz a sotavento y por la amura de los barcos ya dejó bien claro a Nelson que el almirante francés veía más que factible una retirada, pero también, al hacerlo a escasa distancia del enemigo, puso la escuadra en desorden, rompiendo la línea de batalla -normalmente, las escuadras formaban grandes columnas para combatir-.

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Pero lo más grave de la virada en redondo mandada por Villeneuve no fue mostrar sus intenciones a los británicos sino algo esencial relacionado con el viento que, en los combates navales, es una máxima. Estar a barlovento -por donde le viene el viento al barco- o a sotavento -por donde se va el viento desde el barco- es algo a tener muy en cuenta en las batallas navales. A sotavento, por ejemplo, los buques pueden descargar sus baterías con perfil bajo debido a la escora -inclinación- del barco, también es beneficioso ya que los barcos que quedan fuera de combate pueden retirarse de la acción y no son empujados hacia el enemigo, y hace también que los barcos enemigos sin gobierno sean empujados hacia la flota para así acabar con ellos. Por el contrario, combatir a barlovento tiene todas las desventajas citadas en favor del combate a sotavento pero tiene muchas otras ventajas que hacen que el combate a barlovento sea mucho más óptimo, como por ejemplo que el humo y la chispa de los barcos va hacia el enemigo -en muchas ocasiones llegando a incendiar barcos-, al tener el viento a favor hace que sea más sencillo realizar un abordaje, al empujar el humo hacia el enemigo distinguen mucho mejor las señales entre barcos y tienen facilidad de maniobra, es decir, el que ataca a barlovento puede elegir dónde, cómo y cuándo. Y la flota británica aparecía, efectivamente, por barlovento aquella mañana.

LOS BARCOS DE LA ÉPOCA Y SU ARMAMENTO

Para analizar detalladamente las maniobras que ejecutó cada buque español en la Batalla de Trafalgar es necesario conocer antes qué tipo de barcos participaron en la batalla así como el número de tripulantes que solían llevar abordo y el armamento que se utilizaba en la época.

En Trafalgar predominó el navío de línea, con diferentes modificaciones entre ellos, pero todos basándose en el mismo tipo de buque. En la escuadra hispanofrancesa encontramos 18 navíos de línea franceses y 15 españoles, acompañados además de buques menores que apenas participaron en combate ya que eran buques de reconocimiento o suministro, mucho más pequeños que los protagonistas de la batalla y sin apenas posibilidades en esta. En el bando británico nos encontramos con 18 navíos de línea, entre los que destacaba el HMS Victory de Nelson, además de otros barcos menores.

El navío de línea fue un exitoso tipo de barco de guerra muy usado entre los siglos XVII y XIX, normalmente constituyeron el grueso de las grandes armadas de la época y solían ser los protagonistas de las batallas navales en las que participaban. Tenían tres mástiles -trinquete, mayor y mesana-, además de contar con tres foques -por regla general- y una vela cangreja. Solían tener entre dos y tres puentes, es decir, pisos o cubiertas. Contaba, además, con un número de cañones que variaba entre los 60 y los 100. La tripulación media de estos barcos estaba en torno a los 750 hombres, aunque había excepciones. Es un buque híbrido entre un galeón y una fragata, y recibe su nombre “de línea” debido a la formación de columna, o línea, que adoptaban este tipo de barcos en combate. El objetivo de los navíos de línea en combate no era hundir los barcos enemigos sino desarbolarlos para posteriormente capturarlo, aunque no eran barcos pensados para el abordaje por lo que en muchas ocasiones se prefería dejar al enemigo abandonado a su suerte o terminar de hundirlo.

En la Armada Española, los navíos de línea no se organizaban según su número de puentes sino por el número de baterías o cañones que artillaba. Uno navío de línea de tercera armaba, como mínimo, unos 60 cañones, uno de segunda armaba entre 80 y 98 cañones y uno de primera armaba como mínimo 100 cañones. Cada navío de línea era una fortuna flotante y tardaban varios años en construirse por regla general. Al contrario de lo que pueda parecer a simple vista, un navío de línea era un buque semi-blindado ya que el casco contaba con gruesos tablones de encina o roble, llegando a alcanzar más de medio metro de grosor, algo prácticamente impenetrable a no ser que el buque se encontrase bajo incesante fuego enemigo. Además, la obra viva -la parte sumergida del buque tras la línea de flotación- estaba forrada con planchas de cobre para evitar la adhesión de escaramujos y parásitos que, aparte de hacer enfermar la madera, reducen drásticamente la velocidad de cualquier barco.

Muy importante es el número y la posición de los cañones que se llevaban a bordo, los más pesados iban en el puente inferior, los medianos en el intermedio y los ligeros en el superior. El cañón era el método de defensa básico del navío de línea -y de cualquier barco de la época-. Su potencia depende de su calibre, los había desde 8 libras hasta 42 libras, aunque los que se armaban en los navíos de línea estaban entre las 32 y las 42 libras, grandes cañones con un alto poder de destrucción.

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Puentes de artillería de un navío de línea de dos cubiertas de cañones. Fuente: http://www.todoababor.es

Los navíos de línea españoles eran, normalmente, bastante más grandes que los de sus rivales y aliados, destaca, aunque lo desarrollaremos más adelante, el imponente Santísima Trinidad. Los ingenieros navales españoles así como los carpinteros de ribera se encontraban entre los mejores del mundo por lo que los buques españoles destacaban por sus cualidades, líneas marineras, buenos materiales empleados, robustez y compensación. Además, al contrario que en otras armadas, los navíos de línea españoles tenían la particularidad de tener total libertad para elegir el mascarón de proa, que normalmente hacía alusión al barco, esto se introdujo en 1793 ya que anteriormente todos debían llevar un león en la proa. Con los navíos de línea españoles se abandonó el lujo y la ornamentación barroca de la que hicieron gala galeones y fragatas en siglos anteriores, apostándose por lo práctico, económico y sobrio. Aunque los cascos de los navíos de línea españoles destacaban por ser, prácticamente, los mejores de todo el mundo no lo era tanto su arboladura -mástil y aparejos- y ya dejó constancia de ello el historiador y capitán de navío Cesáreo Fernández Duro.

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Santísima Trinidad, navío de línea español.

Respecto a la pintura de los buques, se pintaban cada dos años en negro y amarillo por fuera, de azul y porcelana se pintaban las cámaras, los entrepuentes y el castillo se pintaban de color tierra y las zonas de oficiales de verde. Respecto a los mástiles, estos se pintaban igual que el casco del barco, amarillos y negros, así como los botes salvavidas. Todo esto según las Ordenanzas de Arsenales de 1776 y era un ingeniero naval el que supervisaba todo el trabajo. Aunque hubo una excepción: el mayor navío de línea de la Armada Española y el más grande jamás construido, el Santísima Trinidad, que lucía franjas en rojo y negro. El por qué de estos colores a partir de 1776 se debe a la grave y acuciante falta de fondos de la Armada Española, por lo que es comprensible que España tuviera patrones de pintura más coloristas que los de las armadas rivales, aunque era común encontrar barcos en diferentes tonalidades debido al paso del tiempo y la falta de fondos para pintar los buques, hubo casos en los que incluso, por suciedad, se habla de barcos negros.

Es importante recalcar la importancia que tuvo el navío de línea en la Batalla de Trafalgar ya que fueron los protagonistas de la misma: grandes castillos flotantes, fuertemente armados, lentos, con maniobra restringida y, cada uno, con cerca de mil hombres a bordo. Contando además con el virazón característico del cabo Trafalgar y con el inminente temporal, la situación se tornaba oscura para aquellos que estaban a sotavento; un infierno de agua, madera, jarcia y velas.

LA ARMADA ESPAÑOLA EN TRAFALGAR

En la mañana del día 21 de octubre de 1805 ambas armadas se divisaron cerca de cabo Trafalgar. Villeneuve, desde el navío Bucentaure, mandó formar una línea o hilera a la flota hispanofrancesa, con esta estrategia pretendía asediar a los barcos enemigos, los cuales iban derechos a romper la columna de Villeneuve. Nelson, al ver la clásica táctica emprendida por su homólogo francés, planeó romper la columna organizando dos hileras de buques haciendo una punta de flecha que iba directa al corazón de la escuadra hispanofrancesa. A pesar de las advertencias de los mandos españoles, Villeneuve se mantuvo impasible y les ordenó que permanecieran en sus puestos. Pasarían unas cuantas horas, concretamente al mediodía, hasta que el Santa Ana abriese fuego contra el enemigo inaugurando el combate.

Santa Ana (1784)
El Santa Ana era una navío de línea de tres puentes que normalmente equipaba 112 cañones pero que en Trafalgar llevaba 120, dio nombre a su clase y fue construido en los Reales Astilleros de Esteiro, en el Ferrol, en 1784 no siendo de los más antiguos de la flota. Tenía 59 metros y medio de eslora, 16 metros y medio de manga y 7,36 metros de calado. Era el segundo navío español más grande que participó en Trafalgar y llevaba a bordo 1102 hombres, de los cuales 99 resultaron muertos y 141 heridos. Lo comandaba José de Gardoqui, herido en combate.

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Libró un largo y arduo combate contra el Royal Sovereing, comandado por el almirante Collingwood, al cual desarboló obligando a su comandante a cambiar de barco. Resistió gran cantidad de fuego enemigo pero finalmente tuvo que rendirse y fue capturado, aunque poco después fue rescatado por el navío Rayo el cual lo llevó a Cádiz. A pesar de sobrevivir a Trafalgar, el Santa Ana acabaría hundiéndose en La Habana en 1816.

Argonauta (1796)
El Argonauta era una navío de línea mediano de dos puentes, en Trafalgar equipó 92 cañones -bastantes para dos puentes-, pertenecía a la clase Montañés y también fue construido en El Ferrol, botado en el año 1798, siendo el buque español más moderno que participó en Trafalgar. Tenía 53 metros y medio de eslora, 14 y medio de manga y calaba 7 metros. Llevaba a bordo a 798 hombres, murieron 100 y 203 fueron heridos. Lo comandaba Antonio Pareja, herido en combate.

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El Argonauta en Finisterre por Carlos Parrilla.

Tras encontrarse en fuego cruzado en la segunda escuadra fue capturado y posteriormente hundido para evitar su rescate, nueve días más tarde, por el navío HMS Ajax.

Rayo (1751)
El Rayo era el navío de dos puentes más grande que había en Trafalgar, llevaba a bordo 100 cañones, no existía otro como él por lo que no pertenecía a ninguna clase, fue construido en los astilleros de La Habana en 1749, siendo el navío más antiguo que participó en la batalla. Tenía 55 metros de eslora, casi 16 de manga y 8.68 metros de calado. Llevaba a bordo a 830 hombres de los cuales únicamente murieron cuatro y 14 fueron heridos. Lo comandó Enrique McDonnell.

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El Rayo por Guillermo G. de Aledo.

Se quedó rezagado en combate y solo participó de lejos en la batalla. Consiguió llegar a Cádiz y dos días más tardes, tras la operación de rescate del Santa Ana, naufragó frente a la playa donde, a día de hoy, sus restos descansan a escasos 7 metros de profundidad.

Bahama (1780)
El Bahama era un navío mediano de dos puentes con 74 cañones, no pertenecía a ninguna clase específica, fue construido en La Habana en 1780. Tenia 50.79 metros de eslora, 13 metros y medio de manga y casi 6 metros de calado, lo que lo hacía muy ligero para el tipo de barco que era. Llevaba a bordo a 702 hombres de los cuales murieron 75 y hubo 67 heridos. Lo capitaneaba Dionisio Alcalá Galiano, que resultó muerto en combate.

El Bahama luchó contra varios buques británicos a la vez y nunca más se supo de él. Hay varias teorías, una de ellas dice que la tripulación se amotinó y consiguió represar el barco, el cual quedó a la deriva y naufragó cerca del Guadalquivir, donde los pescadores locales rescataron a los heridos. Otra teoría es que fue capturado por los ingleses, que lo llevaron a Gibraltar y lo convirtieron en una prisión. Y la última teoría es que, una vez apresado, el barco se hundió por vías de agua. Sea como fuere, nunca más se supo del Bahama tras el 21 de octubre de 1805.

Santísima Trinidad (1769)
Era el orgullo de la Marina española, único navío del mundo con cuatro puentes y 140 cañones, no pertenecía a ninguna clase en concreto pero era llamado “El Escorial de los mares”, era un auténtico castillo en el mar, construido en La Habana en 1769. Su casco, de casi 64 metros de eslora, 16.67 de manga y 8.50 de calado, estaba pintado con franjas rojas y negras en vez de amarillas y negras, con la cubierta roja para disimular la sangre en combate. Llevaba a bordo a 1159 hombres, de los cuales murieron 205 y 108 heridos. Lo comandó Baltasar Hidalgo de Cisneros, herido en combate.

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El Santísima Trinidad por Carlos Parrilla.

Este navío combatió contra la mayor parte de la flota enemiga y recibió gran cantidad de impactos en sus cuadernas. Fue capturado y los ingleses intentaron remolcarlo hasta Gibraltar como trofeo, pero finalmente se hundió, debido a sus malas condiciones, a veinticinco millas de Cádiz, donde aun descansa.

Monarca (1794)
Navío mediano de dos puentes con 74 cañones, perteneciente a la clase Montañés, construido en El Ferrol en 1794. Tenía 50.79 metros de eslora, 14 metros de manga y calaba 6.69 metros. A bordo iban 667 de hombres de los cuales 100 murieron y 150 resultaron heridos. Lo comandaba Teodoro Argumosa, herido en combate.

Fue desarbolado en combate y posteriormente capturado tras haber sido cañoneado, pero la tripulación española se subleva, huye con el navío varios días hasta que posteriormente naufraga y es incendiado en la playa por los británicos con el fin de que no volviese a ser utilizado.

Montañés (1794)
Navío mediano de dos puentes equipado originalmente con 74 cañones aunque en Trafalgar llevaba 80, da nombre a su clase y fue construido en El Ferrol en 1794 junto con varios hermanos suyos. Tenía casi 53 metros de eslora, 14 y medio de manga y 7 de calado. A bordo iban 749 hombres de los cuales 17 murieron y 25 fueron heridos. Lo comandaba Francisco Alcedo y Bustamante, muerto en combate.
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Huyó del combate ya que se encontraba muy rezagado, consiguiendo salvar a la mayoría de la tripulación. Participó en la operación de rescate del navío Neptuno. En 1810 se perdería en el mar tras un temporal.

Neptuno (1795)
El Neptuno era un navío de dos puentes equipado con 80 cañones y construido junto con sus hermanos en El Ferrol. Botado en 1795. A pesar de pertenecer a la clase Montañés, este navío de dos puentes era algo más grande que el resto con 61 metros de eslora, 16 y medio de manga y un calado de 8 metros. Enrolaba a 800 hombres de los cuales resultaron muertos 42 y heridos 47. Lo comandaba Cayetano Valdés, herido de gravedad en combate.

Su comandante desobedeció las órdenes de Villeneuve y quiso socorrer al Santísima Trinidad, batiéndose con varios barcos enemigos a la vez, lo cual le hizo ascender de rango a su comandante con posterioridad. Fue capturado por el enemigo pero posteriormente fue rescatado por los navíos Rayo y Montañés aunque, a causa del temporal, acabó encallando en las playas de El Puerto de Santa María.

Príncipe de Asturias (1794)
Este navío fue el tercero más grande que participó en Trafalgar por parte del bando español, tenía tres puentes y 112 cañones, fue construido en los astilleros de La Habana en 1794, situándose en la media de edad de los barcos españoles que participaron. Pertenecía a la clase Santa Ana con 56 metros de eslora, 15 y medio de manga y 7.37 de calado. A bordo iban 1141 hombres de los cuales 52 murieron y 110 fueron heridos. Lo comandaban Federico Gravina, herido en combate y posteriormente fallecido a causa de las heridas, y Antonio de Escaño.

A pesar de ser uno de los más grandes navíos que lucharon, en combate no recibió demasiado fuego enemigo aunque fue desarbolado. Se retiró hacia Cádiz donde lo intentaron reparar durante años. Acabó yéndose a pique en 1814 y en 1817 se vendió y desguazó.

San Agustín (1768)
Navío convencional de dos puentes y 74 cañones, construido en los astilleros de Guarnizo (Cantabria) en 1768. No pertenecía a ninguna clase en concreto y fue construido por el maestro astillero Francisco Gautier, tenía casi 53 metros de eslora, 13 y medio de manga y casi 7 de calado. En él iban 711 hombres de los cuales murieron 180 y cerca de 200 fueron heridos. Lo comandaba Felipe Jado Cagigal, herido en combate.

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Museo del Ejército (Madrid). Vista del diorama que muestra el combate entre el «San Agustín» y el «Leviathan».

Originalmente estaba situado en la retaguardia de la columna pero acabó situándose en la vanguardia y siendo rodeado por cuatro barcos enemigos los cuales lo desarbolaron y, prácticamente, destruyeron su cubierta. Rechazó dos abordajes y en el tercero los ingleses desistieron debido al mal estado del navío. Se le propuso a Cagigal la rendición pero este aceptó si se permitía que el barco se hundiese con el pabellón español desplegado. Acabó yéndose a pique días después al ser incendiado por los ingleses, que no pudieron remolcarlo. Su tripulación fue apresada y trasladada a Gibraltar.

San Juan Nepomuceno (1766)
Célebre navío de dos puentes y 74 cañones construido en los astilleros cántabros de Guarnizo en 1766. Daba nombre a su propia clase con casi 55 metros de eslora, 14 de manga y 7.37 de calado. Es el navío en el que menos hombres iban, en concreto 530 de los cuales 100 murieron y 150 resultaron heridos. Comandado por Cosme Damián Churruca, célebre marino muerto en combate.

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Se batió contra seis navíos ingleses a la vez y fue, probablemente, el último navío en rendirse durante la batalla debido a que su comandante, Churruca, prohibió a la tripulación rendirse. Fue capturado por los ingleses y rebautizado como HMS San Juan. Fue desguazado en 1818.

San Francisco de Asís (1767)
Navío de dos puentes y 74 cañones muy similar al San Agustín, construido en Guarnizo en 1767. No pertenecía a ninguna clase, tenía 54 metros y medio de eslora, 14 de manga y 7 de calado. Enrolaba a 657 hombres de los cuales únicamente murieron 5 y 12 fueron heridos. Comandado por Luis Antonio Flores y Pereyra.

Al virar en redondo se queda muy alejado del combate y solo se cañonea de lejos con el enemigo. Se retira rápidamente a Cádiz y posteriormente participa en la operación de rescate del Neptuno y el Santa Ana, momento en el que naufraga debido al temporal.

San Ildefonso (1785)
Navío de dos puentes y 74 cañones, construido en los astilleros de Cartagena en 1785. Daba nombre a su propia clase, tenía 53 metros de eslora, 14 de manga y calaba 7 metros. En él iban 716 hombres de los cuales murieron 34 y 126 resultaron heridos. Lo comandaba José Ramón Vargas, herido.

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Era el navío español más rápido de la escuadra y mayormente hizo labores de exploración, sufrió fuego enemigo pero se mantuvo muy entero, siendo capturado por los ingleses y rebautizado como HMS Ildefonso.

San Justo (1779)
Navío de dos puentes y, en este caso, 76 cañones, construido en Cartagena en 1779. No pertenecía a ninguna clase, tenía 51 metros de eslora, 14 de manga y 6 y medio de calado. A bordo iban 694 hombres de los cuales no murió ninguno y solo 7 resultaron heridos. Su comandante era Miguel Gastón.

A pesar de estar situado justo en la mitad de la columna quedó rápidamente rezagado con la virada en redondo. Fue uno de los primeros en retirarse, llegando sano y salvo a Cádiz. Se hundió en el puerto de Cartagena en 1828 debido a la falta de mantenimiento.

San Leandro (1787)
El navío español más pequeño que participó en Trafalgar, tenía dos puentes y equipaba 64 cañones originalmente, aunque diez más en Trafalgar. Era una variación de la clase San Ildefonso pero con 48 metros de eslora, 13 de manga y 6 de calado. A bordo iban 606 hombres de los cuales murieron 8 y 22 fueron heridos. Comandado por José de Quevedo.

Quedó también rezagado debido a la virada en redondo y rápidamente se retira a Cádiz, donde es reparado. Estuvo en servicio hasta 1813, momento en el que dejó de ser un barco militar.

Sobre las cuatro de la tarde la batalla ya estaba decidida a favor de los ingleses, los cuales capturaron también el Bucentaure de Villeneuve. Era evidente que la batalla estaba perdida y se tocó retirada. Los resultados del combate eran terribles para el bando hispanofrancés, con más de 2500 heridos, 4500 muertos y 21 buques perdidos en total frente a los 1250 heridos, 450 muertos y ningún buque perdido de los ingleses. Sin duda, Trafalgar asestó la estocada definitiva a la Armada Española que, moribunda antes, y herida de muerte tras el combate, tardaría siglos en recuperarse.

BIBLIOGRAFÍA

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