Origen y consagración de la escritura en los imperios orientales de la Antigüedad

  • LA INVENCIÓN DE LA ESCRITURA EN MESOPOTAMIA

Los primeros documentos propiamente escritos aparecen en Mesopotamia en torno al milenio IV a.C. en ellos se demuestra la evolución desde las técnicas gráficas precedentes hasta el hallazgo de una escritura esquemática y codificada. La Historia Clásica ha atribuido a Mesopotamia el descubrimiento de la escritura.

Este territorio estuvo sujeto, durante su historia, a presiones internas y externas por lo que no hubo nunca una hegemonía racial o política duradera. El pueblo al que se le atribuye la creación de la escritura es el sumerio, de origen desconocido pero, desde luego, no semita, y que consiguieron una posición dominante en el sur hacia el V milenio a.C., cuando su poder se desvaneció su lengua siguió siendo hablada como lengua de cultura. Esta escritura es recogida por los acadios, después por los babilonios y por último por los asirios.

En torno al IV milenio a.C., en este territorio el hombre se había visto forzado a consolidar una técnica eficaz para la plasmación gráfica de los mensajes. Tras constituirse como sociedades sedentarias aumenta y se concentra la población por lo que surge la necesidad de producir gran cantidad de bienes básicos, al existir excedentes tuvieron complicada la tarea de organizarlos y comenzaron a llevar un control o registro que era sumamente útil a la hora de comerciar.

Tokens y bullae del 5.500 a.C. aproximadamente.

Estas primeras técnicas para la notación mnemotécnica se llevaron a cabo en una serie de piezas muy similares: esferillas, cilindros, discos… que son conocidas con el nombre de “abnu” o “tokens”. Parece que durante una época la necesidad de comunicarse estuvo resuelta pues no hubo apenas innovación, pero en el IV milenio a.C. estas figurillas o “tokens” aparecieron encerrados en bolas de arcilla huecas (bullae) y con sellos de propiedad mesopotámicos, en algunos casos con indicaciones sobre el número de objetos contenidos.  Este es el punto de partida de la evolución de las técnicas de comunicación gráfica, estos sobres estaban destinados al comercio y tenían mensajes rudimentarios inscritos en su exterior para que no fuese necesario tener que romper los sobres para conocer su contenido. Poco a poco estos sobres comenzaron a evolucionar también y dejaron de transportar en su interior los “tokens” y se empezó a comerciar únicamente con tablillas escritas.

  • PRIMERA FUNCIÓN DE LA ESCRITURA: LA ADMINISTRACIÓN.

Con esta invención de la tablilla de arcilla llegamos a las primeras pruebas ciertas de escritura, los datos más antiguos son un conjunto de unos 1500 textos de Uruk, Kis, Nipur y otras localidades. Aunque están diseminados en una región muy amplia, los símbolos gráficos de las tablillas son similares en todos los lugares por lo que podemos hablar de una estandarización de las grafías comerciales. La progresiva complicación de estos códigos generó la escritura.

La tabla V del Poema de Gilgamés en el Museo Británico de Londres (Reino Unido).

El 95% de las tablillas mesopotámicas corresponden a inventarios, hipotecas, recibos, pagarés… y un pequeño grupo solo por cartas, privadas u oficiales. Con el tiempo la escritura empezó a ser útil para otras funciones y así encontramos un amplio grupo de tablillas con mensajes votivos a los dioses o inscripciones en los monumentos estatales.  Muy pocos documentos son de carácter literario y los más antiguos son del 2700-2600 a.C. Destaca el Poema de Gilgamés de la biblioteca de Asurbanipal, que narra las hazañas de este rey a lo largo de doce tabletas, realizando una descripción de los infiernos y del Diluvio Universal.

Detalle de la escritura cuneiforme del Código de Hammurabi en el Museo del Louvre (París, Francia).

Se encuentran también tablillas dedicadas a temas médicos o astrológicos, a medio camino entre la ciencia y la magia lo cual nos indica que la escritura es una catalizadora de la mentalidad científica en Mesopotamia. A comienzos del siglo XX se encontró el documento más importante de Mesopotamia: el Código de Hammurabi del siglo XVII a.C., el cual está grabado en una estela de diorita negra y consta de unos trescientos artículos en los que se regulan los derechos y deberes de los súbditos, tanto en el terreno moral como comercial.

Pero la mayoría de escritos mesopotámicos no pasan de ser relaciones de datos sin articulación sintáctica entre sí. Hipólito Escolar resume las características de los documentos mesopotámicos así:

  1. Brevedad. La mayoría equivalen tan sólo a una hoja escrita de nuestros días.
  2. Escasa circulación. No hay indicio de comercio o distribución de los escritos.
  3. Anonimia.
  4. Práctica indefinición de géneros literarios, ensayísticos o científicos.
  5. Posición ancilar del libro escrito. Los documentos más importantes se conservan en copias muy tardías.
  6. Primacía de los valores sociales sobre los literarios.
  • LA COMUNICACIÓN ESCRITA COMO SOPORTE IDEOLÓGICO DEL ESTADO

Aunque estos documentos serán minoritarios, la escritura irá superando su condición original de herramienta para la administración o la contabilidad y se convertirá en un atributo de poder religioso o civil.

La primacía, en el caso egipcio, de esta función ideológica parece rodear la aparición de los primeros restos escritos en la zona. La escritura jeroglífica tiene sus primeras manifestaciones en una plancha del rey Narmer alrededor del 3500 a.C. y presenta ya un alto grado de elaboración y estilización. La escritura comienza a desarrollarse rápidamente durante la primera dinastía (3100 a.C.) y aparecen breves frases juntos a los nombres propios. En la tercera dinastía (2700 a.C.) se comienza a poner por escrito textos extensos y en la IV dinastía comienza a aparecer las largas biografías de los monarcas en las paredes de los monumentos funerarios. El sistema de escritura egipcio pervivió durante las dominaciones asiria y persa, durante el reino helenístico de los Ptolomeos y durante el paganismo romano. Pero fue dejando de tener sentido a medida que se desarrollaba el Cristianismo, al final del Imperio Romano no quedaba ninguna persona que supiera expresarse o entender la escritura egipcia.

La Piedra de Rosetta en el Museo Británico (Londres, Reino Unido).

La recuperación de esta civilización por parte de Occidente no se produce hasta finales del siglo XVIII y principios del XIX, cuando aparecerá la Piedra de Rosetta, la cual permitió el definitivo desciframiento de la escritura egipcia ya que estaba escrito en dos lenguas y tres escrituras (jeroglífica, demótica y griega).

Como en Mesopotamia, en Egipto la escritura estuvo en un principio relacionada con la administración pública y estaba en manos de especialistas. El escriba gozaba de un elevado rango social y se dividía en escriba religioso y escriba funcionario. El faraón muchas veces no sabía escribir por lo que se le encargaba gran parte del trabajo al escriba consciente de la importancia que tiene el control de la información.

El escriba sentado en el Museo del Louvre (París, Francia), un ejemplo de funcionario especialista en escritura.

Los documentos más antiguos son justamente notaciones de eventos relacionados con la monarquía o la administración. Son textos breves, apenas enumeraciones de datos que demuestran el valor auxiliar de la escritura en estos tiempos. En el año 2400 a.C. ya funcionaba en Egipto un servicio de Correos cuyo objetivo era hacer llegar a todos los administradores del reino las decisiones del faraón.

Se conservan más documentos escritos mesopotámicos que egipcios, pero los egipcios son más ricos y variados, además de que se conserva una extensa literatura egipcia de carácter funeral cuyo máximo exponente es el Libro de los Muertos, libros que se colocaban junto a las momias y que contenían enseñanzas sobre la conservación de momias, ritos funerales y escritos sobre el Más Allá.

Un género muy característico era el sapiencial o de educación moral en los que un padre daba consejos a su hijo para su triunfo en la vida. Un ejemplo son las famosas Instrucciones a Merikaré. Estas obras gozaron de una gran popularidad durante siglos y fueron utilizadas como libros de lectura, dictado y formación en las escuelas de escribas.

La literatura narrativa fue también cultivada por los egipcios y sentían por ella gran predilección, destaca su carácter anónimo. También se conservan numerosos textos poéticos egipcios tanto religiosos como funerales, épicos y líricos.

Pero a pesar de relativo adelanto respecto a Mesopotamia, los escritos egipcios comparten las mismas características generales: brevedad, anonimia, tráfico cultural inexistente… su principal novedad fue la proliferación del mensaje escrito en colaboración estrecha con otras expresiones del poder político: esculturas y monumentos, que estaban profusamente decorados con escritura y surtían un efecto propagandístico.

Los jeroglíficos se usaban exclusivamente para las inscripciones de los monumentos regios, religiosos o funerarios sobre piedra y tenían para los egipcios un poder mágico.

  • EL ESCRIBA-SACERDOTE Y EL ESCRIBA-ADMINISTRADOR

Las escrituras mesopotámica y egipcia estaban estrechamente ligadas al templo y fueron los sacerdotes quienes la desarrollaron, los cuales eran también árbitros en la economía y política mesopotámicas. Todo lo que se escribió o leyó en esas tierras en el curso de su larguísima historia pasó obligatoriamente por ellos: letrados, escribas, copistas, grabadores… ya que existía un analfabetismo generalizado. Algunos autores piensan que pudo llegar a haber una ocultación deliberada de las técnicas de escritura por parte de los sacerdotes para mantener bajo su exclusivo control un herramienta tal útil. Los motivos de esta ocultación pueden ser religiosos o sociales.

En el templo mesopotámico se estableció una escuela, La Casa de las Tablillas, en la que se aprendía a escribir como elemento básico de la formación pero acudían sólo los hijos de nobles familias que recibían una intensa preparación encaminada a su futuro desempeño como escribas del templo o en un sinfín de posibles ocupaciones que fueron surgiendo con el tiempo: la política, la administración, la escuela, la investigación…

El protagonismo político del escriba fue tal que algunos autores afirman que incluso llegó a gobernar por encima de los faraones los cuales tuvieron en muy alta estima su profesión, como se recoge en la Sátira de los Oficios.

  • ESTRUCTURA INTERNA DE LA ESCRITURA MESOPOTÁMICA Y EGIPCIA: LAS TÉCNICAS LOGOSILÁBICA Y LOGOCONSONÁNTICA

Mesopotamia.

La escritura mesopotámica fue una combinación de técnicas semasiográfica y fonográfica. Constaba al principio de una gran cantidad de signos, unos 2000, pero fue evolucionando hacia la simplicidad y la abstracción con notable celeridad por lo que se fueron reduciendo progresivamente el número de los signos.

La estructura interna de la escritura descansaba en tres elementos básicos: pictogramas, fonogramas y determinativos. Los pictogramas pudieron ser suficientes en un primer estadio histórico pero la mayoría de los estudiosos señalan su inviabilidad. El hallazgo del principio de la fonografía resulta imprescindible para explicar el éxito histórico de la escritura sumeria. Se usaron determinados pictogramas articulados mediante una sola sílaba como notación de otro que se pronunciaba igual, esto es el principio de rebus, el cual consiste en la utilización del pictograma por su equivalencia fónica y no semántica. Esta ingeniosa mezcla de pictogramas y fonogramas silábicos recibe el nombre de técnica logosilábica y se dio también en otras civilizaciones como la china o la maya.

El pictograma siguió empleándose siempre con preferencia al fonograma y el resultado fue genéricamente eficaz. Los problemas surgieron cuando los pueblos semitas del Norte se fueron asentando sucesivamente y se apoderaron de las características más dominantes de la cultura sumeria, entre ellas la escritura y la lengua. El sumerio terminó por dejar de ser lengua hablada para pasar a ser lengua de cultura aunque la escritura conservó su prestigio.

Egipto.

La escritura egipcia reproduce la mezcla de la semasiografía y la fonografía pero en este caso debe hablarse de una escritura logoconsonántica pues las unidades de sonido que representan no son ya sílabas sino consonantes.

La estructura de la lengua egipcia era muy diferente a la sumeria y para funcionar, en la práctica, necesitaba de tres tipos de componentes:

Pictogramas o logogramas que respentaban directamente objetos o ideas asociadas a éstos. Es el aspecto más evidente y llamativo de la escritura egipcia. Entre ellos aparecen útiles de trabajo, especies animales y vegetales, armas, objetos emblemáticos de la autoridad, edificios, hombres y mujeres… en ellos se puede llegar a estudiar la psicología de este pueblo.

Había otro tipo de signos, una palabra podía estar representada por el dibujo de otra palabra que contiene las mismas consonantes que ella, a esto se le llama acrofonía.

Utilizaron los determinativos semánticos para eliminar ambigüedades producidas por ambos tipos de unidades y se añadía un logograma.

  • LA TABLETA DE ARCILLA Y EL ROLLO DE PAPIRO

Mesopotamia.

El rasgo distintivo de la escritura mesopotámica, desde el punto de vista material, proviene de su soporte para la escritura: el barro. El pictograma se realizaba con un estilete terminado en punta pero después se le añadió uno terminado en una sección triangular y de ahí recibió el nombre de cuneiforme. A partir de la segunda mitad del III milenio a.C. la escritura pasa a hacerse en líneas horizontales de izquierda a derecha en vez de verticales.

El texto se escribía en tabletas, generalmente pequeñas, de líneas muy apretadas por la primera cara de la tableta y se seguía por el reverso, en el cual figuraba un colofón en el que se indicaba el título de la obra y algunos datos relativos al dueño o el copista de la tablilla, nunca del autor. Muchas de estas tablillas estaban dirigidas a ser documentos administrativos y ni siquiera estaban cocidas para asegurar su conservación, ha sido el fuego fortuito en muchos casos lo que las ha traído hasta nuestros días.

Egipto.

Los egipcios utilizaron dos soportes para la escritura: la piedra o la pared y el rollo de papiro. Sobre la pared escribían en columnas verticales u horizontales y en las dos direcciones, el sentido de la escritura lo marcaban las caras de los hombres y animales.

De origen vegetal es el papiro, el primero de los soportes de importancia histórica, directamente inventado por los egipcios. Papiro es el nombre de una planta que crecía en abundancia en África y Asia Menor, especialmente a orillas del Nilo. Fue el material escriptóreo primitivo más empleado en el espacio y el tiempo: desde el III milenio a.C. hasta el siglo XIV, sufriendo la competencia del pergamino al final de su vida.

El formato habitual con el que se trabajó el papiro fue el rollo do volumen, en el que el soporte se disponía enrollado en torno a una varilla cilíndrica de madera o metal. La longitud media de estos rollos era entre seis y diez metros, aunque podía alcanzar los cuarenta. Estaba dividido en páginas escritas a lo ancho del volumen formadas a su vez por columnas y por una sola cara debido a la incomodidad del formato. Dada su escasez y carestía una vez que el texto perdía interés se borraba la tinta para escribir de nuevo o se utilizaba la otra cara.

El escriba trabajaba sentado con las piernas cruzadas y escribía con la mano derecha, sin ningún tipo de apoyo. Es el primer soporte de la historia de carácter blando y provocó una revolución en el trazado de la escritura egipcia que está en el origen del definitivo éxito de la escritura abstracta y esquemática de Occidente.

BIBLIOGRAFÍA

ESPEJO CALA, C. Historia de la comunicación escrita (de la prehistoria a la irrupción de la imprenta). 1ª Edición. Sevilla: Editorial MAD S.L., 1998. pp. 39-56.

Comentario de obra – El escriba sentado

La siguiente publicación tiene un objetivo meramente didáctico, como apoyo al estudio de la Historia del Arte a nivel académico desde una óptica histórica. 

escriba-sentado

El escriba sentado (2480-2350 a.C.) en el Louvre

IDENTIFICACIÓN.

Nos encontramos ante la famosa escultura egipcia a la que se le ha dado el nombre de El escriba sentado, correspondiente al Imperio Antiguo de la civilización egipcia, concretamente a la V Dinastía y se estima que fue esculpida entre los años 2480 y 2350 a.C. aunque hay autores que la sitúan en otras fechas. Se desconoce la identidad de su autor pero fue hallada en la necrópolis de Saqqara durante las excavaciones del egiptólogo francés Auguste Mariette en 1850, aunque en la actualidad se encuentra en el Museo del Louvre, en la ciudad París. Es una escultura de 53 centímetros de alto realizada en piedra caliza, con sus ojos tallados en cristal de roca, cuarzo blanco y ébano, corresponde a la figura de un funcionario del Imperio, un escriba, un tema que comenzó a realizarse a comienzos de la IV Dinastía y que fue muy frecuente durante la V Dinastía.

DESCRIPCIÓN DE LA OBRA.

Como bien podemos apreciar, tenemos ante nosotros una escultura que representa a un ser humano sedente, de 53 centímetros de alto, que parece estar escribiendo sobre un pergamino que sujeta con ambas manos; con la izquierda sujeta el rollo y con la derecha escribe a la vez que se apoya en la parte desplegada del pergamino, además para escribir se apoya en sus piernas, las cuales tiene cruzadas. La obra escultórica se conserva íntegra, en buen estado, tanto en sus formas como, prácticamente, en su policromía. Estamos ante una figura exenta aunque no de bulto redondo ya que está pensada para apreciarse de manera frontal. La escultura está situada sobre una peana o zócalo en forma de D sobre el que sitúa las piernas cruzadas y que, prácticamente, toda la figura abarca.

Por su actitud, sus formas y su modelado estamos ante la figura de un escriba, un funcionario del Imperio, una figura acomodada como bien podemos ver en sus formas físicas; sin musculatura en sus extremidades, con un torso poco marcado y flácido, así como un rostro cuidado, pelado y afeitado. Su única vestimenta es la prenda conocida como shenti, una vestimenta reservada a la nobleza o los altos funcionarios del Estado.

COMENTARIO Y ANÁLISIS FORMAL.

En El escriba sentado, el uso de la luz es poco importante ya que las superficies, muy planas, apenas generan sensación de profundidad o claroscuro. Cabe destacar su policromía, sobre todo en su rostro, con detalles como el pelo, los ojos, cejas, labios o nariz. Tiene una disposición piramidal, siendo la parte más elevada la más estrecha y la inferior la más ancha gracias también a la peana en la que se asienta. Esta figura tiene un rostro muy detallado tanto por su policromía como por su modelado, en él podemos apreciar una barbilla y pómulos marcados, unos labios finos y, lo más destacable, unos ojos que miran al frente, con el contorno maquillado, con cejas finas y realizados en cristal de roca, que se conserva perfectamente tras casi 4000 años de antigüedad. Este cristal de roca utilizado en los ojos merece especial atención ya que es un añadido a la escultura y refleja una profundidad mayor en la obra, mirándola, lo primero que nos llama la atención son sus ojos gracias a este añadido que le otorga expresividad a una obra en la que predomina el hieratismo. Pero yendo más allá en los ojos, encontramos también las pupilas, lo cual no solo le otorga una mayor profundidad sino que nos da la sensación de vivacidad, de personalidad, de que el escriba está mirando atentamente al espectador.

La figura presenta un marcado hieratismo, es decir, estática, sin movimiento, tensa, idealizada. El hieratismo de la obra contrasta completamente con la expresividad de los ojos del escriba, estamos pues ante una figura de contrastes. Por un lado encontramos un rostro de facciones marcadas, también algo hierático pero en el que destacan sus ojos de cristal de roca y, luego, siguiendo con el estilo imperante del momento y con la expresividad del rostro, encontramos unos brazos y piernas muy estáticos, con una posición relativamente natural pero estática en exceso, algo que también contrasta con las manos del escriba, realizadas con gran detalle y que otorgan movimiento y protagonismo a esta parte del cuerpo. De hecho, en la figura del escriba se ha dado mayor protagonismo a las manos “gracias” también a una realización de los pies mucho menos detallada, son prácticamente un muñón. La mano derecha del escriba descansa sobre su muslo y sus dedos caen de forma natural, la izquierda sujeta con menos naturalidad el pergamino, pero a su vez también se aprecia un mínimo movimiento.

Este tipo de figuras solían tener una función funeraria, estando colocadas en la capilla de culto de las tumbas. Solían, también, participar en ceremonias y se les ofrecía ofrendas para el difunto.

CONTEXTUALIZACIÓN EN LA HISTORIA Y EN LA HISTORIA DEL ARTE.

Su autor es anónimo, como solía ser frecuente en este periodo histórico en el Antiguo Egipto, es decir, la etapa del Imperio Antiguo y la V Dinastía. Lo importante de El escriba sentado, en el contexto histórico, es sobre todo que estamos ante la representación de un alto funcionario del Estado. Los escribas no formaban parte de la élite palaciega pero podemos deducir que el funcionario representado en esta escultura, seguramente, había alcanzado una alta posición dentro de la Administración, consiguiendo respeto y el favor del faraón, el cual le habría otorgado del derecho a ser objeto de culto y ofrendas en su tumba.

La civilización egipcia tenía una especial atención a qué habría después de la muerte, es algo que se aprecia en sus treinta dinastías a lo largo de los tres grandes períodos. Los faraones o personajes palaciegos se representaron siempre de forma hierática, llenos de joyas y con objetos como cetros de mando, coronas y un marcado maquillaje. En el caso del escriba se nos deja claro que estamos ante un funcionario, digno sí, pero un funcionario, representado sin joyas, sin apenas maquillaje, con un menor hieratismo -y por tanto menor idealización- que los faraones, siendo un personaje más “humano” y realizando su trabajo de escriba, un puesto de funcionario que era apetecido por casi todos los egipcios.

Otro aspecto muy importante en esta obra es el de la sociedad y la división social que existía en el Antiguo Egipto, que recordemos era una sociedad estamental en la que en lo más alto estaba el faraón y su familia, luego los sacerdotes y finalmente el poder burocrático, entre los que destacaban, los funcionarios y altos funcionarios, así como también estaban bien considerados determinados militares. Debajo de todo esto se encontraba el pueblo. Esta división social nos dice que la vida de ultratumba solo estaba reservada para los altos estamentos de la sociedad ya que esta figura parece tener una clara función funeraria. Además, según el historiador Josep Padró Parcerisa, este tipo de esculturas tuvieron una gran trascendencia para los griegos que visitaban Egipto que, gracias a figuras privadas como el escriba, evolucionaron también del hieratismo a un mayor naturalismo.

Sea como fuere, es evidente que El escriba sentado es una obra de suma importancia y rabiosa “actualidad”, es decir, es difícil encontrar, incluso en el periodo clásico, esculturas que miren fijamente al espectador y que transmitan esa sensación de profundidad y, al fin y al cabo, de vivacidad que transmite el escriba. Frente al marcado hieratismo que imperaba en el Egipto del momento es necesario apreciar detalles como los ojos del escriba, sus manos o la no idealización del físico de este funcionario, transmitiéndonos un gran realismo y acercándonos con una mayor exactitud a cómo pudo ser físicamente este funcionario anónimo que trabajó para la V Dinastía.

BIBLIOGRAFÍA.

PADRÓ, J. El arte egipcio. En: Historia del Egipto farónico. Madrid: Alianza Editorial, 1996. pp. 133-153.

WIKIPEDIA, El escriba sentado [Consulta: 1-11-2014]. Disponible en: http://es.wikipedia.org/wiki/El_escriba_sentado

ARTEHISTORIA, El escriba sentado [Consulta: 1-11-2014]. Disponible en: http://www.artehistoria.jcyl.es/v2/obras/7404.htm

ALEGRE GARCÍA, S, El escriba del Louvre [Consulta 1-11-2014]. Disponible en: http://www.egiptologia.com/arte/104-obras-en-detalle/1107-el-escriba-del-louvre.html